lunes, 14 de junio de 2010

Problemas de Parecido con la Ficción


Puedes levantarte por la mañana, sintiéndote medio mal. Sospechas que lo que tienes es más que gripe, pero no le haces caso. Llueve a cántaros y quieres celebrar porque eso quiere decir que a lo mejor. Que quizás. Se arregla el tema de los cortes de luz. Pero no lo sabes. A lo mejor quitan el racionamiento eléctrico. Pero no lo sabes. Tienes la cabeza en tantas cosas, que ya no sabes ni qué puede pasar, ni que no. A veces no tienes ni idea de qué está pasando.

Encuentras una gotera en tu closet. La impermeabilización del techo siempre ha estado pendiente. Pero cuando el hombre puede no hay materiales. Cuando hay materiales el hombre no se da abasto. Podrías llamar a otra persona. Pero ¿de verdad te arriesgarías a llamar a alguien que no es de tu entera confianza? Te sale más barata la ponchera azul que se va llenando con el agua que cae de la gotera.

No hay agua. No te bañas. Ya verás si vuelve a la noche o si te bañas casa de tu hermano. Te vas para el trabajo, así con tu baño de pollo. De toallitas humectantes Nívea. Y las cosas han llegado a un estado tal, que le das gracias al cielo porque en la farmacia más cercana se consiguen toallitas Nívea.

Te montas en tu carro. No es ni ostentoso. Ni grande. Ni caro. Es más bien viejo. Pequeño. Está golpeado porque suena como si fuera una Harley Davidson de las repotenciadas. De las que los patoteros hacen sonar espantando a todos los vecinos de la cuadra.

Sales de tu casa y retrocediendo, sin darte cuenta le das a la acera. Rompes el tubo de escape. A duras penas llegas al taller de siempre. Está colapsado de carros. Pareciera que el negocio está mejor que nunca. Pero el mecánico se queja. Tiene muchos carros. Sí. Pero no tiene repuestos. Entre esos el que tú necesitas. Te anotas en una lista. Insistes. Te dan el dato de alguien, que a lo mejor te consigue la pieza por debajo de cuerda. Pagando un poco más. Como si estuvieras traficando con una sustancia prohibida.

Y en unos pocos minutos tendrás la misma sensación en la farmacia a la que llegaste caminando. No hay lo que te mandó el médico. Lo hay en genérico. En otra presentación. Otros miligramos. Otra marca. Parecido. No es lo mismo pero es igual. Al final es medicina y ayudará a curarte. Y el que está detrás de ti está igual. Y el que acaba de pagar, justo antes que tú, está igual.

Luego pasarás por el mercado. Y no encontrarás la mitad de las cosas que fuiste a comprar. Encontrarás unas marcas raras. Algunas las comprarás otras no. Irás a otro mercado, donde tienen lo que no tenían en el mercado que fuiste antes, y donde no tienen lo que tenían en el primer mercado. Esta ciudad está cada vez más bizarra. Les avisas a tus amigos que conseguiste las cosas que estabas buscando. Es casi un logro. Vas a regresar a tu casa con leche. Y no con cualquier leche. Leche descremada.

Te vas a montar en un taxi. Vas ojear al taxista con ojos de superagente secreto europeo. Eres casi James Bond. Cada vez que te pase un motorizado por al lado se te van crispar todos los nervios de tu cuerpo. Hasta tus vasos capilares se dilatarán y contraerán. Extraño.

Vas a ver como uno de ellos le roba el blackberry al carro que tienes al lado. No llegas a ver la pistola. Sólo ves a la muchacha asustada entregar su teléfono. No haces nada. No dices nada. Pero te provoca. Sobre todo cuando ves la mirada de impotencia de la muchacha que se queda en su carro. Sin poder hacer nada, pero con ganas de gritar. De darle vueltas al mundo y echarlo atrás como hizo Superman cuando salvó a Luisa Lane. Ciudad de mierda. Tú tampoco puedes hacer nada.

Seguirás. Y en tú trabajo todo el mundo tendrá un cuento espantoso. Habrá gente enferma. De los nervios. Gastritis. Ataques de pánico. Ataques de rabia y de impotencia. Todo el mundo quiere hacer algo, pero a la vez nadie quiere hacer nada. Esto no podría ser más bizarro. No se puede seguir viviendo así, pero a la vez no hay otra forma de vivir.

De regreso a tu casa te va a mojar un carro que pasa por un charco inmenso que dejó la lluvia de esta mañana. Nadie ni te voltea a ver. Nadie ni se queja por el desprecio del otro.

Llegarás a tu casa. Con tu leche. Sin tu carro. Mojado y sintiéndote mal. Y ya te sientes tan mal que lo sabes. Tienes dengue. No tienes ya ni que hacerte el examen. Hasta podrías ubicar el mosquito que te picó. En eso te llama una amiga. La robaron. Y te comenta que en menos de seis meses ha tenido dos veces una pistola en la cabeza.

Y tu historia, podría ser una historia del celuloide. Pero no es. Es un día común. Un día cualquiera en la ciudad de la furia.

Cualquier parecido con la ficción, es una exageración del escritor.

7 comentarios:

Julieta Buitrago dijo...

