miércoles, 27 de octubre de 2010

Buenos Días, Por Favor, Gracias, Hasta Luego


No hace mucho estaba en automercado, me acerqué a la carnicería y de entrada, sin previo aviso le dije al carnicero, “¿Tiene carne molida?” El hombre me sonrió como desilusionado y me contestó: “Buenos días.”

Le contesté los buenos días, pedí mi carne, me llevé mi paquetico y salí del mercado dándome golpes de pecho mentales.

“Eres una maleducada. Eres el colmo. ¿En dónde te educaron a ti? Cómo se te ocurre hablarle a alguien, y no decir primero Buenos Días. Te crees tan educada, tan leída, tan intelectualosa, porque el intelectual te queda grande. Quieres leer mucha Montaña Mágica, lo que deberías agarrar es el Manual de Carreño. Grosera.”


Después de que pasó la pena y el mal humor me puse a pensar, definitivamente la educación, las buenas maneras, han cedido paso al atropello y a la agresividad. Se nos olvida algo tan básico como los Buenos Días.

Recordé un incidente en una farmacia en pleno este de la Ciudad de la Furia. Yo tenía unos siete u ocho meses de embarazo. Con tres cosas en la mano me paro a hacer la cola de la caja, había tres personas delante de mí.

En eso el gerente de la tienda hace un gesto con la mano, me sonríe y dice en voz alta, “Señora, venga por aquí.” Me pesaba tanto la barriga que no me importó el señora, empiezo a caminar y un señor, entre treinta y cuarenta años, me pasa rozando, casi me empuja y se pone delante de mí en la caja que estaba abriendo el gerente.

El gerente le dice “Señor, disculpe, pero es que primero quisiera atender a la señora.” Y me señala. El tipo contesta “no pana, yo quiero pagar esto primero.” El gerente iba a insistir, y yo porque odio el conflicto y la confrontación, y ese día me sentía más Flower Power que de costumbre digo: “no se preocupe, atiéndalo a él, si algo aprende uno con estas barrigas es a ser paciente.”

El chamo pagó la cosa a una velocidad que dejó soquete a Flash Gordon. Salió corriendo sin darme la cara, ni un disculpa, ni un cuento chino estilo “amiga, es que me estoy haciendo pupú, necesito este lomotil.” Me pregunto si ese ser en algún momento del día se habrá dicho, “Hoy me le colee a una chama embarazada, 1 punto para mí, 0 para ella.”

A veces pareciera que así vivimos. Nos juramos unos vivos porque pasamos primero en un semáforo. Hay gente que le falta bajarse del carro y gritarte, “JA-JAAA me le he atravesado a tres carros hoy, 3-0 voy ganando.” Pocas personas te piden paso, te piden disculpas si trancan un semáforo, y ni hablar de lo que sucede cuando están dejando y buscando a los chamos en los colegios.

¿Qué puede aprender un niño cuyo padre o madre se para en la mitad de la calle para que él o ella se baje? Sencillo, “la calle es mía. Yo me paro dónde me da la gana.” Y lo mejor de todo, “el de atrás, pues que espere.” No hay peor infierno que atravesar las cercanías de un colegio a ciertas horas.

Carros estacionados trancando la calle, chamos que cruzan como si nadie les hubiera enseñado “miras hacia los dos lados, esperas a que no vengan carros y después pasas. Si no, haces una seña, esperas a que frenen, y luego pasas.”

Entiendo que no es tan fácil. ¿Pero hasta que punto tenemos que sacar las garras? ¿Hasta el punto de entrar a un lugar y ni decir los buenos días? Me viene a la mente esa etapa del colegio, en la que nos machacaban las normas del Buen Ciudadano, del Buen Oyente, del Buen Hablante. Recuerdo que si alguien entraba al salón, todos nos teníamos que parar y decir a coro y durísimo: “Bueeeeenoossss Díiaaaaaasssss.”

¿Qué pasó con esto? Se quedó en el camino. Con nuestro sentido de la “otredad.”

