domingo, 30 de mayo de 2010

Los domingos


Los domingos son la prueba de que Dios existe. Como descansó, este se convirtió en el día más insoportable de todos. Aunque yo tengo que confesar que me encantan los domingos por la mañana. Siempre me encantaron. Quizás era porque con el periódico, que en su momento era en blanco y negro, llegaban los suplementos y yo corría a despertar a mi papá. Él me leía El Fantasma, Olafo, Pomponio, y El Príncipe Valiente, con quien por supuesto yo me iba a casar, sin importar el ridículo corte totuma. Nunca leímos ni Rabanitos, o sea Snoopy, ni Lorenzo y Pepita. El primero, porque preferíamos verlo en comiquitas. El segundo, porque mi papá le parecía que Lorenzo era un poco maricón. Aunque jamás lo dijo con esas palabras, de eso me di cuenta más tarde.

Pero la maravilla de los domingos siempre ha durado poco. Los domingos siempre han sido días para deberes que uno no debería hacer. Esos enemigos acérrimos que yo tengo. Los compromisos. Empezando por la misa. Yo dejé de ir a misa porque me sinceré con Dios. Eso de ir a estar torciendo los ojos, bostezando, pensando qué estarán pasando en televisión y contando señoras con peinados feos, hizo que desistiera de aquello. Hoy en día tengo mi visión de la religión. Prefiero concentrarme en vivir mi vida intentando tratar a los demás, como me gustaría ser tratada. Pero eso tema de otro post. En todo caso, hubo un tiempo en que ir a misa era de una de las torturas dominicales.

También era el día de las visitas. Todo tipo de visitas. Recién nacidos. Enfermos. Cementerios. Abuelas. Tías. Parrillas de amigos que tienes años que no ves. Que la pasas bien, pero antes de ir mentas madre. Nada como tener que arreglarse para salir un domingo. No hay flojera que se compare. Y dígame si el compromiso es de Primera Comunión. Bautizo. Y cumpleaños. Fatal. Y de vez en cuando, una pareja de infelices decide casarse un domingo. Y a uno lo que le provoca es ponerles en la tarjeta de regalo: "que sean muy felices, de verdad. Pero de pana, esto de casarse un domingo, simplemente no se hace."

Y por supuesto, el domingo, es el día de los deportes. Pero, para uno, sobre todo si eres niña, aquello de que acapararan el televisor con boxeo o carreras de carros era la cosa más insoportable del mundo. Dos deportes que jamás voy a entender. El boxeo, idiotas cayéndose a golpes. Carreras de carros. Carros dando vuelta a toda velocidad. Me mareo nada más de pensarlo, jamás los pude seguir. Sorry Aiton. Lo mío no es alta cilindrada. ¿O eso es moto? No sé. Lo borré porque mi abuelo lo ponía y yo realmente agonizaba con aquello.

Además los domingos la televisión siempre ha sido un bodrio. Un asco. Como para castigar al pobre bolsa que no tiene nada que hacer. Es como si el programador te quisiera decir ¿no tienes familia? ¿amigos? ¿no crees en Dios? ¿Realmente no tienes nada que hacer un domingo, si no sentarte a ver porquerías en la tele? Entonces jódete. Anuncian películas como si fueran la gran maravilla. Pero son cosas a cada cual más viejas y mal dobladas. Jamás hubo peor pesadilla que ver a Terminator hablando como Mexicano. Lo llamaban Cine de Gala y Cine Millonario en una época. Y tenían un total como de diez películas entre las que estaban Arthur el Millonario y Tootsie. Las pasaban algo así como una vez al mes. Se ve que de vez en cuando podían pasar algún estreno, pero era algo así como una vez al año. Y aún así aquel estreno era una película añeja, estilo Splash de Tom Hanks y Daryl Hannah. Ahí sí uno se emocionaba. Y se calaba la versión mexicanizada de la película donde cada "fuck" de los actores era traducido a "relámpagos" o algo por el estilo.

El otro drama de los domingos es que generalmente uno come de más o se da permiso para darse duro con el postre. No hay domingo en la noche que uno no esté inflado como un caimán recién comido. Arrepentido diciendo "¿para qué tuve que repetir ese tremendo plato de parrilla?" Y si uno salió la noche antes, entonces el domingo no vale medio. Encima del ratón quedas sin voz. Te duele todo. Pies. Manos. Cuerpo. Lo único que provoca es quedarse en pijamas todo el día, arropado hasta el cuello. Y si llueve. Peor todavía.

Siempre hay gente que intenta matar el marasmo dominical saliendo. Los pobres infelices que deambulan. Salen. Colapsan todo. Van al cine. A comer. A las heladerías. A pasear en Centros comerciales. Por culpa de ellos no consigues entrada para el cine. Si vas comerte algo tienes que esperar mínimo cincuenta minutos. Hacer una cola con veinte personas por delante para comerte una miserable bola de helado. Y si quieres ir a la farmacia, peor, la cola es como para que te salgan canas esperando.

Lo peor del domingo es cuando llegan las cinco de la tarde. Porque allí ya casi oficialmente puedes decir que se acabó el fin de semana. Pero a la vez todavía no. Sin querer queriendo empiezas a pensar en que al día siguiente es lunes. En que las responsabilidades vuelven. En que estás cansado y así hayas dormido todo el día no has descansado. En que había diez mil cosas que querías hacer con tu tiempo libre, pero no las hiciste. No hiciste ni una. Porque el fin de semana será muchas cosas, pero tiempo libre, lo que se dice tiempo libre no es. ¿Entonces? Ahí es cuando entra la depre.

Y le escribes a un amigo: pana, qué ladilla son los domingos.

O en mi caso, escribes un post.

jueves, 27 de mayo de 2010

García Márquez Te Voy a Perdonar

No sé por qué. Lo que más me impactó de la presentación de Vasco Szinetar fuiste tú. No había terminado de verla y ya te estaba escribiendo esto. Nada más ver tu cara de cansancio. De ausencia. Esa sonrisa perdida, que no está en ningún lado. Como si ya no fueras lo que fuiste una vez. Pero en tu rostro se ve esa especie de duda, de negación, como si ni tú mismo supieras qué fue de tu vida.

Yo me enamoré de ti cuando no tenía más de quince años. Y sí. Tengo que reconocer que gran parte de lo que dañó mi relación contigo fue una especie de envidia. Qué grande eres escribiendo. Eso no lo te lo puede quitar ni quien te odie con el más profundo de los odios. Ni quién te odie como diría César Vallejo, con el odio de Dios. Tienes esa prosa que fluye, que atrapa, que esconde secretos que se van metiendo dentro como si fuera una enredadera que atrapa desde lo profundo. Que asfixia. Que hunde. Eres la arena movediza de las letras. Tú tienes ese don, tú lo cultivaste. El de mezclar el detalle con la grandeza. El de llegar a los espacios más abstractos del alma a través de un relato concreto y preciso. Creando imágenes. Respetando siempre la belleza del lenguaje.

Tú y tu mundo de Ojos de Perro Azul. Ahí fue que me atrapaste. Porque me veía en ese mundo. Lo entendí. Tu Macondo. Tu General desesperado por la traición de su Casandro, pasando las noches en el Río Magdalena. Yo recorrí el Magdalena. Lo recorrí contigo y por ti. Y tus personajes, el polvo de sus pueblos, y el sudor de sus tardes calurosas, el hilo de sangre que recorrió las calles se volvió mi hilo de sangre. A veces veo el lomo del libro asomándose desde un rincón. Es un lomo púrpura. Tu nombre en letras blancas. El título. El General en Su Laberinto y yo siempre me digo con una sonrisa torcida, sí. Y el escritor en su pantano.

Dicen que amor y odio van juntos. Que no se puede sentir uno sin el otro. Si no odias es que no amas. Y cuando amas, inevitablemente vas a odiar. Es el castigo. La sentencia. No lo sé. Me lo pregunto. Trato de averiguarlo pero aún no consigo la respuesta, y la verdad es que no sé si me importa. Sólo sé, que sí te odié. O que mejor dicho te odio.

Me molesta cuando alguien dice tu nombre. Me angustia entrar en cualquier librería y verte ahí y en todos lados. Me genera gran amargura ver como la gente se desespera por enumerar la cantidad de tus libros que se ha leído. Como si fuese una lista de supermercado. Como si fuese algo que hay que hacer antes de morir. Sin saber. Sin preguntarse, quién eres tú, ni por qué estás allí. Ni siquiera sin tratar de averiguar, luego de haberte comenzado a escrudiñar página a página, si has "llegado a ser quien eres."

Y ayer no sé. No sé si fue la edad. O a lo mejor fue la montura de tus lentes que se asomaba tímida y flaca por el bolsillo de tu chaqueta. Y acto seguido Vasco Szinetar quien te hizo la foto. Quien hizo las fotos de quienes contigo han ido a parar al vasto armario de mis fantasmas, dice "lo perseguían para tomarse la foto con él. Como si fuese un animal." Y de repente sentí una enorme lástima. Un dolor por ti. Como si te quisiera. Como si en el fondo no te odiara, sino todo lo contrario. Como si quisiera abrazarte y protegerte. A ti víctima de tu propio destino. De la vorágine humana que te consumió parte del alma. Ya entiendo por qué el desastre las Putas Tristes. La vorágine. Eso fue.

Y aún así pienso, que a pesar de que ese libro es un desastre, yo jamás escribiré algo así. Yo jamás tendré esa pluma. Jamás te llegaré ni a la distancia que estaba Vasco de ti. Pues no separan tierra, mar, sangre, ideas. Nos separa la vida entera. El mundo entero. No somos nada. Somos una mujer y un espectro. Unos ojos y unas páginas que fueron desterradas a un vacío oscuro, pues sentía que no podía perdonarte tus inconsistencias y tus injusticias ideológicas. Tu simpleza y tu resentimiento. Quizás eso fue lo que me hizo odiarte, leerte tan grande, y que al contarme tu vida te dibujaras tan pequeño. Como si ni te importara.

Pero ayer te vi animal perdido. Y por alguna razón te entendí. Y te confieso, me dieron ganas de leerte otra vez. De perdonarte. De que vuelvas. De dejarte un espacio en mi vida, en mis noches, de seguirte. Está bien García Márquez. Te voy a perdonar. No me queda la menor duda. Me estoy poniendo vieja.


(Para ver las Fotos de Vasco Szinetar: http://vascoszinetar.blogspot.com/2010/01/frente-al-espejo_5106.html)

miércoles, 26 de mayo de 2010

Peos Existenciales del Mundial


No aguanto las ganas de que llegue el mundial de fútbol. Durante treinta y un días cambiamos de problemas existenciales. Ya no se trata de huecos, hampa, partidos, elecciones. Nos va a importar un comino Julio Borges, y Luis Tascón. ¡Fuck la mesa de la unidad! Es más, ¡fuck Chávez! Realmente nadie le para. Hasta él mismo deja de pararse, porque todo el mundo está pendiente de fútbol.

Uno pasa a angustiarse porque España, que siempre gana el primer partido con un score ridículo como 8-0, en el segundo partido metió un autogol, y en el minuto 91:30, es decir en pleno descuento, está empatada y punto de quedarse fuera de la copa. Al final siempre mete gol. Uno queda con una úlcera y la mitad de tus amigos arrechos, (los de familia española) "porque tú jamás creíste que España iba a clasificar. Joder, si tienen el mejor equipo."

Italia es más o menos el mismo peo. Todo tú rollo existencial durante un mes. No te hablas con dos amigos, un primo, y la mitad de tu oficina, porque el bendito equipo Italiano. Además siempre hay un drama moral en torno a algún jugador. O corrupción. O cachos. O alguna falta descarada y horrible que no le cantaron. Es allí cuando el mundo se divide entre los que ya no te saludan con un "hola ¿cómo estás? Sino que a penas te ven pelan los ojos y gritan ¡Foorrzaaa aaazzuuurriiiiii! Y los que no pueden comer ni pasta durante todo el mes porque les recuerda a Italia y se arrechan.

Estos últimos son los que tienen dos clases de sentimientos. Los sentimientos futbolísticos y los sentimientos generales. Ellos te explican. Yo amo a Italia. Me fascina, mamma mía. Mozzarlla. Pizza. Ragazza. Pero futbolísticamente hablando no soportan al equipo. Yo creo que la culpa la tiene Paolo Maldini, no sé por qué, pero había algo en el pelo de ese carajo que hizo que mucha gente le agarrara arrechera.

El pelo de un futbolista es delicado. Como ejemplo está Claudio Caniggia. Hasta donde uno sabe, el carajo está disfrazado de empanada en un semáforo de Buenos Aires, porque no le quedó de otra. Nadie se acuerda de él, pero uno ve a un tipo con una especie de trenza de zapato como cintillo y dice: verga, Claudio Caniggia. Y era amado además. Con locura. Ahora está Cristiano Ronaldo, que yo creo que tiene la patente mundial de Moco de Gorila, y pronto lanzará su línea de cuidado de las cejas y depilación de pecho.

