viernes, 19 de marzo de 2010

El Amigo


FOTO: La Zárate

Curioso que esta mañana hablando con mi hermana le digo algo que para mí es una máxima en la vida: a los amigos hay que quererlos como son. Uno puede tratar de cambiar a los hijos. Incluso a los hermanos. A los papás. Si el jefe no cambia, tarde o temprano uno busca otro trabajo o resuelve por otro lado. Si la pareja no se pone las pilas lo mandas a que recoja los corotos y coja de las de Villa Diego. Pero, los amigos no.

Uno no se sienta con un pana y dice: bueno mira, si tú no cambias, esta amistad la vamos a tener que dejar hasta aquí. Puede ser que te alejes por un tiempo. Que te sientas porque algo te dolió. Incluso que decidas no hablar más nunca con esa persona porque no le perdonas algo o vice-versa, pero de ahí a que te pidan cambiar es otra cosa. Uno los acepta por lo que son. Y la verdad que si uno se pone a pensar, lo que le da color a esta vida. Lo que la hace tolerable. Es sin lugar a dudas, la amistad. El amor es necesario para vivir. Pero sin la amistad, la vida es imposible.

Entre amigos está el que jamás te llama. El loco. El que tiene conexiones en todos lados. El que nunca maduró. El que habla demasiado. El tímido. El eterno soltero. El que está con la misma novia desde kínder. El que perdiste por algo que hiciste que no sabes qué es. El que dejaste de ver sin razón aparente. El que aparece de vez en cuando. El que no se le puede contar nada porque lo repite. El que le cuentas todo. El que sólo le cuentas ciertas cosas.

El brillante. El que dejaba todo para septiembre. El que resultó ser algo que jamás te hubieras imaginado. El que jurabas que iba ser un éxito pero se fue por mal camino. El que te defraudó. El que perdonaste. El que llamas cuando necesitas algo puntual. El que llamas cuando andas sin hacer nada y quieres tomarte un café. El que da los mejores consejos. El que es sensato. El que tu pareja odia. El que tus papás adoran. El que te conoce tanto, que con oírte la voz sabe que te pasa algo, hasta sabe cómo es tu ropa interior.

El que fue tu pareja. El que pudo serlo. El que es todo menos sexual. El que tiene ciertos derechos.

El que no hace falta que le expliques nada. El que tiene límite de tiempo porque te saca de quicio. El que es abusador. El que se enrolla. El que se cae a gritos contigo y al día siguiente no ha pasado nada. El que sabes que te va a decir la verdad por más que duela.

El superficial. El profundo. El nerd. El creído. El sifirino. El modesto. El demasiado sangre liviana. El altruista. El inventor. El pilas. El que siempre le pasa de todo. El que es un hit con el sexo opuesto. El que siempre lo está jodiendo una pareja. El que tiene una tía que te pellizca los cachetes. El que su mamá te adora y siempre lo mandan a hacer lo que haces tú. El que escribe cada cinco minutos. El que llama todos los días.

El antiparabólico. El que si no lo llamas a las 6 am el día de su cumple se ofende. El que te hizo reír hasta que una bebida te salió por la nariz.
El que te vio desnuda accidentalmente. El que te vio desnuda casualmente. El que te vio con toda la intención. El que se enamoró de ti. El que te hizo enamorarte sola. El que te mandó al foso de la depresión. El que daría la vida por ti. El que nombras padrino de tu chamo. El que se sabe todos tus cuentos.

El que es tu pana porque tienen un hobby en común. El que es un amigo netamente cibernético, y jamás lo has visto en persona. El que comenta todo en Facebook. El amigo de Facebook que fue un pluto contigo en el pasado. El de Facebook que tiene un nombre que no habías oído en toda tu vida. El que hiciste por twitter. El que ya no sabes cómo hablarle si no es por el Messenger del Blackberry. El que sabe todo de computadoras. El que te llama para preguntarte ¿Qué es Windows?

El que tiene una historia trágica. El que se gana todos los premios. El que se gana todas las rifas. El que vive en otro país y esperas volver a ver algún día. El que siempre manda fotos.

El chino. El gordo. El negro. El flaco.

El pelabolas. El que tiene poder. El rico. El que siempre tiene un plan de pinga. El que es tan desordenado que ya no pisas su casa. El que siempre embarca. El mala paga. El que siempre te invita. El que no regala nada. El súper cumplido. El que no entiendes cómo te aguanta. El que siempre se recuerda del día de tu cumple y es el única día al año que cruzan palabra.

El delicado. El que proteges. El que si hablan mal de él proteges a capa y espada. El que quieres conseguirle parjea. El que tiene unos hijos lindos. El que tiene un chamo que es terrible. El intelectual. El que se las tira de viajado. El que siempre anda en una onda nueva. El que cayó en un vicio. El fashion. El metrosexual. El homosexual reprimido. El que salió del closet. El que está luchando. El que pierde el tiempo. El que te juzga. El que te estresa. El que sabe de arte. El que se las tira que sabe.

El que te admite todo. El que te hizo algo que todos condenan y que tú perdonas. El que te encontraste por la vida. El que recuperaste después de muchos años. El que quiere ser como tú. El que es tu ejemplo a seguir. El que te tiene un sobre nombre que sólo usa él.

El chuchero. El mala caña. El bonchón. El que baila que te cagas. El que tiene dos pies izquierdos. El que maestro parrillero. El que no hace ni café. El que no sale después de las 9 de la noche ni muerto. El madrugador. El fanático de la liga española. El que se pone insoportable con el baseball. El que se pone inmamable con el gimnasio. El fisiquista. El político. El familiero. El que es tu sangre. El que es familia lejana. El que es más que si fuera tu familia.

El que todo lo arregla. El que es un mano de mierda. El que es médico y llamas para preguntar una guevonada que te daría pena preguntarle a otra persona. El que te abrazó cuando estabas llorando. El que manejó tu carro un día que no podías más de la rasca. El que tiene una canción contigo y si están juntos y suena la cantan y la bailan. El que fue toda una historia. El que siempre te hace reír. El que tienes que seguirle la corriente.

El bellito. El elegante. El que jamás se le mueve un pelo. El descoñetado. El que no se quita los crocs. El as de los negocios. El materliasta. El que casi nadie soporta sino tú. El culo malo. El que es un culo.
El que te salvó de hacer un papelón. El que hizo un papelón contigo. El que te sacó de un lío.

El papá perfecto. El que terminó casado con alguien de tu familia. El que se come las uñas. El que se pinta el pelo. El que ve televisión que jode. El que no ve televisión. El lector. El músico. El artista.

El que vivió algo duro contigo. El que no entiende un lado de ti. El que nadie entiende por qué es tu amigo. El independiente. El que te llama para ver si llegaste bien. El que podría hacer un inventario de todo lo que tiene Itunes. El que sabe full de cine. El que no se pela los Oscars. El que va a llenar contigo el álbum Panini del mundial, aunque tenga 31. Esa última, soy yo.

And Follow My Heart I Did.

Sí. Me están diciendo que si me gusta la cosa. Que si el drama. Que si las razones. Que si el olvido. No para mí es puro y simple como esto: si tú lees en un papel mentiras sobre ti, te defiendes. Yo soy idealista y come flor. Yo soy quijotesca. Creo que en el honor. Creo que la mentira no sirve nada, salvo cuando es una cortesía como: te quedó riquísima la torta. Pero cuando tu agarras a alguien y dices lo que te da la gana como si fueras el dueño de la historia, sin importar a quién estás haciendo daño. No. Así no funcionan las cosas. Yo creo en eso que aquí llaman: un parao. Y yo estoy parada con la palma hacia fuera haciendo señal de stop. Prometí decir la verdad y las promesas se cumplen. La verdad será servida.

