martes, 21 de septiembre de 2010

La novia mal pegada de Venezuela

Así me siento con mi país:

Yo soy la chama. La chama enamorada, mal pegada, casi obsesiva, que está todo el tiempo pendiente del tipo. Se convenció de que no puede vivir sin él y es capaz de sacrificar casi cualquier cosa, porque está convencida de que ese tipo es el hombre de su vida.

El tipo me trata como una mierda. Nunca llama. No aparece. Cuando aparece embarca. Anda con otras, pero flagrantemente y con el mayor descaro. Es maleducado, no tiene detalles, no es cariñoso, sino todo lo contrario. Un golpe y otro, y otro y otro. De verdad que la vida con él es un infierno.

Sólo que de vez en cuando es capaz de desatar un encanto tal, una forma tan suya de hacer las cosas que me tiene ahí pegada y enamorada. Es un galán. Un bellito de los peores, de esos que despliegan un brillo que cuando sonríen no les ves el colmillo. Cuando se porta mal trae flores, me lleva a ver la película que yo quiero, me hace cariñito en el pelo, me agarra de la mano y pasa un par de semanas en las que no tiene ojos sino para mí. La verdad es que es un seductor. Se sabe mover bien.

Las secuelas psicológicas de esta relación son graves. He llegado a estar tan depre que he estado a punto de decirle a mi psiquiatra, "pana mándame unas pastillitas, porque de verdad que el nivel de angustia que tengo, el nivel de tristeza no sé si lo pueda manejar a pelo."

Sé de otra gente que está en la misma. Hombres y mujeres atrapados en la misma relación enfermiza, sin saber qué hacer. ¿Le terminas? Terminar siempre es una opción, pero terminar suena más fácil de lo que resulta ser en realidad. No eres del tipo que va a andar por ahí dando tumbos, y la verdad es que aunque hay muchos peces en el mar, al final todos tienen branquias y escamas. ¿Qué te garantiza que la próxima realmente va a ser mejor? Tengo amigos que han terminado sus relaciones, se han buscado otra persona, te cuentan lo maravillosa que es los primeros meses y después están otra vez a los coñazos.

Al final, nadie puede escribir un manifiesto en el que puede firmar con sangre que es más feliz que tú, en tu relación de mierda.

Y por último hay un último argumento. El amor. El amor puro y simple. Es tu pareja. Es la persona con la que dijiste que ibas a estar. En el fondo sabes que te quiere, que hace lo que puede, que te trata mal, pero que en el fondo no es mala. Y están tus sentimientos. El amor que tú sientes. ¿Qué haces con eso? ¿Lo tiras a la basura? ¿Lo desechas como si no fuera nada?

Suena fácil. Pero no es. De verdad que no lo es.

Ese "novio" esa "pareja" de la que formo parte, somos Venezuela y yo. Así me siento con mi país. Como una novia mal pegada. Y es el país en general el que me cae a coñazos y me lleva y me trae. Hay días que lo amo. Hay días que lo odio, que no lo quiero escuchar ni nombrar. Hay digas que me levanto arrecha con ganas de exigirle que me traiga las flores y los regalos y me jale toda la bola que me merezco, como la tremenda novia que soy. Días en que me da rabia que me pague tan mal el potencial que me gasto en él.

He pasado noches en vela, caminatas, sesiones de ejercicio, sobremesas , cervezas, cafés, helados, comida sana y comida bastante chatarra, sola y con amigos, con mi esposo, con otros miembros de mi familia, con amigos y con no tan amigos, discutiendo y hablando, formulando teorías, haciendo planes, o no haciéndolos porque no se puede, porque ¿cómo vas a planear algo si no sabes si vas a tener luz esta noche en tu casa? Si no puedes responder esa pregunta, como vas a responder la de ¿Cómo te ves dentro de diez años?