El rollo de amo al país, pero me molesta fubtolísticamente hablando abarca distintos equipos. España genera emociones. Entre otras cosas porque hay gente que le molesta que siempre tiene "el mejor equipo" y siempre lo dejan a uno emocionado. Yo no sé. Yo los amo la verdad. Me parece que todos los futbolistas son los más simpáticos. Al menos por televisión.

Argentina. Ese es otro equipo que remueve emociones. Nos gusta porque somos latinoamericanos. Pero más de uno repite la cantaleta gastada de que "es que los argentinos son…" no lo tengo que repetir. El que dice eso es porque no tiene amigos argentinos. Conócelos y después hablamos. Lo que me da risa de esta gente es que después al final, siempre le están ligando al equipo. Tienen su charm. Además como dice un amigo mío, tú en Buenos Aires tiras una piedra y te cae encima un tipo que está bueno. Son unos muñecos. Hasta la brujita Verón. Ahora, Argentina este año. Para mí. Tiene un gran problema. Maradona. Lo siento. Sé que es un grande. Que hizo esto y aquello y lo de más allá. Pero a mí se me incrusta ese hombre. Me parece todo lo que el deporte no debería ser y me cuesta horrores irle al equipo. Sin embargo, creo que al final el cariño que le tengo al país, más la sonrisita de Messi harán que al final grite: ¡Laaa paaaróooo! Cuando el arquero pare un penalti. Porque no hay partido clave del mundial que Argentina no arregle por penalti.

Después están los que yo llamo el restero. Eso es otro peo que tendremos durante un mes. Cómo organizar nuestros sentimientos respecto al restero. Porque no te importa que el restero pase a la segunda ronda o incluso a la tercera, pero qué ladilla que te lleguen a una semi-final o final. Francia. Holanda. Bélgica. Inglaterra (sorry para mí es restero). Portugal (cada vez menos, pero sigue siendo). Croacia. Son equipos que, son simpáticos. Si están jugando contra un nada que ver estilo: Emiratos Árabes Unidos les voy, pero no me voy a ir a la embajada de Holanda, con las mallas anaranjadas de Halloween para brincar porque les ganaron a un nada que ver.

Entre el restero está el restero latinoamericano. Es el restero que le vas porque bueno. Hablan español y te da cosa. Uruguay. Paraguay. Honduras. Pero al menos en el caso venezolano, no levantan tantas pasiones. Igual, uno se emociona tanto viendo esos partidos, que la mitad del juego hay un pleito familiar porque alguien preguntó ¿Cuál es la capital de Honduras? Estos no hacen nada nunca, y además dependen siempre del único jugador estrella que tienen. Estilo Chilavert o el Diablo Salas. Aquello es un horror, al pobre hombre lo marcan como si fuera sifrina hablando por blackberry en pleno casco de petare. Le caen a patadas y el tipo le cae a gritos a los demás jugadores que corren con aquella flojera que lo que da es dolor. Lo más triste de estos partidos es que siempre quedan que si 1-0. Es decirl el esfuerzo del pobre hombre paga. Pero no da para más.

Y entre el restero latinoamericano se abre un espacio especial para Chile y México. Chile es difícil de explicar, debe ser porque ellos son un país de primer mundo extraviado en una bazofia de continente. Chile cae bien. Es de esas cosas que no se entiende por qué no hacen más. Y México. Bueno. No se sabe ni por dónde empezar. Siempre pareciera que pueden, pero no llegan. Siempre se las arreglan para que les gane Alemania. Aquello parte el corazón. No hay nada peor que ver a los catires gigantes corriendo contra los enanitos morenos. Aquello parece la mesa de futbolito más políticamente incorrecta del planeta. Y siempre hay un catire mexicano que es la estrella. Termina haciendo una cagada de partidos. Y siempre se descubre que le caía a coñazos a la esposa. Y además pierden por uno a cero. Ahí la crisis existencial de uno es "¡Coño! México se merecía ganar." Y cuando el comentarista dice "al menos les queda la lucha. Lo bien que jugaron." Te provoca irlo a buscarlo para partirle la geta. Porque al final, el único peo que tienes en la vida, no es la tarjeta de crédito, ni el país que se va a la mierda. Es la Copa Mundial y la impotencia de que pitaron los 90:00 con su descuento y Alemania ganó.

Claro ahora la angustia es lo que siempre pasa. Que Alemania se da contra uno de los equipos nada que ver. Alguna de las Koreas. Grecia. Eslovenia. Dinamarca. Japón. Suiza. Uno de esos que cuando viste el Panini dijiste ¿Qué coño hacen estos carajos en el mundial? Uno de esos llega y se va a medir contra el grande Alemán y tú estás recagado. Ya ni ves a los motorizados que se vienen casi estampando contra tu retrovisor, pillando a ver si tienes algo para robarte. No tienes nada. Estás sólo en tu carro escuchando el partido. Chorreado porque tu único peo es que ese, que no es nadie, se tome en sus manos la venganza de México. Como tienes poca fe, dices imposible. El comentarista dice estupideces como "una labor titánica la del los helénicos, llevarse por delante al tigre Alemán. Al gigante letón, que viene con toda su furia dispuesto a ganar. Con un Ballack crecido." Generalmente qué pasa. Alemania pierde. Y no porque no tenían lo que era necesario para ganar. Sino por la ley del "Locutor Boca´E Chivo." Eso empava cualquier cosa. Y tú en tu cola dices "ñoelamadre. Me hubiera quedado en la oficina viendo el partido."

La sesión con tu psiquiatra también se la vas a dedicar al mundial. Porque vas a tener una depresión horrenda causada por los equipos nada que ver, pero que dan lástima. Los africanos. Tienen unas historias de teatro. Tristísimas. Y tu peo existencial es que te quejas de Venezuela cuando en el fondo no estamos tan mal. Aquí están estos carajos en guerra civil, con el peo del Sida, la malaria arrecha, hasta el ébola y míralos ahí, echándole bola a su mundial. Y aquí uno se queja porque no hay dólares. Te sientes como el propio frívolo hijo de puta. Sientes que somos unos flojos que no supimos aprovechar el petróleo. Coño. Este es el momento más duro del mundial. Estos equipos que lo conquistan a uno. Y que como siempre pierden o por un gol o por doce. Pero nada de cosas estilo 3-2. No. La vaina es el extremo siempre.

Y además de la fanaticada, y a quién le vas. A cuál odias o a cuál amas. El mundial trae otra cantidad de peos que son lo máximo. Por ejemplo, dónde ver los partidos. Si no lo ves casa de tal amigo. Se arrecha y no te habla. Pero es que el otro amigo tiene una tele más grande. O el de la tele más grande vive muy lejos y nadie quiere ir hasta su casa y se ofende. Después está la familia. No hay mamá que no organice una parrilla para ver el mundial. Pero te da vaina porque hay mamás que cuando gritas ¡Coño, gueevón. Mira la pelota pajuo mariquito, te van a meter gol!" Empiezan, "el vocabulario hijo." Y así no se puede ver fútbol. Claro que están mamás como la mía que gritan peor que repartidor de refresco y aquello de pena. Después está el pana que siempre arma un peo en un restaurante, y tu cagado porque desde el mundial pasado estás ahorrando para ese guateque. Siempre las cuentas son astronómicas y hay dos o tres que se paran a mitad del segundo tiempo para hacerse los locos con la cuenta. Eso sí, uno al menos una vez, durante el mundial tiene que ir a un lugar público a ver un partido. Si no, es como si no hubiera pasado el mundial.

Está el peo de en qué canal lo voy a ver. Qué locutor es menos ladilla. Qué señal tiene la grama más verde. Qué canal ya no pasa las propagandas que tapan la pelota y no te dejaron ver si la tarjeta roja era merecida o no. El coño de su madre. Y esa es otra. Uno debería ser árbitro. Porque generalmente son unos mariquitos vestidos de colores muy pargos que no saben lo que hacen. Unos vendidos siempre. Siempre hay un árbitro vendido. Siempre hay jugadores que se "tiran." Y uno que dice "ahí sí. Piscinita" Claro, si el árbitro saca una tarjeta al otro equipo, el que le queremos ganar decimos "¡Toma lo tuyo! Es que esos fulanos son unos tramposos. Unos sucios."

Y siempre con el rollo del arbitraje está ese Penalti. Ese Penalti que te robó tus ilusiones. Que hizo ganar a Estados Unidos. Si no ¿cómo? Dices al día siguiente en el trabajo. Es tu gran arrechera. Y por supuesto tu mayor alegría es cantar la cancioncita del mundial, la cual bailas en la ducha como si fueras una de las vainas que salieron flotando en la inauguración. Siempre hay algo que flota o vuela en la inauguración. Y todos los mundiales te preguntas si deberías comprar fuegos artificiales, porque después de todo Venezuela no juega. Es medio raro. Pero si te quedas esperando a que un día llegue…

Y allí entra lo que guardamos para el final. Brasil. Un fenómeno que no se entiende. Por donde lo veas. La gente si pintarrajea por toda Caracas con los colores de la bandera. Porque somos vecinos. Porque somos latinoamericanos. Porque los brasileros son gozones, las mujeres menean el culo y los hombres menean los hombros con los brazos abiertos. Más nada. Porque los colores son alegres y porque los nombres siempre dan para un chinazo, del que todo el mundo saca un chiste. Si en Brazil hablaran alemán en vez de portugués nos sabrían a mierda. Más bien los odiáramos. Pero Brasil es un peo existencial tan arrecho. Que merece un post para ellos solos.

Yo lo único que quiero es que llegue el mundial. Para cambiar de peos. Para no hablarle a alguien porque te metiste con Messi y con Lionel Andrés Messi no se mete nadie.

Todo esto me recuerda, tengo que ir armando mi quiniela.


 


 

martes, 25 de mayo de 2010

Manu Quiere ser Comentarista del Mundial


Yo muero por ser comentarista del mundial. Señores de Fox. De Direct TV. De lo que sea. Yo sería buenísima como compañera de comentarista. Modestia aparte. Y casting de por medio. Empezando porque vamos a estar claros. Hace falta una mujer entre los comentaristas. Hace falta un cambio en la voz. Siempre tienen esas voces tan monótonas. Además, las mujeres somos sinceras. Decimos la verdad.

Cuando alguien pierde no andaría con mariqueras de “jugaron bien.” No me jodas. Si metiste menos goles. No ganaste. Lo siento. Es verdad, fútbol bonito. Todo lo que tú quieras. Pero si perdieron, perdieron. Y si aquello fue un desastre. Pues aquello fue un desastre. Siempre aclararía que es sin ánimos de ofender a la fanaticada. Pero es que a veces duele más cuando pierde un equipo, y empiezan con la mariquera de que jugaron bien. Es como decir, bueno no se enrollen, les vamos a mandar unos potes de leche en polvo para su casa. Ok. Aja. Y qué hacemos con eso. Bueno en Caracas, se puede hacer mucho, pero ese no es el punto. El punto es que mi narración no incluiría ese tipo de comentarios.

También incluiría algo así. Si estamos en el minuto 80. Digamos que en un España Portugal en cuartos de final. España gana 1-0 y mi compañero dice:
Comapeñero: Falta de Torres. Una falta innecesaria cuando ya España tiene su pase a la semi-final.

Manu: Estás castigado con cinco minutos de silencio, por pavoso. Boca’echivo. Boca´esapo. Y atorado. ¿Sabes lo que dicen de los hombres atorados no? Que son malos en otros departamentos. Así que a callar.¿Sabes todo lo que puede pasar en fútbol en diez minutos? Corners. Tiros Libres. Penales. Goles. Autogoles. Arqueros salidos de su puesto. Defensas imbéciles, que justo cuando se van a enfrentar a un delantero parece que les pasara por la mente algo así como “Será que yo antes de venirme para Suráfrica pagué el recibo de luz.” Y pummm, ahí es que lo joden. Así que te me callas.

Ciertamente. Yo limitaría un poco aquello de. “La tiene Pepe. Pepe se la pasa a Cucho. Cucho. Cucho. ¡Cuuuuuchooooooooooooo! Y la pelota va a parar a las manos del arquero Elambi.” De hecho yo solicitaría, un permiso para decir groserías. Señores, es televisión por cable. Deporte sin groserías no es deporte. Sería más bien algo así como:

- Ahí va Pepe. Al menos parece pepe. Se la pasó a Cucho porque, a quién más. Los demás están como dormidos. Se la pasa Cucho. Cucho no entendió que el fútbol es de equipo, y una vez más la botó. El anormal que hace de director técnico, ¿no sabe que puede cambiar a este asno que le está botando el partido?

