viernes, 30 de abril de 2010

Una floja que quiere hacer ejercicio


Hoy me levanté dispuesta a volver al mundo del ejercicio. Temprano como siempre, pero nada más por el hecho de que en vez de sentarme con mi café a escribir, iba a salir a hacer ejercicio, ya la flojera llegaba al techo, presionaba hacia mi cama, y me hacía casi imposible pararme. Como si estuviera atrapada por un yunque.

Jamás entenderé a esas personas que son felices por el ejercicio. Esos seres que pasan una, dos y tres horas en un gimnasio. Jamás podré. Y mira que lo he intentado. Lo he intentado todo. He ido a gimnasios caros, baratos, chiquitos, grandes. Fui al que iban las misses, a ver si teniéndolas al lado eso me motivaba. Lo único que logró fue abrir un hueco en mi autoestima, pues todo el mundo las veía y a mí no me paraban ni para cobrarme la mensualidad. Claro, que yo tampoco esperaba que al estar al lado de una de ellas Osmel viniera a escogerme a mí, pero de ahí a que casi ni existas para el resto de la humanidad, es como mucho.

Yo el tema del gimnasio lo abandoné. Respeto a los asiduos del local por excelencia de las barquillas. Pero no me gustan los ambientes de gimnasio. Es demasiada gente junta viéndose al espejo. Es demasiado ego metido en un lugar tan pequeño. Demasiada pierna. Demasiado abdominal. Demasiada ropa apretada fuera de una playa o un cabaret. Y hay un componente sexual que es difícil de definir, porque no tiene nada que ver con la seducción, sino directamente con el sexo. Creo que tiene que ver con que la gente está sudando, muchos hacen ruidos que harían en la cama, y la realidad es que para mucha gente el gimnasio es un lugar para buscarse, no una pareja, sino más bien lo que coloquialmente se conoce como: un machuque.

Y ni hablar del poco de amas de casa desesperadas. Que entonces te miran un poco aprensivas viendo a ver si tú eres una de ellas, o si eres de uno de los otros dos bandos enemigos. De las solteras, o de las casadas pero que trabaja. Que desaprueban del otro bando. Es hostil el ambiente. Las mujeres no nos perdonamos nada. Menos en un locker. Todo el mundo te mira de arriba abajo para ver en donde te gana. Si es porque tienen más tetas. Si es porque tienen unos glúteos de La Mole de Roca Quiero Ser. Si es porque levantan ocho veces su peso cuando hace pectorales.

A mí no me gustan los bandos. Me molesta enormemente que me vean de arriba a abajo. Y me parece ridículo andar compitiendo con nadie en un gimnasio. Entonces. No volví más nunca. Yo que soy tan habladora, jamás hice un amigo o amiga. Jamás entablé una relación con alguien, salvo con la cajera de la fuente de soda. Porque incluso la gordita que se mataba en sus 20 minutos de caminadora, dándole todo su esfuerzo, combatiendo miradas de lástima y desaprobación de los atletas entregados y perfectos, cuyo único pecado en la vida aparentemente es mirar de lejos un carbohidrato. Ella tampoco me quería hablar. Pues casi todos, no se puede generalizar tampoco, están escondidos bajo un velo muy extraño.

Así que el gimnasio me hacía sentir triste. Y más nunca gasté plata en eso. No volví.

Intenté con videos en mi casa. Pero la cara de estúpidas de las tipas que sonreían como si estuvieran drogadas mientras levantaban pesas, mientras yo pelaba bola como El Fugitivo, me hacía arrecharme. Así que eso también lo dejé.

Pero no me rendí con el ejercicio. Un día del 2006, hice como Forrest Gump. Sin saber muy bien por qué, abrí la puerta y empecé a correr por la calle. Empecé 15 minutos. Luego 20. Y llegué a una hora. Como era una floja de toda la vida, me decía a mí misma, "tú tranquila. Si pasas de 15 ya lo que venga es ganancia." Y se me hacía todo más fácil. Fui mucho al Parque del Este, y aunque los maratonistas te ven como raro, porque yo troto como Phebe Buffet y voy a dos por hora, la verdad es que estar entre árboles y al aire libre, eso me hacía sentir como nunca me había sentido.

Nunca le di a la caminadora. Montarme en una caminadora, a correr para que luego de no sé cuánto tiempo, y no sé cuántos kilómetros mis pies estén en el mismo lugar. No. Eso no lo entiendo. A mí me gusta el asunto hippie. El disfrutar, el sentirme parte del mundo, casi como si fuera un animal. Y me encanta escuchar música. Es más, es una condición sine qua non. Si no tengo la música no puedo hacer nada. Es como el motor. La gasolina.

Claro, que siempre tengo mil excusas para la flojera. Mientras me estoy vistiendo pienso, "cónchale me va a dar como gripe. Mejor no hago ejercicio." O a veces pienso, "es irresponsable ponerme a caminar por el bosque como si fuese Gretel buscando a Hansel cuando tengo tanto por leer y tanto por avanzar en mi novela." Y a veces, cuando logro ponerme la ropa y salir a mi actividad física, me pongo filosófica.

Entonces en mi mente empiezo a divagar sobre el sentido de lo que estoy haciendo. Me pregunto "¿Cuál es el sentido del ejercicio? ¿La salud? Ok. Eso es un buen punto. El cuerpo se siente mucho mejor cuando ha sido ejercitado. Pero, yo no lo estoy haciendo por eso. Yo lo estoy haciendo por vanidad. Por no engordar. Por someterme a un canon de belleza que no fue impuesto por mí. Que yo ni siquiera apruebo. Yo estoy cayendo en el plan del fisiquismo exagerado. Un plan de gente que niega totalmente su lado intelectual, la gente que no lee, que no escribe. Estoy haciendo algo que no comparto, que va en contra de mis ideas y que me roba tiempo valioso de mis horas de literatura." Y así, bajo aquel tormento, paro. ¿Quién no pararía?

La verdad es que hacer ejercicio es sabroso. Y tengo que admitirlo. También tengo que admitir que el ejercicio ayuda a abrir la mente. Que no es justo decir que es de gente que no lee, y que eso es una excusa barata para buscar algún tipo de superioridad en ser floja.

El ejercicio despeja. Mejora las condiciones del cuerpo. Cuando me dio por trotar, de verdad yo era otra persona estaba muy contenta. Y hasta me ayudó a ser más creativa. Pues estando al aire libre, cuando apartaba de mi mente el pensamiento anti ejercicio pensaba en cosas interesantes y desarrollaba ideas. Pero paré hace unos dos meses y no he podido volver a arrancar.

Ahora he decidido que hoy es el día. Tengo los zapatos de goma puestos, y lo único que puedo pensar es "¡qué flojera! Que vuelvan rápido esos días en que era mucho más feliz haciendo ejercicio que sentada en mi silla."

jueves, 29 de abril de 2010

Mi Rincón de Mierda


Yo tengo junto a mi escritorio, pegado a la ventana, un rinconcito que denomino: Mi Rincón de Mierda. En ese rincón hay dos cajas de Santa Helena que tienen dentro bolsas llenas de chucherías. Hay de todo, desde Toddy Light, hasta pasta. Es como una especie de acaparamiento para el alma. En realidad yo soy al revés, no como por ansiedad, ni por tristeza, como por felicidad.

Cuando la vida va bien yo abro el pote de Nutella y meto la cuchara. Cuando la cosa está fea, no me provoca absolutamente nada. Mis dietas son todas patrocinadas por un alto nivel de estrés. Sin embargo, aún cuando esté tratando de rebajar o esté forzosamente con el pico cerrado porque estoy enguayabada, yo no puedo pasar ni un solo día sin dulce. Cuando yo me muera a mi no me comen los gusanos, sino las cucarachas. Amo el dulce y no entiendo como alguien puede vivir sin comerse una buena chuchería al día. Es más, no lo aconsejo.

Claro que una de las cosas que más amo de mis chucherías es comérmelas sola. No sé por qué, pero a veces me fastidia comer postre delante de otra gente. Creo que tiene que ver entre otras cosas con que como mujer siempre me siento juzgada por lo que como.

Si estás comiendo mucho te lo hacen saber. Te sueltan un comentario como "mija, estás desganada" o "te estás alimentando bien." Como para avisarte que estás gorda, o que vas a engordar. O por pura envidia porque esa persona o no se atreve, o no quiere, o a veces (y esto si da cosita) no puede comer lo que tú te estás mandando. Te lo comentan a veces con la mirada. Yo reconozco que me fastidia cantidades que se me queden viendo el plato como si hubieran visto a un loco desnudo en la autopista. No puede ser que no haya cosas más interesantes en la vida que el plato de comida de otra persona.

Y la moneda, por supuesto tiene otra cara. Cuando no te sirves. Por cualquier motivo. No te provocó. No te gustó. Te llegó una cadena que dice que lo que te vas a comer te puede sacar una tercera nalga, y a ti te dio la regalada gana de creértela. Entonces, siempre hay alguien que le fastidia que tú no comas. Y hace comentarios como si fuera su problema. Cosas como "ay no. Es que tú no comes nada."

Por eso. Hasta el sol de hoy mi Rinconcito de Mierda había sido un lugar secreto. El lugar al que me acerco todos los días y escojo una chuchería. Algo que yo considero mi postre. Y me doy tremendo gustazo. Todos los días. Generalmente lo hago sola. Sin que nadie me vea, leyendo algo sabroso. Es lo que Carrie Bradshaw llamaba en Sex and the City: Single Secret Beheavior. Esas cosas que uno guarda para hacerlas cuando nadie te está viendo.

Y lo hago sola porque así nadie me dice nada. Ni por qué te comes dos cuadritos en vez de tres. Ni mujer flaca no come postre. Ni ninguna pendejada que no viene al caso. Para mí escoger la chuchería del día es lo máximo. A veces es un Cri-Cri, otras es una Samba. A veces son cuatro Torontos. Y cómo me los gozo. A veces mento madre porque la que quiero se me acabó. Como me ha pasado varias veces con la Nutella. Y a veces tengo que decirme a mí misma, "ok, amiga ya es hora de parar, un empache no lo quiere nadie."

Tengo guardada una bolsa de Doritos para cuando tengo la rara oportunidad de ver una película de porquería sola. Eso me recuerda a las cerdeadas que echaba con Mary y María, mis dos mejores amigas, de chama. En esa época íbamos a Video Color Yamín y nos alquilábamos películas. Torres de películas estilo La Princesa que Quería Soñar y otros bodrios así, que tenían de protagonista a Julia Roberts y nos bajábamos cajas de oreos y porquerías viéndolas. Usualmente nos poníamos alguna mascarilla verde en la cara, convencidas de que eso sería la fuente de nuestra eterna juventud y belleza. Nos hacía sentir adultas, importantes, y el exceso de azúcar nos unía. Éramos libres.

El Rincón de Mierda es mío. Totalmente mío. Es como ese rincón del alma donde uno guarda recuerdos y secretos que jamás comenta. Temas que jamás toca. Anhelos. Sueños. Aquello que uno llama su verdad. Esa voz que nos anima a levantarnos. A emprender un proyecto que en algún momento alguien cercano calificó de descabellado. Absurdo. Aquello que uno no le cuenta a nadie. Ni a las paredes. Ni a la almohada. Ni siquiera al entrometido espejo. Aquello que a veces es tan surrealista como una sueño. Como un cuadro de Dalí.

Y allí, entre las cajas Samba y el Toblerone gigante que traje de mi último viaje, y que me voy comiendo como si fuera una pieza de museo, están además el estuche viejo de mi cámara de fotos, una caja de manzanilla y las cornetas del Ipod. No lo hice al propósito. Simplemente esa tres cosas terminaron allí. Será quizás porque del mismo lugar donde viene el azúcar viene el gusto por la música. Será porque tiene el mismo efecto en mí. Será porque para tomar fotos necesito total y plena libertad. Será porque a veces la vida te pide que por un día no te lo tomes con chocolate, sino con una manzanilla.

