martes, 26 de enero de 2010

Algo Amarillo para el 31 de Enero


Ya tengo plan para el 31. De enero. Me voy a comprar un poco de uvas. Me voy a comprar una botella de champaña. Voy a comprarme un sombrero y a las 11:59:30 de la noche voy a iniciar un conteo regresivo. Cuando el reloj llegue a 0:00:00 voy a gritar: FEEELIZZZ AAAAÑOOOOOOO.
¿Será que nos están aplicando la IMGEVE? Es decir: ¡Disfrute ya! Y en diciembre la inicial. ¡Ding Dong! ¡Ding Dong! O es que son tan de mierda las noticias que decidieron darlas todas de una vez, así bueno, el resto del año nos rascamos la barriga y discutimos sobre el comportamiento de los cangrejos en la Isla de Navidad. O será que el 31 de diciembre alguien confundió Feliz Año con INFeliz Año, pero esta vaina de 2010 empezó de una forma que sólo se arregla como lo hace Roberto Mata cuando uno no hace bien la tarea: Me repites el ejercicio. Eso es lo que vamos a hacer, vamos a repetir el ejercicio. De paso me voy a la playa para sentir que realmente estoy haciendo un quiebre. Estoy celebrando el fin de año. A todo el que pueda esta semana le voy a decir, nos vemos el año que viene. Eso lo hablamos en febrero. Ya para este año no vale la pena.
Es que es insólito. Devaluaron. Nos mandaron tremendo cronograma de recorte de luz. Lo quitaron. Se acabó hasta el último electrodoméstico que había en el país. Vino el terremoto en Haití. Multaron a Éxito. Expropiaron a Éxito. Tomaron a Éxito. Hubo protestas de puños y todo. Amenazaron a RCTV. Cerraron a RCTV. Marcha gigante. Trancaron la autopista. Renunció el vice-presidente y la ministra de ambiente. Hubo elecciones en Chile. Ya insultaron al nuevo presidente de Chile. Ya culparon a la CIA de estar tomando Haití. Ya están cuadrando las primarias para las próximas elecciones. Ya ha habido como tres cadenas donde el loco canta, grita, insulta. Ya pidió que lo revoquen. Ya renunció el presidente del Banco Bicentenario. Intervinieron Inverunión y otro coroto más. Mataron a dos estudiantes. Se quemó el Ávila. Se murió Julio César Marmol. Francia busca prohibir la Burka (eso hay que dicutirlo en otro post). Y un avión se cayó en el Mediterraneo. Y todavía faltan cuatro días hábiles de Enero.
Y eso sin contar que las noticias pendejas han estado movidas también: Brad y Angelina con todos los rumores de divorcio. Los Golden Globes. American Idol. Los SAG. Del Potro está ya fuera del Australian Open. Esta todo el mundo comiéndose las uñas por el evento de Apple el miércoles, saldrá el tablet, no saldrá el tablet. Que si el Kinddle, que si Amazon. Se murió el actor de Bonanza. Gary Coleman (Arnold) otra vez preso. ¡Dios mío! De aquí al domingo capaz y resucita Michael Jackson y se dan cuenta de que la que se había muerto era La Toya.
Deberíamos además pedirles a los Reyes Magos un refill de regalitos, eso sí: lexotanil, valium, somese porque quién coño puede dormir con esta angustia. Una uzi para luchar contra la inseguridad. Una camioneta blindada para poder ir con tranquilidad a comprar cachito los domingos. Si se sienten generosos una planta eléctrica y un buen tanque de agua. Pero nos conformamos con una linterna Coleman y un ventilador de pilas para poder leer antes de dormir, y una planta recolectora de agua de lluvia, es decir un tobo. Lluvia. Pueden traer algo de lluvia (pero en febrero coño, este fin hay playita no me vengan a joder que no hay nada más triste que jugar UNO bajo techo frente al mar). Un pasaporte de otro país el que sea, ahorita hasta Chipre se ve bien, por si hay que salir corriendo. Y por último cualquier cosa que le ponga ceros a la derecha a la cuenta de bancos es bienvenida. Un Ipod porque el pobre está vuelto mierda.
No lo puedo creer, hice carta a los reyes y todo. De verdad este es mi fin de año. Lo decreto. Estoy agotada. Voy a comer Nutella. Si es fin de año, pues engordemos.
Así que el que se quiera unir a mi celebración el 31 está invitado. No se olviden de comprar algo de cotillón y ponerse algo amarillo.

lunes, 25 de enero de 2010

Soy desordenada ¡Qué carajo!


Existen dos clases de personas. Las ordenadas y las desordenadas. Resulta que desde que uno está pequeño le quieren meter en la cabeza que uno tiene que pertenecer al primer grupo. A uno le hacen cantar la cancioncita de: cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa. Hay gente que se lo toma a pecho estilo Monica de Friends. Tienen más que un lugar para cada cosa, una obsesión con que las cosas estén en un determinado lugar. Cuando yo estaba adolescente estuve un par de años en un internado y nos hacían inspecciones del cuarto. Yo recuerdo que agarraba las cosas y para salir del paso las tiraba dentro del closet. A primera vista el cuarto se veía impecable. Abría las puertas y era como una represa. Toda la mierda salía volando y me caía encima.

Durante mucho tiempo he venido luchando con el tema del orden. Pero este año he decidido quitarme la careta. Lo acepto. No soy para nada ordenada. Asumo mi barranco. No quiere decir por esto que voy a ponerme peor. No. Pero voy a dejar de perder sueño porque miro la mesa de noche y hay más de un libro en ella. O porque veo la cómoda y veo que mi esposo tiene ahí un nido que data de hace tres meses. Papeles. Llaves. Bolígrafos. Fotos. Invitaciones. Botellas vacías. El Ipod. Un cable. Monedas sueltas. De todo y por todos lados. Ese es mi desorden. Así como en las gavetas de las camisas de noche a veces hay una camisa de día, y una camisa que debería estar doblada está colgada. Eso sí. Yo siempre sé dónde está todo porque yo me encuentro en mi desorden.

Sé que mucha gente piensa que el desorden es una vergüenza. Es un rasgo que uno tiene que esconder. Yo recuerdo que cuanto tenía como 17 años me invitó a salir un tipo al que le pusieron por apodo mis amigas: el pingüino (se podrán imaginar el pobre personaje). Este ser era quizás una de las personas más desordenadas que he conocido. Y eso que no llegué a ir a su casa. El tipo me pasó buscando y yo llevaba un bolso que por alguna razón quiso guardar en la maleta del carro. Cuando me trajo de regreso en la noche y fui a sacar el maletín me percaté de que al mismo se había pegado una bola de chicle, y al chicle una botella vacía de agua mineral. Helo ahí. La verdad es que seres hay para todo. Al tipo no lo volví a ver más, pero debo confesar que no fue por su desorden, creo que el hecho de que me recordara a Dany De Vito en Batman hizo lo suyo. Pero la verdad es que no ayudó el tiradero de mierda de la maleta del carro.

Por otro lado, el extremo del orden tampoco es sano. Conozco gente que tiene que tener las gavetas coordinadas por color. Los libros abiertos sobre las mesas de la sala exactamente en la página del medio. Gente que definitivamente no es como yo. Claro, que lo peor de todo es que a mí el orden no me desagrada. No es que yo quiera ser desordenada. Simplemente soy así. Me entran peas limpionas y me propongo ordenar mis cosas, pero al poco tiempo el desastre se apodera de todo otra vez. O peor, no termino de ordenar nunca. No me gusta botar nada. Siempre me da miedo desprenderme de algo y necesitarlo por el camino. Tengo el escritorio lleno de correspondencia vieja, y para ella mi lema casi siempre es: no hagas hoy lo que puedes dejar para mañana.

Encuentro el trabajo doméstico terriblemente aburrido. Por alguna razón me parece que el orden es algo superfluo que me roba minutos que debería usar en cosas más importantes como leer, escribir, tomar fotos. Hasta ver tele. Descansar. Lo peor de todo es que a pesar de que acepto mi desorden, miro a mi alrededor y veo el reguero y me empiezo a poner nerviosa. Dicen que el desorden es malo para el espíritu. ¿Será por eso que estoy tan jodida?

No sé. En todo caso, sé que una vez más voy a decir que esta semana ordeno todo. Me imagino que la semana que viene no habrá cambiado nada, y yo estaré diciendo. Sí soy desordenada. ¡Qué carajo!

viernes, 22 de enero de 2010

Libre de humo. Libre de polvo y paja.


Envejecer es algo que da miedo. No es nada más la soledad potencial. El tema del aspecto físico. La cercanía de la muerte. Pero hay algo que hace a los viejos temibles. No, no son las cagadas. Al menos no nada más. Son los achaques. Yo lo único que pido, más que el control de la canas, arrugas y esfínteres, es que por favor al envejecer no me convierta en una vieja loca.

Una vieja loca todos sabemos qué es. Es una menopausia no superada. Es una amargura constante. Es un regaño por cualquier cosa. Es esa vieja que le molesta el ruido y el silencio. Es esa vieja que deplora la sociedad, sobre todo la que está en el rango de edad desde los 0 hasta los 65 años. Es la vieja que todo lo sabe. Todo lo quiere solucionar a su manera. Todo lo dice de mala gana. Se sigue sintiendo joven. Es la vieja que maneja mal y se atraviesa y cuando uno le reclama se baja y te para un peo. La vieja loca es capaz hasta de empujarte. Te ofende. Te humilla. Y además se viste horrible. Porque ya no ve y agarra cualquier cosa que tiene el closet y siente que es hora de mostrar lo que no mostró a su debido tiempo. La vieja loca está más allá del bien y del mal. Y en ese aspecto la vieja, so pretexto de que cuenta con años de sabiduría y experiencia, intenta salvar el mundo sometiendo a cualquiera que se le atraviese.

Es el caso de la vieja que le molesta que la muchacha que trabaja casa de la vecina fume. Sí, ella dice que el humo le invade su apartamento y ella sencillamente no puede vivir. Seguramente es una de esas viejas que está viendo Globovisión todo el día y ya está como una hiena. De cualquier cosa saca una risa macabra que nadie entiende y tiene que comerse al que se le para enfrente por que sí. Ya que no puedes con el gobierno, pues te vas contra el más pendejo. El vecino que fuma.