Otra cosa es que a menos que sea uno de esos partidos que no ven ni en los ancianatos, estilo Serbia – Arabia Saudita. Yo diría abiertamente, señores fanáticos, en esta ocasión le voy a ir a… Sí. Me pueden odiar. Pero esa es la maravilla señores de Fox. Ya verán como eso da resultado. Es más. Me van a escuchar más los que están arrechos por mis comentarios parcializados, que los que andan ahí todos felices con sus narradores café con leche.

Además, no hay nada peor que un narrador que todo calladito, que hecho el loco anda durísimo por un equipo. Cae pesado. Da más rabia y ahí uno si cambia el canal. Las cosas claras y en la mesa, que todos somos humanos. Imparcial my ass! Yo sí diría, qué incruste Ballack, no puedo con las cejas perfiladas de Cristiano Ronaldo, ¿este hombre va para un sauna o va a jugar fútbol? Y Messi, de verdad y en serio, estoy enamorada de ti.

Gritaría full. Habría que trabajar con la gente de sonido, probablemente no me pondría la balita muy cerca de la boca, sino un poco alejada. Y además, sin que me importe un bledo, y bajo todas las amenazas que quieran todos los golazos serían, golazos MALTIN POLAR.

Y por último, cuando el partido esté ladilla le diría cosas como:
- Chamo. ¿Cómo estás tan seguro que el que tiene la pelota es Elano y se la pasó a Kaká?
- ¿Tú estás seguro que se pronuncia Kaká y no caca?
- Jamás hubo torta para el muñeco que es Guardiola. ¿No te parece que Guardiola parece que fuera a hacer ahorita mismo una propaganda de perfume?
- ¿No crees que antes los shorts de los jugadores eran más cortos?
- Ay mijo, cuando gritan “PUTA” se entiende. Qué barbaridad. Después vienen y le dan un cabezazo y andan llorando.
- Tiro libre my ass.
- Esa defensa como que entrena escuchando el reguetton ese que dice “Quiero hacértelo. Lento. Lento.”
- ¿Tú crees que Raúl le monta cachos a la esposa que tiene que es tremenda modelo? Pide que la filmen ahí para ver un rato. La tribuna está más divertida que el partido.
- Chamo, a nadie le importa la paja que estás diciendo sobre quién y cómo se hace la copa. Y el nerd que esté en ese plan lo puede buscar en google. Cuenta más bien con quién está empatado Ribery.
- Amigo. ¡Eso sí fue foul! Viste que yo sé más de fútbol que tú.
- Tú no sales a jugar con una alineación 4-4-2 si pretendes ganar por goleada. Insisto sé más de fútbol que tú. Le vas a enseñar a tu mamá a ser hija.
- No le digas gol de oro. Cosa más cursi. Pa cursi Ricardo Arjona. Muerte súbita. El que le metan gol ahorita se jodió. Se jodió para el coño. Y deja la mariquera de que no hay mañana.
- Ahí mijo. Tampoco es para tanto. Que llanto ni que llanto. Ganan millones de dólares por jugar fútbol.
Señores Fox…el rating está en sus manos. Anden. Anden. Por favor. ¡Sería buenísimo!

lunes, 24 de mayo de 2010

Brasil. En Caracas se piensa mucho en ti.


Me estoy preparando para hacer algunos posts sobre el mundial. Esta es una preliminar.

Ya se. La canción es de Madrid. Y es en México se piensa mucho en ti. Eso diría mi mamá.

Para empezar mi fiebre mundialista, quería hacerle un pequeño test a los fanáticos de Brasil. Sí. Porque más de uno compró ya pintura verde y amarilla para la cara. Fue a comprar su palo de escoba para montar la bandera brasileña.

No se puede negar que en Caracas el tema Brasil es insólito. Si la gente de la iglesia Pare De Sufrir usara el fútbol, aquí en las iglesias no quedarían ni los gusarapos de las paredes. Pero como que no se les ha ocurrido. Yo todavía no entiendo como Polar no es el patrocinante principal del equipo Brasilero. Esa gente debería volar primero a Caracas cuando se acaba un mundial. Porque aquí, aunque menos pluma en el carnaval, la fanaticada es demasiado grande.

A mí, me da es curiosidad el fenómeno.

Yo tengo que admitir que hice mi caravana en las mercedes en algún momento. Más por hacer caravana que por Brasil. Y me pregunto si no será ese el meollo del asunto. Que el equipo se presta para el desmadre. Pero llegué a un punto que me cansé. ¿Por qué nos morimos por Brasil? No

Ojo, no juzgo al que esté desde ya disfrazado de perico. Como fanática se me incrusta un poco el equipo, tengo que ser sincera. Y confieso que aunque al principio me parecen equis termino yendo por ellos por alguna razón o por otra. Aunque la verdad, me provoca ver a otros ganar. Y de verdad que esas camisas amarillas dan dolor de cabeza. Pero bueno. Son alegres. Y el blanco y negro y Alemania. Tampoco.

Por ahora, sólo quiero ver si podrían responder las siguientes preguntas. NO SE VALE GOOGLEAR. NI VER EL PANINI. Está bien, yo no los puedo ver, pero sus conciencias ¡síiiiii!

- ¿Cuál es la capital de Brasil?

- ¿Qué dice la bandera de Brasil?

- ¿Cuántos jugadores del equipo juegan en la liga europea?

- ¿Brasil alguna vez mandó a su banca a jugar un partido de eliminatorias contra Venezuela?

- En tres palabras, cómo definirías a los Brasileros qué conoces.

- ¿Cómo se llama el presidente de Brasil?

- Si Brasil no gana ¿Quién querías que ganara en su lugar?

- ¿Por qué Ronaldinho se quedó fuera del mundial? ¿Por qué sí está en el Panini?

- ¿Brasil tiene liga interna? ¿Conoces algún equipo?

- ¿Qué hiciste cuando ganó Francia en el 1998?

- Completa la oración: Ronaldo es…

- ¿Sabes cuál es la palabra más conocida en todo el mundo?

- ¿Cuántos mundiales ha ganado Brasil?

- Además de fútbol, ¿En qué otros deportes se destaca Brasil?

- ¿Cuál es el idioma oficial de Brasil?

- Completa la oración: Bebeto y Romario eran….

- Contesta, con frialdad y sin descalificar, ¿por qué Brasil y no Argentina?

- Alguna vez se ha jugado un mundial en Brasil.

- El maracanazo es. A. Un grupo de arpa, cuatro y maracas. B. El apodo que recibió un partido luego de que Brasil perdiera contra Urugay. C. El apodo de Roberto Carlos. D. La canción del mundial.

- En una palabra, sobre todo si no sabes la respuesta a ninguna de estas preguntas, por qué eres fanático de Brasil:

domingo, 23 de mayo de 2010

Vámonos. Plomo al Hampa.


Esto no lo hago por fatalista. Lo hago porque hay que hacerlo. Un día. Porque sí. No porque tuviste una epifanía. O porque fuiste a un entierro y, adivina ¿Qué? La muerte existe.

Esto hay que hacerlo porque en estos días pensaba: uno si pierde el tiempo en pendejadas. Uno hace de la vida a veces, una mierda. Compromisos. Deberes. Porque síes. Se nos reduce el mundo a puro tengo que. Tengo que saludar. Tengo que llamar. Tengo que ir. Nos han convencido de que vivir bajo nuestros principios, seguir nuestros sueños, hacer lo que nos llena, es egoísmo. No. Egoísmo es todo lo contrario.

Yo quiero hacer tantas cosas.

Escribir. No escribir una novela. Un cuento. Diez cuentos. No quiero publicar. O sí quiero, pero no se trata de eso. Se trata de escribir. Lo que salga. Lo que se pueda. Lo que llame. Lo que tenga que salir. Lo que esté en el fondo del alma. En lo profundo. Lo que susurren los fantasmas que me persiguen. Mandar mis textos. Que alguien los lea. Entrar en pánico. Arrepentirme. Esperar que el tiempo pase. Seguir escribiendo. Seguir escribiendo sin que importe nada más.

Leer. Yo quiero leer. Yo puedo leer. Y después leer. Para seguir leyendo. Sí, voy a todos lados con mi libro. Cuando arranco y me doy cuenta que lo tengo me arrepiento. Aunque en su defecto siempre me llevo un cuaderno. Uno nunca sabe.

Criar. Quiero jugar con mi chama. Quiero educarla. Quiero hacer locas cosas con ella. Quiero que seamos amigas. Quiero regañarla, que crezca alguien con dignidad. Con principios. Que sea valiente. Que nadie la doblegue. Que tenga su personalidad. Sus metas. Que esté Clara en lo que quiere. Que no se conforme. Que no se detenga. Que sepa llorar. Que sepa aceptar cuando todo está perdido. Que sepa ganar. No sólo por la lucha, sino por la humildad que debe tener todo ganador. Que entienda que a veces hay cosas que escapan de nuestro control. Que a veces hay que aceptar la crítica de los demás. Que criticar es muy fácil, que cualquier idiota puede hacerlo, y que generalmente lo hace. Que su punto de vista no es el único, pero es el más importante cuando se trata de verse a uno mismo. Que como dice Mecano, lo que opinen los demás está de más. Quiero que escuchemos música. Que comamos porquerías. Que hagamos juntas la tarea. Que le pongamos nombre un cachorrito nuevo. Que nos quedemos dormidas viendo películas malas, de esas que sólo nos gustan a las mujeres. Que compartamos el guayabo amoroso. Que peleemos como solo las mujeres pelean, porque será inevitable en algún momento sentir que vivimos en planetas distintos. Que me haga sentir joven, mientras yo la hago sentir madura.

Viajar. Quiero viajar. ¿Quién no? Yo sé. Bueno, hay gente que se niega. Yo no. Hay gente que dice, ¿para qué vas a ir al Delta? Indios un poco cochinos, mosquitos y mucho calor. Yo quiero ir porque quiero conocer. No me importa. Yo quiero ver el mundo. Todo es mundo. Hasta la esquina de mi casa es mundo. Hasta la panadería es mundo. Asía es mundo. África es mundo. El Delta, también me han dicho, es mucho más que mundo. Yo lo quiero ver. Yo lo quiero oler. No concibo aquello de lugares que no valen la pena. Yo quiero rayar en paredes, Manu estuvo aquí. Aunque no lo haga en físico, sino en mi imaginación. Sino en mi cuaderno de viajes. En mi globo terráqueo.

Fotografiar. Yo quiero hacer Evas. Y después Adanes. Quiero hacer imágenes de libros. Quiero buscar a través de imágenes. Quiero verlas. Me encanta verlas. Casi tanto como me encanta hacerlas. Quiero seguir aprendiendo. Siento que se abre el mundo cuando aprendo algo. Quiero aprender a revelar. Quiero aprender otras técnicas. Quiero comprar una cámara que tengo en mente. Quiero ir montando un equipo. Quiero levantarme a las 5 am porque sigo con una idea en mente. Quiero que alguien me diga que quiere ser una Eva y vernos un día y hacerlo. Tomar la foto. Mandársela. Quiero buscar una Eva en la calle. Quiero decirle a alguien, disculpa, ves esta escultura, te podrías poner en esta pose que yo te hago un retrato. Si no quieres no. Tranquila. No tiene que ser desnuda si no quieres. Cada mujer pone sus límites. Cada mujer es única. Quiero ver exposiciones. Quiero tener fotos en mis manos. Quiero llamar a alguien y decirle, verías mis fotos. Y morirme de miedo. Quiero irme en un viaje fotográfico. Muerta de miedo Qué pendeja. Sí. Pero quiero hacerlo. Me muerto de ganas.

Estudiar. Yo quiero volver a estudiar. Quiero hacer un master. Quiero hacerlo. De verdad quiero.

Radio. Yo me muero por tener un programa de radio. Me muero. No sé cómo hacerlo, pero me encantaría. Es algo que siempre he querido hacer. No sé para cuándo lo deje. Son demasiadas cosas. Pero en algún momento moriría por la oportunidad.

Comer. Eso sí lo puedo hacer. Quiero disfrutar comiendo. Quiero tortas y pies. Quiero volver a McDonalds. Quiero disfrutar unas panquecas. Quiero domingos de chocolate caliente con tostadas. Quiero helados de barquilla. Dos bolas por favor. Nunca sé de qué sabores. A veces coco. Casi siempre yogurt. No sé porque chocolate no. No sé porque no confío en el helado de chocolate. Será porque a veces pienso que no se le hace justicia al chocolate. Quiero meter la mano en el carrito de helados. Me encanta un heladero. No podemos dejar que se pierda el heladero. Qué cosa más bella un carrito de helados. Qué música la del carrito. Yo tengo siete años cuando la escucho. No había emoción como la de aquellas notas que subían por toda la calle y uno gritaba "¡El Heladeeroo!" Y jurabas que te ibas a portar bien. Que te ibas a comer todo, si te dejaban comprar el helado. Y lo decías en serio, pero también sabías que no te lo querías comer todo. Nadie a los siete come brócoli. Es hasta poco sano.

