miércoles, 30 de junio de 2010

¿Qué hace a un gran escritor?


¿Qué hace a un gran escritor? Pregunta hecha por S en el comentario a la entrada del Club de Lectura. Aquí, después de pensarlo un tiempo, un atisbo a la respuesta. No sé si en el fondo haya alguien que realmente la tenga.

La relación libro – lector es tan compleja. Tan difícil de definir, como cualquier relación íntima. Las hay malas, inservibles, como pasa cuando un libro sencillamente no nos llega y no queda más remedio que dejarlo. Pues si uno lo lleva hasta el final, simplemente queda con un sin sabor y la amarga sensación de pérdida de tiempo.

Pero las hay buenas. Hermosas. Bellas. Fructíferas. En las que seguro se saca algo negativo, como en todo, pero a la hora de sopesarlo todo, el balance es positivo.

Pasa con libros que te atrapan, como si el autor hubiese sido capaz de diseñar un mecanismo mediante al cual, al pasar las páginas una muy delgada red fuese envolviendo al lector. Una especie de tela de araña, que no te permite soltar el libro.

Hay algunos que incluso, son como una droga dura, te aceleran, te duermen el cuerpo, te sacan del mundo y te llevan a otro lugar. Y cuando los dejas, sudas, te falta el aire, te preguntas cómo hacer para regresar al estado de sopor en el que felizmente te habías sumido.

Hay libros que te hacen sentir que esa voz que habla palabra por palabra y párrafo por párrafo, no es de otro. No es un tal colombiano, o de un japonés del que si te piden que deletrees el nombre a lo mejor no serías capaz de hacerlo. No. Eres tú.

O a lo mejor, esa persona en principio lejana, desconocida, esa persona en un momento de su vida escribió algo, y aún sin saberlo lo escribió para ti. Sientes que te conoce, que por alguna razón sabe de tu vida. Te quiso decir algo. Como si a través de un mecanismo secreto y oscuro supiese tu nombre y tuviese tus coordenadas. Supiese exactamente lo que has vivido, y hasta supiese, de una forma misteriosa por qué. Y ha venido, con un libro, no a decírtelo sino a susurrártelo.

Otras veces sucede que tras las primeras páginas de un libro no puedes seguir. Porque son tan fuertes las emociones. Es tan peligroso el terreno, tan movediza la arena en la que tan plantado, que te da miedo continuar. Si sigues, pagas las consecuencias. La historia, las palabras, todo te persigue. Se te presenta como un fantasma. O te cambia. Conciente o inconcientemente te cambia. Ya no eres la misma persona.

Te encuentras también los que utilizan el sarcasmo. La ironía. Y quien no los entiende los odia. Son los que se burlan, a veces sin que nadie lo sepa. A veces sin que el burlado se llegue a enterar.

Esos que merecen que uno les de unas cuantas páginas, porque al final del día, los libros, como todo en esta vida, tienen sus altos y bajos. Siempre hay algo que hubiese sido mejor no vivir, no experimentar. Siempre hay algo para borrar. Tiene que haberlo. Un giro, una descripción. Es parte de la experiencia. Tiene que haber espacio para disentir. Para no estar de acuerdo.

Un buen escritor, puede hacer cualquiera de estas cosas. Y cuenta con un puesto en mi mesa de noche. Cuenta con mi recomendación. Cuenta con que voy a hablar de él o ella en lo que pueda. A lo mejor hasta voy a escribir sobre el libro. Voy a anotar frases en mi cuaderno, o las voy a twittear el final del día, como hago cada noche. Las voy a repetir, intentaré aprendérmelas de memoria, y a hasta quizás incluso saque una foto que sienta que interpreta su libro. Tal vez quizás trate de recordar su obra a la hora de adentrarme en mi propio trabajo. Después de todo, inspirarse en los que lo han hecho bien, tratar de imitarlos, o partir de su trabajo para ir más allá, es de las mejores formas de comenzar.

Y entonces ¿Qué hace a un gran escritor?

Para mí el gran escritor es que el logra todo lo mencionado arriba, y además logra hacerlo manteniendo la poesía. Comprobando una vez más que la literatura, como comentaba Israel Centeno en su taller el otro día, es una de las bellas artes. Es allí donde está lo grande.

Cuando no sólo has viajado, te has transportado, has ido, vuelto, te has visto a ti mismo y has soñado que has sido otro. Cuando descubierto una mentira o has aprendido una nueva forma de maquillar la realidad. Te has anestesiado. O has despertado. Has visto la cara de melancolía, o has chocado de frente contra la soledad. Cuando has abierto los ojos, sintiendo que ya más nunca volverás a ver la vida como la veías hacía dos páginas, hacía dos frases. Cuando hasta, (y me ha pasado) te das cuenta que tu forma de hablar se parece a la de ese autor, a la de ese personaje, que jurarías por tu propia vida que es más real que la tapa del libro que tienes en las manos.

Es el escritor en el que no encuentras desperdicio. Ese que te obliga a subrayar el libro casi completo. Que te das cuenta que se deja la piel en cada página, que se va desnudando poco a poco, sutilmente, con una sensualidad indescriptible. Ese escritor que habla sobre algo que tienes en la punta de la lengua, pero que no puedes llegar a nombrar. Simplemente no puedes. Pero está allí. Eso, para mí, es un gran escritor.

En resumen. Grandes escritores son esos que hacen los libros necesarios. Tal como decía Octavio Paz “los grandes libros, los libros necesarios, son aquellos que logran responder a las preguntas que, oscuramente y sin formularlas del todo, se hace el resto de los hombres.”

Sin duda ir a la caza de grandes escritores es una aventura llena de pasiones, emociones, hasta me atrevería a decir que llena de peligros. Pues la lista de los grandes escritores, no puede depender de lo que digan los eruditos, sino de lo que diga tu propia voz. No vaya a ser, que cuando tengas enfrente a un gran escritor, por estar pendiente de lo que dicen otros, no escuches y le pases de largo.

3 comentarios:

César Arango dijo...

Epale, me sentí identificado ahi jajajaja...
visita mi blog y sigueme

http://cesar-arango.blogspot.com/

s dijo...

muy bueno, muchas gracias! :)

Manuela Zárate dijo...

A la orden S.

César claro que sí. Ahí voy. Jaja.