martes, 31 de agosto de 2010

Si Pudiera Conversar con Bono

Hace pocos días descubrí a U2. Sabía que existían, claro, pero sólo había oído sus canciones, no las había escuchado. Es decir, no les había puesto atención. Curiosamente le había preguntado a dos de sus fans, qué les dirías a Bono si te lo encontraras caminando por la calle. Hoy después de tener unos días escuchándolo detenidamente y dándole replay a varias canciones, me vinieron a la mente un montón de cosas para decirle. Me imagino que si me lo encuentro por la calle, si es que me dejan acercarme de milagro podré decirle "Hola Bono", pero las ganas de expresarlo no me las quedo.

Si hoy me encontrara a Bono le diría que no me puedo declarar su fan, si acaso me sé dos o tres canciones, pero que ver la cantidad de fans que tienen él y U2 me devuelve la Fé en la humanidad. Porque a veces me preocupa que se sepa más sobre si Lindsay Lohan usó o no el celular en la cárcel, que sobre Aisha la niña de 18 años que hace nada un marido violento le rebanó la naríz y las orejas con el apoyo y ayuda de un grupo de talibanes, y ella después de todo aquello tuvo el coraje, la valentía, el honor de posar nada más y nada menos que para la portada de Time.

Le diría que durante mucho tiempo fui víctima de un prejuicio en su contra. Porque lo juzgué una celebridad más. Le confesaría que a veces, hasta me caía un poco pesado su interés en figurar en programas de la ONU. Sí. Lo confesaría con muchísima vergüenza. Empezando porque después de todo, así lo hiciera por pura publicidad, de esa publicidad algo bueno sale, al menos alguien lee en una revista de variedades sobre el SIDA en África. Además se lo confesaría llena de vergüenza por otra razón, no soy quién para criticar a una estrella que se hace publicidad cuando yo tampoco es que estoy haciendo nada por todas esas causas. Así que mal puedo señalarlo a él.

Le diría que sería interesante hacerle algo de publicidad a los activistas que a diario arriesgan sus vidas por ayudar en las zonas más remotas del planeta. Que no estaría mal que la gente los conociera y aprendiera de su ejemplo. Tengo una amiga que se la pasa metida en Afganistán, y ahora anda en Pakistán con las inundaciones, y la verdad es ya quisieran muchos hombres tener un cuarto de pierna de los pantalones que ella tiene.

Le diría que tiene buena voz, pero que la verdad eso poco me importa, porque yo había oído varias de sus canciones, es más hasta, me compré uno de sus discos a finales de los 90 para ver cuál era el furor que una de mis mejores amigas expresaba por U2, y me pareció que no se diferenciaba mucho de otros. Jamás me imaginé que me podría pasar lo que me pasó hace un par de semanas cuando empecé a escuchar las canciones.

Sentía que estaba escuchando algo que me llegaba profundo. No sólo en cuanto a las letras, sino la música también. Hay partes en que es realmente hermosa, aunque haya muchas canciones parecidas. Sentía que estaba escuchando algo que era profundamente humano, no sólo musical. Ciertamente hay una espiritualidad en las canciones de U2 y no me había dado cuenta o no lo había sentido hasta ahora.

Me pasó por ejemplo con Sunday Bloody Sunday que me recuerda a mi país, y que yo siento que cuándo el pregunta How long must we sing this song? yo también me lo pregunto. Que entiendo el sentimiento de impotencia que quiere transmitir, sobre todo cuando uno ve, tal cual como él lo menciona, las trincheras que se cavan en los corazones de un pueblo, divisiones y guerras que nadie gana y que sólo destrozan. Que me llegó muy profundo que él lo entendiera y que cuando supe que era por la violencia en Irlanda, su propio país, me conmoví aún más.

Le diría que A Sort of Homecomming me recordó a mi gran amiga que murió el año pasado, que la última vez que hablé con ella fue dos meses antes de que se fuera, y que es ahora cuándo más falta me hace, y que cuando llegué a esa parte que dice "oh, don´t sorrow, oh don´t weep, for tonight at last, I am coming home" sentí que era ella quien me lo decía, y se me salieron las lágrimas.

Le diría que Magnificent me pareció eso exactamente. Que "my first cry was joyful" también, pues a pesar de que como todos tengo mis momentos oscuros, creo que mi mensaje es de esperanza, y que sí, que "only love can leave such a mark, but only love can unite our hearts." Ciertamente, es la capacidad y la necesidad de amar lo que marca al ser humano, lo que lo mueve. No sólo el amor de pareja, sino el de padres, el de hermanos, el de unos con otros. Que justamente pasé unos días con mi papás, de los seres humanos que más admiro y hablamos sobre eso, lo importante de quererse en familia, y de cómo transmitir ese amor a los hijos los hace buenas personas, que la constancia en ese amor es lo más importante para que sean personas seguras de sí mismas.

Le diría que ONE es una canción que lamentablmente tiene dueño en mi vida, y que durante mucho tiempo había buscado expresar lo que sentía en cuanto a esa persona, y que no le puedo decir más en cuanto a eso porque sería decir demasiado, y que entre los máximas que me esfuerzo por seguir está la de que lo cortés no quita lo valiente.

Le diría que son demasiadas canciones, que la verdad es que no las he escuchado todas, pero que quiero seguir haciéndolo, y que me gustaría preguntarle qué pensaba cuándo las escribió, qué era lo que realmente quería expresar, pero que a la vez, quizás lo que más me gusta de sus letras es que se adaptan a muchas situaciones, y como sucede con la narrativa y la poesía, hay tantas interpretaciones como lectores.

