martes, 2 de noviembre de 2010

Enano #2 : Gruñón, un realista mal entendido



Segunda de las confesines de los enanos.

He pasado por varios sobrenombres: nube negra, chico migraña, cascarrabias, rezongón. Al final quedó Gruñón.

Podrán decir lo que quieran, pero no me considero un amargado. Sólo soy una persona reservada, solitaria, no soy alguien que anda de ánimo para bonches todos los días, no me provoca hablar con enanos, ni con criaturas del bosque que no tienen nada nuevo que aportarme. Me gusta aprovechar mi tiempo en mí. ¿Es que acaso eso es TAN malo así?

No soporto ese fanatismo absurdo que tienen los demás enanos con la idea de que todo tiene que ser en conjunto, en comunidad, como si estuviésemos cocidos unos con otros, a veces parecemos siameses pero de siete. Lo peor es que si se te ocurre decir algo que no vaya con el consenso de la mayoría, se ponen histéricos. Colapsan.

En lo personal Blanca Nieves me hizo mucho daño. Mis relaciones en la casa se pusieron mucho más tensas que de costumbre. Mi pesimismo habitual pasó a ser un perenne mal humor que no podía esconder, ni evitar. No podía disimular mi cara de desagrado, mi disgusto nada más abrir los ojos cada mañana y tener que recordar: “ah sí, esa tipa vive aquí.”

Blanca Nieves tuvo la osadía de tocar mis cosas, de arreglar mi cama, de limpiar mi mesa de noche. Y lo peor es que atendiendo a las normas de educación me tuve que quedar callado la boca y hasta darle las gracias. Me provocaba mandarla al mismísimo diablo. ¿Quién se cría que era? Tenía centenares de años siendo un enano desordenado, mi desorden era y es mi orden, yo lo entiendo, nadie tiene por qué venir a tocarlo.

Le puse mala cara y los demás enanamos me cayeron encima. “Se va a ir” como si fuese la gran cosa, como si nos fuesen a talar el bosque o a expropiar la mina. Mi respuesta: “Qué se vaya esa paliducha, flacuchenta, que no tiene en el cerebro sino una sola neurona para cantar como una neurótica cuando está sola, y cree que lo hace mejor que los pájaros y que ellos se deleitan con ella.” Los enanos en su gran mayoría me hicieron a un lado, hasta el punto que en vez de “Gruñón” mi título parecía el de “Leproso.”

A mi modo de ver fue indignante la forma en que la Blanca Nieves mordió la manzana y se metió en el lío aquel con la bruja. La llegamos a ver y la verdad es que hay que ser realmente un deficiente mental para abrirle la puerta de la casa a alguien con esa pinta, y encima aceptarle una manzana, absurdamente roja. ¿Qué clase de árboles tenía alrededor esa niña cuando creció? No hay cómo describir lo desubicada que fue.

La verdad es que hasta sospechoso me pareció todo. ¿No habrá sido todo un montaje? Me queda la duda, porque para haberse envenenado le salió muy bien la gracia. Claro, que en gran parte me lo debe a mí.

Los enanos ya la iban a dejar ahí en la caja de cristal. La idea de ir a buscar al príncipe fue mía. No hay que ser demasiado culto para saber que ese tipo de envenenamientos los resuelve el beso de un príncipe. Si no es porque me pongo las pilas y obligo a los enanos a montarse en los burros e irlo a buscar, no hubiese habido ni caballo blanco, ni fiesta en el castillo.

Claro que como siempre se cumplió el dicho de que no hay buena acción que no tenga su castigo. Algunos enanos se molestaron conmigo, “porque ahora ella se fue con el tipo ese y nosotros pasamos status: SITENOMA, es decir: si te vi no me acuerdo.”

Yo los veía armándome aquel escándalo y pensaba, no hay nada más patético que un idiota mal pegado con una mujer que no le para. Ni muerta Blanca Nieves se iba a quedar con ellos, ni que reventáramos esa mina a martillazos. Ella no estaba ni siquiera tan interesada en el dinero, el estatus es lo que les importa a esas mujeres. Cada quién con su tema en la vida.

Muchos enanos se sintieron y se deprimieron porque ella se casó, tuvo sus hijos y nos hizo a un lado. Yo insistía, “dejen el drama, pasó lo que tenía que pasar. La señora hizo su vida, siguió su camino, era una chiquillada pensar que nos llevaría con ella. Nosotros no somos sus hijos, por favor, somos como esos tíos ruidosos que le agradeces a Dios por solo tener que ver en reuniones familiares.”

Los dolidos ahora la odian, la tratan con desprecio cuando viene. Un desprecio que deja mi mala cara a años luz. No estoy de acuerdo, yo seré lo que sea, pero siempre mantuve la educación, las formas de cortesía. Además, no soy quién para juzgarla.

Esa es mi visión de las cosas, si no te gusta no es mi problema.


By: Pera Williams

3 comentarios:

Ira Vergani dijo...

fackkkk Gruñon es mi soul mate jajaja!

Manuela Zárate dijo...

Jajajajaja, sí ya me escribieron dos para decirme y que: lo aaamoooo! jajajajaja

Anónimo dijo...

Si, probablemente lo sea