jueves, 30 de septiembre de 2010

Limpieza General de Mi Cerebro

La luz era como de medio día. Yo subía las escaleras mecánicas de un centro comercial. Tenía que comprar algo pero no recuerdo qué. Estaba con esa urgencia que uno tiene en los centros comerciales, uno siempre está buscando algo, es raro ir solamente a pasear.

La escalera terminó y empecé a caminar, girando hacia mi derecha por un pasillo. El piso era gris, brillante, podía ver mi reflejo en las lozas de un material que no puedo nombrar. Y de repente allí estaba. Como en una especie de café. Las mesas eran redondas y grandes, los asientos eran de cuero rojo y estaban como empotrados a la pared.

Sus manos estaban sobre los hombros desnudos de una mujer de pelo rubio, y los frotaban como si fueran una especie de genio maravilloso. La mujer tenía puesta una especie de toalla blanca, como si acabara de salir del baño. ¿Qué hace así vestida aquí? Pensé yo. Esa mujer está loca. Y él está todavía peor.

Y claro que estaba peor. No me saludó. Me ignoró. Como si yo no fuera nadie. Como si fuera transparente, un espectro, un fantasma, un holograma del aire, partículas de luz, como si no tuviese ni sombra, ni materia, ni huesos, como si no lo estuviese viendo ahí en pleno centro comercial sobando a una tetona, parada como una estúpida con mi cartera guindada al hombro.

Como no me habló yo me senté en una mesa y pedí una limonada. Y allí termina el cuento.

Segunda parte.

Él tiene un sweater púrpura, gris y azul de esos que tienen una capucha y un cierre. Tiene el pelo largo y liso. No es la primera vez que estoy en esa casa, estuve una vez pero no estaba él, estaba con uno de sus amigos, un gordito que se puso a revisar sus discos y a ponerlos mientras lo esperábamos. Nos pusimos a bailar sobre el piso de granito negro. Él nunca llegó. Empezó a llover muy duro y nunca paró de llover.

Pero la vez del sweater púrpura él si estaba. Tenía el pelo largo pero más liso que nunca, como planchado, como mojado. Mi hermana había ido conmigo. Ella se sentó con mi bebé en una mecedora de madera, el bebé tenía sueño iba a dormir, estaba vestido con un faldellín como de bautizo.

Yo aproveché para ir a la cocina. Una cocina de esas de cemento, muy rústica pero con ollas de cobre por todos lados, trastos, cachivaches, peroles, como si cocinara todos los días y no ordenara nada.

Él estaba parado frente a la cocina porque tenía montada una greca con capacidad para más tazas de café de las que cualquier estómago sano podría soportar. La miraba intensamente, como si conversara con el fuego que calentaba el café. Yo me acerqué despacio, sonriendo y pensando que esa cocina no me pegaba nada con él.

- Gracias por tenerme aquí. – Le dije.

Él sonrió. Entonces lo abracé con cariño. No fue un abrazo de segundas intenciones, sino más bien sincero. Pero a él no le gustó. Me puso mala cara y se apartó. No me dijo nada.

Llegó la hora de dormir, me fui a acostar a y cuando vine a ver él estaba ahí en la misma cama. No es que fuésemos a hacer nada. De hecho él ya se había dormido y me daba la espalda. Me acosté boca arriba y no podía dejar de pensar en lo de la cocina. Entonces me senté en la cama y dije:

- Quiero pedirte que no malinterpretes lo de la cocina. No fue lo que tú piensas. No fue un abrazo de otra cosa, simplemente de amistad. ¿Por qué te pusiste así?

No llegó a responder. Allí termina el cuento.

Estos sueños que han estado en mi mente estos últimos meses. Unos sueños que no puedo olvidar. ¿Significaran algo más que mi cerebro haciendo limpieza general?

lunes, 27 de septiembre de 2010

¿Quién ganó?

Ayer, mientras los rectores del CNE caminaban hacia sus sillas me sentía con orcas y tiburones blancos, no en la barriga, sino está vez hasta los capilares. Llámame Verónica Castro, me provocó decir, esta campurusa novelera se va a desmayar. Le leía la cara, el tono de voz, las palabras iniciales, termina de dar los resultados pues, provocaba gritarle, ya sabemos que somos electores y electoras, ya a estas alturas nos han ofendido mucho más a las mujeres que por el simple hecho de nombrar todo sustantivo femenino aprobado por la RAE.

Cuando todo terminó me quedé en neutro. Me quedé así como si hubieran anunciado que ganó el Miss Universo la representante de República. Sí, República, pero ¿cuál? ¿Checa? ¿Del Congo? ¿Bolivariana? Tardé unos minutos para entender.

Tomando en cuenta el ventajismo, la arbitrariedad, la manipulación de la ley, de la constitución, de los recursos del estado. Tomando en cuenta una Mesa de la Unidad que costó Dios y su ayuda armar y mantener, que muchos de sus actores cuentan con poco respeto y credibilidad, y que en un mundo ideal no los votaríamos ni para panaderos de media noche. Tomando en cuenta la desmotivación o la apatía de un gran sector. Aún así, el gobierno perdió la mayoría calificada, y lo que es más, la UNIDAD sacó más votos que la otra opción.

La victoria fue contundente. Y la victoria fue de la UNIDAD. Pierden no sólo el partido que decía que iba a arrasar y no arrasó, sino que pierden todos los que no apostaron a la UNIDAD, pues el país, sí está interesado en cambiar. Sí está interesado en participar en las decisiones clave para su futuro, pero quiere hacerlo siempre y cuando los factores políticos demuestren que son capaces de superar cualquier ambición por el bien común.

Ciertamente, la UNIDAD del 26 de septiembre no fue la ideal. Todavía hay políticos que no terminan de entender que aquí el que tenga agenda propia a menos de que sea LEC, no va a contar con mucho apoyo. Ya lo hemos vivido en el pasado, sino pregúntenle a Liliana Hernández.

Yo hoy amanecí orgullosa de ser venezolana, pues ante una situación compleja y extremadamente difícil dimos la talla. A pesar de que hubieran hecho lo imposible por arrebatar lo que se logró conseguir trabajando con la uñas, no pudieron hacerlo, porque al final este país, se cansó de los personalismos, del narcisismo y las manipulaciones de “o me quieres o te dejo.”

Aprendimos que uno no apaga la luz hasta que no sale el último boletín. Aprendimos que es verdad que el voto puede más que la bota. Aprendimos que el que divide vence pero que tarde o temprano llega una unión que es pura fuerza.

Ayer el que realmente perdió fue el que le apostó a la división. Al enfrentamiento. A la fatiga, al cansancio y la desmoralización.

Recuerdo que hace ya unos años había una campaña que decía, “ahora Venezuela es otra.” No pienso que sea otra, sigue siendo la misma, sólo que un poco más madura, y por fin encontrándose a sí misma.

Lo importante ahora es que no se nos olvide que quién ganó ayer de verdad fue la UNIDAD.



jueves, 23 de septiembre de 2010

Personajes que Votan

Cada quien tiene sus razones para votar, según su personalidad o su realidad. A veces votar es mucho más una cuestión de vida que una cuestión de política.

