viernes, 29 de octubre de 2010

¿Viste el Miss Venezuela?




Los que contestaron NO, me pidieron que hablara de esto. El post es largo y no está editado. Se los advierto. Aquí va.

No sé ni cómo hacerlo, ni por dónde empezar. Quizás lo de anoche no fue tanto una cosa de Misses, sino de personajes. Una especie de ¿cuánto vale el show? Pero la pregunta era ¿Quién se roba el show?

Ayer había de todo, empezando por Miss SOR Amazonas (fue monja), Axel (as in Rose) y Germania Pimiento. Sí, su mamá, la señora casada con el Sr. Pimiento, que en mi mente es un pimentón rojo, la bautizó Germania. Menos mal que la chama es bonita.

Empecemos por Kiara. Pobre, de verdad pobre. Yo empiezo por reconocerle a Kiara dos cosas, tiene un vozarrón y un cuerpazo. Pero si te ibas a disfrazar de Lady Gaga, yo esperaba como mínimo, algo parecido al disfraz de la carne. No una traje azul como el de los tripulantes de Star Trek con una cinta de Betamax en la cabeza.

Todo, para cerrar con broche de chapa dorada. Estaba entre Diana Ross y Tina Turner en la época de Ike. Cierto que no tenía el afro de Diana, pero era como si Diana estuviera entrando y que “miércoles me tuve que estacionar a tres cuadras del Palacio de Eventos y justo cuando me bajé me cayó la lata de agua.”

Otro tema eran los bailarines. No me voy a meter con su forma de bailar, porque la verdad es que yo de milagro te brinco el avioncito, así que cualquiera que pueda hacer La Macarena a mis ojos tiene talento. Lo que si es que a veces es hasta cruel como los visten, y ni hablar de los niñitos disfrazados de angelitos bailando al lado de unos reguettoneros, que como no tenía mis lentes en ese momento no sé si eran Chino y Nacho.

Ojo, no tengo nada en contra del reguettón. No tengo ese complejo de que no es música, nada de eso, pero tengo entendido que las letras son estilo, “hoy mi cama huele a ti, mételo papi, somos su marido ella y yo, quiero hacértelo lento, le gusta que Wisin la jale por el pelo, estás en falda y se te ve toó…chévere, las monjas al convento, uno se tripea el bacilón de la letra, pero de ahí a poner a unos angelitos con el ritmo que se utiliza para perrear. No sé. Del tiro anoche soñé con los caballos del Apocalipsis.

Después vinieron los animadores. Ya les he dicho que yo amo imitar gente, y creo que mi imitación favorita después de Martha Colomina, es Maite Delgado. Yo un día quiero hacer un duelo con Norah Suarez, es un reto, seguro me gana, pero gozaría. La verdad es que yo soy fan de Mayte.

A unos les gustará a otros no. Me parece que ha llegado lejos, es bonita, y ella tiene carisma. Siempre inventa algo con un vestido, a veces sale más bonita, otras no tanto. Es un ser humano. Le ha dado al botox, pero sin llegar al extremo de que al verla digas “esa señora tiene un pez sapo adherido a la cara.” Y además ella canta, bailotea los musicales, participa de la cursilería, pero se ve que ella garra el libreto y le dice a Joaquín:

- Esto no me lo voy a poner. Esto tampoco. Esta vaina no la voy a cantar. Esa letra me la cambias. Está bien, me pongo la batola, pero todos y cuando digo todos es todos, mis vestidos son de Ángel Sánchez.

Y ahí la tienes. Regia. Porque ella ayer estaba regia. A mí me gustó.

La que no corrió con tanta suerte fue Viviana, al menos en su primer cambio. Aunque la verdad, yo como mamá le doy “standing ovation” Hay que quererlo demasiado, hay que ser una dura, para salir de tu casa, agarrar un avión, pararte enfrente de miles de personas, vestida, maquillada, alborotada a un mes de haber dado a luz.

Para el/la que no tiene hijos. Al mes estás muy lejos de haber recuperado tu figura de antes. No es un tema de flaca o gorda, nada está en su lugar, es como una de esas almohadas de peloticas. Las hormonas están vueltas locas. Es imposible dormir más de cuatro horas seguidas, y si llegas a pasarte de las cuatro horas te despiertas asustada “qué le pasó a mi chamo, ¿por qué no ha pedido comida?” Si fue cesárea posiblemente todavía tengas molestias y además la orden médica de nada de peso, nada de ejercicio, es una cirugía mayor. Yo a un mes de dar a luz no quería ni que me viera mi angelito de la guarda. Así que Viviana se ganó mi respeto.

El que no se lo ganó fue el rata pelúa que le puso el faralao flamenco de la garganta a la pecueca, además incrustado con pedacitos del plexo solar ese que usó Marelisa Gibson. No le quedó bien. Después se cambió y la cosa al menos mejoró y se veía mucho mejor. Pero no sé, el vestido de los retazos blancos y negros. Vivi para el año que viene, repítete esto: menos es más, menos es más, mientras uno más amorfo está, uno inventa menos. Te lo digo por experiencia.

Chiqui. La verdad es que es la chiqui. Tengo muy poco que decir. Tal vez yo no me pondría los vestidos que ella usó, por la sencilla razón de que no tengo sus atributos. Me encantaría tener al menos uno. Pero qué va. La Chiqui está entre esas mujeres que como dice Carrey Bradshaw “están en el mundo para hacernos sentir mal.” La verdad esa mujer es espectacular. La más bella de toda la noche, incluidas todas las misses.

Luego Boris. Ay Dios mío Boris. Más de un maracucho estaría “¿Pero qué molleja es esto? A Rafael Crisóstomo Molina no le traen el Miss Venezuela a la tierra de la Chinita para que lo anime este plumero.” La verdad es que Boris es cómico. Sus primeras palabras fueron “Por Favor” con un tono, que hace que la pantera Rosa se vea como Rocky Balboa.

Si me parece que está vez perdió brillo. Fue así como, “bueno sí, Boris está aquí, pero mejor vamos a hablar otra vez de los hijos de Viviana.” En un momento sentí que más que ver a Boris animar el Miss Venezuela sería divertido verlo o twittearlo con él.

Es poco lo que puedo decir sobre las batas guayú psicodélicas. Se pueden buscar símiles, comparaciones, ejemplos. Era como exagerar lo exagerado y llevarlo hasta el límite de la exageración. Un verdadero esfuerzo, no tanto de creatividad sino de casi hacerle honor a la canción de “vamos a contar mentiras, tra la lá.”

Eso más que Guayú parecía algo relacionado con Soledad Bravo. Es que si Soledad algún día se lanza con la música electrónica, eso es lo que se tiene que poner. Me pareció que fue ridiculizar un poco el tema Guayú, el día que les de por lo Yanonami o lo Pemón, que Dios nos haya perdonado los pecados primero.

Lila cantó con sus hijas también vestiditas ellas de lo más autóctonas. En cualquier momento cantaban “one, little, two, little three little indians…” Una tenía un pavo real en el vestido y eso me pareció una especie de chiste malo. La verdad es que yo esperaba algo más fastuoso de Lila, colorinches y bailarines con cinturones de floripondios, no sé. La Primerísima Mirla hubiera salido montada en elefante.

Luego cantó un colombiano, ya no recuerdo el nombre. Así me habrá marcado su actuación. El pobre. Tenía que haberse comido el acordeón, o tragado fuego, o escupido las piedras de las batolas de las animadoras.

