martes, 23 de febrero de 2010

Dime Cómo lo Tomas, y Te Diré Quién Eres


El café es quizás uno de los temas más sensibles y más personales que existen. Hay quien no se puede levantar sin tomarse un café. No existe. No se le puede hablar porque contesta golpeado y de mala manera. Como si buenos días u hola fuese algo así como vete a la mierda en cuti. Una vez que se toman el primer sorbo cambian de manera espeluznante. Como las aeromozas que son capaces de mandar a la mierda a un pasajero, diciéndole, señor ese maletín tiene que ir en el compartimiento de equipaje y hasta que no lo mande no puede abordar. Una vez que el infeliz entrega el coroto, temiendo que se lo pierdan y le roben lo que tiene adentro le dice con sonrisa de Miss Anzoátegui “gracias por volar con Aerobipolar, buen viaje.” Este tomador de café, por lo general, no tolera bien las rascas y es propenso al ratón.
Después está el que no puede desayunar sin café. El que tiene pedirlo antes de que le traigan el perico con arepa, o las panquecas. Generalmente este tomador de café se baña en la mañana y es más bien sin la ducha que no puede vivir. Si no mete la cara debajo del chorro no se despierta y se pasa todo el día pajeado. Este sufre con la escasez de agua, y está a tirito de que lo boten del trabajo por llegar tarde. Eso sí, si llega a la panadería o la cocina de su casa y le ponen el huevo frito antes del marrón, ahí sí colapsa por completo. Este pana, tiende a ser el que no puede tomar café sino hasta las 12 del mediodía porque si no, no duerme.
Ese es otro tomador de café. El que tiene un límite de consumo. Por lo general es la persona hiperactiva, extrovertida y habladora (esta servidora). Si se pasa del límite a ingerir en 24 horas, se vuelve una especie de Demonio de Tasmania. Sufre de taquicardia. Espasmos en el esófago. Acidez. Problemas de respiración. Tensión muscular, sobre todo en los antebrazos, y no le queda otro remedio que ponerse un Ipod y empezar a brincar y saltar, cantando como desorientado mental para quemar el exceso de cafeína y volver a la normalidad. Para este tipo de tomador de café, el líquido es más que una bebida. Es una droga. Si por algún motivo no la puede tomar, sirve el placebo, por ejemplo si está en estado de gravidez, se toma su descafeinado. Pero siente que algo está tomando. Esta persona se toma el café como sea. Frío. Caliente. Con leche. Negro. Colado. Expresso. Guayoyo. Grande. Pequeño. En taza de vidrio. En vasito de plástico. No le importa si los granos son de Sumatra o del conuco ilegal que tiene el vecino en el balcón del apartamento. Este tomador agarra manquesea fallo. Café es café. Generalmente no se amarga si no se lo toma al levantarse, y prefiere tener algo en el estómago antes de zamparse la taza, por aquello de la sensibilidad al efecto secundario. Pero, si por algún motivo comienzan a pasar las horas y no se ha tomado el café, los efectos de la abstinencia pueden llegar a la narcolepsia.
Luego están los tomadores que no pueden pararse de una mesa sin un café. No importa si los está esperando una tetona desnuda para hacer el amor de 10 maneras diferentes, si tienen una reunión con el presidente de lo que sea y si llegan tarde pierden trabajo, sin trabajo a la esposa, sin la esposa a los hijos, sin los hijos el carro, y así. Pero este pana se tiene que tomar el cafecito antes de pararse de la mesa, lo más que puede hacer es tomárselo mientras revisa la cuenta. Pero jamás se irá sin tomarse el cafecito. Porque no se le va a parar si se va a reunir con el bombón, o se le olvidará la presentación y meterá la pata. En cambio después de su café es más duro que Tiger, y puede sacar la mejor excusa para el retraso y encima meterse al jefe en el bolsillo. Este tomador, por alguna extraña razón, es inmune a los efectos del café. Es decir, no le quita el sueño. Más bien al contrario, es de los que sufre de soponcio vespertino, mejor conocido como Hora del Burro. Si la reunión después del almuerzo dura más de 44 minutos, al minuto 45 empiezan a írsele los ojos. Se tiene que aflojar la corbata. Se echara para atrás en la silla. Suda. Este tiene que echar una siesta de 7 minutos más o menos. Él puede tomar café de noche. Casi que podríamos decir que lo ayuda a dormir.
Después tenemos a la amiga que todas las tardes toma café. Es la que siempre está llamando a alguien golpe de 4 para irse a un lugar, estilo novela mexicana, donde tomarse una taza. Generalmente el café que pide es grande y acompañado de un vaso de agua, para que la conversa pueda durar. Es la propia persona que no se puede plantear nada en la vida sino tiene la cafeína por delante. Si algún día le falla se paraliza. No termina con el novio, ni se empata. No se casa, ni se divorcia. No podría ni pedirle permiso a un pie para mover el otro, pues cualquier decisión tiene que tener una taza por delante. Esta persona tiende a ser habladora e indecisa. De esas que analizan todas las posibles consecuencias hasta del color de camisa que se van a poner, de las que piensan que si se cayeron no fue porque tropezaron con un escalón, sino porque ese día se pusieron unos tacones muy altos. Y le dan, y le dan, y le dan el asunto hasta que otra cosa las obliga a cambiar de tema. Es la típica persona que si no le traen el café como le gusta le dicen al mesonero: esto no fue lo que yo pedí. Generalmente este tomador de café fuma. Y cuando prende el cigarro dice: tengo que dejar de fumar. Siempre pide la carta de postres y mientras la ve dice: aayy no. Y yo estoy a dieta. Pero siempre termina pidiendo algo. Porque no hay tarde que se pueda sobrevivir sin lo que esa persona llama los tres excesos necesarios del ser humano: el café, el cigarro y el dulce.
Después está ese amigo que uno tiene que pide un café que uno, dentro de su racionalidad, sabe que no existe. Cosas como el marrón claro grande. Uno siempre le pregunta ¿Cuál es la diferencia entre un marrón claro y un con leche? Y aunque ellos creen que responden algo que es totalmente diferente a lo que respondería cualquier transeúnte ante la pregunta: ¿Cómo se prepara un con leche? Uno sabe que está frente a un caso de neurosis clínica. Esta es la persona que si le cae una manchita en la franela se le amarga todo el día. Es la típica persona que si se va a comprar unas medias se las tiene que medir primero en tres tallas diferentes, en todos los colores que tengan en la tienda y siembre el color que quiere no lo van a tener. Dicen bueno, me llevaré este porque es el que hay. Esta persona prefiere morirse antes que tomarse una café que no sea el propio. Si no hay marrón claro grande, pues no toma. Su café es su firma. Sea marrón claro grande, o marrón oscuro pequeño. Expresso con dos cucharitas de agua. Negrito colado con dos sobrecitos de splenda. Capuccino sin crema, pero con espuma. Con leche con mucha espuma, sin azúcar. Guayoyo con azúcar normal. Tetero con leche descremada. Este tomador de café de paso, sabe cuando el café se lo hicieron con leche en polvo y lo devuelve. Es como el protagonista del perfume, pero con la taza de café. Y aunque prefiere morirse antes de tomarse algo que no sea lo suyo, como no se lo den, el amargue le dura una semana. Así que si algún día está con este tomador y al final de una comida no le traen lo que pidió. No lo llame al menos durante 5 días hábiles. Una vez que eso le sale mal, el resto se va a la mierda y tarda un tiempo en normalizarse.
Hoy en día el tema de cómo endulzar el café también habla de la personalidad. Están las mujeres (y los hombres) que se dejarían robar el blackberry y todos los documentos personales, pero darían la vida por el perolito de la Splenda, porque no sólo es que no se consigue, sino que cuesta como 50 mil bolos. Estos panas no pueden tomarse el café sin Splenda. Si la Splenda saca cola de cochino o el tercer ojo, estos hace meses que ven triple. Incluso han incorporado la Splenda y demás edulcorantes artificiales a otros alimentos de la dieta. Son los que se compran todo light. Hasta el sexo es light. Después está el que deja confundido al mesonero preguntándole ¿tiene azúcar normal? Es el propio desadaptado que no está en la onda de “el cigarro vive. El azúcar mata.” A este siempre se le quedan viendo con cara de “si no es una canción de Celia Cruz, nadie debería estar diciendo azúcar.” Pero todavía el azúcar tiene sus fans. Luego hay los que no le ponen nada al café. Prefieren jugar para ambos bandos, no les importa lo amargo y saben que el día que se vayan por uno, no regresan. No se pueden controlar. Así que por el momento dejan las cosas como están.
Ya al final. Están los que adoran las máquinas de Nesacafe. Que no pueden ver una porque salen corriendo. Como si el Mocaccino de verdad supiese totalmente distinto del Capuccino. Les parece que ese empalague es lo más grande que ha inventado el ser humano. Esa máquina es la prueba de que la ciencia avanza a pasos agigantados. De que este mundo es tecnológico y que seguramente el androide conquistará al mundo antes de que llegue el año 2030. Este tomador de café por lo general tiene unos kilitos de más, pero no tiene complejos. Sufre de acidez, pero se toma sus Tums, porque al final la vida es una sola y hay que disfrutarla. Y un Nescafé bien vale una tarde de dolor de estómago. En cualquier caso, no hay nada que no cure un buen pedazo de torta. Este es el amigo que tiene una greca que la mamá le regaló, pero ya está que le salen telarañas y que si alguien le pide que prepare un café, ajeno a posibles humillaciones dirá: oye es que no me sé la receta.
Ciertamente llegar a conocer a alguien a fondo es difícil. Pero dime cómo te lo tomas y te diré quién eres.
Ah, y siempre hay alguien por ahí que dice: “no gracias. Es que yo no tomo café.” De esos seres hay que desconfiar, porque algo están ocultando.