En todo caso, mi Rincón de Mierda es sin que quede duda mi lugar favorito. Mi cobijita de seguridad para después de los 30.

miércoles, 28 de abril de 2010

EL MENDIGO Y LOS PERROS



Aquí va. Lo prometido es deuda. Ahora que estoy en retrato veo un millón de cosas de esta foto que haría diferente. Empezando porque la luz es durísima, pero a la vez eso fue lo que hizo que los perros tuvieran esa expresión. Pero sí, la foto habría que encuadrarla distinto y dar más espacio arriba. Nada, ahora que lo sé no lo vuelvo hacer. Estoy aprendiendo y gozando en el camino. Lo que hace esta foto, es la mirada del hombre.

Es muy intensa. Él estaba en shock de que yo quisiera, no que se viera su cara, sino que encima le pidiera que me mirara directamente, y más aún cuando le dije, tú me miras a los ojos, el lente es mi ojo.

Me fui y se me quedó viendo y me asusté. Pensé que a lo mejor me iba a seguir. Y lo que más me pegó fue que cuando me acerqué estaba sonriendo, simpático, y cuando entablamos la relación "fotográfica" salió toda la melancolía y la intensidad.

Él como yo a veces, se escuda en su sonrisa.

¡No soy una Señora!

Esto empezó hace un tiempo. Hace ya varios años. Si me preguntan yo creo que no aparento tener mucha más edad de la que tengo. Pero no sé. Yo creo que uno no tiene tanta objetividad como para hacer esos juicios sobre uno mismo. Tendría que hacer un trabajo de autoretrato, en tal caso, para separarme lo suficiente de mi imagen y llegar a juzgarla. Podría ser interesante. Quizás lo haga.

En todo caso, yo creo que no es que me veo mucho más joven, aunque como dice mi esposo no actúo acorde con la edad que tengo, cosa que me hace sentir terriblemente orgullosa de mí misma. El día que crezca mentalmente del todo, estoy perdida. Pero, desde hace un tiempo, a pesar de mis zapatos bizarros, a pesar de mis franelas de Apple y mis anillos de plástico, de vez en cuando entro a un lugar y alguien dice, "Buenos Días, señora." O "Pase señora."

Yo digo: Señora, no. A lo mejor no soy señorita, no sé. Pero señora, no soy coño. No. Es un problema de imagen mental.

Para mí una señora es una mujer baja, regordeta, de pelo corto y rulo pintando de un rojo más falso que la cresta del Gallo Claudio. Es una vieja que lleva un blazer azul, apretado, con una cartera rectangular de cuero marrón guindada al hombro. Esa es la imagen que me viene a la mente cuando escucho la palabra señora. Yo no soy señora. No es que yo sea una tipa alta, flaca, cero flacidez y toda fashion, lista para desfilar en ninguna parte. No. Pero esa vieja, esa señora de mi mente, tampoco soy.

Me molesta enormemente que me lo digan. Me saca de quicio. Será porque me gusta mi nombre. Me gusta escuchar todas sus variaciones y realmente me importa muy poco quién me lo diga. Si conozco a la persona, sea el señor que atiende a la panadería o la secre de mi dentista o el amigo que cuida los carros en un lugar que frecuento, si es alguien que me ve seguido, más aún me tiene que llamar por mi nombre. Jamás he entendido las distancias. Me chocan.

Me choca el aire de superioridad que adquieren algunas personas cuando se hacen llamar señor o señora. Como si el hecho de escuchar aquello pronunciado en los labios de otra persona les confiriese un título. Y es gracioso porque efectivamente, está el Lord, el Señor, que en Europa son distinciones nobiliarias. Pero por el hecho de que alguien te lo diga, eso no te hace un señor. Eso no te hace mejor, ni más grande, ni más importante. Y de hecho, hay veces que uno ve como le dicen a alguien "señora" y francamente se ve, hasta ridículo.

Pues para mí la nobleza es otra cosa. Para mí es más noble que me digan cualquier cosa que no sea señora. Que me digan niña. Chama. Pana. Hasta acepto un brother, cosa que hace que mi esposo se burle y diga "ay sí, tú sí eres malandra." No sé si se que soy o no malandra. Pero no soy señora.

Claro, que no es que me pongo brava con el que lo dice. Pues sé que muchas veces, la mayoría, lo hacen para demostrar respeto, cortesía, amabilidad y parte de la buena Fé.

Por favor no me lo digan. Me hacen sentir vieja. Alguien que no soy y que jamás quiero ser. Y a lo mejor algún día me pongo regordeta, y como soy bajita si me dejo el pelo corto y me lo pinto de rojo, ya que es rulo, al ponerme un blazer azul seré la viva imagen de esa señora de mi memoria. Pero igual, espero, tener la lucidez de decir igual que siempre, cuando lo escuche decir:

No soy señora.

Así que mundo: llámame lo que quieras. Insúltame. Pero porfa, no me digas señora. No soy una señora.

martes, 27 de abril de 2010

¿Has visto Candy Candy?


Hay preguntas que cuando nos las hacen despiertan un mounstruo dentro de uno. No. No me refiero al cuestionario de abajo. Aunque quién sabe qué monstruos desperté en www.manuelaeslajodedora.com. Lo cierto es que hace unos segundos un amigo me pregunta por chat:

- ¿Has visto Candy Candy?
A lo que yo me quedo así como si me hubieran preguntado que si tengo lolas. No puedo sino contestar:

- ¿Qué si he visto Candy Candy? – Acto seguido empiezo a chatear, sin poder parar. A mil por hora los renglones de “En mi ventana veo brillar.” Una de las dos canciones más famosas de toda la historia de la música y la televisión. ¡Exagero? Aunque U2 se arreche, no.

Esa es una de las dos canciones que han marcado la vida de todo imbécil nacido entre 1977 y 1985 grosso modo. Los temas principales de Candy – Candy.

Las mujeres y muchos hombres de nuestra generación, son lo que son por Candy Candy. Esa mujer es la mujer más grande. Es que si fuera de carne y hueso debería ser Miss Universo y después ser presidente de varios países. Porque Candy, con esa carita llena de pecas y esos ojos que lloraban por la cosa más pendeja, que decía en un irreparable acento argentino “¡Me dijo Tarzán Pecosa!” cada vez que alguien le hacía algo. Esa mujer era una dura, una bicha, una arpía de las peores.

La mujer es el clásico desastre que sale de un colegio de monjas. A pesar que la Hermana María era tan de pinga que yo quería ser monja. La tipa es enamoradiza que deja a Estefanía de Mónaco como una pobre bolsa. Además se los tusea a toditos. Y a toditos los vuelve locos. Dígame Archie ¡por Dios! Y Terry. Terry, ese amor confesado y prohibido por las monjas. Y Anthony. Las escenas de Candy recordando la muerte de Anthony en el caballo. Es por eso es que tenemos la cabeza mal. Por eso las mujeres de 30 están hechas mierda con el amor. Es más, la culpa de la cantidad de divorcios que hay la tiene Candy. Esa serie se debería llamar: La que se le escapó al Vaticano.
Dígame como decía:
- ¡AAaaaannntthooonyyyy! O -¡Taaaarrrrryyyyy! – (para llamar a Terry).

Lo decía en una forma que tiene que haber afectado la vida sexual de más de uno. Que adolescente no se desmorona por completo por eso. Es que la mujer que hace la voz de Candy, que no sé quién será, tiene que ser una actriz porno. Mínimo tener su línea 0900 COITO.

Los escritores de esa vaina eran unos genios. Hay que recordar que Terry mandó a la mierda a Candy porque la actriz aquella, al perder la pierna, lo presionó. Eso era lo que veíamos. Albert. Nada más ni nada menos que el Príncipe de la Colina, el bisabuelo Williams, el protector de la mujer. No vale. Demasiado. ¿Cuánto rollo de relaciones interpersonales no habrá generado esta serie? Es que el emblema del Colegio Nacional de Psiquiatría debería ser Candy Candy.

De verdad que tenía años que no pensaba en Candy. En “si te sientes sólo recurre a mí. Te estaré esperando aquí.” La verdad es que Candy Candy fue una etapa de la vida. Yo llegaba del colegio a toda mecha para poner el canal dos y no perderme mi culebra favorita. Y lo genial de Candy es que no me decían nada, porque como era un dibujo animado, a mi mamá jamás se le ocurrió ver de qué coño iba la historia. De haber sabido hubiera preferido que me pegara completa algo como Mi Amada Beatriz. Aunque al final, yo novelas vi lo que me dio la gana. Y fui bastante farandulera, hasta el punto que el amor de vida llegó a ser Jaime Araque. Coño. Sí. Lastimosamente cierto.

Deberíamos crear un grupo en honor a Candy. Esa gente debería llevarse el Oscar, el Pulizter, el que sea. Marcaron a una generación completa.

Yo estoy, que si pudiera tener un mapache de mascota, no lo dudaba. Es más, mi próximo perro se llama Clin.

De verdad, cuántas veces no tuvo uno un día memorable y cuando fue a echar el cuento dijo: El capítulo de hoy se titula... Eran las palabras más sabrosas. Y las letras en chino.

Pana, como la extraño.

El Primer Cuestionario. ¿Quién es JB?

Lo llenó. Ya irán viniendo los demás. Así cada quien sale del closet a su manera. La verdad es que me encantaron las respuestas. Y pensé en la última me iba a mentar la madre. Pero fue muy cuchi. Sólo le puedo decir: Gracias por someterte a las locas maquinaciones de mi cerebro. Eso sí, coño me muero por saber quién es JB.

1. Nombre: (Puede ser seudónimo) www.manuelaeslajodedora.com
2. Si tuvieras un súper poder, ¿Cuál sería? Desaparecer y aparecer gente
3. Un personaje de tu infancia: La Pantera Rosa
4. Un momento que haya marcado tu vida: cuando salí en estado
5. Una película: The Age of Innocence (Martin Scorsese)
6. Un libro: Corazón tan blanco. Javier Marías
7. ¿Cómo es el cielo para ti? Silencio eterno
8. Un líder: Gandhi
9. ¿Comida o sexo? Sexo sin comida
10. Una canción pavosa: Yo quiero tener un millón de amigos
11. Un guilty pleasure: comprar más de la cuenta
12. Una persona: una amiga
13: Las 5 canciones que más suenan en tu Ipod: Entre dos Aguas. Cantares. Suspicious Minds. El Concierto de Aranjuez. Nocturnos de Chopin
14. ¿Cuándo fue la última vez que agarraste una rasca? Hace poquito
15. Una cosa que haces cuando nadie te está viendo: sacarme las cejas
16. Algo que siempre has querido hacer y no te has atrevido: hacer un viaje largo sola
17. ¿Cuántas veces te has montado en avión? Muchas muchas
18. ¿Recuerdas la primera vez que viste el mar? no
19. Si pudieras echarle un trago en la cara a alguien, ¿A quién sería? …..JB
20. ¿Perro o gato? perro
21. ¿Cuál es tu idea de la felicidad perfecta? Cuando deje de buscarla
22. ¿Cuál es tu miedo más grande? No encontrar la felicidad perfecta
23. Tu peor defecto. La puntualidad enferma
24. Un obstáculo vencido: carrera 10 km
25. Tu casa se está incendiando, 5 cosas que arriesgarías tu vida por salvar: mis hijos, la sra q trabaja y su hija y la caja de fotos viejas
26. ¿Quién es la persona más importante en tu vida? Mi papa
27. Un lema: Just do it!
28. Si pudieras ser otra persona, ¿quién serías? Steffi Graff
29. ¿Analizas o actúas? Actúo analizando demasiado
30. Algo que no harías jamás. Desnudarme para playboy
31. Una bebida alcohólica: vino tinto
32. Prosa, poesía o Sábado Sensacional: poesía
33. Nombra tres personajes que salen a menudo en la revista Hola. Isabel Presley , la Princesa Leticia y Belén Esteban
34. En una palabra, ¿Por qué llenaste este cuestionario? x Joder!
35. ¿Cuándo fue la última vez que peleaste con alguien? Hace 5 dias
36. ¿A cuántas personas has hecho llorar? uff
37. ¿Pinky o Cerebro? Sera Cerebro
38. ¿Bill Gates o Steve Jobs? Bill Gates
39. ¿Te preocupa que la mujer promedio come más de 2.5Kg de pintura de labio al año? Queee?????????
40. Un ritual diario: café al despertarme
41. En tres palabras ¿Qué opinas de Manuela Zárate? Bella, ingeniosa, divertida

lunes, 26 de abril de 2010

Addendum

Un comentario anónimo me hizo reflexionar. No quiero “llamar” al voto nulo. Ni dañar la unidad. No quiero para nada hacer eso, porque sería convertirme en lo que tanto critico. La más importante es tener la humildad para recapacitar.

