sábado, 12 de junio de 2010

¿Qué quieres ser cuándo seas grande?


Hace ya unos años, estando en una ciudad extraña me hice amiga de una muchacha. A medida que nos fuimos conociendo me contó que su papá era pediatra, y también bombero. Aquella mezcla me pareció un tanto extraña. No es lo común que alguien después de estudiar una carrera tan sacrificada como medicina, y trabajar en su consultorio, decida unirse al cuerpo de bomberos. Menos aún, que sea una persona tan dedicada con su labor bomberil, que llegue a ser el Jefe del Cuerpo de Bomberos Metropolitanos.

Entonces ella me dijo: “Es que el de chiquito soñaba con dos cosas, ser médico y ser bombero.”

Ese cuento me recordó la escena de Cinema Paradiso en la que Toto está con Alfredo en la cabina del cine. Alfredo le toma las manos a Toto y le dice, que sea lo que sea que decida hacer con su vida, “ámalo, como amas la cabina de este viejo cine.” Sin duda, esa es mi parte favorita de la película. Es la más contundente, a menos en lo emocional, pues al final Toto termina siendo cineasta, a pesar de que por su humilde proceder, de haber sido alguien con menos inspiración y sin contar el apoyo de Alfredo, hubiese terminado como quincallero de su pueblo.

Para mí, ese es el gran mensaje de esta historia. Porque es desgarrador todo el proceso de Toto, de enamorarse del cine, superar el miedo a Alfredo, entablar la relación con Alfredo, amar aún más el cine, para luego dejarlo a todo a fin de poder cumplir su sueño. Su sueño de infancia.

Y quizás una de las cosas que más me pega de esa película y el por qué lloro a moco tendido cada vez que la veo. (Más allá de lo bien realizada que está, incluyendo la música que por sí sola es suficiente para moverlo a uno.) Es que me recuerda a mi papá. Porque mi papá dice exactamente eso que dice Alfredo, eso que vivió el papá de mi amiga. Que hagas lo que hagas con tu vida, tienes que amar lo que haces.

Tienes que tener algo que haga sentir vivo cuando los días son buenos. Que te haga respirar la emoción de estar aquí, sentirte más humano y a veces casi sobrehumano. Y tienes también que tener una razón de peso para levantarte por la mañana y enfrentar los días duros. Esos en lo que quisieras que la lluvia te arrastrara cuando se desbordan las alcantarillas de esta sucia ciudad.

Yo creo que de vez en cuando es importante recordar qué contestabas cuando alguien te preguntaba “¿Qué quieres ser cuando seas grande?” Y ver si realmente era un sueño. Si era una idea loca. Si respondías porque lo habías escuchado de un amiguito, o porque querías ser exactamente igual que tu papá. Y analizar qué hiciste con esas respuestas y dónde estás ahora.

A lo largo de la vida uno va perdiendo el camino, porque sin darte cuenta te van quebrando la voluntad. Te van convenciendo de que no se puede. Te confunden los sueños con las ilusiones. Y tarde o temprano dejas de lado esa persona que querías llegar a ser, convencido de es sencillamente imposible.

Ciertamente, uno en la vida tiene que tener una dosis de realismo. Pero a la vez uno tiene que confiar en su instinto. En la voz del alma y del corazón. Para mí el camino ha sido muy duro, porque la duda asecha constantemente.

Mentiría si dijese que no pienso todos los días en parar. Me encantaría ser cualquier cosa. Panadero. Abogado. Ingeniero.

Pero a la vez. No hay nada que disfrute más que estar sentada frente a esta computadora. No hay días mejores que aquellos en los que me duele el antebrazo de tanto escribir. En los que veo que las páginas se van acumulando. En lo que tengo tantas historias que dudo por cuál voy a comenzar. Porque las quiero escribir todas.

Y las quiero escribir para mí. Porque la verdad es que no sé si algún día venderé muchos libros. O poquitos. O ninguno. Porque no sé si después de tanto ven y tráenos tu trabajo, algún día las editoriales se burlarán de mí. Al final yo no escribo porque quiero decir algo, yo escribo porque tengo algo que decir. Y yo soy así. Cuando siento algo voy y lo digo.

Y guardado en una caja hay por ahí un cuento. Mi primer cuento. Lo escribí cuando tenía nueve años. Era sobre una niña llamada Laura que convencía a un grupo de niños de ir al “lugar donde eran las guerras” y con un truco distraían a los soldados, y llenaban de flores y papelillo los tanques y las pistolas. Cuando la guerra comenzaba no salían los disparos. Todo el mundo se reía de la broma y la humanidad reflexionaba.