lunes, 22 de febrero de 2010

Madre Sólo hay una…y me tocó a mí.


Un comentario de ustedes me recordó esta escena. Paciencia amigos. Paciencia. Así estamos todos.

Esto sucedió hace ya varios meses. Éramos tres en la oficina. Me suena el teléfono y al atender digo:

Manu: ¿Qué pasa?...PAUSA…. ¡NO!...PAUSA…Mamá ¿Y yo qué voy a saber? Me lo has preguntado cien veces no sé…PAUSA…No sé más tarde…PAUSA…Te llamo más tarde…PAUSA...Qué síiiiiii….PAUSA…Te llamo más tarde. Chao. TRANCO EL TELÉFONO. – Chamo, mi mamá si está intensa.

Cris: Manu. No trates así a tu mamá. Si eres rata.

Charles: Si. La pobre. Qué paciencia te tiene.

Manu: Es que me ha llamado tres veces hoy a preguntarme la misma mariquera. Que me además no es urgente. Que no puedo resolver sino hasta más tarde. Coño. Está intensa.

Cris: Bueno se preocupa por ti. Qué mala eres.

La verdad es que me empieza a entrar un leve sentimiento de culpabilidad. Cuando noto que Charles dice:

Charles: Alo…PAUSA…Coño mamá. Una gente no puede llamar tantas veces a preguntar los mismo…PAUSA…No. No. Mamá, que lo haga ella. YO. Ahorita. No Puedo…PAUSA…No…PAUSA…No puedo. No…PAUSA…No sé. Te digo después. TRANCA EL TELÉFONO. - ¡COÑO! ¡Qué incruste!

Manu: Osea Charles me acabas de decir que no trate a mi mamá así. Te tienes que oir.

Chalres: No. Es que me ha llamado siete veces hoy a preguntar lo mismo. No puede ser. Una gente no puede ser que tenga tiempo para hacer eso. Además no es hoy. Es todo el tiempo. No vale. Yo quiero saber si con mis hermanos es lo mismo. ¿A ti no te llamó ayer?

Manu: Si me llamó a preguntarme si estabas conmigo, pero porque habías dejaro el teléfono en la casa y estaba preocupada por ti. Pobrecita.

Charles: No vale. Ya tengo 30 años. Si se me queda el teléfono es peo mío. ¡No puede ser!

Cris: Coño, sí Charles. No te pases. No le digas así. Pobrecita. Tu mamá es un sol.

En ese mismo momento (no estoy exagerando. Sucedió así) suena el teléfono de Cris.

Cris: Hola ma…PAUSA..Más tarde…PAUSA…Ahorita no puedo hablar…PAUSA…Sí…PAUSA…No sé…PAUSA…Ma. Ma. Ahorita no puedo hablar…PAUSA…Que ahorita no puedo hablar…Ok. Te digo después. Ahorita no puedo hablar…PAUSA…Síii. Que ahorita no puedo hablar. TRANCA EL TELÉFONO. –No puedo con la intensidad de esta mujer.