Al final, jugando con las palabras de Churchill, la unidad es lo peor que tenemos, pero es lo único que tenemos. Y bueno, siendo totalmente honesta. Siempre hecho sapos y culebras, y reconozco que dije que no iba a votar por Rosales, que no iba a votar por Capriles, y al final lo hice. Lo tuve que hacer. Y es más, hasta testigo de mesa fui. Marché. Grité. Canté. Recé para que ganaran. Y en el caso de Capriles celebré y todo.

Así que sé que en esta oportunidad, si la unidad necesita mi voto por Borges lo daré. Por la única razón de que la otra opción, no es que sea diferente a mí, sino que su visión es destructiva, dañina, y nos ha hecho ya demasiado daño. No es para construir país. Sino todo lo contrario. Y bueno, eso hace que al final sacrifique cualquier cosa.

Pero, no me representa. No es algo que hago con gusto. Lo hago con cierta tristeza e impotencia, porque sé que hay gente mejor, como Yon Goicoechea, por ejemplo, que lo dejaron por fuera, o como el mismo Enrique Mendoza. Que dicho sea de paso trabajó como un campeón por Capriles. Demostrado lo que es realmente unidad.

Y ciertamente es el momento de la unidad. Y dejar ciertas cosas para el futuro.
Pero algo sí. Para la próxima elección, después de lo que vivimos anoche, tiene que ser siempre PRIMERO PRIMARIAS. Ese es mi “movimiento.”

Candidato que sea electo por primarias, así sea Crusty el Payaso, y lo odie, me pongo la franela y reparto volantes.

No me pienso volver a conformar por menos


Jamás he participado en una elección como la de anoche. Digo jamás porque desde que empecé a votar, en 1998, las elecciones siempre han tenido un sabor a "el todo por el todo." Yo no fui de las que se creyó el cuento de Chávez. Sé que mucha gente lo hizo, y mucha gente que hoy lo niega le dio su voto en esa oportunidad. No lo juzgo. Pero esa noche yo lloré, porque sentía que mi país se acababa. Y de una forma fue así. De allí en adelante todas las elecciones que hemos tenido. Tantas que tardaría un rato en sacar la cuenta, nos han llevando por una montaña rusa de emociones. De angustia. Impotencia. No sólo por lo que se apuesta en cada una de ellas, sino por lo que hacen los candidatos. La manera como se lleva a cabo el juego.

Anoche eso fue diferente. Sí. Yo estoy contenta porque mi candidata ganó. Pero hay una cosa muy cierta, y es que a pesar de muchas cosas, si no hubiese ganado, los demás candidatos eran muy buenos. Iban a hacer un buen trabajo, y de una forma u otra, nos iban a representar. Jamás me había sentido así. Anoche fue una noche en la que también corrieron las emociones, pero eran todas emociones buenas. No había esa zozobra de no saber lo que podría a pasar si el resultado era adverso.

Por un momento fuimos un país de primer mundo. Un país en el que los perdedores no sólo dieron la cara, sino que le dieron la mano al ganador. No entiendo por qué hemos tenido que esperar tanto para llegar a una noche como esta. El punto es que llegamos, y yo sinceramente me levanté deseando con todas mis fuerzas que lo comenzó ayer sea un proceso que no tenga marcha atrás.

Mucha gente dice que el problema de Venezuela son los venezolanos. Que la gente no entiende. Que hay ignorancia. Que hay apatía. Y sí. Ciertamente, como en cualquier lugar del mundo hay todo eso.. Pero hay mucho más, y yo creo que más claro que lo que cantó la parte de Venezuela que votó ayer, no canta un gallo. La gente no es tonta. La gente no es tan ignorante. Y la gente no es tan apática, simplemente está cansada.

Hay que leer bien el mensaje que la sociedad civil dio ayer. Aquello de la famosa "maquinaria," esa que monta a la gente en autobuses y camiones, y los lleva al centro de votación con la promesa de "te llevo si votas por mí." Eso ya nos lo sabemos de memoria. Eso está gastado. Eso ya no sirve. Al final cada votante se para ante la máquina y elige según su conciencia, según su criterio personal. Según el líder que le haga sentir confianza, que le ayude a creer que el país que sueña es posible.

Espero como venezolana, como ciudadana, que los partidos estén reflexionando sobre esto. Se tienen que acabar las fulanas mesas, las coordinadoras que se reparten los candidaturas, sin pensar ni un segundo en los votantes, y obviando su inteligencia, apostando a que un sector votará por ellos simplemente porque es la única opción. Hay que entender de una vez por todas, que aquí no se trata de vestir a la gente de los colores de un partido, "porque ese fue el acuerdo." Que el consenso de un grupo que apenas hace un año se llevó la mayoría de los votos en una elección, no necesariamente representa la mayoría de hoy. Que aquí, cuando la mayoría no se siente representada, no da el voto. Y sobretodo, que ese comportamiento en el que el candidato hace lo que sea por ganar, así sea antiético, fuera de las reglas, o llevando el discurso fuera del terreno de las ideas, se paga.

No sé si recuerdan aquella frase de "el que tenga ojos, que vea." Esa frase se la dedicamos hoy a los líderes de esos partidos, sobre todo a Julio Borges y Leopoldo López. No es que sean malos. Para nada, quizás el primero está demasiado gastado. Pero si tienen ojos, tienen que abrirlos. Si no, esto volverá a suceder. Porque Venezuela demostró, que así como hace ya casi 12 años, mandó a los partidos tradicionales por las de Villa Diego, está dispuesto a hacerlo cuantas veces sea necesario para lograr tener los candidatos que sienten que harán lo mejor por Venezuela.

En cuanto al 26 de septiembre, a Julio Borges. Esa es mi promesa por anoche. Se acabó. Aquí se acabó votar por el menos malo, porque el que logró un acuerdo. En esa mesa no estuve yo, ni nadie elegido por mí. Y hasta donde yo sé, eso no es democracia. Y si no es en democracia. Yo no juego.

Pero estamos en un comienzo. Anoche fue una noche demasiado emocionante. Y ahora que sé que sí se puede, no me pienso volver a conformar por menos. Para las próximas elecciones mi partido será: PRIMERO PRIMARIAS

sábado, 24 de abril de 2010

Tips para Viajes el Exterior


Viendo la coyuntura de nuestro país creemos que es necesario preparar a los viajeros para lo que van a ver en el exterior. Uno viaja y uno siente que está en otro planeta. En otra dimensión.

Se debería dar un manual a todo viajero para que no entre en pánico cuando salga del país y vea otra realidad.

Lo que buscamos es evitar el Síndrome “Goodbye Lenin,” es decir el shock total ante la vida imperialista, fascista y consumista del Capitalismo Salvaje. Con estos tips estamos seguros que eso no pasaría.

USTED HA SALIDO DE VENEZUELA. ATENCIÓN. ES NECESARIO QUE ESTÉ AL TANTO DE LO SIGUIENTE:

1. Cuando llegue a su destino notará que las colas se hacen en orden. Si abren una casilla nueva para atender el flujo de gente: NO CORRA.

2. ENTREGUE EL PASAPORTE AL FUNCIONARIO. No se lo van a quitar, ni los de sus hijos menores de edad tampoco. No tiene que entregarle fotocopias del mismo. El señor probablemente tenga una sonrisa y le diga “Bienvenido” ESTO ES NORMAL. Mantenga la calma y disimule.

3. Al salir no lo van a atacar 50 hombres a la vez diciendo: “taisi, taisi, taisi, taisi,” ni lo van a obligar a que sea una sola persona la que les lleve las maletas, de hecho podrá llevarse el carrito hasta el exterior del aeropuerto. Por favor no trate de llevarse el carrito, eso no quiere decir que se lo regalaron.

4. No tiene que preocuparse por los taxis piratas. Si hay algún carro viejito no es un burundanguero, ni un secuestrador en potencia. Móntese con confianza.

5. Por la ciudad verá motorizados. NO LO VAN A ASALTAR. Si alquiló un carro, no se lo tire encima a las motos por favor.

6. Puede bajar las ventanas. Puede ir con su reloj de cualquier material y marca, tranquilamente. No corra si se le acerca alguien por la calle. Si le dan una muestra de perfume, es una muestra de perfume. No es burundanga. Si ve algún viejito que le está dando un infarto, ayúdelo y llévelo a un hospital, no es un choro que lo va a robar.

7. Si tiene que ir a algún supermercado notará que los productos de la cesta básica abundan. Es decir, leche, café, azúcar, entre otros. No salga corriendo a gritar “Haaay lleeeccheeeeeeee.” No vaya a pelear con las demás personas del supermercado por los productos. No hace falta. No hay restricciones que le limiten a comprar sólo dos por persona, pero tampoco tiene que salir a hacer compras nerviosas.

8. Notará que en los supermercados y farmacias hay productos de muchas marcas. Tranquilícese. Respire hondo y lea con detenimiento, busque una que le guste. No tiene que desconfiar de las marcas, no habrá pollo, ni leche de lugares como Bielorrusia o Eritrea.

9. Si el presidente del país habla en cadena nacional probablemente sea un saludo de año nuevo. No cacerloee por favor, tampoco piense que pasó algo malo si dicha cadena dura unos 30 segundos. ES NORMAL. En el Imperio simplemente no les gusta hablar con el pueblo.

10. Si llega tener algún altercado con la autoridad, ya sea que lo para un fiscal de tránsito o algo por el estilo, no intente sobornarlo. No funciona y se puede meter en más problemas de los que ya está.

11. El suelo de la ciudad está limpio. Eso es normal. No cayó una bomba atómica.

12. Si tiene reservaciones para ir a algún lugar no tiene que calcular hora y media para llegar.

13. Si llueve no corra a su hotel. No va a haber una vagüada, ni va a colapsar la ciudad. Seguramente la ciudad tiene drenajes para el agua, es normal que no se formen charcos inmensos.

14. No empuje en el metro por favor. Si alguien entra en un vagón y dice “Buenas Tardes” es por educación, no se tire al piso ni grite “Llévate lo quieras” pensando que después de buenas tardes iban a decir: esto es un asalto.

Si tiene alguna duda por favor mande una postal a su Consejo Comunal pidiendo ayuda. Hay unos libros excelentes de la Universidad de Trípoli, que tratan sobre cómo manejar el estrés en el imperio.
Y que tenga unas felices vacaciones. Y vuelva pronto que el capitalismo salvaje se mete en la sangre…y mata.

Son 41

Son 41 preguntas. Aquí van cinco, nada más para que tengan una pruebita les pongo 3. Estoy esperando a que conteste. Aquí les mando 5. Nada más para que vean de qué va la cosa. Esto va a estar muy bueno.

13: Las 5 canciones que más suenan en tu Ipod:

14. ¿Cuándo fue la última vez que agarraste una rasca?

15. Una cosa que haces cuando nadie te está viendo:

16. Algo que siempre has querido hacer y no te has atrevido:

17. ¿Cuántas veces te has montado en avión?

18. ¿Recuerdas la primera vez que viste el mar?

Si no responde rápido. Lightning round por teléfono. He dicho.


 

viernes, 23 de abril de 2010

Psiquiatra Mezclado con Barbara Walters Birthday


La entrada de ayer la tuve que suprimir. Esa que más o menos felicitaba a mi hermana por su cumple. Fuimos a un almuerzo de esos adecos, en uno de esos lugares que hay en esta ciudad en los que cuando uno entra lo que le provoca es sentarse con los mesoneros. Yo soy así. Eso de ver mujeres con botas hasta los muslos y que cuando levantes la mirada no te encuentres con Julia Roberts, como que no va conmigo. Es sí. Yo gocé con estas niñas. Éramos mi hermana, sus dos mejores amigas y mi otra hermana. Yo estuve amenazando que me iba desde que llegué. En parte por las botas de la Mujer Maravilla, en parte porque no pude terminar nada de lo que tenía que hacer ayer. Avanzar en la novela una de las tareas. Sí, yo tengo un apetito destructivo para las distracciones.