Y el resentimiento, se agradecería, llevarlo a un diván, que forme parte del mobiliario de un doctor que cobre bien caro. Porque esto no lo empecé yo. Lo continué. Firmé el papel. Lo que quiere decir que la cosa rueda.

Yo sigo insistiendo que aquí lo que enredó las cosas fue no comprender ese dicho que de lo cortés no quita lo valiente. Y que mal puedes pasar por valiente, si no eres cortés.

jueves, 18 de marzo de 2010

Vuelve el Vicario. En 3 y 2.

Mi frase favorita: todo en esta vida es un trade off. Por eso es que, en la mayoría de los casos, no miro al pasado ni veo hacia los lados. Porque todos estamos en lo mismo. Cada decisión, cada paso, cada escogencia que hicimos y que hacemos implica pros y contras. Nada es ganar, ganar. Ni el trabajo que soñaste, ni el riesgo asumido con o sin razón, ni haber conseguido eso que tanto esperabas. No hay melodía respetable sin bemoles. La vida es así.

Bien. Eso lo entendemos. Seis líneas y no tengo que decir mucho más al respecto. El problema está en el paso a dar. En el momento previo. Ese momento en el que uno se siente en el 3 y en el 2. El dos es chévere pero el 3 también. Y uno siempre aspira al número más alto, pero, no podemos olvidar que a veces menos es más. ¿Entonces? Con cúal te quedas, con el 3 o con el 2.

Me explico: no sé si acuerdan, porque tengo mucho tiempo que no hablo de esto. Es más, muchos de ustedes ni sabrán a qué me refiero. El vicario me volvió a llamar. Es más ya no hay vicario, ahora es un juez asignado al caso. No. No le metí la nariz al tubo de escape. Ni la calina me nubló el cerebro. En Venezuela hay un Vicario, jefe del Tribunal Eclesiástico Regional, y a mí me están demandando allí. Resulta que el juicio es mega complicado, entre otras cosas porque es un juicio moral, entonces casi todo se hace de acuerdo a la conciencia, lo que uno en su corazón sabe que es verdad. Así declaras, tanto partes como testigos. Aunque toda prueba palpable por supuesto es importante.

Yo no tengo rollo con ser la demandada. Me da un poco de cosa, porque no dejo de pensar, ¿por qué me van a demandar? moral, eclesiástica o civilmente, si yo no he hecho nada. Pero no sirve de mucho buscar esa respuesta ya que lo hecho, hecho está, no depende de mí y tengo que resolver la situación. En realidad al principio nadie me quiso decir por qué me estaban demandando.

Yo me imaginaba que era mi ex, pero uno nunca sabe si había ofendido a alguna monja por el camino y la señora quería ventilar su rabia conmigo. Me preguntaba ¿será que el vicario hace a veces como Julio Borges en el programa aquel Justicia para Todos?
Pero no. La cosa es más solemne, y el tema era mi ex. Las monjas conmigo no se llevan mal. Yo soy buena nota. Yo rezo todas las noches y arriesgo el pescuezo dándole lo que puedo a los mendigos.

Si lo vemos en sangre fría, la demanda no se sostiene, y por eso yo no la planteé. Lo siento. El pasado no se puede borrar. Mi esposo mismo me dijo: vas a ir y le vas a decir al Padre, que cuando te casaste la primera vez pensabas que no era para toda la vida. ¿Eso es verdad? Entonces, no lo hagas. Y sí. Eso no lo voy a hacer. Porque la verdad, para anular un matrimonio en base a mentiras, mejor agarro a Juan y en pleno Fotoviernes lo disfrazo de cura y que nos case. Al final uno de los dos va a ser un show. Mejor ahorrarte el que es un engorro. Además, se lo prometí a Dani mi amiga. Que pasara lo que pasara iba a decir la verdad.

Entonces está descartado aquello de ponerse de acuerdo e ir a decir cualquier cosa. Como hace mucha gente. Como me lo ha sugerido mucha gente. Pero eso no lo voy a hacer. Por lo que dije anteriormente y porque la contraparte, es decir el demandante, me jugó por la espalda. No me dijo nada, lo cual aprendí era su deber,entre otras cosa que callo, no por mí, ni por él, sino por otros. Eso para que el juicio se hiciera a mis espaldas, y así yo me quedara calladita.

Aparentemente me quería llevar de regalo de cumple nuestra disolución total. Me entristece. No porque hayan rollos afectivos. Yo ni pienso en eso ya. Es más este rollo se me olvida a cada rato. Lo que me da lástima es que no entienda que la disolución, el quiebre con el pasado está en la mente y en el alma. No en un papel, ni una anulación. Y que el pasado, no se puede borrar, ni anular. Sorry pana, ese trabajo es de uno solito.

No quiero participar en esto porque me parece un desgaste y una falsedad. Si me voy por las causales de anulación más suaves, entonces estoy participando de una mentira. Y de verdad, a los 31 años, partir de una relación en base a mentiras, sobre todo para empezar otra. Es patético. Esas lecciones se aprenden en la adolescencia. Ya a esta edad es patológico. Pero, si me voy por las otras causales, me estoy metiendo en un rollo horrible, que no sé si quiero.

Entonces tengo dos opciones. Me callo. Dejo que él haga lo que le de la gana. Al menos el Vicario ya sabe que si callo es porque tengo miedo. Porque no quiero conflicto. Pero en cierta forma quedo como una cobarde. No cumplo con tantas mujeres a quienes uno anima que no callen. No cuento mi historia a nadie, que quizás sirva para animar a tantas que están perdidas en relaciones terribles. Sí callo el gana el juicio, y además todas las calumnias que dijo quedan demostradas de cierta forma. No me podré defender. Y yo dije, hace tiempo luego de un incidente, que esa era la última vez que me humillaban. Al menos esa persona. Y yo cuando digo algo, lo cumplo.

Por otro lado, si no voy, sigo mi vida. No tengo este rollo. Qué haga lo que quiera con su triste anulación. Que comprenda amargamente que no se borra el pasado y que es una “venganza” poco efectiva. Después de todo, mi conciencia está muy tranquila. Y además no tengo que estar a las 6:55 am debatiéndome, pensando en la frase de Bono: es muy tarde esta noche para arrastrar el pasado hacia la luz.

La otra opción es seguir. Ya la verdad la dije una vez. Puedo repetirla. Reviviendo todo aquello. No abriendo heridas, sino más bien pasando la mano sobre la cicatriz. No sé qué voy a despertar del otro lado. Me imagino que más ira. Más rabia. Más ganas de pelear. Me imagino que se cocinará algo para hacerme daño más adelante. Al menos eso me fue prometido una vez. Y yo pensaba que eran cosas que se dicen en el momento, cuando estás muy joven para divorciarte. Pero ahora veo que aquí no hay Ivonne Reyes, gritando como cuando animaba el juego de la Oca, ¡Prueba Superada! Como que venía en serio aquello de te quiero joder.

Ir implica meterse en el peo físico. Ir hasta el tribunal. Buscar testigo. Asumir todo lo que implica. ¿Para qué? No sé qué voy a ganar. No sé si realmente ya a estas alturas importa decir la verdad, salvo para aquello que mencioné arriba.

Así que estoy en 3 y 2. No sé qué hacer. Por el momento hoy tengo una cita. Una cita en la oficina del vicario.

Esto se parece demasiado a una novela Mexicana. Y no. No es una idea para una historia. Una trama inventada. Esto es mi vida.