Manu: Después de que me cayeron encima. Y mírense a ustedes.

Cris: No. Es que mi mamá si es intensa de verdad. Esto es así TODOS los días. Pero de verdad.

Creo que podemos llegar a la conclusión, de que todas las mamás son iguales. Y todos somos iguales. Nos desesperamos. Las tratamos mal. No nos damos cuenta. Pensamos que es sólo la nuestra. Que sólo la nuestra es la intensa. La que llama mil veces. La que nos insiste que hagamos cosas que no queremos hacer. O como le digo yo a mi mamá: por favor, no me lo digas, que cada vez que me lo dices y no te hago caso, me pasa. Cosas como:

- No pongas el vaso ahí que se va a caer.

El puto vaso tenía ahí media hora y no había pasado nada. Cinco minutos después de que ella dice, la vaina se cae.

Sé que las voy a pagar todas. Voy a ser igualita con mi hija. La voy a llamar cien veces al día. Le voy a decir 80 veces que se lleve un sweater cuando salga a las doce del mediodía, y esté haciendo un sol espectacular y 35 grados de temperatura. Le voy a decir que no se sirva tanto arroz. Que no tome tanta coca-cola. Le voy a decir que la serie que le gusta ver en televisión es un espanto. Le voy a decir que la falda está muy corta. Que los pelos están demasiado despeinados y se ve horrible. Le voy a decir que dice demasiadas groserías. Le voy a decir que me habla feo. Que cada vez que le digo algo me pone cara de fundillo. Que yo no le hablaba así a mi mamá. Y ella me dirá, "sí, o sea mamá, nada qué ver."

Sé que le voy a dedicar la canción de Y cómo es él, que mi mamá me cantaba cada vez que se daba cuenta que tenía un enamoramiento. Sé que me voy trasnochar cuando salga, y no pegaré el ojo hasta que sepa que llegó. Entonces, al día siguiente, le diré, anoche te acostaste tarde, aunque tendré ganas de hacer un reproche más enérgico, pero no lo haré porque sé cómo se ponen los hijos cuando después de cierta edad los papás les critican el horario. Sé que le voy a recortar artículos de periódico sobre cosas que le gustan y me dirá: mamá no me des más papeles porfa, que no hayo qué hacer con ellos. No importa. Yo se los seguiré recortando. Sé que le voy a llenar el cuarto con las chucherías que le gusten y ella le dirá a sus amigos: es que mi mamá es una exagerada, no le puedo decir que me gusta algo porque cada vez que lo ve me lo compra.

Sé que así tenga 35 años le preguntaré ¿qué comiste? Y ¿qué vas a comer? Sé que cuando sepa que tiene una cita con el médico la voy a llamar 50 veces para preguntarle cómo le fue. Y le voy a insistir para que me cuente en más detalle. Y me dirá, te cuento más tarde, y yo le diré, pero dime ahorita, es un momentico nada más. Y si insiste en no contarme yo llamaré para insistir en menos de dos horas. Y me atenderá de mala gana. Y seguramente se lo voy a reprochar, y a lo mejor me sentiré y perderé la paciencia. Más tarde recordaré que yo era exactamente igual. Y de allí sacaré una vez más la paciencia. La paciencia infinita de los padres.

Y entonces, recordaré que una vez. Mientras dormía su siesta escribía este post. Escuchando Canción a mi Hijo de José Luis Perales, mientras se me salían las lágrimas.

Al final todas somos iguales. Al final es como dice mi mamá. Que el dicho en realidad es: madre sólo hay una…y me tocó a mí.

sábado, 20 de febrero de 2010

¡ME OPONGO!


(Esto es un paréntesis en el año OOOMM. Pero el año OOOMMM volverá en breves instantes)

Se busca abogado cuatriboleado y arrecho. Estilo el viejo que asesoró a Erin Brokovich. Pero no es para irnos a meter en unos tanques de agua infecta y empozada buscando hundir a grandes corporaciones. No. Lo que tenemos es que un hundir a Hollywood y a Disney y a todos esos hijos de la gran puta. Lo siento, ese es su nombre oficial. Lo que pasa es que ahora sí me convencí de que ellos tienen la culpa. Ellos tienen la culpa de que uno se la pase arrecho y lleno de energía negativa y quejosa. Inconforme. Y con la cabeza llena de pajaritos preñados.

Y me di cuenta viendo como Adam Sandler le da un beso a Marisa Tomei, en un estadio, frente a un montón de gente que aplaude y grita. Y me pongo a pensar que a los gringos les encanta esa vaina. Ellos no pueden hacer películas donde no haya perseguideras de carro, un carajo que desarma una bomba sin saber cuál de los cables tiene que cortar, un panel de gente que aplaude y grita de la emoción cuando el protagonista se salva y un gentío que aplaude y grita de la emoción cuando los protagonistas se besan al final. Y mientras estoy pensando esto, me doy cuenta de que por eso estamos jodidos.

Porque la vida no es Hollywood y uno a estas alturas ya lo sabe. Pero uno creció viendo esa mierda. Y uno se llenó de mierda. Como dijo la tipa de Gray´s Anatomy, el que inventó la expresión "felices para siempre" deberían caerle a coñazos, pero en serio. Así que uno se imaginó que el novio, el arrejunte, el amante, el esposo, le iba a tirar flores delante de un estadio y el estadio iba a aplaudir. Y después iba a hacer todas las pendejadas que hace Adam Sandler. Sólo que eso no pasa. No hay caballo. No hay castillo. No hay espada. Un día bueno es cuando vas caminando por la calle y un bichito te dice:

- Mami, tú si tas bien Oscal Maye.

- ¿Perdón? Contestas con la curiosidad venciendo el miedo.

- Rica calne de primera calidá.

Y no es la ciudad de la furia. Es que la vida es así. Es que los hombres son así. Te lanzan cosas como:

- Yo en ningún momento dije que éramos novios.

Esa vaina no la ponen en Direct TV. Universal no ha firmado para hacer esa película. La película donde muestran la tapa de la poceta arriba y la pendeja que se cae adentro a las 3 de la mañana. Y cuando la muestran siempre pasa algo pendejo en el nudo de la historia que hace el tipo rectifique y se vuelva más cuchi que John Lennon. Eso sin mencionar que las protagonistas de esas películas son tipas que hacen 3 horas de gimnasio al día. ¿Entonces qué esperan los hombres? La misma vaina. Como si de verdad en el mundo real uno pudiese estar en esa mariquera todos los días. Porque además esos mismos carajos pretenden que uno sea madre ejemplar y empresaria exitosa. Porque coño, mira a Demi Moore, está más dura que Hulk Hogan y además tiene su propia empresa de toda clase de mierdas.