Por supuesto llegué a mi casa a las cinco de la tarde. Mi hija de ocho meses me puso cara de ¿dónde coño estabas tú? y cuando prendí la computadora me di cuenta de dos cosas. Tenía un trabajón por delante y el post que había hecho de mi hermana no era lo que yo había querido. Juan me lo hizo saber catalogándolo de "frenado." Y tenía toda la razón. La verdad es que si hay algo que tengo yo es excesivo respeto. No pienso poner en el blog las cosas que otras personas no quieren compartir. Mi premisa en la vida es "No hagas a los demás, lo que no quieres que te hagan a ti." Eso me lo enseñaron mis papás, y la verdad, que aunque seguramente y quizás a diario fallo, trato de cumplirlo. Así que cuando vi que estaba escribiendo cosas que a lo mejor a ella la iban a incomodar. Las borré. Y cuando releí un post que no decía nada. Lo suprimí.

Pero la tengo que felicitar. Y además tengo que presentársela a ustedes. Así que (y esto sí lo estoy haciendo públicamente) la voy a entrevistar. La comprometí. O mejor dicho, la voy a hacer llenar un cuestionario. Y sí, va a tener preguntas que ella me va a llamar a decir:

- No seas guevona, yo no voy a responder eso.

Bueno. Eso es decisión de ella. Estoy trabajando en las preguntas. En lo que tenga listo el cuestionario se lo mando a ella y a ustedes. Y la verdad es que creo que a partir de hoy. Yo que siempre me olvido de los cumpleaños y nunca sé qué regalar, me voy a ir por esta vía. A ver qué saco yo del closet que ni siquiera sé que tengo adentro. A ver qué le sacamos a la gente. Porque esto de que cualquier pedazo de mierda hecha en china te cuesta 300BsF no lo aguanta ningún bolsillo. O tendremos que reducir nuestro círculo de amistades y seres queridos.

Nada. Esto de jugar a psiquiatra mezclado con Barbara Walters me encanta.

martes, 20 de abril de 2010

Tengo Repetido a Elano


No. No es un error de mecanografía. De tantos que se me van por ahí al escribir a mil por hora. Es el Panini. Sí. Dije que lo iba a llenar y ya comencé. Veo que comencé tarde, porque supuestamente todo el mundo tiene un amigo que ya lo llenó. Además este amigo, que ya lo llenó, es un pana que está feliz porque compro toda una caja y no le salió ni una repetida. Yo me bajé ayer en un kiosquito, y toda sonrisa, disfrutando enormemente mi pérdida de tiempo en algo totalmente infantil, le digo al señor:

- ¿Tiene barajitas de Panini?

- Claro mami. (Mami, no puede faltar, si no me lo dicen entro en crisis de autoestima)

- ¿La caja cuánto cuesta?

- 450 bolos.

- ¡QUéeeeeeeeeeeeeeeeee!

Cuatrocientos cincuenta mil bolívares cuesta la caja completa de sobrecitos de barajitas. De verdad que la gente se pasa. O se nos ha metido el boliburgués por dentro. Nos bajamos de la mula durísimo, de un solo golpe para llenar el álbum. Así que dije no. Yo me llevé 20 sobres, que cuando era chama era lo que me compraba mi mamá cuando llegaba un viernes y me había comido durante la semana toda la mierda verde que servían, en fin, cuando había jodido menos de lo acostumbrado. Así que eso fue lo que me compré. Y para qué voy a mentir. No tenía más plata conmigo.

No he terminado de pegar todas las fulanas barajas. Ya tengo como cuatro repetidos. Me he dado cuenta que el mundial tiene más equipos incoherentes de que costumbre y unos que me harán llorar como por ejemplo Costa de Marfil. Lo sé. A mí esos equipos me matan, y más ahora que estoy llenando el álbum. Me matan porque siempre el locutor se encarga de contarte el cuento de cómo este equipo no contaba con recursos suficientes y estuvo a punto de no poder participar. Te cuenta que tuvieron que entrenar en medio de una guerra civil. Que a uno le acaban de matar a la esposa en medio del rollo. Que tres o cuatro están pidiendo asilo, porque son perseguidos con amenazas de muerte. Que no tienen con qué comer. Que los zapatos que están usando fueron un donativo de la selección de Estados Unidos porque ni zapatos tenían para jugar, y los uniformes los donó la Nike porque ni modo, pero se negó a patrocinarlos.

En fin. Corín Tellado es una perra arranca ilusiones al lado de la historia de este equipo. Que lo que te cuentan los locutores boca de chivo, que basta que digan que un equipo va a ganar seguro para que se vuelva mierda y le saquen tres tarjetas rojas y metan un autogol. Pero para esto sí son Raul Amundaray.

Al final, este equipo siempre lo descalifican después de que estuvo a punto de pasar a la siguiente ronda. Es el equipo que durante los primeros días del mundial llaman "La Gran Sorpresa." Pasan a ponerle un apodo totalmente imbécil como "los titanes de marfil" y uno se emociona. Los tipos bailan. Te ponen una propaganda en la que mezclan The Best de Tina Turner con unos tambores africanos, y filman la carita de un negrito espectacular que baila cuando pasan la repetición del gol que llaman: "el milagro africano." Y uno se emociona. Uno piensa "coño, sí va a poder." Hasta que los descalifica Alemania, con un 1-0 de pura leche, que lo que da es pena. Y arrechera. Y lo peor de todo, es que ellos se habían creído el mojón de que iban a ganar y lloran.

Lloran y se abrazan. Y se intercambian las camisas y otra vez el locutor dice algo que te termina de sumir en la depre como:

- Un intercambio simbólico. Emotivo. Para los alemanes, un partido más. Para Costa de Marfil, un sueño que se escapa entre las manos. Una victoria que rozaron con sus dedos. Un sueño destrozado.

- Así es Marco. – Dice el compañero. – Cabe agregar, que el cambio de franelas es un gran sacrificio y podemos ver a Somese, el máximo goleador Marfilesco pidiéndole un autógrafo a Klose. Algo que en su país seguramente valdrá mucho dinero.

No hay guionista de teleculebra que logre un libreto como ese. Menos cuando los directores técnicos se abrazan y entonces el mundo occidental anuncia que va a "salvar" a uno de los pobres jugadores porque el locutor anuncia que el Milan fichará a Espuju. Y tú lloras. Porque te siguen contando que salvaron a una familia entera y que hasta las gallinas que iba a estar la semana que viene en un caldo de pollo ahora estarán viviendo a dos cuadras del Castello Sforzesco. Y pronto la gallina del coño vive mejor que tú. El tipo tiene un Ferrari y tú en tu mierda que está sin retrovisor desde que un motorizado te lo arrancó, y ni que fueras Somese logras el milagro de conseguir un repuesto.

No importa. Uno se emociona. Yo ahí siempre lloro, como decían mis tías, a moco tendido. Hasta el punto que mi mamá tiene que venir a decir, que cómo es posible montar ese aparato de peo por unos carajos que ni sé quiénes son. Que si quiero ver cosas dantescas de verdad saque la cabeza por la ventana. Es verdad. Pero igual, en el fondo para uno que vive en el mundo del subdesarrollo a veces esos carajos son la esperanza.

En todo caso. Además de los equipos absurdos están los jugadores que amamos y los que amamos odiar. Como Cristiando Ronaldo. Como Klose. Ambos insoportables. Como Messi a quien amo. Y ya por último están los incoherentes. Como el Marco no sé qué de Japón que es demasiado cómico. O el Koreano que yo le digo desde ya Ri Ka Chon, porque más o menos así es el nombre. Está Webo, que sabes que el chinazo del locutor viene al propósito y porque sí. Y está Elano. Elano que me regaló mi propio chinazo bizarro. El de "tengo repetido a Elano."

Dígalo rápido y confunda a cualquiera.

Sí. Por eso es que me moría de ganas de llenar el Panini. Porque da para todo. Y eso que no he empezado a cambiar barajitas. ¡Qué vacilón!


 

 

lunes, 19 de abril de 2010

La Culpa ¿Es de las mujeres?



El perro es el hombre.

Hace un par de días leí un post sobre las parejas, y me quedé pensando. Uno creció viendo Cenicienta. Blancanieves. La Bella Durmiente. La clásica historia de niña conoce a niño, se sobreponen a numerosos obstáculos y son felices para siempre. Yo en estos días me estoy preguntando, ¿Por qué será que siempre el príncipe aparece al final de la película? Omitieron toda la parte en que la princesa se muda al castillo y empiezan a compartir el baño. No nos contaron de cuando la Cenicienta tuvo un peo con el príncipe, porque él mojaba todo el baño cuando salía de la regadera. No sabemos de cuando el otro príncipe se molestó con Blancanieves porque se tardaba tres horas arreglándose para salir. No vimos la escena en la que La Bella Durmiente le decía al Príncipe:

- Mi amor. ¿Te parece que estoy gorda?

Y el príncipe, sin levantar la mirada del periódico de deportes le decía: - Mi amor, estás perfecta.

Y Bella arrecha, se preguntaba, "cuándo coño fue que este marico dejó de fijarse en mí."

Nada de eso. Nunca nos dijeron prepárense porque las relaciones son trabajo. Tienes sexo, dinero, familia, trabajo. No vimos a ninguna de estas princesas quejarse porque el marido no la escucha. Al príncipe montarse en su caballo molesto diciéndole al escudero "esta tipa lo único que quiere es hablar todo el día. No importa lo que le digas, no se calla." No. Nos vendieron que el amor era fácil. Que lo conquistabas y listo. El resto era coser y cantar.

Irónicamente, esta generación Disney se volvió exigente. Es la generación de mi mamá la que estaba compuesta por mujeres que llegaban con una corona y un velo para quedarse. Ahora no. Ahora pareciera que las mujeres o estamos contentas, o simplemente no estamos. Es por eso que uno escucha por ahí que los hombres no se divorcian, o que como me dijo una vez un lanchero en una playa del litoral "la culpa es de las mujeres."

Según esta teoría las mujeres ahora si no tienen lo que buscan. Si no encuentran que una relación satisface todas sus necesidades, agarran sus corotos y se van. Prefieren pelar solas que pelar continuamente en una relación. Como que se les hace más pesada el estar solas con alguien que les ronca al lado, que estar solas en la privacidad de su hogar. Al menos así es más sincera la soledad. Pero, ¿Es esa la realidad? ¿La culpa realmente es de las mujeres?

¿Qué pasa con los hombres? Por un lado pareciera que también se han vuelto más exigentes. Ahora la mujer tiene que tener las tetas de yuyito, pero que no se vean demasiado grotescas. Tiene que ser una dura en la cama, pero no una puta. Tiene que saber cocinar, pero tampoco estar interesada sólo en eso. Tiene que tener su trabajo, pero su única ambición debe ser su familia. Debe ser culta, pero no sabionda. Debe tener vida propia, pero renunciar a su libertad. Debe maquillarse, pero no como si fuera una miss Venezuela.

Exigencias, muchas veces absurdas, que llevan generalmente a crisis en la que ves que la esposa gimnasio, maquillada perfecta, con la cartera de marca, la manicure intacto y los lentes esos gigantes que sólo le quedan bien a Angelina Jolie, termina sola, dejada, olvidada por una mujer que pierde en físico pero gana en otras cosas. Exigen mucho, para luego plantear que no fue todo lo que ellos esperaban.

O también pasa que la mujer, haciendo esfuerzos sobrehumanos para logar ser todo aquello termina agotada. Viendo que sus esfuerzos no son valorados, y que en algún lugar de esa lucha que no tiene ni pies ni cabeza, se perdió aquello que es vital para cualquier persona: su identidad.

En los últimos meses me dejaron pensando dos comentarios. Uno de un amigo que hablando de sus papás que tienen casados desde antes de cumplir los veinte años me dijo: "Después de tanto tiempo ¿Qué puede quedar?"

No lo sé. Pero definitivamente no es esa interrogante la que los productores de Disney nos mandaron a hacer. Creo que no es una que ni siquiera querríamos hacernos. Da hasta miedo pensar que le vas a invertir 20, 30 o más años a una relación para llegar un día y hacerte esa pregunta. Y sería triste pensar que desperdiciaste todo ese tiempo.

