lunes, 27 de junio de 2011

Tan Clara como mi nombre


Si me hubieran puesto Carolina, o María Gabriela, o incluso Clarissa. ¿Hubiese sido distinta mi vida? A veces me pregunto, qué hubiese pasado de haberme tocado responder a un nombre como Claudia, o como Carla, nombre que me adjudican a cada rato por ser anagrama de mi nombre.

¿Nos afecta realmente nuestro nombre? ¿O es algo totalmente accidental? Lo pienso sobre todo ahora que estoy a punto de ser mamá de nuevo y que me toca una vez más, junto a mi esposo, poner un nombre. Más de una vez nos hemos encontrado en plan de que los Álvaros son esto, los Carlos son aquellos, o tal nombre me recuerda a fulano que realmente no me cae bien y no le quiero poner ese nombre a mi chamo.

¿Es así? Yo no he conocido a una Daniela tímida. No he conocido a una Cristina que no tenga una personalidad fuerte. Las Michelle que conozco son todas mujeres de mucha determinación. Las Carolinas son dulces y melosas, por más que algunas intenten negar que no lo son.

Con el perdón de los Tomás, no es para que se ofendan, le puse Tomás a mi perro porque me parecía un nombre intelectual. No sé por qué, ni de dónde lo saqué, simplemente me dije, es barbudo, tiene cara de Tomás.

Lo mismo pasa con esas mujeres que son totalmente exóticas y que pueden llevar nombres como Ivana, Marena, Viola, Ornella. Hay nombres como esos, que si se los pones a tu hija y sale fea la terminas de condenar. Porque una cosa es que la Miss Venezuela se llame Milka Chulina, y otra muy distinta es que Milka sea la niña gordita, bajita, con ojos hundidos, cutis desastroso y dientes de piraña, a quien cada vez que le quieres presentar un amigo te contesta “ni de vaina.”

Valeria, siempre me pareció un nombre de niña soñadora y ordenada, mejor dicho, el adjetivo de las Valerias es prolijas. En cambio las María Gabrielas por alguna razón nunca me parecieron tan pulcras.

En cuanto a los hombres, los Daniel siempre son tremendos y desastrosos. Los Eduardos, ni hablar, siempre hay un Eduardo problemático en la familia. Los Carlos son los decididos y los Franciscos son intensos y de mucho carácter. Los Guillermos son siempre unos caballeros, no conozco a ninguno que me haya hecho decir, este es tremendo patán.

Después está la gente que tiene su nombre pero que pasa la vida entera con su sobre-nombre, su diminutivo o apelativo de cariño, las titis, las cuchis, las mini, las nana, los cookie, los y las dani. Las personas con diminutivos siempre son queridas, amigueras, bonchonas, de las que quieren estar siempre en todos lados.

Luego vienen los que tienen sobre-nombre por algún rasgo. Todos tenemos en nuestra vida un gordo, un chino, un negro, una flaca, un mocho, un catire, y así sigue la lista. Cada uno vive con su apodo, sin complejos, porque sabe que se lo dicen por cariño, por echar broma, porque nosotros somos así y son del tipo relajado, que al final todo les resbala, aunque de vez en cuando se pican y no tienen tanto sentido del humor como parce.

Claro que tal vez no sean las Dianas, los Manueles, los Domingos o las Marianas conjuntos cerrados de nada. Sino uno mismo y su forma de encasillarlo todo. Seguramente más de uno tendrá mil ejemplos para contradecir mis ideas sobre los nombres, cuando me hablen de la Cristina tímida y callada, del Eduardo serio y emprendedor, del que fue el El Negro toda la vida en el colegio y cuando se lo encontraron veinte años más tarde y le dijeron “¡Epa Neegrooo! Tanto tiempo. ¿Te acuerdas qué tiempos aquellos?” El tipo les salió amargadísimo, “no me llames así vale.” Resulta que nunca la pareció gracioso el tema, y más bien lo volvió un acomplejado.

Nada de esto es científico. Sé que no hay respuesta para mi pregunta, ¿mi vida habría distinta con otro nombre? Quién sabe, lo que sí es que yo soy clara en muchas cosas. Hablo de forma muy Clara. A veces demasiado. Mis expresiones son muy claras, no me guardo nada.

Pero es raro, porque no sabría decir si en general las Claras están claras.

2 comentarios:

Dani Truzman dijo...

Las Danielas hablan hasta por los codos y tendemos a buscar el equilibrio en todo. Yo siempre me sentí más Daniela que Elizabeth.

A mi el Daniela me lo pusieron a último momento, así que sigue las corazonadas de madre.

Ira Vergani dijo...

Ay amiga qué te digo yo que con este Ira no me pelo que me pregunten si le hago honor a mi nombre y con el Sabrina que si soy bruja. Solo te digo que no soy nada suave y de que vuelan vuelan!