Así que yo voy a demandar a esos tipos. Porque tienen la culpa. Total si allá demandan a un taxista porque pinto el carro de amarillo y eso da dolor de cabeza, yo también puedo demandar por esa pendejada. No más princesas pendejas. No más mariquetes que dicen cursilerías en los estadios mientras el cúmulo de bolsas aplaude. No más películas (y esta sí la amo y aquí está el peo) en donde Hugh Grant, primer ministro de Inglaterra se va casa por casa, en plena navidad, buscando a la cachifa que además botó porque pensó que se había jamoneado al presidente de Estados Unidos, que era nada más y nada menos que Billy Bob Thorton. No me jodas. Y además Liam Neeson se levanta a Claudia Schiffer. Váyanse a la mierda. Yo voy a demandar.

viernes, 19 de febrero de 2010

2010. Año OOOMMMMM


El 2010 es el año del cero rollo. La consigna de este año es OOOOOOOOOMMMMMMMMMMM. Ok, ayer me descargué a unos cuantos que me estarán diciendo que nada que ver. Ayer estaba muy amargada y de hecho declaré el día del amargado (por cierto, si no lo conmemoraste, hazlo hoy, esperar un año es mucho amargue, así que manda a tus familiares, amigos o hasta desconocidos a la mierda.) Lo cierto es que este año haré lo posible por no enrollarme por guevonadas. Sí. He tirado viejos esqueletos del closet. Me siento libre. Y estoy cansada de estar peleando porque tú me dijiste que llegara a las 2 y son las 2:15, o porque me estás trancando y tengo que salir, o yo no soy cachifa tuya pa´que me estés pidiendo vainas cada cinco minutos.

El año del cero rollo. Como dijo Sarita Montiel una vez que la entrevistó un paparazzi "no estoy para gilipolleces." Creo que una de las cosas que más me va a costar es no amargarme cuando voy en el carro. Porque la verdad es que yo puedo levantarme cantando esa canción que dice "I caaan see cleaarrrly now the rain is gone…" pero apenas me monto en el carro y un marico, hijodelagranputa, coñoesumadre, me tira el carro, todo cambia. En mi mente lo único que se oye es esa canción de Metallica en la que Lars Ulrich (el mejor baterista del mundo) hace como si fuera una ráfaga de metralleta con percusión.

Lo que yo hacía hace un tiempo era que cuando alguien me tiraba el carro le aplaudía. Pero lo cambié después a unas señas bastante vulgares de "tienes el pipí chiquitico." Sí. No debo hacer eso. Lo vengo pensando y un día voy a pasar un mal rato. Así que no lo voy a hacer más. Voy a volver a mis aplausos y esta vez lo voy a acompañar con gritos de ¡GAAAANAASSSSSSTEEEEE! Me encantaría tener unas bombas y unas flores para darle a esa persona una vez que me tire el carro encima. Pero creo que eso es llevar las cosas demasiado lejos. Además todas esas cosas están carísimas.

Lo otro que tengo que hacer es ver qué hago cada vez que mi esposo me dice que no a algo. Los hombres nacen con su ejemplar bajo el brazo del libro: "Como ser todos la misma mierda." Y se nota que un capítulo entero está dedicado a enseñarles que cada vez que uno les pregunta algo la respuesta debe ser NO. ¿Puedes ir a..? NO. ¿Me puedes pasar el …? NO. ¿Tienes una …? NO SÉ. NO CREO. Claro que muchas veces la respuesta es sustituida o va acompañada por un: qué ladilla o el que nunca falla: tu si jodes. Y lo peor del caso es que uno se arrecha, pone cara de culo, si ese día del mes hasta hay lagrimillas por ahí y ellos terminan por hacer lo que dijeron que NO. Es decir, el tema no es la negativa en sí. El tema es decir que NO. A lo mejor es para mantener el punto de que uno es una cuaima histérica casi-casi esquizofrénica.
Esa tengo que ver cómo la manejo. He pensado simplemente en decir OK después del NO. A ver qué pasa. Mi único miedo es que eso puede hacer que yo termine haciendo todo, generando un peligroso caso de mal-acostumbre que me puede explotar en la cara.

Otro tipo de rollos, siempre presentes, son los familiares. Las familias son un regalo de Dios. Yo no sé qué haría sin mi familia. Los amo. Los adoro. En fin, todo lo que dice la tarjetica Hallmark. Pero la verdad es que qué pelúo es ser parte de una familia. La confianza da asco. Pero yo con mi familia este año me la tomo con soda. Para ciertas cosas indiferencia total, como si no fuera conmigo. No me invitaste a tu vaina. Ni modo. Yo ese día hice algo mejor. Te arrechaste porque te molestó que yo dijera que me gusta Avatar. Te molestó que yo odio Titanic. Pues, como dice el dicho tienes dos trabajos. No me inmuto.

Y tengo que reconocer que a pesar de ser año electoral. A pesar de que ya tenemos candidata para la AN. No voy a poner globovisión 26 horas al día. No pienso escuchar a Martha Colomina que hasta cuando hace propaganda dice "e-e-e-e eeess horrible. Yo no sé cómo se puede vivir así." NO. Si hay que hacer algo. Se hace. Marcha. Marchamos. Protesta. Protestamos. Elecciones. Votamos y hasta nos voluntariamos para hacer lo que todo el mundo dice que hay que hacer, y nadie hace, ni quiere hacer. Pero andar cogiendo arrecheras por gusto. NO. Andar escuchando a los mismos políticos de siempre decir lo mismo NO. Prefiero escuchar otra vez a Joey y Chandler pelear con Mónica y Rachel por el apartamento de la abuela de Mónica.

