martes, 29 de junio de 2010

El Post Ideal


Somos la sociedad que busca el candidato ideal, para que haga la campaña ideal, y gane las elecciones ideales, en las que no vamos a tener que hacer mucho, ir a votar y ya, sin que nadie haga trampa. Sin que haya que poner Globovisión o esperar a que un amigo de un amigo, nos pase los datos que jura que son ciertos. Este candidato ideal, será el presidente ideal, que construirá la Venezuela que soñamos. La Venezuela ideal. Como esos países que cuando salimos de vacaciones y estamos tres o cuatro días entre capuchinos y museos nos decimos: “Verga, vivir aquí sería ideal.”

En lo personal lo hacemos también. Queremos el novio ideal. Que tenga potencial de ser el esposo ideal, y el papá ideal. Con el trabajo ideal. Que nos propuso planificar el matrimonio ideal. Y mientras tanto, esa pareja estará pendiente de que una tenga las tetas del tamaño idea. Tenga un trabajo ideal, que te permita se el ama de casa ideal, que no exagera con su propia vida, como toda mujer ideal. Que tiene amigas ideales, y no tiene amigos. Que piensa como la mujer ideal. No mucho, sino sólo cuando hace falta.

Las familias también tienen que ser ideales. Mamás ideales que nos entienden y consienten. Hermanas y hermanos que jamás se equivocan y no joden bajo ningún concepto. Hasta los exes son ideales. No joden. No llaman. No fastidian. No se quedan pegados. Y cuando les dices ¿vamos a tomarnos un café? Te dicen claro que sí, te alaban y no se enrollan. Porque son las parejas ideales. Todo el mundo hace y dice lo que esperamos que hagan y digan. ¡Tienen que hacerlo! Son seres ideales.

Existe a veces mucha presión de parte de la gente, y de nosotros mismos, para encontrar ese camino que es ideal. Se ha vuelto todo tan ideal, tan prefabricado, que ya muchas veces ni siquiera sabemos qué queremos. Y lo que es más, nos olvidamos de que este mundo está lleno de imperfecciones. Somos seres que no nos podemos configurar para darles a los demás las respuestas esperadas.

Y en medio de un mundo que puede perfeccionar cualquiera cosa. El mundo de la banda ancha y la inmediatez, en el que puedes conseguir lo que quieres con el mínimo esfuerzo, nos exponemos cada vez más a una frustración más grande. Porque mientras más grande sea el ideal, mientras más arriba esté en el pedestal aquello que esperamos de los demás, aquello que soñamos, pero que nos hemos acostumbrado a que ni siquiera tenemos que buscar, más grande el coñazo con la realidad.

Todo en esta vida es un trade off. Con sus cosas buenas y sus cosas malas. Los ideales existen, en el mundo de los ideales. Un mundo de dioses inmortales, donde no hay contaminación ni muerte, y todo es paz y amor. Pero en esta tierra, lo que está limpio a veces se ensucia, lo que se ordena tarde o temprano se vuelve a desordenar, y nada termina siendo cómo uno se lo imaginó. No queda otra que ir por ahí con el corazón abierto, y la mente enfocada en sueños, en metas, que no tiene nadie que adivinar por ti, ni que te van a llegar porque leíste el secreto y pegaste un post-it de la nevera que dice: un millón de dólares.

Tú mismo sales, luchas y buscas. Sueños, que claramente, cuando los alcances, tendrán también su lado malo. Y al día siguiente de celebrar el triunfo te darás cuenta que sin saberlo ya estabas comenzando, una nueva lucha.


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