- El idealista: Vota porque cree en Venezuela.
- El enamorado: Vota para decírselo a su adorado tormento, para escribirle. "Mi gran cuchuchurro, mi cochapechocha, ya voté."
- El deprimido: Vota para desahogarse con los demás que están en cola.
- El sometido: Vota para que la Cuaima no lo bote por tres noches de la casa.
- El mameco: Vota porque su mamá dice que vote.
- El jalabola: Vota para contárselo al jefe al día siguiente.
- El buzo: Vota porque hay una chama que siempre es testigo en su centro y tiene unas tetotas.
- La vieja: Vota para sacarle provecho a las arrugas haciendo la cola de la tercera edad.
- El chamo: Vota porque acaba de cumplir los 18 y se siente importante.
- El esposo echa carro: Vota para no tener que cuidar a los chamos.
- La embarazada: Vota porque gracias a la barriga no hace cola.
- La chismosa: Vota para ver quién va sin el marido, quién lleva las tetas operadas, y si es verdad que el gordo que vive a tres cuadras perdió 20kg.
- El cacho: Vota para no pensar en que es domingo y que el tipo está con su familia.
- El infiel: Vota a ver si en la cola se levanta otra porque ya hasta el cacho parece una esposa.
- La esposa: Vota porque quiere pillarse si la tipa esa de culo respingado va y qué cara pone el esposo.
- El abuelo: Vota porque se lo quiere contar a su nieto.
- La abuela: Vota porque se lo quiere contar a sus amigas en la peluquería.
- La soltera: Vota porque lo que no se muestra no se vende.
- La enamoradiza: Vota porque tiene once años haciéndose ojitos con el jefe del Plan República de su centro, que aunque parezca mentira no han cambiado.
- El jugador: Vota porque apostó a un candidato específico.
- El faramallero: Vota porque quiere pantallar con el Blackberry torch.
- El deportista: Vota porque le queda justo en el último Km de los 10K que quiere correr ese domingo.
- El flojo: Vota porque es la perfecta excusa para decir: "No hice ejercicio hoy, tenía que votar."
- La que no puede más con la dieta: Vota, porque puede ir tempranito y cachito antes de las 7 am no engorda.
- El despechado: Vota porque se imagina que mientras él está votando la chama que lo botó también lo está haciendo, hasta le provoca escribir un grafiti: "Caro, no te pude dar mi voto, pero voté por ti. TQQJ."
- La talibana: Vota porque lo dice Martha Colomina.
- La foca: Vota porque lo dice...tú sabes quién.
- El atormentado: Vota para decir que tardó cinco horas en votar, no tenía agua, no podía ir al baño, se le quedó el celular sin pila, la máquina de su mesa se dañó, a una señora en su centro le robaron la cartera, pasaron unos motorizados a una cuadra pegando gritos, y además no come desde las seis de la mañana.
- El Optimista: Vota para llegar diciendo, una maravilla, rapidito, nada de cola, muy decentes los del plan república.
- La vieja manda cadenas: Vota para llegar a su casa escribir un mail sobre un chisme que le contó la señora que tenía atrás, que su vecina es prima de un militar y mandarlo en cadena a todas sus amigas.
- El crédulo: Vota porque le llegó un rumor por Blackberry de que si no votabas no te iban a dejar salir del país.
- El ama de casa: Vota porque el abasto al lado de su centro tiene azúcar morena.
- El goloso: Vota porque en su centro se para siempre un heladero y desde que anunciaron la fecha de las elecciones está salivando. Ya es tradición, dedito morado y Pastelado o Crema Real.
- El pela bola: Vota porque es gratis.
- El desordenado: Vota porque después de creerla perdida durante nueve meses consiguió la cédula.
- La sifrina: Vota, porque su mejor amiga le dijo "osea marica, tenemos que votar."
- El jordan: Vota porque es maaajjjjfinooo!!!
- La habilidosa: Vota porque tiene pensado hacerle propaganda a los zarcillos que está haciendo en la cola.
- El mata tigres: Vota porque va a vender cafecitos y ponqué en la cola.
- La caritativa: Vota porque llevarle comidita caliente a los de su centro de votación.
- La desarrapada: Vota porque puede ir vestida como le de la gana.
- El lector: Vota porque se lleva su libro y se sienta a leer en la cola.
- El recién llegado: Vota porque se vino para Caracas sólo a votar.
- La madre orgullosa: Vota porque quiere presumir de hijo con las vecinas. Así sea recién graduado, recién casado, recién papá, recién empleado o recién nacido.
- La cuaima: Vota para tener una razón para armarle un peo al marido en plena cola "Bueno Luis. Allá tú. De verdad qué decepción. Qué pena contigo vale...no se puede, hasta para esto es una lucha contigo. ¿Le diste la comida a la niña?"
- El que tiene perro: Vota porque de una pasea a Fifí.
- El vivo: Vota porque dice que fue a llevar al abuelo y se colea con la tercera edad.
- El nervioso: Vota porque en día de elecciones no se puede quedar en su casa.
- El borrego: Vota porque sus amigos votan.
- El apático: Vota porque le da fastidio tener qué explicar por qué no votó.
- El obsesivo-compulsivo: Vota porque si pasa un año sin botar puede tener un episodio psicótico.
- La recién vestida: Vota para echárselas con su cartera de marca.
- La vieja sifrina: Vota con su camisa de cuello de rallitas muy a lo Carolina Herrera, sendas perlas, sombrero de Panamá y radiecito en los oídos.
- El desempleado: Vota para repartir el curriculum en la cola.
- El turco: Vota para ver si le puede vender el carro a los que están en la cola.
- La madre soltera: Vota porque ese día no hay plan con los chamos.
- El eufórico: Vota porque quiere rumbear esa noche.
- El fanático de la tele: Vota porque los domingos la televisión es una mierda.
- El nube negra: Vota porque el sábado no hubo rumba por la ley seca, todos los domingos son una ladilla y no hay nada qué hacer, y odia, pero es que odia los lunes.
- El loco: Vota porque vio un Ovni en la Gran Sabana y le pedió que votara.
- El místico: Vota porque en los centros de votación se concentran energías que hay que absorber y contrarestar.
- El farandulero: Vota porque en su centro vota una que fue Miss Venezuela hace dos años y la quiere ver.
- El viejo verde: Vota para busearse a las chamitas que están en la cola.
- El Intelectual: Vota porque en democracia hay que votar.
- El religioso: Vota porque el curita llamó a votar.
- El comprometido: Vota y en la tarde vuelve para cuidar su voto.
- El sabiondo: Vota porque le fascina enseñarle a la gente cómo votar.
- La vieja enterada. Vota porque le encanta decirle al sabiondo que a ella no le dijeron así.
- El estafado: Vota porque la única vez que no botó lo mandaron a un centro en otro estado y fue un drama arreglar sus datos en el REP.
- El soñador: Vota porque está convencido que la democracia es el camino.
- La fashion: Vota porque tiene el conjunto perfecto para ir a votar.
- La enferma: Vota poque si se queda tirada en su casa se muere.
¿Y tú?
- El Ni-ni: Vota porque le convencieron.
- El quejón: Vota para quejarse del toque de Diana, de la pepa sol que le tocó llevar o de la lata de agua que lo mojó, de la cara de burro con sueño de la presidenta de su mesa, y de que le dejaron hasta el codo morado con la tina.
- El fumador: Vota porque ya no lo dejan fumar en la casa y en la cola aprovecha para bajarse una cajetilla.
- El fanático de la liga española: Vota porque él es del Barca y en su centro hay un pana que siempre vota y es del Madrid y lo que quiere es ir a darle coquito.
- El que lo tenía escrito: Vota porque aunque es de le peor y no iba a votar porque cuando llegó al centro la cola era muy larga, pero lo está trancando otro carro y ni modo, ahí se tiene que quedar.
- La adicta a Globovisión: Vota porque si no, puede que no entienda bien qué están diciendo en Buenas Noches.
- El pichirre: vota porque tiene que sacerle provecho al poco de gorras y franelas que ha comprado en las marchas...y le importa un pepino que alguien le diga no lo puede usar. Él lo va a usar no joda!
- El buen ciudadano: Vota porque votar no es sólo un derecho, es un deber.
- El decidido: Vota porque dijo que iba a votar y va a votar!
- El estudiante de Roberto Mata: Vota porque es un momento perfecto para hacer cualquiera de las tareas!
- Manu: Vota por come flor, porque la esperanza es lo único que se pierde, pero que votar es una opinión y para opiniones tengo las mías, porque si no después con qué moral me quejo, porque como dijo Winton Churchill "la democracia es lo peor que tenemos, pero es lo único que tenemos." y uno de los ejes principales de la democracia es el voto. Y bueno lo confieso...porque si no voto el peo que me arman entre mis amigos y mi familia...es nuclear.
- Tú. Por una, todas, cualquiera de las anteriores o una hecha a la medida. No importa el por qué, lo que importa es VOTAR.

Al final, al VOTAR estás haciendo algo por tu país y eso es lo que importa. Lo único que importa.

martes, 21 de septiembre de 2010

La novia mal pegada de Venezuela

Así me siento con mi país:

Yo soy la chama. La chama enamorada, mal pegada, casi obsesiva, que está todo el tiempo pendiente del tipo. Se convenció de que no puede vivir sin él y es capaz de sacrificar casi cualquier cosa, porque está convencida de que ese tipo es el hombre de su vida.

El tipo me trata como una mierda. Nunca llama. No aparece. Cuando aparece embarca. Anda con otras, pero flagrantemente y con el mayor descaro. Es maleducado, no tiene detalles, no es cariñoso, sino todo lo contrario. Un golpe y otro, y otro y otro. De verdad que la vida con él es un infierno.