Entonces esta vieja llama con tranquilidad a la vecina y le plantea la siguiente solución: que la muchacha deje de fumar. Listo. Muerto el perro se acabó la rabia. Así a ella no le invade el humo el apartamento y puede seguir viendo Globovisión. Claro que tarde o temprano se dará cuenta de que como dice la canción no era el humo del cigarrillo lo que la hacía llorar, pero por el momento es así.

Eso es la clásica vieja loca. ¿A qué ser se le puede ocurrir que es válido plantearle a alguien que no fume porque a uno que vive un piso más arriba le molesta? Yo recuerdo que en mis primeros meses de embarazo estuve en la misma situación. Dormíamos con la ventana abierta y yo escuchaba la fiesta que tenían los vecinos y despertaba a mi esposo y le decía: chamo están fumando. Es que lo huelo, lo siento. Qué asco. Quiero vomitar. Diles que paren. Pero mi esposo nunca fue. La verdad es que hoy me hubiera dado mucha risa imaginármelo planteando a los chamos, porque se notaba que era unos chamos, que dejaran la rumba porque su esposa que estaba en estado sentía que el humo se le metía hasta la colcha de su cama.

Eso también me recuerda a un amigo que una vez tiró un huevo a una gente que no paraba una rumba a las 5:00 am. Ciertamente hay veces que uno no puede más y hace cosas. Cosas puntuales. Y luego sigue adelante porque la realidad es que cuando uno cierra la puerta de su casa, aunque tiene en muchos casos que pensar en los vecinos, cosa que limita ciertas actividades, uno es libre de hacer una gran cantidad de cosas. Entre ellas fumar.

Es como para decirle a la vieja, bueno, yo dejo de fumar si tú dejas de hacer el salmón ese asqueroso que deja esto hediondo a pescado. Además le podemos decir al tipo del 4B que deje de tocar piano, pues no es ningún Gabriela Montero y dudo que lo sea algún día. Además le podemos decir a la enferma del 5to piso que deje las peas limpionas y no pase la aspiradora porque además hace que las luces tiemblen. Aprovechemos para decirle a la sifrina del pent-house que no se sequé más el pelo, que asuma sus chichas. A la del 3ro que saque a las carajitas de la clase de flamenco. Y al del 1B que se deshaga de la pecera porque me parece pavosa y cruel. Y ya que estamos en eso, a la parejita del 2A que no tire, porque la verdad que eso le baja la moral a los dos solteros del edificio. Declaremos este un edificio libre de humo y libre de polvo y paja.

Y sí, lo último es ficción, pero la frase: propongo que sencillamente no fume, salió de unos labios. Esas son las cosas que uno oye en la Ciudad de la Furia.

jueves, 21 de enero de 2010

VIAJECILLO

Este es mi resumen de Millas de American Airlines. No sé ni qué hago con una cuestión de viajero frecuente, si ni siquiera soy viajero. ¡ME QUIERO IR A ALGÚN LADO!!!!
Fecha de Resumen: 2010-01-08 Último día de Actividad: 2009-11-07 Saldo Anterior: 0 Millaje Acumulado: 0 Millaje Canjeado: 0

Creo que Semana Santa es la fecha!!! Vamos a ver. Vamos a ver... a ver cuánto cuesta el pasaje.

martes, 19 de enero de 2010

Explícame la regla


Yo antes tenía una lista de cosas que le quería decir a Dios el día de mi muerte. Ciertamente iba a comenzar con algunas preguntas sobre los hombres. Un tanto predecible para una mujer, “cuaima desde siempre” como me dijo el otro día Juan. Lo cierto es que a partir de hoy cambio de opinión y sólo le pienso decir:
Entiendo el tema del parto. O quizás no lo entiendo pero lo acepto. Ok. Damos pecho también. Nos metiste en el grupo de mamíferos y pal coño. Entonces a una se le hinchan las lolas. Se le vacían. Se le vuelven a hinchar. Queda una más llena que la otra. Se rompen. Da mastitis. Sangran. El horror.
Está bien. Lo acepto. Te acepto que una como mamá se despierta más por la noche y se vuelve una computadora que no duerme. Te acepto que una cambia más pañales por el mismo tema. Que una se aprende de memoria donde está toda la ropa. Que una encuentra las cosas que nadie más sabe buscar. Te acepto que algunas como yo, que somos desordenadas, nos tenemos que calar las miradas desaprobadoras del resto de la humanidad. Te acepto que uno a juro algo tiene que cocinar. Te acepto que esperan que uno cocine. Que vaya para el puto mercado. Qué bolas el mercado atestado de gente. Un horror. Ok, los hombres van y siempre traen lo que no es. Te lo acepto.
Me calo el que este sea el sexo que tiene que ir una vez al mes a un lugar donde le echan cera caliente por partes beligerantes, para después proceder a arrancar el pelo. Te acepto que una tiene que hacerse las uñas. Hacerse las mechas. Te acepto que no es lo mismo una vieja canosa, que un papi pelo blanco y por ende una desde cortas edades sufre por taparlas. Te acepto que una se tenga que calar que el otro diga que habla mucho. Que jode si dice, pana por qué no salimos a cenar. Te acepto que ahora nos liberamos y nos toca calarnos todo el peo doméstico, más el laboral y el intelectual. Te acepto que somos el sexo que desnudan en las vallas.
Me puedo calar los tacones, porque al final del día me encanta un zapato alto. Acepto a duras penas que seamos las que más nos tengamos que fajar haciendo dieta, porque no es lo mismo un gordito simpático que una gorda que debería rebajar. Me quedo además con la ironía de que ellos acumulan menos grasa corporal y no tienen tendencia, o casi, a la celulitis y las estrías. Está bien, seremos nosotras las que nos echamos cuchillo para ponernos prótesis en las tetas. Con todo eso me quedo, y no digo nada. Adoro la vida y de verdad gracias, no estoy siendo malagradecida, simplemente quejona.
Ahora, sí necesito que me explique algo: la regla.
Por favor, ¡explícame la regla! Encima de todo, por qué echarnos ese vainon. Porque no son nada más la consideraciones sanitarias que son una ladilla. Tampax todo lo que quieras, que te toque en un viaje a la playa es una desgracia. Te sientes como un castillo inflable, que solo falta que los niños te salten encima. Después no te quiero hablar de la arrechera por todo. El dolor de cabeza. El dolor de espalda. El hecho de que el acetaminofen no hace nada, si acaso un buen brugesic de 400mg, de resto, no te vistas que no vas. Nada lo quita. A cada rato tienes que ir al baño. Todo te molesta. Y para más colmo muchas veces vienen acompañada de una preciosa pepa, espinilla, barro, como quieras llamarlo que si ya traías la moral por el suelo, con esta terminas de ganarte el premio gordo.

Lo que termina de completar el cuadro es la arrechara y la depre simultanea. Ambas te hacen pelear con todo el mundo, que para ignorarte o quitarse el peo de encima te salen con que: estás reglúa. Y tú te arrechas más, porque no es justo que todo rollo que uno tiene con una mujer es culpa de una hormona. Pero es cierto, estás en esos días y el mundo te sabe a mierda. Si hay calentamiento global tú con tu arrechera no joda, lo vas a poner a hervir, capa de ozono será la que use el superhéroe que luche contra ti…y pierda carajo.
Yo me di cuenta de que sufría de síndrome pre-menstrual el día que estaba viendo una novela mexicana y frente al diálogo:
- Octavio. No puedo ser tuya. Aunque te ame. Debo casarme con Lisandro Alvarado.
- ¡Nooo Violeta! Yo te aaamo. Jamás permitiré que seas de otro hombre.
- No insistas Octavio. Me casaré con él.
Viendo esa mierda de diálogo con unos personajes que apenas sí podían simular unas lágrimas, yo me puse a llorar. Sí. Se me salían las lágrimas porque Octavio y Violeta se iban a separar. ¡El coño de la madre! Me tienes que explicar esa vaina, porque yo no la entiendo.
Por favor, explícame la regla. No la entiendo.

lunes, 18 de enero de 2010

Lunes que comienza en Chile


Es lunes. Es uno de esos putos lunes. No puede ser otro día de lunes. Tengo que hacer más cosas de las que se pueden hacer en el número de horas que están asignadas para este día. Tengo que terminar las tareas de los talleres y empezar otro taller esta noche. Además tengo que ir al dentista, para que me diga que la muela se murió y tengo que hacerme tratamiento de conducto. Y además, tengo curso de fotografía. Y además ahora en la mañana no tengo a Clarissa. Además tengo que hacer ejercicio. Además tengo que llamar al médico porque tengo una semana con dolor de cabeza y fatiga, todas las noches. Además tengo que organizar un viaje con el club de lectura. Además tengo que trabajar en la novela. Además tengo que hacer una cosa que me pidió mi hermana. Además tengo que sacar unas copias para los presos políticos, unas cartas que les quiero mandar, con entradas del blog.

Coño, pero acabo de hacer algo que emociona: Acabo de mandar la bio de Manuela Zárate para Chile. ¿Y qué coño quieren hacer en Chile con la bio de Manuela Zárate? Pues, nada más y nada menos que estamparla en algún lugar cerca del cuento que le van a publicar en una antología. Esta se lanzará la semana del 31 de enero. Me van a dar 15 copias del libro, nada las guadaré aquí en mi casa o se las daré a mis amigos. O las esconderé, porque como pensé que jamás me iban a escoger mandé un cuento que me parece una mierda. Sorry. Pero uno es así, ahora que lo leo y que se está publicando me da pena. Me da terror que lo van a ver y van a decir, pero a esta mujer cómo le publican esto. Y al lado estará mi foto. Una foto que me tomó mi amigo en Caruao y que salgo horrenda. Pero no me importa. Ni modo.

Aunque nada. Manuela es autora publicada. A partir del 31 de enero. Ese día: pea descomunal.

Me lanzo a mi día de locos, pero pase lo que pase hoy. Termine lo que termine y deje sin hacer lo que deje sin hacer. Lo más importante, ya yo lo hice. Este lunes comienza en Chile.

viernes, 15 de enero de 2010

Lanzando Nuevo Blog


Este post es para todos, pero sobre todo para ustedes, que me leen, que ya tienen su tierno capullo en los brazos o en camino. Si les pasó igual que yo pasaron nueve meses de sorpresas, de cosas buenas, de cosa malas, de miedo, de angustia, de felicidad. Lo dice todo el mundo es una maravilla. Es verdad. Lo dice todo el mundo es duro. Es verdad. Lo dice todo el mundo te cambia la vida. Es verdad. No es perfecto. No lo dice casi nadie. Es normal que no sepas qué hacer. No lo dice casi nadie. Tú experiencia no puede ser igual a la de un libro. No lo dice casi nadie. Te vas a morir por echarte una borrachera. No lo dice nadie. Es normal que no quieras dar pecho. No te lo dice nadie. Es normal que pelees con tu esposo. No te lo dice nadie. Es normal que quieras ahorcar a todos los que te vienen a visitar. No te lo dice nadie. Es normal que te veas al espejo y te sientas como Moby Dick tomando cortisona. No te lo dice nadie.
Para eso este espacio:
www.llantoypataleo.wordpress.com
Pero Ayúdame Freud no se va a ningún lado. Simplemente abrí otro espacio para desahogar mi frustración cada vez que un pañal me da ganas de vomitar o mi hija llora porque le jalé el pelo cuando la estaba peinando.
Disfrútenlo.