Mañana les contaré, qué pasó.

miércoles, 17 de marzo de 2010

95 en 35


Esta mañana en un período de 35 minutos conté un total de 97 motorizados. Entre esos había un Guardia Nacional, con traje verde, botas enormes. Las letras GN en la parte frontal de la moto. Tenía un casco gigante. Demasiado grande. Parecía un soldado alemán de la segunda guerra mundial. Hubo varios que pasaron de a dos. Ninguno con casco. Cuando se alejaban podía ver sus cabecitas rapadas. Parecían malandrines inofensivos. No pasaban de 17 años. La moto era mínima. En una moto un poco más grande iba una mujer sin casco. El pelo largo. Parecía la Xena de la Ciudad de la Furia. Pensé, me gustaría conocerla. Seguro tiene un nombre como Valeska y cuando hable de ella será para decir, ¿sabes Valeka?, mi amiga que tiene una moto. Ella monta moto sin casco y no le ha pasado nada. Y me van a decir, seguro los demás motorizados le dicen de mamita para abajo. Y yo contestaré que estoy segura que no. Algunos sí. Pero la mayoría le tienen miedo. Con Xena no te metes a menos que lo diga el libreto.

Vi un motorizado que estaba llegando a un lugar, y preguntó si estaba en el lugar correcto mientras miraba un papel. Yo asumo que era una factura. Tenía cara de apuro y preocupación. Un bolso cruzado por el pecho. El casco puesto. Cara de calor. Todos tenemos calor. De hecho vi varios con los bolsos cruzados. La gran mayoría. Esos casi siempre van solos. Vi uno que había dejado la moto estacionada y hablaba con otros hombres que estaban arreglando algo en la autopista. Estaban haciendo una cola. Pero a ese motorizado seguro no le importa. Es más a lo mejor hasta le conviene. Para ellos es menos peligroso si en la autopista el tránsito no está circulando a toda velocidad. Vi cascos grandes. Vi una moto con un tubo de escape enorme. De esos que se ve que pueden llegar a sonar durísimo.

En la ciudad de la furia los motorizados son mucho más que hombres, o mujeres, en moto. Un motorizado puede ser cualquier cosa. Un ladrón. Una asesino. Un mensajero. Un sicario. Un ejecutivo. Un abogado. Una mujer que se cree muy macha. Un malandro. Un niño desocupado. Un post adolescente que no tiene conciencia de dónde vive. Un abusador. Un falta de respeto. Un agresivo. Un mal ciudadano. Una persona honesta. Una víctima. Un eterno optimista. Un kamikaze. Un intermedio entre todo.
El motorizado es el mosquito de esta jungla urbana. Puede traernos dengue, malaria, fiebre amarilla, o simplemente una roncha. Una roncha grande o pequeña. Que nos cause alergia o que no nos haga nada. A lo mejor la picadura ni duele. A lo mejor no nos pica. Nos tratamos de poner repelente. Pero la gran mayoría de las veces no hace nada. El mosquito, aún con su tamaño diminuto hace lo que quiere. Es más poderoso que nosotros. Aunque no queramos verlo.

¿Cuántos motorizados hay? No sé. Hay muchos. Seguro algún organismo tiene una cifra. Pero seguro está mala. Los países como este no tienen cifras reales. No se sabe ni qué eso. Así que yo los cuento cada vez que puedo. Los cuento y me asombro. Hay más motorizados que personas. Más motorizados que carros. Más motorizados que las mismas motos. Salen de todos lados, en todas direcciones, a distintas velocidades. Y los cuento y no me da tiempo para hacer más nada. Ni para cantar. Ni escuchar radio. Ni hablar con el copiloto. Y pienso ¿Será que son reales? No sé. Un motorizado no es un hombre en una moto. Un motorizado puede ser cualquier cosa.

martes, 16 de marzo de 2010

Esto no es El Niño. Es el Preescolar Completo.


Llevaba gran parte de un post escrito. Pero lo borré. Tengo que parar. Así no me puedo concentrar. Hace demasiado calor. No sé qué está pasando. Tengo varios días sintiéndome mal. Creo que el hecho de que mi cena consiste básicamente en chocolate negro, no ayuda. Pero la verdad, no creo que sea eso. Sí. Para los que viven en países de cuatro estaciones los calores extremos son normales. Pero hay que tomar en cuenta que ustedes durante esas fechas cierran todo y se largan. Las ciudades parecen el set viejo de alguna película, que espera que al hacerse famosa los turistas la visiten. No hay casi comercios abiertos. No provoca hacer nada.

Es que el calor es horrible. Pega. Aturde. Zarandea. Cansa. Genera mal humor. No provoca nada. Provoca dormir. Pero dormir con calor es imposible. Cuando uno se despierta sudando, así esté más sano que una cosecha de zanahorias, uno siente en medio del sopor que tiene fiebre. Sudar es de cochinos, de hipertensos y de moribundos. O de amantes. Pero es que el sexo es algo que debe provocar calor, no provoca hacerlo cuando hace demasiado calor. Eso sólo pasa en videos patéticos de artistas como Jennifer López.

El calor desgasta. Y lo digo yo. Que sufro perennemente de frío. Yo que siempre he dicho que el infierno es frío, porque el calor, en la mayoría de los casos no afectaba tanto. Ahora entiendo porque en los países del tercer mundo uno ve los gordos con la barriga afuera, la camisa arremangada hasta donde comienza el pecho. Es por eso que uno ve la muchedumbre tirada en los parques. Sin importarles aquell máxima de que “el suelo está sucio.” No importa. Yo ahorita me puedo tirar en cualquier grama, en cualquier piso.

El calor da sed. Por más agua que tomo no puedo parar. Siempre tengo sed. Y además me siento hinchada. A lo mejor estoy comiendo más y peor de la cuenta. Sí. Eso también hace. Pero la verdad es que el calor tampoco ayuda. Uno se siente gigante. La ropa aprieta. Molesta. Pero quitársela no es que haga mucho tampoco. Hace tanto calor que me da cosa con el aire acondicionado. Lo prendo y lo escucho, tratando desesperadamente de echar aire a toda velocidad para cumplir la promesa de llegar a la cifra que marca el control de la temperatura. Pero parece sufrir. Y a veces me da miedo que en cualquier momento explote. Exhausto. Rendido. Lo mismo le pasa la nevera. Yo sé que no están vivos. Pero si estuvieran, me daría mucha lástima por ellos. Se los diría.

El calor. El calor. El calor. Esto no es el niño. Esto es el preescolar completo. Me estoy ahogando. Hasta la computadora está hirviendo con el ventilador a millón. Como diciendo. No puedo más. Déjame parar un rato. Así que la voy a dejar. Voy a ver si me baño. Aunque repito lo que siempre digo por Twitter. Me baño y no sé si es el agua o es más sudor que cae. Pero esto es insoportable. Es como cuando uno tiene uno de esos virus que duran y duran, uno ya no se recuerda como era vivir sin este calor. Y me pregunto ¿será que va a pasar de verdad?

Hay quien dice que esto es normal. Hay quien dice que esta es la prueba de que Nostradamus y los mayas y el astrólogo no sé quién tenían razón. No sé. Yo no sé si esto significa que se acerca el fin. Pero esto así no puede durar mucho más.

domingo, 14 de marzo de 2010

Mis Amigos Famosos


Es domingo. El tema Chávez está agotado. El momento Martha Colomina pasó. Ya se habló y se rehabló de todas las modalidades nuevas de secuestro, asalto y robo a mano armada. Y se crea en la sobremesa ese silencio que hace que la tía más vieja diga, “Ay. Pasó un angelito.” ¿Qué queda para hablar? De los famosos.

