miércoles, 25 de mayo de 2011

Cenicienta, Diana, Camila, Schwarzenegger, María y "la Otra"


Érase en una vez, en una tierra muy lejana, una hermosa doncella, huérfana de padre que pasaba sus días atendiendo a sus dos horrendas hermanastras. La muchacha aunque no perdía jamás su hermosura, ni su aire digno y elegante, siempre estaba sucia y por eso los adefesios que tenía como hermanastras comenzaron a llamarla: Cenicienta.

Cuento corto: La Cenicienta se aguantó su chubasco, un día un príncipe hizo una fiesta, un hada madrina se apiadó de ella, le consiguió vestido, chofer, hasta guachimán privado, y colorín colorado la doncella pobre y humillada con el príncipe se ha casado.

Crecimos con esa paja mental en la cabeza. La bella es la buena. La bella es la pobrecita. La bella es la que gana al final. Y la fea. La fea es la mala. La podrida. La maluca. La que al final tiene que perder. La que no tiene ningún chance de quedarse con el príncipe, porque vamos a estar claros, ¿Qué va a hacer un príncipe con una patona, narizona, regordeta, que tiene los dientes amarillos y celulitis en las piernas, cuando puede estar con una catirota repotenciada, nalgas firmes, pechuga Premium 100% libre de grasa, abdominales que bien podrían decir Savoy, y una boca que ni Angelina Jolie? No. Tradicionalmente la felicidad es de las bellas y si no pregúntenle a Andersen y a los hermanos Grimm.

Es por eso que todas nos enamoramos de la princesa Diana de Gales. Aquella tiara, aquel vestido, la carroza de Cristal, el pelo amarillo, la sonrisa inocente, el padre orgulloso y el príncipe. Sí, no era ningún Brad Pitt, pero bueno, con ese uniforme lleno de cuerdas y condecoraciones que evocaban esa gallardía que uno busca en el que viene a rescatar a la desvalida doncella en su caballo blanco, que importa una calvicie prematura o una nariz a la que no le vendría nada mal el cuchillo de Roger Galindo. Príncipe es príncipe, eso no se discute, el tipo se llamaba “Charming” no “Handsome” que ni es lo mismo, ni es igual.

Nos enamoramos tanto de Diana que cuando nos enteramos que había “otra” muchas terminamos de psicólogo. ¿Cómo que otra? Ya va. Un momentico. Salimos corriendo a buscar entre los tomos de Cuentos para Dormir, Cuentos de los Hermanos Grimm, revisamos aquel viejo betamax de Walt Disney en el que salía aquella catira con un moño enorme amarrado con una cinta negra. Teníamos todo: hermanastras, check. Madrastra, check. Ratones, check. Declaración de amor cursi, check. Carroza, check. Zapatilla, check. Baile, check. Príncipe que rescata a princesa, check. Cara de ponchada de la fea, check (con un “Tukití” incluido para que negarlo) y Boda, Check. Y lo más importante el “y vivieron felices para siempre FIN”. Check. No…no decía nada de “otra.”

Muchos menos iba a decir que la otra era Camila Parker Bowles, que (la pobre) se parece más al dibujo de la madrastra que al de la princesa. Ni siquiera parece una versión post Dr. 90210 de las hermanastras. Como decimos en criollo: “Es fea la coño e´madre.” Arrugada, avejentada, con esos dientes de caballo que mascó demasiado freno. Que se ponga lo que se ponga parece una especie de escoba mal vestida, camina con las piernas abiertas, no tiene gracia, nada. Y así, le ganó y le reganó y le volvió a ganar a la princesa. Hasta el punto que este final es más bien de película independiente argentina, la princesa se muere y el galán se queda con la fea. Se casa con la fea. Es feliz para siempre con la fea.

El último caso es el Arnold Schwarzenegger y María Schriver. María no sólo es bonita, inteligente, trabajadora, exitosa, además abierta de mente, y para más remate una Kennedy. Es el colmo del cuento de hadas, pero al revés. Ella era charming y el era Ceniciento.

Y qué tal, que el apellido y la mansión de gobernador y los vestidos de marca no fueron suficiente. El tipo estaba buscando algo que encontró en una mujer que no tiene nada que ver con el estereotipo, con la idea, con la plasta mental que tenemos metida muchas mujeres adentro, en un rincón del cerebro que nos carcome y nos fastidia la existencia.

Schwarzenegger se la buscó peculiar, y lo dejo de ese tamaño, me da remordimiento de conciencia darle más duro a una mujer que las debe haber visto negras en estos días. Merecido o no, el tema de si “la amante” tiene la culpa lo tocamos otro día.

Creo que al final del día era mi mamá y no los Hermanos Grimm quien tenía la razón. No basta con ser bonita. No basta con ser un adorno de sala, algo más que una lámpara de diseño o una alfombra persa. No es suficiente la mesa puesta, ni la vajilla impecable, ni dominar la receta del pato a la no sé qué. Ni si quiera se trata de mantenerte con una apariencia que la gente te alaba. Porque como dice mi mamá, la realidad es que si tienes las uñas hechas o no, poco le importa al hombre inteligente. Al hombre inteligente le gusta la seguridad, la inteligencia, la mujer que lo reta y sobre todo que lo divierte, porque prefieren agarrar un poquito más de carne en la cama, que quedarse viendo la expresión de terror e inseguridad de la tipa que considera una máxima de vida “las mujeres flacas no comen pan.”

Así que efectivamente hay una parte de la historia, que está en tinta invisible. Una parte del cuento que no nos contaron, en la que el príncipe rompe la zapatilla de cristal y decide irse por algo menos glamoroso, pero que por alguna razón le llamó la atención. Y el cuento no termina en FIN, sino en Cenicienta ponte las pilas, porque con ser bonita, no basta.

PD: María, en estos casos sólo hay una cosa que hacer…”Bailaremos un vals. Tomaremos después una copa de más, y hasta que salga el sol, cantaremos al son de una vieja guitarra, brindaremos por ti. Brindaremos por él, porque le vaya bien y mañana verás que es mejor olvidar que llorar por amor.” (y bueno sí…desear que se le ponga verde y chiquitico)

2 comentarios:

lizzie lee dijo...

Desafortunadamente, el mundo gira alrededor de esterotipos basados en simples generalizaciones... El inteligente es el q va mas alla para analizar y descubrir q esas conductas "generales" no son tal... Me encanta tu estilo y tu manera de desacreditar el estereotipo de "vivieron felices para siempre" ...

excelente!!!

Un Docente Cada Día dijo...

Gracias Lizzie! Pues sí, a uno no lo enseñan a cuestionar, por eso es tan importante aquello del pensamiento crítico y de ver un poco más allá de las cosas. Sobre todo con los estereotipos.

Saludos!