viernes, 1 de octubre de 2010

El Enrollado

¿Cuántos enrollados no conocemos? Gente que casi podría decir al presentarse: Hola, mucho gusto, me llamo Carlos, soy complicado de profesión.

Ciertamente todos tenemos nuestros rollos. Hay gente que le enrolla no tomar café por la mañana, no cambiar las sábanas una vez por semana. Hay gente que colapsa si no se puede bañar con agua caliente. Hay miles de pequeñas cosas que le pueden amargar la existencia a uno y todas las tenemos, por más sangre liviana que nos declaremos, pero eso también es parte de la personalidad, y de la costumbre de vivir en un mundo en el que cada quién establece ciertas rutinas necesarias para llevara a cabo el día a día.

Lo que me parece grave es la gente a la que hay que tratar con pinza porque cualquier cosa que le digas los manda a un mundo interno de conflictos, se molestan, se amargan y se acuestan por la noche con un culpable en mente por su malestar estomacal y ese culpable tiene tu cara.

No puedes decir ciertas cosas porque se ofenden, tampoco puedes no decirlas. No puedes no llamarlas cuando toca porque se ofenden. No puedes hacer algo y no invitarlas, no puedes olvidarte de algo importante que tenían que hacer, es más, no puedes no seguir su consejo.

Es el tipo de persona que entra a tu casa y busca detrás de la puerta a ver si seguiste su recomendación sobre la marca de la aspiradora. Ay de ti como te haya dicho que compraras la Black-N-Decker y te hayas ido por la Braun. O te van a poner cara de “eres subhumano” o se van a ofender y te van a decir cosas como “no te digo más nada” o “después no digas que no te lo dije.”

El enrollado termina muchas veces metiéndote en sus rollos y es aquí donde la cosa se complica. Es el propio que te pregunta cosas como, ¿crees que debería terminar con fulana? Y después se casa y no te habla porque tú le dijiste que eso era una cuaima y no lo veías realmente feliz.

Esta persona siempre hay que estarla convenciendo. Si le dices para hacer una parrilla, entonces empieza que si no será que nos va a dar la vaca loca por comer carne. Si le dices para comer pollo te dice que el papá de su mejor amigo es médico y le contó que el pollo pega la gripe aviar. Entonces le dices que pescado y te dice que el mercurio se acumula en la sangre y mata. Entonces vegetariano, pero se queja porque ¿de dónde vamos a sacar las vitaminas necesarias para vivir del calabacín y la berenjena?

El enrollado no le gusta si llueve y le molesta el sol. Es el propio que te invita a comer y te dice vamos a dónde tú quieras, y cuando escoges el lugar se amarga porque el sushi está carísimo o yo no tengo ganas de ir hasta las mercedes.

Es el propio que si hay una salida en grupo cuando ya todo está cuadrado quiere cambiar el lugar al que iban a ir. Es el que devuelve la comida en un restaurante o te pide el jugo de tomate preparado pero sin preparar, o pide un marrón claro pero no muy oscuro y sin tanta leche, y cuando le traen un café cuyo color efectivamente es marrón claro, le dice al señor, mira eso no fue lo que yo pedí.

Los tonos de voz son particularmente peligrosos con el enrollado, como también es contestarles OK por mensajito de texto. El enrollado siempre cree que está leyendo algo raro en tu voz y cree que lee las caras como si fuese el protagonista de Lie to Me. Además se ofende si no le cuentas tus cosas. No entiende.

El enrollado ve la luz de vez en cuando. Y te suelta el clásico “Uno se enrolla por tantas cosas que no valen la pena.” Ciertamente todos tenemos nuestros amargues por cosas que no valen la pena, nuestros momentos de “si me da un infarto por esto que manera tan tonta de morirse.”

La vida es cuestión de perspectiva. A veces a los enrollados hay que mantenerlos al límite, pues termina uno empastelado, como cuando te comes una barquilla y te quedan las manos pegostosas. Ahora, si bien es cierto que a los enrollados hay que ponerles un parado, tampoco hay que olvidar que el que esté libre de haber enrollado que tire la primera piedra.

6 comentarios:

Ira Vergani dijo...

BUENISIMO!!!!!!! yo pues aunque admito que mas de una vez me he enrollado, he ido reduciendo al mínimo mi lista de amigos frecuentes justo por esto. Es que la vida en si tiene muchas vainas y situaciones complicadas como para además rodearse uno de gente que complica lo incomplicable.

Ira Vergani dijo...

BUENISIMO!!!!!!! yo pues aunque admito que mas de una vez me he enrollado, he ido reduciendo al mínimo mi lista de amigos frecuentes justo por esto. Es que la vida en si tiene muchas vainas y situaciones complicadas como para además rodearse uno de gente que complica lo incomplicable.

Cereza dijo...

Muy bueno, lo más loco del "enrollado" es que puede llegar al punto de quejarse de sus quejas...

¡мэиğаиα! dijo...

Excelente post!
Primera vez por acá y me encantó lo que has escrito recientemente.

Besos

Manuela Zárate dijo...

Gracias a las 3. :D Ira, es cierto hay gente que complica lo incomplicable, eso me pasa siempre en mi cumpleaños, siempre es un peo, y debería ser incomplicable, pero buejjj...Cereza, tu comentario me recordó aquel dicho que dice:
The more you complain the longer God lets you live, pareciera el mantra de los quejones, jajaj.
Gracias Mengana, qué buen nombre. Bienvenida y me alegro que te haya gustado.

Matilde Amorell dijo...

jajaja... que risa... iba bien pensando en lo poco enrollada que soy, hasta que leí lo de no poder bañarse con agua fría... QUEEE!?? Tas loca?!! prefiero no salir! jajaja... pues si... todos tenemos un poco de locos... un poco de enrollados!