viernes, 24 de junio de 2011

¿Quién dijo Pavoso?


A veces escribo cosas y me da miedo que mi pluma tenga algún poder cabalístico. ¿Y si escribo algo que después me pasa? Confieso que acabo de borrar todo un post. Lo volveré a escribir cuando ya esté segura que lo que estaba escribiendo no va a venir a morderme una nalga. Cuando sintiéndome pueblerina y absurda diga, ok, basta de ignorancia, basta de creer en brujas, estamos como grandes para eso, vergüenza te debería dar.

Pero ¿qué puedo hacer? No me considero una persona supersticiosa, pero sí soy de las que cada vez que toca la sal, echa un poquito con la mano derecha por encima del hombro izquierdo. Jamás dejo los zapatos al revés, ni encima de la cama. Tampoco me gustan los sombreros encima de la cama, y me aterra abrir paraguas dentro de la casa, cosa que podía matar a mi abuela.

Respeto a los gatos, pero los negros me producen una gran desconfianza y si tienen ojos verdes peor. Lo siento Misifú, no es culpa tuya, a veces el ADN nos juega unas malas pasadas, como también lo hace aquel niño que te cuenta que un gato negro con ojos verdes es el diablo. Y uno, casi treinta años más tarde no lo cree, pero tampoco vas a ir ver si es verdad.

No me gustan las peceras y bajo ningún concepto puedo aceptar que después de un viaje a la playa metan en la maleta conchas, y muchísimo menos botutos. No es sólo que aquello me parezca cursi, eso es lo de menos. Es que hace tiempo escuché la idiotez de que lo del mar se debe dejar en el mar y me lo creí.

Cada quien tiene su código de pava. Mi papá tiene varios, el más extraños es el que dice que las alfombras de animales son pavosas. Durante mucho tiempo tuvo una que mi mamá había sacado de no sé donde. Creo que era una cebra o algo así, lo cierto es que cuando Chávez ganó las elecciones los gritos que se escuchaban por la casa eran “¡La aaaallfoooommmbraaaaaaa! ¡Laaaa aaalfooombraaaaaa! ¡Yo sabía que algún día nos iba a joder la aaaalfooombraaa!” Hace doce años la alfombra salió y el susodicho no, sin embargo, ni hablar de exculpar a la pobre cebra por haber terminado como chichón de piso. La culpa de las desgracias del país la tiene ella.

Cada familia además tiene su tema. De mi esposo heredé la de que no podemos pasarnos de mano a mano objetos que corten porque peleamos. Ni tijeras, ni cuchillos, ni nada por el estilo. Primero lo pones en la mesa, después te lo pasas.

Tengo una amiga que se desmaya si pone la cartera en el piso, y por otro lado está mi mamá que sí la pone en el piso y sólo te acepta que no la pongas si es para que no se ensucie.

¿Qué nos hace creer en estas cosas?. Algo que va más allá de la religión, de nuestras convicciones sobre la ciencia. Tal vez sea algo cultural o puramente humano. Lo cierto es que cada quién tiene su ritual y su estrella, sus ideas prohibidas, y la fuerza con que influyen en nuestra vida depende de cada quién. Al final cuando obtenemos un logro, siempre le damos gracias a alguien que va más allá de nosotros.

Yo siempre cumplo con mis pequeños rituales anti-pava, mi teoría es que después de todo no se pierde nada. ¿no?

2 comentarios:

royery dijo...

Creo que la publicación que borraste tenía que ver con la crítica de una de estas cosas.

Manuela Zárate dijo...

jajaja bueno, más o manos...era con algo que me dio cosa que se cumpliera, en unas semanas lo vuelvo a escribir y lo publico.

Me dio risa porque justo hoy un primo que no cree en nada estaba en la mesa, mi mamá le pidió la sal y le dijo...eeee, no te lo doy de mano a mano porque es en lo único en lo que creo. :D