miércoles, 21 de julio de 2010

En Busca de ese Café

- Debo la foto. Para la próxima me llevo la cámara chiquita-


Escoger el café en que sentarme a escribir es algo que vengo pensando desde hace días. Y creo, o mejor dicho, presiento que no habrá solamente uno. Más bien serán varios. Iré buscando, así como uno va buscando pareja, hasta que encuentre uno en el que diga, "aquí me quiero quedar. Al menos por un tiempo. Mínimo uno en el que sienta: Aquí podría escribir algo decente."


Salí a caminar. Todavía es de día, pero ya hay aire de noche. Increíble. Es martes. El martes en Caracas es el día en que te encuentras solteronas en los cines y mujeres casadas en restoranes. Aquí no. Aquí todo el mundo sale. Siempre. Ya lo dije ¿no? Pareciera que quedarse en la casa es pecado. Es un insulto con la ciudad. Una falta de respeto. De modo que hago lo mismo. Meto la computadora. Que de paso no es mía. En un forro. Y salgo.


Paréntesis: estoy usando una mac, y quisiera aprovechar el momento, aquí con mi cerveza en frente para decir: coño de tu madre Steve Jobs, porque esta cosa a veces es lenta y no es la mejor herramienta para escribir. No me acostumbro. Esto de usar text edit. Se ve que no redactas ni un SMS.


Sigo.


Encontré un café que me parecía ideal. Totalmente moderno. Raro, porque las decoraciones ultra modernas no son lo mío. Me llamaba la atención el hecho de poder sentarme de cara a la calle. Con los pies guindando como una niñita. Pero me voy a sentar y un mesonero me dice que ahí no me puedo sentar si no voy a comer. Y no voy a comer. El presupuesto ya va por las nubes.


Me toca seguir caminando. Pero la verdad es que no quiero caminar más. Me hierven las palabras y las descripciones. No aguanto. Estoy a punto de mandar el café a la mierda y sentarme en la acera y escribir. Punto. Así que miro y al otro lado de la calle hay unas mesitas, altas también, en un café de aire antiguo, que aunque se ve menos cómodo es el que está allí. Esta vez no pregunto nada. Me siento. Pido. No pido café. Pido una cerveza. Si alguien me llama en este momento diré, me estoy tomando una cerveza con los amigos del blog, antes de ponerme a escribir un rato. Así que si quieren es el momento de ir a la nevera y sacar una catira.


Pedí cerveza porque era lo que me provocaba. Dicen que saca ceulitis. No me importa. Esa barajita ya la tengo. Por más que deje de tomarme todas las cervezas del mundo, no se me va a quitar, pero, por tomarme esta no me va a pasar nada. Lo certifico.


Prendo la computadora. Le hablo. Amiga, este no es el momento para no prender. Típica cosa que me pasa a mí. Pero prende. Abro este programa macabro que llaman text edit y empiezo. Y cuando voy por la oración "el martes en Caracas es el día en que te encuentras..." se me acerca un viejo y me dice, cual vampiro.


- ¿Escribe usted una novela?


Más o menos le explico. Es simpático. Pero le pongo cara de "no quiero que me molestes." No tengo ganas de perder el tiempo hablando con un viejo que tiene pinta de algo raro. Viene con un amigo que fácilmente puede ser su hijo y que me ofrece chicle. Yo estoy entrenada desde los 7 años. Quizás menos. Cualquier caramelo que te de un extraño puede ser droga. Bajo ningún concepto voy a aceptar ese chicle.


Hablamos unos treinta segundos. Me dice que es un escritor que lo dejó el tren. Que escribió una novela, pero no vendió un solo libro. Yo pienso que esta especie de fantasma podría ser la encarnación del miedo de todo el que escribe. No vender un solo libro. Pero a la vez, yo no escribo para vender libros. Yo escribo porque tengo que escribir. Porque no encontré otra salida. Porque amo hacerlo. Pero no le voy a explicar. Hay algo raro en su delgadez, en su blazer azul marino, en su pelo plateado, sus lineas de expresión marcadas a la perfección.


Así que muevo el mouse de la computadora. Señal devastadora de que quiero seguir mi trabajo. Antes de irse me dice, yo no pude seguir escribiendo después de leer a Victor Hugo. A Platón. Yo pienso, este hombre ya delató que lo que está hablando es paja. Al menos así me lo parece. Odio el name dropping. Y mucho más el literario. "Hola soy culto." Por Dios. Me pregunta ¿cómo se escribe después de eso? Y me quedo pensando y le digo: amigo, esto no es una competencia.


