martes, 27 de julio de 2010

Disfraces y Zapatos

Nuevo café. La silla más cómoda de todas las que he probado. Algo aquí me dice "te estaba esperando." Además está enfrente de una tienda de zapatos que...las mujeres me entenderán. Desde aquí puedo verlos. Y soñar que me los compro todos y que camino con ellos y no me sacan ampollas, ni hacen que me duela el pie.


Justo al lado está una papelería donde compro los cuadernos semikolon en los que adoro escribir. El papel es sedoso y las portadas son de colores vivos. Hay amarillos, grises, verde pastel, verde perico, azul petróleo, azul poceta, rosado. Además tienes cuadritos, cuadros negros y blancos estilo tabla de ajedrez. En esa papelería encuentras todas las plumas, desde las parker, hasta las pilot, y tienes pluma fuentes de esas que traen el tintero para que mojes la tinta como si fueses un personaje de una novela policíaca de la Edad Media. Yo a veces me pregunto, si me hubiese tocado escribir con una pluma de pájaro en vez de con una MacBook prestada ¿hubiese escrito igual?


No sé. Pero hay algo que sí sé, me encanta llenarme las manos de pintura o de tinta. No hace mucho, para una tarea del taller de Roberto Mata, agarré el pizarrón que tengo en la casa y escribí un párrafo del libro El Amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence. La idea era montarme encima del pizarrón y hacer un aturetrato. Al final la cosa no me salió por problemas técnicos. Me volví un culo y a la hora y media desistí. Pero cuando me paré tenía las palabras pegadas por todos los brazos y la espalda. Me encantó. Me podría disfrazar de párrafo en Halloween. Lo que me recuerda que quiero comprarle a mi pioja un disfraz de abeja que vi ayer. La cosa más bella y más cuchi que he visto en mi vida. Ahora entiendo que el sufirmiento de los hijos realmente es el placer de las madres.


Cuando éramos chamas y teníamos una fiesta de disfraces aquello era más horror que placer. En realidad no tenía que ver con el disfrazarse en sí. Yo amo, (ojo, lo digo en presente) amo disfrazarme. Es algo que me encanta. Hasta el sol de hoy. Mi mamá guarda todo y tiene unas pelucas que son una gozadera. De chiquita yo adoraba meterme en su closet y sacar sus vestidos. Decíamos que éramos Rocío Durcal. Jugábamos al Salón de la Justicia poniéndonos los paños de playa como capas. Pero eso era una cosa, y otra muy distinta que ella sacara aquel disfraz de japonesa, que además te decían sesenta mil veces "No lo vayas a ensuciar." Como si fuese plausible que una niña no ensuciara un disfraz en una piñata.


Después, como si fueses Miss Japón preparándose para el desfile en traje típico, procedía mi mamá a hacerme la cola más estirada del mundo, a fin de achinar mis ojos lo más posible. Laca. Gomina. Hasta Pega Elefante (la cual por cierto le eché a Charles en el pelo no hace mucho para disfrazarlo de rockero) para que bajo ningún concepto se fuese a mover un pelo durante la fiesta. Acto seguido venía la tortura. El pintarrajeo. Con el rimel y el delineador más negro posible mi mamá trazaba sendas lineas a fin de achinar aún más los ojos y dejar claro: "estamos disfrazadas de japonesa." Ni que Heidi se hubiese quedado en pantaletas enfrente de Pedro, hubiese tenido los cachetes así de rojo. Y después la mega pintura de labios.


Para terminar, te ponían unas medias que estaban guardadas desde las guerras púnicas, y encima de esas medias unas cholas de japonesa, que te sacaban tremenda ampolla en la pielcita que está entre el dedo gordo y el segundo del pie, y con las cuales tenías que caminar paso a paso, por que si te caías mínimo perdías un diente.


Y eso no era nada más el disfraz de japonesa. El de española. El de Blancanieves. El de Cenicienta (todavía mi mamá tiene una peluca de estambre, con el moño exacto de Cenicienta, con el mismo adorno negro con que la condenada sale en la película), ese era todo un show. Esos disfraces eran un fastidio.


Quizás, al menos para mí, el equivalente hoy en día es vestirme para un matrimonio. Nada me da más flojera que salir emperifollada de noche. Sobre todo si es obligado. Si es algo de "vamos a salir por ahí a echar broma." Más bien lo disfruto. Gozo. Como cuando me disfrazo porque me provoca, porque quiero hacer una puesta en escena para tomar una foto, ya sea una tarea o uno de mis locos inventos. Pero cuando es obligado. Ay qué flojera me da.