Sólo que de vez en cuando es capaz de desatar un encanto tal, una forma tan suya de hacer las cosas que me tiene ahí pegada y enamorada. Es un galán. Un bellito de los peores, de esos que despliegan un brillo que cuando sonríen no les ves el colmillo. Cuando se porta mal trae flores, me lleva a ver la película que yo quiero, me hace cariñito en el pelo, me agarra de la mano y pasa un par de semanas en las que no tiene ojos sino para mí. La verdad es que es un seductor. Se sabe mover bien.

Las secuelas psicológicas de esta relación son graves. He llegado a estar tan depre que he estado a punto de decirle a mi psiquiatra, "pana mándame unas pastillitas, porque de verdad que el nivel de angustia que tengo, el nivel de tristeza no sé si lo pueda manejar a pelo."

Sé de otra gente que está en la misma. Hombres y mujeres atrapados en la misma relación enfermiza, sin saber qué hacer. ¿Le terminas? Terminar siempre es una opción, pero terminar suena más fácil de lo que resulta ser en realidad. No eres del tipo que va a andar por ahí dando tumbos, y la verdad es que aunque hay muchos peces en el mar, al final todos tienen branquias y escamas. ¿Qué te garantiza que la próxima realmente va a ser mejor? Tengo amigos que han terminado sus relaciones, se han buscado otra persona, te cuentan lo maravillosa que es los primeros meses y después están otra vez a los coñazos.

Al final, nadie puede escribir un manifiesto en el que puede firmar con sangre que es más feliz que tú, en tu relación de mierda.

Y por último hay un último argumento. El amor. El amor puro y simple. Es tu pareja. Es la persona con la que dijiste que ibas a estar. En el fondo sabes que te quiere, que hace lo que puede, que te trata mal, pero que en el fondo no es mala. Y están tus sentimientos. El amor que tú sientes. ¿Qué haces con eso? ¿Lo tiras a la basura? ¿Lo desechas como si no fuera nada?

Suena fácil. Pero no es. De verdad que no lo es.

Ese "novio" esa "pareja" de la que formo parte, somos Venezuela y yo. Así me siento con mi país. Como una novia mal pegada. Y es el país en general el que me cae a coñazos y me lleva y me trae. Hay días que lo amo. Hay días que lo odio, que no lo quiero escuchar ni nombrar. Hay digas que me levanto arrecha con ganas de exigirle que me traiga las flores y los regalos y me jale toda la bola que me merezco, como la tremenda novia que soy. Días en que me da rabia que me pague tan mal el potencial que me gasto en él.

He pasado noches en vela, caminatas, sesiones de ejercicio, sobremesas , cervezas, cafés, helados, comida sana y comida bastante chatarra, sola y con amigos, con mi esposo, con otros miembros de mi familia, con amigos y con no tan amigos, discutiendo y hablando, formulando teorías, haciendo planes, o no haciéndolos porque no se puede, porque ¿cómo vas a planear algo si no sabes si vas a tener luz esta noche en tu casa? Si no puedes responder esa pregunta, como vas a responder la de ¿Cómo te ves dentro de diez años?

Pega estar en este país. De verdad que pega. Pega la incertidumbre. La inseguridad. Tantas cosas que si uno se pone a nombrarlas entonces terminas hablando de penas y penurias y no sales del círculo vicioso otra vez. Deprimirse aquí es tan fácil que da miedo. La piel del corazón del que vive aquí tiene que ser dura. Nos hemos vuelto un país de Pobres Corazones, de Locos Corazones, tal cual como lo describe Fito Paéz en su canción, un país en el que todo se incendia y se va.

Razones, en toda la extensión de la palabra para no hacer nada por Venezuela sobran. Razones para no recoger el papel del suelo, para no pagar impuestos, y claro está para no votar.

Decir que culpo al que todavía no se ha decidido. No. No se le puede culpar. Es como decirle que culpas a la que no quiere besar a ese novio que tan mal le ha tratado. Pero al final. No es cuestión de culpas. Ni de verdades. Ni de blancos y negros. Al fin al del día, como me dijo una lectora de este blog, tu agarras a una persona y le dices, yo decidí estar contigo y mientras esté contigo voy a echarle pichón a esta relación.

Porque el amor es ciego, y no es ciego para que el feo se pueda levantar a la flaca bella, ni es ciego para que la gordita le tumbe el novio a la Miss Venezuela, esa parte es la que llaman química, seducción. El amor es ciego para que puedas acercarte al borde del tejado y darle la mano a tu compañero cuando está a punto de caer.

Entonces Venezuela, yo decidí estar contigo y voy a echarle pichón. Yo sigo estando allí. Me cuesta demasiado pensar en dejarte. Como dice el personaje de Antonio al final de aquella película de Almodovar "te quiero coño, te quiero."

Yo todavía tengo la esperanza, esa esperanza quizás tonta y absurda de las personas locamente enamoradas, que un día logres cambiar, y no me trates tan mal.

Sí. Es cursi y todo lo que quieras. Pero yo voy a votar porque quiero a Venezuela, y porque es una de las cosas que realmente puedo hacer para echarle pichón a esta relación.

Al menos yo lo veo así. Y para terminar en la misma nota cursi "Sin hacer más comentarios. Somos novios."

Nos vemos el 26 de Septiembre, yo seré la del dedito morado, que siempre hace la cola de la mesa que no es.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Un Blackberry que Viva por Ti

Un resplandor azul le ilumina la cara al que está sentado del otro lado de la mesa. El menú sobre el plato esperando a que lo levanten, su cabeza inclinada, su mirada perdida en la pantalla, como si fuese la bola de cristal que en cualquier momento le anuncia que algún día se gana el loto, los pulgares clickeando furiosos, tecla tras tecla tras tecla, como si de adentro del aparato fuesen a salir una cantidad de insectos que si no se detienen, acaban con la humanidad.

Miras a tu alrededor. Hay más idiotas como tú, que miran su menú o estudian el decorado del techo mientras su supuesto interlocutor salva al mundo a través de la pantalla de su Blackberry. Luego hay mesas en las que todo el mundo está en el mismo plan. Ya lo dudas. ¿Será que se están hablando entre sí a través del aparato? No parece. En una mesa uno se ríe, el otro tiene cara seria, y el tercero más bien parece reflexivo, como si estuviera ayudando a alguien con un problema.

De repente tu compañero levanta las cejas y suspira, parece que le han dicho algo que no le ha gustado. Le preguntas. Pero te dice ya va, un segundo. No se puede clickear y hablar al mismo tiempo. Después de todo, si quisieran hablar contigo te habrían invitado a uno de esos chats en conferencia.

En eso te empiezan a hablar. Por fin. Tu presencia acaba de volver a recobrar la importancia que tú pensaste que tenía. Después de todo estas ahí, enfrente, con toda tu carne y todos tus huesos, eso debería contar para algo. ¿No? No pareciera justo que el protagonismo se lo robe uno que ni siquiera está ahí.

Cuando por fin terminaste de comer fuiste al baño y al meter la mano en tu cartera te encontraste con tu aparato cuya luz roja titilaba. Te mandaron varios mensajes mientras estabas comiendo, uno de los cuales es la palabra PING, que pronto será admitida por la Real Academia Española como: 1. m Expresión de irritación ante la negativa a responder de un interlocutor del blackberry messenger. 2.expr. coloq. coño de tu madre mariquito agarra esa porquería ya.

Te miras al espejo y te preguntas ¿no se puede pasar un rato aislado del mundo? Pareciera que la respuesta es un rotundo no. Ni el mundo te deja que te aísles, ni tú te lo permites. Entonces repetimos aquello de que el Blackberry aleja a los que están cerca y acerca a los que están lejos. Y la verdad es que no, porque aunque contestes un mensaje inmediatamente el otro sigue estando lejos, no está ahí, no está enfrente, con el menú, el refresco, con el ruido de los platos y el murmullo de las conversaciones del restorán.

Uno ve gente que no maneja por andar viendo el Backberry, que se ha dado su mamonazo por el bendito teléfono. Están los que no ven por dónde caminan. Los que no ponen atención en clases. Están hasta los que lo utilizan en el cine, porque ya ni Hollywood es suficientemente importante para merecer que se apague el dichoso aparato.

La tecnología por supuesto que trae cosas buenas y sin duda, el Blackberry es un invento positivo, que facilita el trabajo de muchas personas y que incluso, bien utilizado hasta permite sacar tiempo libre, y que ayuda a la comunicación de una forma que hasta hace poco no imaginábamos. Pero a veces no vivimos por estar en otro lado, a veces no vemos lo que tenemos enfrente por estar leyendo lo que tenemos lejos. Y si bien es cierto que hay momentos en que es justificado, la gran mayoría de las veces no lo es.

