domingo, 22 de agosto de 2010

Ficciones

Me imagino que llego a ese lugar y tú estás allí, pero yo no tengo la menor idea. Llevo un pañuelo alrededor del cuello, para no perder la costumbre y algo muy parecido a la locura me desborda los ojos. El soundtrack es una canción francesa. Charles Aznavour, pero eso sólo lo escuchas tú en algún lugar de tu alma que te hace reconocerme, un lugar muy parecido a la memoria pero que no es realmente la memoria. Imposible que lo sea, no nos habíamos visto nunca. Te extraña. No sabes como se llama eso ¿deja vu? Nadie lo sabe, hay cosas que no tienen nombre.


Yo me acerco a la barra. Intercambio palabras con el bartender de camisa negra que apoya medio torso sobre la barra para poder escucharme. Mis amigos están saltando. Me entregan no un vaso sino dos, y algo en ti duda. ¿Y si no estoy sola? ¿Es posible equivocarse? Sí. Es posible. La vida a veces es así de trágica y se burla de uno de manera tan cruel y grosera. ¿Tendrás que saltar ese obstáculo? O te dirás a ti mismo que simplemente te has equivocado. Me has confundido con otra. Mis amigos siguen saltando. Suena una música de esas que te hacen retumbar como la tela que recubre las cornetas y casi no te dejan pensar. Para empezar no te dejan hablar.


Yo me volteo con los dos vasos en la mano y le doy uno a una amiga. Las dos empezamos a beber utilizando el pitillo, tirando al piso un pedazo de piña mal cortado que el bar tender había puesto en el borde del vaso. Tomo tragos de niña. Es algo que en ese momento averiguas de mí. ¿Qué más sabes? ¿Qué puedes deducir de una persona con tan solo verla moverse un rato? Que se pone pañuelos en la garganta para salir en una ciudad cuya temperatura promedio varía entre los 27 y los 32 grados centígrados. Que además usa una chaqueta de cuero negro que por tu edad te hace pensar en tres letras. P,T y J.


¿Qué más puedes saber de mí? Que me acerco a la barra a pesar de que llegué con amigos hombres, y pido mis propios tragos. Que no me gusta la piña del bar tender. Que tengo las uñas pintadas de un color raro. Que me paro con mis amigas y miro tímidamente. Que de repente suena una canción que me gusta y canto, como audición de American Idol, como si me estuvieran haciendo una sesión de fotos para el afiche del concierto. Ese que en otra de mis ficciones se verá desde la vaya de la autopista y dirá las fechas en las que el público que se presente al teatro con su respectiva entrada, podrá escucharme cantar.


Sabes que nadie baila conmigo. Algo te dice la mujer que tienes al lado. La que trajiste al lugar. Llegó contigo montada en al asiento de copiloto de tu carro. Se miraba por el retrovisor que no era de ella, que era tuyo, pero imaginando ella también que si todo salía bien esa noche, que si la besabas y ella no se dejaba al principio pero luego cedía, si le daban paso a algo de magia, no necesariamente mucho sino lo suficiente, entonces tú le mandarás un SMS en plena madrugada, le dirás que la pasaste bien, ella te dirá que lo mismo, y la salida se repetirá. Y tal vez algún día ese retrovisor sería tan de ella como ahora era tuyo, y ella se imaginaba en ese espejo cómo sería todo aquello. Todos tenemos nuestras ficciones.


Imagino que tu "ella" tiene pelo negro. Liso. Como de el de las chinas que anotan amargadas las comandas en los restaurantes oscuros y apestosos de comida oriental occidentalizada. Yo no. Yo lo tengo distinto. Estás como distraído. No sabes bien hacia dónde ver. Estás callado. No le hablas mucho a la que vino contigo, a "ella". Estás confundido. "Ella" se mueve de un lado al otro, bailoteando con la música electrónica que pone un DJ que es amigo tuyo, que te ve de lejos y se ríe.