Bailar. Yo quiero bailar. Yo quiero ir a una fiesta y bailar. Dar vueltas. Quiero bailar en el carro. Quiero bailar y cantar una canción que me guste. Quiero ir a una playa y poner música. No todo el tiempo, no es justo con el mar. No cuando tenga gente al lado. Eso no se hace. Me molesta cuando estoy en la playa y me ponen una corneta al lado.

Conocer. Quiero conocer gente distinta. Quiero presentarme. Quiero decirle a alguien. Sí, yo estuve allí. Yo sé de qué me hablas. Quiero echar mi cuento. Una vez más, a ver qué dicen esos oídos nuevos. Quiero esos nuevos amigos. Esas nuevas costumbres. Porque cada cabeza es un mundo, y cuando uno conoce a alguien, conoce un mundo nuevo. No es a lo Roberto Carlos, no es un millón de amigos y así más fuerte poder cantar. Nada tan cursi. Nada tan fácil. Es que a veces la gente que conoces, son como paradas a lo largo de la gran carretera de la vida. Eso es lo que yo quiero.

Ver deportes. Bregarle a un equipo. Brincar cuando metan gol. Cuando ganen. Emocionarme cuando el equipo entero salga al campo a celebrar. Entristecerme por el perdedor. Quiero perder algunos kilos ganados a punta de haber gozado. Quiero despertarme de una borrachera, pasando un ratón que valió la pena hasta la última gota. Hasta el último gramo de Atamel. Quiero ver películas buenas. De esas que te tienen en una angustia sana hasta el final. Quiero decir que No a las cosas que me dan fastidio. Quiero escribir un email saludando a alguien por qué sí. Quiero entregar regalos que me den nota. Quiero fumarme un cigarro. Quiero prenderlo. Quiero meter la mano hasta el fondo en una bolsa de Doritos. Quiero hacer cotufas en una olla, echarles sal, comérmelas. Viendo tele o leyendo un buen blog.

Quiero bloggear. Quiero twittear. Quiero sentir esa camaradería que hay entre los amigos de la blogosfera y de la pajarera. Quiero ir por la calle con mi perro. Quiero que haya alguien que se sonríe y le dice al que tiene al lado "mira qué cuchi el perrito." Quiero comprar girasoles, cosa que hace tiempo no hago. Son mi flor favorita. Están buscando todo el tiempo sol. Le dan la espalda al propósito a la oscuridad, pero cuando llega la noche se resignan. Quiero escuchar Ipod y bailar como en aquella propaganda. Quiero cantar en el carro a todo gañote, como si fuera una estrella, como si hubiesen afiches míos en la autopistas anunciando mis fechas de presentación. Como aquella vez que cuando terminé una canción del carro vecino, bajaron el vidrio y empezaron a aplaudir. Y yo. Bajé el vidrio también e hice el saludo del artista. Yo fui cantante, por pocos segundos en un semáforo de Las Mercedes, pero fui cantante. Fui Semáforo Idol. Yo quiero volver a ser Semáforo Idol.

Quiero ir al parque. Quiero echarme en la grama. Quiero comer jojoto. Alcachofa. Quiero almorzar tarde. Quiero tomarme un digestivo. Llenarme de pan antes de la comida. Echarle una cantidad grosera de queso al spaghetti con carne. Enterrar los dientes en una manzana. Quiero pedir perdón. Quiero hacer algo bueno por alguien. Quiero vegetar un día frente a una playa de agua clara y arena blanca. De mar caliente. Quiero imaginarme que ese mar es mío. Quiero flotar y ver el cielo, y pensar que el mundo es puro azul. Quiero montarme en alguna embarcación, sentir que estoy navegando y fascinarme porque yo no me mareo. Quiero abrir una maleta e ir guardando lo que traje de un viaje. Pedazos de mundo que se vienen con uno.

Quiero escribir hasta sentir calambres en los dedos. Dolor de espalda.

Quiero vivir. No perder ni un minuto. Citar a Marañón una y otra vez:

"Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear, 
saber gozar y sufrir 
y no dormir sin soñar. 
Descansar, es empezar a morir."

Y pensar. Sí. Eso es. Eso es exactamente. Y después en buen venezolano decir "vámonos. Plomo al hampa."

sábado, 22 de mayo de 2010

El Estante Detrás del Espejo


Abro el espejo que está detrás de mi baño. Y por primera vez me pregunto. ¿Qué hago yo con todo esto? Tres frascos de perfume, de los cuales uno está casi vacío. Uno por la mitad, no lo uso mucho porque no me mata el olor, pero me niego a botarlo. Medicinas. Provicar que tomé durante el embarazo. Nasonex, como cuatro cajas, para la alergia y la sinusitis que me mata. Promedina, que no sé de dónde salió. Tavanic. Andantol. Fedyclar. Buscapina. Aerius. Y una caja de una cosa que se llama Solutricine que se venció hace como seis o siete años. No sé porque no están con las demás medicinas. Están simplemente ahí. Porsia. Junto a ellas una jabonera de plástico. Dos cepillos de diente nuevos, en su caja. Esperando a que el que uso ahora se gaste. Y un scrub para los pies que no uso jamás y no sé si llegué a usar.

Abajo tengo un estuchito de kit de cuidado de los pies. Tampoco lo usé nunca. Al lado hay unas muestras de Lancome, tres potecitos mínimos de tónico, baño espumante y desmaquillador de ojos. Al lado un pote de desinfectante de manos de la Belladona, compré miles cuando el pánico de la gripe porcina. Para no tocar nada sin eso. Un pote centrum. Una Dove verde pequeña que me llevo cuando salgo de Caracas los fines de semana. Espuma para rizos de Pantene. Una crema anti sol de Eucerin. Un frasco de centrum pequeño. Un brillo y una pintura para las uñas. Un pote casi vacío de Listerine. Una muestra de desodorante de hombre. Otra muestra de Lancome, una crema. Otra pintura de uñas. Mi crema hidratante para el día. Otra Eucerin para sol, pequeña para la cara. Una H de ponds que usé hace trillones de años. Un jabón para los pies. Una pintura de uñas.

Abajo Gentalyn para los ojos. Pinvex para el dolor de garganta. Una plumita para corregir el manicure. Un jaboncito cuadrado que no sé qué es. Una caja de curitas. Una caja de Norflosan. Una esponja. Una crema Loreal que tiene meses allí. Hilo dental. Mi crema hidratante antiarrugas de noche. Un corta cutículas. Cuatro láminas de pastillas de hierro sin la caja. Una caja de Omeprazol. Dos pinzas de ceja. Una caja de Pankreon. (Un montón de remedios regados y yo que juraba que estaban todos en un estuchito.)

Abajo las instrucciones del peso electrónico. (Nunca entendí la vaina, lo prendes, te montas y ya. Qué instrucciones son esas. ¿Las que te dicen qué hacer contra la depresión cuando tienes un mes comiendo melón, piña y patilla y no bajas ni 300 gramos?) Una caja de Lafarcaína. Ok. Esa la puse ahí ayer. No cabe en el pescado rosado. Unas toallas Nivea desmaquillantes. Las compró mi mamá cuando di a luz. Dice que cuando uno está hospitalizado te provoca lavarte la cara, pero te da fastidio mojártela. Un pote casi vació de cutex. Un pote casi vacío de alcohol absoluto (con eso fue que me pude quitar las garrapatas). Un gel para lavar la cara. El desodorante. Un serum anticaspa que debe tener más caspa de lo viejo que está. El desmaquillador de ojos de Lancome. Santo Lancome. Un pote de crema que va con uno de los perfumes, que no uso jamás para que no se gaste. Una crema para peinar rizos de Pantene. Otro desodorante. Un tónico Lancome. Una gel Lancome. Una crema que se llama Bare Vitamins que me regalaron en una perfumería.

Abajo, cerca del lavamanos, el estuche que uso para viajar con algunas cositas adentro, más que todo colitas, una crema para la irritación de la cara y unas limas de uña. Un estuche vacío que me regalaron el día de la madre. Un pote de Listerine morado, el gigante. Un pote de listerine azul, mediado, casi vacío. Un pote de spray de agua Evian que mi mamá dice que es la cosa más cursi que ha visto en su vida. Jabon de pastilla que ya no se le ve la marca. Una jabonera de plástico. Jabón de manos Palmolive Nutri-Milk. Lo amo. Y dos pinturas de uña. Y por supuesto un estuchito de maquillaje, que tiene lo que yo uso. Un polvo, unas pinturas de labio. Brillo. Colorete. El pincel del colorete.

No me atrevo a botar nada. Casi nada de esto. Los medicamentos viejos. Eso sí los tendría que botar. Pero siempre me entra la duda. Si lo necesito, mejor es vencido que nada. Total dicen que vencido sólo pasa que no te hace efecto.

¿Todas las mujeres somos así? Me asomo en el baño de mi mamá. Y es más o menos la misma cosa. Abro algún frasco. Hay algunos que huelen a "me deberías haber botado hace como tres años." Pero sigue ahí. Me imagino que lo guarda por las mismas razones que yo guardo los míos. Porque aunque no lo use, piensa que siempre puede aparecer una ocasión para usarlo. O porque le recuerda al lugar donde lo compró. O porque es especial por alguna razón. Lo descontinuaron. No se consigue. O como me pasa con algunos olores, lo relaciono con la suerte o la mala suerte. Con la felicidad o la tristeza. Hasta algunos que siento que me hacen ver mejor. O peor. Hay veces que pongo algo y digo: Cada vez que uso esto parezco un enano siniestro. Hay otros que se guardan para un día especial, que puede ser desde un matrimonio, una fiesta, hasta un día cualquiera que por alguna razón para nosotros es mucho más.

Quizás el espacio que está detrás del espejo dice mucho de mí. De lo que llevo conmigo. De lo que no soy capaz de botar. Me imagino cada pote de esos como una experiencia. Como una vivencia. En cada caja de medicinas está algo que tiene su por qué. El dolor de cabeza que te dejó aquella pea que terminó en catástrofe. La que culpas por haber hecho aquello que jamás debiste hacer. O la que te salvó. La que te hizo rumbear como tenías años que no rumbeabas, la que te hizo sentir joven una vez más.

La crema de sol que fue contigo a la playa. Para nada porque el día estuvo feo y nublado y hasta con sweater estuviste. Está la crema que usas para taparte ese barrito fastidioso, que te hace decirle a tu cuerpo Coño, ¿para esta vaina si te pones como de 15? Está la pintura de uñas que te hace sentir que tienes garras de fiera. Está la que te hacer ver como buena niña de colegio católico. Está la crema sin la cual sería un suplicio peinarte, te acuerdas de aquella subida al Ávila en la que el viento te dejó una maraña de pelos. Está ese desmaquillador que sabe perfectamente a qué hora llegas todas las noches. A qué hora te acuestas a dormir y que pregunta por ti cuando no lo usas.

Sí. La gente dirá lo que quiera. Pero en las cremas de una mujer está su vida entera.

 

viernes, 21 de mayo de 2010

Otras Rodin

Rodin. Estas basadas en La Desesperación.
Lo que pensaba mientras hacía estas fotos: Todo delirio de grandeza termina en infinita pequeñez.




No voy a mostrar las fotos de Eva todavía. No me quiero adelantar porque es algo que apenas comienza. Revisando un poco me di cuenta que todavía no me convencen. La iluminación es terrible. Hay montón de cosas que todavía no se acercan al resultado que yo quiero. Así que por ahora los dejo con la idea que tengo en mente. Lo que estoy pensando y trabajando en mi vida fotográfica. En estas la iluminación es fatal. Fue lo mejor que pude hacer con lo que tenía. Las tomé ya de noche. Pero se acercan más a lo que yo entiendo esa escultura. De todas formas esta obra la pienso trabajar también. Pues la desesperación es algo que todos hemos sentido. Definitivamente Rodin fue un artista admirable.

EVA

Hace un par de semanas. Una noche. Me acosté en mi cama con un libro pesadísimo sobre las piernas. Lo había conseguido entre los libros viejos de mi papá, siguiendo la recomendación de un autor que anima a estudiar la obra de Auguste Rodin. Comencé a pasar las páginas viendo las esculturas. Y aunque ya conocía a Rodin de haber paseado por museos y de haberlo estudiado en la universidad, fue como si lo estuviese viendo por primera vez. Me quedé deslumbrada.