Yo pasé tres meses dejando el aparato en mi casa. Por múltiples razones, y la verdad es que oh sorpresa, sigo viva, sigo en el mundo, mis amigos siguen siendo mis amigos, sigo siendo hija de mis papás, dueña de mi perro, escribiendo en este blog, sigue habiendo un sábado después de un viernes y un domingo en el que la ciudad se levanta tarde, la lluvia sigue mojando. No ha implotado el universo porque ahora uso menos el Blackberry. Y la verdad se me habían olvidado ciertos detalles que había dejado de ver, en la calle, en el metro, hasta en lo que pienso cuando ando por ahí sin distracciones.

No hay que olvidar que el Blackberry, a veces es sólo un Blackberry y que muchas veces por estar pendiente de la pantalla estás dejando de disfrutar de lo que tienes enfrente, estás viviendo pero sin vivir. Después de todo, todavía no han inventado la aplicación para que al aparato viva por ti.

martes, 14 de septiembre de 2010

Odiado Buzón de Mensaje

Odio las grabadoras. Las odio. Yo me imagino que la que grabó el "al finalizar el tono tu llamada será atendida por el buzón de mensajes." estará un programa de protección especial, yo me la encuentro y mínimo le jalo el pelo. Nada más recordarme el timbre de esa voz me desespera.

Es que las contestadoras son puras mentiras. "Te devolveré la llamada a la brevedad posible." La primera mentira, empezando porque esa "brevedad posible" es tipo terminada de novio parrandero, una cosa que se puede interpretar de cualquier manera.

Por otro lado, uno se aprende las contestadoras de la gente a quien llama mucho. Están las apuradas, "déjametumensaje." no pueden ni siquiera decir "hola." Esas contestadoras me asustan, me hacen sentir que llamar fue un error, que interrumpí algo que además no sé qué es, que la persona estaba viendo el teléfono así como "¿Y qué quiere esta ahora?"

Después están las que son todo lo contrario, una lentitud, como si no te cobraran por la llamada, como una que tenía mi hermana:

"Hola, en este momento no te puedo atender, a lo mejor tuve que ir al banco y sabes que en el banco no te dejan tener el teléfono prendido, quizás estoy en el carro y yo no uso el teléfono en el carro, porque hace como dos meses me multó un honguito de Chacao y yo le reclamé, entonces me dijo que se llevaba la unidad detenida, entonces bueno, a lo mejor no te atiendo porque no consigo el celular en la cartera, sí yo sé, me debería comprar otra cartera, pero es que todo está tan caro, en fin, déjame tu mensaje, besos a todos por tu casa y cuídate."

A ella se le dejaba un único mensaje: "Coño chama, cambia ese saludoooooo!!! Joder." y casi siempre terminaba con "ahora no me acuerdo para qué te llamé."

Hubo una época que mi saludo eran mis sobrinitos, que con su voz de niño decían: "este es el teléfono de mi tía Manu, déjale tu mensaje." También me llovían los "ya no me acuerdo para qué te llamé" pero todo era, "demasiado cuchi tu saludo."

Otra contestadora que no soporto es la que sólo dice el nombre. Te sale algo así como: "Raquel Mosquera." Además la gente que tiene este saludo es como si estuviera dándole su nombre a la policía justo antes de que le tomen la foto esa del arresto. Escuchas el nombre y no has ni terminado de pensar en qué vas a dejar como mensaje y ya suena el pito. Entonces uno siempre termina dejando un mensaje de bolsa "Eeee... Raquel...sí, hola es Manu...esteeee, nada te llamaba porque dejaste aquiiiií...eeee, aja sí creo que se te quedó tu sweater en mi casa..." Me choca eso, si vas a tener contestadora deja un saludo.

Después están las contestadoras de vieja, como la de mi mamá, que cómo no sabe usar el celular entonces es algo así como "eee, ya? lo digo? ...ajá, te has comunicado con Fulana, por favor deja tu mensaje. Listo.....ahora a qué le doy?....ya? Se paró?....eso es todo..." Cabe destacar que durante todos los puntos suspensivos uno escuchaba las teclas del celular que la señora apretaba. Y no se le podía decir nada, porque si es te ocurría decir "mamá tu contestadora es un desastre, te salía regaño: "es que claro, USTEDES, no me enseñan a usarla."

Y ni hablar de las contestadoras corporativas. Las que te dicen cosas como: "Gracias por llamar a Fructos de Venezuela, si conoce la extensión márquela ahora, si no espere en línea." A veces suena musiquita, a veces no, a veces te dejan esperando. Esas se ve que son las baratas, las chimbas, las que le hacen a uno perder el tiempo.

Después están las que tienen diez mil tipos de números que marcar, "para comunicarse con ventas, presione el 1. Para comunicarse con mercadeo, presione el 2. Para comunicarse con recursos humanos, presione el 3. Para comunicarse con el almacén, presione el 4. Para hacer un pedido, presione el 5." Pero si no nombran el departamento exacto con el que quieres hablar, te confundes, le das a cualquier botón y te jodes, atiende alguien y te dice:

- Buenas tardes. - Y tú como bolsa. - Hola, sí estoy llamando porque hice un pedido y no me ha llegado. - Sí cariño, pero es que esto es mercadeo. Un momento.

Y te devuelven otra vez a la contestadora. Para que te jodas.

Y de último de las que más odio, son las que tienen música de ascensor y cada dos minutos interrumpen para decirte: "En este momento todos nuestros representantes están atendiendo a otros clientes, por favor espere en línea." Me provoca gritarle y decirle: espero que tus "representantes" estén atendiendo a otros clientes y no comentando el color de los mocos del hijo de la ventas, y ¿qué más quieres que haga además de esperar en línea? ¿Me voy a tus oficinas? ¿A hacer una cola de cuatro horas? Porque en Caracas no hay cola ¿verdad? Porque yo sí que me saco los mocos todo el día, ¿verdad?

Confieso que si me llaman y no atiendo escucharán mi voz diciendo el clásico "te has comunicado con el tal tal tal..." y yo prometeré al final devolver esa llamada. Pero lo más probable es que no lo haga. De hecho, he pensado varias veces en quitarle la careta a mi buzón de voz, y cambiar el mensaje por: "Te has comunicado con un cel que estará sin pilas, en vibrador o detrás de algún sofá olvidado, por favor no dejes tu mensaje, no es personal, es que no los escucho, odio las contestadoras, más rápido me contactas por twitter @manuelazarate."

Eso sería una contestadora sincera. No me quiero imaginar las mentadas de madre de mi familia, y los "¿qué coño te dio ahora con la contestadora?"

No es la contestadora, es que a veces es mejor un pelín de sinceridad. ¿No? Mínimo así no me podrían reclamar con, es que te he dejado mil mensajes.

lunes, 13 de septiembre de 2010

EL LEÓN, LA BRUJA Y EL IPOD

Toda mi vida me ha gustado la música. Yo estoy depre y me da por escuchar música. Estoy contenta y me da por escuchar música. Estoy brava con alguien y a veces, me da por escuchar música. A veces cuando no puedo dormir, si no es leyendo paso el insomnio escuchando música.

Hay música que hace que todos los músculos de mi cuerpo se tensen y hay música que funciona como una máquina del tiempo, me lleva casi físicamente a momentos que viví. Hay caras que a veces no logro recordar, como la de algún novio, y sin embargo al escuchar ciertas canciones allí está. Nítida perfecta, como si no hubiesen pasado 24 horas desde la última vez que nos vimos. Estoy convencida de que la memoria tiene una zona que es meramente musical, que trabaja única y exclusivamente con música, y que hay canciones que están ligadas a una persona casi como su foto.

Por otro lado hay veces que escuchando música me siento parte de la humanidad, o parte de algún mensaje, como con Where is the Love the Black Eyed Peas, igual que cantar canciones relacionadas con Venezuela me mueve el patriotismo.

La música me ha servido para pasar despechos, para encontrar formas de decirle a alguien te quiero, o ya no te quiero como antes. Me ha servido para decirle a una amiga siempre voy a estar ahí y también la he utilizado para dar un consejo. Me ha pasado también que hay canciones que me hacen sentir que hay cosas, cosas que pienso o que siento y que no sé cómo expresar y de repente, escucho una canción, y ahí está. A veces hasta siento que son cosas tan elementales que me pregunto cómo no supe expresarlas yo misma.

