lunes, 18 de julio de 2011

Ese mensaje que nunca debiste mandar


El gran problema con este auge de las redes sociales, el SMS y el Messenger de los teléfonos inteligentes, es que sirven como archivo de nuestros momentos brillantes. Esos momentos en que se atravesó la nube negra, diste un paso con el pie izquierdo, chocaste contra el poste de luz, te cayó encima el parapeto y te electrocutaste.

Sí. Ahora toda tu vida, tus aciertos, tus momentos de gloria y de tropezones de hierbas verdes en los dientes quedan en el muro de Facebook, en ese twitt desgraciado que retwittearon hasta sacarle sangre al pajarito, y ese mensaje que nunca debiste haber mandando se lo leen hasta el primo, “mira lo que la tipa esta me escribió. ¿Demencia o qué?”

Todos cometemos faux pas con la lengua. En algún momento de nuestras vidas se nos salió el cursi, el agresivo, el amargado, el resentido, el deprimido, el fundamentalista, el bruto, el poco tacto, el inmaduro, el intolerante, el impulsivo, que todos llevamos dentro. Hay comentarios que uno nunca debió hacer, groserías no que debieron salir de la boca, insultos que de verdad no sentíamos.

Nada como ese mensaje que después te sacan en cara desde una pantallita azul, “mira lo que dijiste,” ese trapito sucio que no es que te van a sacar al sol, sino que queda marcado bajo tu estrella y tu nombre en el Paseo de la Desgracia. Lo peor es que la entonación se la da el otro, no se la da el emisor. Hasta un “OK” puede ser la cosa más antipática del mundo, cuando en el fondo es un comentario positivo.

Pero, OK, ¿qué significa OK? ¿OK está bien lo hacemos porque a ti te da la gana? ¿OK no voy a discutir? ¿OK no digo más nada porque me da flojera hablar contigo? ¿OK sí qué chévere? ¿OK? ¿Más nada? O peor, tú dijiste que sí querías, yo armé todo esto por ti, yo te pregunté y tu dijiste, OK, yo asumí que te entusiasmaba la idea.

Quizás por eso Dios inventó los emoticones. Esas caritas que a muchos les parecen de looser, pero que se empiezan a usar para que la gente no vaya a pensar que el OK es amargo, que el perdón es con resentimiento, que el ya voy para allá es, “si te molesta que llegué tarde no es problema mío.” Emoticon porque así sea amarilla y chiquitica a veces hay que ponerle cara y expresión al asunto. No vaya a ser que desate un conflicto internacional por un comentario que se interpretó como no era.

También pasa que a veces uno se equivoca y manda el comentario desafortunado a la persona que no es. Me ha pasado. Afortunadamente hasta ahora nada grave, pero por ejemplo una vez le mandé a un amigo una petición que iba destinada a mi cuñada en la que pedía que me comprara unos sostenes. La verdad no tenía ganas de compartir con él la talla de mis poderosas razones. Me morí de la pena, sin embargo, pudo ser peor, pudo ser alguno de los viejos que están en mi Messenger.

A un amigo en estos días le llegó la insultada y la terminada que estaba destinada a un exnovio. Pero le llegó completa. Nada de vamos a hablar, vamos a vernos, tengo algo que decirte. NO. Esto fue desde el “hijo de puta de ti vi.” Hasta el “ojalá te coja un burro y te viole un elefante.” Por el medio iba la historia completa, el regaño, la moraleja, con el “qué bolas un carajo de tu edad en ese plan” incluido.

Y eso fue lo que motivó el post. Porque a pesar de que la señora tenía toda la razón de estar molesta, de que los cachos duelen, de que cuando uno está herido a uno se le salen palabrotas y frases mal armadas, eso no se hace por escrito. Me provocaba escribirle, amiga, si quieres vamos y le quemamos el carro al señor, le tiramos la ropa por la ventana, se la cortamos con una tijera, pero nada de Facebook, nada de Twitter, nada de PIN.

Lo mismo pasa con la parte gráfica. Nada peor que meterte en tu cuenta de Facebook y que sirva como de álbum de recuerdos de tu vida amorosa. O que pongan esa foto en la que te veías como si te hubiera pisado un tren, para que te recuerdes toda la vida de ese día en que amaneciste con la pelambre llena de Moco de Gorila como Robert Serra.

Además están las fotos de la noche esa en que uno agarró tremenda rasca, y te veías como La Tigresa de Oriente. O esas fotos que te tomaste con tus amigas durante el periodo rebelde, en que te vestías como maniquí de mercado libre, o cuando te dio por usar aquellos pantalones que te hacían ver como la hija del Sr. Cabeza de Papa, o mientras andabas para arriba y para abajo con esa amiga con la que después peleaste. En general, la vida está ahí.

Y yo no puedo hablar mucho porque tengo un blog, y mucho, mucho de mi vida queda en este diario virtual y público, que más de una vez ha salido de su jaula como perro rabioso a morderme una nalga. Pero mi decisión fue escribir, y este un ejercicio para correr con las consecuencias, pues como dice ese dicho que siempre repite mi mamá, lo único que no regresa es la flecha tirada, la oportunidad perdida y la palabra dicha. El rollo es que cuando la escribes no regresa, porque nunca se va.

4 comentarios:

Ira Vergani dijo...

Creo que lo único que me preocupa son los mensajes equivocados. Yo una vez le envié a mi jefe un te amo por error, que peeeeeena!

Manuela Zárate dijo...

Miiiiieeeeerrrrdaaaaaaaaaaaa!!!!!!! Jajajajajajaja. Además típica broma que después el "no era contigo, disculpa." nadie te lo cree! jajajajajjaj.

Eso me recuerda que yo agarraba el teléfono de mi hermana y mandaba mensajes a mansalva, que si imbécil, a cualquier nombre. jajajaja.

En fin...sí, pero insisto en que las peleas por Messenger son fatales. Uno no debe escribirse esas cosas...no trae nada bueno...sí te vas a decir verdades usa una carta. La escribes, la dejas descansar y se la enseñas a alguien, si no estás dispuesto a que otro lo lee y te diga lo que piensa...la señal es: no la mandes.

Digo yo puej...besososos!

Isa dijo...

Me recordaste un cuento: una amiga hizo una drunk call al número telefónico que PENSÓ que era el de su novio/arrejunte/date, y nop, era el del número justo arriba en la agenda: el de su tío. Se dio cuenta sólo a la tarde siguiente, cuando su tío la llamó para ver si estaba bien.
Del resto, opinio igual... los sms y PIN, etc., tienen todos su doble filo. Y para hablar de las cosas que realmente lo ameritan, nada mejor que las palabras.

PD: Ese dicho de tu mamá está bien bueno.

Vanessa pan dijo...

jaja cuantas veces no habré tenido problemas con ese OK! hasta que bueno uno termina accediendo a colocar esas caritas que "aligeran la conversación"