En cuanto a las misses, la verdad me dio mucha cosa. El show era de los animadores y de los diseñadores de los vestidos. No hace falta comentar mucho ya está por todos lados, las descripciones fueron absurdas. Como que por ejemplo Miss Canaima tenía un tepuy en el vestido, todos los que estaban entre rojo y anaranjado emulaban el coral, todos eran una columna, todos eran rutilantes.

Luego las preguntas. Lo que pasa es que uno es inconforme. Si responden mal preguntas cómo, “Miss Guárico, ¿Qué opina usted del Sistema Interamericano de Derechos Humanos?¿Cree que el Pacto de San José debería ser revisado?” Entonces son unas brutas, todo el mundo les cae encima.

Entonces este año la cosa se llevó al otro extremo. Primero Viviana, le faltó aclarar que son Misses, que son brutazas, que uno se ataca, que se pone nerviosa, que millones, MILLONES de personas las están viendo…para que luego les soltaran preguntas como “¿Cuánto amor es necesario?” y “¿Qué clase de música te gusta?” o la peor de todas “¿Qué profesión no debería ejercer una mujer?” Además, pareciera que a las chamas les habían dicho, miren estas son las preguntas, practiquen. Porque ni una pensó la respuesta. Todas contestaron así como:

Música: Romántica.

Perfección: No existe.

Amor: Propio.

No vale, más bien pregúntale cuál de los números de tu cédula te gusta más.

Y ya por último a Marelisa Gibson les faltó lanzarle una torta en la cara. Me parece que fueron muy ingratos con ella. Sí, en el Miss Universo pasó lo que pasó, pero ella hizo lo mejor que pudo y es Miss Venezuela, se merecía su último paseo con su corona y su discurso en off, y no que regresaran de comerciales, la chama ya terminando el desfile y que llegara Boris a preguntarle ¿Qué pasó en el Miss Universo? Agarrándola desprevenida, porque la pobre estaba roja como un tomate. Ahora Marelisa, amiga, te defendiste, pero saca malicia chama, búsquese una tigra en relaciones públicas y prepare sus respuestas usted también.

En cuanto a la coronación, no hubo musiquita de Venevisión. No hubo el desfile con llanto. Hasta el ramo de rosas estuvo piche. No vimos la coronación de Miss World Venezuela, ni salieron las restantes 27 a felicitar a la ganadora. Faltó que Maite dijera:

- Bueno, póngale la corona y por favor se me bajan del escenario que el Palacio está alquilado mañana para Los Quince Años de Davider Alejandra Barboza Molina.”

La única cara que fue de poster fue la de Miss Tierra. La tipa estaba a punto de gritar: “¡Más Miss Tierra será tu abuela!”

Al final, ya hasta el trono era un rancho. Como si justo cuando iban a entregar la corona alguien le hubiese dicho a Osmel. “Marico se nos olvidó el trono.” “ ¡Faaackkkk!!! Agarra esa silla y el forro de esos manteles azules y que se sienten ahí. Joaquín que las filme de lejos.”

Lo que sí agarraron al final, fue una vez más a Chiqui, a Maite, a Vivi, a Boris. Una vez más dando gracias a los diseñadores por sus columnas rutilantes, una vez más hablando de los hijos de Viviana, una vez más hablando de la tierra Zuliana. Fueron la última imagen.

Ay no. La verdad no valió la pena el desvelo. Yo soñaba con ser Miss, lo confieso, cuando me ponía los zarcillos de mi mamá en la cabeza. Amaba a Carmen Victoria, a Gilberto, no es que fuera el Radio City, pero era otra cosa. Eran otros tiempos los de Bárbara Palacios y Pilín, de verdad se notaba la admiración por las Misses. Yo ayer sentí que las Misses fueron unas excusas, como si ya no las respetaran y no las quisieran.

No sé. Me quedó un sin sabor. No me gustó. A lo mejor es que me estoy poniendo vieja y ya no aguanto. Me parece que si las tres animadoras estaban más bellas, más despampanantes y desfilaron más que las Misses, algo no se está haciendo bien.

Ahora que lo que sí moriría por hacer es el Miss Chocozuela. Dios qué bueno hubiera estado! Deberíamos unirnos un grupo y lanzarlo por You Tube. Deberíamos.


miércoles, 27 de octubre de 2010

Buenos Días, Por Favor, Gracias, Hasta Luego


No hace mucho estaba en automercado, me acerqué a la carnicería y de entrada, sin previo aviso le dije al carnicero, “¿Tiene carne molida?” El hombre me sonrió como desilusionado y me contestó: “Buenos días.”

Le contesté los buenos días, pedí mi carne, me llevé mi paquetico y salí del mercado dándome golpes de pecho mentales.

“Eres una maleducada. Eres el colmo. ¿En dónde te educaron a ti? Cómo se te ocurre hablarle a alguien, y no decir primero Buenos Días. Te crees tan educada, tan leída, tan intelectualosa, porque el intelectual te queda grande. Quieres leer mucha Montaña Mágica, lo que deberías agarrar es el Manual de Carreño. Grosera.”


Después de que pasó la pena y el mal humor me puse a pensar, definitivamente la educación, las buenas maneras, han cedido paso al atropello y a la agresividad. Se nos olvida algo tan básico como los Buenos Días.

Recordé un incidente en una farmacia en pleno este de la Ciudad de la Furia. Yo tenía unos siete u ocho meses de embarazo. Con tres cosas en la mano me paro a hacer la cola de la caja, había tres personas delante de mí.

En eso el gerente de la tienda hace un gesto con la mano, me sonríe y dice en voz alta, “Señora, venga por aquí.” Me pesaba tanto la barriga que no me importó el señora, empiezo a caminar y un señor, entre treinta y cuarenta años, me pasa rozando, casi me empuja y se pone delante de mí en la caja que estaba abriendo el gerente.

El gerente le dice “Señor, disculpe, pero es que primero quisiera atender a la señora.” Y me señala. El tipo contesta “no pana, yo quiero pagar esto primero.” El gerente iba a insistir, y yo porque odio el conflicto y la confrontación, y ese día me sentía más Flower Power que de costumbre digo: “no se preocupe, atiéndalo a él, si algo aprende uno con estas barrigas es a ser paciente.”

El chamo pagó la cosa a una velocidad que dejó soquete a Flash Gordon. Salió corriendo sin darme la cara, ni un disculpa, ni un cuento chino estilo “amiga, es que me estoy haciendo pupú, necesito este lomotil.” Me pregunto si ese ser en algún momento del día se habrá dicho, “Hoy me le colee a una chama embarazada, 1 punto para mí, 0 para ella.”

A veces pareciera que así vivimos. Nos juramos unos vivos porque pasamos primero en un semáforo. Hay gente que le falta bajarse del carro y gritarte, “JA-JAAA me le he atravesado a tres carros hoy, 3-0 voy ganando.” Pocas personas te piden paso, te piden disculpas si trancan un semáforo, y ni hablar de lo que sucede cuando están dejando y buscando a los chamos en los colegios.

¿Qué puede aprender un niño cuyo padre o madre se para en la mitad de la calle para que él o ella se baje? Sencillo, “la calle es mía. Yo me paro dónde me da la gana.” Y lo mejor de todo, “el de atrás, pues que espere.” No hay peor infierno que atravesar las cercanías de un colegio a ciertas horas.

Carros estacionados trancando la calle, chamos que cruzan como si nadie les hubiera enseñado “miras hacia los dos lados, esperas a que no vengan carros y después pasas. Si no, haces una seña, esperas a que frenen, y luego pasas.”

