domingo, 28 de noviembre de 2010

Saludos Bloggosfera

Ando un poco perdida. Escribiendo. Escribiendo. Escribiendo. Escribiéndome. Escribiéndote. Escribiéndole. Escribiéndonos. Pensando. Borrando. Recordando. Purgando. Urgando. Revisando. Inventado. Imaginando. Siendo. Dejando de ser. Decidiendo. Volviendo. Gritando. Callando. Escondiendo.

Me quedan pocas fuezas para bloggear, la verdad es que todo se me va en los dos proyectos en los que he decidido concentrarme. De haber sabido que esto iba a hacer así me hubiese metido a bombero. Ahora entiendo por qué pasé tanto tiempo tratando de hacer otra cosa. Tratando de dedicarme a algo que fuese más de todo y menos esto.

Esto desgasta emocionalmente hasta el punto que no hay cómo explicarlo. A veces me queda al alma como si fuese una pasa. Sacada de una esas cajitas rojas. Negra y arrugada. Escudriñarse uno mismo, meterse en distintos papeles es algo muy complejo. Uno se encuentra y se pierde, se encuentra y se pierde.

A veces me siento como el mar. Otras rígida como un árbol. Otras inestable como la arena. Otras más como una magdalena. Uno se siente que es todo y nada.

No me falta mucho, pero todavía no he terminado. Sigo aquí. No me he ido. Es lo que les quería contar hoy. Me tengo que para de esta silla porque los períodos de escritura son tan intensos que no aguanto ni la espalda, ni los ojos.

Ahí vamos. Cada día falta menos.


martes, 23 de noviembre de 2010

Consejos de Seguridad


Esto salió ayer en El Universal, bajo el título Para No Ser Víctima. No nos vienen mal a los que habitamos en la Ciudad de la Furia, aunque como en esta ciudad, tienen su lado oscuro. Aquí pongo lo que pensé cuándo lo leí, aunque son buenos consejos que en el fondo vale la pena tener en cuenta. Se los dejo para que se cuiden.

1. Mantenga un perfil bajo. No use joyas y salga en carros discretos, mejor si sale en grupo.

Sal pelada de tu casa, ni se te ocurra ponerte el dijecito ese de mariposa que aunque dice Made un China es dorado como una cadena de rapero. Nada de pulseras, ni chucherías, ni zarcillitos, ni nada de eso. Y no se te ocurra regalar ni un “virgencita plis” este diciembre, en este país la medallita va como la procesión, por dentro. Regalar cosas de esas es como decirle a alguien “toma para que te mueras.” Mejor imprime estas regalas y dile, “para que veas cómo te quiero.” Además es mucho más barato.

Lo de es mejor si sale en grupo, bueno para la mujer soltera es tremenda excusa para invitar a ese majarete a salir, pero también es el drama de si calarte o no al pescado baboso que es el único perro te que ladra.

2. Evite salir en las noches. Más si es a lugares apartados que no conozca.

Evite salir en las noches: Tremenda excusa para no calarte ninguna de esas cenas navideñas trágicas, casa de la amiga cuya madre hace unas hallacas con tropezones de tomate y dientes de ajo enteros. Claro que esto es un drama para el hombre monta cachos y una excusa para que cada vez que una dice “hoy salgo con mis amigas,” el tipo que se las tira de moderno diga “no me parece, no es porque yo no quiera que vayas, es que la situación del país no está para que anden saliendo mujeres solas.”

3. Avise a su familia cuando salga a donde va, y si va a casa. Mantenga un sistema de comunicación ágil y seguro con sus allegados lleve siempre un medio para comunicarse.

Avise a sus allegados a dónde va: Coño que mi mamá por favor no lea esta vaina, porque a pesar de que tengo treinta y un años el “¿a dónde vas? ¿con quién? ¿Mariana qué? ¿Yo la conozco? ¿De qué colegio? ¿Qué restorán?¿A qué hora llegas? ¿Y vas a ir a así? ¿No te vas a peinar? No. Dios, si ve esto estamos listos, ahora el sermón se alargará quince minutos más: “no me contestes así, mira que tengo que saber ¿no viste el artículo de El Universal? ¡Fack!

4. Esté atento a lo que ocurre a su alrededor. Detecte personas extrañas carros, sospechosos y, si es necesario, avise a la policía, sino vaya a un sitio con mucha afluencia de personas.

Primero que este consejo, todo al mismo tiempo no lo puede seguir ni Jack Bauer. Extraño aquí es todo el mundo. Los que nos hemos ido quedando en este país estamos todos locos. Hoy en día los secuestradores van en carros mejores que los de uno, con un blackberry más arrecho que el de uno, con un Ipod touch, con unos lentes de sol de marca. Eso era antes que un ratero te venía con una navajita a decite “mami dame el relos.” Ahora mientras más normal parezca la persona huye más rápido. Aquí el buena gente está pelando bola, el malandro es que le está yendo bien.

Después, está el llame a la policía, ¿es en joda? Yo cada vez que veo una de esas alcabalas pienso que son como promotoras repartiendo propaganda, pero en este caso de bandas de choros.

5. Cambie sus rutinas. No salga a las mismas horas de casa o del trabajo. Sea impredecible.

No salga a las mismas horas del trabajo. Tremenda excusa para llegar tarde al trabajo. “Es que hoy tuve que salir una hora más tarde porque le estoy cambiando la rutina a los secuestradores.” Claro que tiene su bemol, porque entonces te tienes que quedar una hora más pegado a la compu por la misma razón.

6. Cree conciencia. Mantenga a su familia y empleados al tanto de los riesgos y modos de operar de bandas de secuestro. Hágalos conscientes de cómo actuar.

Este es el que te gana la reputación de histérico, de paranoico, yo conozco varios (de vez en cuando yo misma) que siguen esta regla al pie de la letra. Es el que le dices “Oye, estrenaron la nueva película de Julia Roberts.” “¿Y? ¿Qué diferencia hace? No se puede ir al cine. Te pueden asaltar en el camino, o en el estacionamiento, parece que en las colas de los cines te roban el blackberry. Además, en Caracas ¿un lugar público y oscuro? pero tú qué crees ¿qué yo soy qué? ¿Cool McCool? Además a la salida es peligrosísimo, y encima de todo te pueden echar burundanga en las cotufas.” Sí. Este no hace falta. De este tenemos bastante.

7. Sea prudente. No hable con el personal que tiene en casa y oficina acerca de sus posesiones, y verifique, de ser posible, si esas personas tienen antecedentes.

Este me encanta. Este va dirigido a todo el sifrino que no hace sino hablar de cosas estilo, “o sea marica, es que este fin de semana nos vamos para Moustique.” O ese rango que es todavía peor que dice cosas como “Paris en esta fecha está un asco, eso que llegas y dices, pero bueno qué pasó aquí. Ay no. Fatal.” Es el que no para, y no para, y no para, y no para de hablar de las cosas que tiene, las que se compró, la marca del no sé qué, la marca del no sé cuánto. Señores, además de lo feo que se ve aquí tienen una razón más para cambiar de tema.

8. Sea discreto. No coloque en redes sociales datos o fotos que puedan ser atractivas para los delincuentes, e instruya a su familia para que no lo haga.