Hace un par de meses me pasó lo que llamé una crisis existencial musical. Empecé a pasar las canciones de mi Ipod, una detrás de otra. Era como si estuviera cansada de ellas, como si de repente no me dijeran nada, como cuando una relación se desgasta y necesitas un espacio, algo más o menos así.

Entonces le dije al catire, que es musiquito, de los que le dice cosas como, "no puedes llamar rock al brit pop" y tiene nosécuántas mil canciones en su Itunes, "¿sabes qué? Pega mi Nano a tu Itunes y que baje lo que quiera. Voy a empezar a escuchar lo que tienes ahí, a ver qué sale."

Hubo un momento que dije estoy va a ser un error garrafal. De proporciones gargantuescas. Andar por ahí con la música de otro es como andar por ahí con un pañal, es además como montarle cacho a la música de uno, porque yo estaré loca, pero a veces pareciera que lo que suena en mi Ipod, es como si cantara para mí. A veces hasta parecera que el shuffle tiene vida propia, o me entiende perfectamente o me saca lo contrario de lo que quiero escuchar, pero de cualquier manera es mío.

Sin embargo estaba equivocada. Haber tomado "prestado" ese Itunes fue lo máximo. Lo que descubrí me dejo...bueno...me revolucionó. Descubrí U2 como nunca antes lo había visto, The National, Ambulance LTD, Los Planetas, Panda, Travis...hasta Shakira con sus Pies Descalzos empezó a sonar diferente. Descubrí mil canciones, que a lo mejor son de lo más obvias y han estado ahí por años pero que para mí son nuevas, y de cierta forma es como si hubiese hecho un inventario de mi vida a través de estas canciones. Algunas me hicieron soñar con el futuro y otras me llevaron al pasado.

Entonces empecé a pedirle a otra gente algunas canciones, a ver cómo es eso de los gustos musicales. Si es verdad que te puede gustar Celia Cruz y Joy Division, José Luis Perales y Pearl Jam, The National y Miranda.

En todo caso este tema de la música me ha inspirado como pocas cosas. Me siento a escribir con el Ipod y a veces me imagino que las teclas de esta computadora son las teclas de una especie de piano, que a mi manera hago una especie de música.

Vamos a ver qué sale. Espero que en un futuro no muy lejano pueda compartir mi proyecto con ustedes. Un proyecto en el que entrando al Ipod me econtré, con león, bruja y todo el resto de la fauna, todas las guerras y todo el peligro. Por ahora, de vez en cuando me gustaría compartir una canción.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Yo Quisiera

Yo quisiera caminar como un perrito pequeño. De los mínimos, esos que van trotandito con cara seria y paso firme. Yo quisiera cocinar como las personas que cocina en televisión, con todo limpiecito y como si mi sueldo dependiera de ello. Yo quisiera andar por la calle como empujada en un coche, como si en vez de caminar fuera rodando.

Yo quisiera correr como Forrest Gump. Quisiera nadar como Thorpe. Yo quisiera hacer Yoga como un yogi. Quisiera limpiar la casa como Mónica de Friends, como si "vamos a buscar la escoba!" fuese una de las frases más emocionantes. Quisiera tomar vino como si fuese viernes por la noche con amigos, como si no existiera el ratón.

Yo quisiera tomar café como si tuviera que estar despierta toda la noche. Quisiera comer chicle como si estuviera en un campeonato de bombas. Quisiera hacer bombas de jabón como si estuviera buscando una lo suficientemente grande como para meterme en ella, como si las bombas de jabón no explotaran nunca.

Yo quisiera nadar en el mar como si fuese mi propia bañera particular, inmensa y sin fin. Quisiera brincar olas como si fuese una profesional en pleno Campeonato del Mundo, como si estuviese a punto de romper algún record. Quisera caminar con tacones como una modelo de Victoria Secret. Quisiera usar pintura de labios roja como si fuera una mujer en una foto de los cincuenta. Quisiera usar una corona de miss.

Yo quisiera usar vestidos anchos como Scarlett O´Harah en Lo Que El Viento Se Llevó. Yo quisiera recibir cartas en sobres blancos que digan POR AVION y que tengan rallitas azules, rojas y blancas, me gusta leer la letra de la gente, me imagino su cara escribiendo, en cambio cuando leo un email me imagino una voz.

Yo quisiera escribir como si yo fuese las letras del libro, no como si fuese el lector. ¿Se entiende eso? Yo quisiera ser la historia, ser página. Yo quisiera tener una tapa para poder cerrarla de vez en cuando, quisiera guardarme ciertas respuestas, cierto misterio.

Quisiera no recordar siempre. Quisiera que la memoria fuera un poco más exclusiva, un poco más manejable, igual que algunos sueños. Quisiera tener voz y voto en cuanto al número y la calidad de las pesadillas.

Yo quisiera ser ex integrante de Mecano. Yo quisiera llevar el pelo corto.

Yo quisiera tomar cerveza como los que se sientan afuera de sus casas en sillas de plástico, de esas que tienen el respaldar redondo, que son bajitas y muy viejas, que están deshilachadas. Esa gente que se ha sentado ahí desde que sintieron que estaban demasiado grandes para jugar pelotica de goma en la mitad de la calle.

Yo quisiera levantarme todos los veinticinco de diciembre como si a la vida se le hubiese pasado por alto revelarme que Santa Claus no existse.

Yo quisiera darle la vuelta al estadio de las olimpiadas con el equipo de mi país.

Yo quisiera tocar guitarra como ese amigo que todos tenemos que toca guitarra. Yo quisiera bailar como Joaquín Cortéz, sin el escenario sólo quiero zapatear duro.

Quisiera dormir como si no tuviera nada que hacer al día siguiente. Quisiera bañarme como si fuera directamente de la lluvia. Quisiera hablar con el espejo como si del otro lado estuviera otra persona.

Yo quisiera comer hamburguesa como el que cuando se la come no se la come, le hace el amor. Quisiera usar bikini como una Miss Universo. Yo quisiera dar un discurso que empiece por "I want to thank the academy..."

Yo quisiera seguir fantaseando siempre así, yo quisiera ver en unos años si alguna de las que anda por ahí, pasó de yo quisiera a yo una vez...

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Manu-s-libros

En estos días el catire me contó de un amigo que decía que su sueño era poner una posada. Acto seguido vino la pregunta "¿No te parece que eso sería lo máximo?" Claro que al menos yo me imagino la posada en una playa de esas en las que la arena parece leche en polvo, y el mar tan turquesa que jurarías que si metes un poquito al horno, al sacarlo tendrás una piedra para hacerte anillos, zarcillos y después millonario.

Yo me veo en una mesita que sería la recepción atendiendo a la gente. Me imagino que cada cuarto sería distinto, cada uno amoblado a su manera, todo unido a un concepto especial. Seguramente habríamos peleado el catire y yo por la cantidad de ideas locas que entre los dos nos habríamos fumado para la posada. Yo habría querido ponerle a los cuartos nombres de escritores famosos, él me hubiese dicho que nada que ver, y yo me hubiese puesto brava. Entonces, al catire, que tiene una creatividad que ni él mismo se la cree, se le habría ocurrido algo fumadísimo, y yo le hubiera dicho, sí tienes razón, vamos a hacer eso.

A lo mejor entregaríamos frases de canciones que nos gustan con el desayuno. A lo mejor en vez de Continental Breakfast hubiésemos tenido el Bono, que es el clásico que nunca falla, que por un lado te sorprende pero que sabes qué esperar de él, el Lady Gaga, que sería el que tiene huevos con fresas o algo extremadamente bizarro, el Sinatra, que tendría una margarita incluida, y el The Beatles, pan tostado, jugo y café, sencillito pero perfecto.

Ese es el sueño de la posada, pero no es la única ocupación distinta que he imaginado. También de tanto ir a heladerías de vez en cuando me imagino cómo sería tener una. Me imagino yo misma detrás del mostrador, junto con las chamas de los sombreritos y las camisas de cuadritos, dándole de probar a la gente. Torciendo los ojos para mis adentros con la típica vieja que te dice, "dame del de banana otra vez", y totalmente enternecida con el gordito que directo y de una te pide tres bolas, una de estraciatella, una de un sabor que yo llamaría así: "Nutella de verdad, si no, no se llamaría Nutella" y mango.