Entiendo que no es tan fácil. ¿Pero hasta que punto tenemos que sacar las garras? ¿Hasta el punto de entrar a un lugar y ni decir los buenos días? Me viene a la mente esa etapa del colegio, en la que nos machacaban las normas del Buen Ciudadano, del Buen Oyente, del Buen Hablante. Recuerdo que si alguien entraba al salón, todos nos teníamos que parar y decir a coro y durísimo: “Bueeeeenoossss Díiaaaaaasssss.”

¿Qué pasó con esto? Se quedó en el camino. Con nuestro sentido de la “otredad.”

A la gente le encanta decir que no puede hacer nada por el país porque, o no soy político, no soy empresario, o no me gusta la oposición, o no me gusta nadie, o no tengo plata, o no tengo tiempo, o ya me harté de marchar. Todo eso puede que sea muy válido, pero la verdad es que a veces uno se plantea cosas que de entrada son imposibles de cumplir. Así cualquiera se lava las manos sin remordimiento.

Creo que hacer algo significa poner un granito de arena y comportarse mejor. Empezando por respetar a los demás, entonces tendremos la autoridad para exigir respeto, y su vez lo haremos con respeto. Nada más contradictorio que agredir a alguien porque te trató mal.

Francamente estoy harta de ver viejas malcriadas en supermercados, que le dicen al que ordena los anaqueles: “mira mijo, eso no se pone así.”Me enerva ver cómo a la gente le traen un plato y es incapaz de decir, “gracias”, o “me da un agua mineral, POR FAVOR.” La gente que no dice eso es la que te dice “es que aquí te tratan como la mierda.” “Es que este país la gente es cada vez más fea y maleducada.”

Resulta irónico, como el que se cree superior termia con el peor comportamiento. Al final, la clase social y la humildad no tienen nada que ver con la educación. Yo, me duele decirlo, lo encarné cuando me porté de forma tan grosera.

Aunque nos duela reconocerlo ese discurso agresivo y falta de respeto se nos está pegando. Alguien nos vendió la idea de que ser educado, conciente de los demás, es ser débil. Nos convenció. Finalmente si uno no es cortés, pasas por muchas cosas pero jamás valiente, ni mucho menos por educado o inteligente.

La norma debe ser ni un sólo día sin: "Buenos Días, Por Favor, Gracias, Hasta Luego."

* Por cierto, para darle el crédito que merece la Farmacia del gerente estrella fue: Farmatodo


martes, 26 de octubre de 2010

Confesiones de Los 7 Enanos By Pera Williams

Pera Williams. Es con ese nombre que estoy firmando algunos ejercicios de ficción. En este caso Pera Williams decidió publicar la versión de la historia de los 7 Enanos de Blanca Nieves. Es un ejercicio nada más. De esos que ayudan a estimular la creatividad. Obviamente no es la invención del agua tibia. Pero que no la hayas inventado no quiere decir que de vez en cuando no vale la pena probarla.

Pera Williams recopila las confesiones de los 7 Enanos y su versión sobre lo ocurrido en ese lugar tan lejano.

TONTÍN.

Me llaman Tontín porque la gente me toma por un tonto. Ya a estas alturas nada puedo hacer. Es como dicen por ahí, cría fama y acuéstate a dormir. Una vez que te etiquetan con algo es tarea casi imposible salir de allí. Como si llevaras encima un tatuaje.

He hecho lo imposible por lograr que los demás enanos me tomen en cuenta de otra forma. Pero es complicado. Soy el más pequeño y por ende fui siempre consentido, sobreprotegido y hasta sobre regañado por los mayores. Me volví penoso. Callado. Construí mi mundo interior, aunque el exterior lo entiendo mucho mejor que los grandes.

A penas vi a Blanca Nieves algo me dijo que habría problemas. Los grandes se acomodaron a su presencia al instante. ¡Claro! ¿De dónde más iban a sacar a una mujercita que les hiciera la faena de la casa? Pero yo estaba claro que todo en esta vida tiene su precio. Era demasiado buena para ser verdad. Y como dice el dicho cuando algo parece demasiado bueno para ser verdad, generalmente lo es.

Aún asÍ lo reconozco. Me encariñé con ella. Tenía una voz dulce, cantaba a toda hora, era dada con los animales y yo creo que a las almas puras se les reconoce por su relación con los animales.

Ella nos atendió con aparente desprendimiento, pero después de todo lo que pasó estoy seguro que era una forma de desahogar una profunda soledad. Ella estaba herida, desamparada. Ahora entiendo que esa falta de brillo en la mirada era el dolor del vació, de la traición y el desengaño.

¿Quién nos iba a decir que tarde o temprano su pasado vendría a cobrarle la cuenta pendiente y nos llevaría a nosotros por delante?

Efectivamente. Un día se presentó una vieja bruja y envenenó a Blanca Nieves. Intentamos salvarla. No pudimos. Pero si pudo el beso de un príncipe. Es que la sabiduría popular no se equivoca, chequera mata galán, o en este caso galanes, porque aunque seamos un grupo de enanos, somos unos tipazos.

Ella cumplió su promesa de llevarnos con ella. Y lo intentamos, pero extrañábamos nuestro hogar. Nuestro trabajo. El brillo las piedras que extraíamos, el canto de “¡Aiiihooooooo!” cada tarde al finalizar la jornada. Eso era lo que nos daba vida. Además, sobrábamos en ese castillo. El príncipe no estaba nada cómodo con nuestras costumbres y con su embarazo ella se volvió impredecible. Un día lloraba por el más mínimo comentario, al día siguiente reía por un chiste sin gracia.

Al poco tiempo regresamos a la cabaña. Blanca Nieves cada vez nos visitó menos. Algo en ella cambió. Como si al morir la vieja bruja se hubiera llevado a la tumba una parte de ella. Su inocencia, o quizás esa rivalidad necesaria en todo cuento.

Así Blanca Nieves se volvió superficial. Venía siempre ataviada a la última moda. Pendiente de nuestras piedras prometiéndonos villas y castillas sobre viajes que haríamos juntos y una casa enorme que junto a su palacio nos iba a construir. Nada de eso sucedió y pronto me di cuenta que los siete estábamos tan tristes como aquel día en que pensamos que la habíamos perdido. Era porque en efecto la habíamos perdido.

Un día caminando por el bosque me encontré a un viejo leñador. Se veía cansado y sucio, como abatido por la vida. Le ofrecí algo de comida y como me vio cara de tonto se puso a hablar conmigo, como si mi supuesta estupidez fuese una garantía de que no iba a repetir las confidencias que me estaba haciendo.

- Yo estuve a punto de matarla- Me dijo. – Me encargaron arrancarle el corazón, pero no pude. No tuve fuerzas. Ella era inocente. En vez, maté a un cochino y le entregué ese a la Reina como prueba del asesinato que buscaba. Le perdoné la vida. La salvé. Y aún así. Aún así, me ha desterrado. Ha hecho de mí nadie, cuando si te pones a ver me lo debe todo. Esa blancura que antes era reflejo de una pureza que me cautivó, ahora es la palidez del resentimiento.

Moví las orejas estupefacto. No quedaba duda que se refería a Blanca Nieves. Me sonrojé de ira y de dolor, cosa que el leñador tomó como señal clara de mi incompetencia para entender sus palabras. Pero yo entendí todo muy bien.

Blanca Nieves nos usó para esconderse y al final consiguió su príncipe, su castillo y su felicidad para siempre.

