jueves, 5 de agosto de 2010

Esta Ciudad

Si hubieras pasado a las 9:30 más o menos hubieras visto a una mujer sentada en una de las mesitas que da hacia la calle. Jeans, unos zapatos de trenza un poco raros, camisa roja hasta los muslos, franela blanca encima y un sweater color crema, de esos que se ven pesados pero que solo llegan hasta la mitad de la espalda. Es comprensible, la temperatura no llega a los diez y siete grados a pesar de que estamos en pleno agosto. El detalle de la muchacha estaba en el perro que apoyaba sus dos patas delanteras sobre sus piernas. Empinado, le olfateaba la cara como hacen los perros cuando están pidiendo permiso para lanzar ese lenguetazo que no es otra cosa sino una declaración de amor canino. Así se veían, un par de enamorados en una mañana de verano a punto de comenzar el día con el primer café.


Esa era yo. Manu desde hace una semana tiene su café. Vengo todos los días acá por tres razones. Hay una mesa que justo a esta hora le pega el sol, y yo soy como los girasoles y los pollitos, busco el sol y necesito el calor para vivir. Dos, el café es el mejor de todos los que he probado. Tres. No sé todavía, pero siempre tienen que haber tres razones. Llego y me saludan, y en segundos está en mi mesa el café grande, tal cual como a mí me gusta. Y en un rato me traerá el segundo una señora de una cincuentena de años, vestida de negro que cojea un poco y que se parece a una versión mayor de Mafalda.


La primera vez que vine fue bastante antipática. Ahora me saluda y me dice cosas como "Buenos días mi bella." No me ha preguntado qué estoy haciendo. Simplemente dice que le impresiona lo duro que trabajo. Es que yo me siento aquí y muevo los dedos como si me estuvieran atacando las Amatans, esas hormigas furiosas que vi una vez en un documental, que son capaces de tirar un árbol al suelo en el Amazonas en algo así como tres días.


En todo caso, estoy en la clase de ciudad en la que un perro desconocido se te acerca y de una, sin saber nada de ti, pretende declararte su amor. ¿Cómo podría no enamorarme de esta ciudad? Esta ciudad me recuerda a mí misma. Incomprendida a veces, la acompaña una fama que nada tiene que ver con su realidad. A veces la idealizan demasiado, otras la castigan injustamente, porque así somos los hombres con las cosas que no podemos definir. Con el amor. Las religión. La política. Antes de analizarlas las mandamos a un extremo y las dejamos allí para poder seguir con nuestras vidas, sin tener que pensar. Sin tener que atormentarnos con sinsentidos.


Esta ciudad respira. Cada calle. Cada puerta con su número en letras azules y blancas arriba, cada vitrina, cada ventana, las que tienen un balcón, las que están adornadas con flores, cada suelo que vibra cuando el Metro pasa por debajo, hasta la campana del autobús que le avisa a los ciclistas que viene con toda su fuerza y que es capaz de no parar y atropellarlos. Todo respira. Todo tiene un secreto. Pero es un secreto que no se escucha, es un secreto que se observa y que se vive. Esta ciudad está al borde de la realidad y de la fantasía. De la historia y de la fábula. Siempre que abro la puerta y me dispongo a salir a la calle me pregunto si del otro lado no habrá, ahora sí, una criatura fantástica. Un cíclope, un duende, un unicornio esperando a que el semáforo del fin de mi calle le de la señal de que es seguro cruzar. Un mago de poderes origámicos. Tal vez un asno de lentes, que me diga al oído, "¿sabes algo? en realidad el burro es brillante mientras que el zorro actúa sin pensar y cuando abre la boca no dice nada."


En esta ciudad por alguna razón siempre tengo frío, aunque es capaz de ahogarte de calor. Hay algo en esta ciudad que da frío, no sé si es como diría Fito Paez tan sólo "la intuición de mi destino." A lo mejor es su color. Hay ciudades que son de colores. Hay ciudades que son marrones, totalmente marrones. Van desde los anaranjados, hasta los amarillos ocre, quedándose en alguno que otro edificio blanco que alguien con mal gusto se propuso destacar. Después de todo los griegos hicieron su Acrópolis de marmol blanco, y qué tienen ellos, que no tenga cualquier otro. Esta ciudad, en primera instancia la ves gris. Aún si llegas en un día como hoy, en que el sol desde el primer rayo parecía estar diciendo: al diablo las penas, hoy voy a brillar.


En esta ciudad es clave sentarse algún día a ver las nubes. Yo jamás había visto las nubes pasar tan rápido. Siempre me ha fascinado pensar qué movimiento detecta uno, el de la Tierra o el de las nubes. ¿Quién se mueve ellas o yo? ¿Quién se va? El tren o la estación. Sí. Respuestas científicas hay para todo, pero al final terminamos por reconocer que no hay regla que no tenga excepción. Ni siquiera la de que tarde o temprano a todos nos llega la muerte. Y eso lo aprendes en esta ciudad, porque aquí hay muertos que están vivos. Que tienen más sangre que cualquiera de nosotros. Viven desde hace siglos, tantos que pareciera que si pudiesen hablar lo primero que te dirían es cómo es Dios y qué es lo que realmente piensa.


Esta ciudad parece la capital del mundo. Aquí todo nace. Todo se pierde y todo se encuentra. Aquí lloras en algún momento. Algo te arranca de lo más profundo aquel sentimiento que no sabías ni que existía, como cuando haces un deporte por primera vez y te das cuenta que detrás de la piel de tus piernas hay un enjambre de músculos que jamás se habían dignado a anunciarte su presencia. Así mismo. Quizás sea algún viejo encorvado, con el peso de la vida en toda la espalda y la amargura de saber que ya lo mejor pasó, y que ya el tiempo no importa.