Bueno este es letra muerta para mucha gente. Si vives en el primer mundo tienes más libertad, aunque sus casos se han oído. Pero aquí en la Ciudad de la Furia está quién twittea, “Estoy en la Calle Chama de Colinas de Bello Monte, justo llegando a la panadería y twitteando desde mi blackbery con mi camisa amarilla.” O ponen en Facebook álbumes que van desde: Mi casa, con todo el tour fotográfico. Mi cumpleaños con todo un árbol genealógico. Y luego van montando fotos móviles, desde que se compraron una lancha, hasta “aquí estoy con Jorge y Gaby con el mega Ipad que me acabo de comprar, en el C.C.Millenium al que voy TODOS LOS DÍAS A DESAYUNAR.”

Esta es la gente que cuando ves en las fiestas por ahí les dices, “porfis, no me montes las fotos en Facebook que no me gusta mucho.” Y bueno, se voltean y te dan una charla que se podría resumir en tres palabras: Ferrer. Lupita, Ferrer.

Gente, Facebook es divertido, yo no juzgo que si se pierde el tiempo o no, yo tengo este blog no soy quién para decirle a nadie cómo usar su tiempo, más de uno dirá que qué bolas esta geva que se levanta a las 5:30 a escribir “un libro sobre ¿qué?…no joda!”

Yo me meto todos los días, no lo criminalizo, pero Facebook es cómo la calle. Si yo no lo pondría en el blog, menos en Facebook. Si tú no pararías a un extraño en la calle a decirle, “Epa dóctor, mire esta foto de Gaby cuando dio a luz que casi se le ve una teta.” Entonces no la montes. Al menos esa es mi filosofía.


9. En el tránsito. Mantenga los vidrios arriba y una distancia prudente del carro de adelante que le permita maniobrar si es necesario.

En el tránsito. Bueno yo no tengo otra que ir con los vidrios arriba porque si se los bajo a mi carcacha voy a necesitar un gruero para volverlos a subir. Y en cuanto a la distancia prudente, muy lindo y todo, pero aquí si dejas más de veinte centímetros entre el carro de adelante y el tuyo te pasan varias cosas: 1. Se te colean los vivos. 2. Se te meten las motos y si hacen impacto contigo se tiran al piso y hay tragedia. 3. El de atrás que parece que se hubiera tragado un metro te clava la corneta y te empieza a insultar.

La distancia prudente es la que te trae menos líos.

10: No se detenga. No dé asistencia a nadie ni atienda solicitudes de motorizados, si quiere ayudar aléjese del lugar y llame a la policía o los bomberos.

Si ves a una vieja tirada en el piso, pues que se joda. Ni que fuera tía tuya. Es más tu llamas a tu tía en ese momento “Tía ¿qué más? ¿Cómo sigues de la tensión? Bueno tía entonces no salgas, porque si te da un patataús en la calle te va a recoger Mayuya. ¿Ya lo sabes?

Ahora, el que “atienda la solicitud” de un motorizado, así porque te paró en la calle y no es visible que tiene una emergencia, espero que el motorizado le diga “nooo vaaaleee, no te voy a robal pol pendejo. Bicho más bruto.”


11. Si lo interceptan. Trate de huir, prenda la alarma, toque corneta, llame la atención y si lo trancan choque el vehículo que lo cierra en la parte media porque eso lo va inutilizar.

Aquí falto que te dijeran que te arranques la camisa y muestres la S que llevas en el pecho. La realidad es que en el 90% de los casos si te interceptan te jodiste, y si tratas de que no te jodan te pueden joder. A menos que esté contigo el otro gemelo fantástico y te puedas convertir en bazuca de hielo o en turpial y salgas volando.

Moraleja: Es prudente e inteligente tomar estas cosas en cuenta de forma inmediata, a pesar de que algunas tengan su otro lado.

A la vez, encerrándote, y amargándote, y no bajando el vidrio ni para agarrar un ticket de estacionamiento, y tirando el carro como si fueses Jack Bauer y armando un peo si te tranca un carro en el que seguro hay un tipo armado dispuesto a pegarte un tiro, así no se logra nada.

Sinceramente estoy esperando que todos nos terminemos de hartar de esto para que hagamos una manifestación contundente, como se ha hecho en Colombia y en España, o como aquel cura famoso de México. No sé qué más estamos esperando. Tenemos derecho a vivir en paz y tenemos que exigirlo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Otra Idea Más


Yo creo que cuando estaba chiquita en el tetero me pusieron aguja de gramófono rayada. Sí, hablo full. Lo reconozco. Es un defecto, y sé que debo fastidiar a mucha gente que me verá y dirá “esta geva tiene que cumplir una cuota diaria de palabras, ¿o qué?” Hablo tanto que me vuelven loca con el: Manu tu deberías tener un programa de radio.

Me lo han dicho tanto que he pensado grabar unas cosas en Garage Band y montarlas aquí. ¿Quién sabe? Porque de resto no sé cómo se monta un programa de radio. Ni modo que vaya a Unión Radio y que “Buenas…sí, vengo porque mis amigos y mi familia dicen que yo debería tener un programa de radio.”

Me imagino al guardia. “Eee, señorita por favor si es tan amable, pase por aquí.” Claro que estaría señalando hacia la puerta de la calle, a dónde me lanzaría como en las comiquitas.

Lo más irónico de todo es que el personaje que más mueve mi “entrada” en la radio es Martha Colomina. Ya les he dicho que me encanta imitar voces y que mi favorita es Martha Colomina. Mi papá me dice ayer, “Si a Martha le pasa algo, vas a tener que tomar su puesto.”

Y se lo creo, porque si a Martha le pasa algo más de una vieja va a entrar en shock. Martha es como una droga, la tipa acelera, pone nervios de punta, es como la propaganda esa de Trillonario.com en la que al final el chino mete la cabeza en la pecera y el enano se suicida.

La verdad es que a veces pienso que hasta el mismo blog sería otra cosa si pudieran escucharlo. Por ejemplo el post de Miss Venezuela. Aquí hicimos la versión con la voz de Maite, las voces de las misses. Demasiado cómico.

En todo caso, es un proyecto que tengo por ahí. Y no sé qué hacer, porque para el año que viene tengo que empezar a tomar decisiones sobre buscarme alguito que me deje algunos cobres mientras termino de armar los libros. Me da miedo terminar en la autopista con mis cuentos en una mano y la raqueta esa mata-moscas en la otra.

Ya me anoté en el curso de traducciones literarias, pero como les digo, anda la gente con el tema de un programa de radio. Y la idea me da vueltas y vueltas en la cabeza. Entonces quizás lo lógico es que haga el curso de locución en vez del de traducciones.

La verdad es que hace año y medio había llamado a un amigo porque quería hacer un piloto, pero tenía a Clarissa en la barriga y al final ella nació y no empujamos nada. Quizás lo ideal sería llamarlo otra vez.

Me encantaría estar en la radio. Creo que mi programa se llamaría algo así como: 21.000 Leguas de Viaje en Gamelote: Justo lo que el mundo necesitaba, más gente que hable tonterías.

Uy. Tengo otra idea macabra que se me acaba de ocurrir. Dios mío, a mi cerebro tengo que ponerle un freno y un tutor, porque va a diez mil por hora inventando vainas.

Mi versión de Forrest Gump es: la vida es como una caja de chocolates, pruébalos todos.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Las Piñatas o el Origen de la Barbarie

Manu a punto de zamparle un palazo a Fresita.

Hace unos doce años más o menos a mi hermana y a su esposo les salió la oportunidad de irse a estudiar un año afuera del país. Su hijo mayor acababa de cumplir los dos años y como cualquier niño de su edad, a través de cuentos y películas desarrolló esa típica relación infantil con personajes ficticios. Desde Batman hasta el Pato Donald eran verdaderos amigos para él.