Pero la vida da muchas vueltas y de una forma u otra no se salvó de que le arrancaran el corazón. Da igual que el leñador haya entregado en la caja el órgano muerto de un cerdo salvaje, el alma que había allí dentro, era la de Blanca Nieves.

Lo que pasa al final es que no puedes escapar a tu destino. El de Blanca Nieves era morir, el nuestro estar solos.

lunes, 25 de octubre de 2010

Algunas Cosas de Mi Vida Últimamente


Resumen de algunas cosas de mi vida últimamente:

- No estoy comiendo muy bien. No es que estoy comiendo mucho, pero no estoy comiendo bien. ¿Cuándo se ha visto que yogurt y maní hacen una cena balanceada? Anoche.

- Atrapada mal por la fotografía.


- Reestructurando mi vida narrativa. Mil proyectos. La cosa no es fácil. Nada fácil. Pero para adelante es para allá. Sigo derechito. Aunque a veces el camino se ponga estrechito y con mil curvas. Lo bueno es que estoy escribiendo. Mi lema es "despacio que voy de prisa."

- Sigo sin madurar. Gracias a Dios.

- Estoy tomando bastante café. Lo había dejado con el embarazo. El problema es que no puedo resistir el olor del café recién colado tempranito por la mañana. Y me tomo una taza inmensa. Muchas veces otro a media mañana, y no vivo sin el que me toca después del almuerzo. Hay gente que seguro toma mucho más, pero considerando el tamaño de la taza de la madrugada es mucho. Mi estómago me lo está tratando de decir.

- No estoy comiendo frutas. Me da como flojera. No sé por qué. Las veo y es así como “ay, ustedes otra vez. Qué fastidio.” No sé, es como que comer frutas es portarse bien y yo me quiero portar mal.

- Estoy durmiendo poco. Me levanto temprano. No siempre me acuesto tarde. Pero tampoco es que a las ocho de las noche. Ando en plan de “descansar es empezar a morir.”

- Estoy viendo muy poca televisión. De chama yo veía demasiadas horas. Mucho más de lo que debería estar permitido. He tenido momentos en mi vida en que puedo decir de memoria la programación de los canales de series y cosas así. La verdad es que hoy en día veo The Office, aunque esté repetido, porque me encanta. Cuando es la época de American Idol, confieso que lo veo. Y eso sí, almuerzo viendo Friends, con mi papá y m mamá. Es como el break diario del trabajo y la rutina. De resto, la verdad, me cansé un poco. Prefiero leer.

- No estoy leyendo todo lo que quisiera. Tengo muchos libros en cola. Me imagino que esta será una sensación que estará allí toda la vida.

- Soy extra, súper, full, desordenada. He tratado numerosas veces de corregirlo, pero confieso que cada vez que voy a ordenar digo: en vez de estar haciendo esta mariquera tan poco trascendental debería estar leyendo o escribiendo, o jugando con mi chama. Entonces dejo las cosas cómo están. No tengo el hábito aquel de “un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.” Creo que esa no es forma de vivir. No puedo. No soy yo. Yo improviso o no existo.

- Música. Amo escuchar música. Amo bailar. Y quiero a final de año meterme en clases de guitarra.

- Sigo amando el chocolate. Lo como todos los días. No existe no comerlo.

- Mi número actual de mascotas: 3 perros y un gato. No está nada mal. El gato vive afuera de la casa, llegó aquí porque le dio la gana. Nos hicimos amigas porque a ella le dio la gana. No queda más remedio, hay que contarla.

- Me visto cómo me gusta y cómo me siento. Cada vez menos le paro a lo que dicen los demás. Y parece una tontería, pero es una liberación. Porque la manera de vestirse es algo tan personal, que cuando uno ve a un fashion victim, estilo la gente que se pone lentes de sol enorme porque Angelina Jolie se los puso, uno ve falta de personalidad. Así como la gente que se enfunda de marcas para impresionar a los demás. Me liberé de eso. Me importa un pepino, y con el paso del tiempo he descubierto que eso me da una gran libertad. Creo que quienes hemos estado en relaciones en las que la pareja exigía a la hora de vestirse, entendemos.

- Cada vez siento menos apego por lo material. No es que ando a punto de hacer votos de pobreza. Para nada. Me encanta un cachivache, una chuchería de mujer. Pero tampoco es que tengo como meta de vida comprarme joyas. Es más, no tengo. Y no me importa. No soy de las que se muere por unos diamantes, porque como no voy a vivir para siempre, no me trago el cuento de que son para siempre. Prefiero libros. No tengo como meta comprarme un carro gigante. Estoy tratando de escribir. No gano como para comprarme un carro gigante, y eso no me frustra. No es lo que busco. Adoro mi carro carranclo al que hay que hablarle para que no se recaliente. Es fiel. Se parece a mí. Chiquito, menudo, con demasiado motor para la carrocería tan pequeña que tiene. No tengo como meta comprarme una casa gigante. Nada de eso. Yo quiero escribir. Fotografiar. Hallar o al menos acercarme a encontrar aquello que busco internamente. Quiero acostarme por las noches y sentirme tranquila. Quiero conocer lugares nuevos, hacer amigos, rumbear, bailar, amor, pasión, tener buenos cuentos para echar, de esos que cuando cuentas te vuelves a reír. Quiero ser una persona tranquila. Contenta. Quiero que el día que me llegue el turno, poder decir, le saqué todo lo que pude a mi estadía en esta dimensión.

- Me gustaría ser más tolerante con los demás. Es decir hablar menos de la gente. Creo que veces uno cae en el juego ese de estar criticando a los demás. Es terrible. Dos máximas que no quiero olvidar, “cuando apuntas un dedo a los demás estás apuntando tres a ti mismo” y la otra “criticar es muy fácil, cualquier idiota puede hacerlo.”

- No soy tan tecnológica como debería serlo. Mi receta para arreglar la computadora es ctrl + alt + delete o en su defecto dejar el botón de power pegado. Pero en mi favor, he comenzado a hacer respaldos de información.

- No estoy haciendo tanto ejercicio como debería. Me da una flojera.

- Abrazo y beso a mi hija cada vez que puedo. No quiero que le falte eso. A veces me da cosa que paso muchas horas en la computadora. Que no voy a ser la típica mamá que la lleva al mercado en ropa de gimnasio. Que a veces mientras ella juega yo estoy al lado escribiendo o leyendo. Que mi papá juega con ella más que yo. Pero a la vez recuerdo, que ese es el ejemplo que le quiero dar. La maternidad es difícil. Son muchos sentimientos a la vez. Eso sí, predomina un amor inmenso, indescriptible e insuperable, que me siento afortunada de haber conocido.

- Sigo siendo atorada y con poca paciencia.

- Voy muy poco a la peluquería.

- Amo desayunar fuera de mi casa.

- Me encanta mi vinito. Me fascina una copa de más. No lo voy a negar. No es que todos los días, pero es parte de vivir. Además, yo me tomo dos copas y ya estoy hablando el triple de lo que debería. Que ya es decir muchísimo.

- Pierdo todo.

- Sigo soñando con tener un programa de radio. Y por qué no con animar American Idol.

- Me sigue gustando ver el Miss Universo.

- Tengo el mismo miedo a la oscuridad que tenía a los ocho años.

- No me gusta el dentista.

- No me gusta decir adiós.

- Me dan caga los aviones.