No importa sin son artistas de cine, miembros de la realeza europea, deportistas, políticos extranjeros o intelectuales de moda. El tema es hablar de los famosos. Se deja de lado lo filosófico y lo profundo, no se va a hablar del impacto que tuvo el último discurso de Obama, sino de cuán combinada estaba su cortaba con el vestido de su esposa. Cuando hablamos de los famosos todos tenemos una Chepa Candela por dentro. Y por más que uno sea de esas personas que engolan la voz y dicen cosas como, yo no veo casi televisión o yo jamás compro la ¡Hola! Lo cierto es si se habla de Paris Hilton hasta el gato está claro que no se está hablando de un hotel en Paris.

Es que todos tenemos una relación con los famosos que no deja de ser extraña. Pienso en eso porque el otro día en un carro pusieron mi Ipod y por supuesto empezó el juicio a la calidad de las canciones. Aunque eso es un tema que ya hemos tocado y que da para otro post, lo cierto es que de vez en cuando había un chiste o algún comentario. En eso salió Phil Collins. Phil Collins, es para muchos amantes de la música lo que para mí es Dan Brown en literatura. Es decir, si ese carajo va para el cielo, ya lo he dicho, no me interesa portar por ahí, así me queme el resto de la eternidad. Así que como en el carro había varios entendidos en el tema musical, salió inevitablemente crucificado mi amigo. Y digo amigo porque mi defensa fue: “Oye vale. Sé que no es el mejor de los músicos, aunque lo admiro como baterista y no sé, le tengo cariño.” El tema quedó allí, entre otras cosas porque llegamos a nuestro destino.

Me bajé del carro y me quedé pensando, realmente ¿por qué coño le tengo cariño a Phil Collins? Yo a ese señor no lo conozco. No he cruzado una mirada con él. No sé si tiene mal aliento. No sé si algún día me lo cruzo por la calle y me le acerco pensando que es mi amigo, y el tipo me va a contestar con una patada. No por nada, sino porque es un antipático. No sé. Lo que sí sé es que lo defendí como si fuese mi compañero de taller de narrativa. Y no es nada más Phil Collins. Recientemente he generado una empatía con Ellen Degeneres, por ejemplo. Me cae bien la mujer. Sí es un poco demasiado lesbiana, pero no me importa. Con quien se bese y haga su cosa no es rollo mío, a mí me cae bien. Yo la veo y pienso, una sobremesa con esta tipa sería una nota.

Otro que me llega es Randy Jackson. Otro juez de American Idol por cierto. Ese tipo me cae bien. La manera como dice: yo dog, check it out. Me encanta. Además tiene una risa sabrosa. Se ve que con él se te sube el gafo y la pasas demasiado bien echando vaina que si en un viaje en carro. Otra artista que me cae buenísimo es Wyneth Paltrow, no sé, me parece simpática. Así como en el mundo de los deportes siempre me ha encantado Mónica Seles, y en cambio a Martina Hingis no la puedo ver ni pintada en un poster.

Otro que me cae demasiado bien es Robert Downey Jr. Tiene pinta que es el propio que te voltea la cara y te hace sentir como una plasta. Pero a mí me cae bien, no me importan sus rollos de droga, es demasiado bello. Igual que Rob Thomas cantante de Matchbox 20, a mí cuando quiera me puede cantar la que hizo a duo con Santana que realidad se la escribió a su esposa. No sé. Lo amo. Igual que amo a Lars Ulrich baterista de Metallica y para mí uno de los mejores bateristas del mundo. Pero de igual forma se me incrusta Brett Michaels y su Rock of Love, lateándose con unas mujeres que son la peor representación del género pues pertenecen a ese grupo que Charles llama: Tengo un hombre, luego existo. Y además un hombre que está lleno de botox y con la cara más estirada que una maya de gimnasia olímpica es simplemente desagradable.

Luego uno no puede hablar de Francia sin hablar de Nicolas Sarkosy, que bien puede ser un hombre brillante, pero además es demasiado sexy. Para más remate se casa con Carla Bruni y cada evento de estado parece la alfombra roja de los Oscar gracias a ellos. Ella es una mujer preciosa, pero yo no dejo de pensar que la mirada de ella dice algo así como: cu-cu, cu-cu. No sé, por más top model no dejo de pensar que es la propia que es capaz de hornear al periquito de la familia porque su psíquico se lo aconsejó. Es como rara.

Otra que me encanta es Angelina Jolie, me parece que esa mujer es preciosa y demasiado bella, y su boca, digan lo que digan, no es inyectada. Brad Pitt por el contrario me produce sentimientos encontrados. Me parece demasiado bonito, demasiado muñeco de torta y demasiado hippie forzado. No sé siento que es así como: hola, soy tan lindo que puedo andar por ahí con esta barba de Santa Claus y aún así me veo como un papi. Pero no se ve un tipo antipático.

Uno que sí no soporto. Que me provoca tirarle un zapato en la cara es Tom Cruise. Y no aguanto a la esposa que parece un maniquí de cuerda, con el corte de pelo más falso, la ropa más falsa. Me parece una fashion victim sin personalidad. Un cero a la izquierda pero total. Además que Tom Cruise se ve que es uno de esos misóginos que trata a las mujeres como si fuesen ciudadanos de cuarta categoría. Cero uno en esa boleta. Además tuvo a la hija y se olvidó de los chamos que adoptó con Nicole Kidman, que lo falta es que le carguen las maletas a la Suri. No. Fatal. No me provoca ni ver sus películas. Porque además el pendejo ese cuando hace de nazi, hace de nazi bueno. ¡No me jodas! Si vas a hacer papel de nazi, hazlo de verdad.

Me pasó por ejemplo con Victoria Beckham que no la soportaba. No me gusta cómo se viste aunque sea un ícono de la moda. Me parece más exagerada que cuando Leonela se casa con su violador. Debe tener deformes los dedos de los pies con el tamaño de los tacones y problemas de la mitad de los músculos con lo apretado de los vestidos, eso sin mencionar que esta tipa no debe comer lechuga porque tiene demasiadas calorías. Y se ve que es la propia que te ve y te critica hasta las venitas que tienes en el ojo. Pero la verdad es que viendo American Idol (un guilty pleasure, lo confieso) me quedé loca. La tipa tiene una vocecita de boba que casi te da cosita, además de que era súper pana con todo el mundo. En cambio Avril Levigne, también fue, y ella que es más fea que un choque con muertos, que tiene unos dientes que parecen una parrilla de hienas, se burlaba de la gente como si ella fuese una buena cantante. Una estúpida pero total. Qué incruste de tipa de verdad.

Ya que seguimos en American Idol tengo que decir que yo amo a Simon Caldwell. Sí a veces se pasa y dice cosas como: tú actuación fuese buena si estuviésemos en un bar, y yo estuviese con mis amigos, tomando, y borracho no te hubiera escuchado. ¡Coño de su madre! Pero el tipo es realmente honesto. No tiene filtro y cuando a veces hay gente que va con muchas expectativas, como el cieguito, Simon era el único que se atrevía a decirle la verdad y no le salí con hipocresías sólo porque era cieguito. Y eso yo lo admiro porque para eso hay que tener bolas. Aunque a veces se pase, como la semana pasada que le dijo a una tipa: irónico que acabas de cantar sobre escalar una montaña y te acabas de caer de una. Jajaja. Qué pana ese carajo, no me quiero imaginar cómo saldría un hijo de ese papá.