En todo sentido este año es el año del cero rollo. El 2010 es el año OOOOOMMMMM. A ver si se puede. Lo único que me preocupa es que uno nunca sabe si esto hace que el 2011 sea el año del mega peo. Pero como todo en la vida. Al final es el tiempo. Siempre el tiempo. El que tiene la última palabra.

martes, 16 de febrero de 2010

EL PIZARRÓN


Descubrí este pizarrón. Otra locura cortesía del Diablo Guardián. Aunque mi historia con los pizarrones empezó hace mucho tiempo. Mis papás tenían uno gigante en el cuarto de juego, y más de una vez jugamos a la maestra en él. No sé que tienen los pizarrones, pero no hay como escribir sobre esa superficie verde o negra de pintura especial. Ir apoyando la tiza suavemente, o a veces con más fuerza, dejando los trazos blancos marcados con cosas que queremos decir, ya sea para que otros vean, para que otros aprendan, o en mi caso, para yo misma ver y reconocer frases que me llevan a lugares que siento debo recorrer. Así que el pizarrón que iba a ser nada más un pedazo de decorado en la producción de una tarea ahora va a ser mucho más. Allí voy a anotar semana a semana frases que me muevan de los libros que he leído o que estoy leyendo, cosas que escuche, que me preocupen, que me llamen la atención. Pedazos de canciones, de poemas, refranes, y lo voy a compartir con ustedes.
Espero les guste y encuentren interesante algunas de las cosas que aquí se dicen y se anoten. De paso así ejercito mi letra, que por más que el tiempo pasa sigue pareciendo la de alguien que no pasa de cuarto grado.

LO QUE SE CORTA UN POCO: Arriba: Todos andan en busca de la felicidad, señal que ninguno la tiene. G
A la izquierda: Llega a ser quien eres. Los monos son demasiado buenos para que el hombre descienda de ellos. FN
El sufrimiento más intolerable es el que produce la prolongación del placer más intenso. GBS
Se viaja no para buscar el destino, sino para huir de donde se parte. Unamuno
Detrás de la silla: No trates de guiar al que pretende elegir por sí su propio camino. WS.
A la derecha: El enamoramiento es un estado de miseria mental en que la vida de nuestra conciencia empobrece, se estrecha y paraliza. JOyG
Lo que opinen los demás está de más. M

viernes, 12 de febrero de 2010

ASUETO CARNESTOLENTO

Amo la palabra carnestolento. De esas cosas que son demasiado venezolanas, nadie habla como nuestros reporteros. En serio que no. Así que me voy. Incomunicada hasta el martes. Se viene Rosita conmigo (la cámara). Carlota (la computadora). Ignacio (el blackberry roto) y Clarissa. Y el catire, claro, con su tabla de morie boogie y el canto eterno de qué bolas tienes de prentender meter todo eso en el carro y cuándo llegará el día en que salgas a tiempo.
Le dije a mi dentista que me iba a disfrazar de dentista, pero es mentira, me voy a disfrazar de escritora. Espero que no me tiren huevos. Ni temprano. Ni tarde.
Hasta el martes blogosfera.

jueves, 11 de febrero de 2010

Fotografiando


Entregué el Diablo Guardián. La verdad no sé si me fue tan bien o es que me fue tan mal, que me fue bien. Lo que quiero decir es que mi trabajo gustó. Y este trabajo fue distinto. Porque no fue nada más un ejercicio, para mí fue una propuesta, un planteamiento. Seguramente, sin duda, tengo mucho que mejorar, y si sigo en esto de la fotografía probablemente un día vea ese trabajo y diga: Dios, y pensar que me sentí orgullosa de esa novatada alguna vez. No importa. Así son todos los comienzos. Duros. Pero emocionantes. Y en el caso de los que tenemos algo que decir, obsesionan. Sí. Ahora si estoy obsesionada con la fotografía. Pero lo que quiero hacer es trasladar la literatura a la fotografía. Por ahí van mis tiros. Creo y no sé que irán a decir ustedes, que voy a cambiar el reto de la cocina por el reto de estas fotos.
Uno de ustedes me dijo que no hiciera nada que no hiciera anteriormente. Me pasa con la cocina que no encuentro el momento para meterme a cocinar. Tengo las polvorosas ahí varadas desde hace meses. Y cada vez que pienso en hacerlas lo que siento es que voy a perder el tiempo. A lo mejor estoy equivocada, pero es que no he hecho click. Bueno, ya veremos. Por el momento sigo haciendo fotos. El otro día vino Juan y le hice unas fotos como Haulden Caulfield de El Guardián Entre el Centeno, las comparto con ustedes pronto. Prometido. Esta fue una de ellas, pero aquí yo no veo a Holden. Sólo que esta foto me encantó.
Las del Holden las pongo otro día porque voy a repetirlas con otro modelo. No es que Juan no sea de primera, estoy segura de que posará como distintos personajes. Es sólo que a los 30 está duro pasar por 16 sin photoshop. Y no lo digo por mierda, repito sus palabras.
Así que bueno. Aquí va. También voy a poner una del Diablo Guardían. No las puedo poner todas porque hay un par que el contenido no es apto para todo público. A lo mejor si algún día soy famosa, las ven por ahí. Ese juego me parece divertido. Será que la vida lleva al público esas fotos? Quién sabe. Como siempre será el tiempo quien tenga la última palabra.

martes, 9 de febrero de 2010

Dígalo Cantando


Varias veces al día me llaman y yo contesto: Dígalo cantando. Es una de las tantas expresiones que se me han pegado por ahí. Yo reconozco que mento madre de la ciudad. Del país. Yo reconozco que me pasa por la cabeza irme. Pero sólo de pensar que mi hija va a hablar, no es que otro idioma, sino español con otro acento se me revuelven las caraotas en la barriga. Me da de todo. Se me paran los pelos. Yo hace ya varios años que asumí mi pasaporte. No tengo abuelo canario, ni bisabuelo italiano. No tengo para donde buscar. La única manera que me den nacionalidad extranjera es que el Estado Bolivar se independice o que declaren la República Independiente de Barquisimeto. Espero que de hacerlo ambas sean capitalistas, neoliberales, imperialistas, derechistas, fascistas (dentro del significado bolivariano de la palabra no del hitleriano y tradicional, neonazis favor abstenerse, no comulgamos con eso, gracias). Pero en todo caso, no hay para donde coger. Yo te hablo inglés, francés, machuco el italiano. Pero de dónde soy es de un solo lugar. Y lo acepto. De verdad no reniego, y es más, lo digo con orgullo. Sí, cuando he vivido fuera he sido de esas patéticas que escuchan Simón Díaz y hasta salsa, se me salía mi lagrimita cuando pensaba que jamás volvería a vivir en Caracas. Afuera extrañaba la frescolita, el toronto, la susy, el tody, el cocosete, hasta las colas y la manera tan campante como un "se las da de vivo" se trataba de colear en una cola. No me las voy a tratar de tirar de sueca porque me falta mucho pelo catire y el agua oxigenada no sirve.