- No voy mucho a matrimonios. Me fastidia emperifollarme. Sólo voy a eventos sociales cuando es estrictamente necesario.

- No hablo con gente que me da flojera.

- Mi respeto se lo gana la integridad y la inteligencia. Cada vez le tengo menos paciencia a la banalidad. Y no lo digo como algo bueno. Esto es un gran prejuicio, no soy quién para decirle a nadie cómo vivir.

- No veo películas que me ponen triste. No más cosas del Holocausto, ni nada de eso. No veo ciencia ficción. Y aunque me gusta el buen cine disfruto con películas malas que me hacen reír. La vida es suficientemente complicada en versión 3D.

domingo, 24 de octubre de 2010

Los Diarios de Adán y Eva de Mark Twain


Otro más de la cola:

Mark Twain, con un estilo genial, lleno de ironía nos presenta al primer hombre y la primera mujer, relacionándose tal cual como nos relacionamos hoy en día.

Eva, ávida de cariño, hace todo lo posible por agradarle a Adán, lo trata de forma condescendiente, a veces como si fuese un niño, sabiéndose más inteligente que él.

Adán se siente atrapado, no logra entender cómo Eva llegó a su vida, y hace todo lo posible por procurarse un poco de espacio.

Ella no lo deja hacer las cosas que siempre le había gustado hacer, le habla demasiado y a veces siente rabia por haber perdido el Edén a causa de ella. Sin embargo, sigue a su lado, y no tarda en reconocer que estar con ella vale la pena ante cualquier cosa.

Eva es inteligencia, con mucho sentimiento. Adán es puro raciocinio. Eva es hormonal y complicada. Adán es básico.

Lo más genial de este texto es que creo que muchas mujeres y muchos hombres podrían ver reflejadas sus quejas de pareja, sus propios sentimientos y su manera de reaccionar cuando los hijos llegan y lo cambian todo.

No es quizás la mejor obra de Twain, y no es una historia común. Es un retrato irónico de lo que fueron el primer hombre y la primera mujer, y como, a pesar de creernos hoy tan evolucionados y tan distintos, seguimos siendo iguales.

De lo que más me gustó:

Adán:

“Esta nueva criatura de pelo largo se entromete bastante. Siempre está merodeando y me sigue a todas partes.”

“Creo que alcanzo a ver para qué es la semana: es tiempo para descansar del aburrimiento del domingo.”

“Me dijo que estaba hecha de una costilla extraída de mi cuerpo. Esto es por lo menos dudoso, si no más que dudoso. No he perdido ninguna costilla..”

“Ella será útil. Yo la supervisaré.”

“Me arrojé a las cataratas en un barril, lo cual no la satisfizo. Me arrojé en una cuba, tampoco la satisfizo. Atravesé nadando el remolino y los rápidos en un traje de hojas de higuera. Se estropeó por completo. Luego, tediosas quejas sobre mi extravagancia. Estoy demasiado limitado aquí. Necesito un cambio de ambiente.”

“Me vi obligado a volver con ella, pero emigraré otra vez, apenas tenga la ocasión.”

“Ella no era así antes de perder la cabeza.”

Eva:

“Un instinto me dice que la vigilancia eterna es el precio de la supremacía.”

“Me parece una criatura más interesada en descansar que en ninguna otra cosa. A mí me agotaría descansar tanto.”

“Lo consideraré hombre y lo llamaré él hasta que demuestre ser otra cosa.”

“Yo soy la que tuvo que hablar, por él es tímido, pero no me importa.”

“…no le dejo ver que soy conciente de su defecto.”

“No importa. Nada habría pasado, pues a él no le importan las flores. Las llamó tonterías, y no puede distinguir unas de otras; piensa que es superior sentirse así.”

“Es mejor estar sola que no ser bienvenida.”

“…pero si atraigo el mal agradándolo a él, ¿por qué tendría que preocuparme?”

(Sobre los animales) “Creo que son perfectos caballeros.”

“Si me pregunto por qué lo amo, encuentro que no lo sé, y en realidad no me importa; de modo que supongo que este tipo de amor no es un producto del razonamiento ni de las estadísticas, como el amor por los reptiles y los animales.”

“Soy la primera esposa, y la última será una repetición mía.”

* En la última página aparece lo que puso Adán en la tumba de Eva. No se los cuento, búsquenlo. Me pareció la parte más bella.

** La edición que leí, regaldo de un amigo muy querido es una preciosa, ilustrada por Francisco Meléndez. Este ilustrador está retirado y vive en un monasterio. Ha ganado numerosos premios y tiene una agrupación que promueve el trabajo artístico entre niños y adolescentes. El trabajo que hizo para esta edición fue una gran excepción, sin duda una que se agradece pues el resultado es un libro de gran belleza. Un tesoro.


Si lo leen espero que lo disfruten. Al final, Adán y Eva son una historia de amor.

jueves, 21 de octubre de 2010

Sobre Rosa Candida


Terminé Rosa Candida. De Audur Ava Ólafsdotir. Tengo que empezar por contarles que este libro todavía no existe en español, es uno de mis grandes avances, pues lo leí en francés, relativamente rápido, sin tener que estar viendo el diccionario cada dos páginas para no sentirme que estaba leyendo el Manifiesto Extra-terrestre sobre la Teoría de la Relatividad.

Lo que es más, pude disfrutar de la prosa de Ólafsdotir, que es sencilla, ligera, sin adornos innecesarios, sino más bien directa, pero no por eso ajena a la idea de que todo libro tiene que tener su belleza.

Rosa Candida trata sobre un joven de 22 años, Arlnjótur, quien tiene una hija de nueve meses, producto de una noche en la que pasó cuarenta y cinco minutos con una mujer, a la cual sólo vio nuevamente un mes y medio después cuando ella le invitó un café para decirle que estaba embarazada.

El joven se dedica a la pesca, pero heredó de su madre, muerta en un accidente de automóvil, la pasión por la jardinería. Es por eso que se va a vivir a una tierra extranjera, invitado por unos monjes que desean que alguien los ayude a salvar su huerta. Arlnjótur se lleva consigo tres ejemplares de la rosa de ocho pétalos, que está a punto de extinguirse y se propone cultivarlas y crear un bello rosal.

Estando en el monasterio se presenta un día Anna, la mamá de su hija, con Flora Sol, la bebé en cuestión, y pasa a formar parte de esa búsqueda de Arlnjótur dentro de sí mismo, y la verdad es que protagonizan una bella historia, con un final interesante, que por un lado es una cachetada a todo lo rosado, por otro es quizás algo que toda mujer de cierta edad quisiera hacer.

En todo caso tengo que decir que amé este libro. Tanto así que hasta he pensado en traducirlo. El problema es que el idioma original es islandés, entonces se debería traducir del islandés y no del francés. No dudo que pronto lo harán.

En un momento te preguntas ¿para qué este autor me está contando esto? Y de pronto, sin darte cuenta, ves cómo el personaje se está cuestionando las cosas más profundas de la vida, de la muerte, hasta su propio cuerpo, y la conciencia de sí mismo.

Una de mis partes favoritas es cómo Arlnjótur conoce a su hija, pasa tiempo con ella, y se va convirtiendo en padre. Olafsdotir hace un trabajo impecable en cuanto a la sensibilidad para describir la relación entre un bebé y sus padres. Hermoso. Lo que me tiene picada es que la bebé tenía nueve meses y ya estaba caminando y diciendo que sí “ma-má Do-Do” (mamá dormida). Pero al final en un momento dado la mamá sí dice algo como que siente que la niña es sumamente precoz, así que bueno, se lo compré en ese momento, si no el libro se hubiese tenido que llamar, Rosa Candida, Bebé Índigo.