Otra cosa que escuché fue de un amigo que dice que la única manera de que un matrimonio dure años de años es que ambos tengan a lo largo de la vida, un "fuck buddy." Alguien que los saque de la rutina, sin que el otro sepa, pero a la vez bajo el amparo complaciente. Eso es a la vez muy moderno, y a la vez no lo es. Es una mezcla entre Rachel mandando a Ross para el carrizo porque lo hizo con otra "while they were on a break," para terminar años más tarde perdonándolo porque se dio cuenta que lo que tenían valía mucho más que un desliz. Ahora yo me pregunto. ¿Realmente queremos vivir de esta forma?

Quizás como todo en esta vida la verdad está en algún lugar del medio. Un poco aquí y un poco allá. Sí me niego a pensar que la receta está en mentiras. Creo que con mentiras uno se vuelve sínico, y la verdad, yo poco podría respetar a una pareja que no le importa que yo ande con otro. Y viceversa. Prefiero la honestidad, si ya no quieres estar conmigo. Si te aburro. Si te fastidio. Si ya te cansé entonces, mejor dímelo.

Y sí creo. Sí creo que es posible levantarte, quizás no todos los días, pero sí la mayoría y pensar y decir, "qué de pinga que estás aquí." Más nada.

Y sí, las parejas hay que trabajarlas. Que cuidarlas. Que llenarlas de esas cosas que parecen estupideces. A las que no se le da importancia en un principio. Porque como dice un amigo mío, la vida está llena de nueve mil cosas al día que por sí solas carecen de importancia. Si te falla una, cuando te das cuenta, se te derrumba todo.

En todo caso, creo que lo que sí está claro es que a lo mejor, lo que pasa hoy en día, que tenemos una sociedad, un sistema de tecnología, que nos hace todo tan fácil y tan cómodo que quizás nos hemos vuelto más flojos. Y si algo tiene las parejas exitosas es que como todo éxito lo lograron con 5% de inspiración y 95% de sudor, es decir, de esfuerzo.

Y creo que la inspiración es necesaria para llenar todas esas páginas en blanco que nos dejaron los cuentos de hadas. Al final, yo soy de las que cree que la realidad puede llegar a ser mucho mejor que la ficción. Por eso escribir es un reto tan grande.


sábado, 17 de abril de 2010

Extraño ser Niña


Extraño ser niña. De verdad lo extraño. Extraño cuando todo era un juego. Cuando podías demostrar tu emoción sin tapujos, con un grito, con un brinco, con un helado, sin que nadie volteara a verte como si tuvieras algún tipo de problema. Extraño los problemas existenciales de la infancia. Cómo hago para que fulano y mengana me dejen jugar con ellos, cómo hago para no tener que ir al médico, cómo hago para que me dejen quedarme 5 minutos más en el parque. Extraño cuando las peleas se solucionaban con "perdón" y aunque te obligaban a darte la mano, todo volvía a la normalidad rápido. Todo quedaba olvidado volando.

Extraño creer en lo imposible. En esos personajes míticos. En Santa y el Niño Jesús. En el Ratón Pérez. Hasta la coneja de Pascua. Mi sobrina este año lloró porque a la coneja "se le olvidó" esconder los huevos. Yo eso lo extraño. Ese creer. Ese estar seguros de que en algún lugar están ellos, preparando cosas buenas para que uno se sorprenda, para que uno sueñe. Yo los extraño horrores. Hasta el punto que he pensando que me quiero disfrazar. Que quiero traerlos de alguna forma. Si tuviese algún diente por ahí, y espero que no se me caiga uno en estos días por andar deseando lo que no es, lo pondría bajo la almohada. Aunque ¿Cuánto pagará el Ratón Pérez por un diente hoy en día? Debe ser una barbaridad.

Extraño comer chucherías sin engordar. Doritos. Cri-cri. Susy. Hamburguesa. Lo que fuera. No importaba ni el bikini. Ni el colesterol. Ni los triglicéridos. Nada de eso existía. Ni era relevante. Sólo importaba disfrutar, y si era con una película mejor. No había el concepto de las calorías, ni los carbohidratos, ni de la celulitis. Es más, yo quería la celulitis, porque eso me hacía ser grande. Me acercaba más a lo que yo quería ser, mis hermanas. Extraño cuando "gourmet" significaba la cajita feliz de McDonalds. Hace cinco años y medio que no voy a McDonalds. Y no sé si tarde o temprano debería volver.

Extraño la seguridad que me daba mi mamá. Aunque todavía me la da. Pero la sensación de que ella y mi papá eran invencibles. Insuperables. De que no había nada en el mundo que no pudieran solucionar. Extraño la independencia, la libertad que uno tiene de niño. Porque uno se engaña, uno piensa que de adulto uno es libre porque puede salir sólo, porque no tiene que pedir permiso para nada. Pero no es cierto. Uno tienes los tabús, las obligaciones, los compromisos, las reglas, los acuerdos, las expectativas, la carrera, las relaciones. Todo está allí para forzarnos, para obligarnos. Para dictar lo que tenemos que hacer, lo que tenemos que decir. El niño no. El niño tiene tabús, ni filtros. El niño no tiene las magulladuras de la vida. Los prejuicios que se adquieren cuando van creciendo. Las restricciones, las cosas absurdas con que nuestras sociedades supuestamente civilizadas nos obligan a cumplir. El niño simplemente es niño. Yo extraño eso.

Extraño correr. Extraño jugar creyendo que el juguete tiene vida. Que es alguien. Extraño dormir abrazando a un peluche. Un peluche con nombre, apellido, con historia médica y hoy en día seguro hasta blog tendría. Extraño dormir con alguna de mis amigas. Comer oreos hasta las dos de la madrugada viendo películas que tienen un final que me sé de memoria, pero que no me canso de ver. Extraño los álbumes de barajita. La fascinación de ver un animal poco común como el caballo. Extraño ir a la playa con el único objetivo de no salir del mar. Extraño la sensación de maravilla de verse los dedos arrugaditos. Ya no me recuerdo cuándo fue la última vez que mojada, vi mis dedos arrugaditos y sonreí.

Extraño cómo se descubre el mundo poco a poco. Extraño preguntar mil veces y sin pena ¿Y por qué? Uno se convence de que la curiosidad mató al gato y no pregunta. No hay que preguntar. Loro viejo puede aprender alemán si quiere. Sólo tiene que tener ganas y curiosidad.

Extraño salir corriendo porque una mariposa rarísima y de un color precioso apareció de la nada en mi ventana. Como si fuera un mensaje de un lugar remoto. De un ser que todo lo puede. Bueno, eso lo extraño menos, porque mi papá cuando ve algo así, nos hace salir corriendo. Sin importar que tengas 30 y estés embarazada. La vida tiene que maravillarnos. Siempre.

Extraño que la adultez a veces nos obliga a no decir lo que sentimos. A no expresarnos. A callarnos. Extraño el no utilizar las mentiras blancas. La sinceridad. El decirlo todo. El ser honesto hasta los tuétanos. A veces hasta con crueldad. Porque la vida exige que hagamos como dice Fito Páez "tendré que hacer el bien y tendré que hacer que el daño." No hay de otra.

No extraño el aburrimiento que me da la gente estirada. La gente que sólo tiene conversaciones donde no hay imaginación. Donde todo es serio. Pasmado. Amo la gente que sueña. El que retoma el piano. El que como mi amigo UnclePK lo aprende de grande. No extraño cuando me tratan como si yo no viviera como no es debido. No extraño cuando me quieren encarrilar, cuando quieren que sea algo que no soy. No extraño que me traten como si me pasó el tren. Como si soy una inmadura. Como si mis ganas de no querer crecer fuesen un defecto.

No son. Son mi mayor virtud. El rasgo que más amo. Adoro cuando alguien me dice que le gusta. Que se contagia de la emoción que transmito. A veces siento que esa es mi misión en la vida. Ser un payaso sin nariz.

Adoro cuando me sonríe un extraño. He allí un gran objeto de colección. Uno que si vale la pena. Que no te pueden robar. Que no se puede romper. Y que aunque nadie lo quiera creer, podría cambiar el mundo.

Extraño cuando creía que podía cambiar el mundo.No. Eso no lo extraño. Todavía lo creo. Esa ni me la quitan. Ni la regalo. Por más golpes que me quiera dar la realidad.

viernes, 16 de abril de 2010

Yo Tenía, Yo Tenía un Piojo Peludo


Antes de seguir sacando a otra gente del closet debería sacar otras cosas mías.

Ok. Reconozco que cuando esto pasó fui incapaz de postearlo. Fui cobarde. Penosa. Escondí la verdad. No les dije de algo que estaba pasando en mi vida. Una de esas cosas que cuando te pasan dices. ¿Cómo coño me viene a pasar esto? A estas alturas de la vida.

Ok. Aquí va.

Hace dos años tuve piojos. Sí. Piojos y liendras. Como el peludo que por un pelo resbaló. Y lloré por ellos, pero no porque se hubieran muerto, sino porque sacármelos fue un verdadero infierno. Lloré de la arrechera de tener que decir ¡Coño tengo 29 años y tengo piojos!

Todo empezó cuando mi mamá estaba en la clínica. La acababan de operar de la peritonitis y me tocaba quedarme con ella durante la noche. La verdad es que no dormí mucho, entre otras cosas porque mis hermanas me habían dado un sermón de ¡Esto no es un hotel! Cuidadito carajita...como te quedes dormida." (Cuando tienes tres hermanas mayores el hecho de que estés por cumplir 30 años no te inhabilita para sermones, ni para presentarte a sus amigos diciendo: Conoce a mi hermanita.)

Y dormida no me quedé. Cada vez que entraba una enfermera yo brincaba. Hablaba. Buscaba "algo."Por supuesto a la mañana siguiente era un coleto. Y empecé a notar que me picaba la cabeza. Pero en serio. Pensé nada, estoy asquerosa, cansada. Deben ser los nervios. Y como sufro de psoriasis cuando me pongo nerviosa muchas veces me fastidia y me pica la cabeza. En lo que me de un buen baño se me va a quitar.

En eso entra mi hermana. La tercera, la T. Y me ve rascándome y se lleva las manos a la boca. Pero no dice nada. Sigue con su cosa. Tranquila. Yo me sigo rascando y en eso siento que tengo algo. Me paro. Voy al baño, prendo la luz, empiezo a revisarme el pelo. Y sí. Allí estaban los hijos de puta. Con sus liendras. Habían montado todo un circo. Una ciudad. Hasta su versión de Chávez tenían. Con Iris Varela. Con oposición dividida por Julio Borges. Con Laureano Márquez echando chistes. Con presentaciones de No eres Tú soy Yo. Hasta dejaban de picar una vez al día para ir a ver una novela de Leonardo Padrón. ¡El coño de la madre!

Salgo del baño y mi hermana comenta. Así como casualmente,

-Muérete que las niñitas tienen piojos. No se los hemos sacado bien.

Las niñitas. Las niñitas, mis sobrinas. Con las que hace días había jugado a compartir el cepillo que hacía las veces de micrófono de American Idol. Las muy coñas me habían pegado los putos piojos.

No saben lo que fue. Nada más ir a Farmatodo y comprar el arsenal de todo tipo de champuses y peines. Que para más colmo no se conseguían sino de plástico. Que se me rompió la primera vez que lo usé y tuve que ir, con el pelo mojado, con la cara de ponchada a buscar otro. A todas estas mi cuñado me empieza a ofrecer unas pastillas, que supuestamente te las tomas y el piojo queda infértil o algo así. Y por supuesto que no me las tomé. Explícame que es eso de pastillas para los piojos. Seguro eso fue lo que tomó Popy, ni de vaina.

Simplemente me lavé la cabeza el triple de veces que recomendaba el pote de champú, sin decir nada a nadie. Arriesgándome a quedar con quemaduras de segundo grado en el cuero cabelludo, hasta que llegué a un punto donde los hijos de puta tenían su Sala Situacional y tuve que pedir ayuda. Se la tuve que pedir a Espe, quien tiene toda la vida en mi casa, me vistió para el colegio desde que estaba en preparatorio, y me sacó los piojos que se me montaron de kínder a cuarto grado. Por supuesto, ella cual mamá, porque ella dice que es mi mamá negra me dijo:

- Ay pajarito. Sí eres sangre dulce.