Cuando por fin regresaron a Caracas, mi hermana estaba emocionadísima porque los habían invitado a una piñata en la que le habían prometido que abundarían los muñecos de Disney, entre ellos Donald. Invitado principal que estaría colgado en todo su esplendor para llenar de juguetes la alfombra de niños que como es tradición esperaría con impaciencia a que se rompiese la piñata.

Ciertamente para los niños en nuestra cultura la piñata es algo emocionante. De chiquita, las esperaba con la ansiedad del gordito que está a dieta y pasa cerca de un McDonalds que emana ese olor a placer cochino, asqueroso y nocivo. Así me ponía uno cuando me decían: “Chami, hoy haces tu siesta temprano porque tenemos piñata.”

Claro que en el caso de las niñas a uno le servía para preparase para la tortura que vendría al crecer, porque ir a una piñata no era nada más agarrar el regalito y montarte en el carro de tu mamá. Eran medias panti de esas que te picaban hasta el tururú, zapatos que siempre por alguna razón te apretaban, unos lazos desproporcionadamente grandes para el tamaño de tu cabeza, los cuales por supuesto amarraban dos colitas que te prensaban el pelo y la cara, como si la fiesta fuera más bien de disfraces y lo tuyo fuese: “Jean Carlos Simancas después de la quinta operación.”

No creo que mi sobrino haya sufrido más de la cuenta por su atuendo, habiendo pasado esa edad en que visten a los varones con escarpines gallegos azul poceta. Cuando mi hermana lo llevó a su primera piñata recién llegado a Caracas el tipo estaba todo “chillax”, comiendo tequeños, y llenando un pequeño tanque de Frescolita que lo tendría alborotado y despierto hasta bien pasada su hora de dormir.

Ciertamente que los niños aquí eran un poco más bárbaros que los de la guardería a la que iba en el primer mundo. Digamos que allá las jaladas de pelo y los mordiscos eran motivo de expulsión, mientras que en este nuevo hogar eran herramientas de supervivencia.

En todo caso el hombre, que desde ya era una mole, no tenía mayor problema hasta que los papás del cumpleañero llamaron a los amiguitos, los pusieron alrededor del Pato Donald y empezaron a caerle a palazos.

Mi sobrino estaba fuera de sí. Corría a casa de mi hermana y gritaba, “¡Nooooooooooooo! ¡Mi aaamiiiiiiiiiiiigoooo! ¡No le hagan eso a mi amigo! ¡Mamáaaaa! ¡Mi amigooooooo!”

El tipo estaba inconsolable, estupefacto, sin creer lo que veían sus ojos. Su amigo había estado colgado ahí todo el día y de repente, de la nada y porque sí, los niños habían agarrado un palo y habían procedido a pegarle con todas sus fuerzas hasta desbaratarlo, mientras la fiesta entera cual Coliseo Romano gritaba “¡Daaale! ¡Daaale! ¡Daaaale!”

Mi hermana lo trató de calmar y eventualmente lo logró, pero el chamo tardó varias piñatas en acostumbrarse, y volverse un troglodita más de los que pelea por el palo y mira con dientes pelados al pobre animal o superhéroe que pasa de entrañable amigo a peor enemigo.

Si te pones a ver el tema con las piñatas no es sólo la pegada de los palazos, sino la agarrada de los juguetes que viene después, en la que muchos adultos participan y en la que más que chucherías y animalitos de plástico, se reparten pellizcos y empujones como si uno hubiese firmado un contrato en la entrada de la fiesta, que dijese algo como: entrar al recinto lo pone a usted y los menores que le acompañan a participar en un torneo, el que obtenga menos cantidad de porquería en la pequeña bolsita podrá ser llamado desde paturro imbécil, currutaco idiota, hasta guevón, pendejo y demás calificativos peyorativos en su especie.

Además de esto siempre hay un pobre niño que no agarra nada, y encima se le humilla, porque la mamá del cumpleañero le saca la “bolsita de emergencia” que tiene un lacito como para que todo el mundo la identifique “ay mira, ese pobre carajito que va allá, el de la braguita azul, tiene la bolsita del lacito amarillo, se ve que no agarró nada…el pobre.” Pobre. Pobre es lo que en niño significa, guevón.

Siempre hay tres o cuatro niñitos, que están ya pasándose de la etapa de las piñatas. Esos agarran las piernas del animal y la llenan de juguetes y la pasean por toda la fiesta con las dos bolsas adicionales. A estos niños la mamá del cumpleañero les tiene que traer unas paquitas extra, mientras el chamo protege todo su botín con las piernas y ofrece puños al que se le acerque, sin importar que sea un bebé de esos que están por ahí gateando, con la baba que chorrea anunciando la salida de los dientes.

Esos se vuelven la admiración de la fiesta, los rudos.

No se puede generalizar, pero lo más seguro es que ese chamo sea el que un día te tire el carro cuando la luz se le acaba de poner roja, te haga frenar de golpe, vomitar el con-leche que te tomaste con el desayuno y de paso te pinte una paloma y te grite “vieja puta.”

Yo no abogo por el fin de la piñata ni mucho de menos. Después de todo, costumbre es costumbre, pero sí creo que hay mucho de lo que somos en cómo crecemos.

Si algo le debemos a la Ciudad de la Furia es analizar nuestra conducta, pues la sensibilidad y la forma de reaccionar la tenemos a flor de piel. A veces pareciera que no nos contentaremos hasta arrancarle la pierna a alguien que hasta ayer fue nuestro amigo y de la noche a la mañana se convirtió en enemigo. Lo que pasa es que en esa clase de piñatas hay mucho palo y nunca caen juguetes.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Recuento del Añito en el Infierno


Hace un año resolví tomarme la escritura bien en serio, de verdad ponerle corazón, tiempo, tomarlo como profesión. El reto era "un añito en el infierno" y la verdad es que si el infierno es así, no está tan mal...

A ver les cuento lo que tengo:

Una novela completa, de género fantasía, público juvenil. O mejor dicho la primera parte porque creo que sigue y da para más. Lo curioso de esa historia es que yo estaba escribiendo otra totalmente distinta, hice una comparación con algo fantasioso y dije, de esta comparación puede salir algo interesante. Y cuando vine a ver tenía veintitantos capítulos.

A todas estas les confieso que con esa primera novela, que todavía no tiene nombre pero que yo llamo “Lo de Nalcor” porque ese es uno de los personajes principales, no sé qué voy a hacer.

Realmente no sé si la voy a llevar a un editor, si la voy a llevar primero a un corrector, si la voy a publicar aquí bajo el nombre Pera Williams, si Pera Williams abrirá su propio blog e iré publicando los capítulos que son relativamente cortos, si incluso Pera Williams les va a decir, “ok gente, aquí está esta historia. Es gratis para el que no pueda pagar nada, y el que considere que si estuviera en una librería hubiese pagado 20 bolívares fuertes, deposítelos aquí.”

En fin. No sé. Le sigo dando vueltas.

Sin embargo, eso no es todo lo que tengo. Estoy trabajando en un libro de cuentos para adultos, que tiene que ver con las relaciones y toda la parte afectiva. Estoy trabajando en otro libro de cuentos para adultos que es…ese no se los adelanto, pero ese es un vacilón.