A la gente le encanta decir que no puede hacer nada por el país porque, o no soy político, no soy empresario, o no me gusta la oposición, o no me gusta nadie, o no tengo plata, o no tengo tiempo, o ya me harté de marchar. Todo eso puede que sea muy válido, pero la verdad es que a veces uno se plantea cosas que de entrada son imposibles de cumplir. Así cualquiera se lava las manos sin remordimiento.

Creo que hacer algo significa poner un granito de arena y comportarse mejor. Empezando por respetar a los demás, entonces tendremos la autoridad para exigir respeto, y su vez lo haremos con respeto. Nada más contradictorio que agredir a alguien porque te trató mal.

Francamente estoy harta de ver viejas malcriadas en supermercados, que le dicen al que ordena los anaqueles: “mira mijo, eso no se pone así.”Me enerva ver cómo a la gente le traen un plato y es incapaz de decir, “gracias”, o “me da un agua mineral, POR FAVOR.” La gente que no dice eso es la que te dice “es que aquí te tratan como la mierda.” “Es que este país la gente es cada vez más fea y maleducada.”

Resulta irónico, como el que se cree superior termia con el peor comportamiento. Al final, la clase social y la humildad no tienen nada que ver con la educación. Yo, me duele decirlo, lo encarné cuando me porté de forma tan grosera.

Aunque nos duela reconocerlo ese discurso agresivo y falta de respeto se nos está pegando. Alguien nos vendió la idea de que ser educado, conciente de los demás, es ser débil. Nos convenció. Finalmente si uno no es cortés, pasas por muchas cosas pero jamás valiente, ni mucho menos por educado o inteligente.

La norma debe ser ni un sólo día sin: "Buenos Días, Por Favor, Gracias, Hasta Luego."

* Por cierto, para darle el crédito que merece la Farmacia del gerente estrella fue: Farmatodo


4 comentarios:

Ira Vergani dijo...

Te entiendo tanto! Esta ciudad está llena de gente que cada vez es menos gente. Lo grave es que dependiendo del día uno los va emulando y cuando nos damos cuenta provoca llorar o salir corriendo a otro sitio. Por otra parte, no sabes cuántas veces le digo a Germán que su expectativa de que la gente se comporte decentemente (dando paso o no coleándose) es una pérdida completa de tiempo, o no? o si? ya ni sé

Manuela Zárate dijo...

Sabes que yo creo que no. Bueno, acuérdate que yo soy comeflor, pero bueno...yo sí creo que si tratas bien a la gente, la gente te va a tratar bien, a veces si lo exiges de cierta forma. Sonriendo, diciéndole algo bueno a fin de que no puedan evitar el contacto contigo...por algo se empieza.
Nunca es que fuimos Londres, pero no éramos así. No sé...creo que en el fondo a nosotros mismos no nos gusta la clase de sociedad en la que nos convirtieron y nos dejamos convertir.

Creatividad e ingenio dijo...

Concuerdo contigo. Nos quejamos inmensamente, hablamos mal de país y nos excusamos de que no hay nada que podamos hacer por él. Pues si, hay. El ser buen ciudadano porque si, es un comienzo. Es nuestro deber y termina siendo un placer cuando le arrancas una sonrisa a la gente, solo por llegar sonriendo y feliz a un sitio (ojo, no siempre funciona pero vale la pena intentarlo. A veces hasta agiliza los procesos...). Para adoptar este mood debemos estar mentalizados de que no recibiremos siempre una respuesta decente; si entendemos que los modales no son nuestro fuerte, no esperes siempre que la gente te devuelva el saludo. Pero no debemos desistir. Hay que perseverar y seguro tendremos un cambio más rápido de lo que esperamos.

Manuela Zárate dijo...

Así es CeI, totalmente. Yo creo que a veces vale la pena poner la sonrisa a rodar por ahí. Ciertamente no siempre te la devuelven pero...cuando lo hacen vale mucho la pena. Siempre digo, a veces uno hace más con una sonrisa, con un saludo, que con algo material. Y totalmente de acuerdo, esperar que te traten bien cuando tú tratas mal a los demás, es lo más absurdo de todo.
Saludos!