viernes, 4 de junio de 2010

¿Por qué se muere el amor?


Todo el mundo cree que tiene la respuesta. Las viejas por viejas. Las jóvenes por jóvenes. Los hombres. No. Los hombres no se hacen mucho esta pregunta. Ellos simplemente no piensan en eso y se dejan llevar. Y cuando una relación se termina, la culpa jamás es de ellos. Así te hayan pegado, humillado, vejado. La culpa es de la mujer, y generalmente lo que reprochan, es que hayas terminado la relación, sin dejar siquiera un espacio de reflexión para la pregunta ¿por qué habrá terminado?

Me da risa que en estos días estaba en el curso de fotografía y ha salido varias veces el tema de los celos de las parejas. Lo que me da risa, es que sobre todo los hombres, se ponen muy celosos por el famoso curso de fotografía. Yo, sigo sin entender cuál es el miedo con ese tipo de actividades. ¿Que tu esposa se fije en otro? ¿Que tu esposa explore dentro de sí misma y se de cuenta que no tiene relación contigo? O en el caso de las mujeres ¿Que te lo quiten?

La mala noticia es que esas cosas no pasan “Por un curso de fotografía.” Ni de actuación. Ni de pintura. Ni de jazz. No pasan porque uno de los dos se volvió religioso. O porque a uno de los dos le dio por el Yoga. O porque uno de los dos andaba para arriba y para abajo con la mejor amiga que se divorció. Claro, siempre es más fácil tener cerca a un chivo expiatorio. Alguien a quien echarle la culpa. A la promotora que usa un vestido dos veces por debajo de su talla, a la divorciada que nombraron jefa de tu esposo, al profesor de natación. Hasta Sex and the City, porque ahora, resulta que a las mujeres les gusta tirar. Maldito el día que se divorció la Infanta Helena, porque ese día le dieron duro al estereotipo de la pareja perfecta. Claro que mientras Doña Helena sigue divorciada, Angelina ya tiene otra barriga. Vea usted qué ironía.

Claro, que estamos acostumbrados a imágenes perfectas. Y que todos tenemos nuestro control freak adentro. Entonces nos angustia el no tener a la pareja al lado para ver qué está haciendo. Quienes son sus compañeros de trabajo. Hace años trabajaba con un chamo que salía del trabajo a eso de las 6 de la tarde. Si eran las 6:08 y no había llamado a la esposa para confirmar que había salido. Esta colapsaba. Llamaba como si le hubiera caído la bola de Pepsi encima. Porque según ella “en esa empresa hay mucha puta.” Yo trataba de explicarle que esa actitud no es un antídoto para los cachos. No va a prevenir que él te deje.

Al contrario, te pone en desventaja con la soltera relajada que se sienta al lado de él. Pero sobre todo, y esto es lo más importante, hace de tu vida un infierno. Porque no me vas a negar que es un peso horrible estar pendiente de cada detalle de la vida de tu pareja. Como si fuese un deficiente mental. Eso sin dejar de lado el hecho que cuando uno se comporta como una celópata haces un papelón. Empiezas a exaltar y darle a espacio a tu inseguridad. Generas resentimiento. Te empiezas a fijar en todo lo malo que hace tu pareja. En todo lo malo que pueden hacer las otras personas. En lo malo que tienes tú. “Me va a dejar porque yo…” Y empiezas a ver fantasmas donde no los hay.

Sí. Las relaciones son trabajo. Hay que poner de parte y parte. Eso no se puede negar. Van cambiando. Conforme vamos cambiando como individuos. Y si pueden o no aguantar las duras pruebas que imponen la vida y el tiempo, eso nadie lo sabe. Mi mamá tiene dos amigas, una la dejaron a los 90 años. Sí. A los nueve cero. Por una enfermera. A otra la acaban de dejar a los sesenta y pico. Ni que se pare de cabeza. Ni que se ponga implantes. Ni que se hubiera instalado todos los días en la oficina del tipo a ver qué hacía, y a monitorear la entrada de las mujeres a su despacho de abogados. Simplemente, no funciona así. Y vice-versa. Si esa mujer se va a ir. Se va a ir.

El mejor antídoto es ser positivo. Cariñoso. Lograr que tu pareja diga cosas como “yo sí la paso bien contigo.” Que se sienta libre. Apoyado. Contenida. Comprendida. Que cuando te compare. Porque gente, todo el mundo compara, diga, sí, puede ser que esta otra no sea tan gritona como Manuela, pero simplemente no es mi Manu. O es verdad, este pana tiene una habilidad hasta para arreglar la puerta del garaje y mi Rorro no cambia un bombillo. Pero es que mi Rorro, es mí Rorro. Punto.

El amor no se explica. Se siente. Si escoges una pareja, es para compartir tu vida. Muchas veces lo que pasa es que cuando castras a alguien. Cuando tu amor es posesivo y lleno de límites. Allí empieza a crecer la semilla de la frustración. Hasta que un día uno de los dos se despierta y no aguanta más. Porque estuvo a tu lado, pero no vivió su vida. Y si no es para vivir ¿Para qué coño entonces estamos en esta Tierra?
Cuando la razón para estar juntos deja de ser “porque quiero estar contigo.” Y pasa a ser “porque me pones una cara de culo cada vez que menciono que me gusta una actividad en la que no participas tú.” Allí todo empieza a andar mal. Y lo peor de todo, es que así hagas lo que hagas, si te van a dejar. Te van a dejar.

Al menos, que cuando estés con el guayabo te quede la tranquilidad de conciencia de haber vivido tu vida. De haber hecho algo por ti misma. Y no tener que decirte, como me pasó a mí, coño de la madre, encima boté todos estos años de mi vida, haciendo lo que esta persona quería que yo hiciera, y dejando de lado, mis sueños y aspiraciones.