Estoy trabajando también en un grupo de “cartas” de mujeres, ese proyecto lo tengo más o menos por la mitad, y tengo también un libro de cuentos para adolescentes que sí está mucho más adelantado.

Así que hasta ahora ese es más o menos el recuento de mi creación literaria. Me faltó contar un proyecto que se llama F. otra novela juvenil que está casi terminada, pero que todavía le falta pulidora. Ese lo tengo ahí dormido, les confieso que hace dos semanas iba a ir a edición iba a hacer click en seleccionar todo y luego le iba a dar a enter, complaciendo a la parte de mi cerbero que dice “eso es una mierda.” Pero, sé que estaría mal hacerlo porque no es borrable el contenido, más bien tengo que pasarle mucha, pero mucha pulidora. Así que bueno…así están las cosas.

A todas estas tengo dos ideas más que quieren salir a flote. Ambas para adolescentes y una más, que empecé a escribir hace bastante tiempo que es una novela bien complicada, que creo les gustaría mucho porque tiene misterio, intriga, y…digamos que tiene mucha Caracas.

También tengo “en idea” otra novela que curiosamente tiene ya nombre y que salió de una conversación con uno de ustedes, vía digital, y que vendrá por ahí pronto.

En fin. La cantidad de trabajo es más grande que mi humanidad.

Más temprano que tarde, si el país y la circunstancia me dejan, encontrarán que está listo y armado cualquiera de estos proyectos. Empezando por el de cuentos de adolescentes y siguiendo por los cuentos de adultos. La verdad no me había dado cuenta de cuánto había escrito hasta que no me senté aquí a enumerarlo todo.

Quería ponerles al tanto de cómo va la cosa, y darles un pequeño preview, a ver qué les parece. No les digo de cuál de todos los proyectos.

En todo caso, no ha sido nada fácil. Es muy cuesta arriba mantener la disciplina, levantarse todos los días, escribir, imprimir, corregir, no pararle a esa voz en la cabeza que dice “verga panita, usted nunca va a llegar a nada con esto dedíquese a otra cosa, usted confunde Vargas Llosa con Lechoza.”

También he contado con la ayuda de muchas personas que aguantan mis extraños estados de ánimo, que imprimen mis páginas las leen y comentan. Entre ellas está Pepe Grillo, que ya me dijo me va a ayudar a puyar el acelerador, a fastidiarme todos los días “ok, Manu háblame en número de cuartillas.”

Incluso está un “hado madrino” vamos a llamarlo TíoPK, que se presenta aquí un domingo a las ocho de la noche dispuesto a ir imagen por imagen. Esta sirve, esta no. Tienes que hacerte estas preguntas, pero lo más importante, tienes que seguir. Y además se aguanta mi cara de trauma porque uno de mis peores defectos es mi poca tolerancia a la crítica, así que en materia de crecimiento personal esto es enorme para mí.

En todo caso, aquí les dejo una de mis partes favoritas. Ojo, no todo es tan lúgubre, y hay partes que te hacen reír se los prometo, yo la vida no la concibo sin sentido del humor, simplemente que esta me parece una de las partes más bellas y quería compartirla con ustedes, se las dejo:

“¿No me entiendes? ¿Te parece una inmadurez? Un absurdo todo esto. Has una prueba para que visualices. Con una mano toma un yesquero, en la otra un papel. Préndelo por una esquina. Observa cómo empieza a quemarse y a desfigurarse.

Poco a poco se consume. Pierde su esencia. Pierde funcionalidad. Pierde motivos. Pierde razones. Se vuelve inservible e irreconocible. Espera hasta que esté prácticamente carbonizado y suéltalo, bruscamente. Observa ese descenso en llamas, esa caída lenta y triste.

Ahora recoge del suelo las cenizas y mírate las manos. ¿Cómo te han quedado?

Así quedé yo después de su paso por mí. Después de que un día me incendió con sus ojos. Yo también me prendí, me transformé hasta lo irreconocible, fui cayendo en llamas, y ahora…

Ahora estoy en el suelo como un papel quemado.

Te lo advierto. Cuando una mujer está incendiada, si la tocas, su cuerpo carbonizado aunque no pesa, te mancha de negro.”

jueves, 11 de noviembre de 2010

Resolución Cinematrográfica


- Chama tienes que ir a ver La Epidermis del Leopardo.

- Sí ¿Es buena? ¿De qué se trata?

- Bueno un chamo que lo sacan de un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, se le mueren los papás y todos los hermanos. Logran mandarlo a Estados Unidos, y se escapa porque una profesora le pegaba. Total, que lo adopta una familia que lo explota y lo hace pedir limosna y le dicen todas las noches que se portó mal y que por eso lo encierran en el sótano con las cucarachas.

A todas estas, bueno el tipo desarrolla un fobia espectacular a los insectos, y tiene unos sueños con las cucarachas y ves aquellas escenas fumadísimas en las que una cucaracha abre las alas, de verdad es algo así como “Kafka meets Almodóvar,” muy fuerte pero arrechísimo. Pero sigo, lo cierto es que el chamo como a los quince años lo va a meter un preso un policía que le tenía el ojo y se escapa otra vez.

Está viviendo en la calle y se enamora de una tipa millonaria, la salva de que la pise un taxi cuando caminaba por Nueva York, y termina teniendo un affaire con ella. Total que el papá de la chama es el alcalde de NuevaYork y se une con el policía para tratar de joderlo, lo agarran y lo encierran, le caen a golpes, le cortan un dedo, pero increíble cómo está filmada la vaina y la actuación de Keanu Reeves te mueres. El tipo empieza entonces a soñar con ratas, pero no sabes las escenas, tú sientes cómo las ratas te caminan a ti por los brazos.-

- ¡No vale ya! ¡Alto! ¡Basta! Porfa no sigas.

- Ay…pero qué amargada.

- Yo sé sorry, es que de pana desde hace un tiempo tomé la resolución de que NO quiero ir a sufrir al cine.

- Pero esto no es sufrir. Esto es Kafka Meets Almodóvar. ¿Dices que te gusta la fotografía y no vas a ver esta vaina? Imposible. TIENES que ir a verla, deja la simpleza, no puedes dejar de ver esta película.

Pues no. No la voy a ir a ver. Ni tampoco voy a ir a ver la obra de teatro de la adoctrinamiento de los niñitos no sé qué, que a todo el mundo le encanta. ¿Qué sigue? Que nos pasen un documental en NatGeo de un tipo quemando pollitos recién salidos del cascarón. ¿Por qué no vemos eso?

Me recuerda la vez que recién operada de sinusitis mi hermanita me trajo la primera temporada de 24 y Mistic River. Resultado: después de ver la película y los dos primeros capítulos de “Hello, my name is Jack Bauer, I am here to protect you.” Manu vomitó todos los analgésicos, se tuvo que olvidar de su viaje astral y tuvo que aguantar a pelo el dolor del postoperatorio.

No más películas de niños encerrados y desnutridos, de mutilaciones, de violaciones, de madres desnaturalizadas en las que sales del cine como si te hubieras encontrado un mapache debajo del asiento y se te hubiera guindando de los pelos con las uñas. No más.

Me niego a pasar mis momentos de esparcimiento en cosas que me hacen ir a la cama con la idea de “la humanidad es una mierda” en la cabeza.

Al diantre el cine nuevo y que ahora esté de moda en que al final de la película a la tipa la dejan con los crespos hechos porque “la vida es así.” A mí me hacen el favor y me colocan a la protagonista en un aeropuerto lleno de gente, el protagonista a correr, que casi lo pisen los carros, que llegue cuando la tipa ya se montó en el avión, que burle seguridad pero que corra más rápido que los policías, que entre al avión y grite “Kaatthhyyy!”

