lunes, 25 de octubre de 2010

Algunas Cosas de Mi Vida Últimamente


Resumen de algunas cosas de mi vida últimamente:

- No estoy comiendo muy bien. No es que estoy comiendo mucho, pero no estoy comiendo bien. ¿Cuándo se ha visto que yogurt y maní hacen una cena balanceada? Anoche.

- Atrapada mal por la fotografía.


- Reestructurando mi vida narrativa. Mil proyectos. La cosa no es fácil. Nada fácil. Pero para adelante es para allá. Sigo derechito. Aunque a veces el camino se ponga estrechito y con mil curvas. Lo bueno es que estoy escribiendo. Mi lema es "despacio que voy de prisa."

- Sigo sin madurar. Gracias a Dios.

- Estoy tomando bastante café. Lo había dejado con el embarazo. El problema es que no puedo resistir el olor del café recién colado tempranito por la mañana. Y me tomo una taza inmensa. Muchas veces otro a media mañana, y no vivo sin el que me toca después del almuerzo. Hay gente que seguro toma mucho más, pero considerando el tamaño de la taza de la madrugada es mucho. Mi estómago me lo está tratando de decir.

- No estoy comiendo frutas. Me da como flojera. No sé por qué. Las veo y es así como “ay, ustedes otra vez. Qué fastidio.” No sé, es como que comer frutas es portarse bien y yo me quiero portar mal.

- Estoy durmiendo poco. Me levanto temprano. No siempre me acuesto tarde. Pero tampoco es que a las ocho de las noche. Ando en plan de “descansar es empezar a morir.”

- Estoy viendo muy poca televisión. De chama yo veía demasiadas horas. Mucho más de lo que debería estar permitido. He tenido momentos en mi vida en que puedo decir de memoria la programación de los canales de series y cosas así. La verdad es que hoy en día veo The Office, aunque esté repetido, porque me encanta. Cuando es la época de American Idol, confieso que lo veo. Y eso sí, almuerzo viendo Friends, con mi papá y m mamá. Es como el break diario del trabajo y la rutina. De resto, la verdad, me cansé un poco. Prefiero leer.

- No estoy leyendo todo lo que quisiera. Tengo muchos libros en cola. Me imagino que esta será una sensación que estará allí toda la vida.

- Soy extra, súper, full, desordenada. He tratado numerosas veces de corregirlo, pero confieso que cada vez que voy a ordenar digo: en vez de estar haciendo esta mariquera tan poco trascendental debería estar leyendo o escribiendo, o jugando con mi chama. Entonces dejo las cosas cómo están. No tengo el hábito aquel de “un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.” Creo que esa no es forma de vivir. No puedo. No soy yo. Yo improviso o no existo.

- Música. Amo escuchar música. Amo bailar. Y quiero a final de año meterme en clases de guitarra.

- Sigo amando el chocolate. Lo como todos los días. No existe no comerlo.

- Mi número actual de mascotas: 3 perros y un gato. No está nada mal. El gato vive afuera de la casa, llegó aquí porque le dio la gana. Nos hicimos amigas porque a ella le dio la gana. No queda más remedio, hay que contarla.

- Me visto cómo me gusta y cómo me siento. Cada vez menos le paro a lo que dicen los demás. Y parece una tontería, pero es una liberación. Porque la manera de vestirse es algo tan personal, que cuando uno ve a un fashion victim, estilo la gente que se pone lentes de sol enorme porque Angelina Jolie se los puso, uno ve falta de personalidad. Así como la gente que se enfunda de marcas para impresionar a los demás. Me liberé de eso. Me importa un pepino, y con el paso del tiempo he descubierto que eso me da una gran libertad. Creo que quienes hemos estado en relaciones en las que la pareja exigía a la hora de vestirse, entendemos.