Estuvimos una semana de revisión. No era que tenía piojos. Realmente estaba cundida. Finalmente un día dejé de tener. Pero por supuesto lo que me falto fue meter la cabeza en una bolsa previamente rociada de baigón. El pelo me quedó que no servía ni para limpiarle el polvo al teclado de la computadora. A todas estas no hallaba como explicarle a mi mamá que llegaba tarde a la clínica porque estaba en plena operación de búsqueda y fumigación. Cuando se lo dije, por supuesto me dijo, "si me llegas a pegar los piojos, operación y todo ¡Te mato!"

Pero lo peor de todo fue que haciéndome la que le estaba haciendo cariñito a mi esposo, le revisé la cabeza. Y sip. El hombre, que tiene una melena que le ganó el apodo de Richard Clayderman, tenía liendras que huyendo del Chávez de mi cabeza buscaban una vida mejor. Se lo tuve que confesar. Le tuve que prestar el peine y la gasolina de peluquería.

Está de más decir que debajo de mi lavamanos encontrarán toda gama de productos anti este tipo de animales. Porque cada vez que mis sobrinas se acercan la mano a la cabeza yo me los echo encima, para anunciarles a esos tipos que si se vuelven a acercar lo que les espera es gas del bueno.

Ahora, les digo. La historia no acaba allí. Hace un mes más o menos me fui a un paseo por el Estado Miranda. Fuimos por un lugar donde había gran cantidad de monte. Yo me metí a tomarle fotos a unos burros. Como si uno de ellos me fuera a decir "Hola amiguis soy el burro de Shrek." Después me metí por el monte. Por unas casas. Por un lugar donde habían unos pollos saltando, un pollito negro durmiendo con su mamá gallina. Lindísimo todo.

Al rato un señor me pregunta qué tal el paseo. Yo le digo que bien y luego me dice:

- ¿No se te montaron las garrapatas?

Yo le digo que no, pero en eso empiezo a ver que los lunarcitos de mis brazos se mueven. Sí. Las garrapatas. Montadas sobre mí, como si el burro fuera yo. Pero ninguna estrella de Shrek. Burro para comérselo como si fuesen los asquerositos del Maracucho. Tuve que arrancármelas, bajo los comentarios de uno de los compañeros del viaje, que me echó todo el cuento de cómo Thalía estaba muriéndose, tomando medicamentos de por vida por una picadura de garrapata.

Esa noche al llegar a mi casa me las tuve que quitar con alcohol absoluto. Un espanto. Pero pasó. Relativamente rápido. Ocho días más tarde, durante la madrugada algo me despierta. Una picazón. Una picazón como la del carajo que los Hombres G le echan el polvo pica-pica. Tenía aproximadamente 147 ronchas en la pierna derecha, que fue el camino utilizado por las garrapatas para subir por mi cuerpo. De verdad parecía una de esas personas que salen en National Geographic al lado de una foto agrandada de un insecto de 18 patas.

La explicación médica: las garrapatas liberan una toxina que después de ocho días surte su efecto. Te llenas de ronchas. Te pica. Te echas crema. Tratas de no rascarte. Te rascas. Te echas más crema. Te revuelcas en la cama. En el piso. Te cortas las uñas para evitar más tentación.Te tomas un antialérgico. Miras al perro y dices, chamo no nos diferenciamos en nada. El color de pelo quizás.

Y sí. Ahora ando con el collar anti pulgas de Astro y Catalina. Y una vez al mes me pongo Frontline en el cogote. Porque las pulgas también me han picado.

Y bueno. Esos son los otros animales que habitan en mi closet.

jueves, 15 de abril de 2010

¿Estoy Casi Linda o Casi Fea?


Hoy le toca a otro personaje del reality show. Alguien cuyos tacones me puse a los tres años, alguien cuyos zarcillos fueron sobre mi cabeza la corona de Miss Universo, alguien cuyas cremas fueron ingredientes de cocina imaginarios en mis juegos "a ser chef." Mi mamá.

Mi mamá es como un coco. Durito por fuera y dulcito por dentro. Tú la vez y parece más fuerte que Xena princesa guerrera, pero si la conoces te das cuenta que es una melcocha. Es una de las personas con más personalidad que conozco. Hasta el punto que hace unos meses fue a una fiesta de reencuentro de estudios de la universidad. Cuando llegó empezó a ver a la gente sentada en las mesas, a saludar a las compañeras y de repente se dijo: "Coño, yo no estudié con esta gente." Y así y todo, se tripeó la fiesta. Comió. Echó chistes. Y antes de irse, fiel a sus principios, confesó. Pero había gozado tanto, que nadie le creyó. O a lo mejor todas las viejas ya estaban peas, para qué nos vamos a engañar.

Mi mamá es una de esas personas correctas. Sinceras. Honestas. Es una mamá como pocas. Es de esas que estarán con uno haga lo que haga. Yo sé que si algún día llego a mi casa llena de piercings, con el pelo azul, con un tatuaje de unos mandriles tirando en toda la espalda, ella va a googlear todo eso y va a empezar a buscarle razones para apoyar mi nueva aventura. Aunque no me lo confiese. Aunque me ponga mala cara y me trate como si estuviera ofendida.

Tú no le puedes decir algo como "me gusta el cocosette" porque entonces Nestle queda desabastecido. Cada vez que pueda te trae no una galleta, sino la caja entera. Mi mamá no es de esas mamás que les molesta que te pongas su ropa, o sus zapatos. Hace un par de años a mi hermana se le echó a perder el carro. Entonces le pidió a mi mamá su coroto verde, que suena como un conjunto de cuatro, harpa y maraca y lo chocó.

Fue uno de esos choques de "¡Marica, ven. Descoñeté el parachoques del carro de mi mamá!" Esa misma tarde yo lo tomé. Saliendo de una librería me di contra uno de esos mojones amarillos. El parachoques estaba abollado de un lado y rallado y amarillo del otro. Adiós trabajo de pintura.

Mi mamá es de esas personas que cuando algo le duele toma mil pepas. Es de las que te da algo ayurvédico, algo homeopático, algo alopático, algo para dormir, algo para mantenerte caliente y aromaterapia. Es de las que se copia remedios de internet para los zancudos, y resulta que en vez de matar zancudos las moscan ponen huevos y salen gusanos.

Cuando cumplí 15 años me compré una golden retriever sin permiso. Al principio la regla era "el perro no entra a la casa" un tiempo más tarde, el perro, o mejor dicho la perra, dormía en mi cuarto. Hoy por hoy son tres los canes que habitan con nosotros. Y aunque de vez en cuando mi mamá dice "aaayyy, saca a ese perro de aquí" en el fondo, se derrite ante esos ojos que suplican algo de cariño. Tan es así que todas las tardes les da galletas María. Es como su ritual privado.

Mi mamá es una coqueta por naturaleza. Cada vez que va a salir te pregunta ¿Estoy casi linda o casi fea? Hace dos años le dio peritonitis y la tuvieron que operar de emergencia. Estuvo dos días en terapia intensiva. Lo primero que hizo cuando se despertó fue pedir un espejo y su pintura de labios. Las enfermeras no hallaban cómo explicarle que no valía la pena pintarse los labios en la clínica. Pero ella no quería ni discutirlo. Ella se iba a pintar los labios y se iba a secar el pelo.

Si de dietas se trata. Las ha hecho todas. Desde la antidieta hasta la sopa de repollo, la que te hacía tomar tres vasos de agua antes de cada comida. Ahora le ha dado por protestar si alguien nada más piensa en comer frutas después de la comida. Pero no es de las que se toma eso en serio. Ella siempre dice que a las mujeres que están obsesionadas con la flacura, las terminan dejando por una gordita que disfruta de la vida. En gran parte esa filosofía me ayudó a dejar mi propia obsesión. Es de esas personas que se goza una bolsa de doritos un lunes a las 4 de la tarde.

Ella le echa plomo a la computadora. Y provoca matarla. Por más que uno le dice que ella es quien maneja a la computadora y no al revés, no hay forma. Siempre te a va a llamar a una hora absurda, estilo 7 de la mañana u 11 de la noche a decirte que no puede mandarle un mensaje a Dora su amiga. Esa es otra característica de mi mamá. Ella tiene todo tipo de amigas. Tiene sus amigas esotéricas, que le tiran al loco, que ven bolas de yo no sé qué historia en el aire. Tiene sus amigas que son profesionales, las que no hacen nada, las que siempre te regalan algo. Tiene sus amigas que son amas de casa. Tiene sus amigas inseparables. Las que no paraban de llamarme cuando ella estaba en la clínica.

Mi mamá no tiene filtro. Más de una vez nos encontramos a alguna señora por la calle que le dijo: "hola, te acuerdas de mí." Y ella le contestó, "no." Como tampoco le importa haber causado el odio de mi profesora de inglés de sexto grado. La monja se llama Sister Katherine. Un día una compañera, brava porque la monja la había regañado le escribió en un papel Sister KOTO y se lo dejó en el escritorio. Nos dio lástima la monja y rompimos el papel. Pero le empezamos a decir Sister Koto. Por supuesto el día de la reunión de padres mi mamá fue y le dijo "¡Hola Sister Koto!" Y esa tarde vino a contarme que no entendía por qué la monja se le había quedado viendo con cara rara. Durante años me tiraron bola negra, pero durísimo. Lo que le faltó fue ponerme a sacarle los chicles a la parte de abajo a los pupitres.

Mi mamá no concibe que alguien tenga un rollo y no ayudar. Aunque a veces salga con las tablas en la cabeza. Si los ángeles guardianes existen, ella es la coordinadora principal. Nombra algún tipo de trabajo de voluntariado, ella lo ha hecho. No es de las personas que se sienta a esperar que pasen las cosas. Ella dice que si algo te importa, tienes que hacerlo tú, y no esperar que venga otro a hacerlo para ti. Que eso no pasa, y entonces te quedas lleno de desilusión. Yo diría que si tiene un lema es si la vida te da limones, limonada un coño, tú haces pie.

Eso sí, tiene su lado Lupita Ferrer como buena fémina que es. Las cosas jamás van a ser fáciles, si pueden ser difíciles. Vive con un radio pegado en la oreja, y creo que si tuviese que nombrar un personaje de la historia sería sin duda Martha Colomina. Eso sí, nos sentamos a discutir la Hola y gozamos un montón. En fan de Letizia, de Carolina de Mónco y le parece que Estefanía da una lástima horrible.

Mi mamá se disfraza de conservadora, pero es abierta y moderna. Acepta a todos. Porque al final humanos somos. Y en esta familia, de la cual ella es el centro, hay muy poco complejo de superioridad.

Tú le pides algo y lo último que vas a escuchar es la palabra no. Así es ella. Es mi oráculo. Si ella no tiene una respuesta entonces la crisis existencial es inevitable. Y tengo que reconocer que cuando no le he hecho caso me llevado golpes, cuando la he escuchado he dicho: "menos mal." Y más de una vez he debido decirle, tenías razón.

Es mi amiga. Yo me di cuenta de eso la primera vez que le dije marica. Y se quedó loca y me dijo, "¿Cómo me vas a decir eso?" Y yo le dije, "ay ma, ya deja el rollo." Y lo dejó.

miércoles, 14 de abril de 2010

“Chico, Yo Nunca he Probado el Toronto”


Bueno ya salí del closet. Ahora tengo que ir sacando las cosas que están adentro. Porque como buena mujer uno no viaja nada más con el portamonedas y la cartera. Uno va con varias maletas, con un poco de cosas que cuando llegas al lugar no entiendes por qué metiste en la maleta. Así que poco a poco iré sacando del closet algunas cosas de mi vida. Esta última oración va a generar un cúmulo de llamadas y de emails, sobre todo de mis hermanas diciendo "osea marica, ni se te ocurra poner esto y aquello en el blog." Lo siento, silencio que aquí se está grabando un reality show.

Hoy voy a hablar de mi papá. Tengo tiempo con ganas de describirlo porque él es un personaje. Es una de esas personas que jamás habla mal de nadie, pero cuando alguien se le incrusta, no hay forma ni manera. No ventila jamás sus sentimientos, pero en privado, te lo hace saber. Son pocas personas las que están en su "lista." Lo mejor de la "lista" es que los que llegan allí casi siempre lo tienen merecido. O son echones, cosa que a él lo desespera, o son gente deshonesta que ha hecho algún tipo de daño a quienes lo rodean. Al país.