La tipa se queda muda. El tipo se le acerca y le dice “Te amo.” “Pero, tú amas a Rachel, te escuché decirlo hace días.” “Sí, dije que la amaba, y siempre la amaré, pero no como a ti, no de la misma forma Kathy. Eres tú. Siempre has sido tú.” Y todo el mundo está así como perplejo, los extras siempre son los peores actores, una maravilla.

Se besan y hasta el piloto aplaude y lo que es más, los pasan a primera y la última escena es una playa de esas en las que yo me quiero morir, y además la tipa tuvo un hijo y ya está en un bikini y parece un angelito de Victoria Secret. Para completar el tipo hace algo que los hombres jamás hacen, le trae traguitos y la conciente.

Será mentira y todo lo que tú quieras. Será chimbo. Será un insulto a nuestro nivel intelectual de gente leída y que se las tira de literata y cultivada. Será un engaño más de un estudio gigante para sacarle dinero a las masas, pero no me interesa. Cuando veo esas películas me río de chistes malos, me olvido de que el amor en este tiempo es una vaina incomprensible, de que las relaciones no terminan en playas de hoteles de cinco mil dólares la noche, de Esteban y su combo, de los Mayas y el fin del mundo.

Y sí, será que uno se vuelve loco, que yo hablo con la gente y la mayoría está, “Santa Maradona, habrá que irse a otro país.” Y yo “¡Pero noooooo! Yo soy el nuevo Carlos Baute, yo me quedo en Venezuela, yo soy moderfackin optimista.”

Pero no ayudan mi optimismo las películas de lágrimas de las que la gente sale llorando directo a llamar al psiquiatra, “¿Dr. Fragachan? ¿Usted no cree que me pueda ver mañana temprano? Es que, de verdad mi crisis existencial acaba de pasar de alerta naranja a alerta roja.

Yo si salgo que sea feliz y contenta, y no me juzguen por eso, por ahora si quiero atormentarme me basta con leer el periódico. Después de todo nuestra existencia en esta isla de locos parece cada vez más la última entrega sórdida del celuloide. Lo que te demuestra que hay que tener cuidado con lo que se desea, tanto que uno dijo “me encantaría estar en una película” hasta el que destino llegó y dijo, “está bien, toma lo tuyo.”

Destino: te hago una corrección, era película mala, de final Disney y si es posible con el sueldo de la actriz principal.

Y bueno sí, de vez en cuando uno ve una película buena así haya que cerrar los ojos y apretar los dientes, pero con la debida preparación psicológica y de día.

martes, 9 de noviembre de 2010

Los Gringos que Nunca Existieron


Hace ya unos cuantos años mis papás se fueron de viaje con unos amigos. Eran tres parejas mis papás, Alejo y Blanca, y Pepe y La Nena, todos parte del grupo de amigos de esos de “toda la vida.” De hecho mi mamá estudió con Blanca en el colegio, es decir se conocían desde que todavía se hacían pipí encima. Y como todo en Caracas, La Nena era medio prima de Blanca, así que todo estaba mezclado hasta más no poder.

Total que los seis se habían ido a comer a un restaurante y decidieron pedir un vino que aparentemente era muy bueno. A La Nena, que muy rara vez tomaba, le gustó y bueno...se rasco.

Por supuesto pasaron dos días burlándose de la pobre mujer que no podía con su ratón y siguieron con su viaje. Un par de días más tarde se echaron otra rumba que esta vez no pasó a mayores. Mi papá y mi mamá se quedaron más rato caminando por la ciudad, y cuando subieron a su cuarto de hotel se dieron cuenta de que Pepe y La Nena habían colgado de la puerta el bendito letrerito de DO NOT DISTURB junto con la notica de desayuno con un pedido muy moderado.

Como amigos que eran se conocían todas las mañas, manías, chocheras, cuentos escabrosos y escondidos. Mi papá y mi mamá sabían perfectamente por qué ese letrero estaba colgado, y por qué la notica del desayuno era como de monja que prometió ayuno.

Pepe y La Nena eran de esas personas que no se les podía hablar antes de las once de la mañana. Y no es que no les gustaba que los despertaran, es que se molestaban y se ponían histéricos. Además, dice mi mamá que Pepe, que era un sol, era de esos que cuando pide un café con leche pregunta si la leche la cobran aparte.

Viendo aquella nota colgada de la puerta, a mis papás les pareció que sería comiquísimo darle la vuelta al DO NOT DISTURB para que leyera PLEASE MAKE OUR BED, y agarrar la notica del desayuno y pedir un festín de orgía romana.

Entre las cosas que más recuerdan haber pedido están los huevos cocinados de todas las formas posibles, omelette, huevos tibios, fritos, revueltos y benedictinos, y además les pidieron jugos de varios sabores entre los que estaba el tomate, nada más y nada menos. Muertos de la risa como si fueran par de adolescentes se fueron, se acostaron y hasta mañana.

A la mañana siguiente mi papá y mi mamá bajaron a desayunar y se encontraron con la otra pareja, Alejo y Blanca. Alejo con su misma cara de abogado hiper serio que no se inmuta por nada, Blanca que se mortifica horrores por todo el mundo ya tenía cara de trauma. Apenas ve a mi mamá la agarró por el brazo, y le dijo:

- ¡No sabes lo que les pasó a Pepe y La Nena!

- ¿Quéee? - Dice mi mamá mordiéndose el labio para no soltar la risa.

- Unos gringos les pidieron un desayuno gigante y esta mañana a las 6 de la mañana les tocaron la puerta con cinco carritos de desayuno y casi se mueren.

- ¡Noooooo!- Dice mi mamá, quién hasta el sol de hoy no entiende por qué culparon a unos gringos que ni habían visto, ni existían.

-¿Cómo que unos gringos?

- Bueno no sabemos, pero es que eso tiene que haber sido unos gringos.

Por supuesto que con el tema de los gringos mi papá y mi mamá no aguantaron más y soltaron la carcajada. A lo que Blanca espantada empezó:

- ¡Fueron ustedes! ¡Fueron ustedes! - Y mi papá y mi mamá felices dijeron- ¡Síiiiiiii!!!!- Y Alejo sin expresión: - Por supuesto que fueron ellos Blanca.

Blanca entonces le pide a mi mamá: - Júrame que no les vas a decir nada. Júramelo. No les digas nada por favor. Te lo pido, no lo digas. No digas nada.

Efectivamente no dijeron nada, y aunque les costó callarse, pues todo bromista siente orgullo de confesar su broma, se pudieron reír mucho del asunto gracias al episodio del jugo de tomate.

Resultó ser que Pepe intentó devolver los carritos, pero el señor del Room Service le enseñó la orden que tenía su firma, (la que habían dejado fuera de la puerta con el pedido de café y jugo). Así que ni modo, le clavaron sus carritos completos.

En medio de aquella avalancha de comida, Pepe decide que si ya le cobraron todo, se lo tiene que comer. Resuelto a empezar por el jugo de tomate, lo agarra, se mete en la cama con él y pasa lo inevitable. Se le bota todo haciendo una marea asquerosa de líquido rojo sobre las sábanas, y mientras gritaba:

- ¡Coño, se me botó el jugo!