Sí. Era una cosa cursi y horrenda. Lo escribí sobre papel morado con marcadores. Y tiene unos dibujos horribles, que son exactamente iguales a lo que haría en este mismo momento. Pues yo sigo pintando seres humanos haciendo un círculo y cinco líneas rectas. Diferenciando a las niñas con un lacito de dos triángulos y un círculo.

Y sobre ese papel morado, como dice Steve Jobs, con el corazón sabiendo exactamente lo que quiere, sabía sin saberlo que ese era mi camino. Y a lo largo del camino, uno que a medida que crece y madura menos sabe de la vida, muchas veces me desvié. Y a medida que voy recorriendo, a veces la sensatez quiere apoderarse de mí por completo y convencerme de que los sueños no existen. Olvídate Manu de plumas y cámaras.

Pero, cuando veo a mi hija agarrándose de cuanta cosa puede para no caerse, en la proeza que significa aprender a caminar, me siento totalmente identificada. Porque así estoy. Agarrándome de lo que puedo. Dándome golpes y hundiendo la cabeza en la almohada cada vez que me caigo y me doy un golpe. Pero un día de estos. El día menos pensado. Doy mi primer paso.

Y ese día, me voy a recordar del pediatra/bombero. De Alfredo. Y de mi papá. A los tres por haber inspirado la lucha de no renunciar a los sueños. Y de ustedes. Porque sin saberlo, han sido el antídoto contra el veneno de la duda. Y este post es para darles las gracias.





9 comentarios:

Or@ dijo...

Que Bonito Manu. Sigue escribiendo que nos fascina.
Yo de niña quería ser bailarina de Ballet. Pasé 10 años de mi vida montada en zapatillas con leotardos y moños con ganchitos negros, era mi atuendo favorito. Adoraba bailar. Lo deje, por tonta. Pero me muero por bailar otra vez, en algún sitio deben dictar clases para gente grande y lo voy a hacer. También quería ser lectora, aunque suene estúpido. Cómo a los 8 años le pedí a mi papá de regalo un libro de cuentos de “verdad”. Que tuviese muchas páginas. Todavía lo tengo junto a todos los demás. Ahora tengo libros geniales que se actualizan regularmente y que no puedo dejar de leer, como este.
Quiero escribir también y quiero hacerlo bien o por lo menos intentarlo. Por eso voy a comenzar un curso de redacción para luego seguir aprendiendo de los que saben, aunque me intimiden. Estoy emocionada por eso. Tenemos que hacer lo que nos llene, sin importar lo que otros esperen, como ya hemos dicho por aquí. Hay que buscar el camino y seguirlo aunque a veces parezca absurdo o una perdida de tiempo. En tal caso, si lo perdemos, será en algo que nos apasiona y ¿que mejor manera de hacerlo?

Doña Mar dijo...

Manu la vida no es fácil. Sigue escribiendo porque con perseverancia lograrás que un día un editor se fije en tí.Mientras, tus lectores seguiremos agradecidos de leer tus escritos. Adelante...

Manuela Zárate dijo...

Ora, qué lindo. Échale plomo y no te preocupes que uno siempre se intimida. A mí me pasa más que todo con las fotos. Sufro en la clase de fotografía porque siempre hay gente que se siente el apéndice extirpado de Ansel Adams y la verdad es que es fuerte. Pero entonces recuerdo que lo importante es lo que pienso yo. Lo que me gusta a mí. Lo que yo quiero expresar y dejo de pararle. Pero bueno, es más fácil decirlo que hacerlo.
Me cuentas como te va. Y la verdad, qué rico bailar, me hubiera encantado. Cuando encuentres tus clases me cuentas.

Gracias Doña Mar! Aprecio muchísimo tus palabras. :)

Ira Vergani dijo...

Pues congrats porque estas haciendo lo que querias! Que pelicula, mi top 5

Bibi dijo...

:)
Solo puedo decir... Gracias!!! Por la inspiración que me generas...

De verdad que es impresionante como la gente que no conoces te cambia la vida :)

Manuela Zárate dijo...

Bibi. Gracias por tus palabras. Esa es la idea. Sí. La blogosfera es una maravilla. Ya lo he dicho varias veces que he conocido gente, que aunque no he visto cara a cara, considero buenos amigos. :)

Aquí estamos siempre a la orden.

Matilde Amorell dijo...

APLAUSOS!

Coraline dijo...

bellísimo, este es tu momento. no necesitas escribir libros ni venderlos todos. el cielo es el límite!

Manuela Zárate dijo...

Gracias Matilde y Coroline. Se les quiere. :D