jueves, 21 de julio de 2011

Carta a una Futura Mamá



Es normal tener miedo. Valor no es no tener miedo, es enfrentarlo. Tú puedes. Venga lo que venga confía en ti, vas a poder.

Sí. Lo sabes pero no lo admites. Te vas a equivocar. No trates de imaginarte perfecta. No te pongas esa meta porque es imposible cumplirla. Yo sé. Vas a sentir que se te viene el mundo encima, porque todos los mensajes que nos llegan nos empujan hacia vidas decoradas cual Architectural Digest. Pero nada funciona así. Martha Stewart tiene un tremendo equipo de producción, Demi Moore hace más de tres horas de ejercicio diarias, Hillary Clinton tuvo una sola hija y debe tener al menos dos asistentes personales más ve tú a saber cuántas secretarias. No vayas a entrar en plan “yo puedo todo y si no voy a ser implacable conmigo misma.” No vale la pena. No pelees batallas que de antemano están perdidas.

Más bien concéntrate en las que puedes ganar. Recuerda que pensar en ti a veces es pensar en tu bebé. Que le transmites todo lo que sientes aunque ya no esté en tu barriga. A la pioja también. Ella sabe claramente cuando estás alterada. Es una pila. Un avión. Es más inteligente que tú y eso es un reto.

Vas a estar agotada. Te van a pesar los ojos. Te vas a mirar al espejo y te vas a ver amorfa. Así es el embarazo. ¿Por qué? Bueno, tenías adentro un ser humano. Tu cuerpo hizo un ser humano. Dale unos meses de tregua. Ha sido noble contigo, te ha llevado arriba y abajo, te ha dejado disfrutar del ceviche y al chocolate. Es tú vehículo, no es un comodín para demostrar quién eres, ni las razones por las que vives tu vida. No te define. Ni como madre. Ni como esposa.

Y tal vez no vas a querer admitir esto frente a los números del peso digital, pero tampoco te define como mujer. Puede ser que eso diga Cosmpolitan, pero dudo que esa la fuente de la verdad de la vida. Así que no le hagas caso. Es difícil. Uno tiene su corazoncito, su vanidad, y cae mal tratar de meter el tralalá en unos bluejeans y que no entre. Además la celulitis, las várices, las estrías. Pero todo eso se pasa, y ya aprendimos de sobra con la pioja, y con el paso de los años, que es algo que poco importa. No sirve de mucho. Y el que diga que te quiere por eso, no te quiere. Ya no es tu caso.

Recuerda que los bebés lloran. Trata de no perder la paciencia. La vas a necesitar. Piensa que no va a ser fácil para la pioja tener un hermanito. El mundo está cambiando para todos. Puede que te exija más atención todavía. Entiéndela. Dale un chance. No te olvides que lo más grande que les das es tu amor, tu respeto, tu paciencia, tu comprensión, tu atención, tu tiempo. Lo demás es útil, pero no es tan importante. Lo demás le va a dar entretenimiento, momentos de risa, pero no son lo que hacen carácter. Recuerda que la tienes prestada. Recuerda que tu misión en la vida es prepararla para volar sola.

Lo mismo con el piojito. Acuérdate de los abrazos. De las caricias. Recuerda hablarle y ponerle música. Cantarle. Mecerlo. Dormir con él en brazos, recostados los dos en el sofá a media mañana, a media tarde, en una hamaca. La primera que te pase por delante. Pónselo a su papá para que haga lo mismo, compartan ese momento. Los bebés recién nacidos transmiten muchísima paz, llénate de ella. No escatimes en besos. Ni en largas miradas. Velo dormir. Toma su manito. Deja que te huela y que escuche tu corazón cada cierto tiempo. Esos son los latidos que le dieron la vida y él lo sabe.

Vas a estar adolorida. Es inevitable. Aprovecha la fuerza que te da el instinto para que te recuperes más rápido. Descansa cada vez que puedas. Échate a leer hasta que se te cierren los ojos. Dale de comer con calma. Disfruta ese momento y en lo que estén más acoplados aprovechas para leer también.

Prepárate para lo imprevisto. Para lo desconocido. Eso siempre da miedo. ¿Cómo es ser la mamá de dos? Te han dicho de todo. Que es más fácil. Que es más difícil. Que es horrible. Que es una maravilla que estén seguiditos. Que es mejor cuando se llevan más. Al final, no hay respuestas concretas. Nadie puede vivir la experiencia por ti. Con los retazos de cada consejo que te han dado irás cociendo la cobija con que los vas a arropar a los dos. Y harás lo mejor que puedas con el corazón en la mano.