Sin embargo, sin esas cosas se puede vivir. Uno se acostumbra a comer otras cosas. Uno se acostumbra a que las colas sean derechitas y más bien la gente le de paso a las viejitas y las embarazadas en vez de tratar de tumbarlas. Pero hay algo sin lo cual yo veo muy difícil acoplarme a otro lugar: la manera de hablar. Los venezolanos tenemos una forma de expresarnos que es demasiado nuestra, demasiado colorida y expresiva. No hay como decirle a un ricachón: musiú. A un tonto: patiquín. A un médico que no nos gusta: un Dr. Chimbín. Ya sea de la televisión o del cine, de frases populares, de eventos naturales, sociales y políticos hemos apropiado expresiones que hacen un lenguaje propio. Espectacular.

Dígame el decirle a alguien: no te vistas que no vas. O mejor aún en una conversación dos amigas hablan de un novio:

Chama 1: Mira y que tal te va con el pior es nada.

Chama 2: Ay, regular, creo que no va pal baile.

Chama 1: Mmm. Qué no se vista que no va.

Chama 2: Eso es correcto.

Traducción: Chama 2 está saliendo con un tipo por el simple hecho de salir con alguien (peor o pior, más coloquial todavía es nada), pero realmente el tipo no da la talla, no es el hombre de su vida (no va pal baile). La amiga lo confirma (que no se vista, que no va), y eso es correcto es una forma un tanto malandra, como tirándosela de ex Disip de decir, ciertamente. Ojo, que yo soy fan del buen vocabulario, me dan mis días en los que mi esposo me pregunta qué carrizo significa la palabra que acabo de usar. En los que le digo cosas como a mí no me dices que hacer porque yo soy ácrata. O totalmente anacrónico el comentario. No voy a estar perdiendo el tiempo en cosas baladí. Sí. Yo puedo hablar así, pero yo amo mis expresiones malandras.

Más de una vez he dicho tranquilo que el equipo gana al que andaba, ¿pero estás segura? ¿Pero será que se puede? Claro que siempre acoto que mi mamá dijo eso en el 1998 cuando las elecciones y efectivamente el equipo no ganó. Pero la Fe se mantiene. Otra que me encanta es la de Luis Herrera, pónganse las alpargatas que lo que viene es joropo. Esa es perfecta para cuando uno sale de Caracas en algunas vacaciones.

Me dejaste como el interior de superman. Yo siempre mando por texto a mis emigos embarque: ahora me llaman el interior de superman. Y ni hablar de: todavía los bomberos me están quitando de encima el carro que me echaste. No es lo mismo decir: tu siempre embarcas a tu siempre echas carro. Y eso que embarque ya es coloquial. Otro de mis grandes favoritos es ¡Zape Gato! Tiene algo de viejil, de la Caracas de antes. Mira, no vaya a ser que nos atraquen saliendo de tu casa: ¡Zape Gato! Que siempre además puede ir acompañado por un ¡Bicho! Bicho da para todo. Para nombrar a un mala gente, para expresar sorpresa, simplemente avisar que estamos viendo un insecto de gargantuescas proporciones.

Luego entran otras como ¡La verga del pato macho! Generalmente yo la uso para expresar una frustración. Una mala noticia que me acaban de dar o algo que no quisiera que pase: "eso sí sería la verga del pato macho." Nunca he visto una por cierto, así que conlleva un cierto carácter místico. No sé si es que es enorme o es mínima y por eso no se quiere. Aunque nunca me había puesto a pensar que la pata no tiene, o no debería tener verga. Pero a la vez la biología nunca ha sido lo mío. La verga de Triana es la mejor forma de designar a un creído. Yo conozco a más de un idiota que se jura La Verga de Triana. Me encanta de esta expresión el tinte histórico. El darle protagonismo a otro personaje del descubrimiento que no sea Colón, los Reyes Católicos y la Pinta, la Niña y la Santa María, así sea por el tamaño de los genitales. Estamos claros que para estar montado en el carajo durante meses esperando ver tierra hacía falta una buena.

Sólo un Venezolano le dice a alguien que se vaya diciéndole: sacúdete y si alguien se pega, así la cosa sea de puntos, de yeso o hasta de ambulancia lo que sigue es un buen: sóbate y los que botamos la cédula terminamos el slogan con un: que eso se hincha. Y siempre hay alguien que contesta: no fue conmigo y me dolió. Pero sabemos que no le dolió nada. No hay como aludir a la homosexualidad diciendo: se jodió la bicicleta o se perdió la cosecha.

Cuando alguien se va o algo se acaba Adió luz que te apagaste. Si estamos en un lugar que está full y llega alguien más, o cuando llega alguien que uno tiempo sin ver se le recibe con: éramos muchos y parió la abuela. Este me encanta, porque siempre me imagino a la anciana dando a luz. Totalmente fuera de lugar. Por otro lado siempre que uno está buscando una respuesta con ansiedad alguien le contesta: vamos a ver, entonces uno responde, vamos a ver dijo un ciego. O si alguien dice lo que estábamos buscando entonces dio en el clavo y hasta lo podemos felicitar diciendo: ese es mi tercio.

Después viene lo más malandro. El ¿Qué pasó papá? O en vez de saludar lo que puso de moda la novela Por Estas Calles y su ¿Qué es lo que está pasopa? No hay como que te digan tú si estás ricalda. Degeneración de tú si estás rica. Por ahí también viene tú eres bien frescolita. De tú eres fresco y cómodo. Otro que me encanta es muerto el perro se acabó la rabia, y en alusión a los canes, zarna con gusto no pica. Ese le encanta a mi mamá para decir cualquier cosa que nos dejaba hacer cuando éramos chamos y después teníamos que pagar que si estudiando hasta tarde.

Una cosa es decirle a alguien apúrate y otra muy distinta saliendo el payaso soltando la risa. Y ¡Mosca pues! Cuando queremos avisar algo. Y si estamos segurísimos de algo y nos están cuestionando: Si yo digo que la burra es negra, es porque tengo los pelos en la mano. Esa una de mis favoritas.

