lunes, 8 de noviembre de 2010

El "Za-Gasta"


El “Za-gasta” es ese amigo que cuando traen la cuenta la agarra, la mira tres veces, pela los ojos, dice “¡Mierda! Pero es que no puede ser.” Arruga la cara, levanta la mano, llama al mesonero y le dice “Compa, mira vale, si me hubieras dicho que la limonada costaba cinco mil quinientos mil bolos (un Za-gasta no habla en Bolívares fuertes, para él tema de acentuar los miles y los millones es fundamental) no la hubiera pedido. No era frappé, ¿estás seguro que no es que me estás cobrando la frappé?”

El Za-gasta es de los que le pone teipe a los zapatos con orgullo, es de los que definen una pijama como: “ropa cuyo estado ya no la califica para ser utilizada en público.” Después de todo un Za-gasta no es un zarrapastroso, es una persona que dice “yo no voy a gastar plata en ropa que nadie va a ver, uso la que tiene huecos y punto.”

Yo tengo varios Za-gastas en mi vida. No los voy a denunciar, aunque algunos confieso son casos de expediente judicial. Está uno que protagonizó un incidente vergonzoso con su zapatero de confianza. Le llevó su par de zapatos como siempre, para lo parapeteara. El zapatero se quedó viendo los zapatos y le dijo: “mira, quiero darte esta platica, de verdad que me da cosa contigo, la debes estar pasando mal. Anda, con esto te alcanza para otro par. Cuando se te dañen me los traes.”

Por supuesto no aceptó la plata pero se tuvo que ir a comprar otros zapatos, todo el tiempo pensando “Ese Juan ¿qué le costaba un último remiendito?, ¡qué vaina vale! esto es el colmo del derroche.” Y por supuesto que cuando fue a pagar lo que le contestó a la vendedora fue “¡¿Cómo?! ¿Por unos zapatos hechos en China por un niñito que gana tres centavos de dólar la hora? ¡Qué fuselaje tiene ustedes!”

En este mismo orden de eventos otro de mis Za-gasta me dice un día para que lo acompañe a comprarse una camisa para un evento especial. Una amiga del trabajo le había recomendado una tienda de estas con un nombre de diseñador capitalino famoso.

Era sábado y la tienda estaba vacía, pero mi lado culebrero identificó al propio diseñador en persona detrás de la caja. Nos atendió de lo mejor, yo pensaba que nos iba a ver con cara de: “Amiguito, el Tijerazo está para el otro lado.” Pues le sirvió de escarmiento.

Mi pana se probó varias de las camisas y hasta que consiguió una que le gustó. Le dice al hombre, listo me llevó esta. Está caminando para la caja, y le dice, “Ah, pero ¿en cuánto es que sale?” (Estamos hablando de hace cuatro años) “Son dos millones, cien.” “Ya va.” Dice mi amigo y yo por dentro, verga mariquita tú no aprendes para qué coño viniste. “Tú me estás diciendo que una camisa, que está hecha de tela y unos seis a ocho botones cuesta dos millones de bolos. No vale, tú lo que estás es loco.”

La verdad es que el diseñador se portó como un señor, no nos dijo nada y nos fuimos. Y por supuesto mi Za-gasta no se mortificó cuando le dije que le había dicho al mismísmo que estaba loco por cobrar eso, más bien se sentía orgulloso “bueno, alguien se lo tiene que decir, es que está loco, eso es el sueldo de una persona.” Ok, sí tenía razón, pero aún así, me dio pena.

Hay Za-gastas que van mucho más lejos, como el que una vez en un viaje que hicimos decidió que él se ocupaba de alquilar el carro y a pesar de que éramos siete alquiló uno para cinco. Porque “esas compañías siempre te joden, te dan una limosina y te la clavan, cuando en el de cinco caben siete perfecto.” Esa vez fue la reinvención de la mentada de madre, de todo lo que se le dijo. Él feliz, porque al final probó que en donde van cinco caben siete y uno se ahorra la diferencia.

El pana una vez se fue con su esposa, su mamá y sus hijas, y decidió que los hoteles de aeropuerto son una estafa. “Esos bichos te clavan porque saben que estás jodido.” Así que el decidió que iba a alquilar en un motel que él había conseguido por Google Earth o algo así y que según quedaba al lado. “Es decir, lo mismo, pero sin que me claven.”