Le diría que conozco un lugar donde hay un señor que ofrece declamarte un poema a cambio de unas monedas. Se para en el mismo sitio todos los días, con una camisa amarilla y un pantalón caqui y una muleta en un brazo, de esas que se apoyan un poco más abajo del codo. Le pediría que lo busque y que le hable, y escriba una canción sobre ese poeta. Me parte el corazón en dos. No lo puedo evitar. No sé por qué, pero me pesa demasiado, y estoy segura de que a él le pasaría lo mismo. Le contaría que hace como una semana lo vi llorando, doblado sobre su estómago en un banco frente a su esquina de siempre, y me tuve que contener para no abrazarlo, pero no pude aguantar las lágrimas.

Le preguntaría si no le pasa igual que a mí, si no siente que lo primero que va a hacer al morirse, después de dar gracias por la vida es pedirle a Dios unas explicaciones. No a manera de reclamo, sino a manera de entender. Porque hay cosas de este mundo que yo francamente no entiendo.

Le preguntaría cuáles son los autores que más le gustan. Qué tipo de poesía le gusta leer, pues es un género que me cuesta mucho, y siempre que conozco a alguien que considero que sabe me gusta preguntarle, a ver si voy aprendiendo.

Le diría también que lo que más admiro es su capacidad para decir las cosas más profundas de la forma más simple, que no usa lenguaje florido, ni hace falta buscar un diccionario o sentirse un ser humano de inteligencia inferior.

Le diría Bono, yo no te considero un cantante, te considero un poeta, un escritor.

Y entonces volvería al principio, y le diría que sí, que efectivamente su éxito me devuelve la Fé en el ser humano, porque al ver que su mensaje, que es tan humano y tan profundo cala en tanta gente, así sea que muchos lo sigan por moda, eso quiere decir que no estamos tan mal.

jueves, 26 de agosto de 2010

Lista de Pistas

¿Dónde está Manu?


Ahora sí que lo adivinan.


-Hay un castillo debajo de un castillo.

-Por culpa de una edificación de esta ciudad entre el Paraíso Terrenal y el Olimpo hay una crisis diplomática: Del Olimpo afirman que es un templo pagano, del Paraíso dicen que no, que basta poner un pie en la puerta para darse cuenta que es Iglesia.

-Una de las siete maravillas le ve cara al renacimiento, como recordando que el hombre siempre ha sido hombre.

-Hay una estatua de un caballo que parece que se estuviera tirando un peo.

-Hay un castillo que no tiene nombre de rey sino nombre de conserje.

-La farmacia la identifican con una cruz verde.

-La ciudad tiene forma de caracol.

-Al con leche pequeño lo llaman nuez.

-Este año vine en verano y el verano nunca fue.

-A la suerte la llaman coraje.

-Las sirenas de los policías aturden.

-Los pipotes de basura son verdes.

-Los carteros empujan unos carritos grises.

-Aquí los tragos son asquerosos.

-Aquí hay helados muy ricos, pero no son de aquí. Cuando hace calor la cola le da la vuelta a la esquina.

-La letra que asocio con esta ciudad es la M.

-Hay un mercado que es un museo.

-Hay una tienda de muñecas que es un museo, hay un museo de muñecas.

-En esta ciudad no se ven las estrellas. Esta ciudad está totalmente tomada por la luna.

-Esta ciudad duerme hasta tarde. Sobre todo los domingos.

-Hay una estación de tren sin trenes. Bueno es posible que tenga algún tren, pero no se podría ir muy lejos en él.

-Dentro de la ciudad hay dos campos. Uno es de un guerrero y el otro es de los dioses.

domingo, 22 de agosto de 2010

Ficciones

Me imagino que llego a ese lugar y tú estás allí, pero yo no tengo la menor idea. Llevo un pañuelo alrededor del cuello, para no perder la costumbre y algo muy parecido a la locura me desborda los ojos. El soundtrack es una canción francesa. Charles Aznavour, pero eso sólo lo escuchas tú en algún lugar de tu alma que te hace reconocerme, un lugar muy parecido a la memoria pero que no es realmente la memoria. Imposible que lo sea, no nos habíamos visto nunca. Te extraña. No sabes como se llama eso ¿deja vu? Nadie lo sabe, hay cosas que no tienen nombre.


Yo me acerco a la barra. Intercambio palabras con el bartender de camisa negra que apoya medio torso sobre la barra para poder escucharme. Mis amigos están saltando. Me entregan no un vaso sino dos, y algo en ti duda. ¿Y si no estoy sola? ¿Es posible equivocarse? Sí. Es posible. La vida a veces es así de trágica y se burla de uno de manera tan cruel y grosera. ¿Tendrás que saltar ese obstáculo? O te dirás a ti mismo que simplemente te has equivocado. Me has confundido con otra. Mis amigos siguen saltando. Suena una música de esas que te hacen retumbar como la tela que recubre las cornetas y casi no te dejan pensar. Para empezar no te dejan hablar.


Yo me volteo con los dos vasos en la mano y le doy uno a una amiga. Las dos empezamos a beber utilizando el pitillo, tirando al piso un pedazo de piña mal cortado que el bar tender había puesto en el borde del vaso. Tomo tragos de niña. Es algo que en ese momento averiguas de mí. ¿Qué más sabes? ¿Qué puedes deducir de una persona con tan solo verla moverse un rato? Que se pone pañuelos en la garganta para salir en una ciudad cuya temperatura promedio varía entre los 27 y los 32 grados centígrados. Que además usa una chaqueta de cuero negro que por tu edad te hace pensar en tres letras. P,T y J.


¿Qué más puedes saber de mí? Que me acerco a la barra a pesar de que llegué con amigos hombres, y pido mis propios tragos. Que no me gusta la piña del bar tender. Que tengo las uñas pintadas de un color raro. Que me paro con mis amigas y miro tímidamente. Que de repente suena una canción que me gusta y canto, como audición de American Idol, como si me estuvieran haciendo una sesión de fotos para el afiche del concierto. Ese que en otra de mis ficciones se verá desde la vaya de la autopista y dirá las fechas en las que el público que se presente al teatro con su respectiva entrada, podrá escucharme cantar.