El Corte

Erase una vez una ciudad donde tenían que racionar la luz. El Presidente y sus ministros se reúnen para evaluar la medida: NOTA: Los personajes son producto de la ficción y de la imaginación, cualquier parecido con la realidad puede que sea algo más que coincidencia, pero no es culpa del autor.

Ministro A: Presidente, aquí tenemos un plan, súper fino para el rollo de la electricidad. Vamos a cortar la luz durante 2 horas en la ciudad.

Ministro B: Ay sí. ¿Qué son dos horas? Pa eso no cortes nada. Presidente yo digo que sea un poco más.

Ministro C: Yo digo que sean 8.

Ministro A: Chamo 8 es mucho. Mira que a uno también se la cortan. Si sales a las 4 del trabajo ¿qué vas a hacer cuando llegues a la casa?

Secretario Presente: Chamo yo tengo un pana que vende plantas eléctricas, yo le digo que te venda una. Es más te la vendo yo mismo. Eso sí, algo tiene que qudá pa papá.

Ministro A: Síva mi pana. Entonces pongámosle a 8 horas al corte, que no es con cuchillo de caltón.

Presidente: Mmmm a 8 deberíamos cortarla. Pero no todavía. Yo digo a 4, por ahora.

Ministro A: Sí. Sí. ¡Bravo!

Ministro A aplaude. Todos los demás ministros empiezan a aplaudir.

Ministro B: Qué idea maravillosa. Qué brillo.

Ministro C: ¡Eso no se le ocurre a más nadie, 4 horas! ¡Magnífico!

Presidente: Bueno, me voy a ver unos chivos bolivianos que estamos entrenando para hacer unas carreras en la próxima cumbre. Esta vez sí ganamos. Sigan adelante camaradas que hay mucho trabajo.

Presidente sale.

Ministro A: Perro ahora hay que ver cómo lo vamos a hacer, ¿será todo de una?

Ministro B: ¡Coño negro! Tú si eres pendejo. ¿Cómo vamos a quitar la luz en toda la ciudad de un solo golpe? Vamos a hacerlo por zonas chamo, por zonas.

Ministro C: Buena idea mi pana, me gusta eso de las zonas. Unas horitas aquí en una zona, otras en otra. Eso sí compinche, trata de que no nos vaya a joder, es decir, que se vaya en la casa cuando andamos de calle, menos en el despecho, en el despacho me la cortas al mediodía y a las 12 calabaza calabaza cada quien pa su casa.

Ministro B: ¡Ese es mi tercio!

Secretario: Anoto.

Ministro C: Mira gordo maricón tú no anotas nada o te quiebro, ¿oiste? Y muévete con lo de las plantas es lo que es, que te tengo pillao. Anda y busca una botella de whisky 18 que tengo la boca seca, inecto.

El secretario mira deja su cuaderno en la silla y sale apurado del salón.

Ministro B: Yo creo, pa vé pásame el mapa de la ciudad. (lo abre y lo mira) Dividamos las zonas en seis cuadrados, A, B, C, D, E y F.

Ministro A: Pa veee. (mira los cuadrados) No seas marico, me estás jodiendo, me la cortas en mi casa, y a dos cuadras vive mi mamá. Mi mujer se va a arrechá.

Ministro B: Verga pana, tú si jodes. Bueno llama a eso, Prados I y a donde vive tu mamá Prados II. Anota ahí monigote.

Ministro C: Monigote salió, dile al guachimán ese que parece un solaito e plomo. Si tú cara e´conflé, anota ahí compinche, lo que te diga el negro…salvo que yo lo corrija.

Ministro A: Aja, tonces Prados I en la zona A y Prados II en la Zona…E, pa que no estén tan juntas y se vea mejor.

Ministro C: Ahora sí estamos hablando.

Ministro A: Fino. Paciencia que aquí lo que hay es pura calidá mi pana.

Ministro C: Claro que sí.

Ministro B: Coño mano, cómo hacemos en las clínicas grandes.

Ministro C: Qué se jodan. No joda. Fuera de la habitación, que agarren sol si tienen frio no joda.

Ministro B: Marico, Lubaini se está poniendo las tetas. Si la sacan del cuarto y se arrecha capaz le cuenta a mi mujer lo del carajito. No, no. En las clínicas no, ¿No se puede dejar la luz en algunos lugares?

Ministro A: Papá de que se puede…se puede.

Ministro C: Si es verdad. Después quién aguanta la lloradera de los carajos trancando una calle. Déjaselas a las clínicas grandes, pero las chiquitas no me jodas. Qué resuelvan. Dile al gordo que les venda su planta.

Entra el secretario y sirve el whiky.

Ministro C: Sírvemelo como si fuera pa ti papá. Con aguita, y ríndeselo al negro que ese es un ordinario.

Ministro A: No seas guebon. Aja mira, Los Palos, verga chamo ahí está peluo, la mitad de mi familia se mudó para allá.

Ministro B: Verga, pártelo en 5, pones una en la A, una en la B, una en la C, y así. Que lo haga el guachimán ese. Pana, anota ahí como tú quieras. Eso sí, no me vayas a poner dos veces los palos en la misma zona, ¿entendiste? Más fácil hacé arepas.

Ministro A: Chamo y todavía faltan los municipios que de las afueras, aquí nos agarra el happy hour coño.

Ministro C: Coño negro, tú si te enrollas por mariqueras, yo te mando una gevita de mi oficina que termine esa vaina con este carajito. ¿Pa´cuándo lo quieres?

Ministro A: Verga. Yo entendí que era pa hoy. ¿Tú no?

Ministro B: Chamo, ¿empezar el corte hoy mismo? No deberíamos dar dos días para difundir el cronograma.

Ministro C: Aaaayyyy vaaalee, me salió mariquta el muchacho. ¿Difundir qué coño? Suelta esa vaina así, igual que te la corten hoy que la semana que viene, y el que no sabe, cuando no prenda el bombillo se enterará. Qué le vayan a llorar a mayuya. Total siempre lloran por algo.

Ministro B: Y si le preguntamos al feje.

Ministro C: Sí. Y quién le va a preguntar ¿tú?

Ministro B: De bolas que no. El negro. El negro es que le encomendaron esta mierda. El no es y que ministro de la electricidad. Que ministerie no joda.

Ministro A: Yo no le voy a preguntar pa que se arreche. Yo entendí que era pa hoy. Mándame a la carijita y con el pan de a puya este que terminen eso rápido. ¿Estás oyendo? (dice mirando al cabo de la casa militar) Como no tenga eso en mi oficina esta tarde, no joda, te verás limpiándole el culo a unos pemones en la gran sabana. (El cabo lo mira asustado y asiente).

Ministro C: Listo pues. ¡Vámonos al almorzá que tengo hambre!

Ministro B: Yo invito.

Ministro A: Váyalo, vamos donde siempre. Ah mira, YI-AI-YOU, militarcito, mosca y pones el restorán de siempre pa que lo cierren a las 12. ¡Me haces las vainas bien!

jueves, 14 de enero de 2010

Escuela de Escritores


Hoy di un paso importante. Sí. Sé que no he hecho las putas polvorosas. De verdad ando con flojera de cocinar, pero horrible. Es que es mucho más sabroso escribir. Y además no engorda! Pero trato es trato, pronto las haré. Ya tengo la manteca lista. Pero es que esta semana ha sido excelente.

En primer lugar empecé el nivel 3 en la escuela de Roberto Mata. Sin palabras. Tenemos que hacer unas tareas buenísimas. Por ejemplo tomar retratos de desconocidos. Me encanta. Ya les contaré lo que hicimos y cómo fue. Hablo en plural porque mi hermana se metió conmigo y la verdad que estamos gozando. El grupo es cheverísimo. De verdad que si la escuela de Roberto fuese una iglesia yo profesara esa religión. Suena un poco fanático lo sé. Hoy ando con la hipérbole al máximo. Ahora qué tiene que ver ese curso con el reto. Tiene todo que ver. Porque la fotografía es una forma de agudizar la mirada, de narrar. Es otro medio pero se narra. Se piensa. Se busca transmitir. Dudo que llegue a ser fotógrafo, pues mi cosa son las palabras, pero los ejercicios me van a ayudar mucho.

Luego ayer comencé un taller con la escuela de escritores de España. Qué nota. Ya se presentaron el profesor y uno de los alumnos. Me encanta. La primera tarea es bastante difícil, y a pesar de la cantidad de talleres que he hecho nunca había tenido una tan complicada. En serio. Tengo que hacer unas greguerías, que son frases que mezclan el humor con una metáfora como por ejemplo: la morcilla es un chorizo lúgubre. Yo soy demasiado mala para eso. 01 en esa boleta. Y todavía hay más, pero bueno, espero que no me boten al primer ejercicio. En todo caso eso tiene relación directa con el reto y estoy demasiado feliz. Ayer escribí sabroso en la novela, con gusto, con buenas ideas, que espero no me parezcan una plasta dentro de tres días.

Lo otro bueno son los panas virtuales que estoy haciendo con el curso. Demasiado tripa. Del tiro me metí en otro de literatura infantil para echarle plomo a esa faceta que no quiero dejar de lado.

Así que bueno, el Mal de Montano está como mi muela. Grave. La diferencia es que este último no busca, ni desea, ni espera, cura alguna.

Les seguiré contando.

miércoles, 13 de enero de 2010

Mentes Brillantes


Eso de que el venezolano es bruto o poco inteligente, es una noción errada. Lo que sucede es que tiene muy poco tiempo para pensar. De hecho, para darle a uno el pasaporte venezolano habría que hacer un test de inteligencia. Si usted no puede resolver problemas. Analizar cuadros sumamente complejos. Sacar números absurdos. Entonces señor, lamentablemente, la ciudadanía le ha sido denegada. Usted es un poco bruto y aquí no va a sobrevivir. Para esta ciudad hay que ser un as. Un as de los buenos.