Por supuesto cuando llegaron estaban ellos, un poco de camioneros y el tipo de la recepción que no entendía por qué un venezolano había llamado a reservar lo que era casi un albergue transitorio. No pudieron irse a otro hotel porque el plan era llegar, dejar las maletas, ir a una función del Cirque du Soleil, regresar, dormir y agarrar el avión tempranito al día siguiente. Así que tuvieron que dormir con el ruido de las gandolas y la gente tirando toda la noche. La cara de la mamá era digna de Televisa.

Sin embargo, entre mis Za-gastas hay una que se ha llevado el premio gordo y cuya historia fue la que me inclinó a escribir este post. Esta es una za-gasta que unida a otro amigo za-gasta agarran la cuenta y empiezan (sólo ellos los demás renunciamos a eso) “ajá, tú pones quince más porque tu plato traía tres contornos.”

Es una za-gasta que un día recibió una llamada de Movistar diciéndole que había un plan que se llamaba “Habla-Pegao” ella no lo agarró porque un Za-gasta sabe que esos planes son sólo para joderte y sacarte más plata viéndote la cara de pendejo. Pero me llamó y me dijo “chama, ¿tú tienes eso de habla pegao?” Desde ese momento me repicaba y cuando yo la llamaba me decía “marica, tú tienes Habla-Pegao. Yo no.” Igual la llamaba porque uno los quiere igual.

En todo caso esta Za-gasta, estaba en una intervención quirúrgica hace poco y cuando estaba saliendo de la anestesia las enfermeras vinieron a cambiarla de cama. Ella toda dormida y drogada empezó a balbucear algo. Era “Anda porfa, ya estoy drogada, quítenme el lunar, quítenme el lunar, déjenme aprovechar la anestesia.” Resultó ser que desde el viaje astral de la anestesia la mujer fue capaz de volver, para rogar que le quitaran un lunar. Estupefactas las enfermeras lo hicieron, después de todo ¿Quién coño después de una operación llora para que le terminen de hacer otra y encerrar todo en un combo?

Esta Za-gasta lo cuenta orgullosa, “chama, aproveché la anestesia, el quirófano y hasta los chequeos posteriores.” Esas enfermeras hablarán de ella durante años. “Te acuerdas de la geva que cuando la íbamos a pasar al cuarto nos hizo sacarle el lunar.”

Ahora, ¿Por qué el nombre Za-gasta? Fácil, no ruedan mucho el carro porque “za-gasta” no usan la ropa nueva sino una vez cada seis meses porque “za-gasta” ellos no trotan porque cuando trotas el zapato de goma…eeee-xactamente.

Claro que una cosa es un Za-gasta y otra cosa es un Houdini. Un Houdini es el que se desaparece a la hora de pagar. Ya eso está en otra categoría. El Za-gasta es pichirre, pero honesto. El Za-gasta se pone de mal humor, pero de una forma que a uno le hace reír. El Za-gasta uno lo quiere.

Levante la mano el que conoce a uno o varios “Za-gasta.” Y lo que es más quién no le ha tenido que reconocer “es verdad, si no fuera por ti no me hubiera ahorrado esos reales.”

2 comentarios:

Pedro dijo...

Caso de la vida real. Un grupo de amigos en McDonald's. Un amigo estaba ordenando:

- Señor, son 25.000Bs. Le gustaría agrandar su combo de mediano a grande?
- Sí, claro, cuánto es?
- Son mil bolívares.
- Mil bolos?! No joda!

Hasta el día de hoy no hemos dejado de burlarnos de él.

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Otro caso, otro amigo: Fuimos al estadio de baseball y un amigo me prestó 0,5 BsF para pagar el estacionamiento al llegar porque yo no tenía sencillo. Me los cobró 5min después y le dije "Te los doy ahora que no tengo cambio". 10min después pide una Pepsi en las sillas del estadio, y cuando la pagó le dijo al vendedor "Toma, aquí faltan 0,5BsF, cóbraselos al pana" (Es decir, a mí). Miserable.

Manuela Zárate dijo...

Qué horror! De pana se pasan. Ambos, jajajaj. De verdad que qué miserable...yo recuerdo con unas amigas siempre era: no vale manejaste tú, deja que paguemos el estacionamiento.

No no...el colmo. Eso me recordó un pana mío, que la vecina le armó un peo porque el era presidente del condominio y la factura del gas estaba llegando con 10 bolívares de sobre facturación.

A la tercera llamada mi pana le dijo: Señora, le voy a dejar 20 Bs en el correo, quédese con el vuelto.

Más nunca fastidió. Pero se quedó con sus 20 bolos.