En todo caso recomiendo este libro ampliamente, a los que hablen francés no dejen de buscarlo y los que no, apenas salga en español, que saldrá, no lo dejen pasar.

Entre las frases que me gustaron:

“No podemos saber lo que pensamos de una cosa, en el momento exacto en que nos pasa.”

“Las casualidades tienen un sentido.”

“¿Cuánto tiempo puede durar una historia de amor? ¿Y una relación sexual? ¿Y la mezcla de las dos? ¿Es que eso puede durar toda la vida? ¿La vida entera?” (Esto es en medio de una conversación entre Arlnjótur y el Hermano Tomás, uno de los diálogos más bellos del libro, dónde el joven le pregunta al padre, cómo sabes si una mujer está enamorada de ti y cómo interpretar las cosas que te dice y su forma de actuar.

“…cuando la magia de lo desconocido se ha ido, pero no la de lo imprevisto.” (UNA DE MIS FRASES FAVORITAS) De verdad que uno no se da cuenta que si bien la magia de lo desconocido pasa, no la de lo imprevisto.

“No hay amor razonable. Si viviéramos una vida solamente de razón, perderíamos el amor, como dice aquí, en alguna parte.” (Lo dice el monje también, quién no señala La Biblia, sino su enorme colección de cine de autor.)

“Generalmente, las cosas empeoran hasta un cierto punto, justo antes de que comiencen a mejorar.”

“La belleza está en el alma del que mira.”

“Me gustaría morir con más experiencia, después de haberme encontrado a mí mismo.” “…Jamás llegamos a una conclusión en lo que a esto respecta.” “…siempre se muere o demasiado temprano o demasiado tarde, jamás en el momento adecuado.”

“Hay que mirar el sufrimiento a los ojos, para poder compartirlo con los que sufren.”

“Es entonces que la veo, allá en lo alto, en pleno vitral del coro, la rosa púrpura de ocho pétalos, en el instante preciso en que el primer rayo de sol atraviesa la corola y se posa sobre la mejilla de la bebé.” (Hermoso, hermoso, hermoso final.)

martes, 19 de octubre de 2010

Cola Literaria

Yo tengo mi “Cola de libros.” Existe. Es bastante larga. Tan larga, que me imagino que me tomaría un par de años terminarla, contando que hay par de ejemplares de mil páginas. En todo caso, aquí está la cola.

LEYENDO: Rosa Cándida - Olavsdotir. Una joya de libro que trata sobre un muchacho huérfano de madre, que tuvo un romance de una noche con una muchacha y con la cual tuvo una hija. El muchacho, (un nombre islandés que es así como Tghjhjrru) se va para “un país extranjero” a trabajar el rosal de unos monjes, ya que gracias a su madre, desarrolla una pasión por los jardines y las rosas. Es una belleza de libro, de esos de una sencillez que te va llevando sin que te des cuenta a las profundidades del alma. Anoche dejé bien atrás la mitad.

Siguen en cola:

  1. Los Ojos Amarillos de los Cocodrilos – Catherine Pancol.
  2. La Elegancia del Erizo – Muriel Barbery
  3. El trigo en la Hierba – Colette
  4. El Rey, su Esposa y el Pequeño Príncipe – Marc Villard
  5. Tristona – Benito Pérez Galdó
  6. El Verano – Albert Camus
  7. Como Una Novela – Daniel Penca
  8. Que Yo Os Amo, Que Yo Te Amo – Las Más Bellas Declaraciones de Amor
  9. El Miedo – Stefan Zweig
  10. Los Textos Más Bellos de la Historia del Arte – Pierre Serc
  11. La Fotografía Contemporánea por los que la Hacen – Thames and Hudson Editores
  12. Las Aventuras de un Joven Don Juan – Guillaume Apollinaire
  13. Therese Roquin – Zola
  14. Suite Francaise – Irene Nemerovsky
  15. La Pequeña Novia, Nube y Sol – Rabindranath Tagore
  16. Un Futuro Brillante – Catherine Cusset
  17. Germinal – Zola
  18. La Vida Mode de Empleo – Georges Perec
  19. A la Felicidad de las Damas – Zola
  20. Tristeza de Escuela – Daniel Penca
  21. Habla Bajito si Hablas de Amor – Sophie Cherer
  22. No y yo – Delphine de Vignon
  23. Mitologías – Roland Barthes
  24. Siempre Somos Demasiado Buenos con las Mujeres – Raymond Queneau
  25. El Benefactor – Susan Sontag
  26. La Otra Mitad del Sol – Chimamanda Adichie
  27. Jamás Contenta – Marie Desplechin
  28. El Silencio del Mar – Vercors
  29. El Malentendido – Irene Nemerovsky
  30. Cuentos – Charles Perrault
  31. El Museo de la Inocencia – Orhan Pamuk
  32. La Mano Junto al Muro – 20 Cuentos Latinoamericanos
  33. Primavera Sagrada – Rainer María Rilke
  34. Las Partículas Elementales – Michelle Houellebecq
  35. El Lobo Estpeario – Hermann Hesse
  36. La Muerte en Venecia – Thomas Mann
  37. Leviatán – Paul Auster
  38. Fortunata y Jacinta – Benito Pérez Galdó
  39. La Montaña Mágica – Thomas Mann
  40. Relatos – William Faulkner
  41. Un Grito de Amor Desde el Centro del Mundo – Kyioichi Katayama
  42. Seda – Baricco
  43. La Ciudad – William Faulkner
  44. La Mansión – William Faulkner
  45. Diálogos – Platón
  46. Tristano Muere – Tabucchi
  47. Volando Solo – Roal Dahl
  48. Mujeres – Bukowski
  49. Si Una Noche de Invierno un Viajero – Italo Calvino
  50. La Despedida – Milan Kundera
  51. Expediente del Atentado – Álvaro Uribe
  52. Kafja en la Orilla – Haruki Murakami
  53. Relatos Escalofriantes – Roal Dahl
  54. Madame de Maupin – Theodore Gautier
  55. Dos Fantasías Memorables. Un Modelo Para la Muerte –Borges / Bioy Casares
  56. La Trilogía de Nueva York – Paul Auster
  57. El Mar, El Mar – Iris Murdoch
  58. El Pasado – Alan Pauls
  59. El Hombre es un Gran Faisán en el Mundo – Herta Muller
  60. En Tierras Bajas – Herta Muller
  61. 2066 – Roberto Bolaño
  62. Las Ilusiones Perdidas – Honoré de Balzac
  63. Tess D´Urbervilles – Thomas Hardy
  64. Los Versos Satánicos – Salman Rushdie
  65. El Elefante – Slawomir Mrozek
  66. Los Cuentos del Gato Encaramado – Maral Ayme
  67. La Mancha Humana – Philip Roth
  68. El Erotismo – Georges Bataille
  69. El Arte de la Novela – Milan Kundera
  70. Sauce Ciego, Mujer Dormida – Haruki Murakami
  71. Hostorias Naturales – Jules Renard
  72. Los Diarios de Adán y Eva – Mark Twain
  73. Baruca – Numa Frías Mileo

* Nota: El número no indica que tengo que leer los libros en ese orden.