La Nena le gritaba de vuelta: -¡Me sabe a mierda yo no me levanto antes de las 11 de la mañana no joda!

Durante el resto del viaje hicieron planes de venganza contra los "gringos de mierda." Pero estos nunca aparecieron.

Cuando la semana pasada mi mamá y mi papá echaron el cuento, yo les dije,

- Ma se lo tienes que contar.

Pero Pepe ya murió y La Nena hace años que se fue de Venezuela. Mi mamá dijo que no la iba a llamar sólo para eso, entonces soltó, hagamos algo mejor, te doy permiso para que lo cuentes tú en el blog.

Le toca a Mocoso


No vuelvo más con el médico estoy harto. Me hace esperar hora y media en una sala llena de gente enferma con revistas viejas, usadas, rayadas y rotas en las que no hay modelo que no tenga un bigote de tinta azul.

Luego me hace esperar veinte minutos más en el cubículo de consulta, por fin entra, me aplasta la lengua con la paleta de helado, sin dejar de presionarme hasta que está claro que estoy a punto de vomitar. Al terminar me manda a sentar frente a él y me dice que la única solución a mi problema es algo que yo no puedo hacer. Dejar de trabajar en la mina, abandonar el bosque.

Soy terriblemente alérgico a no sé qué animal microscópico que vive entre la tierra de la mina, entre los pelos de los venados, a los piojos de los pajaritos y el pupú de las cucarachas. La vida es así. No pude ser alérgico a los gatos o a los perros, a los mariscos o al chocolate, no. Soy alérgico al piojo de pájaro.

Se lo dije al médico, no voy a renunciar a trabajar en la mina. Yo amo lo que hago. ¿Qué sentido tiene dejar el trabajo que amas? así cambie tu vida. Yo no podría dedicarme a un trabajo sólo porque sí, además estoy viejo. No sé hacer nada más.

En cuanto a mudarme es algo que realmente no es una opción para mí. Me encantan los animales, me fascina este bosque, nací aquí y aquí me quiero morir. No encuentro ni una sola razón para renegar de él, para hablar pestes como los demás enanos que dicen sentirse insatisfechos viviendo aquí. Les parece aburrido, que nunca hay nada que hacer y sienten que los personajes que lo habitan son o conformistas imbéciles o malvados.

Es el caso de Blancanieves, esa mujer llegó y generó un clima extraño. Algunos reaccionaron muy mal, con una desconfianza y una paranoia muy poco habituales en un enano. Me pareció raro ver que algunos teníamos eso escondido dentro de nosotros. Otros, no lo tomamos tan a pecho.

Yo siento que Blancanieves fue algo positivo. Primero que nada fue un cambio, algo nuevo, teníamos decenios enfrascados en la rutina de levantarnos temprano durante la semana, ir a trabajar, regresar a la casa, pasarnos el domingo en el lago y levantarnos el lunes otra vez a lo mismo.

Esta mujer nos hizo romper con la rutina y nos hacía falta. Nos hizo ver que estábamos viviendo un chiquero, por ejemplo. Para mí la asquerosidad de algunos enanos era insoportable. Por la noche la cocina parecía el reino de las chiripas, ni hablar del moho en los baños, de las hortalizas putrefactas en la alacena. Un asco de lugar. No voy a decir quién pero hay dos enanos que tienen veinte años sin lavar sus sábanas. Eso huele, que hasta el zorrillo dejó de pasearse por aquí confesándome una vez que se acercó a la puerta y casi se fue en vómito.

Blancanieves nos hizo cambiar, reconocer esos detalles, nos obligó a trabajar en ese sentido y esos cambios son buenos. Eso hizo que los líderes relajaran un poco algunas otras reglas de la rutina, estaban más abiertos a regresar a casa temprano de vez en cuando. Como les decíamos algunos enanos, uno no tiene la misma energía todos los días, no tiene nada de malo que a veces digas, hoy salgo a las cinco y media en vez de a las seis. Nadie se muere por eso.

Después vino el rollo de la bruja, de la manzana, de la crisis. Blancanieves no estaba muerta, pero como siempre la paranoia y el estrés se apoderaron de algunos. Me parece que precipitarse a buscar el príncipe no era la solución. No creo tampoco que eso era lo que Blancanieves quería. A mi modo de ver no le quedó otra salida. El hombre la despertó y ella se fue con él, pero yo sé que en el fondo, ella quería algo más para su vida que un amor eterno, casa, hijos y perros, así pudieras cambiar la palabra casa por la palabra castillo.

No creo que Blancanieves sea feliz del todo. Yo lo noto cuando viene. Ha cambiado, está consumida, busca actividades para distraerse que distan mucho de las cosas que le gustaba hacer cuando vivía aquí. Ciertamente ha dejado de ser la persona sencilla que era cuando la conocimos, pero no creo que sea un cambio premeditado, creo que ha sido víctima de las presiones que sufre viviendo en un castillo donde se siente alguien totalmente ajeno, extranjero, con costumbres muy distintas a las de quienes la criaron.

Además no hay que olvidar, Blancanieves vivió cosas terribles. Su mamá murió muy temprano, la relación con la vieja madrastra era fatal, esa mujer era abominable en todo sentido, no sólo en su trato con Blancanieves, sino como ser humano en general. Vanidosa, frívola, materialista, grosera, jamás tuvo con ella una sola palabra de cariño. No se apiadó de su situación.

Su padre era un borracho nulo. Demasiado bien salió Blancanieves, y yo más bien la admiro porque sacar un buen corazón de ese ambiente no lo logra cualquiera.

Yo la verdad que quiero vivir aquí toda mi vida, sin embargo, de vez en cuando me decepcionan estos enanos. Así serán que para ellos mi condición es motivo de risa. Me llaman mocoso porque no paro de estornudar por mis alergias, por mi sufrimiento. A veces me da tanta rabia, voy y me encierro y paso horas solo.

Siempre los perdono y salgo y vuelvo a ser un enano cariñoso. Al fin y al cabo estos enanos son mi familia, y la cosa con la familia es que a veces los detestas, te sientes ajeno a ellos, diferente, extraño, hasta te provoca revelarte, pero sabes que son la gente que te va a querer de forma incondicional.

Yo con ellos vivo, quizás no feliz pero al menos acompañado, para siempre.


Fuente: Pera Williams

lunes, 8 de noviembre de 2010

El "Za-Gasta"


El “Za-gasta” es ese amigo que cuando traen la cuenta la agarra, la mira tres veces, pela los ojos, dice “¡Mierda! Pero es que no puede ser.” Arruga la cara, levanta la mano, llama al mesonero y le dice “Compa, mira vale, si me hubieras dicho que la limonada costaba cinco mil quinientos mil bolos (un Za-gasta no habla en Bolívares fuertes, para él tema de acentuar los miles y los millones es fundamental) no la hubiera pedido. No era frappé, ¿estás seguro que no es que me estás cobrando la frappé?”

El Za-gasta es de los que le pone teipe a los zapatos con orgullo, es de los que definen una pijama como: “ropa cuyo estado ya no la califica para ser utilizada en público.” Después de todo un Za-gasta no es un zarrapastroso, es una persona que dice “yo no voy a gastar plata en ropa que nadie va a ver, uso la que tiene huecos y punto.”

Yo tengo varios Za-gastas en mi vida. No los voy a denunciar, aunque algunos confieso son casos de expediente judicial. Está uno que protagonizó un incidente vergonzoso con su zapatero de confianza. Le llevó su par de zapatos como siempre, para lo parapeteara. El zapatero se quedó viendo los zapatos y le dijo: “mira, quiero darte esta platica, de verdad que me da cosa contigo, la debes estar pasando mal. Anda, con esto te alcanza para otro par. Cuando se te dañen me los traes.”