Le parece cómica la escena bastante común del silencio incómodo de dos que están como en un tercer date y no saben muy bien para dónde ir. La de pelo liso no tiene mucho futuro. ¿Por qué? Porque ese lugar que está más allá de tu memoria y que no tiene nombre no la reconoce. Si se lo cuentas a alguien, a algún amigo, se va a burlar de ti, te va a decir que estás perdido de cursi y que eres un loco. Si se lo cuentas al date le va a decir a sus amigas que estás "a esto" de ser marico, y va a hacer una seña con las manos para demostrar que eres mínimo por todas partes. Aunque no lo sepa.


¿Y si me lo dices a mí? Imagino que lo piensas.


Pueden pasar dos cosas. Porque siempre pueden pasar dos cosas. Puedo mirarte durante unos segundos que te parecerán eternos, te harán dudar de lo que hiciste esperando lo peor y de repente, de la nada, sin que te lo esperes, te voy a sonreír, y sin que tenga que decirte nada te voy a confiar que yo también te reconocí en ese lugar en el que las personas se reconocen, pero que definitivamente no es la memoria. ¿Las almas? No. Te diría, llámalo como quieras. Las etiquetas son un fastidio, son para la gente cuadrada. Yo soy redonda.


Lo otro que puede pasar es que yo te tuerza los ojos. Te habrás equivocado tanto que el sonido de tu mala decisión cayendo al suelo te va a aturdir, como si fuera la bandeja de un mesonero que se cae llena de platos y deja todo el restaurante en silencio. Te veré como si fueses un desorientado mental y te soltaré alguna frase clásica como "tengo novio" o "estoy comprometida."


Yo me imagino que al final te atreves. Te acercas. Y nos quedamos viendo. Callados. Con pena. Sintiéndonos algo desnudos.


Imagino una última cosa. Imagino que el resto de tu vida escucharás Charles Aznavour y te recordarás de mí. Y cuando la escuches conmigo enfrente dirás. "Esa voz me recuerda a ti." Imagino que te digo que Aznavour no te pega nada. Y no sabrás por qué, y no querrás confesármelo, pero tiene que ver con ese lugar que no está relacionado con la memoria, ni con los recuerdos que duelen.


No imagino más nada.

9 comentarios:

H' dijo...

El ambiente y las situaciones que suceden en los bares siempre parecen infames vistos desde afuera.

Me sonó mucho a esta canción

http://www.youtube.com/watch?v=BPWNZGlLU1w

Manuela Zárate dijo...

Sí es así...los bares son algo...extraño. Una vez entré a una discoteca de día. Asqueroso. Fue para escribirlo.

Me encantó la canción. Se aplica bastante. Había oído de la Vida Boheme pero nunca los había escuchado, me gustó! Gracias por el dato.

Anónimo dijo...

Manuela, te amo por este escrito.

Ira Vergani dijo...

fuckkkkk! que heavy, I like it

Manuela Zárate dijo...

Jaja gracias anónimo, lo mismo pa Ira. Sí es heavy. La imaginación a veces es así. La voy a poner a rodar...a ver qué tal.

Doña Treme dijo...

Me gusta leerte. Pero en mi Baldor time, una lectura tan larga me fatiga solo de ver las cuartillas!
Un abrazo

Manuela Zárate dijo...

Doñisss...como si te hubiera leído la mente, el último post es recortico, jajaja. Es una lista. :D
Con los otros, bueno...ni modo, las ficciones tiene su extensión y los otros...pero son mil caracteres por ahí...taaampocooo es taaanntoooo!!!!

Besos.

Ora dijo...

Manuela este post es mi favorito hasta ahora. Me encantó.
"Te habrás equivocado tanto que el sonido de tu mala decisión cayendo al suelo te va a aturdir, como si fuera la bandeja de un mesonero que se cae llena de platos y deja todo el restaurante en silencio." Yo me he equivocado tantas veces y jamás pude describirlo como lo hiciste tú. Bravo

Manuela Zárate dijo...

De nuevo gracias Ora. Me alegro que te haya gustado y esa frase, sí, inspirada en mis metidas de pata, así suenan, duro y chillón.