miércoles, 20 de julio de 2011

Lo Dulce. Lo Dulce. Lo Dulce.


El día que yo me muera no me comen los gusanos, a mí me despedazan las hormigas. Amo el dulce. Para mí la vida no existe si no puedo comer al menos una vez al día algo dulce. Lo mío son los postres, el azúcar, ese sabor entre cochino y glorioso del chocolate, una galleta crocante y una mordida a una torta esponjosa con su tope que parece nieve.

Mi obsesión por los dulces es tal que yo los tengo clasificados. Cada chuchería tiene su momento, su ocasión especial, su lugar. Para una dulcera como yo una Susy no es una Susy en cualquier momento. Ni Cocosette sirve cualquier día de la semana.

Por ejemplo, para mí Nutella es dulce de los domingos en la noche, y no es que me siento a comerla y ya. No. Tengo que estar viendo algo en la tele, pero algo light. O leyéndome un libro. Saco la cuchara repleta y voy comiéndomela poco a poco hasta que ya no queda nada. Cuando siento que terminé tengo que tapar el pote y meterlo en algún lugar. No lo puedo dejar cerca. Corro el peligro de acabar con el pote completo. Soy como un perro, sin pensar puedo comer y comer sin importar si estoy llena o no. Eso sí, la Nutella de pote me la tengo que comer sola, es decir, no es que puedo sentarme con alguien a compartir. Mi neurosis llega al punto de que hace tres semanas dejé un pote en la sala y mi mamá dijo:

- ¿Qué hace esto aquí?

- Nada. Lo estoy donando al resto de la familia.

- ¿Y eso?

- Porque alguien que no fui yo metió un cucharazo.

- Ayyyy. Qué exagerada.

- Yo sé cuándo alguien agarró de mi pote de Nutella. Esos trazos no son míos. Yo sé.

Sí. Soy una freak. Soy una freak que todavía chupa tubitos de Ovomaltina, sólo de vez en cuando, después del café en días de semana. Siempre me da una rabia del más allá cuando me sale aire del tubito. Me provoca llamarlos y gritar

- “¡Estafa. Aquí falta chocolate!”

Galleta para mí no es postre. Es dulce de media mañana o media tarde. Y esa debe ir junto al café. No antes. No después. Van juntos. Así como la torta es mañanera. No hay como desayunar un buen pedazo de torta con un marrón gigante, claro que si desayuno torta no puede ser de chocolate, lo más lejos que llego es una torta marmoleada.

Por otro lado no como tortas de cumpleaños, sino en contadas ocasiones. Es culpa de mi cuñado que una vez explicó que él no las come porque cuando el cumpleañero sopla las velas siempre, por más que no quiera, por más que no se de cuenta, escupe la torta. Y después viene uno y se come la cosa escupida.

Gracias. Gracias amigo por arruinarme las veladas de cumpleaños feliz. No me quito la imagen de la cabeza y por eso la mayoría de las veces cuando van pasando los platicos yo digo, no gracias, y a veces me conformo con un poco de gelatina.

Pero gelatina es un postre que también me gusta comer en la casa. Solita. Cuando ando en plan de dieta. Sí. Vayan a lavarse ese paltó los que se atacan con el azúcar y las calorías. Para mí gelatina es (no la light) postre de dieta. No tiene grasa. Claro que como todo en esta vida, si haces una olla de sancocho de gelatina y te bajas una cada tres días, pues tendrás que pedirle a Soledad Bravo el teléfono de la mujer que le hace las batolas, pero un platico después del “seco” no le hace mal a nadie. Es más, dicen que mujer sin arrugas comió gelatina en su juventud, por aquello del colágeno.

El Cocosette lo como viendo películas, pero no en el cine. Las cucherías de cine son muy delicadas. Es un rubro difícil de tocar. No te vas a comer un brownie en el cine. No. El cine es para Cri-Cri y Chocolate Con Leche Savoy. Cotufas claro, y eso que aunque son saladas tienen algo que no las hace completamente saladas. No sé, no lo puedo explicar. Son chucherías.

Lo malo de abusar del dulce en el cine es que después salen las actrices con el photoshop y el botox y el entrenador personal, entonces uno se siente así como si le hubiera pedido prestado el culo a la abuela de Dumbo, pensando en la ironía de que mientras uno está disfrutando del celuloide al día siguiente estará padeciendo la celulitis.

Los dulces hechos en casa son siempre para después de almuerzo. En mi casa se consiente al goloso. Tres leches. Pie de chocolate. Torta gloriosa de chocolate. Bienmesabe. Pie de limón congelado. Brownies. Dios mío los brownies. Yo me puedo comer ocho si los pican bien chiquiticos, y ya no pruebo la masa cruda porque una vez me dio un empache de esos de “¿alguien sabe sin en Sorte hay brujos que quitan esto?”

Siempre dejo los dulces procesados por los caseros. Me digo que el empacado puede esperar, pero no es justo dejar que se pase el mejor momento de aquel postre guardado en la nevera. No hay como ese pie de manzana con bastante canela que uno mete en el microondas unos veinte segundos y al sacar baña de helado de mantecado.

Mi vida sin dulce no existe. No hay depre, ni celebración, ni momento de solaz que no se viva mejor con algo dulce cerca. Y estoy segura que es una de las tantas cosas que cuando muera, al conversar con Dios me dirá, “hija, no era pecado.”

6 comentarios:

Sweet 180° dijo...

Que te puedo decir yo! El dulce es el motor de mi cuerpo... el protagonista!
A este trote el culo de la abuela de dumbo me será adjudicado.
Besotes...

Vanessa pan dijo...

En mi caso algo que no puede faltar en el cine es un paquetico de Miramar. Tal vez parezca mentira pero para mi ir al cine sin por lo menos comprar las cotufas es como no estar en el cine, es sólo ver una película .

La Nena dijo...

La ovomaltina es mi vicio culposo, hubo un tiempo que no se encontraba y yo entraba en crisis cual drogadicta..... sin dulce la vida no sabe igual y mas si los dulces tienen chocolate

Ira Vergani dijo...

Hija no espere tanto, le aseguro que no es pecado!

Manuela Zárate dijo...

Gracias por compartir sus vicios! :D A veces es más rico así. De verdad qué sabroso es el dulce! :D Por cierto, visiten el blog de Sweet 180, es una maravilla! :D

Cariños a todas.

Ari Corral dijo...

Qué bueno tu artículo! No te puedes imaginar lo que me he reído y además lo identificada que me siento! Yo también tengo clasificadas mis chucherías jajajajaja...
Para mí en el cine es obligatorio (además de las cotufas, claro) un Cri-Cri o si se me antoja demasiado, un M&M jajajajajaja...
Gracias a tu cuñado, ahora tampoco veré iguales las tortas de cumpleaños jajajajajajaja... Demasiado bueno en serio!!!
Un saludo!!