La verdad es que el negocio de la heladería me gustaría porque la gente en las heladerías siempre está contenta. El poder del azúcar es del más allá. De verdad que es raro ver a alguien dándole lenguetazos a una barquilla que chorrea con una cara de amargue, siempre es una cara de placer cochino. Salvo cuando te pasa lo que me pasó una vez, que saliendo de una heladería un idiota me empujó y mis dos bolas de coco y chocolate se cayeron al piso. Menos mal que el chamo de la heladería me vio, se apiadó y me repuso el helado. Aunque si no hubiese sido por el factor de lo asqueroso, hubiese aplicado la regla de kinder y le hubiese dicho al chamo, "ahora me das el tuyo." Pero como dice Phoebe Buffet "Eeeeuuu and Oh No!"

Hablando de profesiones en las que la gente está feliz está la de dueño de una tienda de juguetes. Esa la pienso últimamente ahora que entro a las tiendas de juguetes con Clarissa. De verdad que es emocionante, ella entra y ve a un peluche y es más o menos la misma cara que yo pongo cuando me encuentro de sorpresa a alguien que quiero y tengo años sin ver. La mujer grita, sale corriendo y abraza a un peluche como si fuera de verdad un gran amigo. Y me mira, con esa cara de "mamáaaaa! Es fulaaanoooo! ¿lo puedes creer?" Cabe destacar que así escogió su regalo de cumpleaños, un oso que se llama Didi, y fue amistad profunda a primera vista, la tipa salió de la tienda con su oso abrazado y duerme con él, y es lo primero que busca cuando se levanta. Lo abraza, le trata de dar comida, y de vez en cuando, porque el amor es así, lo saca al balcón y le cierra la puerta.

Luego está una zapatería. Me gustaría tenerla para ver los zapatos. Eso sí, yo no podría prestar el servicio de quitarle el zapato al cliente. Creo que por ahí no van los tiros para mí. Me pasarían cosas como, al ver a alguien tipo cinco de la tarde pensar "mierda esa pecueca ha estado ahí desde esta mañana y la va a sacar aquí en mi tienda. Fooo!" Yo tengo algo muy particular con los pies, de modo que zapatería no es para mí.

Más bien me encataría tener una tienda como Zoco con cosas locas, desde franelas, hasta libros, hasta ventiladorcitos que son una chinita y pinzas de cejas que son una muñequita. El Catire dice que esa es la tienda perfecta para mí. Me imagino que porque yo soy más o menos así, una personalidad toda ecléctica que te baila ballenato y llora con la Segunda Sinfonía de Beethoven, o peor, se sabe de memoria partes del Requiem de Mozart y algunas de las canciones de los sobrinitos de Contesta por Tío Simón. Sí. "I´m a weirdoo, I´m a creep."

Otro negocio que me encantaría sería una pastelería o una bombonería. Un lugar en el que desayunar sea un rito. O si no, un café como Central Perk , claro que estando en Caracas lo llamaría Perke del Este, o como el café al que voy todos los días. El lugar es de una pareja, él es el chef y ella está detrás de la barra. Cuidan su cafecito con un cariño que da envidia. Yo los veo todos los días reunirse con proveedores, recibir los pedidos, recibir a los mesoneros, poner las mesas del almuerzo, hablar de que tienen que salir las copas o de si ese día no hay más naranjas o ya se compró suficiente pan. Los veo saludar a los que vamos todos los días, y la verdad que es sabroso. Ese es otro negocio que me encantaría, servir buen café por las mañanas. Otra ocupación para ver caras felices. Además que sería interesante ver la gente que entra, porque siempre me han dado curiosidad los lugares en los que la gente come, pero eso es tema de otro post.

Por último sueño con una librería. Es mi gran sueño en realidad. Trabajaría con un gran librero de profesión, que porsupuesto sería socio y el cerebro del asunto. Yo le pondría la pasión, la música de fondo, la atención. Sería una librería hermosa, de las que te deja tocar y oler los libros. Una librería en la que yo me perdería. En la que te podría recomendar algo para ti, algo para tu abuelo, algo para niños, porque además amo la literatura infantil. Te podría decir qué autores sí y que otros son "bueno, a veces como en todo es cuestión de gusto," y con toda honestidad te diría "ese lo tengo en cola, si te lo llevas toma mi email mi cuentas qué tal." y eso sí, no hablaríamos mal de nadie, serían un lugar donde habrían libros para los que se creen eruditos, los que lo son y los que le tienen miedo a los libros que pasan de las cincuenta páginas.

Yo sería de las que le diría a mis clientes "bueno, no es por vendértelo, sino porque ese autor de verdad, no lo puedes dejar de leer." Y no faltaría el "si no lo amas, te lo acepto de regreso."

Vendería marca libros, linternitas para leer en la cama, plumas y cuadernos, y sillas para leer. Vendería una copita de vino y café. Hasta tengo el nombre de esta librería. Si alguien se anima la montamos.

Al final del día, lo importante es que haga lo que uno haga, uno tiene que amarlo. La profesión es como la pareja, consigues una que te mueve el piso y con esa te quedas.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Ficciones III - El collar, la azúcar y el café.

Imagino que ellos dos tienen esta conversación:

- No le eches tanta azúcar al café.

- Me gusta dulce.

- Eso engorda.

- ¿Te parece que estoy gorda?

- No.

- Sí te parece.

- No.

- Dime que sí te parece!

- Sí te parece.

- Lo sabía. Lo único que te importa es el tamaño de las tetas y la talla de blue jean. Discúlpame por no ser 90-60-90.

- Dije sí te parece. Pero estás tan paranoica con esa ridiculez que ni lo notaste. Tienes unas cosas que a veces no soporto. Como eso de soltar frases en francés. No sueltes más frases en francés, cae pesado.

- ¿De dónde sacas eso ahora? Después de tantos años escuchando mis frases en francés.

- De la semana pasada, me parece que a ellos les cayó pesado.

- A mí lo que me parece es que a ellos les pareció que a ti te habían caído pesadas mis frases en francés, y por eso se cortaron todos.

- Bueno, entonces no las digas más.

- Pero si no son pesadas. Hace diez años me dijiste que te encantaba que hablara francés.

- Ma soeur a un crayon jaune... Yo siempre te dije que el francés es un idioma que sólo le sirvió a Audrey Hepburn en Sabrina.

- Yo siempre te he dicho que tu cerebro no sirve para nada.

- Fíjate qué curioso chica, hace diez años decías que tenía una inteligencia superior.

- Pues a lo mejor me he dado cuenta de que no la tienes.

- ¿Tardaste diez años? Quizás esté en duda la superioridad de mi inteligencia, pero la inferioridad de la tuya está clarísima.

- Cállate.

- ¿Y por qué?

- Porque no te soporto.

- Entonces por qué sigues ahí sentada. Párate y vete si no quieres estar aquí.

- No me voy porque este es el mejor café veinte cuadras a la redonda.

- Tú siempre con tus exageraciones, el Mascheranno que está ahí abajo tiene buen café, míralo, desde aquí se ve la puerta.

- Yo sé dónde queda el Mascheranno, me cansé de ir contigo, o es que ¿ya no te acuerdas? ¿es que tus amantes te borran la memoria? ¿es que las tetonas te han succionado la memoria también?

- ¿Y vas a seguir con las tetonas?

- Esa pregunta te la hago yo a ti.

- Te das cuenta que la que tiene una obsesión con las tetonas eres tú. ¿Se lo has dicho a tu psiquiatra?

- Claro que se lo he dicho. Y dice que el problema eres tú, y tu manera de tratar a las mujeres. De maltratar a las mujeres para ser más exactos.

- Lamento decirte que deberías botar a ese psiquiatra. Yo no tengo problemas con las mujeres, mis problemas con las mujeres están en tu cabeza. El problema que yo tengo es contigo.

- Ja! Claro que tienes un problema conmigo. Soy tu esposa.

- Q. ya tú no eres mi esposa.

- Ay disculpa, claro, que no vaya a pensar la catira que está allá que sigues casado. ¿Voy y le digo?

- Mira Q. ¿sabes qué? ganaste, me voy yo a tomar la mierda de café del Mascheranno, de ahora en adelante toma tú este café, es tuyo. Puedes venir los domingos con quien tú quieras, pasarte horas aquí, no te voy a molestar más.

- No y que el café del Mascheranno era tan bueno como este.

- Los dos sabemos que es una mierda, ¿ok? Pero la verdad que cuando estuvimos ahí no lo parecía.

- No. No lo parecía. Hubo un momento en que no tuvimos esto entre nosotros. Teníamos lo otro.

- Sí. Lo tuvimos.

- Por tu culpa ya no lo tenemos.

- Q. no es culpa de nadie.

- Yo sé. Pero mis amigas no lo saben, yo te hecho la culpa y ellas también.