Nunca olvido, que a uno lo conocieron con una vida. Unos amigos. Un trabajo. Unos hobbies. Una vida propia. De esa persona se enamoraron. De la que hacía. La que leía. La que cantaba. Esa es la que hay que mantener. No cambiarla. Ni maquillarla. Ni taparla. Ni permitir que se pierda entre los roles que imponen otras personas. Ni dejar que tu pareja te defina. Cosas como “deberías hacer ejercicio.” Las odio. Y no es que no me impulses o no me apoyes a hacer algo que me hará sentir mejor. Pero una cosa es el impulso y otra la presión. La línea es muy delgada, sí. Pero tiene suficiente grosor como para que uno la pueda identificar inmediatamente.

Si presionas al otro para que cambie, estás luchando contra la corriente. La gente cambia por convicción, no por presión. Si necesitas que tu pareja cambie, tienes que evaluar y aceptar que a lo mejor tienes que cambiar de pareja. Porque a lo mejor no has visto para los lados. Bien. No has faltado a tu promesa de lealtad. Pero estás faltando a la promesa de hacer feliz a la otra persona. Y esa es igual, cuidado, sino más importante. Porque esa acaba con las relaciones con la misma contundencia. Pero además, estás faltando a la de hacerte feliz a ti.

Y además. El amor, por más cursi que suene, es el amor. Cuando quieres a alguien, pueden venir con relojes, carteras, cuentas de banco. Se te pueden parar de cabeza.

Si estás realmente enamorado. Nada de eso funciona. Si algún día te gusta más otra, prefiero que te vayas con esa. Porque no hay peor sentimiento que el de sobrar. Eso sí que duele.

Lo que no hay que olvidar es que al final, siempre cuentas con la persona más importante. Tú mismo.

7 comentarios:

Or@ dijo...

Que complicado el tema de las relaciones. En mi blog los post, la mayoría para no decir todos, se relacionan con ese tema. Yo he tenido dos relaciones semi-largas. La primera con un muchacho que me anulo, sí, suena deprimente, pero por dos años y medio yo me cegue y creí haber sido feliz hasta que abrí los ojos. Mi vida giraba en torno a él, tanto que no quería comenzar a trabajr (tenía 19 añitos) porque no podría verlo todo el día, que patetico. El primer amor, el primer error. Por suerte comencé a echarle pichón a mi vida y el se quedo en el aparato. Cundo me di cuenta que el amor había terminado me quede sola, no tenía amigos ni actividades que no se relacionaran con él. Por suerte (con 21 años) recupere todo a tiempo porque asumí mi error. La segunda que duró año y medio fue todo lo contrario. Él me enamoró a mí aunque yo desde el principio estaba convencida de que no teníamos nada en común. Está vez yo no abandone mi vida, el se acoplo a la mía, pero no lo admiraba, quería cambiarlo y decidí a tiempo que eso estaba mal. Que no lo amaba a él sino a su forma de tratarme. Con él jamás hice nada que no me gustara, lo que quiere decir que jamás compartí sus actividades con él porque me parecían una perdida de tiempo.
Primero uno, luego los demás. Estoy convencida que una tiene que encontrar a un hombre al que admire, que lo que haga te apasione y te den ganas de contarselo a todo el mundo. Que una diga coño este tipo si es arrecho. Para no querer cambiarlo. No debemos ser conformistas. Yo quiero admirar, ando en búsqueda de eso.
El amor es peligroso, si no mantenemos bien abiertos los ojos cambiamos y todos se dan cuenta menos uno. Eso es grave.

Manuela Zárate dijo...

Ora. Fíjate yo. Yo dejé ocho años enteros de mi vida así. Bueno. Asumo mi barranco. Pero menos mal que te diste cuenta. Y sí bueno. Cada relación es una escuela de vida.
Mi mamá dice que las relaciones son comunicación, admiración y respeto. Que si no tienes una de esas tres, imposible que marche.
Más o menos lo que tu dices. Si no admiras al que tiene al lado. Grave.
Sí. Hay que estar mosca. Y quererse uno mismo. Si no es imposible que otro te quiera.

Doña Mar dijo...

Manu parecieras que tuvieras más edad! retratas las relaciones de pareja tal cual. Es pérdida de tiempo ponerse a cuidar los hombres. Al comentario de tu mamá agregaría que también empeñarse en ser feliz. Que pudiera yo contarles si mi matrimonio duró seis meses, jajaja. Gracias a Dios tuve la visión oportuna de saber que no tenía remedio. Saludos, un éxito este (como todos) escrito.

Toston dijo...

Lograr que tu pareja diga cosas como “yo sí la paso bien contigo.”

Esto resume todo para mi.

Saludos.. good post.

El Lord dijo...

"Y quererse uno mismo" eso suena interesante!! jajajaja

Manuela Zárate dijo...

Doña Mar, sí, yo para algunas cosas soy una niñita. Para otras, una vijita. Y bueno, en esto de las relaciones a veces siento que tengo mucho más edad de la que tengo. Debe ser porque soy muy intensa. Para qué lo voy a negar.
Tostón, así es. Creo que no hay nada más que decir, porque si no la pasas bien con alguien. No tiene sentido. La vida es muy corta, como dice un amigo, es más tarde de lo que pensamos.
Lord, quererse a uno mismo. Como dice aquella cursi y pavosa canción de Whitney Houston, it is the greatest love of all.

Coraline dijo...

Me encnaat que tengas las ideas tan claras y me encantó este post! Estoy de acuerdísimo con todo y lo has expresado perfectamente bien. Eres una crack! My kudos =)