** No se cuentan los del Club de Lectura Ama-gi, ni literatura infantil.

lunes, 11 de octubre de 2010

Contando Tiempo

Hoy me dio por pensar en las edades. A veces veo a mi chama y pienso, del 0-3 eres feliz porque no te acuerdas de nada. Tus únicas responsabilidades son cuna, cama, tetero, juego. Tus amores son tu mamá, tu papá, tus abuelos si los tienes cerca. Mi hija escucha la voz de mi papá y suelta todo, y si pasan más de treinta segundos y él todavía no la ha cargado viene el llanto. No hay duda, si ella supiera quiénes son Rocío y JuanGa, le estaría dedicando esas canciones a su abuelo, con mariachi, sombrero, y gritico mexicano incluido.

Pero del 0 al 3 tiene su cosa también. Dígame gatear, mis sobrinos agarraban a la pioja por las piernas y le hacían la bicicleta explicándole, “Clarissa tienes que hacer así”, hasta que la pobre harta de arrastrarse lo logró. Caminar otra historia, irse soltando poco a poco, agarrándose de una mesa para llegar hasta una silla, con la misma cara que yo pongo cuando quiero saltar un charco sin mojarme los zapatos de agua puerca. La pobre se sentaba durísimo cuando no lo lograba y a veces apretaba los puños con la misma frustración del tenista que bota un game con una doble falta.

Ni hablar de temas como columpios, como niños grandes que tienen tus juguetes y todo el rollo político que se arma entre los infantes. Se lo dices a tu mamá, no se lo dices, pegas, gritas, ¿qué estrategia es mejor? Tal vez dejar el lío del juguete de ese tamaño e irse a otro lado.

Del 3-10 pasas a otra etapa. Está el colegio. Sigues siendo los ojos de tus padres y tus padres son tus ojos. Nadie como ellos. Lo saben todo. Lo pueden todo y cada vez que haces algo quieres que te vean. “Mami mira” son quizás las palabras que uno más repite a esa edad. Desde el dibujo que hiciste el día que estaba lloviendo, hasta la caja de Torontos forrada de pasta cruda que te obligaron a fabricar en el colegio y que te llevas a tu casa el día de la madre llamándola joyero, hasta el hueco que te abriste corriendo por el jardín y que hace que tu mamá grite “¡Coño eso es de puntos!”

Del 3 al 10 la vida es lo máximo. Eres suficientemente grande para tener ya tus propios sueños, quieres ser médico o bombero, o hasta secretario general de la ONU (los chamos son así hoy en día), te empieza a gustar la música, y te crees todo lo que te dicen en el colegio. Tus rollos políticos de la primaria son que si fulanita le dijo a Menganita que tú eras fea, o que si Juancito le dijo a María que el niño Jesús no existía y fin de mundo.

Tus responsabilidades ahora incluyen bañarte, cepillarte los dientes, hacer la tarea, pero todavía no sabes lo que es ver el reloj a las once de la noche y que te falten horas para terminar el trabajo que tienes que entregar al día siguiente. Tampoco sabes mucho de cuentas, alquileres, locatarios, de carros que hay que llevar al taller, la cesta básica sigue siento lo que llevaba caperucita cuando fue a ver a la abuela y el Producto Interno Bruto, el pana de tu salón que siempre saca 01. Aún estás en esa etapa en la que si terminas rápido lo que tienes que hacer puedes alcanzar a ver tu programa favorito en la tele.

Ya una vez que pasas los 10 la cosa va cambiando hasta los 13, tal vez los catorce. Poco a poco te vas despertando. El muñeco que tanto amabas va quedando olvidado, hasta que lo cambias por un bobo cuyo apellido escribes al lado de tu nombre en clase de matemática. La maestra te parece una desubicada, piensas que tu mamá no te entiende, tu papá es un retrógrado, tus hermanos un accidente del destino y el mundo entero está equivocado y tú tienes la razón.

Tus problemas principales son tu cutis, tu cuerpo amorfo, tus ganas de ponerte una falda con la que jamás te dejarán pisar la acera de tu casa, para ir a ese concierto al que jamás te van a dejar ir, en el carro de él, que no tiene licencia y por ende jamás van a dejar que te lleve, y así hay días en que sientes que tu vida es un infierno porque nada es como quieres. Y para más remate, todo ese estrés viene junto a física, química y matemática.

Por fin terminas el colegio y sales jurando que el mundo es tuyo. Puedes hacer cualquier cosa, eres el ser más increíble de la tierra. Llegar a la universidad poco a poco te devuelve a la realidad. Osea, ya tienes 19 y no todo es cómo te lo habías imaginado. Ahora sí tienes que estudiar de verdad, pero a la vez tienes toda esa libertad que antes no tenías. Ya no tienes que pedir permiso, ahora avisas qué vas a hacer y a qué hora vas a llegar.

Entonces te das cuenta que tener toda esa libertad no es lo que te habías imaginado. Te das cuenta de algo que jamás pensante que podía haber dentro ti, el sentido de la responsabilidad. Eres capaz de dejar pasar una fiesta porque tienes que estudiar para un examen, ya no dices todo lo que piensas, no haces las locuras que dijiste que ibas a hacer el día que tu mamá no estuviera ahí para decirte, “tú no vas para ningún lado.” Ahora eres tú mismo quien se impone unas reglas muy parecidas a las que te impusieron de chamo.

A los 25, viene una pequeña crisis. Ya los 25 no son lo que eran. En la época de nuestros padres esto era ya casi la madurez, la mitad de la vida. Las mujeres casadas, embarazadas persiguiendo bebés en mitad de un parque. Ahora a esta edad estás en ese limbo de ¿qué hago ahora?

Tal vez terminaste una carrera que no te gustó. ¿Será que empiezo otra? Tal vez te gustó la carrera pero la vida profesional no es lo que soñaste. ¿Será que si hago un post-grado todo mejora? Tal vez te confunde el no tener la misma vida que tus padres, soñabas con ser esposa gimnasio, pero para eso hace falta un esposo y ese esposo no llega. Tu dedo sin anillo está muy triste y te sientes mucho más vieja de lo que eras. O tal vez, fuiste de las que salió corriendo al altar apenas tuvo toga y birrete en la cabeza, y mientras tus amigas están bailando hasta las cuatro de la mañana y al día siguiente miran con ojos de ratón a su jefe, te preguntas si no te habrás apurado, si no estás dejando de vivir ciertas cosas.

25 es una edad complicada hoy en día. Una edad en la que podrías ser madura, pero no sabes si puedes o si debes. Y así van pasando los 26, 27, 28, y cada vez más sientes que tus decisiones son definitivas, que no tienes tiempo en el banco para financiarte ningún error. Es como si todo fuera ahora o nunca porque ya no tienes 22, y sientes que los más chamos que tú viven una vida loca que te gustaría volver a vivir, cuando podías equivocarte y volver a empezar.

Hasta que un día te levantas y tienes 30. Y te preguntas, si los 40 son los nuevos 30 ¿qué hacemos nosotros? Porque los 30 no pueden ser los nuevos 20. En primer lugar la forma como se visten las de 20 no te queda. Por más buenota que estés, si es que estás, llega un punto en que la minifalda no te queda bien. Enseñar las pantaletas después de los 25 es como de gente borracha. Tienes que asumir tu edad.

En segundo lugar está el plano afectivo. Va siendo hora que tus relaciones las lleves con algo de madurez emocional. Ya no se te van a declarar igual, ni tu vas a estar armando escándalos porque él se fue a almorzar con una amiga. Eso estaba bien a los 22, pero a esta edad las cosas se deberían tomar de otra forma. Ves a la gente que todavía arma esos rollos estilo cuarto año de bachillerato y te das cuenta de que pierden demasiado el tiempo.

