lunes, 19 de julio de 2010

La Asistente

El cielo de hoy era casi imposible de describir. Profundo, como cuando estás en un avión y abajo ves las nubes y al mirar hacia arriba lo que queda es puro azul. No hizo calor. Hizo sol. Que parece igual pero no es lo mismo. Sol del que quema. Del que te obliga a pararte a comprar protector, porque si no, lo puedes terminar pagando demasiado caro.


Salí temprano resuelta a terminar con algunas diligencias de esas que uno hace cuando se está acomodando. Esta mañana se me ocurrió la maravillosa idea de salir vestida con ropa de hacer ejercicio. Fatal. Aquí no existen las amas de casa desesperadas. Y gracias a Dios. Me sentí rara. Demasiado rara. Sobretodo porque yo jamás salgo por ahí en ropa de ejercicio, es algo que sencillamente no me gusta hacer. No puedo con la pinta de "al gimnasio lo llamo oficina, porque yo vivo de mi cuerpo." No.


Sin embargo debo decir que la incomodidad vino más de mí misma que de otras personas. Nadie me miró raro. Aquí nada se ve raro. Aquí los únicos freaks son los que no son freaks. Aquí lo anormal es lo monótono. Aquí lo que no se perdona es la falta de personalidad. Es no ser tú mismo. No buscar en medio de una marea de factores que buscan anestesiar el individualismo y uniformar a todo el mundo, una razón que te haga único. Esa esencia. Esa huella digital del alma que te separa de todos los demás.


Una vez que entiendes eso, le vas agarrando el golpe a la ciudad. Si yo pudiera me quedara a vivir aquí sin hacer preguntas. Claro, llevo dos días y es fácil decirlo. Hablaremos ni siquiera a fin de mes, sino a fin de semana. Pero la verdad es que me siento contenta.


Escribí sabroso. Leí un poco y caminé mucho. Fui al cine. Y regresé a dormir. Vamos empezando. Lento, pero seguro. Vamos empezando.


Tengo como meta agarra compu o cuaderno e irme a escribir a alguna parte. Si no mañana, pasado. A ver qué pasa. Y por ahí me pidieron unas fotos. Quizás así sin querer aparece algo qué buscar. Estoy explorando.


Hablando de fotos esta tarde estaba en uno de esos lugares turísticos, viendo como todo el que pasaba se hacía una foto. Es increíble ver a decenas de personas pasar y hacer exactamente lo mismo. Ven párate aquí. Ponte ahí "Cheeeesseee" y listo. Cámaras grandes. Pequeñas. Desechables. Filmadoras. Lo único que cambia son idiomas y edades. De resto todos hacen más o menos lo mismo.


En eso en el mero centro de la cuestión se para una pareja que no llega a los treinta. Ella estaba con un vestido púrpura apretado. Unos zapatos dorados, de esos que están de moda, que dejan ver los deditos. Unos tacones que había decidido acompañar con medias negras. Era flaca, pelo negro con pollina de la que adorna la frente, no la tapa. De lejos parecía una modelo. Él tenía un sweater azul con una camisa blanca de cuello. Pantalones negros y zapatos de goma estilo converse. Se paró y montó una Canon grande sobre uno de esos trípodes que se ve que no compró así porque sí.


Desde lejos el fotógrafo puso a la niña a posar con una especie de tul rojo. Se veía que la idea era que el tul volara en el aire mientras ella hacía poses. Hay que tener personalidad para hacer eso. No parecía que fuesen unos profesionales del todo. Ni que estuviesen haciendo un trabajo para Publicis. Los pobres estaban vueltos un ocho entre la tela, la luz, la pose, la gente que se atravesaba por todos lados. En general viéndolo de lejos, aquello parecía demasiado perfume barato o propaganda de aerolinea. Pero a la vez pensé, quién es uno para opinar sobre las decisiones creativas de nadie.


Después de un rato de ver a los niños sufrir, dije qué carrizo y me le acerqué. Le dije: se ve que quieres hacer algo, pero sin un asistente no vas a poder. Yo sé lo que estás sufriendo. Si quieres te ayudo. Se hablaron en un idioma que asumí era ruso. Uno de esos idiomas que parecen palabras que se cortan como si la lengua fuese un cuchillo. Él estaba todo tímido. Nervioso, como se pone uno cuando hace fotos en público. (been there donde that) Ella, también. Más todavía, después de todo la que estaba posando como pendeja era ella. Al final terminó por decirme thank you con una sonrisa de dientes un tanto feos, cosa que humanizó un poco a la modelo.


Terminé agarrando un rato el tul rojo. Tratando de entender qué carrizo quería hacer el rusito, sin atreverme a decirle que no me gustaba mucho la idea.