En cuanto a actores George Clooney por ejemplo es otro que no me parece ni fu, ni fa. Sí, es bello. No voy a decir que no. Pero no sé, me parece mucho más bello Christian Bale. George Clooney de pareja debe ser insoportable. Debe usar más cremas que Raquel Welch, y aunque no creo que sea maricón tiene pinta de que duerme en cama extra-king para que le quepa el ego. Ay no, los hombres son difíciles, pero esos así de creídos son los peores. La versión en mujer es Demi Moore, quien además se photoshopeo en la última portada de la revista W, y ni siquiera tuvo las bolas de reconocerlo. Para mí estas son las peores, porque nos hacen sentir mal y además no asumen la cosa como es. Al menos dilo, coño. Me choca eso, y es puro maquillaje, porque de películas buenas no tiene ni una, salvo St. Elmos Fire que hizo cuando no era nadie.

En cambio Kate Winslet es otra que considero mi amiga. La amo. Sí el vestido de este año de los Oscars fue medio feito. Pero no me importa, ella puede ponerse una lechuga en cada lola y un radicchio para taparle la boo-haha, yo igual la amo. Me encanta como ella más bien se arrechó cuando la photoshopearon porque ella no se avergüenza de su cuerpo. Creo que así tenemos que ser todas. Estilo Catherine Deneuve, que ya lo he dicho, la admiro. Otro que me encanta es Gerard Depardue. Será gordo y viejo, pero es sexy. Será que me encanta un viejo. No sé, siento que cuando el tipo echa un chiste lo echa para mí. Eso es lo que yo llamo carisma. Igual que Ricardo Darín, el actor argentino, lo amo. Simplemente lo amo. Ese hombre no hace película mala.

Uno que es un drama perenne es Nicolas Cage. Qué hombre tan fastidioso y cansón. Tiene pinta de ser el propio novio que te llama 50 veces al día a preguntarte si lo quieres, que más que una pareja es un tamagochi. En cambio el que es el propio hombre para mandarlo a uno al foso de la depresión es el de Gray´s Anantomy, Patrick Dempsey, qué bello es. Además es papá de unos morochos, se ve que es el propio tipo bueno, aunque tiene pinta de es que en la cama es aburrido, no sé por qué. Luego está que si Jessica Simpson que la detesto porque me fastidia que una mujer se las tenga que dar de bruta. Por eso me revientan las tipas del Playboy Mansion, eso no lo he visto mucho y la verdad me saca la piedra.

Uno que me cae bien es Matt Damon, se ve que es el propio amigo pana. Pero en cambio Ben Affleck me da como sueño, también se ve que es el propio inseguro que anda con un dramón. En cambio el hermano se ve mucho más pilas y echado pa´lante. Otro que también me encanta es Mark Wahlberg, qué bello es, además que es el propio súper pilas.

Si a la realeza nos vamos la verdad es que uno ve a la Duquesa de Alba y da pena ajena, como esa tía que uno quiere esconder de los amigos. Por cómo se viste, y las cosas que dice y que hace. Aunque la verdad si uno lo piensa hay que admirarle su personalidad, y el hecho de que por más que uno la quiera esconder a ella le importa tres pitos. Luego está Letizia, que la verdad a mí me cae buenísimo, aunque me da algo de lástima porque estar de esposa del Príncipe de Asturias debe ser chévere un ratico, después de la 5ta ceremonia debe ser una ladilla. Debe ser un fastidio no poder decir, no voy a ir a este compromiso porque me voy a jubilar y me voy a quedar viendo Sex and the City y comiendo Nutella. Además a esa pobre le tienen tanta envidia, que si se gasta mucha plata en ropa entonces es una botarata que despilfarra el dinero de los españoles, y si no es una pichirre que repite los vestidos.

En fin, que no gana nunca la pobre. La verdad es que uno con los famosos es así, como si los conociera. Es más, a veces uno le pone más pasión a la relación con los famosos que a las relaciones que uno tiene con la gente que nos rodea. Yo tengo que confesar que solté unas lágrimas cuando se murió Celia Cruz, por ejemplo, sobre todo porque me dio tristeza su esposo que la quiso tanto. Me quedé loca cuando se murió Michael Jackson, porque siempre me dio mucha lástima y sentía que el hecho de que hubiese muerto alguien que fue tan famoso durante la infancia de una forma u otra nos hace más viejos. Me indigné cuando se divorciaron Brad Pitt y Jennifer Aniston porque ella siempre me cayó bien, y me pareció que la cosa la manejaron mal. Y me pareció de lo último todo lo que hizo Britney Spears con los hijos. Me dio de todo cuando se murió el hijo de John Travolta, porque me parece que él y Kelly Preston son una pareja bellísima. Y parecen buenas personas, además a mí sí me gusta él como actor.

En fin, que además uno les opina en la vida como si realmente a ellos les importase los que uno diga. Como decía una tía que en paz descanse, son como de la familia, prácticamente hemos vivido con ellos. Me pregunto qué diríamos si los conociéramos en persona.

sábado, 13 de marzo de 2010

Los Tiuno



Los tiuno. No sé por qué para mis contemporáneos los tiuno han sido más fuertes que los enta. Hay muchas maneras de verlo. Cuando nací Luis Herrera era presidente, parece como si estuviera hablando del Pleistoceno. Por otro lado si pienso que estoy apenas entrando a la tercera década de la vida, parece poco. La verdad es que yo estoy contenta con la vida, aunque confieso que soy de esas personas que siempre están esperando el paso del tiempo. Así como uno a los 16 no podía aguantarse las ganas de cumplir 18. No es que me muera porque lleguen los 35, pero la verdad es que estoy comenzando lo que yo creo que es mi carrera literaria y la verdad que me muero de ganas por saber si voy a lograrlo o no, por llegar a ese punto en que ya pueda de lleno y con la cabeza en alto decir: soy escritora. Por ahora sigo siendo una persona que le gusta escribir y que intenta dedicarse a eso.

Lo que si tengo que decir de los tiuno es que han sido un poco raros. Ayer fui un día extraño. Fue un cumpelaños como no había tenido nunca y la verdad que no sé por qué. Hubo un poco de todo. Casi siempre, sobre todo el año pasado yo celebro mi cumpleaños haciendo la típica fiestecita de: invito al que me llame. De hecho ya mis amigos están acostumbrados. Pero ayer no hice nada. Salvo freír algunos tequeños. Estoy tan enfiebrada con la fotografía que como tenía una práctica a las 9 de la mañana cuando Clarissa lloró a eso de las 5:30 y mi esposo me dijo Feliz Cumple, con el cantadito parecido a eeesssooooo tan típico del bachillerato, mi respuesta fue: de qué me estás hablando. A lo que él, extrañado, respondió: Es tu cumple boba!

Pues fue mi cumple. Me cantaron cumpleaños en clase cosa que logró lo que pocas logran: que me ponga roja. No hay nada que de más pena que a uno le canten cumpleaños en público. No sé por qué pasa eso. No sé si es que ahí es cuando a uno le confirman que en efecto estás más viejo. Si es por la torta, que o se ve muy buena y todo el mundo quiere un pedazo y nadie aguanta las ganas. O se ve asquerosa y todo el mundo está temiendo el momento en que es apaguen todas la velas y haya que educadamente decir que no. O porque no hay torta y después del último cumpleaños feliz nadie sabrá bien qué hacer. El caso es que esta vez me tocó canto público.

De ahí en adelante dejé tirado el teléfono durante mi clase, y cuando por fin respondí las llamadas me tocó regaño por buzón colapsado. Me imaginé que para almorzar estarían esperándome mi papá y mi mamá, pero al llegar a mi casa me di cuenta de que estaba como la canción de Jorge Rigó: Sola, con un recuerdo herida. Siempre digo que el día de mi cumple me doy permiso para comer lo que sea. De hecho tenía planeado comerme la bolsa de Doritos que nunca me doy permiso para comer pero no lo hice. En vez me comí una pechuga de pollo con un pedazo de quiche viejo. No estaba mal, pero mientras comía no paraba de pensar que era un menú raro para el día de mi cumpleaños. Generalmente ese el día en que como mi tremendo plato de pasta. Pero no lo hice.