Sabes que nadie baila conmigo. Algo te dice la mujer que tienes al lado. La que trajiste al lugar. Llegó contigo montada en al asiento de copiloto de tu carro. Se miraba por el retrovisor que no era de ella, que era tuyo, pero imaginando ella también que si todo salía bien esa noche, que si la besabas y ella no se dejaba al principio pero luego cedía, si le daban paso a algo de magia, no necesariamente mucho sino lo suficiente, entonces tú le mandarás un SMS en plena madrugada, le dirás que la pasaste bien, ella te dirá que lo mismo, y la salida se repetirá. Y tal vez algún día ese retrovisor sería tan de ella como ahora era tuyo, y ella se imaginaba en ese espejo cómo sería todo aquello. Todos tenemos nuestras ficciones.


Imagino que tu "ella" tiene pelo negro. Liso. Como de el de las chinas que anotan amargadas las comandas en los restaurantes oscuros y apestosos de comida oriental occidentalizada. Yo no. Yo lo tengo distinto. Estás como distraído. No sabes bien hacia dónde ver. Estás callado. No le hablas mucho a la que vino contigo, a "ella". Estás confundido. "Ella" se mueve de un lado al otro, bailoteando con la música electrónica que pone un DJ que es amigo tuyo, que te ve de lejos y se ríe.


Le parece cómica la escena bastante común del silencio incómodo de dos que están como en un tercer date y no saben muy bien para dónde ir. La de pelo liso no tiene mucho futuro. ¿Por qué? Porque ese lugar que está más allá de tu memoria y que no tiene nombre no la reconoce. Si se lo cuentas a alguien, a algún amigo, se va a burlar de ti, te va a decir que estás perdido de cursi y que eres un loco. Si se lo cuentas al date le va a decir a sus amigas que estás "a esto" de ser marico, y va a hacer una seña con las manos para demostrar que eres mínimo por todas partes. Aunque no lo sepa.


¿Y si me lo dices a mí? Imagino que lo piensas.


Pueden pasar dos cosas. Porque siempre pueden pasar dos cosas. Puedo mirarte durante unos segundos que te parecerán eternos, te harán dudar de lo que hiciste esperando lo peor y de repente, de la nada, sin que te lo esperes, te voy a sonreír, y sin que tenga que decirte nada te voy a confiar que yo también te reconocí en ese lugar en el que las personas se reconocen, pero que definitivamente no es la memoria. ¿Las almas? No. Te diría, llámalo como quieras. Las etiquetas son un fastidio, son para la gente cuadrada. Yo soy redonda.


Lo otro que puede pasar es que yo te tuerza los ojos. Te habrás equivocado tanto que el sonido de tu mala decisión cayendo al suelo te va a aturdir, como si fuera la bandeja de un mesonero que se cae llena de platos y deja todo el restaurante en silencio. Te veré como si fueses un desorientado mental y te soltaré alguna frase clásica como "tengo novio" o "estoy comprometida."


Yo me imagino que al final te atreves. Te acercas. Y nos quedamos viendo. Callados. Con pena. Sintiéndonos algo desnudos.


Imagino una última cosa. Imagino que el resto de tu vida escucharás Charles Aznavour y te recordarás de mí. Y cuando la escuches conmigo enfrente dirás. "Esa voz me recuerda a ti." Imagino que te digo que Aznavour no te pega nada. Y no sabrás por qué, y no querrás confesármelo, pero tiene que ver con ese lugar que no está relacionado con la memoria, ni con los recuerdos que duelen.


No imagino más nada.

miércoles, 18 de agosto de 2010

¿Qué nombre le pondremos?

Hoy es uno de esos días en que me provoca ser oficinista. Sí. Oficinista. No sé en qué oficina, ni haciendo qué. ¿Yo les conté de la vez que trabajé de recepcionista? Sí. "Tal y Tal buenos días." No. No lo pongo en el curriculum, y no duré mucho. Prefería trabajar en la librería LEA, donde me gastaba todo mi sueldo comprando chucherías, sobre todo las gomitas agrias en forma de gusanos, yo agarraba esa bolsa y a lo Eros Ramazzotti le decía, gracias por existir.


¿Para qué coño me inventé que podía ser escritora? No sé. Hoy es uno de esos días en que se me olvida. Para poder justificar la computadora blanca al lado del café con leche grande a las diez de la mañana un miércoles, en mitad de un café lleno de turistas y amas de casa. Gente de vacaciones y gente que mata el tiempo porque no tiene nada que hacer.


Mentira. Una de estas señoras no es ama de casa, tiene una de las tiendas que están a dos puertas del café. Yo quiero ser ella. De verdad, Dios, dentro de unos años ¿puedo ser ella? Anda no seas malo, di que sí.


Tiene una cartera de esas enormes con un aro dorado, a lo mejor es de mentira, pero no me importa se le ve espectacular. Es flaquísima, tiene el pelo como Heather Locklear en Melrose Place, un poco pajoso, pero no importa, igual le queda bien, lo tiene amarrado como en un moño que no es moño. No es doña Florinda para nada, es "salí apurada esta mañana y soy tan bonita que, who cares si no tengo el pelo perfecto." Se conserva esta vieja. ¿Tendrá un dermatólogo al que va todos los meses? ¿Cirujano plástico? No sé. Le podría preguntar, pero no me lo va a decir. Sonreiría y diría "en esta ciudad uno se encuentra con cada loco que ni te cuento."


Tiene una chaqueta que es de blue jean mezclada con gamuza. Esta señora tiene pinta de que si no es soltera lo que tiene es un novio. Esta señora seguro ha terminado y le han terminado cuarenta veces. Seguramente sale un día de aquí y se encuentra a un tipo y le dice "¿Qué coño haces tú aquí? ¿Qué parte de no te quiero ver más no entiendes?" Ellos nunca entienden no te quiero ver, en cambio, te quiero ver sí que lo entienden. Entienden que te quiero ver significa, me largo.