Me fui sin siquiera intercambiar nombres con mis nuevos compañeros fotográficos. Después de todo estas ciudades dan para ese tipo de encuentros, pero rara vez dan para mucho más. En todo caso, si algún día el tipo se hace famoso, o si en realidad esa foto sí era para un trabajo publicitario importante. Lo veré y diré. "Bicho yo fui la asistente de ese fotógrafo." Quién sabe. O a lo mejor sea al revés. A lo mejor algún día él vea mi foto por ahí y diga, estoy seguro que ella me asistió una vez cuando estaba haciendo unas fotos. O tal vez, nunca más se crucen nuestros caminos. Ni física, ni virtualmente. Pero lo que sí es que la vida da muchas vueltas, y de vez en cuando, si no nos cuesta nada, no está mal asistir a un fotógrafo en apuros.


7 comentarios:

marialerondon dijo...

Epale,
Primero que nada, felicitaciones, eres de admirar. Ir en busca de tus suenios y de lograr tus metas siempre es admirable. Miles de personas nos quedamos muchas muchas veces en el aparato. disfruto mucho leyendo tus cuentos, viendo lo decidida que eres.
Ahora una cosa que me mata de curiosidad, especialmente porque yo tambien tiengo una ninita chiquita. Conchale dame el tip, como haces para escribir, leer, ir al cine, tomar fotos y todo con un todler en la casa??? jaja en serio que me da envidia jajaja ya a esa edad no duermen mucho durante el dia (?)
Sorry si te parece inpertinente la pregunta, es de pana y todo como dicen.
Un abrazo, y que todo salga como quieres!

Ira Vergani dijo...

Eres mi idolo!!! los ayudaste en seriooooo???

yo sabia que esa pagina en blanco iba a durar poco

que viste en el cine?

muero de curiosidad por saber en donde estas, voy cogiendo los datos a ver si logro adivinar.

Anónimo dijo...

apuestas... para mi que es ny...

Manuela Zárate dijo...

Ajaaa, voy por cada una. En cuanto a las apuestas, me parece buenísimo. No voy a decir ni sí, ni no...por ahora al menos. Así que podría ser. Jejeje.

Iraaa! por cierto gracias por tu tweet del otro día. Lo vi tarde. :) Sí los ayudé. En serio. Yo soy así de loca, jajajaja. Si un extraño me da buena vibra le hablo cero rollo. Pero siempre mosca claro. Jeje.

Mariale! Gracias. En cuanto a lo de ser mamá y hacer de todo. He ahí el por qué a veces no puedo editar bien mis postsss! jajaja. No. Es duro. Agarro toda la ayuda que puedo. Mi mamá es un hada madrina, mi papá se pone un disfraz de dinosaurio morado y te juro que los millones nos caerían. jeje. Duermo poco. Me levanto cuando está oscuro, y ahí le doy. Pioja está en su cuna a las ocho pase lo que pase. Las siestas las exprimo cual hipódromo. Son más o menos tres horas al día. Un montón.
Yo el tema literario lo veo como un trabajo. Un trabajo en serio. Yo me dije, es como si fuese a trabajar en una empresa, sólo que un horario más flexible, si no. Imposible. Igual, si te sientas y escribes parejo dos horas al día, avanzas a paso de bestia.
Además hago cosas como: me llevo mi libro y mis cuadernos, literalmente para todos lados. Hasta he escrito entradas en el block de notas del blackberry, jeje. Me leo dos páginas aquí y allá durante el día. A veces hasta en el carro, en la cola leo un poco. Te quedas loca como de dónde no crees sale tiempo. Parece mentira como avanzas. No veo casi tele. Exprimo el tiempo en ese sentido. Soy un ama de casa terrible. Fatal. La peor. Mi idea de cocinar es sánduche de jamón y queso. Así que ahí sí que estoy raspada. No voy a la peluquería, y voy a muy pocos compromisos sociales. Sacrifico todo eso por poder hacer esto. Ni modo. Es el precio que tengo que pagar. Y bueno, últimamente la pioja tiene que salir al parque, así que me voy con el libro en mano.
Ah, otra cosa que descubrí. Inflé una piscina en la mitad de la sala. Metí los juguetes. Entonces, yo la meto ahí, ella juega, y yo escribo. La escena es: escribo una oración, ella hace algo, yo digo no, voy la cargo, la vuelvo a meter, sigo escribiendo. Suena como de locos, pero ya me he ido acostumbrado. De más está decir que varias teclas de mi laptop fueron arrancadas.
No es fácil. Y se sacrifican cosas. Como te digo. Es muy probable que llegue a un cumpleaños sin regalo. Sé que es fatal, pero esas son mis prioridades. Y en pocos meses empezará su cole por la mañana. Esas horas las voy a agarrar como quien hace naranjada. Hasta la última gota.
Saludos. Y de nuevo. Gracias.

Manuela Zárate dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Manuela Zárate dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Coraline dijo...

buenísima la historia. rusos... hmmm en españa hay muchos de esos!!