Ayer Juan me dio un tremendo regalo, pero no puedo decir que es. No porque tenga elementos de sexo tipo A, B o C. De hecho nada tiene que ver con el sexo, más bien tiene que ver con la amistad. Esa amistad que es a prueba de todo, en la que estás ahí para tu amigo pase lo que pase, en la buena, en la mala, en la regular y en la que es más difícil de enfrentar, la que pone a prueba el sentido del ridículo.
Al final del día soplé mis 31 velitas que mi sobrina puso en forma de carita de feliz sobre una torta de arequipe. Me cantaron mi noche tan preciosa. Me tomé un vinito. Abrí unos regalitos. Y me preparé para adentrarme en la tercera década, que desde ya puedo ver que va a ser bien movida. Mi esposo dice, no hay por qué deprimirse, a partir de los treinta es que las mujeres se ponen realmente buenas. Sí. Tiene razón, no sé si yo me pondré buena, regular o pasaré a la lista de las que uno dice: qué le pasó está hecha mierda. Lo que sí sé es que la vida ahora es que se pone buena.

Mi plan de aquí a los 40. No son planes demasiado concretos, más bien son cosas filosóficas. En cuanto a lo puntual, como vaya viniendo vamos viendo.
- No dejar pasar una sola oportunidad.
- Conocer mejor Venezuela.
- Tomarme las cosas con más calma.
- Decir lo que pienso.
- Ser más tolerante.
- Preocuparme menos por el kilo de más.
- Hacer ejercicio, cuando me provoque.
- Hacer cosas nuevas.
- Leer. Leer. Leer. Leer. Leer.
- Escribir, coño. Escribir.
- Mejorar mis fotos. Lo más posible.
- Hacer lo posible por cocinar.
- Disfrutar a mi hija. Jugar con ella como si tuviéramos la misma edad. En alguna dimensión la tenemos.
- Hacer obra social. Siempre hay que buscar un espacio para ayudar a los demás.
- Hacer cursos y talleres de lo que pueda.
- Escuchar música. Mucha música. La buena y la mala.
- Hacer una fiesta.
- Echarle plomo a las ideas que salgan.
- Ver menos televisión.
¿Alguna sugerencia?

martes, 9 de marzo de 2010

A Punto de Bloqueo

Estoy a punto de declarar bloqueo. Es lo que pasa cuando uno deja ir las ideas. Esta mañana tenía clarísimo lo que quería hacer. Lo que quería decir. Ahora nada. No tengo personaje. No tengo historia. Lo que tengo es una vaga revisión del baúl de mierda de mi pasado a ver si de allí saco un diálogo. Qué vaina tan seria. Le puedo echar la culpa al Twitter. Pero la verdad es que Twitter es más bien una fuente de ideas. Además, para alguien como yo, adicto a la verborrea, no está de más practicar la expresión en 140 caracteres.

El punto es que para mañana tengo que terminar un diálogo y no estoy ni cerca. Miento. Sí lo tengo. Porque si algo tengo yo es que en 10 minutos puedo soltar una cantidad de cosas que dejan a mi esposo diciendo: ¿cuánto tiempo te tomó escribir eso? Sí. No fue casi nada. Lo admito. El problema es que es que escribir no es matemáticas. No es cuestión de me siento y sumo dos y dos y listo. Están las musas. Está la creatividad. Está ese momento que esta mañana me vino cuando estaba tirada en el piso, metida junto con mi hija en un gimnasio infantil y sabiendo que el personaje en cuestión iba a ser un niño que hablaría con otro sobre como el colegio le iban a dar una golpiza.

Tenía el diálogo en mi cabeza. Tenía hasta el color del pelo del chamo. Un gordito. Pelo negro. De esos que te dan una ternura que ya no puedes más. Este chamo era el propio que toda la vida recibió golpe parejo. Se había comprado unos guates de boxeo sin que la mamá lo supiera. La mamá era de una de estas mujeres de armas tomar. De estas que se las han arreglado para sacar a su hijo adelante solas. A esta señora la dejaron de la peor manera. De esa forma que los hombres manejan a la perfección: sin explicaciones. Lo único que le dejó el tipo además del chamo fue un silencio. Y un cheque flaquito de vez en cuando. Esta señora había pensado decirle al chamo que el papá se había muerto. Pero cuando llegó la hora de elaborar bien la mentira basada en aquello de “tu papá se fue al cielo” se acobardó y le soltó todo. Pero no como si fuese si hijo, sino como si fuese su psiquiatra, es decir diciendo de “ese hijo de puta para abajo…”

De ahí en adelante la cosa se le puso difícil a este chamo. Una especie de Jaime Palillo, que no se va a llamar Jaime porque Jaime es nombre de gordito y yo no le quiero hacer eso. Tampoco Lorenzo. No acepto además nerd que se llame Lorenzo. Sorry a los portadores del nombre, pero saben que cada nombre tiene su estigma. La vida es así. Es como que me digan que conocen a una Victoria sangre liviana, a una Cristina que no es nada intensa, a una Diana que no es dramática, a una Clementina que no es viejil, a una Manuela es tranquila y recatada. No señores. Nuestros padres nos marcan desde el momento que nos registran. Por eso yo en mi próxima vida me quiero llamar Lola o Cocó. Pero eso es otro post.

Ahí me quedé con mi chamo. En el drama que le genera su historia. En la inseguridad que le generó el venir de un lugar que es distinto del que viene todo el mundo. De las diferencias, de los miedos, de lo que lo sumió en el grupo del montón. Así que mi chamo se va a agarrar a golpes. A golpes con la vida. A golpes con los grandes del salón. La va a pagar con los demás, sabiendo que de esta sale perdiendo porque él es más flaco y tiene menos experiencia. Pero así es el ser humano, se mete donde sabe que no debe meterse. Es como dice la canción de Elton John, “it´s a human sign.”

Este chamo agarró clases de boxeo que fueron una estafa. La mamá no sabe nada. Y le va a buscar pleitos al tipo del salón que levanta carros y se apaga fósforos con la lengua. Este chamo va a hacer lo que todo lector con dos dedos de frente estará rogando que no haga.

Mi peo es hacer qué hable.
Ok.
Chévere esto me ha ayudado. Voy a ventilar y creo que después armo mi diálogo. A lo mejor no tengo que declarar bloqueo. ¡Pero qué peludo es esto a veces! Joder tío macho.

Cuando termine a lo mejor lo publique. Cierto que aquí he publicado de todo, menos algo de narrativa. Lo debo.

Gracias Blogosfera. Son lo máximo.

La Desesperanza.


Hoy me ataca la desesperanza. Me aterra. Me aterra pensar que dentro poco estaremos viendo estos días y pronunciando aquella frase odiosa de éramos felices y no lo sabíamos.

Me aterra pensar que con todo a punto de colapsar, en un país donde salir a la calle requiere bolas, o al menos un avanzado sentido del azar, de que no te importa jugártela, donde no hay agua, no hay luz, escasea todo, el gobierno, el vecino, todo el mundo te quiere joder, para llegar de un lado a otro de la ciudad hay que hacer magia. Me aterra pensar que eso en algún momento será un escenario preferido a otra realidad aún peor.
No veo salida. Y me preocupa porque lo estoy viendo como los suicidas. Sin posibilidades de ningún tipo. Me preocupa sentir que no puedo vivir ni aquí, ni allá, ni acuyá. No me veo en otro lugar. No me veo en otras calles, con otro acento, no me veo sin el Ávila. No siento que me puedo apropiar de otra tierra. Hacer mío otro lugar. Echar raíces. No sé si pueda ver a mi hija crecer en otro lado. Me da miedo que todo sea demasiado extraño. A la vez, ya no sé cuánto tiempo esto siga siendo mío.