En primer lugar uno, si maneja, tiene que aprenderse de memoria (esto lo ha dicho con mucha razón Laureano Márquez en repetidas oportunidades) dónde están todos los huecos. Uno tiene que aprenderse donde están las alcantarillas rotas. Las que se tapan cuando llueve. La calle que están arreglando. El semáforo que está dañado y la manera absurda cómo se comportan esas luces. Además uno maneja sin ningún tipo de señales de tránsito. Sin señalizaciones que indiquen de manera clara y legible los nombres de las calles (poner un letrero que letra Times New Roman 12 que dice Quinta Avenida y pegarlo a la pared de un edificio no es señalizar queridos alcaldes). Y con un cronograma de las horas en que las policías de circulación ponen agentes en las principales intersecciones. Esto último porque amigo, si usted ve un policía de tránsito parado haciendo señas, júrelo que la cosa será peor de lo que se imagina. Del mismo modo uno tiene que tener un tercer ojo y un sexto sentido pilas con los motorizados. Usted escucha el zumbido de la moto o el pip-pip pendejo y ¡quítese! Rápido. No deje el carro atravesado entre canales. Tire el celular bajo el asiento. Ponga su mejor cara de a mí ya me robaron y mire hacia el infinito como si sufriera de depresión. A lo mejor de esta, se salva.

Ahora la gran mayoría de la gente, a pesar de que el tráfico está colapsado, no maneja. Estas personas tienen que poner el cerebro a funcionar a las 3 de la mañana para bajar una cantidad de escalones que no podría contar ni en Harvard. Al mismo tiempo tienen que estar claros con qué choro van a evadir durante esos días, aunado a un tiroteo que se esté dando a esa hora. Después hay que saberse de memoria el intríngulis de las camioneticas y carritos que llevan al metro. Una vez en el metro hay que practicar una mezcla entre Tai-Chi y Kung-Fu para montarse en el vagón. La cosa es dar puños y empujar sin crear el caos. Todo mientras se suda como un cochino porque apagaron los aires acondicionados, y se intentan proteger a toda costa las pertenencias de los rateros al acecho. Es común que durante el paseo algún malandro saque un arma y se lleve más Blackberrys que los que tiene Movistar en inventario, más el arma de algún policía vestido de civil que se dice a sí mismo "ni de vaina frootie loopies me le reviro a este choro."

Eso en cuanto al transporte. Pero el transporte no es la única calamidad. Está el tema de que a donde quiera que uno vaya saldrá el tema político. Entonces tiene que estar mosca, porque no se sabe si por algún comentario fuera de lugar le gritarán escuálido vende patria, o chavista infiltrado. Dígame si se le ocurre ponerse esa camisita roja que le va tan bien con su color de piel. En muchos lugares le dirán: eesssooo, tasss roojooo rooojitto. Y más de una vieja lo verá con cara de que deberían guindarlo por los genitales de algún árbol.

A todas estas hay que sumarle el hecho de que todavía no se entiende bien el bolívar fuerte. Si le toca un cajero en algún establecimiento que no pase de los 20 años tenga Fé que algún día paga y se regresa a su casa. Ese pobre está mareado. Pendiente del Blackberry que le costó doce veces el sueldo. Sobre todo cuando ve esa moneda que dice 120 ½ o algo así, se marea. ¿Esos son bolívares? O ¿Bolívares fuertes? ¿El Fuerte no era la moneda de 5? "A mí háblame de lucas y tablas pana." Seguramente le escucharán decir.

Si por casualidad uno va a un edificio que tiene más de 5 pisos. Así hayan 12 ascensores, prepárese a hacer cola. La cosa va para largo. Si va para un banco no le quiero ni contar. Y si se le ocurre ir como un iluso a las 12 del mediodía, orgulloso de que este es un país donde los bancos tienen horario corrido. Mírese al espejo y vea a un idiota. A esa hora la agencia entera huele a plátano frito. El que pudo trajo su lonchera y el que no, fue y se compro una reina pepiada y se la está jartando por ahí. A uno le toca esperar, pudriéndose mientras la hora del almuerzo se escapa y las tripas chillan. Todo mientras uno reza: por favor, por favor Diosito que no asalten este banco ahorita por favor. Si escuchas las palabras "Buenas Tardes" usted jura que lo que sigue es: esto es un asalto. Casi siempre se sale ileso.

A todo esto hay que sumarle las veces a la semana que se caen las plataformas de las operadoras telefónicas. Si llueve adiós Direct TV, saque su libro y culturícese. Igual si hay una cadena. Eso sí, al finalizar la cadena debe leer algún titular, es posible que hayan tirado alguna ley o decreto que haga imperativo salir corriendo al supermercado más cercano y llenar ese carrito hasta los teque-teques. O a lo mejor son neveras lo que tiene que comprar. O carros. O equipos para impermeabilizar. Aires acondicionados. Pasajes aéreos. Whisky. En todo caso sea lo que sea que se pueda acabar usted tiene que tener y mucho. Siempre lo puede vender, porque algo tiene que quedar pa papáaaa.

Además hay que aprenderse el cronograma de corte agua. Guardar para no andar con mal aliento por ahí los días que no hay, ni tener que estar gastando un pote de Minalba en eso. Llena su tobito y listo. Y al sol de hoy, añadimos una cosa más, el racionamiento de la luz. Hay que adivinar a que zona pertenece uno y cuadrar las horas en que no habrá luz, porque bien bonito que lo agarre a uno con la ropita a medio planchar. También hay que aprenderse los horarios de las cosas que hace uno. Qué bancos tienen luz. Qué oficinas estarán trabajando. Cómo va a uno a la peluquería si el secador no prende, si la manicurista no le ve bien los dedos. Hay que saber a qué pana con planta eléctrica se le puede pedir el favorcito de que guarde ese chorizo que se nos va a echar a perder. Además ahora habrá más caos en las distintas zonas a la hora de los cortes, y más choros en las zonas que se quedan sin luz de madrugada.

Y todo eso sin mencionar los conocimientos que uno tiene que tener para las actividades extraoficiales. Como por ejemplo sacarse pasaportes o cédulas. Uno tiene que saber primero si atienden por el primer o por el último número de la cédula y qué día toca. Uno tiene que saber si hay material. Si es por cita. Si la cita es por internet. Si la página funciona. Si funciona a toda hora o hay que meterse los fines de semana. Si hace falta un gestor. Si más bien con gestor a uno le tiran bola negra. Si las citas se respetan o hay que llegar a las 5 de la mañana caiga quien caiga.

Y hay más, para cada cola que uno hace uno tiene que estar mosca de posibles rateros, posibles asaltantes y posibles vivos que se quieran colear poniendo cara de imbéciles. Uno siempre tiene el "la cola empieza allá" o "primero está el señor y después estoy yo" en la punta de la lengua. Si va a tramitar unos dólares cadivi necesita más carpetas que el sistema operativo de Microsoft. Uno tiene que estar pilas siempre que no lo esté jodiendo el carnicero, el panadero, el que pesa las frutas, el que le trae la cuenta en el restaurante, el que le arregla el carro, el que le cambia el cartucho a la impresora, el que barre la calle afuera de su casa que seguro le tiene el ojo puesto.

Además tiene que aprenderse una palabra nueva que tiene que ver con un cuento que si no se lo sabe desde el principio no entiende: trocha, dólar permuta, dólar cadivi, caracas segura, revocatorio, reafirmazo, primaria, escuálido, oligarca, misión, paro, cacerolazo,fascista, constituyente, bicha, en fin…

Yo lo siento. Pero para vivir así hay que ser como el protagonista de Mentes Brillantes. Escuchar voces. Y nadar en números.


 


 


 

martes, 12 de enero de 2010

No me dejes nunca. Nunca. Nunca.


 

Cerré los ojos. Siempre cierro los ojos. No sé por qué. Me da la sensación de que si los abro voy a perder la cordura. Me va a doler más. Voy a pegar ese grito que tengo apagado en la garganta. Le pregunté ¿Alguna vez te han mordido? Sí. Me contesto. Después dijo, me imagino que no al propósito. Excelente, pensé. Una cosa más que tengo que pensar en no hacer. Porque me dolía y a pesar de que yo a ese dentista lo amo, las ganas no me faltaban.

Mis oídos pendientes, ansiosos de escuchar el zumbido de algún taladro para avisarle a los abdominales que era hora de pegar un brinco. ¿Duele? Me preguntaba a cada rato. No. No me dolía. Me dio cosa que me pasara como cuando el carro no prende y justo al llegar al taller mecánico el coroto arranca como si fuera una nave creada por George Lucas. Hasta que dio en el clavo. Un gemido. Y lo que siguió, la explicación de las posibilidades.

Puede ser que esté infiltrada la corona, me dijo tranquilamente. Es posible que se haya muerto el nervio. Si el nervio murió, y aquí vino lo peor: hay que hacer tratamiento de conducto. Lo dijo. Tratamiento de conducto. Te jodiste pajarito. El 2010 arrancó con todo. Eso te pasa por andar por ahí con una corona cuando no eres miss, ni princesa de Asturias. Pero primero había que hacer una radiografía y ver si de verdad el nervio estaba vivo o muerto.

Al cabo de unos cinco minutos llegó con las placas en la mano. ¿Se murió? Le pregunto. Seguramente esta había sido la escena más dramática de su carrera. La verdad es que lo entoné como si fuese la protagonista de una novela mexicana. Me faltó decirle: dígame la verdad doctor, dígame si Ana Paula Martínez del Olmo, se puede salvar.

El pronóstico es incierto. Pareciera que el nervio sigue con vida, pero una sombra en la parte baja de la placa indica que ha sufrido un daño y no sabemos si es demasiado tarde. Hay que quitar la corona. Poner una provisional. Y esperar. Los próximos 7 días son críticos.

Procedió a quitarme la corona vieja. La verdad no fue ni tan doloroso como esperaba, ni tan "nooo vaaaaaleeeeee" como me había dicho la enfermera. Irónicamente como siempre, el pinchazo de la anestesia fue digno de un buen "EL coño de la madre". La corona vieja estaba pegada como Chávez a la silla de Miraflores. Por un momento la imaginé diciendo: de aquí no me saca nadie. Hubo que romperla. En varios pedazos. Dándole golpes con un martillo. Mosca con los otros dientes le dije. Después del martillo vino un taladro que yo creo que sacó de la reventa de equipos de las petroleras expropiadas. Y después de lo que pareció una eternidad, la palabra que tanto esperaba: SALIO.