No te olvides que tienes ayuda. Pídela. Úsala. Aprovéchala. No te queda de otra. Ni estás, ni puedes sola. ¿Entonces para qué asumirlo así? Piensa que la palabra ayuda es clave en este proceso. Después de todo, una de las lecciones de vida más importantes para esos dos niños es que aprendan a estar ahí el uno para el otro. A quererse sin límites, ni condiciones, a apoyarse, a decirse la verdad sin actuar como jueces el uno del otro. A ser compañeros de juego, de familia, incluso a que aprendan a criticar y a defender, en conjunto y por separado, a su papá y su mamá cuando la ocasión lo requiera.

Recuerda que los niños no escuchan. Ellos observan. Copian. Más temprano de lo que te imaginas él va a estar igual que la pioja, copiando tus gestos, repitiendo tus palabras. Muchas cosas no se hurtan porque se heredan, otras no se hurtan porque se aprenden de los padres. Ellos son tu imagen, tu reflejo, tu otra vida.

Es inevitable que los demás te juzguen como madre. Trata de hacer caso omiso de comentarios que no te añaden, sino que te restan. Tú sabes bien cómo identificar la diferencia. Mucha gente lo hace, a veces más por su propio estado interno que por ti. Tú defines cómo eres como mamá. Nadie. Nadie. Nadie puede venir a decirte cómo lo haces, ni qué tienes que hacer o deberías hacer. Es decir pueden, pero al final no pueden. Si tu corazón es fuerte eso lo sabes tú, y nada supera tu instinto. Como te dijo el pediatra cuando la vio por primera vez, nadie conoce a tus hijos mejor que tú. Nadie.

Disfruta este regalo de la vida. Esta oportunidad. No te olvides que el paso por la clínica, que la ropita, que la decoración, que la barrigota y la ropa que aún guindará del closet por unos meses con la etiqueta pre-mamá, no es lo que te hace madre. Acuérdate que eso se aprende, se gana, se trabaja, se enseña. Que el amor es algo que se alimenta y viene con el tiempo. Es un sacrificio, es dar, es sembrar una semilla.

Si puedes dar pecho lo darás. Si esta vez no puedes. Trata de tomarlo con calma. Calma es una palabra muy importante. Más de lo que uno a veces reconoce o entiende. Acuérdate que Harvard está lleno de bebés que tomaron tetero desde el día uno. No es el fin del mundo.

No te olvides que ellos manipulan. Desde la cuna. Que el hecho de que sean niños no los hace deficientes mentales, sólo tienen un sistema nervioso que todavía se está desarrollando. Incluso, tienen mucho que enseñarte. Vuelve a descubrir el mundo con el piojo, como lo hiciste con la pioja, y síguelo haciendo con ella. ¿No ha sido maravilloso ponerte a pensar en cómo hace un cocodrilo y cuál puede ser la mejor forma de dibujar un elefante?

Aprovecha. Más temprano que tarde las preguntas no serán tan fáciles de responder y llegará el día en que sencillamente no tendrás la respuesta.

Cuéntales cuentos, ayúdalos a desarrollar la imaginación, la capacidad para soñar, para irse pintando las alas que necesitarán para volar sobre los obstáculos que la vida les presente. Para irse lejos cuando el mundo quiera frenarlos y convencerlos de que sus sueños son imposibles.

Aunque suene apresurado, no pierdas oportunidades, ni tiempo, ni espacio, nunca es demasiado temprano para enseñar tolerancia, respeto, amor, compasión, solidaridad y espíritu de lucha. Y es fundamental enseñarlos a rezar, porque el que no se arropa en la Fe, se le hace muy difícil la vida.

Y por último, sonríe. Es el primer deber una mamá.

Caracas. Con uno dentro y con otra encima.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Que lindo pequeña... y me recuerda que una mamá siempre es primeriza aunque tenga veinte hijos... así me Senti con el primero, así me sentí con el segundo y así me sentiré con el tercero, estoy segura!
Maranga

Anónimo dijo...

Me encantó! No es fácil ser Mamá pero intentamos que nadie se de cuenta de eso... Felicidades por tu segundo bebé! Que dicha tienen esos dos piojos de haberte escogido como Mamá.

Ira Vergani dijo...

Ay Clarex eres y seras las mejor mama!

Manuela Zárate dijo...

Gracias friends! Me sacaron lagrimillas! Y no es por las hormonas. Tengo un susto...pero bueno...ya les contaré.

Besitos!

LeonaCaraquista dijo...

O sea, me dieron ganas de tener otro!!!!!!! Que rico cargar un bebe recien nacido, es lo maximo.

Mejor dejo de leer estos posts de maternidad.

Todas hemos pasado por eso y hemos sobrevivido!

Mucho besos y suerte en el parto.

Rose