viernes, 8 de octubre de 2010

Puntos para el Médico, Puntos para la Pioja

La vida es una cosa loca, justo ayer posteaba sobre los médicos, y la espera y la desesperación, y justo ayer salía corriendo a una clínica a esperar presa de la desesperación.

Estaba sentada en la compu y Clarissa corría por el salón cuando escuché el golpe y el llanto. Ese llanto que ya uno reconoce no por oído sino por instinto animal. Llanto de aquí pasó algo en serio.

Me paré como un bólido y lo primero que vi fue dos gotones de sangre que habían caído en el piso. A penas le levanté la carita fue como si las dimensiones de tiempo y espacio se hubieran separado, implotado, desvanecido. Me hubieras podido preguntar algo tan simple como mi cédula, no hubiese podido recordarlo, yo lo único que veía era la sangre y no podía pensar.

La tomé en mis brazos y por alguna regla aprendida en el camino de la vida fui a buscar hielo. No sé por qué pero frente a una emergencia el hielo adquiere poderes mágicos. También como robot llamé al pediatra, quien siempre te atiende feliz de que hayas llamado y nunca te hace sentir que eres una hiper-nerviosa histérica neurótica exagerada, tú lo puedes llamar a preguntarle cómo se le cortan las uñas al chamo y el con calma te lo va a explicar.

Al final resolví que lo mejor era cruzar la ciudad y llevarle a la pioja, porque una vez que la sangre paró de salir a borbotones la raja vertical sobre la frente generó el comentario que te reacomoda todos los huesos de la columna: “eso es de puntos.” Agarré un tetero, una galleta, una muda de ropa, pañales, cremita, pañitos, Didi el oso favorito y un libro de colores, me monté con mi papá en el carro y nos fuimos.

Mi papá insistió en manejar mientras yo iba atrás con la pioja. Ella ya había parado de llorar y nos veía así como, “esta gente qué le pasa, ¿será que anunciaron que el servicio militar no es voluntario sino obligatorio?” Camino a la clínica yo pensaba qué cara me iba a poner mi esposo cuando le dijera: catire, no sólo Clarissa se cayó, sino que se fundió el motor del carro. Mi papá iba enprimerado por aquellas subidas y el motor sonaba así como abejas asesinas pero estreñidas.

Por fin llegamos. Las caras de la gente no ayudaban para nada. La verdad es que parecíamos un capítulo de ER, las dos llenas de sangre. Cuando el pediatra la vio dijo lo mismo que dijo mi mamá, cosa que a mi mamá la hace sentir la Dra. Fragachán “eso es de puntos.”

Debo decir que así como ayer me quejé sobre el calvario que esperar en una oficina a que te atiendan cuando te sientes mal, hoy escribo para contar sobre lo consentidas que estuvimos ayer. Todas las enfermeras y los demás pediatras fueron muy atentos y muy consentidores. Calcomanías, animalitos, jueguitos, cuentos.

Lo más duro quizás fue esperar a que llegara el cirujano que le cosió los puntos a la pioja. Entre otras cosas ya ella se “sentía bien” y quería correr por toda la sala de espera de la emergencia. Aún así, esperamos una hora, no más. Y eso que llegamos así de paracaídas, y en un momento se nos acercó una persona de Atención al Paciente, a preguntarnos por qué teníamos tanto rato esperando, y que fue a averiguar dónde estaba el doctor y así informarnos si tendríamos que esperar quince minutos más o una hora más. Cosa que ayuda mucho, porque el “ya viene.” “ya está en camino.” “falta poco.” Es desesperante. No hay nada peor que no saber, más cuando estás en mitad de un salón con una bebé inquieta, desesperada con una herida abierta, que cada vez que alguien la ve dices cosas como “se dio duro” o “poechita” o te arruga la cara como si hubiera mordido un limón.

En medio de disculpes, vamos a hacer todo lo posible porque le atiendan rápido, qué pena con usted. Yo decía “¿será que alguien aquí leyó el post de hoy?” La verdad es que fueron bastante diligentes y amables, y aunque se tomó su tiempo salimos del trance bastante rápido. Así que me toca hacer una pequeña sopa de letras con mi post de ayer y comérmela completa.

En total ayer fueron tres cortes de puntos los que estábamos ahí en la emergencia. Al llegar a la casa empezaron todas las historias, pareciera ser que todos tenemos alguna cicatriz por ahí de cuando éramos chamos e hicimos a nuestra mamá correr a una emergencia.

La mía es una rodilla, tenía siete años y un niñito me estaba persiguiendo para pegarme, me caí y me cortó una piedra. Siete puntos y en esa época eran bastante feos, así que ahí tengo una bella cicatriz como en forma de L. Ni hablar de lo que me quedó de un accidente de carro que tuve hace años. Digamos que la cicatrización no es mi fuerte. Y mi mamá ayer sacó a relucir el “ahora entiendes lo que yo sentí, porque esta niña (me encanta cuando habla como si yo no estuviera ahí) me hizo ir tres veces a la clínica por una fractura del mismo brazo, la última vez ella no lloró, lloré yo.”

En todo caso, ayer fue la otra cara de los médicos. La que hay que agradecer, la que hay que valorar. Después de todo, los hay maravillosos y literalmente no podríamos vivir sin ellos.

Creo que lo que más me maravilla de un médico es cuando no sólo hace bien su trabajo, sino cuando te trata con cariño, cuando te hace sentir que le importas y que eres mucho más que un paciente, que un trabajo, que un percance de jueves a final de la tarde cuando ya probablemente quisiera estar camino a su casa.

En todo caso, así como uno dice lo malo, hay que decir lo bueno. Sobre todo lo bueno. Y aunque yo he tenido experiencias duras con médicos, las he tenido así de maravillosas, y como dice mi sobrino los admiro muchísimo pues no sólo no podría hacer lo que hacen por falta de talento con las manos, con la química, con la atención al detalle, sino que además con esa dedicación por hacerte sentir bien.

Sólo me queda una cosa por decirles…gracias.

6 comentarios:

Doña Mar dijo...

Hola Manu! Que tragedia con Clarissa.Que bueno que fue solo un susto. Que esté muy bien. Saludos

Ora dijo...

Menos mal que fue un susto y la pioja está perfecta.
A mi todavía no me tocan esos corre-corre, así que no se como me comportaría (seguro me vuelvo loca y tienen que llevarme a la clínica de emergencia a mi también)

Te he leído como siempre Manu, pero la compu no me dejaba escribir comentarios. Besos!

Manuela Zárate dijo...

Hola chicuelas! Gracias por estar pendientes! Sí, la verdad es que fue de horror y eso que no conté la parte de la cosida como tal con detalle, fue muy feo...hoy fuimos al pediatra y a penas le escuchó la voz los gritos fueron de horror. Creo que para rematar la mía va a ser Lupita Ferrer por todo lo alto. Jaja.
Besos.

Matilde Amorell dijo...

Que sustico!!!
Quería aprovechar la oportunidad para que hicieras la publicidad completa y me dieras el nombre del pediatra de tu Clari y en qué Clínica lo encuentro. Ando en la búsqueda.
Espero se recupere de un todo pronto!

Manuela Zárate dijo...

Mira, se llama Arnaldo Capriles, atiende en la trinidad y en el Centro Médico, y es lo máximo! De verdad que un sol, es de los que puedes llamar con preguntas idiotas que hacemos las novatas estilo: está botando el aire por la nariz es normal? jajajaja. No en serio, es lo máximo! :D Totalmente recomendado.

Matilde Amorell dijo...

Graaacias Manu!!!