Y así salimos del consultorio. Con corona provisional. Con estampita en mano. Con escapulario al cuello. Prometiendo a cuanto santo hay en el calendario ayudar a los niños en Calcuta. A los huérfanos del tsunami. A las víctimas de las heladas de Noruega. No decir groserías más nunca. No hablar mal de la gente. No comer postre después de las 4 de la tarde. Carbohidratos después de las 6. Así hago penitencia y rebajo. Lo que se llama matar dos pájaros de un solo tiro. Ir a misa. Volver a misa. Hacer favores. Ordenar el cuarto. No gastar en cosas superfluas. Honrar padre y madre. Y bueno es posible, depende de cómo vaya la semana, que metamos algo sobre actos impuros.

Eso sí. Mi dentista es un duro. Y si antes lo amaba ahora lo venero. Y si alguien puede salvar la muela es él. Cada cinco minutos me preguntaba si me dolía. Me puso más anestesia cuando chillé. Me dijo que lo llamara cualquier cosa. Nada de "te vas a poner así por un diente." Me dio una clase cuando le pregunté por qué tenía que hacer lo que iba a hacer. Con toda la paciencia me explicó el tratamiento de conducto, sin esa arrogancia de algunos médicos que sienten que no tienen tiempo para perder con gente que no sabe de qué está hablando.

En fin, por ahora hay que ver, porque si Ana Paula Martínez del Olmo pierde su nervio. Habrá muerto. Y el lunes que viene no me quedará otro remedio que abrir la boca hacia ese viaje del que no hay retorno: tratamiento de conducto.

Mientras le canto aquella canción de Juan Gabriel: No me dejes nunca. Nunca. Nunca. Te lo pido por favor.

lunes, 11 de enero de 2010

Abre Grande


Hay cosas en la vida que a uno se le van volviendo difíciles. En mi caso hay tres que particularmente me atormentan. Una por el dolor que causa al alma, la otra por el dolor físico, la tercera por el hecho de no tener ningún control sobre ella. Son, en ese orden: Los adioses. El dentista. Los aviones. Pensar en esas cosas me pone mal. Evado constantemente pensar en ellas. Cuando las enfrento no sé cómo voy a reaccionar. He llorado. Me reído. He ignorado la situación. A veces he quedado muy mal y me he comportado en forma tal que el que me vio seguramente juzgó: qué inmadurez tan grade. Cómo una persona de esa edad se comporta de esa forma. Pues que armen su libelo y me demanden. Lo cierto es que esas tres cosas me causan miedo. Miedo incontrolable. Y bajo la batuta del miedo uno no sabe cómo va a reaccionar.
Mañana me toca enfrentarme a una de ellas. La segunda. Sí, ya llamé y tengo cita con el dentista. Debido al miedo que me causa tengo como regla ir una vez al año. Tal como lo recomiendan, aunque ahora están diciendo que es cada 6 meses. Pero cuando salí en estado decidí que no iba a ir. ¿Por qué? No sé. A lo mejor es mi condición de rebelde con demasiadas causas. El libro, o mejor dicho la biblioteca que me tragué sobre embarazo y parto, decía que es importante ir al dentista cuando uno está esperando un bebé. Resulta que no sólo te pones como una versión bípeda de Moby Dick, sino que todo el organismo se jode. Ahora las vitaminas van para el chamo y a ti que te resuelvan el rollo en atención al cliente, pero lo que es el organismo, no puede hacer nada. Pero yo no hice caso. No fui. Me dije a mí misma: soy guerrera. No tengo que ir.
Pero ya a mediados de octubre habían pasado unos buenos meses sin acudir al odontólogo y la verdad, sabía que mientras más alargaba la visita, peor sería al acudir. Así que llamé e hice mi cita. Dos días antes la cancelé. O mejor dicho, no la cancelé. La pospuse. Dije: mira, no tengo quien me cuide a la chama (mojón, mi mamá me la podía cuidar), ¿podría ser en un par de semanas? Me la dieron. A las dos semanas me llamaron. Se me había olvidado. Esa vez de verdad no podía. Entonces, quedó para finales de noviembre. Ese mismo día me entro la cagurria y no fui. Llamé. No embarqué así sin anestesia. Pero no fui.
Resulta que hace un par de semanas estaba comiéndome algo que ahora no recuerdo, pero sentí que algo extraño, en nada parecido a la sensación que debía producir lo que me estaba engullendo, nadaba por mi boca. Lo escupí en mi mano de la forma más delicada que pude. Lo primero que me vino a la mente fue “mierda, esto estaba viejo. Me intoxiqué.” No sentí ningún dolor. Pensé ¿y si es un pedazo de diente? Eso ya me había pasado una vez hace varios años. Estaba comiendo Yuca Fita Gui-Gui y de pronto ahí estaba sobre la palma de mi mano la mitad de una mis muelas. Sí seguramente estás pensando “ssssssssssssssss, aaauuuccchhh” pero no. No sentí nada de dolor, la fractura fue perfecta, justo antes de privarme y ponerme a pegar gritos cual mono araguato. Esta vez tampoco dolió. En el momento.
Conforme fueron pasando los días comencé a sentir sensibilidad con el frío. Al principio ni pensé en el incidente. Me dije, aquí vas otra vez huesos de pollo, una caries más para el libro. Esa soy yo, un cuerpo adorado por piojos, caries y mosquitos. Si la vina pica, a mí se monta. Punto. Me deberían usar como señuelo para insectos en la facultad de ciencias biológicas de la Universidad Central. Así que empiezo a llamar a mi dentista. Ni contestadora. Ni out-of-office reply. Nada. Niente. Rien. Nothing. Nada más un “tuuuuuu-silencio-tuuuuuu-silencio” como si el tono sin respuesta me quisiera decir: “aaa, túuuuuu, no viniste a la cita. Embarcaste. Jodiste. Ahora te calas tu dolor de muela. Quién te manda.” Y de repente me vino el incidente. Me recordé de la masa blancuzca que días antes había estado en mi mano. Ya era seguro: me había jodido un diente. O era un pedazo de muela lo que tenía en la mano, o la cosita esa que te ponen para las caries o para proteger el diente. Pero algo se salió de su lugar y me lo estaba haciendo saber. Al día de hoy no puedo dormir de noche. Si tomo algo que está a otra temperatura que no sea ambiente me toca reinventar todas las groserías que se han dicho. Y lo más bello de todo es que estoy dando pecho y me tengo que consolar con Atamel. Bello pues.
Hoy es lunes 11. La realidad volvió de vacaciones. O está intentando. Por fin me atendieron. Me suspendieron la ley del hielo. Me van a ver mañana en la mañana a primera hora. Si es que el doctor llega. Un amigo me dijo una vez que no confiara en nadie que hubiese escogido como profesión meterle las manos a otra persona en la boca. Me lo tomé en serio. No es que no confío. Es que tengo pavor. Y este dentista es el único al que dejo acercarse a mi boca. Los demás serán muy buenos, pero no son el mío. Este para mí es como un superhéroe. El efecto que a los 8 años produce en nosotros una capa y un antifaz, lo logra una bata y un tapabocas a los 30. Yo a este lo espero a que regrese el tiempo que sea. Así tenga que pedir dientes prestados para comer.
Pero aún así me da miedo. Y más porque antes iba sanita. Ahora me puyan seguro. Me taladran porque sí y mosca y tengo que escuchar esas tres asquerosas palabras: Tratamiento de conducto. Las mismas que escuché cuando la Yuca Gui-Gui las que me llevaron a entender, viendo el techo de un consultorio con mientras mi boca parecía un alcantarilla en plena reparación llena de tubos y taladros que las coronas son para las misses, no para los dientes.
La vida si es perra. Te permite rechazar tus miedos. Evadirlos. Para luego hacer que de un día para otro los llames a gritos.
Mañana a las 8 de la mañana piensen en mí, estaré en la camilla esa y no lo duden que cual niña de dos años se me saldrá una lágrima silenciosa cuando escuche las palabras: “Abre grande.”

domingo, 10 de enero de 2010

Kit de Lavado de Estómago


Hoy es el último día de vacaciones. Mi esposo me lo viene recordando como cuando uno a los 9 años le recordaba a su mamá el día de su cumpleaños. Faltan 21 días para mi cumple. Faltan 12 días para mi cumple. Faltan 8 días para mi cumple. No espérate, mami ¿Cuántos días faltan para mi cumple? Así ha estado mi esposo esta semana. Hasta que hoy se levantó y lo primero que dijo fue: ¡Noooo! ¡Quiero dooorrmiiiir! Hoy es el último día de vacaciones.

Fuimos a desayunar y mientras yo hablaba y hablaba como un perico con sobredosis de cafeína, él estaba silencioso y cada cinco minutos decía: que ladilla ir a trabajar mañana. En cambio yo si tengo ganas de que se acaben las vacaciones. No es sólo que me lanzo de nuevo a mi proyecto. Que mañana empiezo el nivel III con Roberto Mata (me muero de la emoción) o que me salió otro encarguito literario por ahí. Sino que realmente esta vida de vacaciones no la aguanto por más tiempo.

En primer lugar, ya estuvo de ver tanta televisión. El contenido es cada día peor. De verdad debe haber un complot en algún lugar del mundo para embrutecer a la gente, salvo por tres o cuatro canales como Management TV y Nat Geo. De resto, da pena ajena. Los canales infantiles ni se diga. Pasan unos culebrones que son dignos de venevisión a las 9 de la noche. Hay una cuestión que se llama algo así como Isa TQQJ. Lo que ahora llaman "novela infantil". Es como decir "cigarrillo naturista." Un espanto. Un horror. Sí. Sé que sueno como si tuviera 80 años, vieja total. Pero es verdad. ¿Qué le puede pedir uno a las nuevas generaciones si eso es lo que se están metiendo en el cerebro? Y si es un fin de semana es peor. Sábados y domingos es para gente más bruta todavía. Las películas son peores. Los programas son más decadentes. Pareciera que en las reuniones de programación dijeran:

- Esta es una mierda que nadie vio. Bueno, la vieron el director, el productor y la mamá de cada uno de ellos. Las esposas dijeron que ni de vaina se la calaban.

- Aprobado. Sábado a las 9 de la noche. Así el que anda varado en su casa los primeros días de enero, un sábado. Que aprenda carajo. ¡Hay que salir!