No era para nada el Rodin que yo recordaba, lleno de romanticismo. Quizás porque en parte uno lo recuerda por aquel amor que tuvo Camile Claudel que terminó loca. Internada. Literalmente muerta de amor por él. Hay algo en Rodin, algo extremadamente puro, sensible. Ese algo que viene desde lo más profundo. Desde lugares del alma que casi no se pueden describir ni imaginar, de lo recónditos que son. Fue ese algo lo que me golpeó. Fue allí que nació la idea.

Voy a fotografiar las esculturas de Rodin.

Claro esto en un primer momento suena a "voy a ir por ahí buscando las esculturas para tomarles foto." No. Esa no es la idea. La idea es hacer retratos y autoretratos donde el sujeto se convierta en la escultura. Se adapta la pose, pero se lleva hasta otro nivel. Se le da una interpretación propia. Se conecta, vía lo que Rodin expresó en su obra, con esa humanidad que todos llevamos dentro. Y allí nace, entre fotógrafo y modelo la expresión de un sentimiento.

Entre tantas obras que vi. Y a pesar que ya he hecho varias, quise comenzar con Eva. Rodin tiene una representación de Eva de la cual me enamoré nada más verla. Algo me cautivó en ella. Para la escultura Rodin utilizó una modelo italiana que estaba embarazada. En un momento dado no pudo esconderlo más y renunció a su trabajo. Cuando le confesó al escultor las razones de su renuncia este sintió que aquello venía como anillo al dedo con el trabajo. Después de todo el buscaba representar a la Madre del Mundo. Y qué momento más femenino que el embarazo.

Para mí esta obra es mucho más que un escultor haciendo un trabajo para representar a la Eva bíblica. Con todos sus elementos y una pose que vaya de acuerdo con lo que se espera de Eva. O la incitación al pecado, o la vergüenza de haber condenado al hombre. A mí modo de ver, lo que me hizo ver la obra durante tanto tiempo, y volver a ella y sentir las ganas de reproducirla de alguna forma es que captura algo profundamente femenino.

Es algo como "La esencia de la feminidad." Algo que está comprometido. Siento que está comprometido porque hoy en día nos bombardean una imagen de la mujer totalmente irreal. Y muchas veces vacía. No tiene que ver con botox y silicona. Porque muchas mujeres lo hacen convencidas de su belleza, orgullosas de resaltarla. Y eso está más que bien. Lo hacemos toda. Pero muchas, más de lo que podemos imaginar, lo hacen asustadas, bajo presiones que las llevan a bajar sus niveles de autoestima. Y no es nada más las operaciones, están las presiones para hacer dieta, o para alcanzar un tamaño determinado. Como que si no eres alta no eres tan bella. Si no eres flaquísima no deberías ponerte un bikini. Como si el cuerpo realmente tuviese esos límites. Cuando la verdad es que no los tiene. Y mal puede venir alguien, quién sea, a decir que es una autoridad para determinarlos.

No hay mujer que no diga "es que yo tengo celulitis." O "es que mis tobillos son amorfos." O "es que mi nariz es espantosa." Y así le damos duro a pies, rodillas, muslos. ¡Dios! Lo duras que somos con toda esa zona. Y si llegamos al vientre. Esa parte de donde sale toda la vida. Donde llega el aire. Ahí queremos morir. Tapar. Esconder. A menos que seamos una de esas que mata las horas en el gimnasio haciendo abdominales. Que no tiene nada de malo si es por placer. Pero cuando se trata al cuerpo como si un rollito fuese un pecado. Una vergüenza. Una debilidad. Un defecto. Algo que esconder y negar. Allí es donde vienen los problemas. Porque uno se pierde a uno mismo entre tanta banalidad.

Es lo que yo llamo la gran mentira del mundo. Siento que todas tenemos una mujer bella por dentro. Como cuando iba a clases de Danza Árabe, y la profesora nos obligaba a decir "soy la mujer más bella del mundo." Jamás fue a casa de alguien a decirle, pierde diez kilos y después quizás puedas unirte al coro. No. Todas tenemos llevamos por dentro ese hilo de belleza. Sólo que algunas no lo sabemos, o nos han convencido de lo contrario. Yo lo quiero encontrar. Yo quiero ir en busca de eso. Eso que nos hace mujeres. Y convencernos del poder inmenso que tenemos como tales. Del papel vital que jugamos en el mundo.

En el gremio femenino hoy en día hay mucha inseguridad. Confusión. Eso tenemos que recuperarlo.

Esa es mi búsqueda. Las que quieran ser fotografiadas como Eva. No tienen más que pedírmelo. No me importan colores. Tamaños. Medidas. Creencias. No me importa si les da pena quitarse la ropa, lo hacemos con una malla. No me importa si son mayores o jovencitas. Si han sido madres o no. Hijas únicas. Solteras. Casadas. Vírgenes. Si salen del colegio. Si jamás han oído hablar de Rodin. Si les importa un bledo Manuela Zárate. Lo que quiero es encontrarlas a través del lente. Que se sientan al final de la sesión como una Eva. Madre del Mundo. La más bella e importante entre todas las mujeres. La que lo comenzó todo. La que lo puede todo. Lo feminidad personificada.


miércoles, 19 de mayo de 2010

Crisis Existencial


Llegas a la casa y te ve con ojos tristes. No puede hablar. Pero no hace falta. Sabes cuál es el reproche que tiene en mente. "Tienes varios días que no me tratas como de costumbre. Me pasas de largo. No me valoras. No me das el tiempo que necesito." Y aunque sabes que te lo está diciendo, lo vuelves a hacer. La rutina. Las obligaciones. Las cosas pendientes. Los problemas que te agobian. La vida en esta ciudad que es tan pesada. Y encima Cerati. Cerati en una cama de un hospital y tú con ganas de ir para allá. No fuiste al concierto. Porque no te gustan los lugares demasiado concurridos. Te dan como fobia. Últimamente te escondes un poco del mundo. Últimamente tu mundo se abre a través de la pantalla de una computadora. De un lente. De las hojas de un libro y de las de un cuaderno. Ahí sueñas. Y tienes una hija. Y él queda de lado. Ni modo. La vida es así. Todas las relaciones tienen altos y bajos.

Te sientas a almorzar. Estás contenta. Los abuelos emocionados te cuentan las gracias que hizo Clarissa esa mañana. La proeza de haberle cambiado el pañal. Y en eso él se acerca. Cabizbajo. Desganado. Se sienta a tu lado y nada más sentirlo cerca ya lo sabes. El pana está depre.

Así que al rato nos sentamos a conversar. Le dejo poner la cabeza sobre mis piernas. Lo abrazo. Voy a hablar yo:

"¿Qué te pasa? ¿Por qué estás así? Sé que con Clarissa las cosas se han puesto difíciles entre los dos. Sé que muchas veces no tengo tiempo para ti. Sé que dejaste de ser una prioridad. Que a veces hasta me olvido de ti. Que ya no hacemos las mismas cosas que hacíamos antes. Que todo ha cambiado. Pero la vida es así. Va continuando y todo se transforma. No quiere decir que no te valore. No quiere decir que no seas importante para mí. No quiere decir que no te siga queriendo como el primer día. No quiere decir que no me encante tenerte así.

Eso sí. Me parece bueno que me hayas hecho ver que tengo que estar pendiente de ti. Que no puedo olvidarme de que eres parte de esta familia y que a veces necesitas atención. Me imagino que te preocupa que Catalina tendrá cachorros otra vez y es muy seguido. Pero no podemos hacer nada. Eso no quiere decir que te van a desplazar. Eso no quiere decir que ella dejará de ser nuestra compañera. Simplemente tendremos que ajustarnos por un tiempo. Como nos ajustamos cuando llegó Clarissa. A veces pasan cosas que no queremos que pasen, pero no hay nada que podamos hacer para cambiarlas. Escapan de nuestro control. Así que tomamos lo que tenemos y seguirnos adelante. Sin mirar atrás, ni preguntarnos por qué.

Yo sé que tú me quieres de forma incondicional. Sé que a veces no te lo demuestro. Pero quiero que sepas que te quiero mucho. Que eres mi amigo. Mi compañero. Que me has enseñado muchas cosas. Y que sobretodo admiro el hecho de que cuando me quieres decir algo, cuando quieres que te ponga atención y te haga caso y reflexione sobre mi conducta, no me montas una pataleta, ni haces malcriadeces. Dramatizas un poco, en eso nos parecemos, pero lo haces de una forma delicada. Sin burlarte de mi inteligencia, más bien apelando a mi instinto. Tú eres un ser brillante. Mucho más brillante que mucha gente que he conocido por ahí, que se cree erudita y mejor que los demás.

Cree en ti. Piensa en las cosas buenas que tienes. Tienes una familia que te quiere. Que haría lo que fuera por verte contento. Que te ha dado casa, comida, cariño. Tienes una cama caliente. Tienes tu baño regular. Tu corte de pelo. Tus cosas. Tienes las chucherías que te gustan. Y cuando el día está soleado, nada te impide salir a disfrutarlo. Tienes par de amigos que siempre están te acompañan. Todo el que te conoce se queda maravillado contigo, y no tiene sino cosas buenas que decir de ti. Y si uno que otro te ha maltratado, no tienes por qué hacerle caso, pues al final, somos muchos más los que te queremos. Y por sí aún no lo sabes, no te vamos a fallar. Nunca. ¿Qué más se puede pedir en la vida? Si lo piensas te darás cuenta que en el fondo has corrido con suerte.

Venga. Ánimo. Que hoy el día está gris y eso nos tumba el ánimo. Hoy por alguna razón te sientes solo. Lo único que puedo prometerte es que tarde o temprano saldrá de nuevo el sol. Verás las cosas de otra forma. Y yo estaré también allí en ese momento. Porque lo nuestro es en las buenas y en las malas. No lo dudes.

Sé por lo que estás pasando. Me pasa de vez en cuando, por no decir que a cada rato. Es parte de la vida. De ponernos viejos. De adaptarse a los cambios. No te preocupes. Lo que tienes no es grave. No estás enfermo. Sólo eres un perro deprimido, con una crisis existencial."


 

martes, 18 de mayo de 2010

El Idioma Mojón


Hace una semana le escribo a un amigo, diciéndole que tengo que hablar con él y me dice: “ando full te llamo más tarde.” Perfecto. Uno entiende. Hay momentos en los que uno está full y realmente no puede, o no tiene cabeza para ningún tipo de conversación. Pero en el caso de este pana, a quien tengo seis años conociendo, ya sabía que “te llamo más tarde” quería decir realmente: no te voy a llamar hasta que me vuelvas a escribir o me llames tú. En otras palabras, me está mandando para la mierda en un idioma que llamaremos mojón. Y uno habla mojón desde que entra en la adultez y deja atrás la sinceridad de la infancia. Le empieza a poner filtro a todo.

Para bien claro está, pero tampoco se puede negar que muchas veces es para mal.
La verdad es que como sociedad somos tan educados, tan recatados, tan propios, que rayamos más bien en la falsedad. Y a veces terminamos por crear conflicto.

Yo con este pana estoy arrecha, porque, ese “ahora te llamo” es una de esas frases que no quiere decir nada y lo dejan a uno en tres y dos. Si no lo llamas y te amargas, eres una amargada. Después de todo, tampoco fue que te dijo, no me llames. O, no quiero hablar contigo. Simplemente fue “estoy full te llamo ahora.” Más humano. Imposible. Pero también uno siente que si insiste es un pendejo. Lo mismo me dice mi esposo a veces. Uno llama y llama, y la gente siempre está full y uno sigue ahí. ¿Cuándo es el momento de decir BASTA? O de pedir, un poco de sinceridad. Algo como, más bien dime te llamo el mes que viene, o cuando salga de la depre, o como diría Charles, te me incrustaste, ahorita no quiero hablar contigo.

Es lo mismo que pasa con la frase “si tú quieres.” Esa unas frase que se suelta cada vez que alguien te ofrece algo que no quiere hacer.

- ¿Quieres que te acompañe al médico?
- No sé. Si tú quieres.

Ese “si tú quieres” es “de bolas que sí” en mojón. Ay de ti si alguien te dice “si tú quieres” y tú osas decir, bueno entonces no. Quedaste mal. Ofendiste. Esa no te la van a perdonar en mucho, mucho tiempo. Y cuando digas en defensa propia, tú me dijiste que fuera sí que quería, no que querías que fuera, te van a decir, “¿Cómo no iba a querer que fueras?” Es el clásico rollo de las parejas. El que termina rompiendo la comunicación por todo el cañón. Si no dominas el mojón, va a estar difícil que tengas una relación feliz por más de tres meses.