Qué tal que alguien llega y no saluda. Y en vez de decir, mira ¿tú no saludas? Se le dice: mira, ¿yo dormí contigo anoche? En vez de súbele el volumen: dale vatio. Qué mantequilla, cuando algo parece fácil. Música paga no suena, para decir yo no te pago hasta que me termines el trabajo. Y sírvemelo como si fuera para ti o como palo de músico para que nos sirvan un trago bien cargado y que rasque pronto.

Estas nuevas generaciones también están trabajando en sus expresiones. Mi sobrino no le puedes preguntar cómo le fue el fin de semana porque te contesta: radical. Eso quiere decir, contrario a lo que uno esperaría, que la cosa estuvo suave, bien, tranquila. Yo pensaba que era más bien del más allá. Pero no. Cuando la noviecita se lo quiere quitar de encima le dice pinta un bosque y piérdete o multiplícate por cero. Esa me fascina. También están minimízate. Y "no, no, no, delete, delete." Y por supuesto es imposible que diga que sí a algo sin decir: sí va. Así sea por escrito. Por mail. Por teléfono. Como sea. Pero si la respuesta es sí, es sí va.

Por última si a una amiga de uno ya le hicieron el tururú siempre habrá el que diga que ya le quemaron el rancho. Y uno siempre tiene un amigo que mira el cielo y dice Dios: a mí no me des, ponme donde hay. Y hasta la religión la invade nuestra forma de hablar, porque más de un amigo dice que está pasando por una sequía y que le está poniendo velitas a San Luca, el santo de la…exactamente.

No. Es que yo sin esto de verdad que no puedo vivir. ¡Zape gato!

lunes, 8 de febrero de 2010

Texto del Diablo Guardián

Este es el texto que tenemos que interpretar visualmente. De allí viene la foto del post anterior. La verdad que me gustó tanto el ejercicio que lo quiero repetir con otros libros. Por ahora estoy pensando hacer el último párrafo de la Conjura de los Necios. Estoy buscando mi Ignatius Reilly. Gorrita y todo. No tengo a ninguno de los dos. Le dije a mi esposo pero no quiere. El hecho de hacer de IR, no quiere decir que sea él. Pero ni modo. Ya encontraré mi modelo.


“Ave María Purísima: me acuso de ser yo por todas partes. O sea de querer siempre ser otra. Y hasta peor: conseguirlo, ¿ajá? Me acuso de bitchear, witchear y rascuachear, de ser barata como vino en tetrapak, y al mismo tiempo cara, como cualquier coatlicue traicionera. Me acuso de haber robado, no una ni dos veces sino a toda hora y en todo lugar, como chingado pacman cocainómano. Me acuso de acusar al confesor por mis pecados, y de haberlo nombrado Demonio de Mi Guarda sin siquiera explicarle la clase de alimaña que estaba contrayendo. Porque a mujeres como yo no las conoces; las contraes. Como los matrimonios y las enfermedades y las deudas. Ay, mi Diablo Guardián: Dios te lo pague. “
.. Diablo Guardían, Xavier Velasco

domingo, 7 de febrero de 2010

Diablo Guardian FOTO 1



Dije que iba a compartir algunas fotos y aquí está la primera. Es una de las interpretaciones que hice del Diablo Guardián. Mañana entrego en clase la serie de 6 que escogí. Me costó un montón escogerlas. Las hubiera publicado y les hubiera pedido ayuda, pero eso se me acaba de ocurrir ahorita y es muy tarde. Ni modo. Espero que no me digan horrores, pues me fajé, aunque la verdad pensé que me iba a quedar mejor. Todavía pienso que quizás lo mejor es publicar esta foto y pal carrizo. No sé, veremos qué dice la almohada.

jueves, 4 de febrero de 2010

El nuevo juego de La Casita

Cuando éramos chamos jugábamos a la casita. La casita era una familia normal y corriente con papá, mamá y generalmente un par de hijos y perro. El típico sueño estilo americano, por decirlo de alguna manera. Claro está que nosotras que no nos pelábamos Cristal, Abigail o Topacio, le metíamos un toque novelero al asunto. Yo lo acepto. No puedo nombrar a todos los presidentes de Venezuela pero puedo decir casi por orden cronológico quienes han sido los protagonistas de las novelas más famosas, los actores secundarios y lo que llamaban primeros actores. A mí se resbala en la memoria quién fue Ramón J. Velázquez, pero Doña Amalia Pérez Díaz la tengo como la lechuga. En aquel entonces varias veces tomamos algún tipo de trapo blanco y nos lo pusimos en la cabeza para caminar por el pasillo de la casa. En la imaginación era una cola de tres metros de largo como la que usó Lady Di el día que se casó con Carlos Príncipe de Gales.

Pero si fuéramos a jugar hoy en día la cosa fuese muy distinta. Totalmente distinta. Lo cierto es que hoy en día, parejas que están más debajo de los 40 años hay muy pocas que tengan toda la vida juntos. Cada día es más común escuchar: Fulano y Fulana se están separando. No había caído en cuenta hasta que no hace mucho hablando con mi sobrino empezó a contar algo diciendo: "Cuando yo me divorcie…" Realmente no sé qué venía después. No sé si dijo le voy a quitar los hijos a mi ex. Me voy a comprar un play station. Me voy a ir a cazar ballenas a Ushuaia. Me quedé en "divorcie." Porque cuando yo era chama uno decía: "cuando yo me case." Ya no.

Ahora el tema del matrimonio es secundario. Si fuésemos a jugar a la casita habría que empezar por plantearse una separación de bienes. Cada quien tendría que tener a la mano el teléfono de su abogado y el código civil para no meter la pata a la hora de irse de la casa, no vaya a ser que el ex deje las plumas. Ahora el juego no es nada más papá y mamá, sino que aparentemente hacen falta un profesor de spinning para la madre y una veinteañera llena de silicona que esté junto al papá en un restorán, mientras este le dice por pin a la esposa que no llega a cenar porque estará reunido hasta tarde. Tan mal no estamos, el hombre dice la verdad, a medias al menos. Reunido está. Con quién y dónde es otra cosa.

¿Qué es lo que está pasando con las parejas? ¿Es que ya no aguantamos nada? ¿Es que vimos demasiado Disney y se nos distorsionó el cerebro? ¿Es que de verdad de tanto escuchar cuentos que terminaban con "…y fueron felices para siempre" nos volvimos demasiado exigentes? Pensamos que cuando decíamos hasta que la muerte nos separe era que íbamos a estar perennemente con una sonrisa en los dientes. Una sonrisa como la que tenía Ross en ese capítulo de Friends en que los dientes dejaban ciego a todo el mundo de lo blancos que eran.