- Cada vez siento menos apego por lo material. No es que ando a punto de hacer votos de pobreza. Para nada. Me encanta un cachivache, una chuchería de mujer. Pero tampoco es que tengo como meta de vida comprarme joyas. Es más, no tengo. Y no me importa. No soy de las que se muere por unos diamantes, porque como no voy a vivir para siempre, no me trago el cuento de que son para siempre. Prefiero libros. No tengo como meta comprarme un carro gigante. Estoy tratando de escribir. No gano como para comprarme un carro gigante, y eso no me frustra. No es lo que busco. Adoro mi carro carranclo al que hay que hablarle para que no se recaliente. Es fiel. Se parece a mí. Chiquito, menudo, con demasiado motor para la carrocería tan pequeña que tiene. No tengo como meta comprarme una casa gigante. Nada de eso. Yo quiero escribir. Fotografiar. Hallar o al menos acercarme a encontrar aquello que busco internamente. Quiero acostarme por las noches y sentirme tranquila. Quiero conocer lugares nuevos, hacer amigos, rumbear, bailar, amor, pasión, tener buenos cuentos para echar, de esos que cuando cuentas te vuelves a reír. Quiero ser una persona tranquila. Contenta. Quiero que el día que me llegue el turno, poder decir, le saqué todo lo que pude a mi estadía en esta dimensión.

- Me gustaría ser más tolerante con los demás. Es decir hablar menos de la gente. Creo que veces uno cae en el juego ese de estar criticando a los demás. Es terrible. Dos máximas que no quiero olvidar, “cuando apuntas un dedo a los demás estás apuntando tres a ti mismo” y la otra “criticar es muy fácil, cualquier idiota puede hacerlo.”

- No soy tan tecnológica como debería serlo. Mi receta para arreglar la computadora es ctrl + alt + delete o en su defecto dejar el botón de power pegado. Pero en mi favor, he comenzado a hacer respaldos de información.

- No estoy haciendo tanto ejercicio como debería. Me da una flojera.

- Abrazo y beso a mi hija cada vez que puedo. No quiero que le falte eso. A veces me da cosa que paso muchas horas en la computadora. Que no voy a ser la típica mamá que la lleva al mercado en ropa de gimnasio. Que a veces mientras ella juega yo estoy al lado escribiendo o leyendo. Que mi papá juega con ella más que yo. Pero a la vez recuerdo, que ese es el ejemplo que le quiero dar. La maternidad es difícil. Son muchos sentimientos a la vez. Eso sí, predomina un amor inmenso, indescriptible e insuperable, que me siento afortunada de haber conocido.

- Sigo siendo atorada y con poca paciencia.

- Voy muy poco a la peluquería.

- Amo desayunar fuera de mi casa.

- Me encanta mi vinito. Me fascina una copa de más. No lo voy a negar. No es que todos los días, pero es parte de vivir. Además, yo me tomo dos copas y ya estoy hablando el triple de lo que debería. Que ya es decir muchísimo.

- Pierdo todo.

- Sigo soñando con tener un programa de radio. Y por qué no con animar American Idol.

- Me sigue gustando ver el Miss Universo.

- Tengo el mismo miedo a la oscuridad que tenía a los ocho años.

- No me gusta el dentista.

- No me gusta decir adiós.

- Me dan caga los aviones.

- No voy mucho a matrimonios. Me fastidia emperifollarme. Sólo voy a eventos sociales cuando es estrictamente necesario.

- No hablo con gente que me da flojera.

- Mi respeto se lo gana la integridad y la inteligencia. Cada vez le tengo menos paciencia a la banalidad. Y no lo digo como algo bueno. Esto es un gran prejuicio, no soy quién para decirle a nadie cómo vivir.

- No veo películas que me ponen triste. No más cosas del Holocausto, ni nada de eso. No veo ciencia ficción. Y aunque me gusta el buen cine disfruto con películas malas que me hacen reír. La vida es suficientemente complicada en versión 3D.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

ADAN.- Dondequiera que ella estaba, estaba el Paraíso.
Viste manu, hice mi tare

Saludos
Amanda

Manuela Zárate dijo...

Amandaaaa!!! Así esss! Qué cosa más sencilla, pero bella. Por eso digo, que al final es una historia de amor. Los botaron, pasaron mil penurias, pero su conclusión es que las pasaron juntos.

Me encantó. :D

Ira Vergani dijo...

Me gusta la foto y me gusta el post, es intenso y muy realista.

Bibi dijo...

Jajajajaja!

Las frutas no son aburridas para mi! Son una delicia!
Sabes que si son aburridos, los cereales :s