No sé qué hacer. Porque una cosa es ver que uno tiene que luchar contra algo que se parece a la maldad. No quiero decir que es la maldad, porque yo no me considero quién para hacer ese tipo de juicios de valor. Pero una cosa es luchar contra eso. Contra una visión que oprime, que quiere eliminar espacios de libertad y otra cosa muy distinta es ver lo que pasó en la Finca de los Quintero y sentir que aquí queda una esperanza.

Yo no sé qué es esto. Ni qué está pasando. No sé cómo ordenarlo en mi cabeza. No sé si tengo que enterrar la cabeza, cerrar los ojos y esperar a ver si todo pasa. No sé si tengo que sacar la cabeza de una vez y decidir: si lucho o me voy. No sé a qué debo aferrarme. Si a mi país o a mi vida. Realmente no sé a cuál le debo más. No sé cuál de los dos me va a traer más fortuna o más desdicha.

Necesito razones y no las encuentro. No las veo. Me siento sola y me preocupo. No sé qué está pasando. A veces siento que escribir es lo único que tengo. Es lo único que me queda.

Esto es terrible. No quiero pensar. De verdad no quiero. Al menos no hoy. Estoy cansada.

lunes, 8 de marzo de 2010

Día de la Mujer


No soy de estar celebrando el día de la mujer. De hecho este es el primer año que le hago caso a esta historia. Con o sin razón. Quizás sea una falta de fidelidad con el gremio. Lo cierto es que no soy una feminista radical, ni mucho menos una mujer machista. Yo soy un espíritu libre. Yo creo en las diferencias, pero también creo en la libertad y en el respeto. Y en cuanto al tema del machismo y el feminismo me rijo por aquel dicho de que lo que es bueno para el pavo, es bueno para la pava. No hay que rebuscar mucho más allá.

El tema de la mujer no está fácil hoy en día. Se supone que somos liberadas, pero yo siento que tenemos unos grillos enormes en los tobillos. La sociedad ahora no sólo pide perfectas amas de casa, pide madres tiempo completo, pide profesionales de primera, pide altos niveles educativos, pide embarazos sin gordura, pide ejercicio sin esfuerzo, pide despertares con maquillaje, pide piernas sin celulitis, pide cultura general, pide pelo precioso, pide uñas perfectamente hechas, pide hobbies, pide varios idiomas, pide alguien que se ocupe de las mascotas, pide, pide y pide. No señoritas, no está nada fácil la cosa. Pero hay algunas que lo logran. He aquí mis heroínas:

- Mamá: No digo MI mamá porque no me refiero a mí mamá en sí. Pero a la vez sí. Me refiero a la mamá de cada uno. Eso lo aprendí con mi hija en la barriga. Uno no sabe el sacrificio que implica ser madre hasta que se convierte en una. Lo que uno deja de hacer. Lo que uno tiene que comenzar a hacer. Los sueños que uno sacrifica y el sueño que uno deja de lado para estar ahí para esa criatura, que más temprano que tarde siente que uno está viejo, obsoleto y a veces hasta de más. No. No es fácil ser madre.

- Sex and the City: Comparto la lectura de que esta serie trata de una sola mujer. A veces tienes que ser Carrie, a veces tienes que ser Samantha, a veces tienes que ser Charlotte, a veces Miranda. A veces es la carrera, a veces el tipo que amas, a veces tienes que pensar que el amor verdadero existe, a veces es sólo sexo y punto. Esa es la vida de la mujer, un poquito de todo, y cero absolutos….con los zapatos más arrechos que tu bolsillo pueda comprar.

- Catherine Deneuve: Me parece la mujer más bella del planeta. No es una flaca desgarbada. No es una tipa que parece más fabricada que Terminator. Es una mujer con personalidad. Yo no termino de descifrar si es bella porque es Catherine Deneuve o si es Catherine Deneuve porque es bella.

- Coco Chanel: Porque creo que pocas mujeres logran dedicarse a algo como la moda y mantener una personalidad tan firme y tan auténtica. Porque no le importó lo que la gente pensara de ella. Siguió sus sueños, su corazón, sin detenerse a pensar en épocas o en ideas que se salieran de su patrón de vida, de sus expectativas. Para mí esta mujer más que una empresaria o diseñadora fue una artista. Si yo vuelvo a nacer quiero llamarme Coco.

- Oprah Winfrey: Oprah no sólo es una de las mujeres más influyentes de Estados Unidos, sino que tiene algo que a mí me parece vital en un ser humano, me provoca ser su amiga. Yo la veo y pienso, estar un sábado en la noche, tomando unos vinos casa de esta mujer, debe ser un vacilón. Poco me importa cuánto tenga en la cuenta de banco. Me encantaría ser su amiga, por ser Oprah, más no por ser Oprah Winfrey.

- Golda Meir: Incansable. De acero. Una de esas mujeres que supo lo que quería, que entendió que tenía un destino y no se detuvo hasta lograrlo.

- Coro: No es famosa. Al menos no a escalas tradicionales. Pero siempre le digo que es mi amiga de la cual estoy más orgullosa. Ella se trazó una meta, y la cumplió. Es de las pocas personas que conozco que realmente hizo lo que soñaba con hacer en vez de quedarse divagando entre palabras, esperando que el futuro hiciese la tarea que le tocaba hacer a ella. Cuando me entra la flojera y el desánimo pienso en Coro.

- Mary Read: Me generan un sentimiento de complicidad las mujeres que se hacen pasar por hombres.

- Herta Muller: Se ganó un premio nobel y tiene frases como: tiene que ser algo que abra un deseo y cierre una puerta. Además es una luchadora de la democracia, una voz contra la dictadura y el comunismo. Es alguien a quien admirar. Sobre todo para uno que intenta, que sueña, que aspira a escribir.

- Las del Anonimato: Estas no tienen un nombre. Yo no las conozco. No sé quiénes son realmente. Pero sé que las veo todos los días, sin saber. Son las que han perdido a su esposo y tiene que hacer de mamá y papá. Son las que no tienen quien las ayude con los niños. Las que tienen que trabajar y ser ama de casa, y ser de todo, y sonreír. Son las que hacen lo que pueden con el sueldo que no alcanza. Son las que se levantan a las 4 am para ir al trabajo y todavía ayudan al chamo a hacer la tarea. Son las que temen por la vida de sus hijos en medio de una ciudad que es pura violencia. Son las que aún así sonríen. Son las que aunque tengan piso de tierra en el rancho tienen todo limpio. Son las que te dice ¿Quién dijo miedo?

Esas son mis heroínas. Las que me inspiran en esta Día de la Mujer.


 


 


 

 

martes, 2 de marzo de 2010

De Vuelta a la Blogosfera


Alguien me llama y dice:

- ¿Qué más? ¿Qué tal todo?

- Bien. Todo igual. En lo mismo – Contesto.