Es lo mismo con “estoy saliendo.” Estoy saliendo quiere decir en mojón, me estoy metiendo a bañar. Igual que enumerar la cantidad de cuadras que te separan del lugar en el que te están esperando. “Estoy a tres cuadras.” Eso quiere decir, “estoy saliendo de mi casa.” Es más, he visto a mi hermana decir estoy a tres cuadras. Colgar el teléfono. Y continuar secándose el pelo.

Es como si con eso el que espera tomase un respiro. Sólo que la espera en realidad es mucho más larga y la ira se va a amontonando. Sabemos los que llegamos tarde, que si decimos la verdad nos van a mandar largo a la porra. Así que es mejor hablar en mojón para ganar tiempo. Y el que escucha sabe que le acaban de soltar una frase en mojón. Pero hay que dar el beneficio de la duda, porque si te dicen la verdad y entonces sigues esperando, eres un pendejo. Y tampoco te vas a ir. Irse es armar un peo de grandes proporciones. Mejor quedar como un ofendido, al cual hicieron esperar y encima le mintieron.

Otra de las clásicas frases en mojón es “estoy full.” Estoy full puede ser usado para cualquier cosa. Faltar a compromisos. Olvidar cumpleaños. Echar carro en una actividad de voluntariado. No ir a una marcha. Sucumbir ante la flojera de hacer ejercicio. Ir a una fiesta sin regalo. Entregar tarde un trabajo. No devolver llamadas. Hasta para salirse de la dieta y retomar el cigarro. Nadie te pregunta, salgo que haya extremada confianza con qué estás full. Todo el mundo asume que es algo de tu vida, como el trabajo, o el hijo que tienes, así el tipo tenga treinta y dos años y viva en Canadá.

Hiciste algo. O no hiciste lo que tenías que hacer. Usaste una excusa como “estoy full”, o incluso tomaste medidas extremas y mataste por quinta vez a tu abuelita, que te está esperando el Purgatorio para decirte “el grandísimo coño de tu madre.” El ofendido. El embarcado. La víctima de tu falta de consistencia en la amistad te dice “no vale, no le pares.” Eso es mojón para “deberías pararle. Estoy arrecho. No quiero saber más de ti por lo menos hasta que descubran quién mató a Kennedy. Me sabe a bola si estabas descubriendo la cura del cáncer, si estabas dando una clase sobre la vida Gengis Khan, o si estabas acompañando a tu tía solterona de 98 años a hacerse una mamografía. Te jodiste.” Pero con una risita te dicen “no le pares.”

“Mañana.” Mañana es la palabra en mojón para designar el doble de tiempo que necesitas o esperas. Mañana es el día en que todo lo vamos a hacer. El ejercicio. La dieta. El presupuesto que tenemos que mandar. Todo lo que te prometan para “mañana” te están afirmando que te llegará en al menos una semana. Dígame cuando uno llama a un plomero, electricista o cualquiera de esas personas de las que depende la vida entera de uno y te dicen: “no vale, yo seguro paso por allá mañana.” Ese es el momento de llamar a un pana y arreglar para quedarse en su casa, mínimo tres días. El mañana nunca llega. Y si llega, se tarda varias semanas.

“Con mucho gusto.” Es la respuesta en mojón para peticiones como ¿Me prestas tu carro? ¿Me ayudarías a corregir un texto? ¿Te importaría llevar a los chamos a una fiesta? ¿Te puedo agarrar un poquito de torta? “Con mucho gusto” quiere decir, ¡coño de la madre qué cagada el minuto que me crucé contigo! Te prestan el coroto. Te dan la torta. Te ayudan a corregir el texto. Todo mientras le piden al cielo que por favor el suplicio pase rápido y que el pedazo que agarres no sea muy grande. O que al menos el señor de la panadería tenga otro pedazo que puedas comprar y guardar para el día siguiente.

“Seguro.” Mojón para decir, es muy poco probable. Por ejemplo “vamos seguro”. Lo más probable es que no vayamos. “Yo te llamo seguro.” Primero disuelven las Farc antes de que yo te llame. “Al salir te llamo seguro.” Ponte tu pijama y cocínate algo, no te vistas, que no vas.

“Está linda.” Linda es una palabra que odio. Linda es mojón para “me parece horrible.” Que te digan “estás linda” significa “no tengo más nada que decirte. Me da pena ajena como te ves.” O de repente te dicen “te quedó linda.” Es “coño, deberías dejar eso de ese tamaño y no hacer más ese tipo de actividades” en mojón. O si preguntan “¿qué te pareció el chamo que presenté anoche?” y la respuesta es lindo. Te están diciendo, “ Biiichooo! eso es un adefesio.”

Dígame si cocinas algo y te dicen, “está rico.” Eso es “daría mi vida por tener un perro al lado para tirarle esto.” Y cuando te piden la receta es que está doblemente asqueroso. Es una duda del primer mojón, así que se refuerza. Es la forma de utilizar el superlativo en mojón. Me recuerda una vez que me comí una ostra de pote, a la plancha, envuelta en un pedazo de tocineta. Dios. Todavía me quedan secuelas físicas y emocionales. Y si me estás leyendo. Sorry. No quiero herir tus sentimientos, pero eso no me gustó.

Claro, que hay gente que si cocina divino. Pero son gente que está convencida que toda buena receta es un secreto de estado. Tienen la mitad de la receta en la cocina y la otra mitad en la mesa de noche. A sí, si se la pides con papel y lápiz en mano no te la pueden negar. Claro, que siempre tratarán de decirte “yo te la mando por correo.” Mojón para, “ni de vaina te mando yo esta receta, estas galletas de avena las hace esta mami y más nadie.” Es tan así que una de mis sobrinas que dice que va a ser chef y hace cantidad de cosas divinas, le dijo el otro día a Espe “yo sé que las recetas no se comparten, pero esta es sólo entre tú y yo.” En unos tres años ya está hablando mojón.

“Ella es súper chévere.” Sobre todo de une ex. Nada más falso que hablar bien de un ex. Sin un dejo, ni una carita de reprobación. Si era tan maravilloso, ¿por qué la vaina se fue al carajo? No quiere decir que uno tiene que destruir a su ex. Ni mucho menos que las relaciones no se superan y uno se recuerda sin dolor. Eso es otra cosa. Pero de ahí a alabanzas como “es el tipo más bueno del mundo. De verdad es sol. Va a hacer muy feliz a la mujer que tenga a su lado.” Eso es un mojón con doble carne, extra queso y papas grandes. Eso si convence debería estar nominado a un Premio de la Academia, porque nada más mojón que esas alabanzas exageradas. Eso es mojón para “quisiera hablar con la pobre pendeja que se case con él, dos años después del matrimonio, a verle el tamaño de los cachos, los morados por las caídas en la poceta, y que me diga cuanta plata le pasa para sus actividades y si es verdad que dejó de ser celoso. No joda. Eso está loco.”

Y ya por último uno que no puede faltar “¡Qué lástima que me lo perdí!” eso quiere decir en mojón, me salvé de tremendo bodrio. Lo usas cuando no llegas a un acto de esos que no entiendes por qué te invitaron. A una presentación. A un charla. Conferencia. De esas que sabes que te van a tener sentado mirando el blackberry cada cinco minutos. Pellizcándote el brazo para no quedarte dormido. Comprobando la teoría de que el tiempo no es uniforme, y a veces pasa más lento.

El mojón es una lengua muy extensa. La hablamos a la perfección. El que diga que no la usa. Miente. Es más. Podríamos decir que es mojón para decir, yo hablo mojón fluido.

Yo nada más me pregunto ¿Cómo sería el mundo si nadie hablara mojón? A lo mejor sería totalmente pacífico y con mucho menos resentimiento. Quién sabe.

lunes, 17 de mayo de 2010

Vestida de Blanco

Es un domingo cualquiera. No estamos haciendo nada. Nos va a entrar la depre cuando mis sobrinas dicen, “nos prometiste que hoy nos íbamos a disfrazar otra vez de bailarinas.” Sí, es verdad. Lo dijiste. Estás full Manu, pero tienes que cumplir. Además es para una tarea. Vamos pues. Buscamos la cosas. Nos estamos vistiendo. Voy a armarles el tut-tut cuando sin pensar digo “ ¿No se quieren disfrazar de novias?” No hay palabras. El brillo en los ojos y el aliento contenido lo dice todo.

¿Qué mujer no se puso algo en la cabeza? Pijamas. Toallas. Batas. Forros de almohadas. Sábanas enteras. Quién no agarró flores secas. Hasta marchitas. Y caminó por algún pasillo con la Marcha Nupcial en el fondo de la mente, o incluso más descarado, sonando a todo volumen. Soñando. Soñando que era ese ser incomparable: La Novia.

No hay nada. No hay princesa. No hay súper héroe. No hay estrella de cine, ni bicicleta, ni helado, ni patín, ni mascota, ni Nintendo Wii que se compare con ser: la novia.

Cuando eres niña aquel vestido. Aquel velo. Está impregnado de ese misterio virginal. De esa promesa de algo maravilloso (por más cursi que pueda sonar, pero el amor es cursi) que va a llenar el resto de tu vida de felicidad. La promesa de que el cielo está en la Tierra.

La novia es ese ser deslumbrante. Perfecto. No hay novia fea, porque toda novia tiene un novio que está esperando. Perdidamente enamorado.

Todas soñábamos con eso. Es un pedazo de nuestra infancia. De nuestras ilusiones. Porque todas, las que se metieron a monjas, las que nos divorciamos, las que nos dejaron, las que dejamos, las que seguimos casadas, las que han pasado por crisis, las que enviudaron, las que son abuelas, las que se quedaron aunque la cosa ya no funcionaba, las que traicionaron, las que fueron traicionadas. Todas fuimos al altar con ilusión. Todas soñamos ese día. Yo por eso jamás boté las fotos de mi primer matrimonio. Porque al fin y al cabo en cierta forma fue mi día. Y aunque luego la realidad haya tenido otros planes, lo cierto es que lo viví como nunca. Como también es cierto que la ilusión estuvo allí la segunda vez. Y por más sínico que suene, a lo Liz Taylor, si hubiese una tercera y una cuarta. Allí estaría también. Novia es novia.

Así que esto se lo dedico a todas las mujeres. A todas las niñas. A todas las que mantenemos la Fe en el amor. A todas las que creemos y queremos ser el centro de la vida de alguien. A todas las que hemos pasado por el altar. Las que no han pasado. Las que sueñan con pasar. Que el cinismo del mundo no nos robe esta ilusión. Que nadie nos convenza que es imposible. Como dicen por ahí el ser humano camina sobre dos piernas, una es el trabajo y la otra, sin que quede la menor duda, es el amor. Y no se puede dudar. No se puedes descansar hasta encontrarlo. Y una vez que uno lo tiene, por más eterno, más largo o más fugaz que sea, hay que vivirlo al máximo y disfrutarlo.

Y si niñas o no tan niñas tienen ganas de disfrazarse de novias. No tienen sino que llamarme. Yo las ayudo a conseguir velo y vestido blanco. Las visto y les tomo las fotos.

domingo, 16 de mayo de 2010

La Verdad Sobre Perros y Gato


Pelusa Carotenuto. Es la prueba fehaciente de que cuando tienes un deseo estilo Disney, lo que sea que quieres se hace realidad. Desde hace tiempo queríamos un gato. Los gatos, aunque no son queridos por mucha gente, son necesarios. Los gatos no sólo cazan los ratones, ergo no los tienes en tu casa. Sino que ahuyentan culebras y alacranes. ¿Cómo lo hacen? No lo sé. Nada más por eso tienen mi admiración.

Habíamos convencido a mi mamá que necesitábamos el gato. Sobre todo desde que apareció un alacrán en la puerta de la casa. Por supuesto en el Gran Reino de la Paranoia que es mi casa, hubo llamadas a toxicólogos, expertos en medicina tropical, se chequeó aquello de que se puede ir a la Clínica Ávila para que te den el suero si te pica el bicho, y se mandó el bicho a científico loco para que lo estudiara y nos dijera que era una hembra, no tan venenosa y tan grande como todos habíamos dicho que era. El frasco de mayonesa la hacía verse más gorda. Coño, ni las alacranas se salvan de los rollos de figura.

En todo caso, esta casa quería su minino. Mi mamá no lo quería adentro de la casa. No quería nada fru-fru que necesitase peluquería costosa cada dos semanas. Se tenía que llevar bien con los perros. No podía pretender que como el resto de los animales que hemos tenido iba a ser un miembro más de la familia. Si vamos a tener otra mascota, esta mascota tiene que entender que será mascota. A todo el mundo le dio lástima y flojera el plan, y nadie buscó el gato.