Después está el tema de que el cine es lo único que hay que hacer. Entonces para ir uno tiene que haber reservado dos años antes. Así tengas las entradas numeradas, precompradas, etc… tienes que hacer una cola para pagarlas, con una máquina que te las escupe y te las tira al piso. Si no las encuentras te jodiste. Las cotufas que haces una hora y media de cola para comprar, vienen sin sal. Te das cuenta cuando por fin pusiste la posadera en la butaca. Pero ya no sales, porque cuando entraste la película ya había empezado, y si te pusieron cara de culo por llegar tarde, por salir y volver a entrar te van a tirar cosas. Te la calas.

Hay otros planes, claro. Pero de verdad ¿Cuánto ejercicio se puede hacer en diciembre? En diciembre no provoca hacer ejercicio. Provoca solamente una cosa: Jartar. Sí. Ir a comer helados. Ir a comer panquecas. Ir a comer italiano. Ir a comer tortillas. Ir a comer mexicano. Ir a comer italiano, otra vez. Hacer pasta. Comer queso que te trajeron los que viajaron. Comer chocolate que te trajeron los que viajaron. Desayunar cachito. Comer pescado. Comer torta. Brownies. Nutella que te compras porque no joda, el automercado está pelado y no quedan sino vainas importadas. Entre un maní de 100 mil bolos y la Nutella. Tú te vas por la Nutella. Están las hallacas rezagadas. Los bollos. Las arepas. Hay toda clase de huevos. Frutas, vegetales y cosas integrales, todas se ven asquerosas y prohibitivas. Este mes no es para eso. Este mes es para bajarse la lata de torontos. Tomarse dos copas más de vino. Y el panettone Dio. ¡El Panettone!

Te regalaron galletas y polvorosas y no quedó una. El 31 hicieron un menú de tres platos y no te le comiste. Sino que a pesar de que comiste tarde y sabes que después de las 9 no es recomendable atragantarse. Repetiste. Y aunque el botón se te reventaba a las 12 te embuchaste el poco de uvas. Casi te ahogas con las pepas. Escupiste la frase Feliz Año. Aquello era un asco. Pero había que comer. Y después vino la champaña que maldijiste el 1 de enero. Pero el 2 estabas otra vez al pie de cañón diciendo: "Sírvete un whiscacho puejjj!" O peor "me trae un solera azul." Porque ese estómago aguanta. Porque ese pantalón es strech. Porque la silueta esbelta es una frivolidad y diciembre es el mes del amor y de la belleza interior. Porque la vida hay que gozarla. Porque hay que bailar y disfrutar los fuegos artificiales. Porque Chávez se está tirando una medida que sólo la entienden Mi Pequeño Pony y Takupai, pero no importa. Ahora lo que importa es la empanadita de cazón. El vinacho. La ración de tequeños. Un posctrecito que no cae nada mal.

Yo no puedo más. De verdad. Por un lado da flojera volver al mundo real. Por un lado es rico estar quemadito. Dormir hasta tarde (lo que se puede con un bebé que no tiene ni 6 meses). Pasar días en pijama. Inventar un plan todos los días. Desayunar fuera, sin excepción de lunes a viernes. Dejar la dieta para un día X en el futuro. Que el teléfono no suene si no es para hacer un plan, o para escuchar las palabras Feliz Aaaaaño, tanto tiempo. Pero ya estuvo. Si sigo así no tendré otro remedio que lanzarme de cabeza al Guaire. Como un verdadero desperdicio.

Pero como ya mañana me llega mi dosis de realidad, lo único que puedo pedir para este comienzo de año, es un kit de lavado de estómago. No respondo por lo que se pueda conseguir allá adentro. Si uno de verdad es lo que come. Me toca verme al espejo y decir con toda propiedad ¡Qué mierda!

viernes, 8 de enero de 2010

Sabiduría Musical y a Cantar las Penas


Hoy me despierto. Clarissa come a las 6. Trato de volverme a dormir. A las 7:30 es inútil. No vuelvo a conciliar el sueño. Me disponía a postear sobre un tema que tenía en la cabeza desde hace días. Ya no recuerdo cuál es porque apenas abro Word me encuentro pensando en una canción de Perales:

- Si tú te vas. Que seas feliz. Te olvidarás. De lo que fui. Y yo en mi ventana, veré la mañana, vestirse de gris.

Y me pongo a pensar. Ok. Perales es pavoso, pero dice cosas interesantes. Hay tantas canciones que nos dicen cosas que marcan. Es lo que llamo sabiduría musical. Lo que yo admiro de los cantautores que transmiten cosas importantes con sus canciones, es que a diferencia de los narradores, logran hacerlo de manera breve y concisa. Incluso, muchos pueden contarte toda una historia, de principio a fin, en un par de estrofas y un coro. Como por ejemplo Jeremías con su canción 1 y 1 es igual a 3. Te echa el cuento de varias parejas que se montaron cachos y cómo se los descubrieron. La que cachó al marido con la carajita en el carro. El que se encontró al mejor amigo con la mujer (y terminó pegándole un tiro). En fin. Lo cierto es que yo me encuentro repitiendo frases, pidiéndolas prestadas muchas veces, para terminar, comenzar o apoyar cosas que escribo. Me encantaría tener ese talento. Más de una vez soñé con tener un afiche en el que saliera mi cara estilo American Idol. Micrófono en mano. Boca abierta. Cara apasionada. Cantando. (Una canción propia, claro.)

Pero entre canciones importantes, está siempre por ejemplo Fito Paez. Su canción Al Lado del Camino, está llena de frases que me encanta utilizar. Algunas como:

- No es bueno nunca hacerse de enemigos, que no estén a la altura del conflicto.

No puedo explicar cuántas veces se aplica esa frase a mi vida. Desde Chávez hasta cada imbécil con que me he topado, que al final del día te das cuenta que simplemente, no vale la pena.

Después está que si U2. Yo nunca le he parado mucho a U2. Ok. Cáiganme encima. No entiendo tampoco el furor de U2. A mí me gusta, pero no tengo un exacto en mi mesa de noche para cortarme las venas por los tipos. Qué puedo decir. Ahora, hay una canción que se llama One, a la cual yo no le paraba mucho. Después me llamó la atención el hecho de que es una de las canciones que más se toca en bodas. Las parejas se la dedican y tal, y me dio curiosidad ver qué decía. Pues resulta, (cosa que prueba que la gente no escucha y no pone atención) que la canción es sobre una ruptura. Pero es realmente la mejor canción de ruptura que he escuchado en mi vida. Dice cosas como:

- ¿Te decepcioné? ¿Te dejé un mal sabor en la boca? Actúas como si nunca hubieras tenido amor, y quisieses que yo tampoco tenga. – Osea, el que ha tenido problemas con una pareja no puede más que decir: ¡DIOS! Y de allí sigue a decir algo, que en mi vida tiene dueño:

- Bueno. Esta noche, ya es demasiado tarde para arrastrar el pasado a la luz. Somos uno, pero no somos el mismo, y tenemos que cargar el uno con el otro.

En español es raro. Pero no deja de ser igual de cierto. De verdad que cuando escuché la canción cambió mi visión de Bono. Qué increíble manera de expresarse. Se lo comenté a mi esposo quien me dijo, que la canción se la escribió a su padre, con quien tenía una pésima relación. ¿Qué tal?

Después hay unas menos profundas como una de Ace of Base que es una frase que me encanta: Continúa sonriendo, y el mundo sonreirá contigo. Sí, es una frase de Agenda Floripondia 2010, pero es bonita igual.

Alejandra Guzmán. Esa es otra que tienen unas frases excelentes. Desde Mírala, Míralo, la canción de la mujer que se encuentra al tipo con otra en su propia casa y se queda viéndolo. Y le perdona los cachos. "Es fácil perdonar cuando se quiere de veras. Tendría que gritar, pero me muerdo la lengua." Creo que 50 o más situaciones en mi vida, he podido decir eso. Micrófono en mano. Después tiene la de Mala Hierba, la que no deja piedra, sobre piedra. Otra que amo que es Libre: "punto intermedio entre un loco y un cuerdo. Allí me encuentro yo." Ese es mi himno. Pero si de Alejandra Guzmán hay que recordar una canción tendría que ser "Hacer el amor con otro. No. No. No." Mejor que eso. Difícilmente se pone. Y lo más heavy es que esta canción es de una mujer que está con otro, y extraña al viejo ardiente amor. Mosca pues.

En cuanto a los pavosos mexicanos, y no puedo creer que lo meta aquí, está una canción de Luis Miguel que me encanta. Es de las viejas, se llama Soy Como Quiero Ser. Esa canción dice algo muy sencillo "Soy. Como quiero ser. A nadie impongo mis ideas. Y respeto las de cada quien. Por muy extrañas que sean. Por eso soy como quiero ser. Y amo la libertad, de vivir como yo quiera." Osea. Otro himno para mí. Amo esa canción.

Y así como Luis Miguel dice algo con esa canción y con una que otra romanticona, para qué negarlo, hay cantantes como Madonna y Maná, que son chéveres, pero no me dicen nada. Maná no puede escribir una canción que no tenga las palabras: Diablos. Religión. Amor. Aaayyyy. Es que por favor, hasta las de interés colectivo: ¿Dónde diablos jugarán los pobres niños? AAAAYYYY" Al pana no se le pudo ocurrir otra cosa. De verdad. Y Madonna, una nota, pero de verdad X. Like a prayer fue bomba por el video. Es una cantante que tiene que agarrar la canción de amor y darle una lata a un venado, porque si no, no dice nada.

Y ni hablar de Cristian Castro, "este amor es Azul como el mar." Biiichooo, ¡esa lumpia es verde como el Ávila! Y lloran las rosas porque no hayas qué fumar. Ahora uno las baila (y lo confieso) como si fuese Schopenhauer con guitarra y batería. Pero Cristian tiene esa canción. Esa que ponen en fiesta que se respete, la que dice: "Cada momento. Voy tropezando en el salón, y es que no queda nada entre los dos" "No podrás. Olvidar. Que te amé. Como yo nunca imaginé. Estaré en tu piel. Cada momento en donde estés." Yo a los 17 me cortaba las venas con esa mierda.