Después de media hora de conversación tranco y pienso. No. No es cierto. No todo sigue igual. Aunque sí estamos, más o menos, en lo mismo. Desde que se fue internet, hace casi una semana, pasé un día en la costa tomando fotos. Una experiencia increíble. Vaya la cuña para Roberto Mata, que creo que le voy a empezar a vender el espacio en el blog. Secuestraron a Juan. Sí. Secuestraron a Juan. Lo devolvieron. El mismo día. Después de robarlo. No sé por cuál parte del cerebro debo procesar la noticia. Realmente no sé. Mi hija aprendió a tirarse de la bañera para afuera. Mi prima regresó de Guatemala. Con trabajo. Después el trabajo no se le dio. Un tipo la jodió. Uno de esos hijos de puta que hay en todos lados. Mi cuñado cumplió 50 años. Me reencontré con Dire Straits. Hice el final de Digital 3. Comencé iluminación. Metí a mi hermana en iluminación. Me compré un libro de filosofía de Sabater. El perro del vecino se escapó de nuevo y se metió aquí. Hubo un terremoto en Chile. Mientras más me quejo y pienso en Chile, más estúpida me siento. Comencé a trotar de nuevo. Escribí. Leí. Mandé dos cartas. Una que tardé demasiado en mandar. Una que a lo mejor nunca he debido mandar. Empecé a ordenar mi cuarto. Decidida y convencida.

Me siento aquí frente a mi documento de blog post pensando en lo que ha pasado en cinco días y no puedo. No sé qué decir y qué no. Hoy es uno de esos días en los que ando triste. Feliz. Amargada. Sorprendida. En los que puedo sonreír directamente. Abiertamente. Sin tapujos y del corazón. Y voltear la cara y fruncir el ceño con una expresión de desesperanza. Hoy puedo jugar con mi hija cantando canciones con una voz demasiado aguda. Hoy puedo encerrarme y no hablar con nadie. Hoy puedo ponerme una pinta de sifrina insoportable, con mis uñas demasiado oscuras y bien pintadas. Hoy puedo simplemente ser una chancleta más por la calle. No me importa. Hoy siento que todo es urgente. Hoy quiero estar aquí y en todos lados. Pero a la vez en ninguna parte. Hoy quiero ser alguien en la vida. Hoy no quiero ser nadie. Hoy quiero que se acuerden de mí. Pero no quiero que me molesten. Que no me hablen. Y que no me ignoren. Hoy quiero comerme un postre rico. Hoy tengo el estómago cerrado. No tengo hambre. Hoy me quiero fumar un cigarro. Pero hoy estoy más consciente que nunca de que el cigarro mata. Y peor. Huele mal. Es asqueroso. Pudre todo. Hoy quiero hacer de todo. Hoy no quiero hacer nada. Hoy quiero que la tele me diga quién debo ser en la vida. Qué debo querer y cómo me debo ver. Hoy quiero criticar a la gente que no hace nada. Hoy quiero ser alguien que no soy. Hoy quiero ser todo el mundo. Hoy quiero luchar por la justicia, mientras escucho We Are the World y sentir que esa canción tenía un mensaje universal. Hoy quiero meterle una patada por el culo a todos esos hipócritas.

Sí. Hoy es uno de esos días en que siento que se cumplió ese deseo que a veces grito a ritmo de Fito "que algo cambie, para no cambiar jamás." Como que algo cambió, pero no sé qué fue. Si fui yo. Si fueron los otros. Si es que la vida no es nada o tal vez es demasiado. Si es que todo cambia en un segundo o es que me han pasado varios años por encima, mientras yo me preocupaba por el final de la semana. Tengo que escribir algo y no sé por dónde empezar. Word titila reclamando sus letras. Como si fuera un dedo sobre una mesa. Esperando. Impaciente. Diciendo "empieza pues, dijiste que ibas a postear avisando que ya tienes internet."

En eso me tocan la puerta de la oficina. Es el técnico del teléfono:

- Disculpe. La línea está bien. El problema era el cable. Estaba desconectado.

Eso era lo que me hacía falta. Una señal más de que el problema soy yo. Definitivamente yo.

En fin, por ahora sólo voy a decir: ya tengo internet de nuevo. Y en cuanto a todo lo que ha pasado desde el miércoles pasado, como dijo Carmen Maura en Cómo Ser Mujer y no Morir en el Intento, con inconfundible acento: "A ver qué hago yo con todo esto ahora." Ya les contaré.

lunes, 1 de marzo de 2010

Sin Internet

Estoy sin internet desde el miércoles. Es como vivir en otra era. Los ruidos de mi casa son distintos. Soy una persona diferente. Una persona que no puede chequear sus emails. "Te lo mando por correo" (electrónico) no sirve para mí. Y no servirá hasta que el técnico del teléfono entre a mi casa con sus herramientas, y arregle el problema. ¿Será mañana? ¿Será pasado? No lo sé. Tuve esta pequeña oportunidad de meterme en internet. Avisarles que estoy incomunicada. Que soy un ser de hace diez años o más. ¿Hace diez años ya había internet? Ya no me acuerdo. Ya no me acuerdo de la primera vez. Esa virginidad no la registré. Lo único que sé es que veo la computadorcita que debería tener un mundito y tiene una equis amargada y antipática, que me dice "no te vistas que no vas." Cuando abro el mozilla me sale un mensaje que básicamente dice "anda a lavate ese paltó."

Qué horrible es estar sin internet. Tener que twittear por Uber Twitter. Acostarme en la noche pensando, ¿Será que me respondieron aquel email? ¿Será que mañana si puedo mandar la respuesta a tal cosa? ¿Cuándo volveré a postear? ¿Será que fulano posteó algo nuevo? Tengo que aceptarlo, por el momento soy una persona sin internet. No hay superautopista para mí. Tengo que hacer tarea de fotografía y no puedo. No puedo ver los fotógrafos, ni la foto de la semana de Roberto Mata, no puedo meterme en Facebook para enterarme cuántas de mis amigas están haciendo una torta de melón con sábila en ese momento, o están por ir al baño, o le han comentado las fotos a otra amiga, que yo no tengo ni idea quién es, que acaba de tener un bebé. No sé nada de eso.

No puedo ver noticas 24 en la que Julio Borges dice cada vez más estupideces. No puedo ver eud.com con los updates de todo tipo de noticias. No sé cómo van las normas del concierto de Metallica, si la gente podrá al menos cantar bajito las canciones que se sabe. No sé cuánta gente mataron esta semana, que seguro está ahí ahí con el terremoto en Chile. No sé qué cantó el loco ayer en Aló Presiente que seguro fue algo patético como Se Va el Caimán. No me sé la última ley. Esta mañana mi hermana me dijo "seguro la tienda está cerrada por lo de la última ley" y yo tuve que preguntar " ¿Cuál última ley?" Porque yo no veo globovisión, yo ando leo mi TL del twitter. No me puedo reír con los insultos de los locos de Noticiero Digital.

No tengo internet. ¿Y ahora qué hago? Una torta. Un ponqué. Hasta me cuesta escribir sin internet. Es como si la computadora estuviera guindada. Es como cuando no tengo los lentes, y no escucho. Es decir, si no puedo ver bien, no oigo. Así está la computadora. Diciendo, si no tengo internet, no sé ni para qué prendo. ¿Cómo mando el error report si Word se jode? ¿Por señales de humo?

Y aquí estoy. Sacándole jugo al wireless durante un cumpleaños. Sentada en un sofá donde la gente se queja porque no los estoy viendo a ellos. Estoy viendo esta pantalla. Saboreando últimos segundos del mundito en las computadoras, abajo a la derecha. Ya por lo menos avisé por mail que estoy incomunicada. No sé por cuánto tiempo más. Les avisaré cuando regrese del oscurantismo. Y en cuanto a la la X que me dice a gritos "no te vistas, que no vas." Yo le digo estás pelada, yo me visto, porque así sea sola, yo voy para la fiesta. Y bailo.