Esta señora tiene unos Levis, tienen la etiqueta roja que está en el bolsillo de atrás. No tengo los lentes puestos, pero está suficientemente cerca como para haber leído que eran Levis. Son rectos, ni tubito, ni pata de elefante, sino de vaquero, pero vaquero de verdad y lleva una botas marrones, gastadas. La señora se para porque va para su tienda, tiene un cuerpazo. Sí, quiero ser así cuando sea grande, ¿qué comerá ella? Si me dice que es vegetariana y no come chocolate me tiro al río, yo soy un Tiranosaurio Chocohólico.


La señora tiene una camisita blanca, con otra camisita arriba, es una señora pava. Todavía le queda bien. ¿A qué edad pasas a ser una vieja hoy en día? No sé. El otro día le dije a mi mamá, sabes que oficialmente eres una vieja loca. No se ofendió, nada más me dijo, tú sí eres rata. Yo le dije. Sí soy rata, pero te lo tengo que decir para que estés clara. Cuando tienes mi edad y dices chocancias estás "en esos días," y cuando se tiene tú edad y dices chocancias eres una vieja loca. Hay una etiqueta para todo. Como en el supermercado, si no la sociedad colapsa, no lo inventé yo.


Esta vieja del café ¿qué es? ¿Premenopaúsica chic? No sé. Pero yo quiero ser ella cuando sea grande. De verdad que parce la novia del vaquero de Marlboro. Seguramente le dijo "no amigo, ni de vaina yo me voy a mudar a esa granja de mierda a ver el techo de madera mientras tú persigues vacas. Yo tomo leche pasteurizada y no se hable más del asunto. Cuando pases por la ciudad me llamas y nos vamos a tomar algo." Cuando sale con alguien se acuerda del vaquero de Marlboro, y cuando le termina también, a lo mejor hubiera sido más feliz en la granja aquella. ¿Quién sabe?


La señora agarra su cartera y se va para su tienda. Está más interesante la historia de la señora que la novela que tengo que borrar y empezar de cero. Bueno no es tan grave, pero tengo que cambiarle una cosa central que hice mal. De bruta. De anormal. Pero me va a retrasar. Qué vaina. Qué arrechera. Me provoca pararme en la mitad de la calle y gritar varios coños y de las madres, y vergas y qué arrecheras!!! Pero por aquí pasan algunos niños y me da pena, además no sé cómo lo vaya a tomar la policía.


Alguien dirá "llévense a esta loca." Y yo contestaré indignada "yo no estoy loca. Sólo estoy arrecha." Y justo cuando dices eso te encierran por loca, porque los locos son como los borrachos, lo primero que hacen es negar su estado. Así que ni modo. Mejor me quedo aquí sentadita y lo escribo. Aquí voy: "Coño de la madre! Verga! Qué. A-Rre-Chera. Me da. Tener casi que empezar de nuevo." Ni modo. A veces la vida es así. El metro acaba de pasar por debajo este edificio y mueve todo, como una especie de temblor.


Insisto. Mucho más fácil ser oficinista."Sí Ingeniero, ya se lo redacto." Redactar cartas es perfecto. Empiezas con "Por medio de la presente nos dirigimos a usted".... y terminas con "quedamos de usted" Multinacional que Paga una Mierda de Venezuela C.A. Se lo pasas al que la firma y listo. Yo soy una tigra con esas cosas, las puedo hacer en ocho minutos. Además tipeo a la velocidad de hormiguero.


Estoy haciendo una lista de pistas sobre la ciudad. Mañana o pasado la pongo. Ahorita voy a llorar por mis 119 mil caracteres (46 páginas, que tengo que empezar a reacomodar) Aprovecho. Pregunto, qué nombre les gusta más ¿Sebastián o Fernando? Mi problema es que los dos me caen bien.


Sebas, lo quiero y lo amo. Fer..."there was something in the air at night, the stars so bright Fernando." Claro, depende de la persona, pero sí les cuento mucho más, les cuento toda la historia y la historia todavía se está contando. En fin...es buena gente, puede ser cualquiera de los dos la verdad. Los Sebastianes y los Fernandos son lo máximo.


Bueno children. Sigo que hay deadline y no sé si voy a llegar. Susto.


Llega una voz ronca del bar. Pérate. Hay un loco de pelo gris y rulo que habla solo. No estoy tan mal, yo hablo sola, pero no en lugares públicos. No. Pérate. El tipo está leyendo. Tiene tres libros sobre el counter del bar, encima un paraguas como de bacterias. Y lee con su voz ronca, estilo Larry White. Le sabe a mierda el mundo. Suena Sultans of Swings en la radio. El hombre baja el libro, toma un sorbo de te y se mueve con el ritmo de la música. Sigue leyendo.


No sé por qué, pero este hombre me hace pensar que todavía tengo esperanza. Justo escribo esto y agarra sus cosas y se va. Es el destino, que me quiere decir algo.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Desde el Puente

Esta ciudad tiene un río y por ende varios puentes. Algunos que son dignos de enamorarse de ellos, aunque una vez un taxista me dijo que uno no se enamora de un puente. El que a mí me gusta es muy sencillo, no tiene nada del otro mundo salvo un significado y una historia que hay que googlear, y una estructura que te hace sentir el viento por todos lados cuando sopla. Te despeina. Te vuelve a peinar. Y cuando llegas a tu casa y te ves en el espejo, te ríes y te recuerdas de aquellas muñecas desgreñadas cuya melena era una lástima.