Por supuesto no aceptó la plata pero se tuvo que ir a comprar otros zapatos, todo el tiempo pensando “Ese Juan ¿qué le costaba un último remiendito?, ¡qué vaina vale! esto es el colmo del derroche.” Y por supuesto que cuando fue a pagar lo que le contestó a la vendedora fue “¡¿Cómo?! ¿Por unos zapatos hechos en China por un niñito que gana tres centavos de dólar la hora? ¡Qué fuselaje tiene ustedes!”

En este mismo orden de eventos otro de mis Za-gasta me dice un día para que lo acompañe a comprarse una camisa para un evento especial. Una amiga del trabajo le había recomendado una tienda de estas con un nombre de diseñador capitalino famoso.

Era sábado y la tienda estaba vacía, pero mi lado culebrero identificó al propio diseñador en persona detrás de la caja. Nos atendió de lo mejor, yo pensaba que nos iba a ver con cara de: “Amiguito, el Tijerazo está para el otro lado.” Pues le sirvió de escarmiento.

Mi pana se probó varias de las camisas y hasta que consiguió una que le gustó. Le dice al hombre, listo me llevó esta. Está caminando para la caja, y le dice, “Ah, pero ¿en cuánto es que sale?” (Estamos hablando de hace cuatro años) “Son dos millones, cien.” “Ya va.” Dice mi amigo y yo por dentro, verga mariquita tú no aprendes para qué coño viniste. “Tú me estás diciendo que una camisa, que está hecha de tela y unos seis a ocho botones cuesta dos millones de bolos. No vale, tú lo que estás es loco.”

La verdad es que el diseñador se portó como un señor, no nos dijo nada y nos fuimos. Y por supuesto mi Za-gasta no se mortificó cuando le dije que le había dicho al mismísmo que estaba loco por cobrar eso, más bien se sentía orgulloso “bueno, alguien se lo tiene que decir, es que está loco, eso es el sueldo de una persona.” Ok, sí tenía razón, pero aún así, me dio pena.

Hay Za-gastas que van mucho más lejos, como el que una vez en un viaje que hicimos decidió que él se ocupaba de alquilar el carro y a pesar de que éramos siete alquiló uno para cinco. Porque “esas compañías siempre te joden, te dan una limosina y te la clavan, cuando en el de cinco caben siete perfecto.” Esa vez fue la reinvención de la mentada de madre, de todo lo que se le dijo. Él feliz, porque al final probó que en donde van cinco caben siete y uno se ahorra la diferencia.

El pana una vez se fue con su esposa, su mamá y sus hijas, y decidió que los hoteles de aeropuerto son una estafa. “Esos bichos te clavan porque saben que estás jodido.” Así que el decidió que iba a alquilar en un motel que él había conseguido por Google Earth o algo así y que según quedaba al lado. “Es decir, lo mismo, pero sin que me claven.”

Por supuesto cuando llegaron estaban ellos, un poco de camioneros y el tipo de la recepción que no entendía por qué un venezolano había llamado a reservar lo que era casi un albergue transitorio. No pudieron irse a otro hotel porque el plan era llegar, dejar las maletas, ir a una función del Cirque du Soleil, regresar, dormir y agarrar el avión tempranito al día siguiente. Así que tuvieron que dormir con el ruido de las gandolas y la gente tirando toda la noche. La cara de la mamá era digna de Televisa.

Sin embargo, entre mis Za-gastas hay una que se ha llevado el premio gordo y cuya historia fue la que me inclinó a escribir este post. Esta es una za-gasta que unida a otro amigo za-gasta agarran la cuenta y empiezan (sólo ellos los demás renunciamos a eso) “ajá, tú pones quince más porque tu plato traía tres contornos.”

Es una za-gasta que un día recibió una llamada de Movistar diciéndole que había un plan que se llamaba “Habla-Pegao” ella no lo agarró porque un Za-gasta sabe que esos planes son sólo para joderte y sacarte más plata viéndote la cara de pendejo. Pero me llamó y me dijo “chama, ¿tú tienes eso de habla pegao?” Desde ese momento me repicaba y cuando yo la llamaba me decía “marica, tú tienes Habla-Pegao. Yo no.” Igual la llamaba porque uno los quiere igual.

En todo caso esta Za-gasta, estaba en una intervención quirúrgica hace poco y cuando estaba saliendo de la anestesia las enfermeras vinieron a cambiarla de cama. Ella toda dormida y drogada empezó a balbucear algo. Era “Anda porfa, ya estoy drogada, quítenme el lunar, quítenme el lunar, déjenme aprovechar la anestesia.” Resultó ser que desde el viaje astral de la anestesia la mujer fue capaz de volver, para rogar que le quitaran un lunar. Estupefactas las enfermeras lo hicieron, después de todo ¿Quién coño después de una operación llora para que le terminen de hacer otra y encerrar todo en un combo?

Esta Za-gasta lo cuenta orgullosa, “chama, aproveché la anestesia, el quirófano y hasta los chequeos posteriores.” Esas enfermeras hablarán de ella durante años. “Te acuerdas de la geva que cuando la íbamos a pasar al cuarto nos hizo sacarle el lunar.”

Ahora, ¿Por qué el nombre Za-gasta? Fácil, no ruedan mucho el carro porque “za-gasta” no usan la ropa nueva sino una vez cada seis meses porque “za-gasta” ellos no trotan porque cuando trotas el zapato de goma…eeee-xactamente.

Claro que una cosa es un Za-gasta y otra cosa es un Houdini. Un Houdini es el que se desaparece a la hora de pagar. Ya eso está en otra categoría. El Za-gasta es pichirre, pero honesto. El Za-gasta se pone de mal humor, pero de una forma que a uno le hace reír. El Za-gasta uno lo quiere.

Levante la mano el que conoce a uno o varios “Za-gasta.” Y lo que es más quién no le ha tenido que reconocer “es verdad, si no fuera por ti no me hubiera ahorrado esos reales.”

viernes, 5 de noviembre de 2010

Matrimonios a la Venezolana Parte II


La novia te acaba de cachar caminando hasta tu mesa con un plato que más bien parece una bandeja. Te pone cara de “coño yo invité a mi pana, no a un Puma.” Entonces, le dirás lo que se le tiene que decir a toda novia: “Estás bellísima. Creo que eres la novia más bella que he visto.”

Se lo vas a decir, porque tú código caraqueño sabe lo que pasó la novia. Así no esté despampanante, hay que premiarle el esfuerzo. Esa mujer tiene nueve meses que se alimenta de agua, lechugas y frutas. Corre en el gimnasio como galgo en canódromo. Se ha inyectado botox, se ha hecho limpiezas de cutis, se ha hecho peelings, liftings y una serie de dolorosos tratamientos corporales para impresionar a su flamante esposo con unas petacas cero celulitis.

A lo mejor hasta se operó y por eso parece que el vestido fuera XL de las costillas para arriba y XS de ahí para abajo. Incluso, con la emoción de esa repotenciada quirúrgica tal vez la novia le dijo al modisto: me arrancas este cuello de tortuga y me pones un escote Dee Dee Jean, y si el cura no me casa le pongo una sotana a mi tío Moncho que fue seminarista.