Mi papá es la persona más positiva que conozco. De verdad quisiera ser como él. Puede estar en el lugar más fastidioso, horrendo, cochino del mundo, y uno mentando madre, pero él va a buscar al menos tres cosas para resaltar por qué la decisión de haber ido fue buena. Cada vez que se come algo, al menos que esté incomible, dice que está divino. Y algo que me fascina es que se levanta de buen humor. Así lo despierten.

Recuerdo una vez que eran como las 7 de la mañana y alguien empezó a tocar la puerta. Pero con desesperación. Le daba y le daba. Todo el mundo estaba dormido, pues no era un día laborable. Pero como mi mamá hace unos buenos desayunos, seguramente había hambre en el ambiente y cero paciencia. Yo estaba dormida, pero con los timbrazos me desperté. Yo estaba haciendo una cuenta regresiva, esperando que se fastidiaran y volviesen más tarde antes de ir a gritar. Ya en mi cabeza estaba el peo que iba a formar. "Coño, ¡no entiendes que son las 7 de la mañana! Si no te abren, pues te aguantas." En eso escucho los pasos de mi papá, que abre la puerta y saluda a mi sobrino diciéndole " ¡Hoooolaaa aaamiigooo!" De más está decir que metí la cabeza debajo de las sábanas, acercando la barbilla al pecho. Avergonzada. Allí estaba mi papá, un señor que va para ochenta años, saludando al nieto que lo despertó en plenas vacaciones, feliz, feliz de verlo. Sin decirle ni siquiera algo como ¿Qué haces aquí tan temprano? Me sentí como un pluto y pensé: así es que hay que ser.

Mi papá es de esos que no les gusta el rock. Siempre que escucha algún cantante moderno dice "¿Qué es ese horror que estás oyendo?" Pero eso no quiere decir que no esté abierto a cosas nuevas. Hace unos meses los obligué a mi mamá y a él a ver Friends. Y la verdad es que terminé de convencerme de lo genial que es ese programa. Porque si lograron captar la atención de mi papá, es que de verdad son unos genios. Al principio decía "No puede ser que existan unos hombres tan estúpidos." Y por supuesto cada vez que salía el tema de que la esposa de Ross se había ido con otra mujer, decía horrorizado "¡Qué programa tan inmoral!" Pero ya se lo ganó. Ahora entre risa y risa sólo pregunta "¿Cuál es que es Ross?" Es sabroso ver Friends con mis papás, entre otras cosas porque mi papá tiene una risa contagiosa. De esas que se escuchan a una manzana a la redonda. Puede ser el chiste más malo del mundo, pero él se ríe y uno no puede evitarlo.

Mi papá no podría haber sido jamás coach de un equipo deportivo. Porque si bien es positivo, la teoría de él es que a veces uno tiene que hacerse la idea de que viene lo peor para disfrutar más cuando las cosas buenas pasen. No es que él no crea que uno no puede alcanzar algo que es casi imposible, al contrario, para luchador él. Simplemente quiere que uno esté consciente de que hay cosas que a veces no se dan, y hay que estar preparado para ello. Entonces por ejemplo, si estamos viendo el mundial y el partido es algo como Camerún-Alemania, y todos vamos por Camerún porque nos da cosa, él empieza, "A esos pobres africanos les van a dar una felpa." Y por supuesto todos nos ponemos bravos. En cuanto a los deportes siempre tiene una salida cómica como, "chico, qué lástima, en el U.S. Open una mujer horrenda le acaba de ganar a la rusita bonita."

Se parece a Mr. Burns de lo Simpson. Me arrecho cuando lo dicen, aunque reconozco que es verdad, pero sólo físicamente. El tipo usa la misma ropa desde los años 70. Dice que si está perfecta no la va a botar, ni tiene sentido comprarse algo nuevo. Y si le regalas algo, no lo usa y tarde o temprano se lo regala a alguien de vuelta. No puede dejar comida en el plato. Eso lo estresa. Usa un reloj de esos de calculadora, de esos que son más o menos de plástico. Va a al cine una vez al año, pero tiene que ser tremenda película. Come poco y para cuando está lleno, si no tiene que tomar pankreosil. Y si almuerza mucho no cena, y si sabe que va a cenar mucho no almuerza, cosa que vuelve loca a mi mamá, que dice que la gente normal hace al menos 3 comidas.

Dice que nadie puede considerarse un literato, eso me lo dijo a mí directamente, ni culto, ni nada que se le parezca, sino se ha leído La Montaña Mágica de Thomas Mann. Adora a Leonardo Da Vinci. A Goya. No le gusta Raphael porque dice que esas vírgenes tan rosaditas nadie se las cree. Escucha Wagner. Tiene un sentido del humor bárbaro, no hay ocasión mala para hacer un chiste. Y si estás viendo un programa de animales siempre dice que el más feo se parece a ti. Dice que ya no va a ir al médico, salvo para cuando le hagan la autopsia. Pero en el fondo sabe que eso no es verdad porque cada cierto tiempo lo obligamos a ir. Tiene más energía que yo aunque tiene casi el triple de mi edad.

No es canino, pero aceptó vivir con perros, y creo que un hito en su vida fue dejar de hacerles cariño con el pie para acariciarlos con la mano. Los perros se sientan al lado de él cuando come porque saben que él no resiste sus miradas de súplica, ni mucho menos cuando le rascan la pierna con la patica pidiendo un pedacito. No se puede resistir ante un bebé, y vice-versa. Yo le digo que si se pone un disfraz morado salimos de abajo, porque haría de Barney un hazmerreír. No prende una computadora ni por error.

Jamás lo he visto pasar ante un mendigo y no dar algo. No es de esas personas que está esperando algo a cambio, jamás. Valora su éxito en la cantidad de momentos que pasa con la gente que quiere. Haciendo las cosas que le gustan. Si algo va mal, se encierra a oír música. Y al salir todo se ve distinto. Todo tiene una solución. Todo. No hay problema insuperable. No hay nada en la vida que valga echarse a morir. Ni la misma muerte. Él estuvo casado una vez, y su esposa murió en la luna de miel. Y se ve que por eso entiende que los vasos de agua son para beber, no para ahogarse en ellos. Para muestra un botón, pues siguió adelante, y la vida le dio una familia un poco extraña, pero de buen corazón.

No habla mucho. Pero cuando dice algo, lo dice. Recuerdo que una vez me vino a buscar un chamo a la casa y él le abrió la puerta. Al día siguiente estábamos almorzando y me dijo: "sólo te voy a decir esto una vez, ese fulano es un GAFO (pronunciado GGGGÁFO). Espero que no vayas a empatarte con él." Y le hice caso. No hubo empate. Porque la verdad es que cuando mi papá dice algo, tiene razón. No le gustan las venganzas, ni el escarnio público. Está en contra de que uno guarde ningún tipo de resentimiento. Si te hacen algo, cambias de rumbo y sigues tu camino, porque si te quedas pegado, al final, pierdes. Terminas peor que a quien querías fregar.

Mi papá hasta hace unos días no había probado el Toronto. Nos dimos cuenta porque empezamos a hablar del Toronto y lo rico que es, y así sin más dice, "chico, no sabría decirles, yo nunca he probado el Toronto." A lo que todos decimos a coro "¿Nunca has probado el Toronto?" En diez minutos se había producido un Toronto sobre la mesa del comedor. Fue así como probar el resultado de un nuevo descubrimiento de laboratorio. Nos quedamos viéndolo mientras lo abría, poco a poco. Lo sacaba. Lo estudiaba. Y de repente lo acercaba a la boca y le metía un mordizco. "Ay. Es duro" Fue lo primero que dijo. Y después, sin pensarlo mucho engulló el bombón completo. A los pocos segundo dijo, casi asustado "¡Hay un maní aquí adentro! ¿Por qué hay un maní aquí adentro?" Siguió masticando y dijo, "No me convenció. Tiene algo raro."

Por supuesto nosotros intentamos convencerlo de que el Toronto es lo más rico sobre la Tierra. Y así seguimos hablando durante una sobremesa cualquiera sobre las bondades de las chucherías venezolanas. Y él tranquilo, porque aunque no le haya gustado mucho el Toronto adora este país, jamás buscó otro pasaporte. Todavía ve lo bueno que hay aquí. Y nos empuja a trabajar para ser mejores. Así es él, de repente empiezas hablando de por qué el Toronto tiene un maní y terminas con una discusión sobre el país. Esa es una de sus grandes virtudes, que con él puedes hablar de cualquier cosa. Y 99% de las veces terminas riéndote.


 


 


 


 

martes, 13 de abril de 2010

Presentación de Manuela


Voy a compartir con ustedes un pedazo de mi curso de narrativa. Es mi presentación ante la clase. En estos días publico algunas historias. Llegó la hora.

Hola a todos,

Me llamo Manuela y vengo de Venezuela. Suena como una de esas mujeres que se presentan a un concurso de miss. Eso sí, yo estoy muy lejos de ser miss. Unos 20 cm por lo menos, y unos cuantos kilitos, que disfruto enormemente.

Debería empezar por decir que Manuela Zárate es un heterónimo. Es el nombre bajo el cual escribo desde el 2005. Todo empezó cuando en un taller de cuento el profesor nos hizo escoger seudónimos. Cuando en la clase final jugamos adivina quién es quién, nadie adivinó el mío. Se hizo un silencio entre las 15 o 16 personas que conformaban el grupo, y lo tuve que romper de repente diciendo "Manuela soy yo." Y aparentemente me lo tomé muy en serio. Tan así es Manuela la que firma el blog en el que escribo casi a diario.

El nombre que tendrían que dar si me quieren buscar con la policía es Clara Luisa Machado. Este año pasé al tercer piso, es decir cumplí 30 añitos. Para celebrar iba a hacer una gran fiesta con mi mejor amiga que cumple 9 días antes que yo. Pero al final decidí hacer algo mucho mejor, tuve una hija.

No soy muy constante. He cambiado mucho de trabajo y si me preguntan cuál es mi profesión me cuesta mucho responder. Terminé la carrera de Estudios Liberales, pero no sé cómo se traduce a una ocupación. Hasta hace poco estaba metida en el mundo de los negocios, hasta que mi papá, un día después de almuerzo, cuando mis 3 hermanas se habían ido y mi mamá dormitaba me confesó que le parecía la cosa más estúpida que había hecho. Incluso más que el fallido matrimonio que se disolvió cuando apenas tenía 25 años. Si te gusta escribir. Escribe.

No le hice mucho caso. Por dos razones. Una, muy importante, pagar las cuentas. La segunda porque me daba miedo enfrentarme al talento. ¿Y si no lo tengo? Pero cuando mi hija nació empecé a ver la vida de otra forma. A valorarla como jamás lo había hecho. Me di cuenta de que todo se reduce a una expresión: ahora o nunca. Y es por eso que quiero al menos, intentarlo. Estoy escribiendo mi primera novela y este curso para mí, es más que una experiencia, que un ejercicio. Es una prioridad. Lo esperé con ansias y estoy feliz de que ya haya llegado. Espero aprender mucho, conocer gente chévere, como decimos aquí, y profundizar en los conocimientos sobre narrativa. Cualquier cosa que venga, la aceptaré con humildad.

Ahora Matías nos pide que contemos, si queremos algo loco. Yo tengo que decir que vivo en una ciudad que es está más allá de la locura. Soda Stereo, tiene una canción que se llama Ciudad de la Furia. Ellos piensan que Buenos Aires es la ciudad de la furia. Es porque no conocen Caracas. Vivir aquí es muy duro. Uno se enfrenta al miedo todos los días y busca formas de evadirlo. A veces con humor. A veces con llanto. A veces con rabia. Yo lo canalizo con la escritura. Pero realmente me cuesta entender mucho de lo que veo. Y esa es otra parte del por qué hago este curso, porque es una forma de sentir que el mundo no está por acabarse cualquier día de estos. Que si hay cosas maravillosas por las que vale la pena luchar. Que a lo mejor mi misión es escribir para contar algún día a través de mis textos sobre lo que he visto y he vivido.

Algo loco que me ha pasado es el racionamiento de electricidad. Hace dos días anunciaron que iban a cortar la electricidad en la ciudad durante 4 horas un día sí y un día no. Además lo iban a hacer a distintas horas por toda la ciudad. Dividieron la ciudad por zonas, pero no explicaron cómo estaban organizadas esas zonas. A una persona le podía tocar estar sin luz en su casa en la madrugada y además estar sin luz en su trabajo la mañana siguiente.