Otro ícono para mí de la filosofía musical es Elefante. Es más, le cambiaría el nombre a este blog y le pondría Elefante. Yo tengo una canción de Elefante para cada época de mi vida. El Abandonado "Anoche pude ver cuando te fuiste. Solito(a) me quedé y no dije nada." Mentirosa "Pero no me digas nada, aquí el tonto(a) he sido yo. Mentirosa(o). Traicionera(o)." "Yo contigo no regreso aunque me muera." Después está una que no recuerdo el nombre, pero que habla de una pareja que ya está al borde: "De nada me sirve estar contigo. Sintiéndome solo y perseguido. De nada me sirven tus palabras que no dicen nada De nada me sirve una salida si te has adueñado de mi vida. De nada me sirve esta batalla." ¡Qué bolas! Elefante tiene miles. Tiene Vamos, que es otro himno. Así es la Vida, que quizás sea la más famosa. Pero la que más me gusta, se llama De la Noche a la Mañana. El que se ha sentido mal alguna vez, se identifica con esto, porque, wow, cuando dice "Y se detiene el tiempo en tu cara. Y se te acaba el cuento de hadas. Y se te mueve el piso, el cielo y no sabes ni cómo te llamas. Y sientes que la Virgen te habla. Sientes que el silencio te embriaga. Y quieres gritar y gritar y gritar y no encuentras palabras."

Tengo que parar porque puedo seguir en esto horas, de horas. Páginas, de páginas. Itunes tiene casi 3 mil canciones, y muchas vale la pena citar. Algunas como "No soy una señora. De una conducta intachable en la vida." Y voy viendo tantas frases que me gustaría recordar y no puedo evitar pensar que una sección importante de este blog, se llama Ciudad de la Furia, por Cerati. Y el mismo blog, aunque detesto a Arjona que canta puras idioteces, se llama Ayúdame Freud, porque desde que escuché esa canción, cada vez que me pasaba algo loco decía ¡Coño, Ayúdame Freud! Y bueno de que influyó, influyó. Por eso, es que no hay sabiduría como la musical. Gracias Arjona. Gracias Cerati. A todos. Gracias. Porque si no pudiéramos cantar las penas. Ahí si estuviéramos jodidos.


 

miércoles, 6 de enero de 2010

A V A T A R


De mala gana y por compromiso, esta tarde salí de mi casa rumbo a ver Avatar. La verdad no tenía ningunas ganas de ver otra película de James Cameron, después de lo que fue el fiasco cinematográfico más grande que he vivido. Ya no recuerdo el año, pero fue no hace tanto tiempo que me robó tres horas o más de vida. Era una historia idiota, donde unos personajes que daban pena, servían de excusa para que un cineasta partiera un barco en dos.

No quería ir porque me esperaba lo mismo. Unos animales corriendo por una selva. Un montón de efectos, muy buenos, pero X en cuanto a contenido. Naves. Tiros. Lo mismo de siempre. El hombre malo que quiere destruirlos. Unos parlamentos idiotas de "ustedes no comprenden nuestra especie." "sí, pero yo soy uno de ustedes ahora." "yo te amo" "pelearemos hasta la muerte." "hemos vencido." "puede besar a la novia." FIN.

Pero estaba equivocada. Muy equivocada.

Ciertamente AVATAR tiene mucho de lo que menciono en el párrafo anterior. Pero la verdad es que es una película impecable. Puede ser que los parlamentos no sean para que uno saque una libreta y comience a anotar frases para el recuerdo, pero lo cierto es que la historia está muy bien pensada. Tiene un mensaje que va mucho más allá del clásico: el hombre no entiende nada. Destruye todo. Lo que yo me esperaba en un principio.

En primer lugar se nota que esta es una película "verde." El tema ecológico está por todos lados. Y las imágenes están tan bien logradas que uno de entrada se enamora de la flora y la fauna de ese lugar que Cameron llama Pandora. Cada ser es extraño, pero a la vez se asemeja a muchas especies de las que tenemos en la tierra. Como por ejemplo el rinoceronte que tiene la cabeza como un tiburón martillo. Sencillamente brillante, porque a uno le llega.

Otra cosa son las cascadas. Las flores que brillan como el plancton. Cada animal además es único, uno nota la diferencia entre los miembros de una misma especie. Se nota que la película fue hecha con atención al detalle y no por salir del paso. Este es un director que realmente quería crear un nuevo mundo y no desarrollar un entorno para que cuatro personajes echaran ochenta tiros y salieran volando unas naves espaciales.

Otra de las cosas que me llamó mucho la atención, es que con esta película James Cameron, a mi juicio, hace una crítica directa sobre la manera como los Estados Unidos, sobre todo la administración Bush (hay un personaje que a mi modo de ver claramente es Bush), enfrentó lo que ellos llaman "La Guerra contra el Terrorismo."

La película profundiza sobre lo que significa atacar una cultura que uno no conoce. Sobre las consecuencias que puede tener el hecho de que una civilización, que se siente superior por el simple hecho de manejar tecnología de punta, puede tener sobre un planeta en general. Y lo importante que es entender que hay cosas que para otras personas, para otras culturas son sagradas, y que para entenderlos hay que sumergirse en ellas. Que por más poderoso que uno sea la única manera de entendernos es dialogar y respetarnos mutuamente. Y sobre todo, que hay gente que está dispuesta a hacerlo. Los indiferentes no son todos. No se puede generalizar.

La verdad es que vivimos en un mundo complicado. Por donde uno lee hay desastres. Como dice Fito Paez son tiempos donde nadie escucha nadie. Tiempos donde todos contra todos. Tiempos donde siempre estamos solos. Y al único lugar al que eso nos puede llevar es a donde todos terminamos por aniquilarnos los unos a los otros. Todo por una diferencia de opinión. Por maneras de ver la vida, que en la superficie parecen muy diferentes, pero que cuando uno profundiza se asemejan considerablemente.

Yo sé que quizás este sea un mensaje que no toma muchas cosas en cuenta. Que el problema entre las diferencias entre oriente y occidente es complejo. Que ambos se sienten amenazados y deben defenderse. Las soluciones no son fáciles. Pero en general poca gente hace el esfuerzo de entender otras culturas. Creo que para las nuevas generaciones va a ser necesario abrir la mente. Intentar entender que hay cosas que se deben respetar. Este planeta es de todos y nos guste o no vamos a tener que compartirlo.

En todo caso, Avatar, es una película excelente. Y aunque uno no quiera profundizar uno pasa un rato agradable, cosa que al final es el meollo del asunto cuando uno va al cine. Sin embargo, los mensajes están allí. Bravo por Cameron. Eso es lo que llamo un artista. Eso es usar la creatividad. Hacer una obra y sin que el espectador lo note, llevarlo a navegar por las aguas profundas del pensamiento.

martes, 5 de enero de 2010

¡Me Mentiste!


Hay una canción viejísima de Paulina Rubio que dice: Él. Él Me engañó. Es perfecta para uno de esos despechos causados por un majarete que se termina yendo con otra. Para un novio que un día confiesa que no nos quiere más. Que después de toda la paja de los hijos que iba a tener con una. De los viajes en los que nos iba a llevar. Los amigos que nos iba a presentar. Un día simplemente. Se va. Y adiós luz que te apagaste.

No hay nada como esas decepciones. La pérdida de las ilusiones es algo que se paga muy caro. Eso me decía un profesor en el colegio. Una cosa son los sueños y otras las ilusiones. Porque las ilusiones siempre por una razón y otra terminan desvaneciéndose. La realidad no se ajusta. Y uno se siente vacío.

Es por eso que la niñez es tan linda y que la adolescencia es tan complicada. Es ese momento de la vida en el que uno abre los ojos y se da cuenta de que la gran mayoría de las cosas en la que creía eran disfraces. Imposibles. Y bueno. Mentiras.

Al menos así lo está tomando el sobrino de una amiga. Resulta ser que este chamo tendrá unos siete u ocho años, hace un par de meses, cuando comenzaba el tema navidad por todos lados, llegó del colegio y le dijo a su mamá eso que todos le dijimos en algún momento de nuestras vidas:

- Mamá. Me dijeron en el colegio que Santa Clos no existe.

El chamo no se lo estaba cuestionando. Lo decía más bien como qué idiotas son los niños de mi colegio. Es decir, el chamo creía realmente. Creía en la mamá y el papá. Pero la mamá decide que es inútil luchar contra la naturaleza humana. Contra el primer gordinflón que se entera, al día siguiente en el colegio va y se lo dice a los demás. Arrecho con la vida. Así es el hombre. Si yo me jodo, que se jodan todos. Además no importa la edad que tengas, el tener la primicia te hace poderoso. La información es poder. Además si el chamo se aferra a la creencia lo van a joder más todavía. Se van a burlar. No va a traer nada bueno. Ya es hora.

De modo que la hermana de mi amiga decide decirle la verdad:

- Sí hijo. No es que no existe. Si no que bueno esos regalos cada año, te los ponemos tu papá y yo. En realidad no hay Santa, sino que somos nosotros.

A esto el chamo se queda en silencio y luego le dice:

- ¡¿Quéeee?! ¿Tú me estás diciendo que me mentiste?

- Bueno no tanto así hijo. No fue que te mentimos. – Le dice nerviosa la mamá sin saber qué decir.

- ¿No? Y todas las cartas que escribí. Todos los vasos de leche. Todas las galletas. ¿Tú sabías que él no las iba a recibir?

- Bueno hijo. Es que como te estoy diciendo éramos tu papá y yo. Porque es que Santa como tal, de verdad no existe.

- ¿Eras tú? No lo puedo creer. Entonces me mentiste. ¿Y cuándo íbamos al centro comercial a tomarnos la foto?

- Bueno hijo. Ese era un señor disfrazado.

- ¡Nooo puede seerrr! ¡Me mentiste! ¡Me mentiste!

A todas estas la chama no sabe qué hacer. Cómo se sale de esa. Cómo se le explica al hijo. El niño estaba indignado, la pobre pensando "mierda. Seguro el Unabomber empezó así. ¿Será que tengo que llamar a un psicólogo? Para los dos. He jodido a mi hijo de por vida."

Al final después de un rato el chamo le dice:

- ¿Igual voy a recibir cosas este año?

- Claro hijo. Como todos los años- Le dice la mamá.

- Está bien. A mí siempre me ha gustado todo lo que me trae. – Y el chamo se fue a jugar. No tocó más el tema.

El cuento es extraño. La conclusión es que al final uno acepta. Y más cuando se es niño. Como que ellos aceptan las cosas más fácilmente. O será que el materialismo es tal que ya no importan los sentimientos. Lo que queremos es que estén allí los regalos. No sé. Yo no lo veo tan así. Yo creo que al final, uno aunque pierda la ilusión. Sigue creyendo. Al menos yo soy así.