Este puente es una cosa de día y otra de noche. Yo voy generalmente de día, suelto a mi hija que empieza a practicar el hermoso arte de caminar y va dando tumbos sobre los listones de madera que dejan ver el río abajo, cosa que a veces da algo de susto. Me pongo a tomar fotos de algunos de los personajes que están allí. Me doy cuenta que aquí la gente es más abierta de lo que parece. Muy pocos me han dicho que no.


De hecho algunos me han preguntado qué voy a hacer con la foto. Les digo que nada. Que es para mi trabajo artístico personal. Entonces me dicen que claro que quieren dejarse tomar la foto, y eso me emociona, porque se siente sabroso cuando alguien quiere participar en tu sueño. Así como todo el que lee esta página y deja su comentario participa en mi sueño de ser escritora. Es algo que no olvido. Que siempre llevo presente.


El otro día decidí irme de noche al puente. De noche el puente es como otro mundo, está lleno de gente, pero tan lleno de gente que casi no puedes caminar. Están sentados en el piso, con mantas y sábanas haciendo pic-nic. Se supone, o al menos yo tenía entendido que aquí no se podía tomar alcohol en la calle. Pareciera no importar porque ves cerveza, vino, champaña, mucho líquido rosado.


Tienen papitas, y cositas de picar, pepinos y jamones. La otra noche había incluso un grupo como de ocho personas en el que dos tocaban guitarra, tuve ganas de quedarme escuchando pero seguí. Más allá en uno un poco más grande un hombre tocaba el saxofón. En eso llegó una pareja, de esa bellas, el hombre guapísimo y la mujer delgadita con un coche y un bebé, El saxo paró para recibirlos como uno recibe a los amigos que acaban de ser padres y se aventuran a salir por primera vez. Con "Eeeeeeeesss" y "Aaaaasss" y "Paaapáaaa!" por la cara de ella se notaba que estaba nerviosa y que eran los amigos de él.


La verdad es que el ser humano es igual en todas partes, sólo que con distintas facciones, y distintas costumbres. Unos toman café en ponchera de plástico, otros en tacita de vidrio, algunos con leche en polvo porque no hay de otra. Unos se sientan a ver la gente pasar, otros se sientan a ver a la gente de forma disimulada y hablar de ellos. Catires. Negritos. Bajitos. Gordos. Ruidosos. Callados. Apretujados. Pero al final todos somos iguales, y habla muy mal del ser humano que haya tenido que haber una declaración universal que nos lo recordara, si nuestro comportamiento lo dice todo.


Otra cosa que me encanta hacer y que Clarissa también disfruta como una enana es ir al parque. A veces pareciera que estoy haciendo un trabajo sobre parques y jardines de esta ciudad. Esta ciudad tiene un parque y un jardín en cada esquina. Algunos se ven desde lejos, sobre todo por lo alto de los árboles, otros te los encuentras caminando por una calle y de repente allí está. Boom. Un parque. Un jardín. Como un cuadro. Con flores, con grama perfecta y con parejas que se hablan sobre mantas, con todo el recato y con todo el respeto hacia el romanticismo, no hacen nada más allá de lo netamente rosado.


Pero los parques para muchos son un espacio para ir a descansar la amargura. Como para los mendigos que duermen sobre los bancos. Los desesperados que no tienen a dónde ir. Los solitarios. Los confundidos. Los que buscan un pedazo de naturaleza en medio de el bosque de lluvia ácida que es la ciudad. Como si en lo verde aún hubiera una prueba de que Dios existe, porque la vida urbana es tan dura que a veces parece que si Dios existe está enfermo o algo así. Me imagino que también se arropan en la esperanza que da la risa de los niños que gritan a todo pulmón.


Estaba en uno de esos parques, comíamos un chawarma con papitas fritas que habíamos comprando en una calle que lleva un nombre que no puedo decir, pero bien se podría llamar Calle del Chawarma con Papitas Fritas. A veces me provoca preguntarle a alguno de los dueños "¿Por qué pusiste tu negocio de chawarma con papitas fritas, al lado de este otro negocio de chawarma con papitas fritas, frente a otro negocio de chawarma con papitas fritas, que también está al lado de un negocio de chawarma con papitas fritas?". Cualquiera de los MBA´s que a diario visitan esta ciudad te hubieran dicho que no lo hicieras. Pero la verdad es que todos están full.


Le estábamos dando papitas a las palomas, cosa que vuelve loca a Clarissa (les dice Cata por cierto, Cata es la perra, se resiste a llamarlas pío pío y reconocer que paloma y perro son distintos, algo sabe de la vida desde ya, le digo a mi esposo, que me dice, sí coñoelamadre, pensando en el futuro cuando le tengamos que ver el corazón roto en los ojos, porque del mal de amores no escapa nadie.) Aquí las palomas son muy osadas. Yo juraba que en cualquier momento me picoteaban un pie. No le tienen miedo a uno. Tan hartas están de ver gente en sus plazas.


Mi esposo dice que son ratas con plumas, y eso estábamos discutiendo cuando nos llega desde lejos un sonido de voz alterado diciendo: "estoy harta...no...no vale la pena...no te veo nunca. No! Que no! No vale la pena...nunca estás, nunca te veo. Estoy harta de tu teléfono... no vale la pena...no, déjalo de ese tamaño...no, y a tu edad da vergüenza...no, de verdad, no vale la pena..." Era una mujer, con un acento raro y algunas palabras no logré entender bien, pero no era el típico acento con que habla la gente de aquí, a veces parecía que soltaba palabras en uno de esos idiomas que uno jamás podría reconocer. Era muy alta y había escogido el banco más retirado del parque para gritarse vía celular con el novio, o ex a estas alturas.