Además las clínicas pequeñas, los bancos, los colegios, quedaron sin luz. Eso sin mencionar que no había semáforos y en algunos lugares ni teléfono. La temporada de baseball también iba a sufrir porque algunos días el estadio se quedaría sin luz y los juegos son a las 6pm. Total que al final salió Chávez y así de un plumazo eliminó la medida y botó al ministro. Así como lo hacen lo deshacen. Uno va hacia adelante y hacia atrás como bailando una danza descabellada, en que las notas pueden sonar cualquier acorde, bello, estridente, ensordecedor, y a uno lo único que le queda es bailar. Al menos es la primera vez que reconocen que generaron un caos. Y aunque uno respira cierto alivio, el problema de la electricidad no se ha arreglado, sigue siendo escasa, ¿cómo van a hacer? Nadie sabe, pero esta mañana todos comentamos lo mismo: esto es de locos. Y bueno, como ese tengo miles de cuentos, cosas que seguro no me creerán cuando se las diga, como dicen, la realidad termina siendo más extraña que la ficción.

lunes, 12 de abril de 2010

¿Cómo se le explica a un perro el Insomnio?


Son las 4:49 am. Y entonces prendo la luz y todo cambia. Porque cuando prendo la luz no es como cuando tomo agua o voy al baño. Cuando prendo la luz estoy oficialmente desvelada. Tengo insomnio. Y lo que me toca decidir es si voy a escribir o a leer. Todo depende de cuál de los dos sea más doloroso o más interesante en ese momento. Y hay momentos como esta madrugada en los que Clarissa, que también tiene problemas para dormir a esta hora se despierta. Yo trato de convencerla de que duerma. Chupón. Tetero. Canciones de cuna. Nada funciona. Morfeo se ha ido y no tiene intenciones de volver.

Tenemos Jet Lag. Nuestra mañana se quedó en otra parte y nuestra noche hace tiempo que pasó.

Así que nos levantamos. El mundo es muy distinto de madrugada. Es silencioso. Extraño. El perro nos mira sin entender lo que está pasando. Aún así se levanta porque la fidelidad que nos tiene le impide ser otra cosa que no sea solidario. Pero ve hacia la ventana y sigue sin entender. Su sistema registra que para estar despiertos hace falta luz, y la calle está más oscura de lo que él recuerda.

Las cosas que uno piensa a estas horas son raras.

Pienso en la muerte. En la oscuridad de la muerte. Y me pregunto ¿Qué tendrá la muerte deparada para mi vida? Y me da un poco miedo. Me doy cuenta de lo efímero que es todo esto. De lo corto que es el tiempo. De la cantidad de cosas que quiero hacer. Escribir. Fotografiar. Y pienso en lo difícil que es vivir de ambas. Pienso en lo subjetivo que es y en sí realmente lo haré bien, o será que me engaño a mí misma. Sobre todo escribir, porque fotografiar esto aprendiendo y sé que la gran mayoría aún es terrible.

Y entonces empiezo a pensar en todo lo que quiero hacer. En las fotos que quiero tomar. En si me atreveré a ir a casa de tal o cual extraño y pedirle que pose para mí. A esta hora siento que no me da pena nada, y que lo voy a hacer. Que seguro voy y lo hago. A primera hora al día siguiente. O mejor dicho un poco más tarde ese mismo día. Y entonces siempre me entra un miedo horrible a los ladrones. Pienso que están justo afuera de mi casa tratando de entrar. Si llego a escuchar algún ruido, nada me saca de la cabeza que son ellos. Y si escucho un triqui-traqui asumo, sin pensarlo, que es un tiro. Y me da miedo pensar en salir de mi casa. Me ataca la paranoia. Siento que me están esperando. Que todo lo horrible del mundo está ahí.

Y pienso en Chávez y en la dictadura. Y todo me da miedo. Pienso en lo terrible que es la situación. Pienso que tengo que hacer algo pero no sé qué podrá ser. Pienso en migrar a otro lado, pero no sé a dónde, ni cómo. Me siento perdida. Como un pobre ser. Como un pedazo de madera, un trozo de árbol que bajó de una montaña arrastrado por un aguacero, y sólo por explicación de la naturaleza llegó el mar, y ahora se lo lleva la marea. Sin que pueda hacer nada. Inerte.

Y pienso en lo que quiero escribir. Y sé que las historias están allí y tengo que hacer que salgan.

Y es allí cuando decido hacer café. Y cuando el café termina de colar me doy cuenta que el café después de las 6 am no sabe igual. Este es mucho más intenso. Este sabe a vida. Este sabe a las cosas que tengo que hacer. Este café induce a hacer preguntas y buscar respuestas. Este es el café que hay que tomar cuando uno se siente sólo.

Y de repente me digo que lo único que uno tiene que saber en la vida. Saber a fuerza y por qué sí. Es cómo hacer café. Ya con eso te vales por ti sólo. Porque con eso sobrevives la madrugada. Si sobrevives las madrugadas estás a salvo. Ahora, si eres como yo. Si las necesitas. Si te gustan. Si las disfrutas. Entonces, es muy probable que no tengas remedio.

En eso Astro abre la boca, saca la lenuga, y empieza a jadear. Singo que está cansado. Me ve. Se me acerca. Le acaricio la cabeza y me siento a escribir, con el tercer ojo abierto porque Clarissa decide que esta hora es perfecta para practicar el difícil arte de caminar en dos pies. Astro se echa, su barriga sobre mis pies. Como queriendo decir, "estoy contigo, pero me voy a volver a dormir. Estar despierto a esta hora, no lo entiendo." Sí. Una vez más el perro es mucho más racional que yo.

Lástima que eventualmente, saldrá el sol.

sábado, 10 de abril de 2010

Mi Carta desde la Tierra


Lo prometido es deuda. Les dije que iba a publicar la carta que mandé a lo de Mont Blanc. Pues aquí está. La volví a leer y la verdad es que sí es muy sentida. Y en parte por eso la publico. Porque es mi carta desde la Tierra. O al menos es una de ellas. Hay otra. La que escribí el mismo día que Dani murió. Esa la publico la semana que viene. Esta está sin pulir. Tal cual salió del alma ese día. Y también está sin terminar, porque ese día se me vino toda la emoción encima y no pude seguir. Estoy debatiendo si terminarla o dejarla así. A veces hay momentos que hay que respetar y siento que si toco cosas voy a alterar la pureza de ese momento. Entre otras cosas por eso tampoco la mandé al concurso. Porque creo que el tema de los concursos tiene su límite. No sé. Es algo que tengo que debatir dentro de mí.

En todo caso, como dije hace una semana. El tema no es el concurso. El tema es expresarse. Es decir las cosas. Sobre todo las buenas cosas. Porque lo cierto es que lo malo, casi siempre se dice sin tapujos,p pero lo bueno se calla casi siempre. Así que aquí va. Espero les guste.

Dani:

He pensado mil veces en cómo comenzar esta carta. Como dice Herta Muller, tiene que ser algo que abra un deseo y cierre una puerta. Quiero que sepas que desde que te fuiste mi manera de ver la vida ha cambiado. Yo diría que si ahora tuviera un soundtrack sería esa versión instrumental de Love Story meets Viva la Vida que hizo Jon Schmidt. Es más. Suena en mi cabeza mientras escribo estas palabras. Porque no te recuerdo como una persona que murió, sino como alguien que vivió. Que vivió al máximo.

Ya no me preocupo tanto por la talla del pantalón. Ni me importa qué tan mal se me ve el bikini. Aunque tengo en mente las palabras de mi amigo José Humberto "lo importante es no dar pena." Pero si me provoca un plato de pasta, o una cucharada de Nutella, no me detengo sólo por alguna posible crisis ante el espejo. Si un libro no me gusta lo cierro y busco otro. Duermo menos y veo menos televisión, pero escucho un poco más de radio. Y hago cursos de todo. Pilates, yoga, narrativa, fotografía, cocina. Lo que venga para aprender más, para experimentar más cosas. Tomo cerveza, sobre todo en la playa, y probé el whisky no sé cuántos años. Me he puesto la meta de conocer un lugar nuevo cada año, y de comer helado al menos una vez por semana. Dar más besos y decir más te quiero, y sonreír a los extraños. Tomar como bandera tres palabras, por favor, permiso y gracias.

Me he prometido no madurar. Al menos, no demasiado. Quiero mantener la pasión del adolescente ante cada situación de la vida, sobre todo el amor. Si no quiero ir a un compromiso social, no voy. Porque he entendido que el único compromiso que tengo es conmigo y con mi hija.

El mundo está complicado. Pero ¿sabes? Yo no veo las guerras, ni los odios, ni las divisiones, ni los imposibles. Es que aunque reconozco que existen, he decidido preñar al pajarito, porque después de todo, no se puede aspirar a un mundo mejor, si no crees primero en él. Me declaro idealista y come flor. Me dedico a aplicarle el humor a todo. Y no importa si alguien no comparte mi filosofía, como dicen en Twitter, lo único que tienes que hacer para que yo no exista, es darle a UNFOLLOW. No seguirme, y ya está.

He decido concentrarme en luchar por aquello que quiero. He decidido no detenerme ante el miedo a lo que la gente piense o diga, pues como dice Mecano lo que digan los demás, está de más. Así que cada vez filtro menos lo que pienso. Pero también he decidido que haré todo lo posible por no hacer a los demás, lo que no quiero que me hagan a mí. Me he dado cuenta de que esas cosas que hice y de las cuales me arrepiento, al final desembocan en no haber cumplido esa premisa.

He decidido hacer como dice el merengue aquel, abrir los ojos, mirar hacia arriba y disfrutar las cosas buenas de la vida. Como los chistes de Jaimito. La sangría helada a la orilla del mar. La fondue de queso. Un buen chinchorro. Una puesta de sol. Un Ipod lleno de música buena. La luna llena. Una chimenea. Una noche estrellada sin luna, aunque no tenga ni la menor idea cuál es la osa mayor. Una cobija en la grama. Mi perro esperando detrás de la puerta, incondicional, pase lo que pase y sin juzgar. Como debe ser la amistad.

He decidido perdonar y pasar la página. Entendí que el resentimiento es el cáncer del alma. Y quiero que sepas, de todo corazón, que aquello que vivimos, que aquello de lo que me salvaste, lo he perdonado. Y el día que perdoné me di cuenta que la herida cerró, y volví a creer en mí. Me di cuenta que a quien realmente tenía que perdonar no era al otro, sino a mí misma. Y me dolió reconocer que yo en el fondo tenía gran parte de la culpa, pero a la vez me hizo libre. Infinitamente libre.

Y cada vez que bajo el vidrio y siento el viento en la cara, tú estás ahí. Estás ahí cuando cierro la puerta del baño para bailar sin que nadie me vea. Cuando me estoy tomando esa copa de más, como tantas que nos tomamos juntas. Estás en esas risas que hacen que me salgan lágrimas, y que me ponen a punto de hacerme en los pantalones, aunque tenga treinta años. Estás en las parrillas que me dejan full por una semana, como las que hacíamos en el deck que hizo Matías en el techo de tu casa. Estás en los días de lluvia en que me quedo echada en el sofá viendo una película. Estás cuando juego con mi hija y trato de enseñarle a reírse a carcajadas. Sólo espero que ella y yo lleguemos a tener la complicidad que teníamos nosotras dos. Esa que de una forma u otra seguimos teniendo.

Estás en las canciones que canto a todo volumen, en público o en privado, como I Gotta Feeling de Black Eyed Peas. Estás en mis intentos fallidos de cocinar. Estás en los atracones de sushi, detrás de las fotos absurdas que tomo con la D60 y en las lecturas ligeras y en las profundas, como la del libro que me diste el día que me mudé de Houston, Cartas Desde la Tierra de Mark Twain. Estás en esta, Mi carta desde la Tierra.

Y como escribió un gran amigo buscando consolarme el día que te fuiste, siempre habrá un momento para el reencuentro. Cuando por fin se de, allí te voy a dar el último abrazo que el tiempo la distancia no nos permitieron. Y más allá seguiremos viviendo. Como si no hubiera pasado un día y eternamente al máximo. Estoy segura de que lo primero que nos vamos a decir, apenas nos volvamos a ver, será Viva la Vida. Sí. Ese reencuentro, igual que esta carta tiene soundtrack.