Además, cuando es así obligado, nunca encuentro qué ponerme. Siempre o me parece muy de vieja. O no se parece a mí. O me siento desnuda. O me siento la representante de la Asociación Nacional de Venezolanas Ultracatólicas. O me veo gorda. O me veo escurrida. O no es suficientemente elegante. O es demasiado exagerado. O no pega con los zapatos que me quiero poner. O ningún zapato me pega.


Yo sé. Es la frivolidad al máximo. Pero yo sería feliz, y mira que lo he pensado, viviendo a lo Albert Einstein. Una camisa blanca, de esas de tiritas, blue jeans, un cinturón, zapatos chatos. Todos los días de mi vida. Algo cómodo. Sencillo. Sin tener que pensar demasiado en eso. Era la maravilla del colegio con uniforme. Te podías vestir literalmente en dos minutos, treinta segundos.


A veces pareciera que para la mujer el tema de la apariencia es casi una esclavitud. No es nada más la ropa. Es el pelo. Es la depilación. La puta, perra, coño de su madre depilación. Ese debe ser su nombre científico. El supremo castigo, la cera caliente sobre la piel y....AAAAAA! Y no. No se pone menos doloroso. Simplemente uno se acostumbra.


Después están las cremas. Las arrugas. Las uñas. Las de las manos y las de los pies. Están las mechas y los reflejos, y taparse las canas o sacarse provecho con un color que vaya bien con el tono de tu piel y con tus ojos. Están las que se hacen con decolorante o sin decolorante, las que son puro tinte, y las que son gorrito. Dios te libre del gorrito, eso es jalar pelo por pelo, el diablo en persona cagándose de risa en tu cara.


No. No está fácil. Llega mi café con leche y el tiempo apremia. Sigo escribiendo.

4 comentarios:

Ora dijo...

jajajajajajajajaja! Manu que bueno éste post.

Es verdad, salir a una fiesta formal es lo peor para mi también. Yo no soporto los tacones (súper anti-femenina, lo sé). Me gustan, me parecen bellos, pero yo montada en unos me siento disfrazada (y eso que es el fetiche de muchos hombres, por esa parte estoy jodida. Y encima soy mínima). Es un lío: el vestido, la carterita minúscula donde no cabe un coño, el maquillaje, los lentes de contacto y los tacones, nooo!
Nada como un jean, una franelita y unos zapatos bajitos (gracias al que inventó las zapatillas, que ahora vienen de lo más femeninas y eso me medio salva.

Manuela Zárate dijo...

Oraaaa!!! Sabes qué? Hay que dedicarle un post entero a los tacones. Jajaj. Yo tampoco soy alta y la verdad es que durante mucho tiempo fue el mal de mi vida. Tengo tiempo que he limitado el uso de "tacones" como tal, algunas plataformas sí me las monto en cualquier caso, pero dígame los puntiagudos, que para caminar necesitas ir rezando por debajito glorias y aves marias. No no. Mal. jajajaj. Coño. Si la reencarnación existe yo le echo bola, pero que me den mínimo 7 centímetros más de pierna. Jeje.

Astrina dijo...

bueno chicas.. les cuento... si, los tacones, hermosos, fetiche masculino y tal, pero yo soy un poco alta, y cada q me toca usar tacones me siento como si me hubiera metido en el mundo equivocado... es una cuestion de escalas. Ya, el tema "pero si te ves mas alta, mas delgada, q las mises andan entaconadas todo el dia etc..." me tiene verde, no me siento en mi mundo (a menos q sea entaconada y con "él" pero eso es porque mas nadie alrededor me importa y es tema para un post #soyjevita)... Todo esto resultado de andar todo el tiempo en bailarinas y mis amados converse... lo q mas me preocupa de emperfollarme para una fiesta es el momento de los tacones. Que si se ven bien, no se caminar con ellos, me duele el dedito, la curita se ve, y si se me parte el tacon q hago? etc etc..

Pero bueno, yo digo, q éstas discusiones deberian tenerse mínimo over coffee (marron claro grande y 1 agua mineral para mi =P)

Sería justicia =)

cariños a las 2

Coraline dijo...

Insisto en q gran parte es cultural. La smujeres NO son esclavas d ela apariencia en otras culturas y no por eso dejan de verse bien y de estar arregladas.