Pega estar en este país. De verdad que pega. Pega la incertidumbre. La inseguridad. Tantas cosas que si uno se pone a nombrarlas entonces terminas hablando de penas y penurias y no sales del círculo vicioso otra vez. Deprimirse aquí es tan fácil que da miedo. La piel del corazón del que vive aquí tiene que ser dura. Nos hemos vuelto un país de Pobres Corazones, de Locos Corazones, tal cual como lo describe Fito Paéz en su canción, un país en el que todo se incendia y se va.

Razones, en toda la extensión de la palabra para no hacer nada por Venezuela sobran. Razones para no recoger el papel del suelo, para no pagar impuestos, y claro está para no votar.

Decir que culpo al que todavía no se ha decidido. No. No se le puede culpar. Es como decirle que culpas a la que no quiere besar a ese novio que tan mal le ha tratado. Pero al final. No es cuestión de culpas. Ni de verdades. Ni de blancos y negros. Al fin al del día, como me dijo una lectora de este blog, tu agarras a una persona y le dices, yo decidí estar contigo y mientras esté contigo voy a echarle pichón a esta relación.

Porque el amor es ciego, y no es ciego para que el feo se pueda levantar a la flaca bella, ni es ciego para que la gordita le tumbe el novio a la Miss Venezuela, esa parte es la que llaman química, seducción. El amor es ciego para que puedas acercarte al borde del tejado y darle la mano a tu compañero cuando está a punto de caer.

Entonces Venezuela, yo decidí estar contigo y voy a echarle pichón. Yo sigo estando allí. Me cuesta demasiado pensar en dejarte. Como dice el personaje de Antonio al final de aquella película de Almodovar "te quiero coño, te quiero."

Yo todavía tengo la esperanza, esa esperanza quizás tonta y absurda de las personas locamente enamoradas, que un día logres cambiar, y no me trates tan mal.

Sí. Es cursi y todo lo que quieras. Pero yo voy a votar porque quiero a Venezuela, y porque es una de las cosas que realmente puedo hacer para echarle pichón a esta relación.

Al menos yo lo veo así. Y para terminar en la misma nota cursi "Sin hacer más comentarios. Somos novios."

Nos vemos el 26 de Septiembre, yo seré la del dedito morado, que siempre hace la cola de la mesa que no es.

6 comentarios:

Doña Treme dijo...

Suena muy HDP, pero yo siempre me alejo de esas relaciones... es duro, pero quizas tienes que alejarte de Venezuela...

Manuela Zárate dijo...

Sí bueno. En el fono yo tampoco andaría con un tipo así. Es un poco tomar la analogía, porque a veces el país te hace sentir así y definitivamente que un tiempo lejos, como lo pasé a veces hace falta, y nutre, pero al final, yo que me he ido varias veces sé que cómo tu país, no hay nada. Aunque a veces te harte. Y el 26S no definirá las cosas, pero al menos no dirá si a mediano plazo hay chance de que las cosas cambien...para mejor.

Ira Vergani dijo...

yo soy pegada y mal pegada con todo lo que hago en mi vida, he sufrido como loca, intensamente y lentamente, pero me siento que vivo!

asi que en el caso de Venezuela pues no hay diferencia y tu descripción es perfecta, un día lo amo y otro día quiero irme y no volver más nunca.

este domingo yo sere la del dedo manchado y sere una loca demente que decidio hacer algo mas y ser testigo!

Anónimo dijo...

Manu la analogía te quedo perfecta.
Por cierto cual es la pelicula de Almodovar a la que haces referencia?
Saludos Mandy

Manuela Zárate dijo...

Gracias Mandy! Esa es una de mis pelis favoritas de Almodovar, por lo genial que aborda un tema tan cotidiano. Se llama: Cómo Ser Mujer y No Morir en el Intento. La verdad es que esa y la Flor de Mi Secreto, son mis favoritas. :D

Manuela Zárate dijo...

Iraaa!!! Vas a hacer testigo! Qué cool! Yo le he hecho varias veces. La verdad es que uno se emociona! Nos hablamos el 26!