miércoles, 15 de junio de 2011

No sé nada de política: Ahí está el detalle


Yo no sé nada de política. Ahí está, lo dije. Lo confesé. Lo admití. No tengo ni la menor idea. Ni Rajoy, ni Obama, ni Le Pen van a perder el sueño por mis opiniones. Lo vuelvo a decir, no sé nada de política.

Cuando digo nada. Es nada. Nada. No sé de estrategias, ni de campañas, ni de alianzas, ni de si la propaganda del político tal realmente tiene potencial de éxito. No sé si el pendón de la campaña municipal está bien hecho o no. No sé si es buena idea eso que están haciendo ahora, que suena el teléfono de tu casa y te sale una voz que dice “Hola es Menganito de Tal, desde nuestro partido Unidos por la Población vamos a mejorar tu vida y cambiar todo para que seas feliz, sólo tienes que darnos tu voto.” ¿Eso funciona?

No sé. Sólo sé que yo tranqué el teléfono porque me sentí un poco invadida, y sin ganas de escuchar un discurso que parecía venir cargado con “más de lo mismo.” No. La verdad es que no sé de política.

Sé de huecos en las calles. Sé que si salgo de mi casa después de las seis de la tarde, salgo aterrada. Sé que la educación y la salud públicas no educan a nadie, ni curan a ninguno. Sé que en cualquier momento se va a luz y tengo que verlo como algo normal.

Sé que nos caemos a pedazos. Sé que la corrupción está en todos lados, no nada más en el gobierno. Siempre hay alguien esperando que “no me den, sino que me pongan donde hay.”

Sé de canales de tv cerrados, sé de cambios de flechado absurdos, sé que cuando se tardan año y medio para arreglar una acera es que alguien está chupando de un presupuesto, sé de permisos de construcción que jamás debieron ser otorgados, sé de varias personas que operan negocios que no pagan impuestos, ni patentes, ni nada.

De eso sí sé. Lo sé porque lo vivo, y nadie me lo tiene que contar.

También sé de otra cosa. Sé de políticos. De ellos sé bastante. Esta camada de gente que está cazando puestos, nombramientos, oficinas, celulares, viáticos, poder de decisión, ruedas de prensa y todo lo demás.

Sé de discursos repetidos que no dicen nada estilo “vamos a transformar este país en lo que soñamos” “vamos a construir el país del siglo XXI” vamos a…vamos a…vamos a…

A veces uno se pone a escuchar cómo pintan el futuro y ni Aladino con una fábrica entera de lámparas podría pintarle a uno más deseos llenos de belleza. De esa paja si sé, hasta el punto que cuando me la quieren meter por el auricular del teléfono de mi casa mi reacción inmediata es tirarlo.

Entre otras cosas porque también sé que aquí hace falta unidad y aunque se habla mucho de eso, y el discurso de los que sí saben de política es “vamos a estar unidos para lo que viene porque es la única manera de salir de ello con éxito,” lo cierto es que cada cosa que hacen va en contra de todo lo que dicen.

Hay muy pocos, yo puedo contar dos o tres a lo sumo, que parecen darse cuenta de que este país está lleno de gente que al igual que yo no sabe nada de política.

No sabe nada del acuerdo entre el partido X y el Y. No sabe que las declaraciones de Perico de los Palotes vinieron en código para hacerle daño a Trucutrú Tralala o para picarle adelante a Barriga Verde. No.

Pero sí sabemos mucho del país que queremos, de los líderes que buscamos, de la eficiencia que esperamos en nuestros funcionarios públicos. De que en el fondo, a pesar de que al igual que les pasa a ellos muchas veces nuestras acciones van en contra de nuestro discurso, (como por ejemplo cuando hablamos de querer vivir en un país con orden y nos vivimos comiendo los semáforos en rojo) lo cierto es que estamos buscando soluciones a problemas básicos: seguridad, trabajo, educación, salud.

Lo vuelvo a decir: yo no sé nada de política. Sólo puedo afirmar que me pareció espantoso el pendón de tal o cual candidato.

Pero al final del día lo que yo sepa o no poco importa. Lo grave. Lo realmente grave es que los políticos no sepan nada de sus ciudadanos.

Como decía Cantinflas, “ahí está el detalle.”