Como que a los cuentos de hadas les faltó algo. Nadie escribió un pedazo en donde Cenicienta le gritaba al Príncipe que estaba verde de cuidar sola a los tres muchachos que le había montado, mientras el cuadraba una partida de golf. Tampoco pusieron un pedazo donde el otro Príncipe le reclama a Blancanieves lo mucho que gasta, diciéndole que porque no trabaja no tiene idea de lo que valen las cosas, sacándole en cara que no hace nada. Y por supuesto que no sale Blancanieves llorando, porque claro que hace y está mamada, ser ama de casa no es fácil, y desesperada mucho menos. Y menos todavía cuando hace seis meses que el príncipe ni la ve desnuda.

No. Definitivamente no había ni un solo cuento que dijera: y fueron felices hasta que uno de los dos sugirió que tenían que ir a terapia de pareja. Pero eso es lo que tendría que decir hoy en día. Dentro de poco en la lista de bodas incluirán los honorarios de los abogados del divorcio. Uno le dirá a la gente, "Tranquila amiga, que para vajilla puedes usar cualquier cosa, pero yo te doy un vale con un amigo mío que le saca las plumas al peor es nada ese con que te estás casando." Ahorita pareciera que por cualquier cosa uno agarra los cachachás y se va para el carajo. Ahorita se cuestiona todo. Pero nadie se pregunta por la magia. Nadie se pregunta por esa razón, que no tiene nada que ver con la razón, ni la lógica que fue lo que unió a la pareja en un principio. Y sí, por más José Luis Perales que suene, y por más que uno diga que el 14 de febrero es la prueba de que la humanidad es un adefesio y una treta más del imperio para vendernos mierda, el amor sí importa.

Creo que ese es el principal problema. Cuando he hablado con gente de este tema lo único que se tocan son temas prácticos. Hay radicales, como en todo, de ambos lados. Están los que dicen que la pareja hay que mantenerla cueste lo que cuete y están los que no descartan nada. Cada uno tiene sus argumentos. Los primeros alegan que la soledad. Que al final todo el mundo es igual. Todos los hombres. Todas las mujeres. Al final del día son iguales y lo mismo. Son generalmente los que alegan que el sexo no es todo en la vida. Que de un buen polvo te fastidias en dos semanas, mientras que una buena compañía puede durar toda la vida. Luego están los del otro lado, los que dicen que la vida es corta. Que uno no tiene por qué estarse calando las manías y achaques de otra persona. Que si a uno no lo aprecian mejor coger las de Villa Diego y adió luz que te apagaste. Pero casi nadie habla del amor.

Yo ya no sé ni qué pensar. A veces me pregunto. ¿Será que uno era demasiado imbécil? ¿Será que uno se metió demasiados pájaros en la cabeza y ahora estos se comieron las neuronas? Ya ni sé. Ya ni sé cómo debe ser. Sólo sé que la casita a la que yo jugaba aparentemente hay que remodelarla.

martes, 2 de febrero de 2010

Diablo Guardián

No hay nada peor que tener trabajo atrasado. Me siento como cuando estaba en el colegio y faltaba por alguna razón. Entonces tenía que pasar una semana copiando de los cuadernos de mis compañeras, sintiendo que el tiempo no alcanzaba para nada. Sintiendo como si tratara de alcanzar a alguien que corre por esas correas de aeropuerto. Qué fastidioso es quedarse atrás.

Acabo de darme cuenta que llevo una semana perdida del blog. Tengo el teléfono lleno de temas que quiero tocar. Cosas que he visto, que quiero decir. La semana pasada me fui para Caruao con el Club de Lectura y la verdad que fue una nota. Discutimos la Conjura de los Necios de John Keneddy Toole y lo disfrutamos enormemente. Fue quizás la mejor discusión porque se armó una controversia. Primera vez que de verdad alguien dice que no disfrutó del libro y por el otro lado salieron los defensores. Me encantó el encuentro. Creo que en la vida no hay nada más importante que estar en desacuerdo con gente que uno quiere. Es la única forma de saber que mantenemos amistades honestas.

La verdad es que he estado tan full, tan full, tan full. Antes tenía la capacidad de estar full y de poder hacerlo todo. Así fueran a las 3 de la mañana. El problema es que cuando tienes hijos la cosa ya no es tan así. Llegan los momentos en que de verdad tienes que decir que no, porque realmente no puedes. Y en la ciudad de la furia menos todavía. Si lograra ponerle al menos 5 horas más al día, realmente lo haría. Me hacen falta. No quiero que se me pase nada por alto.

Parte de lo que me tiene a millón es el curso de fotografía. La verdad es que estoy más que fascinada. Me encanta el curso. Yo dudo que esté en vías de convertirme en la próxima Diane Arbus. La verdad es que yo no me mentí a la escuela pensando en eso. Simplemente me metí buscando algo diferente que hacer. Algo nuevo. Algo que ayudara mi inspiración y mi manera de ver y de comprender la vida. Una herramienta para agudizar la mirada, para expresar esas cosas que busca decir el alma. Esas cosas que van más allá de las palabras.

Estoy empezando a hacer la tarea del ejercicio final. Un ejercicio que se llama el Diablo Guardían. Lo que hay que hacer es la interpretación visual del primer párrafo de una novela de Xavier Velazco que lleva ese nombre. Tengo varias ideas, pero todavía estoy trabajando en la producción. Iré publicando los resultados. Creo que es la hora de compartir algunas de mis fotos con ustedes.

Por lo pronto mantengo este post corto porque me tengo que ir a trabajar en ese montaje. La verdad que la idea de interpretar visualmente la palabra escrita me parece fascinante. Creo que cuando termine este trabajo voy a agarrar otros libros y haré lo mismo.

Sé que tengo pendientes unas polvorosas que tenía que cocinar. No lo he olvidado, sólo que confieso no está de primero en la lista de prioridades. Tengo que escribir, que fotografiar, que cambiar pañales, que leer. Todo eso va primero. Para la novela estoy metida en dos talleres de escritura y son exigentes. La gente es de buen nivel y los trabajos hay que pensarlos. Esta semana por ejemplo tengo que escribir como si fuera alguien estilo un rockero. Es decir, como si esa fuera la voz principal. Pero, tengo que salir del diablo guardián primero, sino me va a llevar el mismísimo directo al demonio.