- Y tú crees que mis amigos ¿qué? Se persignan cuando alguien te nombra y eso que Rafa es agnóstico, José es judío y Carlos, bueno a Carlos podemos darle el beneficio de la duda. Dos de tres pues.

- Qué gracioso eres.

- Sí que lo soy.

- ¿Estás saliendo con alguien?

- ¿Qué habíamos dicho sobre esas preguntas?

- Tú juras que yo sigo enamorada de ti.

- Mira cómo te comportas, ¿qué esperas que piense?

- Que las mujeres somos así.

- No me gustan las generalizaciones.

- Existen por algo.

- Que existan no quiere decir que a mí me gusten.

- Ahí va la metralleta de desacuerdo otra vez. Estoy agotada. Estás saliendo con alguien ¿sí o no?

- Entiendes que no te lo voy a decir ¿sí o no?

- ¿Cuántas serán? La enanita de las plataformas que parece que caminara encima de un banquito, esa seguro sigue por ahí. ¿cómo te puede gustar esa mujer por Dios? Tiene ojos de reptil, hundidos, parece una china que cuando iba a nacer la mandaron vía canal vaginal a este continente.

- Eres una mierda.

- No. Tú eres la mierda! Me la restregaste en la cara. La doble fea esa.

- Yo no te la restregué en la cara.

- Claro que sí! Nos encontramos esa noche y te la pasaste viéndola como si fuera la Venus de Milo, estaba vestida como un tren descarrilado, cosas por aquí y cosas por allá, se ve que le tocó el racionamiento eléctrico justo antes de que la fueras a buscar.

- Coño Q. estás insoportable!

- Yo sé.

- Me celas.

- Yo sé. Sí. Te celo. Te celo de ella. Me da rabia que estés con ella, ¿qué quieres que te diga?

- Pero es sólo una mujer con la que salí. Ya no estoy saliendo con ella.

- Ok.

- ...

- Igual yo no soy nadie para decirte con quién puedes salir y con quién no.

- Finalmente.

- ...

- ¿Qué son estos silencios Q.?

- Nervios supongo.

- ¿Nervios después de nueve años de relación, unos cuántos meses de matrimonio y el divorcio? Estamos mal. Nos estamos poniendo viejos.

- Viejo estarás tú, me llevas a ver...

- Sacas esa cuenta para joderme.

- Sí. Son nueve años.

- Ocho y medio.

- Estas muy viejo para vivir en el medio.

- Quizás tengas razón.

- No. Quizás no.

- Q. ¿y si volvemos?

- Por favor.

- Es en serio. En el fondo nuestra relación era muy arrecha.

- No parecías de esa opinión cuando cerraste la puerta del apartamento y te fuiste sin llaves. De tu apartamento. Por eso tus amigos me odian, piensan que yo te lo quité. Esa mierda con filtraciones que te dije desde el primer día que por muy Altamira o La Castellana yo no quería.

- Fui un cobarde. Lo admito.

- Nunca pensé que dirías eso, quizás tengas razón, tu psiquiatra es mejor que el mío.

- ¿Entonces? Empecemos a salir. Eso es todo. Nada de volver, sólo salir.

- No se puede.

- Q. no te hagas de rogar, no va contigo.

- No me estoy haciendo de rogar.

- ¿ah no?

- No. Estoy saliendo con alguien.

- ¿Qué?

- Sí. Estoy saliendo con alguien.

- Eres una mentirosa.

- No. Es la verdad, estoy saliendo con alguien.

- ¿Con quién?

- Se llama J. tiene varios restoranes y discotecas.

- ¿El mesonero ese de la foto de Facebook?

- No le digas mesonero y ya veo que estás bien al tanto de mi Facebook.

- Coño Q. no puedes estar hablando en serio.

- Hemos hablado de casarnos.

- Ah no vale. No te creo nada, ¿cuánto tienes saliendo con el tipo? y ya te vas a casar.

- Casi un año.

- No te lo puedo creer. No habías dicho nada.

- Yo sé. Lo que me parece increíble es que ni cuenta te habías dado, ni lo habías pensado, ni me habías preguntado, ni te inmutaste por averiguar algo más de lo que husmeabas en Facebook. Stalker de mierda. Ni para eso sirves.

- Me parecía que era tu vida privada. Sentía que no tenía derecho.

- Qué imbécil eres. Guárdale tus derechos a la ONU. Yo me voy, me voy a casar no sé si ahorita o más adelante, pero estoy contenta con él y no. No voy a volver contigo. Lo siento.

- Te juro que esto me parece impresionante.

- ¿Qué?

- El teatrico que montaste. Los celos. La pregutnadera. La falsa actitud de que todavía me quieres, los roces. Acaso sabe tu mesonero que me aceptas que te pague el café cada semana.

- Me voy.

- Eres una mierda completa. Eres peor de lo que jamás imaginé. No te mereces nada, ni a nadie. Pobre mesonero, que ni se imagina quién lo va a venir a volver mierda. Te estabas vengando de mí. Estabas esperando mi momento de flaqueza para venir a decirme todo esto, para restregarme que ahora eres feliz y no sabes si algún día a lo mejor te vas a casar.

- Tienes razón. De ahora en adelante vamos al Mascheranno.

- Ni se te ocurra. Vuélvete a sentar que no he terminado.

- Yo sí.

- Pues me verás en el Mascheranno.

- Pues nos verás allá.

- Eso ya lo veremos.



Imagino que la primera vez que se encontraron en el Mascheranno él los vio a los dos leyendo el periódico. Ella agarró el sobre de azúcar, y como siempre, se lo echó entero al café. El la vio y no dijo nada. Al rato el nuevo novio se paró de la mesa, la besó en los labios y saludó a Mascheranno con la distancia del que no es amigo, pero con la familiaridad del que ha ido varias veces al café.

Él se sentó en la mesa de Q. que ya tenía la cartera entre las piernas.

- No vengas a molestar. Ya me estoy yendo.

- Lo sé. Sólo una pregunta.

- Ajá.

- ¿Fue por lo de la azúcar en el café? ¿Te vas a casar con él porque no te dice nada cuando bañas de azúcar el café? ¿De verdad fue algo tan pequeño como eso?

- ¿Qué quieres que te diga?

- Qué no fue por algo tan pequeño e insignificante como eso.

- Al final el amor es como un collar, se rompe la cuerda y se sale una cuenta, sigue siendo collar, pero no tardarán en caerse todas, y no será más que un trozo de hilo.

- ¿Qué?

- Olvida lo del collar. Si no entiendes lo del café, no puedo hacer nada por ti. Si te parece insignificante, no puedo hacer nada por ti.

Imagino que ella se va. Él se queda. Los tres volverán al Mascheranno y en algún momento, mientras él está tratando de montar su triángulo amoroso ella le dirá:

- Ya te dije una vez que estás muy viejo para estar en el medio.

viernes, 3 de septiembre de 2010

COSAS DE LA COTIDIANIDAD



- Bañarse. - Todos los días, porque si no me molestan los pies en la cama.


- Peinarme. Un día sí y un día no. El pelo rulo no se peina, porque te pareces a la Pantera Rosa cuando sale de la secadora.

- Rezar. Todas las noches, sino me despierto de madrugada.


- Besar a mi hija. Todos los días. Es que sí no perdemos las dos un día.


- Leer. Ni un día sin leer. Es mi lema desde que lo vi en una campaña española para promover la lectura. No puedo vivir sin leer. No puedo.


- Escuchar música. Todos los días. La vida tiene soundtrack, un día sin música es como si se hubiese detenido el tiempo.


- Escribir. Todos los días. Si no escribo se me acumula todo. Has visto como se pone la acera cuando no recogen la basura? Zona de desastre.


- Comer helado. Una vez a la semana. Es una regla que asumí no hace mucho tiempo. Comer helado mantiene el espíritu joven, sobre todo si es una barquilla. Nada como tener las comisuras de los labios empegostadas.


- Hacer ejercicio. Todos los días...un día sí y un día no...bueno, tres veces por semana...una vez por semana? Ok, ok...debería ser todos los día. Se hace lo que se puede. Soy floja por naturaleza. Voy a volver a correr. Algún día. El día que Forrest Gump el corredor vuelva a aparecer en algún lugar de mi alma. Por ahora sólo escucho al que tiene en las piernas la caja de chocolate.


- Comer chocolate. Todos los días. Nunca sabes si te mueres mañana, y yo no aguantaría morirme y que mi primer pensamiento en el otro mundo sea: motherfucker no me comí ese Toronto.