Además ese día la mujer se levantó a las 5 de la mañana, se bañó y desde entonces se está vistiendo. Está apretada debajo de fajas, fondos, corsés y por fin el vestido, pero ella dice que está muy cómoda. Tiene la cabeza prensada por el tocado, hasta el punto que quién la ve se pregunta qué parte de la familia será de ascendencia asiática. Y además está el maquillaje. De cejas postizas para abajo, y esa boca, esos cachetes de comiquita japonesa, esos ojos que tienen más colores que la caja del perfume Patchoulí.

Cómo sea uno le dice que está bella. No queda de otra. Además se alaba la misa, a la que uno no fue, pero que ya corre el rumor que fue “eterna” porque el cura “seguía y seguía y seguía, y además cantaron más que en un musical del Aula Magna.”

De pronto uno escucha unas notas muy familiares. Paso doble. Que viva España y salsa de la vieja, Yo Quiero Ser Como Ariel. No hay matrimonio sin esas dos canciones. Se paran todos los viejos a bailar, para que acto seguido empiecen sets intercalados de merengue, regeatton y changa.

Hoy en día es de mal gusto que no tengas un grupo grande estilo Tártara, un grupo pequeño, un DJ y además una “sorpresa.”

Eso sí. Tengas lo que tengas como música, te lo van a criticar. Si no están todos esos grupos la gente dice, “pana qué aburrida esta gente, se casan y ponen unas cornetas con I-pod. No joda. Si me sacan de mi casa con esta inseguridad que sea para una fiesta decente.” Claro que si están todos los grupos entonces dicen, “Oye vale, la gente se pasa, no es necesario tener este show aquí que parece un concierto, con unas cornetas y un I-pod una la pasa igual de bien. Venezuela no está para este despilfarro, esto parece de boliburgués.”

Además estarán los jóvenes que dicen “qué ladilla este DJ es pura changa, o qué ladilla odio este moderfacking reguetton” y los viejos “Dios mío, pero es que esta gente a mi edad va estar completamente sorda, yo me voy no puedo ni pensar.”

La cosa empeora porque alguna novia empezó con el tema de la sorpresa y sacó unos tambores. Después todas se copiaron y llegó una original y dijo “yo voy a llamar a unas garotas.” Y más de una ha sacado todo, porque en esté país, menos es salir perdiendo, ¿y más? coño, ¡más es más! PUNTO.

En un momento dado Ricardo Montaner saldrá con Vamos a la Conga y empieza el segundo show de la noche. El cotillón. Antes eran unos simples sombreros de cartón, pronto nos estarán poniendo una pitón viva en los hombros o te entregarán un kit en la puerta con kerosene y un yesquero para que escupas fuego. Ya el matrimonio no parece un matrimonio sino una fiesta de Halloween. Yo aquí reconozco que me encanta, es mi parte favorita, y mi matrimonio era como la reunión de todas las comiquitas de antes. Todavía tengo el piolín con que bailé guardado para cuando Clarissa me diga que se quiere disfrazar de Pio-pio. Al final soy venezolana.

Lo que sí no hice, al menos la segunda vez, fue el tema de lanzar el bouquet. Menos como son los bouquets de hoy en día. A veces que si una cala blanca, o un ramo de flores pegado a un mango de metal que si se lo llegas a pegar a alguien por la cabeza tiene que salir el director de la orquesta: “Señores, por favor, si hay un médico entre los asistentes, se agradece venga a la tarima.”

Claro si la novia tiene diecinueve años es cómico. Todas las amiguitas ahí paradas, esperando que les caiga su bouquet. Los novios de las chamas sudando porque la geva se va a montar en el carro toda “Pedro Luis, algún día nos vamos a casar, ¿verdad?”

Pero ya de los veintisiete para arriba, más en esta sociedad en que treinta es la edad en la que pasas de soltera a solterona, no es nada gracioso estar ahí parada, para que después venga una vieja a decirte: “¿Y tú no tienes novio mi amor? Tranquila que ese llega.”

En mi caso, después de mi divorcio era una tortura el tema del bouquet. Mis amigas querían que las acompañara a soportar la humillación, pero otras me veían con cara de “ya tú te casaste, lo siento, ese bouquet es mío, la próxima soy yo.”

En todo matrimonio está la vieja sentada que no se mueve de la mesa que a ti parece perfecta. Están las chamas que se vistieron con el vestido o estampado que está de moda, si es lacitos es lacitos, si es de pepas es de pepas, si son sandalias negras de sandalias negras. Está la que no se quita el chal. Está la que fue de pantalón porque no se depiló las piernas. Está la que por fin salió de su casa después de haber dado a luz.

Está la que tiene cara de que se quiere ir. Está la que está moviendo el pie porque quiere bailar. Está el tipo que ya está ebrio y que saluda a todo el mundo. Está el gordito que ha repetido tres veces la comida y no perdona ninguna bandeja de pasapalos.

Esta el bicho que tiene cuarenta minutos hablándote de pesca submarina, que te pregunta por tu hermana, que hasta te dice que te mandó un mail y al que tú no le paras porque lo único que tienes en la cabeza es “¿Cómo es que se llama este carajo? Yo no lo conozco.” Hasta que viene una amiga tuya y te quedas toda, “mira te presento a…” y por supuesto el tipo no dice su nombre sino algo así como “Jodhuede.”

Está el tío que arrasó con la mesa de los dulces. Está el tío ebrio que acosa a las viejas. Está la mamá de la novia con cara de estresada y con un vestido que no la deja caminar. Están los novios que no aparecen ningún lado porque están tomándose fotos o gritando desde la tarima con cara de “todo esto está muy de pinga, pero yo no estoy para estos trotes, yo lo que quiero es irme para mi casa.”

Está la mesa de los músicos, que siempre es la que tiene pinta de estar más relajada y más divertida. Está la amiga de la novia que es la primera de las mujeres que se quita los zapatos, y el amigo del novio que se quita la corbata y se la amarra por la cabeza. Está el grupo de amigos que no hacen sino tomarse fotos entre ellos. Está la parejita cuya tercera salida fue ir a ese matrimonio y bailan merengue con pena y se paran solitos en el bar mientras se cuentan la vida, ella pensando, ojalá algún día me case con este tipo en un matrimonio como este, y el tipo pensando, esta geva se va a proyectar he debido sacarla mañana al cine en vez de traerla para acá.

Están los malhumorados. Los coleados. Está la pareja de esposos que tienen cara de que venían peleando el carro. Está la recién divorciada en su primera salida sola. Están los que se rascan, los que cargan a los rascados, los que cantan canciones de los ochenta a todo gañote. Los que ven todo sentados desde su silla y los viejos que no paran de hablar de política. Está la vieja que se puso un vestido que parece de su sobrina. Está la chama que se puso el peinado de vieja. Está la que se vino de traje largo. Está la que se encaramó una cosa que parece una cortina de baño. Está la amiga monja de la familia.

Y de vez en cuando, estoy yo, que la última vez que bailé en matrimonio fue con Juan, caímos al piso en una vuelta y cuando por fin alguien nos ayudó nos vimos con cara de "cuando en la pista te ven las pantaletas llegó la hora de irse."

Y así, con tus plumas de cotillón, tu vergüenza y un ratón asegurado te vas para tu casa. El evento fue Magno. No habrá banda, pero si hay novia hay corona. Y en este país, corona con o sin Osmel se oye en el fondo de la mente de todos aquello de "una noche, tan linda como eeestaaa."