Fue el gato quien nos buscó a nosotros. Nos dimos cuenta una noche en que estaba reunido el club de lectura. Catalina, la Schnauzer se puso a ladrarle a un matero, de una forma ensordecedora e insoportable. (Yo seriamente pienso que Catalina en algún momento se tragó a Mariah Carey, porque más o menos en ese tono de grito que pega esa mujer es que ladra.)No había forma que hiciera caso y cuando decido acercarme a ver qué pasaba lo veo escondido detrás del matero. Negro con blanco. Ojos verdes. Cuchi. Hacía “sssssss” aruñando el aire, como todo un felino digno de su especie, y mostrando unos colmillitos. No cabía duda de que quien saldría perdiendo sería la perra. Así que la cargué y espanté al condenado.

Dos días más tarde vuelve a pasar lo mismo. Hasta que a los pocos días se confirma la noticia. El gato vive aquí. El gato ha decidido quedarse. El gato es nuestro. Recibe el nombre de Pelusa Carotenuto. Pelusa, porque le gusta a mi sobrinita que no sabe lo que es la toxoplasmosis y por eso lo soba y le da comida. Carotenuto, porque el día que apareció discutíamos el polémico ensayo sobre el amor, del italiano Aldo Carotenuto.

Durante varios meses Pelusa Carotenuto ha vivido afuera y nosotros adentro. Come. Pasea. Pelea con los perros. Catalina ha estado cerca, cerquísima de perder un ojo. Los otros perros ya les parece que pasó la novedad. Creo que es porque son machos y se aburren con más facilidad. Las hembras nos quedamos pegadas.

Hace un par de días salí a fotografiar. Lo curioso es que estoy trabajando en una interpretación visual del libro El Amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence. Un libro que trata sobre amor y sexo. Un libro que discutimos en el Club de Lectura. Estoy montando la cámara cuando algo me hace voltear y mi mirada choca con Pelusa Carotenuto. Se queda quieto viéndome y ronronea una vez. Y se acerca caminando hasta mis pies. Entonces procede a frotarse contra mis tobillos y la base de mi trípode. Pelusa Cartotenuto no sólo quiere un hogar. Quiere cariño. Y es más, quiere ser parte de la familia, pues insiste en entrar a la casa.

Luego de ese primer encuentro me quedo pensando que no es nada casual que Pelusa Carotenuto haya escogido a Lady Chatterley como dueña. Después de todo esa mujer (yo estaba disfrazada de ella) tuvo tremendo rollo amoroso, tal cual como lo trabaja Carotenuto en su ensayo. Sexo. Pasión. Ruptura. Se llevan como anillo al dedo. Realmente todo en esta vida tiene su explicación y su por qué.

Ayer vuelvo a salir a trabajar y esta vez el gato me está esperando. Ya no sólo se pasea por mis pies, sino que me persigue. Pelusa Carotenuto me ha escogido. Yo lo veo y le pregunto ¿por qué? Porque tienes que venir a deshacer mi teoría de que yo soy canina. Ahora vienes y me esperas. Maullas cuando me voy. Si yo bajo bajas. SI yo subo subes. Si me paro te frotas contra mis piernas. Si agarro el trípode te frotas contra él. ¿Qué coño te pasa? Maulla. Maulla. Maulla. Hasta que se asoma el perro y se va corriendo como diciendo, con este sí no pienso convivir.

Lo veo alejarse y me da lástima. Llovería en cualquier momento. Gatos y agua no se llevan nada bien. Seguramente por eso quiere entrar a la casa. Me lo imagino pensando ¿por qué esos idiotas que tienen la lengua afuera todo el día sí pueden entrar y yo no? Y me da más lástima. Pero la verdad es que ese gato y mis perros jamás van a ser amigos. No por nada que tenga que ver con la eterna rivalidad Tom y Jerry, sino porque es como con la gente. Hay gatos que se llevan con perros. Hay perros y gatos que no se soportan.

Catalina no puede ni sentir que el animal está cerca porque se descompensa. Astro es demasiado grande como para ver qué podría pasar. Ese si es verdad que jode al gato si lo agarra.

Al final del día lo bueno que tienen las mascotas es que no importa la mierda de día que hayas tenido. Los problemas. Los pleitos. La crisis existencial. Ellos buscan siempre una manera de estar cerca. De ganarse tú afecto. Esa es la verdad de los perros y el gato, de Astro, Tomás, Catalina y Pelusa Carotenuto. Ellos sacan uñas y dientes por ti. Definitivamente Dios y la naturaleza trabajan de una forma que si te pones a ver es mucho más obvia de lo que pensamos. Yo me quedo escuchando a Pelusa Carotenuto maullar afuera de la ventana de mi cuarto y pienso “y tú que no creías en ti.”

viernes, 14 de mayo de 2010

Partes Beligerantes al Aire

Esto pasó hace varios años. Una de mis hermanas me pidió el favor de darles la cola a mis sobrinos, de su casa a casa de mis papás. Iba manejando y llevaba puesta una camisa, más bien una especie de chaleco de colores que yo amaba. Era de esos de corte en V que te obligan a ponerte abajo un top strapless. Yo tenía uno amarillo que me habían vendido en la misma tienda. Cuando me los había comprado tenía unos kilitos de más. Al adelgazarme, adelgacé completa y perdí atributos en la zona superior. Léase: lolas. Tampoco es que quedé plana. Yo siempre digo que las mías, no será poderosas pero son suficientes.

Esa tarde iba con los chamos gritando en la parte de atrás. Me tenían desesperada. Llego a una caseta de vigilancia y cuando bajo el vidrio para identificarme veo que el guardia está mirando veinte centímetros más debajo de mis ojos. Me doy cuenta porque desde que dejé de ser tetona no me ven así todos los días. Es un acontecimiento. Una en el fondo se emociona. Mujer que no le guste que la vean no califica ni para monja. Pero, del mismo modo toda mujer tiene que fingir que se indigna. Y eso hice. Puse una cara de asco y avancé. Piso el acelerador, pero algo no me cuadra. Miro hacia abajo. Y sí. Tenía el top por la cintura. Tenía toda la granja afuera. El hombre me vio completa.

Me quedé muda. Aunque casi estampo el lanchón de mi papá contra un árbol. Susto. Estrés. Miedo de violación. Horror. Grima. Una cosa es que a uno lo vean, pero todo todito todo. Eso es otra cosa. Respiro hondo y se me pasa. Es como una ola grande. Le pasas por debajo. La brincas. Pero pasa. Y cuando pasa pienso. "aaaaa. Qué carajo. Buen día para él, vio unas lolas. Total. Mientras estén bonitas y no den pena."

Confieso que soy medio exhibicionista. Será por eso que puedo hacer auto-retratros sin pena. La verdad es que conforme pasa el tiempo he dejado de lado algunos complejos sobre mi cuerpo. Aunque tengo que reconocer que la playa me da mucha pena. No sé por qué, pero no soy de esas mujeres que puede ir por ahí en bikini así como si nada. Me siento muy rara. Quizás es la falta de costumbre. Quizás es eso que tenemos las mujeres que siempre odiamos a algo de nuestro cuerpo. O tal vez es una marca que me quedó de una entrenadora de gimnasio que una vez me dijo:

- Esas nalgas yo las levanto como que me llamo Mireya. – Lo que levantó con el comentario fue mi dedo del medio y no volví más. Desde ese entonces cada vez que me pongo un traje de baño me da como nauseas. Los primeros minutos. Más si estás con una de esas mujeres para las que la piel de naranja es lo que pelas cuando vas a hacer jugo, y no lo que ves cuando te vas a comprar un traje de baño.

Pero en fin. Como dice mi hermana. Ya asumí que cogí barranco. Y en lo que a las fotos se refiere, no le paro mucho. Prefiero aceptar mi cuerpo cómo es. Total estoy metida en él. No lo puedo cambiar. Y la verdad es bastante fiel. No se enferma. Se recupera fácilmente. No es que me asfixia con los ratones. No puedo ser tan dura.

En el taller de fotografía hay gente que sufre con la tarea del desnudo. Gente que se ha salido del curso porque no lo aguanta. Y bueno, no los juzgo. A todos nos crían con nuestros tabúes. La verdad es que mi mamá es más como la mamá de Gaylord Fucker, interpretada por Barbara Streisand. Nos crió sin tabúes ni rollos mentales de eso tipo. Y la verdad es que cómo se lo agradezco.

Pero yo no. De hecho. Tengo en mente un proyecto que salió de una de las tareas de fotografía. Les voy a comentar en los próximos días. Y de hecho voy a invitar a posar a toda la que quiera. Se trata de descubrirnos. De querernos. Porque sí tengo que decir, que luego de haber padecido anorexia, de haber estado con más de una pareja que me hizo sentir mínima con sus comentarios sobre mí cuerpo, estilo "deberías ponerte dura, no deberías comer eso, tú no puedes usar falda porque eres muy bajita (sí eso me lo dijeron.) me di cuenta que como dice mi hermana, nadie "te hace" sentir nada. Uno lo siente sólo. Así que decidí que más nunca le iba a parar a los comentarios sobre mi cuerpo.

No vale la pena. La belleza se proyecta. Se respira. Total esta carcaza algún día desaparece, pero al final, lo que queda son las vidas que tocamos. La entrega que le ponemos al trabajo. El empuje que le ponemos a la vida. No vale la pena perder el tiempo preocupándose, más de la cuenta y menos por otras personas. Cómo dice la canción de Placebo, la belleza está en el ojo de un sueño de juventud. En el deseo un corazón que se redime. No vale la pena vender el alma por un poco de autoestima. Yo vendí la mía, menos mal que la pude recuperar.

Nada chicas, cuando tenga listo el proyecto y logre mi propia foto la posteo y les explico. A ver quienes se animan. No se asusten, hay partes beligerantes al aire. Al menos no en este proyecto.

Las Reglas de Preescolar


Cada vez me convenzo más de que todo lo que está de preparatorio para arriba es una pérdida de tiempo. No es que estoy fomentando el ausentismo en las aulas. Sino que hay cosas que no te enseña el Algebra de Baldor, ni te las dice el profe de Introducción al Derecho. Y son cosas básicas. Tan válidas hoy en día, como en ese momento. Algunas las aplicamos por inercia, porque para eso nos trituraron el cerebro con ellas. Otras aunque parecen obvias…no tanto.

- Lavarse las manos. ¿Cuántos adultos conoce uno que no se lavan las manos? Más de una vez he estado en un baño público y veo salir a una vieja toda pispiereta que le pasa de largo a los lavamanos. Y en restoranes además. Es como para decirle "Señora. ¿Un poquito de agua y jabón le haría daño?" Lavarse las manos es sensato. Antes de comer. Después de ir al baño. No es que te vas a volver un freak que se borra las huellas digitales. Que no va a un carrito de perros porque no hay baño, o que le pone Purell a los mesoneros en las manos. No. Pero no está demás una lavadita de manos.

- Recoger después de jugar: Si yo le hubiera parado a esta regla no viviría en una especia de Tienda de Gitanos. No hay lugares para las cosas. No hay cosas para los lugares. Simplemente hay cosas por todos lados. Y además tres perros y un bebé. Si tan sólo hubiese sido de las que se quedaban recogiendo los tacos en vez de echar carro y salir directo a buscar la lonchera, otro gallo cantaría.

- Hay que Compartir: Nada como un amigo generoso. Yo no puedo decir que no soy generosa. Pero no miento, no estoy en el Cuadro de Honor de la Legión Madre Teresa de Calcuta. Es más, me identifico con el capítulo de Friends en que Joey trata de explicar que él no comparte la comida. (¡Joey doesn´t share food!) Me recuerda a mi mejor amiga que en el colegio llevaba dos meriendas. Una para compartir y una para ella, de la que no daba ni que te arrastraras suplicando. En su casa hacían las mejores cotufas, y ella con sus dos bolsas era feliz, hacía amigas y no pasaba hambre. No sé por qué nunca lo hice. Pero siempre me amargó que me pidieran. Me molesta cuando mi esposo mete su tenedor en mi plato. Le tuerzo los ojos cuando se toma mi agua. Y peor, a veces le digo a mi hija "Clarissa, ¡Esa es la torta de mamá!"

- Hay que levantar la mano para hablar: No hay nada más cuchi que los chamitos pacientemente esperando su turno con la mano levantada. Algunos muriéndose diciendo "maestra yo. Porfa, yo." ¡Al ser humano cómo le encanta hablar, carajo! Después pasa el tiempo, y uno no tiene que pedir derecho de palabra, sino que siente que el mundo se lo otorgó. Mi peor defecto es lo mucho que interrumpo. Me identifico con esa Frase de Fito Paez que dice que el tiempo a veces le ha enseñado a callar. Yo no aprendo bien la lección. Pero debería. Si uno levantara la mano, no sólo sería más educado, sino que pensaría mejor lo que va a decir. Muchas veces es un refrito de algo ya dicho. Otras es algo que hace daño. Algunas, es incoherente. Otras, simplemente era mejor no decirlo, porque no añade nada.