A lo mejor te destrozan dos amantes con todo su descaro, sus lenguas, sus bocas, sus manos por todos lados en mitad de la calle, sin que importe nada. Luchando contra el cáncer de los cuentos de hadas, que el amor no dura y que la felicidad es muchas cosas, pero no para siempre. O quizás no es una imagen tan trillada lo que te atrape. Tal vez dejes de ser quién eras cuando llegaste aquí, al escuchar la conversación de los hombres que recogen la basura. Porque aquí hasta eso es bello. Es perfecto. Están vestidos como para invitarte a cenar. Te saludan con una educación a la que Charles y Camila no tendrían nada que envidiar. Aquí nadie es mejor que otra persona, salvo alguna que otra celebridad que alborota a los turistas.


Si dejas la ventana abierta al acostarte te darás cuenta que la noche grita. Aquí la noche grita, aunque últimamente no grita, sino que más bien canta. Del otro lado de la calle hay un bar bastante extraño y todas la noches, salvo los fines de semana, hay un hombre que sale a cantarle a su borrachera las más hermosas canciones. Y yo lo escucho como si fuera una serenata para mí. A veces me pregunto si al mejor estilo mexicano debería prenderle la luz. Pero después me digo "no estás en México. Y no todo en esta vida trata de ti." Así que me acurruco y nada más lo escucho. Cuando pasa una noche y el hombre no canta lo extraño. Me recuerda que el tiempo pasa y que ya pronto será domingo, el día que nos confunde. Porque acaba todo y a la vez nos recuerda que queramos o no, todo volverá a comenzar.


En esta ciudad la vida es un arte, y si caminas con tu Ipod y pones la canción correcta, si escuchas algo como The Almbum Leaf o Ambulance LTD, entonces sientes que eres parte de una película, y que a unos noventa grados en butacas rojas sumidas en la oscuridad hay una audiencia que ve tu vida. Y algo va a pasar. Y me da miedo, porque esa es música de película buena, y en las películas buenas la vida es muy complicada. Yo preferiría Taylor Swift o hasta Miely Cyrus, pero yo sé que no soy, ni seré ninguna Hannah Montana.


En cualquier momento algo va a pasar. En esta ciudad siempre, siempre pasa algo. Una muerte. Un nacimiento. Una ruptura. Un encuentro. Una decisión que lo cambia todo. Un accidente. Una declaración. Un adios. Una bienvenida. Una mirada. Un sueño. Un fin. Un comienzo. Aquí mi hija gateo y caminó por primera vez. Aquí cualquiera da sus primeros pasos. Y por algo me vine acá a dar los míos. Quién me iba a decir a mí que aprendería a caminar al mismo tiempo que mi propia hija.


Yo no sé qué depare el destino. Pero yo amo esta ciudad. Y voy a volver a Caracas. Lo juro como Nino Bravo juró que mañana volvería cuando partió con su beso y con su flor. Pero yo daría lo que fuera por quedarme.

13 comentarios:

Ira Vergani dijo...

Madrid?

Manuela Zárate dijo...

Pos ala, hubiera sido fenomenal. Con lo que me gusta a mí la comida española. Y los libros. Pero no. No estamos en Madriz.

Manuela Zárate dijo...

Voy a hacer un post ahora sí más concreto. I promise.

Bibi dijo...

Estoy confundida con la ciudad. Indiscutiblemente España no es por la temperatura, y descarté varias ciudades por eso.
Apuesto que estas en Europa por la descripción, pero estoy confundida.

Anónimo dijo...

jeeje! no no no... esa ciudad es new york!

Manuela Zárate dijo...

Mmm...mañana me siento a concretar, ahora sí pues...
Correcto Bibi, no es España, allá se están muriendo de calor.

No digo más hasta el próximo post...jejeeje.

Anónimo dijo...

Increible que ante una escritura tan linda lo que hagan es preguntarse donde esta sin comentar sobre lo que ha dicho a su hija de un año

Coraline dijo...

evidentemente el anónimo anterior se equivocó de post y no sabe que estamso intentando desd ehace muchos días descifrar a dónde se ha ido Manu. España está descartado por las temperaturas de las que hablas aunque yo sigo creyendo que estás en Europa.

Anónimo dijo...

Por supuesto que lo se y tu comentario solo reafirma el mio

Ro dijo...

Cuando leí este post me sentí identificada con lo del sol, actualmente vivo en Melbourne Australia y si bien esta ciudad es lo máximo y que día a día me enamoro de ella el clima es algo alocado, ya he hecho las pases con Melbourne por eso me dije si ella me acepta como soy, yo también a ella, sin embargo siempre estoy viendo el reporte del tiempo para no mas haya un indicio de día soleado yo este allí en algún banquito de plaza cargándome de energía.

Gigle dijo...

Me parece que esa ciudad es Londres....

Manuela Zárate dijo...

Ro qué sabroso, yo también me cargo de energía solar. Soy de esa gente rara que empuja la mesa para estar al sol y no al revés...aunque admito que a veces me achicharro.

Esto está buenísimo! A ver si logro escanear algunas fotos para cuando alguien me diga contundentemente estás en X por esto, esto y esto...hay full pistas escondidas en los posts...puedo decir cosas muy obvias, pero no sería chiste, no? jejejeje.

Cariños a todos y gracias por estar pendientes!

El Lord dijo...

jajaja, que rolitranco e pajuo!! Hay maneras de cagarla, pero está no pensé podría ser realidad. Ahora, mujeres, no generalicen. Ese coño no tiene ni media neurona, hasta un aleman se ubica en el contexto. No hay excusa!! jajaja