A lo que me dice. Sí. Esa es la forma de verlo. No es una competencia. Buena esa. Sigue en tu trabajo. Siento haberte molestado. Sólo quiero decirte que te encontraste esta noche con los dos locos más grandes que hay en ?. Y miro al amigo apoyado sobre un carro, con el casco de la moto en la mano y pienso. Esto ya es demasiado. Incluso para Manuela Zárate. Y vamos a penas en el día cinco. Acto seguido el hombre, que además se veía medio zarataco le empieza a decir a la pareja que tengo al lado que viene saliendo de un manicomio. Sí. Este pana está loco.


Es curioso. El poder que tiene un laptop abierto sobre la mesa de un bar, un martes en la noche. Todo el que pasa se queda viendo la pantalla. Me imagino sus preguntas. ¿Esta quién es? ¿Qué escribe? Novela seguramente es la primera palabra que salta a la mente de todos. No creo que nadie se imagine que estoy sentada con una Meteor Light escribiendo una reseña sobre los últimos acontecimientos de la Franja de Gaza.


Aquí al lado hay un hombre que si habla español, se está leyendo esto completo. Aunque tendría que tener muy buena vista, porque tanto como al lado no está.

En todo caso, ya voy a terminar. Escribiré un rato lo otro. Pagaré mi cuenta. Caminaré de regreso. Qué sabroso es salir de tu casa e ir a lugares caminando. Dónde había estado eso toda mi vida. Creo que me enamoré. Me enamoré de mis pies. Un tanto narcisista y fetichista, pero así soy yo. A veces. Así somos todas las mujeres creo.


A lo mejor no son mis pies. A lo mejor es esta ciudad. Y su aire antiguo y moderno a la vez. A lo mejor es su sordidez y su belleza. Su cara dura, y su cara seductora, suave. Casi maternal. Su manera de hacerte sentir en el éxtasis puro, y de repente la soledad y la tristeza más grandes. Camino acá vi un balcón lleno de flores. Las flores más bellas, en medio de un follaje que yo jamás podría cultivar. Y allí viendo aquel adorno floral descendiendo de ese balcón pensé. A lo mejor algún día hago como las ballenas, que van a morirse a una playa. A lo mejor algún día encallo aquí para siempre. A lo mejor algún día, vengo aquí a morirme.


Y antes de terminar el post pienso: sólo podré hacerlo si me lo gano con mi novela. Sólo así podé ganarme ese derecho. Me asusta lo que me estoy jugando aquí.

7 comentarios:

Michelle Durán dijo...

Salen las mejores cosas, cuando estás en la calle, siendo víctima de esa bomba de estímulos , imágenes, sonidos , voces de multitudes...presión .
Se trabaja mejor bajo presión, al menos es ese mi caso.
Saludos.

Ora dijo...

Salud!

César Arango dijo...

verga, de pana te admiro y te envidio por como escribes y de paso en el lugar incognito que estas. jejejejeje suerte.

Ira Vergani dijo...

que bicho tan loco en serio...quisiera estar ahi y ser una de esas que pasan y te ven como rara porque amo las ciudades que se caminan, amo las ciudades que te generar sentimientos contrastantes!

salud por cierto, me pare y me servi una!

Manuela Zárate dijo...

Cierto Michelle. Me gusta esa la "bomba de estímulos" es así, la calle proporciona de todo. Me encanta ver. Me fascina. Y la verdad es que escribo no es que mejor, es que mil veces más y mucho mejor sentada fuera de mi casa que en el escritorio. Esa hora que paso fuera avanzo mucho más que cuando estoy en la casa. Jajaja.

Gracias César. Saludos.

Salud Ora e Ira. Sí. Demasiado raro ese tipo. De verdad. Si supieras que tengo miedo de encontrármelo. Demasiado pavo viejo. En fin...
Seguiremos. :D

Pedro dijo...

Esto me recuerda Londres. Cuando vivía en allá pasaba bastante tiempo en un zona llena de dos tipos de personas: mujeres con niños pequeños, y viejos retirados. Se llama Hampstead. Es a donde se mudan las parejas para tener hijos, o los viejos a morir. No hay punto intermedio.

En las mañanas, los cafés están llenos de mujeres con coches leyendo libros, y de viejos escribiendo su diario.

Coraline dijo...

Sinceramente no creo q estés en USA; lo q cuentas me suena más a Europa aunq me ha spillado con lo d elos idiomas... el q estaba al lado sí hablaba español o sea q el viejo loco no... ¿? hmmm...