Las quejas eran esas y ya. Lo típico, un novio, de cierta edad que nunca estaba, que seguro le decía mentiras, que la mantenía en vilo, que le decía que iba a aparecer y después no aparecía, que pasaba días sin llamar. Cualquier parecido con algo que uno haya vivido es lo más normal. Otra muestras más de que aquí y en china con distintas costumbres somos iguales. A uno le cuesta y el otro se queda pegado. No sé si la justicia es ciega, pero el amor no tiene la más puta idea de lo que son las razas ni las nacionalidades, ni falta que le hace, ni le importa. Jode igualito.


Mi teoría era que iban a terminar, la de mi esposo era que no, que la mujer estaba haciendo eso para que el hombre se le apareciera ahí, que lo estaba haciendo jalar, pero que ya lo había perdonado. Él dice que cuando una mujer termina, simplemente lo dice y cuelga, que cuando habla y habla es porque no se ha decidido a dejarlo. Tiene razón, cuando una mujer toma una decisión es tajante y no da marcha atrás.


Después nos pusimos a caminar al borde del río, y le pregunté a mi esposo, ¿qué crees que te pase si te lanzas de aquel puente para abajo? Barajamos varias posibilidades, arresto, chancro blanco, pegoste, arrastre de la corriente. ¿Muerte? Poco probable. Él dice que los puentes de esa ciudad no tienen ni diez metros. Yo resistí mi impulso, porque el río es sucio, pero me encantaría decir que alguna vez nadé en él, o mejor aún responder que sí a la pregunta ¿alguna vez te tiraste de un puente?

jueves, 5 de agosto de 2010

Esta Ciudad

Si hubieras pasado a las 9:30 más o menos hubieras visto a una mujer sentada en una de las mesitas que da hacia la calle. Jeans, unos zapatos de trenza un poco raros, camisa roja hasta los muslos, franela blanca encima y un sweater color crema, de esos que se ven pesados pero que solo llegan hasta la mitad de la espalda. Es comprensible, la temperatura no llega a los diez y siete grados a pesar de que estamos en pleno agosto. El detalle de la muchacha estaba en el perro que apoyaba sus dos patas delanteras sobre sus piernas. Empinado, le olfateaba la cara como hacen los perros cuando están pidiendo permiso para lanzar ese lenguetazo que no es otra cosa sino una declaración de amor canino. Así se veían, un par de enamorados en una mañana de verano a punto de comenzar el día con el primer café.


Esa era yo. Manu desde hace una semana tiene su café. Vengo todos los días acá por tres razones. Hay una mesa que justo a esta hora le pega el sol, y yo soy como los girasoles y los pollitos, busco el sol y necesito el calor para vivir. Dos, el café es el mejor de todos los que he probado. Tres. No sé todavía, pero siempre tienen que haber tres razones. Llego y me saludan, y en segundos está en mi mesa el café grande, tal cual como a mí me gusta. Y en un rato me traerá el segundo una señora de una cincuentena de años, vestida de negro que cojea un poco y que se parece a una versión mayor de Mafalda.


La primera vez que vine fue bastante antipática. Ahora me saluda y me dice cosas como "Buenos días mi bella." No me ha preguntado qué estoy haciendo. Simplemente dice que le impresiona lo duro que trabajo. Es que yo me siento aquí y muevo los dedos como si me estuvieran atacando las Amatans, esas hormigas furiosas que vi una vez en un documental, que son capaces de tirar un árbol al suelo en el Amazonas en algo así como tres días.


En todo caso, estoy en la clase de ciudad en la que un perro desconocido se te acerca y de una, sin saber nada de ti, pretende declararte su amor. ¿Cómo podría no enamorarme de esta ciudad? Esta ciudad me recuerda a mí misma. Incomprendida a veces, la acompaña una fama que nada tiene que ver con su realidad. A veces la idealizan demasiado, otras la castigan injustamente, porque así somos los hombres con las cosas que no podemos definir. Con el amor. Las religión. La política. Antes de analizarlas las mandamos a un extremo y las dejamos allí para poder seguir con nuestras vidas, sin tener que pensar. Sin tener que atormentarnos con sinsentidos.


Esta ciudad respira. Cada calle. Cada puerta con su número en letras azules y blancas arriba, cada vitrina, cada ventana, las que tienen un balcón, las que están adornadas con flores, cada suelo que vibra cuando el Metro pasa por debajo, hasta la campana del autobús que le avisa a los ciclistas que viene con toda su fuerza y que es capaz de no parar y atropellarlos. Todo respira. Todo tiene un secreto. Pero es un secreto que no se escucha, es un secreto que se observa y que se vive. Esta ciudad está al borde de la realidad y de la fantasía. De la historia y de la fábula. Siempre que abro la puerta y me dispongo a salir a la calle me pregunto si del otro lado no habrá, ahora sí, una criatura fantástica. Un cíclope, un duende, un unicornio esperando a que el semáforo del fin de mi calle le de la señal de que es seguro cruzar. Un mago de poderes origámicos. Tal vez un asno de lentes, que me diga al oído, "¿sabes algo? en realidad el burro es brillante mientras que el zorro actúa sin pensar y cuando abre la boca no dice nada."


En esta ciudad por alguna razón siempre tengo frío, aunque es capaz de ahogarte de calor. Hay algo en esta ciudad que da frío, no sé si es como diría Fito Paez tan sólo "la intuición de mi destino." A lo mejor es su color. Hay ciudades que son de colores. Hay ciudades que son marrones, totalmente marrones. Van desde los anaranjados, hasta los amarillos ocre, quedándose en alguno que otro edificio blanco que alguien con mal gusto se propuso destacar. Después de todo los griegos hicieron su Acrópolis de marmol blanco, y qué tienen ellos, que no tenga cualquier otro. Esta ciudad, en primera instancia la ves gris. Aún si llegas en un día como hoy, en que el sol desde el primer rayo parecía estar diciendo: al diablo las penas, hoy voy a brillar.