- ¿A quién debemos obedecer? A los padres y a los maestros. No hay que pararle bola a más nadie. A más nadie. A repetirlo. No hay que pararle bola a más nadie. Uno se la pasa pensando, que si fulano dijo. Que si una amiga dijo. Que si le voy a hacer caso a Mengana porque ella sabe. Nada. Uno le hace caso a sus papás y a los entendidos en el tema. Eso me recuerda cuando estaba embarazada. Cada dos días venía alguien distinto, con buena intención pero igual me volvía loca. Que si tomara agua de coco con cartílago de rata. Que si no me bañara después de las cuatro de la tarde. Que si el ojo de pescado hacía que los niños nacieran con menos habilidades para pintar. Joder. Uno para en loco. Hasta que dije, sabes qué. Lo que diga mi obstetra. Si el hombre dice vaya y dele un besito al heladero Haitiano del Parque Aruflo, eso hubiera hecho. Y a mi mamá y mi papá, también los escucho porque son mi mamá y mi papá, ¿hace falta otra razón?

- No Juegues con la Comida: De haberlo aplicado. La comida no es un juego. Engordas. Adelgazas. Con lo que si no estoy de acuerdo en con terminar el plato entero. Cuántos kilómetros, cuantas sentadillas le hubiera ahorrado a mis posaderas si hubiese dejado spaghetti con salsa de carne en el plato en vez de tragármelo todo, como si me pisaran el pie y abriera la bocota cual papelera de baño. Además uno no puede andar inventado, todos nos hemos comido ese camarón dudoso que a las pocas horas nos ha hecho lamentarnos y pasar los peores momentos de nuestras vidas. Con la comida no se juega. Es en serio.

- Si a ti te pegan, tú pegas: Esa no la dice la maestra, pero los papás se la dicen al chamo que llega mordido y coñaceado todos los días. El problema es que por lo general a los adultos les da un poco de miedo engendrar seres que después pasarán el resto de su vida aplicando la de ojo por ojo. Y tienen razón. Nada peor que un ser lleno de ponzoña. Que todo lo tiene que devolver porque no pasa una. Sí. Pero también es cierto que uno a veces tiene que defenderse, y defender lo suyo. Es parte de lo que nos pasa como país, vemos como nos arrebatan las cosas y no hacemos nada. Como si no fuera con nosotros. Yo le busco el lado positivo y pienso que somos tan pero tan pero tan democráticos, que simplemente esperamos a solucionar todo por la vía más idónea. Pero no sé, creo que a veces hace falta un poco de uña en la vida. Y si te dan un coñazo, soltar la derecha y hacerte valer.

- Díganse perdón y abrácense: Así se resolvían los peos en kínder. Hasta el sol de hoy me pregunto ¿por qué los adultos no podemos? Alguien dice perdón y casi siempre se encuentra con respuestas como: "las palabras se las lleva el viento, qué perdón ni qué perdón, tú crees que con perdón revives a tu muerto." No que todo lo anterior no sea verdad, pero cuando uno perdona, sin ponerse a argumentar esas teorías uno se hace infinitamente libre. Es como darle un masaje al alma. Te liberas del peo. Lo dejas atrás. Ya no es tu problema, porque ya perdonaste. Y pedirlo, aunque es difícil se siente también muy bien. Uno se siente chiquito, pero a la vez grande.

- Se dice por favor y se dice gracias: estas no tienen explicación. Lo cortés no quita lo valiente. Un poquito te lleva muy lejos. Todas esas cosas las decía mi mamá.

- Bueeeenoosss Díiiaaaaaaaaassss: eso cómo lo extraño. Cada vez que alguien entraba al salón había que pararse y todo el mundo lo decía. No. No lo decía. Lo cantaba con aquella mezcla de flojera y echadera de broma. Parece que de grandes no aprendimos nada y pasamos la factura, porque entras a un ascensor y a menos que te devuelvas tu mismo el saludo no escuchas ni un timbre de celular.

- El que llegue de último es un huevo podrido: Pareciera que ese jueguito lo llevamos por dentro. Es por eso que la gente no da paso cuando maneja. Es por eso que estás haciendo una cola para entrar el cine, con asientos numerados y un vivo se te quiere colear. Es por eso que cuando anuncian la salida de un vuelo se para todo el mundo como si dijeran "el que llegue de último…" y empujan a embarazadas y abuelitas. Esa regla como sociedad no es la mejor, pero a veces hay que aplicarla. Porque en la Ciudad de la Furia, si llegas de último te jodes.

Puede ser que aprendamos uno que otro oficio a lo largo de la vida. Pero cambiar. Lo que se dice cambiar, no lo hacemos mucho. Y a veces las respuestas que estamos buscando se encuentran en regresar a lo básico.

miércoles, 12 de mayo de 2010

El Qué Dirán


"Y los vecinos del barrio, me llamaban loca." Sí. Hoy me enteré que en estos días me llamaron loca. No en mi cara. Si no como se debe en toda buena sociedad. A mis espaldas. Y con toda Centroamérica de por medio. Eso me dejó pensando en el qué dirán.

El qué dirán. Un personaje famoso. Implacable. Que ¿cuántas vidas de las que están a nuestro alrededor no habrá marcado?

Yo jamás fui de estar escuchando lo que decían los demás. En el colegio jamás fui de las ratas. De hecho en estos días mi profe de fotografía me contó, que alguien que me conocía le dijo que yo en el colegio era más bien galla. Nunca me importó un bledo que me llamaran por ese nombre. No sé, será porque en las películas gringas el gallo siempre salía triunfal, era el héroe. Será porque siempre estuve Clara, muy Clara, en quién era yo, y no tuve necesidad de que otros vinieran a definirme.

¿Qué nos lleva a hablar de los demás? Porque incluso aquellas personas que "jamás hablan mal de nadie," de vez en cuando hacen excepción a sus propias reglas. Hay habladores de todo tipo. Hay, unos que hablan de cómo los otros están vestidos. A menos que sea el red carpet de los Oscars, que para eso es, confieso que me causa desagrado y desconfianza la gente que se está fijando y criticando el vestir de otras personas. A menos que seas diseñador de moda, esa ponzoña por lo general me hace sentir que estoy con alguien demasiado inseguro, resentido, hasta reprimido. Me hace sentir que estoy con alguien que no tiene mucha generosidad y que está lleno de complejos. Creo que la gente se valora mucho más allá de lo que tiene puesto. Y generalmente la gente que es así no es la que lleva mejor su ropa. Es más bien víctima de la moda, víctima de lo que imponen los demás, sin estilo, ni personalidad propios y recela que haya otros que sean capaces de vivir sin que eso les importe.

Y no es que yo no lo haya hecho. Lo confieso. A veces vas a un matrimonio y ves a una pobre señora que parece parte del Cotillón y te burlas. Pero siempre me da un ratón moral horrible. Porque me imagino a la señora en su peluquería, delante de su espejo sintiéndose triunfal, y yo me pregunto ¿Quién coño soy para calificar la belleza de ella? No soy ninguna Venus de Milo, así que: ¡A Callar!

Hay gente que se dedica a contar chismes con nombre y apellido. Terrible. Y ojo, aquí tampoco puedo venir a tirar piedras. No estoy libre de pecado. Reconozco que he repetido chismes con nombre y apellido, aunque trato en la medida de lo posible de no hacerlo. Incluso en estos días alguien me dijo, "si no vas a decir el nombre no cuentes nada." Y como dije "entonces no cuento nada." Al final me pidieron el cuento a gritos.

El problema con esos chismes de nombre y apellido es que siempre las cosas se terminan tergiversando. Si el cuento es de un tipo que vieron en un restaurante con una tipa que no era su esposa, para cuando nos llega el cuento, la tipa tenía una mini falda que a juro era de puta, las tetas casi se le salían, y alguien los vio dándose una lata en el carro. Claro que nadie los vio bien, pero tenía que ser eso. Igual que si alguien echa un cuento de un conocido que llegó a un local y discutió con un mesonero. A lo mejor simplemente tuvo un cruce de palabras que alguien vio desde otra mesa, pero el cuento que llega es que le batió las manos al tipo, le cayó a groserías, agarró un plato y de vaina y se lo rompe en la cabeza. Porque además estos cuentos, dignos de la pantalla chica, siempre tienen sus buenos y sus malos personajes. El gran culpable que se quiere enterrar con el chisme.

Esos chismes de nombre y apellido sirven para crear maricos imaginarios, hacer putas realidad, engendrar amargadas estilo Cruela de Vil. Y casi siempre son los mismos personajes, el hombre muñeco de torta es el marico, la mujer extrovertida y coqueta es la puta, y la amargada es una señora de cartera cara y peinado de peluquería. No digo que no haya gente que vive de acuerdo con su estereotipo, pero muchos se aprovechan de eso para descargar su resentimiento. Y eso es lo que se convierte en el qué dirán.

Algo que alborota el qué dirán como nada son las rupturas. Cuando una pareja rompe el resto de la sociedad debería pagarles regalías por los derechos de contar la historia. Yo me haría millonaria con mi divorcio. Hay mucha gente que hizo meses enteros de chismes gracias a esa etapa de mi vida. Y a veces pienso que me deberían hasta escribir dándome las gracias.

Lo sé porque me acaban de escribir para contarme que hoy, seis años más tarde, todavía hay alguien que habla de aquello como si hubiese estado allí enfrente, comiendo cotufas mientras ese hombre y yo actuábamos para ella una obra de teatro. Ella lo sabe todo. Lo entiende todo. Lo vio. Lo juzga. Y para describirme utiliza el calificativo de loca.

Y realmente no me importa. No es que no me importe lo que diga la gente. Porque a todos nos importa, y siempre duele que alguien que no sabe nada de uno te califique. Pero, la verdad es que como a este personaje lo conozco y no le tengo el más mínimo respeto, entonces, no me afecta. Es más, me da cierta lástima que lleve una vida tan aburrida que no haya tenido otro divorcio del qué hablar en seis años. Y eso pasa a veces, que en criticar a los demás, no nos damos cuenta que tenemos claves sobre la vida propia. Es por ello que es tan cierto eso de que cuando apuntas un dedo a los demás, estás apuntando tres a ti mismo.

Yo en lo personal cuando critico, cuando me voy en esas escapadas de la lengua, que la gran mayoría de las veces me generan enormes remordimientos de conciencia, intento reflexionar y pensar, por qué me genera tanta antipatía una persona. Por qué me estoy sintiendo una autoridad para juzgarla. ¿Realmente soy mejor que esa persona? Y diría que el 99% de las veces la respuesta es no (Me guardo un 1% para Chávez). De resto, todos tenemos nuestros motivos. Todos somos humanos. Por eso no me molesta tanto cuando alguien me critica, porque aunque peque de soberbia, pienso que más bien vio algo en mí que le gustó y no lo puede soportar.

Me duele más bien cuando alguien que quiero tiene algo que decir sobre mí. Que mi mamá por ejemplo, no apruebe algo que yo hice, o que quiero hacer, eso sí me quita el sueño. O mis hermanas. O mi esposo. Y me imagino que mi hija un día. Y eso, en cierta medida, es otra forma de qué dirán.

La verdad que el qué dirán me ronda mucho la mente. Por lo que escribo en el blog, por lo que espero escribir como libro algún día, por las fotografías que muestro. Porque cuando voy a mi curso con mis compañeros, mostramos nuestras fotos y desnudamos nuestro trabajo y a veces salimos buenísimo y nos aprueban todo, y otras veces pasa como hoy, que el profe me dice que más bien debería repetir la tarea.

Y siempre nos da a todos como pena. Porque preferimos escuchar lo bueno. Así como preferiríamos que la gente diga cosas maravillosas de nosotros, y no que eres una loca que dejó a su marido sin decirle nada. Cuando encima no es verdad. Aunque debo reconocer que parte de mí se siente asquerosamente bien cuando me llaman loca, pues a veces la sociedad me repugna un poco, y así me caigo a mentiras a mí misma pensando que no formo parte del colectivo. Que soy rebelde. Tonterías de escritora atormentada.

En todo caso, que lo califiquen a uno no es lo más agradable, pero sí hay que pensar una cosa, cuando no encuentras a nadie que desapruebe de tus acciones, de tus decisiones. Cuando no tengas que librar una batalla por tu forma de pensar, por tu forma de vivir, por tu forma de vestir. Allí está la señal de que no te estás arriesgando. De que no estás viviendo al máximo. De que te estás aburriendo en la vida. Por eso en el fondo cuando el profe de escritura o de fotografía me critica el trabajo, sé que es porque tengo algo más. Cuando no me dice nada. O pasa como si no hubiese visto nada.

Eso sí me deprime.