Acabo de llegar de clases de literatura creativa. Al emitir una opinión sobre el texto que estábamos analizando utilicé la palabra “bizarro”. La profesora me preguntó si conocía el significado de esa palabra y me instó a no usarla de nuevo, antes de investigar en el diccionario de la RAE. De inmediato intuí que estaba equivocada… por su parecido al inglés Bizarre, piensa uno que se trata de: raro o extraño. Lo comparto contigo.

Ira Vergani dijo...

Y entonces llega un día de esos maravillosos en que te vas de vacaciones al primer mundo, a una ciudad que ya conocías pero donde siempre creiste que nunca querrías vivir.
Y de pronto vas en el metro y observas a la gente que va de vuelta del trabajo a su casa y te imaginas haciendo eso y disfrutándolo, tu que odias el transporte público; te imaginas siendo tu la que se cambió los tacones por unos zapatos de goma porque había que caminar unas cuadras.
Y entras a un deli con comida nada casera y te imaginas siendo tu la que compra alli.
Y de pronto te das cuenta que la ciudad de la furia esta tan mal que te hace imaginar cosas que nunca imaginaste, te hace desear una vida en un sitio distinto donde claramente serías extraña a todo y para casi todos.
Y te entra una tristechera con una dosis de sorpresa que te hace preguntarte si eres tu o si es que ya nosotros dimos y hemos aguantado lo inaguantable.

Manuela Zárate dijo...

Julieta, ciertamente, tu profesora tiene toda la razón. En Español no se debería usar la palabra de esa forma. De hecho etimológicamente hablando, la palabra viene del italiano, y en italiano quiere decir rabioso. Y es una palabra, que a diferencia del español, allá no es litaria, por decirlo de alguna forma, es decir que se utiliza de manera muy informal. Tanto así que algunos dialectos de lugares como Emilia Romagna (de donde es la familia de mi esposo) la han adoptado y le hando su forma.
La palabra, pasó al francés, donde si se le dio el significado de extraño y raro, y allí fue que se apropió el inglés. En Español se ha vuelto una especie de anglisismo que se escuha bastante hoy en día. Pero,
tu profe tiene razón, porque en el último diccionario de dudas del idioma que se publicó (yo adoro los diccionarios y los colecciono) se recomendó no utilizarla con el significado de extraño, es decir como anglisismo. Pero la opinión general es el uso que se le da es tan abierto que tarde o temprano la RAE reconocerá la acepción.
Yo con estas cosas te digo, tu "cuaderno" es tu paleta de pintor. Es fundamental conocer las palabras, para poder usarlas a tu antojo y llegar a crear la imagen que quieres. Yo soy obsesiva con el tema de los diccionarios, los amo, tengo mi Laurusse viejito que para mí es como una mascota más. Sin embargo, creo que a veces, si tu narrador se vale de una palabra por el uso que le da en su contexto, y funciona para la versimilitud del texto, úsala. Pero claro, tu profe tiene razón en que hay que estar claros en su significado. Yo lo que hago es que las voy escribiendo en un cuadernito. Como cuando estaba chama. Gracias por el comentario porque me ayudó a buscar palabras y eso me encantá.

Ira, toda la razón. Hemos aguantado lo inaguantable. No sé cómo vivimos así.

rgv333 dijo...

Ayer me pasó algo similar al cuento de la palabra "bizarro" con un analista deportivo y su mal uso del verbo "adolecer" en un comentario que publicó en TW.

Él la usó como si fuese sinónimo de "carecer"; le mandé una nota haciéndole el comentario.

Luego me enteré de que es bastante común la confusión.

En mi caso, yo mal-uso la palabra bizarro. A pesar de que sé lo que significa en español. Lo reconozco.
Sin embargo siempre me causa como alergia la mala ortografía y el mal uso de las palabras. No estoy de acuerdo con ir por ahí usando las palabras como se nos antoje; pero al final es así como nacen las palabras y sus significados ¿no?, ¡qué dilema!

pd; Manu prefiero comentar sobre estos temas interesantes que sobre la embajada del Sub-Sahara en Suramérica ¡qué desastre!

Manuela Zárate dijo...

RGV, sabes me parece distinto cuando eres un comunicador. Ahí sí estoy de acuerdo sobre el uso correcto de las palabras. Es más, si esta entrada hubiese sido algo formal, o técnico, y no un ejercicio de ficción lo hubiese cambiado.

No es que al escribir uses mal las palabras. Insisto, es que si le dan credibilidad a tu narrador, más bien tienen que usarlas. Es como cuando escribo literatura juvenil, tengo que usar su argot, sino la cosa es terrible. De hecho me pongo con mis sobrinos que me dan clases. Cosas como que ya no puedo decir latas para hablar de unos besos. Ni jamón. Ellos no tienen idea que es eso. Es se la zampó. Y yo discuto: mijo, se la zampó es otra cosa. Y ellos: no tía, se la zampó es le dio unos besos.
jaajajaja


Pero te entiendo a mí también me revienta eso. Es como cuando escucho la palabra: TERAPISTA. Me crispa.

En fin...pero sí. Los idiomas evolucionan. Y con los medios de comunicación hoy en día cada vez más...

Ira Vergani dijo...

el dia que tuve la discusión de si a alguien se la zamparon o no, me senti como una vieja decrepita...como no me habia enterado del cambio!

ROBERTO ECHETO dijo...

Ciudad Dostoievski... Una belleza, Manuela.