- Ver tele. Todos los días. Un ratico está bien. Yo veo Friends de lunes a viernes. The Office una vez por semana. No más. La tele embrutece. Es en serio. La apagas y se prenden tantas otras cosas.


- Leer la Hola. Una vez al mes. No está de más ver qué pasa en la vida de los famosos. Si Carolina de Mónaco sigue siendo feliz, que actriz española se está divorciando y que magnate italiano nos muestra su casa.


- Comer Carbohidratos. Todos los días. El tipo este Atkins se murió obeso. No me jodas. No confío en dietas que te mandan a suprimir algo por completo. La vida es demasiado corta. El pan es demasiado rico. Un poquito no le hace mal a nadie.


- Una copita. Mínimo una vez por semana. Con un poco de vino se ve la vida desde otra perspectiva, y es fundamental ver la cosas desde distintos ángulos.


- Bailar. Una vez a la semana, así sea yo sola con el Ipod. El esqueleto lo pide.


- Chatear por el teléfono. Motherfucking aparato. Es una enfermedad.


- Meterme en internet. Me dicen que cuando nací no existía internet. No había email. No les creo. Yo he usado esta vaina toda mi vida. Dios creo que al hombre, a la mujer, la dichosa manzana y la culebra, y lo montó todo en www.paraisoterrenal.com y cuando Adán y Eva mordieron la manzana, trataron de entrar a la página y les salía un error de password, windows les ofreció mandar un report, pero ellos decidieron no hacerlo y se pasaron para Mac. Ergo el logo con la manzanita mordida.


jueves, 2 de septiembre de 2010

FICCIONES II - Ojos de Boxer Triste

Imagino que llego al lugar convenido y te pregunto aunque sé la respuesta, ¿tú eres el dueño del boxer? Y tú me dices, sí, pero no es "el" boxer, es "la" boxer tiene tres años y se llama Sasha. Sasha está sentada con esa mirada triste de boxer, esperando a que le digan qué tiene que hacer. Hace ese juego de miradas que hacen los perros. Me mira. Te mira. Mira para otro lado. Como queriendo disimular pero sin poder lograrlo. Sasha está preocupada, se huele que me la voy a llevar. Su pregunta es clave ¿Y esta quién es?

Sasha tiene la piel atigrada, como si su tatarabuelo hubiese sido uno de esos grandes gatos del África. Su boca es de mono, como si tuviese primos que viven en algún árbol quién sabe dónde. Tiene las uñas largas, ha de tener a la pereza por ahí metida en uno de sus genes, no recuerdo otras uñas tan largas como esas, salvo en una pereza que una vez encontré en el jardín de mi casa. Ambos la vemos en silencio, sintiendo algo de lástima por ella.

¿Y por qué es que ya no la quieres? Te pregunto.

Empiezas por una mueca, como si estuvieras algo renuente a echar el cuento. Te imagino medio raro. Barbudo. Con una mirada entre perdida y lúcida. Tienes camisa azul y pantalones claros, tienes pinta de fotógrafo, de comunicador. Me vas contando que en tu casa son no sé cuántos hermanos, que tu papá trabaja todo el día, que la muchacha amenazó, si esa bestia sigue cagando como elefante yo me voy, que tú estás fajado en la universidad, que no tienes tiempo, que en realidad Sasha es como si no tuviera dueño, que le entran ataques de celos, que destrozó unos cojines que tu mamá había comprado y tu papá casi se muere, mientras omites el paradero de tu mamá que yo adivino que yo sé que es trágico, yo sigo tratando de adivinar qué eres. Qué haces.

¿Y qué estudias tú? Tercer año de Comunicación Social. Lo sabía. Pelito negro, barbita, pantalón con cuatrocientos bolsillos, por ahí van los tiros. ¿Y escalas también carajito? Te ríes como nervioso. ¿Lo dices por las botas, carajita-tú? Me imagino que eres un resabido y un revirado. Sí, lo digo por las botas Columbia, y me les quedo viendo, te ríes de tus botas conmigo, esas botas que nada pegan a pleno sol, en pleno San Ignacio, en plena Caracas, en pleno miércoles que seguro te estará reclamando el no estar en clase o estudiando. Dejamos de hablar de Sasha. Sasha se echa al lado de nosotros y suspira, cómo que este par de idiotas se van a tardar.

¿Te has puesto a pensar alguna vez porque la gente en esta ciudad no usa más shores y cholas? Te quedas pensando un rato y después sueltas, porque la chola la tenemos en la cabeza. Ah, es verdad, a veces se me olvida y me la trato de poner en el pie. ¿Y tú cuántos años tienes?

No seas impertinente carajito, ¿a ti nadie te ha dicho que eso no se le pregunta a una dama? Tú no tienes cara de dama. Imagino que finjo indignación, pero sé por dónde crees que vienes, ¿Perdón?! Como que te vas a regresar a tu casa con tu perra y con un coñazo. Sigues azuzando y dices, me estás dando la razón. Pongo los brazos en jarra, mira mijo...

No me mijeés, tú también tienes cara de carajita, mayor que yo tal vez, y ciertamente actúas como si quisieras dártela de amiga de mi tía, pero vieja, lo que se dice una vieja no eres. Saca la cédula para verla.

Me imagino que te saco mi cédula. Yo estoy bien orgullosa de mi cédula. Me la saqué tres veces hasta que me gustó como quedó. Le saqué tres fotocopias, las plastifiqué y no uso la original, una cuestión de sentido común. Siempre he pensado que la razón por la que empezaron a hacer cédulas de tan mala calidad fue para facilitarle a uno la sacada de las copias. El pelo me cae en cascadas, los cachetes rosaditos, una sonrisota pepsodent. Tú no ves la foto. ¿Qué coño te pasa? Andas pendiente de la fecha. Lo dices como el médico que diagnostica a su paciente, eres tres años mayor que yo. Bueno, respeta a tus mayores, qué frase tan de primaria, ahora soy yo la que está nerviosa.

Bueno mija, ¿quieres la perra o no? Hago una mueca, no sé. Déjame ver. Me agacho y le hago cariño. Pienso, me gustaría decirle a este pana la verdad. ¿Se la digo? Sería algo como, yo vine a buscar esta perra porque estoy enamorada de tu hermano, pero tú no sabes que yo sé que tú eres hermano de él. Nunca me imaginé que me ibas a gustar tú. Uno es humano. ¿No? Además lo de tu hermano. Lo de tu hermano casi podríamos decir que no fue. Es más, cuando le digas a tu hermano quién se llevó la perra él te va a decir, ah sí, yo creo que la conozco.

Imagino que me empiezo a impacientar y se me nota. Los nervios son los peores consejeros. Imagino mi cerebro a millón diciéndome, yo sabía que lo de venir a buscar esta perra era una locura. Maldito Facebook. Yo me auto-contesto, no es mi culpa que tengamos 36 amigos en común que publicaron tu "Sasha busca hogar" con la foto de esos ojos tristes. No es mi culpa que yo viese que tenías el mismo apellido de él. No es mi culpa que el que está enamorado llame destino a meras casualidades.

Carajito. A lo mejor tú eres el destino.

Imagino que me dices mira viejita, dame tu teléfono pues. Me lo dijiste cuando estaba haciéndole cariño a Sasha. Tenía su cara entre mis manos, babea que jode esta perra adiós sofá retapizado, me digo. Cómo se ve que eres un carajito, ni seducir a una mujer sabes. Eso no te lo digo, más bien salgo con, no sé si te lo mereces, tirándomelas de la seductora.

¿Y si te enteras de lo de tu hermano? Sin darme cuenta me puse pensativa, tú te cortaste. Dices, me hueles a pena amorosa. Sonrío sin mostrar los dientes, no puedo ser más obvia.

Bueno, te digo, un clavo saca otro clavo. Quizás tú terminas siendo ese clavo nuevo.

Imagino que un día estamos comiendo, es domingo, van a ser las siete de la noche, y justo cuando el mesonero deja la mesa después de traerte la segunda coca-cola, tu lanzas, mis hermanos y mi papá te quieren conocer. Yo respiro hondo, la sangre se me sube a la cabeza y no puedo pensar claramente y ahí, sin anestesia y sin haber ordenado el discurso lo suelto todo.

Imagino que te ruego que sigamos juntos, imagino que me he enamorado de ti, pero no puedo imaginar qué me contestas, ni si me perdonas. Sólo imagino mis ojos. Ojos de boxer triste, como los de Sasha.