Además a esta edad te pega como un tren la “supuesta liberación femenina” y todo lo que implica para la mujer hoy en día. La gente espera que tengas pareja, trabajo, hobby, de repente un chamo, que seas culta y que estés buena. Tienes tanta presión que no sabes por donde escapar, porque además esperan que seas zen.

Pero entre la cita para la depilación y tu estrés porque no tienes ni puta idea cómo hacer para lograr tus metas de aquí a cinco años, con cuerpo de bikini y un chamo bien nutrido, te preguntas ¿dónde coño queda zen? o ¿cómo hago para pagarlo si hoy en día un par de zapatos cuesta una burrada?

Es cerca de los 30 que te pega tu primer dolor de espalda, que llegas a ese punto en que si rumbeas demasiado al día siguiente no te levantas, en que quieres salir con amigos a conversar y la música de los bares te molesta en los oídos, en el que lees una felicitación por twitter a alguien que cumple 22 y dices… ¡coño, quién fuera esa carajita!

De los 31 en adelante, no sé, tendré que esperar a ver cómo pinta el tiempo las demás décadas. Eso sí, definitivamente nuestro patrimonio más importante es el tiempo, y lo cruel de la vida es que no puedes realmente sacar la cuenta del que te queda, sino del que se te fue, por eso hay que vivir con intensidad cada día, porque qué rabia da cuando uno sacas cuentas y la cifra final queda en rojo.

viernes, 8 de octubre de 2010

Puntos para el Médico, Puntos para la Pioja

La vida es una cosa loca, justo ayer posteaba sobre los médicos, y la espera y la desesperación, y justo ayer salía corriendo a una clínica a esperar presa de la desesperación.

Estaba sentada en la compu y Clarissa corría por el salón cuando escuché el golpe y el llanto. Ese llanto que ya uno reconoce no por oído sino por instinto animal. Llanto de aquí pasó algo en serio.

Me paré como un bólido y lo primero que vi fue dos gotones de sangre que habían caído en el piso. A penas le levanté la carita fue como si las dimensiones de tiempo y espacio se hubieran separado, implotado, desvanecido. Me hubieras podido preguntar algo tan simple como mi cédula, no hubiese podido recordarlo, yo lo único que veía era la sangre y no podía pensar.

La tomé en mis brazos y por alguna regla aprendida en el camino de la vida fui a buscar hielo. No sé por qué pero frente a una emergencia el hielo adquiere poderes mágicos. También como robot llamé al pediatra, quien siempre te atiende feliz de que hayas llamado y nunca te hace sentir que eres una hiper-nerviosa histérica neurótica exagerada, tú lo puedes llamar a preguntarle cómo se le cortan las uñas al chamo y el con calma te lo va a explicar.

Al final resolví que lo mejor era cruzar la ciudad y llevarle a la pioja, porque una vez que la sangre paró de salir a borbotones la raja vertical sobre la frente generó el comentario que te reacomoda todos los huesos de la columna: “eso es de puntos.” Agarré un tetero, una galleta, una muda de ropa, pañales, cremita, pañitos, Didi el oso favorito y un libro de colores, me monté con mi papá en el carro y nos fuimos.

Mi papá insistió en manejar mientras yo iba atrás con la pioja. Ella ya había parado de llorar y nos veía así como, “esta gente qué le pasa, ¿será que anunciaron que el servicio militar no es voluntario sino obligatorio?” Camino a la clínica yo pensaba qué cara me iba a poner mi esposo cuando le dijera: catire, no sólo Clarissa se cayó, sino que se fundió el motor del carro. Mi papá iba enprimerado por aquellas subidas y el motor sonaba así como abejas asesinas pero estreñidas.

Por fin llegamos. Las caras de la gente no ayudaban para nada. La verdad es que parecíamos un capítulo de ER, las dos llenas de sangre. Cuando el pediatra la vio dijo lo mismo que dijo mi mamá, cosa que a mi mamá la hace sentir la Dra. Fragachán “eso es de puntos.”

Debo decir que así como ayer me quejé sobre el calvario que esperar en una oficina a que te atiendan cuando te sientes mal, hoy escribo para contar sobre lo consentidas que estuvimos ayer. Todas las enfermeras y los demás pediatras fueron muy atentos y muy consentidores. Calcomanías, animalitos, jueguitos, cuentos.

Lo más duro quizás fue esperar a que llegara el cirujano que le cosió los puntos a la pioja. Entre otras cosas ya ella se “sentía bien” y quería correr por toda la sala de espera de la emergencia. Aún así, esperamos una hora, no más. Y eso que llegamos así de paracaídas, y en un momento se nos acercó una persona de Atención al Paciente, a preguntarnos por qué teníamos tanto rato esperando, y que fue a averiguar dónde estaba el doctor y así informarnos si tendríamos que esperar quince minutos más o una hora más. Cosa que ayuda mucho, porque el “ya viene.” “ya está en camino.” “falta poco.” Es desesperante. No hay nada peor que no saber, más cuando estás en mitad de un salón con una bebé inquieta, desesperada con una herida abierta, que cada vez que alguien la ve dices cosas como “se dio duro” o “poechita” o te arruga la cara como si hubiera mordido un limón.

En medio de disculpes, vamos a hacer todo lo posible porque le atiendan rápido, qué pena con usted. Yo decía “¿será que alguien aquí leyó el post de hoy?” La verdad es que fueron bastante diligentes y amables, y aunque se tomó su tiempo salimos del trance bastante rápido. Así que me toca hacer una pequeña sopa de letras con mi post de ayer y comérmela completa.

En total ayer fueron tres cortes de puntos los que estábamos ahí en la emergencia. Al llegar a la casa empezaron todas las historias, pareciera ser que todos tenemos alguna cicatriz por ahí de cuando éramos chamos e hicimos a nuestra mamá correr a una emergencia.

La mía es una rodilla, tenía siete años y un niñito me estaba persiguiendo para pegarme, me caí y me cortó una piedra. Siete puntos y en esa época eran bastante feos, así que ahí tengo una bella cicatriz como en forma de L. Ni hablar de lo que me quedó de un accidente de carro que tuve hace años. Digamos que la cicatrización no es mi fuerte. Y mi mamá ayer sacó a relucir el “ahora entiendes lo que yo sentí, porque esta niña (me encanta cuando habla como si yo no estuviera ahí) me hizo ir tres veces a la clínica por una fractura del mismo brazo, la última vez ella no lloró, lloré yo.”

En todo caso, ayer fue la otra cara de los médicos. La que hay que agradecer, la que hay que valorar. Después de todo, los hay maravillosos y literalmente no podríamos vivir sin ellos.

Creo que lo que más me maravilla de un médico es cuando no sólo hace bien su trabajo, sino cuando te trata con cariño, cuando te hace sentir que le importas y que eres mucho más que un paciente, que un trabajo, que un percance de jueves a final de la tarde cuando ya probablemente quisiera estar camino a su casa.

En todo caso, así como uno dice lo malo, hay que decir lo bueno. Sobre todo lo bueno. Y aunque yo he tenido experiencias duras con médicos, las he tenido así de maravillosas, y como dice mi sobrino los admiro muchísimo pues no sólo no podría hacer lo que hacen por falta de talento con las manos, con la química, con la atención al detalle, sino que además con esa dedicación por hacerte sentir bien.

Sólo me queda una cosa por decirles…gracias.