jueves, 7 de octubre de 2010

Paciente sin Paciencia

Escoger un médico no es algo que uno se tome a la ligera. Generalmente uno escoge su médico porque “alguien” te lo recomendó. El internista que vio a tu abuelita, el gastro que le curó la acidez a tu jefe, el cirujano famosísimo que no es de los que deja una teta apuntando hacia a una oreja y la otra hacia el ombligo.

Sin embargo, en la mayoría de los casos los médicos tienen una reputación, y es en base a ella que hacen su clientela. Fulano el Obstetra por excelencia, Mengano el Dios de la Columna Vertebral, Sutano el Cardiólogo que si no te salvó era que en la planta del pie tenías la fecha de expiración.

Son los propios médicos que siempre que los necesitas te responde una secretaria que ejerce su poder. Si le caes bien te abre un huequito y a lo mejor hasta te pasa de primera, pero si le caes gordo, si le molesta tu voz, o si tuviste la desgracia de llamar justo cuando se iba a tomar su cafecito, entonces te pone voz de empleado público y te dice:

- Para el miércoles 23 de octubre, a partir de las dos de la tarde, por orden de llegada.

Asombrada sacas la cuenta y dices:

- Pero amiga, es que estamos en mayo. ¿No habrá chance de que el doctor me vea antes?

A lo que siempre te responde con un nada amable:

- Ya va.

Mientras esperas la respuesta sacas cuentas en tu cabeza, mayo, junio, julio, agosto, septiembre. Te imaginas tu condición médica empeorando. Infección, gangrena, casi te provoca decirle a la amiga secretaria, mira ¿por qué no nos ahorramos el tiempo y me recomiendas un especialista que me ampute el órgano que se me va a podrir esperando a que tu jefe me atienda?

Milagrosamente la mujer se apiada un poco y te dice:

- Te puedo meter el 14 de Julio a las nueve de la mañana, por orden de llegada.

Bueno, de octubre a julio no está mal. No te da chance de preguntarle por qué no te metió en julio para empezar, ni mucho menos de consultarle si ella sabe si “dolor insoportable” es señal de que te deberían ver antes. Decides dejar la cosa de ese tamaño, si la cuestión escala entrarás a una emergencia como Dios manda y punto.

Lo que te preocupa ahora son tres palabras emitidas por la secretaria con esa especie de asquerosa delicia: Orden de llegada. Tú sabes muy bien lo que eso significa. Orden de llegada no tiene nada que ver con un sistema en el que los pacientes van a entrando a ver al médico en el orden que van llegando. Orden de llegada es mucho más.

Sabes que vas a pasar horas en esa sala de espera. Te vas a retorcer cual culebra en una silla dura e incómoda, y te vas a leer tres veces el mismo número de la revista Sala de Espera que ya está todo roto, y en la que una actriz de telenovelas que anuncia un remedio para el hongo vaginal tiene pintados unos bigotes con bolígrafo azul.

Esos bigotes serán menos absurdos que el hecho de que llegaste a la oficina a las seis y media de la mañana, ya habían tres personas esperando en la puerta y cuando la secretaria apareció hora y media más tarde con una empanada en la mano y un Yukery de pera en la otra, te dio el número de dieciocho pero te dijo que tenías “dos por delante.”

No preguntas, si te dicen que te quedan dos por delante, más bien dudas de tu base de matemática, a lo mejor ellos empiezan por el número dieciséis, con cada ley loca que promulgan en este país, tal vez los amenazó el Seniat con cerrarlos si empezaban las cuentas en uno.

Tengas el número que tengas, te pudrirás ahí viendo como cada hora una mujer abre una puerta como si fuera el pasillo al más allá, de donde sale una luz blanca y con sus scrubs azules y sus crocs muy de médico grita un apellido que nunca termina por ser el tuyo.

Tú, cada cinco minutos miras hacia la secretaria. La ves pintándose las uñas, mandando un mensaje de texto, diciéndole a un pobre infeliz, tienes seis por delante. Piensas que siempre hay alguien que está peor que tú, pero eso no cambia tu situación.

Vuelves a agarrar una revista que tiene a Viviana Gibelli, Maite Delgado, Érirka de la Vega o una Miss Venezuela en la portada, piensas que aquí no hay más nada. País bizarro en que las revistas no encuentran a más nadie para posar en la portada, y en el que un médico no puede llevar una agenda.

La última vez que me hicieron esperar más de hora y media me fui, después de todo, si no puede llevar una agenda, me preocupa cómo es que puede llevar una operación. Que sea paciente no quiere decir que explotes mi paciencia, y serás muy buen médico, pero en cuanto a ser el mejor te aseguro que también tienes dos por delante.

5 comentarios:

Los BenshiHoff dijo...

Demasiado bueno y totalmente identificada, sobretodo en esta semana... no me vas a negar que te inspiré con mi "status update" jajaja.
Sigue escribiendo y haciéndonos la vida mas divertida. Después vamos a sacar una versión impresa de tu blog para vendérsela a los médicos para sus salas de espera... así el tiempo pasaría mas rápido!

Manuela Zárate dijo...

Jajajaja. Síiiiii!!! Totalmente inspirada en ti, es que es demasiado heavy cómo te tratan. Fatal. Deberíamos, así como promover un curso de organización del tiempo, es que de verdad qué tan difícil es organizar una agenda? Y si es porque la gente embarca, entonces pides un depósito, le cobras una multa, verás a ver qué haces, pero esa no es excusa para maltratar al bolsa que si va a su hora. Protesto!

Doña Mar dijo...

Que bueno Manu! Y que me dices de los ginecólogos que son obstretas. Luego de que esperas tres horas, el médico se tiene que ir porque a un muchachito se le ocurrió nacer! jaja.Saludos

Anónimo dijo...

hola
muy chistoco y cierto tu comentario, no tengo blog ni me gusta escribir pero me gusta mucho leer y he descubierto en los blogs una rica fuente lectura.

saludos

todoloquemepasa dijo...

buenísimo y súper cierto!!!