En esta ciudad es clave sentarse algún día a ver las nubes. Yo jamás había visto las nubes pasar tan rápido. Siempre me ha fascinado pensar qué movimiento detecta uno, el de la Tierra o el de las nubes. ¿Quién se mueve ellas o yo? ¿Quién se va? El tren o la estación. Sí. Respuestas científicas hay para todo, pero al final terminamos por reconocer que no hay regla que no tenga excepción. Ni siquiera la de que tarde o temprano a todos nos llega la muerte. Y eso lo aprendes en esta ciudad, porque aquí hay muertos que están vivos. Que tienen más sangre que cualquiera de nosotros. Viven desde hace siglos, tantos que pareciera que si pudiesen hablar lo primero que te dirían es cómo es Dios y qué es lo que realmente piensa.


Esta ciudad parece la capital del mundo. Aquí todo nace. Todo se pierde y todo se encuentra. Aquí lloras en algún momento. Algo te arranca de lo más profundo aquel sentimiento que no sabías ni que existía, como cuando haces un deporte por primera vez y te das cuenta que detrás de la piel de tus piernas hay un enjambre de músculos que jamás se habían dignado a anunciarte su presencia. Así mismo. Quizás sea algún viejo encorvado, con el peso de la vida en toda la espalda y la amargura de saber que ya lo mejor pasó, y que ya el tiempo no importa.


A lo mejor te destrozan dos amantes con todo su descaro, sus lenguas, sus bocas, sus manos por todos lados en mitad de la calle, sin que importe nada. Luchando contra el cáncer de los cuentos de hadas, que el amor no dura y que la felicidad es muchas cosas, pero no para siempre. O quizás no es una imagen tan trillada lo que te atrape. Tal vez dejes de ser quién eras cuando llegaste aquí, al escuchar la conversación de los hombres que recogen la basura. Porque aquí hasta eso es bello. Es perfecto. Están vestidos como para invitarte a cenar. Te saludan con una educación a la que Charles y Camila no tendrían nada que envidiar. Aquí nadie es mejor que otra persona, salvo alguna que otra celebridad que alborota a los turistas.


Si dejas la ventana abierta al acostarte te darás cuenta que la noche grita. Aquí la noche grita, aunque últimamente no grita, sino que más bien canta. Del otro lado de la calle hay un bar bastante extraño y todas la noches, salvo los fines de semana, hay un hombre que sale a cantarle a su borrachera las más hermosas canciones. Y yo lo escucho como si fuera una serenata para mí. A veces me pregunto si al mejor estilo mexicano debería prenderle la luz. Pero después me digo "no estás en México. Y no todo en esta vida trata de ti." Así que me acurruco y nada más lo escucho. Cuando pasa una noche y el hombre no canta lo extraño. Me recuerda que el tiempo pasa y que ya pronto será domingo, el día que nos confunde. Porque acaba todo y a la vez nos recuerda que queramos o no, todo volverá a comenzar.


En esta ciudad la vida es un arte, y si caminas con tu Ipod y pones la canción correcta, si escuchas algo como The Almbum Leaf o Ambulance LTD, entonces sientes que eres parte de una película, y que a unos noventa grados en butacas rojas sumidas en la oscuridad hay una audiencia que ve tu vida. Y algo va a pasar. Y me da miedo, porque esa es música de película buena, y en las películas buenas la vida es muy complicada. Yo preferiría Taylor Swift o hasta Miely Cyrus, pero yo sé que no soy, ni seré ninguna Hannah Montana.


En cualquier momento algo va a pasar. En esta ciudad siempre, siempre pasa algo. Una muerte. Un nacimiento. Una ruptura. Un encuentro. Una decisión que lo cambia todo. Un accidente. Una declaración. Un adios. Una bienvenida. Una mirada. Un sueño. Un fin. Un comienzo. Aquí mi hija gateo y caminó por primera vez. Aquí cualquiera da sus primeros pasos. Y por algo me vine acá a dar los míos. Quién me iba a decir a mí que aprendería a caminar al mismo tiempo que mi propia hija.


Yo no sé qué depare el destino. Pero yo amo esta ciudad. Y voy a volver a Caracas. Lo juro como Nino Bravo juró que mañana volvería cuando partió con su beso y con su flor. Pero yo daría lo que fuera por quedarme.

martes, 3 de agosto de 2010

Mi Deseo en Tu Primer Cumpleaños

Hoy hace un año que naciste. Hace un año que te tuve en mis brazos por primera vez. Y lo primero que te dije fue "Hola Preciosa. Bienvenida."


Bienvenida. No hay una mejor palabra para lo que tú has sido. Yo no tengo sino que darte las gracias en este día. Generalmente uno termina dándole las gracias a los padres. Pero yo teniéndote a ti me doy cuenta que es al revés, porque a través de ti yo aprendo cada día lo que es la vida, y descubro una nueva forma de ver el mundo.


No te puedo decir qué clase de mamá soy. Sólo sé que te amo y que hago lo mejor que puedo. Sé que voy a ser intensa, porque esa es mi naturaleza. Y te lo aviso desde el primer cumpleaños, aunque todavía no lo entiendas.


Sé que te voy a llamar mil veces en un sólo día. Sobre todo cuando algo en tu mirada o en tu voz me suene a que quizás no todo esté bien. Me vas a contestar con impaciencia, y vas a pedirme que no te llame tanto. Me dirás que no hace frío, que no hace falta un sweater. Me pedirás que no te trate como a una niñita, que si tienes hambre puedes arreglártelas para comer. Que sí. Me dirás que sí. Que me has dicho mil veces que estás bien. Y los que estén contigo te dirán que no trates así a tu mamá, y sentirás algo de culpa, porque sabrás que te quiero. Te quiero como nada en este mundo. Y eso en el fondo, te va a dar la seguirdad que necesitas para hacer cualquier cosa que te propongas en tu vida.