Esta semana que el supermercado estaba pelado que parecía Kosovo, hice una compra para apertrecharme para estos días y no tener que estar después queriendo hacer limonada sin limón. Así que me voy al super, no tenía nada de efectivo y pienso: allí hay un cajero, aprovecho y saco. Después de hacer la compra voy a sacar, para darle al chamo de las bolsas. Y cero. Le faltó poner en el pantalla un mensaje que dijera: no te vistas, que no vas. Así que le digo al chamo, "mira si quieres llévame hasta el carro, pero no tengo nada de efectivo. De repente un cesta ticket. Disculpa." El chamo de lo más buena nota encoge los hombros y me dice: no le pares.

Me está metiendo las bolsas y yo estoy poniendo mis cosas en el asiento de adelante y salen, de un libro que había metido por casualidad en la cartera, 20BsF. Los tengo a veces escondidos para emergencias. Pero jamás en un libro. Casi siempre dentro del mismo carro o en el estuche de maquillaje.
Así que le digo al chamo:

- Mira. Apareció Santa Claus. – Y así le doy su buena propina y aguinaldo. Por haber sido pana. Por haber creído.

Así que uniendo los dos incidentes pienso. Que quizás efectivamente Santa Claus no exista. Pero a veces. Cuando menos te lo esperas. Aparece.

domingo, 3 de enero de 2010

Hogar de Ancianos: La Mierda


El Hogar de Ancianos la Mierda es una idea que terminó de tomar cuerpo esta semana. En realidad todo comenzó hace bastante tiempo, cuando hablando con Juan decidimos que de viejitos, nos internaríamos en el mismo ancianato. Así podríamos pasar nuestros últimos días echando los chistes de siempre. Torturando a las enfermeras. Intrigando con los demás viejos. Leyendo. Escribiendo. Peleando. Se nos ocurría una buena opción para dejar en paz a nuestros hijos y no tener que pasar el ocaso de la vida con una nuera o yerno que cada vez que nos caguemos en la cama diga: Qué ladilla con tu mamá. O una enfermera que cuando tengamos el ataque de tos esté hablando con un novio por teléfono. Leyéndonos una revista estúpida. No. Viejos. Pero con dignidad.

Después lo del Hogar de Ancianos La mierda se puso más crudo. Se apuntó a la lista otro inquilino. Mi Cuñado. La Cumadre, como le decimos cariñosamente por lo parecido que es (de personalidad) a una conserje gallega. Él llevaba tiempo diciendo que una de mis perras estaba demasiado vieja para seguir viviendo. Que ya no era feliz. Que se le había acabado la vida y que había que ponerla a dormir. Nadie le paró mucho hasta que hace año y medio a mi mamá le dio la peritonitis. En medio de su depre post-anestesia decidió que una salud precaria era algo que no se le deseaba a ningún ser. Llamó a mi cuñado como si fuese El Padrino y le encargó "encargarse" de la perrita. Cuando llegué a mi casa al día siguiente. La perra ya no estaba.

Ese día le prometí a mi cuñado, que cuando estuviera viejo. Y lo viera en el Hogar de Ancianos cagándose en los pantalones. Con el puré de papa por el cuello y los ojos, con la tembladera que no lo deja comer. Tomando más pastillas que Elvis Prestley y Marilyn Monroe juntos. Ciego. Sordo. Casi mudo. Pero aún con las ganas de vivir porque el ser humano es así. Ese día yo, con un abrigo estilo Cruela de Vil, le iba a decir a las enfermeras: Hay que encargarse de este viejo. Este viejo ya vivió. Esto no es vida.

La verdad que seguramente estará mi cuñado allí y echaremos ese chiste, viendo nerviosamente a las enfermeras. Esperando que hagan caso omiso del mismo. El Hogar de Ancianos la Mierda no es realmente un hogar para buscar la muerte. Es más bien para esperarla. Es un lugar donde pasar lo mejor posible los malos ratos que ocasionan lo que Charles llama las 3 C de los viejos: Catarro. Caída. Cagada.

La idea es ir sumando amigos y acompañarse. No tener que llegar a los 80 y empezar de nuevo, como el primer día de colegio. Así mis compañeros sabrán que yo soy gritona. Que Juan embarca. Que mi cuñado es pichirre. Que mi primo G va a querer levantarse a todas las viejas. Que una de mis hermanas va a organizar el sindicato de viejos unidos. Que mi otra hermana va a redecorar el cuarto y se va a cambiar cada semana porque algo no le gusta. Que mi otra hermana va a ser amiga de todo el ancianato. Que Sandoval es el que tiene la caña encaletada. Que catire es el único que todavía se mete en internet, que ya nadie ni recuerda que era aquello. Y todos nos acompañaremos. Y ladillados de la vida, quizás no hablemos durante las comidas. Pero no estaremos solo. Estaremos igual, sin importar que las bolas lleguen a los tobillos, las nalgas a las rodillas y las tetas la ombligo. Porque la vejez es así. Es fea. Y feos seremos todos. Viejos seremos todos.

En estos días he estado pensando mucho en mi vejez. No sé si es de ver tantos culos celulitosos de abuelas solas en la playa. O aquel viejo que nadaba un tanto despegado de la realidad. Como si viviéramos en dos mundos distintos. Yo siempre he pensando que voy a ser una vieja hip. De esas que no se ubica. Si soy una treintona que se niega a madurar. A reconocer que ya es un adulto. Bien puedo ser una octogenaria que se cree una treintona. Pero no es nada más eso. No es nada más la pérdida del atributo físico. Es la soledad. Es que ya eres igual que el bebé. Dependiente. Con la diferencia que nadie anda por ahí diciendo: ¡aaayyyy quéee cuuuchiii!!! ¡Déjame cambiarle el pañal!

Los hijos harán su vida. Y no vamos a ser Como Agua para Chocolate. Obligando a la hija a que se quede a cuidarlo a uno. Sería muy cómodo. Un gran seguro de vida. Obligar a alguien a que no tenga otra vida que no sea acompañarlo a uno. Pero el mundo moderno no funciona así. Como están las cosas. Como se han dividido las familias, va a estar difícil que dentro de 80 años tengamos las redes familiares que tenemos. Además, seguro a las 60 uno se divorciará y el hombre se buscará una tetona de 19 años y una se empatará con un galán de 35. La vida ahora es así. Hasta que unos años más tarde ambos, jovencito y jovencita se den cuenta que deben buscar a alguien más contemporáneo para hacer su vida, mientras que su vejestorio tiene que aceptar que ya vivió la suya.

Por eso nos hemos puesto de acuerdo. El último en pegarse a la lista del Hogar de Ancianos La Mierda es mi gran amigo UnclePK. De hecho, el fue el que le colocó el título. Después de hacer la profunda reflexión de que la vejez es una mierda, terminó por decir. Bueno, pongámosle. Hogar de Ancianos: La Mierda. Así con toda propiedad. Con toda fuerza. Con toda convicción. Cuando nuestros hijos estén intensos. No nos paren bola. Cuando seguir conviviendo con ellos signifique que nos podemos caer por sus escaleras recién pulidas y que el fracturarnos un hueso puede significar una muerte, todavía prematura. Les podremos decir: Hijo, no te preocupes por mí. Me voy a la mierda.

sábado, 2 de enero de 2010

2010: Año Literario


Es ese momento del año. El de plantearse ciertos objetivos que uno quiere ver cumplidos luego de 12 meses. Quizás hasta más. Yo pensaba que las resoluciones de año nuevo eran cosas más bien baladí. Pero me he dado cuenta que mucha gente se las toma en serio. Incluso pasan varios días planificando, pensando, estableciendo metas que se revisan a lo largo del año. Como si fueran unas corporaciones. Me parece que eso es importante. Dudo que yo haga algo tan organizado, pues no es parte de mi personalidad. Soy más bien improvisada como dice mi mamá. Y de hecho, cuando planifico ciertas cosas con demasiada antelación o precisión, termino por no hacerlas.
Pero si con algo he sido constante ha sido con mi blog. Con los libros. Con la literatura. Por eso mi resolución de año nuevo. Mi objetivo principal para el 2010 es terminar mi novela. Para ello he emprendido ya dos cursos que creo que me van ayudar a canalizar el trabajo que ya he comenzado. Escribir una novela es una ardua tarea. No sólo se trata del trabajo que uno tiene por delante. Sino que además hay que tener inspiración y eso es difícil. Escribir significa hurgar en los lugares más remotos del alma, y eso no es fácil. Nada fácil. Además implica ciertas cosas en la vida de uno. No sé cómo explicarlo, pero afectan el comportamiento. La personalidad. La manera de ver el mundo y la vida.
Pero como dicen por ahí, ahora no recuerdo que escritor famoso. Creo que Rilke lo mencionó en las Cartas a un Joven Poeta. Si uno en una noche pesada de insomnio se pregunta a sí mismo que quiere hacer en la vida y la respuesta es escribir. Entonces hay que escribir. Si uno encuentra que puede hacer otra cosa además de escribir, entonces no escriba.
Ese es mi caso. He intentado todo. Pero todos los caminos me han devuelto a este lugar. Frente al puñado de letras que aisladas y solitarias, se van uniendo una al lado de la otra, para generar frases y crear imágines.
Este año me quito la careta. Este año es literario.
Esa es la meta importante. La que tiene que ver con el plan de vida. Ahora vienen las que tienen que ver con vivir la vida.
Entre otras cosas este año me gustaría viajar a algún lugar nuevo. Me gustaría ir a una reconocida Feria Internacional de Libros. No como las ferias que tenemos aquí que uno consigue libros como El Dios Che Guevara. Socialismo del Silgo XXI para Idiotas. La novela de Chávez. Vida de Don Chávez y Sancho Pansa. Las Maldiciones del Imperio. En fin.
Todos los años digo que este año acabo con la celulitis. Lo voy a decir, para no romper la tradición. Si quiero hacer ejercicio de nuevo con ímpetu. Me gustaría correr unos 10K. Quiero hacer par de expediciones fotográficas con Roberto Mata. Me gustaría hacer más cursos en su escuela. Me gustaría hacer algo de labor social. Comprarme un libro electrónico. Ponerme más vestidos. Cocinar las recetas de Scanonne. Ordenar mi cuarto. Hacer un curso de maquillaje. Hacer un curso de cocina. Salir a bailar. Probar algún vino raro. ¡Gozarme a mi pioja!
¡Feliz 2010!