Verás a lo largo de los años que generalmente la gente se preocupa por cosas sin importancia. Por lo que no trasciende. Verás que te preguntan por lo material. Por lo tangible. Por los novios. Por las carteras. Verás que te alaban si estás flaca, y te mirarán con reprobación si tienes unos kilitos de más. Si llegas a ganar un sueldo millonario te considerarán alguien exitoso, y si andas por ahí con ropa de marca, aún más.


Muy pocas personas te preguntarán cúantas veces has llorado. O más aún, a cuántos has hecho llorar. Pocos te preguntarán si logras dormir tranquila. Si haces lo que te gusta. Si sientes paz al mirarte en el espejo. Qué responderías a la pregunta ¿Vale la pena vivir? Cuántos abrazos has dado. ¿Cuántos besos? Cuántas ayudas negaste que no te costaba nada dar. Cuántas sonrisas regalaste devolviéndole a alguien, sin que lo supieras, la esperanza en los hombres. Cuántas veces fuiste indiferente, hasta abyecta, y cuántas veces te entregaste por completo sin pensar en las consecuencias, y cómo te sentiste después.


No. Casi nadie pregunta eso, ni siquiera a sí mismo. Porque la mayoría de la gente tiene demasiado miedo a enterarse de esas respuestas. Menos aún te las hace a ti. El ser humano es de temer. Es el más peligroso de los seres. De todo lo que habita este planeta, es lo que más potencial tiene de hacerte daño. Y aunque no debes vivir jamás presa del miedo, el daño te lo hará, y cuando te lo haga, no te aflijas demasiado. Es normal. No te dañan por dañarte a ti. Te dañan porque son así.


Pero tú hija. Tú sí debes hacerte todas esas preguntas. Porque si no te gustan las respuestas. Si estás viviendo por los demás y no por ti. Si estás valorando tu éxito por lo que tienes y no por lo eres, entonces, lamento decirte que tienes mil razones para romper a llorar, y no te queda otro remedio que analizar tu vida y comenzar de nuevo. Pues nada vale más la pena que tu propio corazón. Y no es que seas egoista y te lleves al mundo por delante, es que si tu corazón no late a plenitud entonces estará vacío y no tendrá nada que dar.


Yo te escribo estas cosas en tu primer año, porque es lo que siento ahora y lo que estoy viviendo. Porque al verte crecer día a día he ido descubriendo claves para vivir. Tú no entiendes de colores de piel, ni de formas de pensar. No discriminas ante nada. No mides las expresiones de tu amor. Ante la frustración lloras y te empeñas en conseguir lo que quieres. Y ante la felicidad dejas que la carcajada se estrelle contra quién sea. Eres capaz de bailar cualquier canción, y si tienes miedo refugias tu carita en un pecho que sabes que te quiere con locura.


Hasta la cosa más sencilla tiene algo interesante. El mundo es un lugar para explorar. La arena. El mar. La calle. El sonido de las motos. Los olores. Los sabores. El chocolate amargo. El dulce. El melón. La pimienta. Los animales. La textura de los pelos de cualquier perro es una aventura. Una mano. Una mano es la herramienta ideal para agarrar cuando uno camina a lo largo de cualquier calle. Y de ahí te agarras, para no caerte o para volverte a levantar cuando no has podido evitar la caída.


Tengo que agradecerte hija porque me has permitido experimentar el amor más grande que puede sentir un ser humano. El amor que he mas dado es el universo entero, es de las dimensiones de la eternidad. Y lo más hermoso de todo, es que ha ido creciendo con el tiempo. Es un amor que nació el día que naciste tú, pero que ha crecido contigo. Pues también me has enseñado que las madres no son las que tienen un hijo, son las que van creciendo con él.


Ha sido una maravilla ir aprendiendo contigo. Y te pido que me sigas teniendo la paciencia que me has tenido, porque para eso ha servido y servirá tu amor, para que tú también perdones mis errores. Pues la verdad, mi miedo ante la maternidad es que nadie debe, ni puede, enseñarte como hacerlo. Es algo que se vive.


En un año de vida tu me has enseñado más de lo que yo había aprendido en 31 que había vivido sin ti. No sé qué harás de mí en los que están por venir. Espero que sigas inspirando poesías y prosas, y fotos que reflejen cómo vas abrazando la vida y cómo la vamos abrazando nosotros a través de ti.


Cuando ibas a nacer, AL dijo que serías "la niña que va a cambiar el mundo." Y por alguna razón algo me tenía convencida de que eso sería así. Tú eres la niña que va a cambiar el mundo. Recuérdalo, sobre todo en esos momentos en que la duda se esté apoderando de ti y amenace con echar por tierra todos tus sueños. En esos momentos, dile a la duda, dile a aquellos que no creen en lo imposible, que el mundo se cambia en un instante. Que el mundo ya lo has cambiado, una y mil veces. Y si no, que le pregunten a tu madre, porque ella puede dar testimonio.


Desde que naciste he hecho mil cosas contigo que había hecho antes sola. Hemos estado bajo los mismos cielos de Caracas. Bajo lluvias que me han mojado toda la vida. Hemos caminado parques que yo conocía de niña. Hemos visto noches caer y amaneceres llegar. Nos hemos recostado del perro, para demostrarle cuanto lo queremos.


Se podría decir que desde el espacio la Tierra se ve igual que el 2 de agosto de 2009, cuando todavía no respirabas fuera de mí. Pero desde que retumbó el sonido de tu voz Clarissa, en Caracas a la 1 de la tarde de hace un año, el mundo. Mi mundo ya no fue igual. Lo cambió algo. Alguien:Tú. No lo olvides nunca.


Mi deseo en este primer cumpleaños: Que nunca olvides que si tu mundo deja de ser color de rosa, o te compras unos lentes o una caja de colores. En otras palabras, que nunca dejes de soñar.