viernes, 29 de julio de 2011

Instinto


No voy a tener tiempo de releer esto. Así es la vida ahorita. Ni que tuviera tiempo de releerlo me serviría de algo. Si duermo tres horas seguidas es un triunfo, luego mi cerebro está un poco desajustado. Serán días extraños, de una rutina extraña. Soy una especie de máquina. Dispensa cariño, alimento, sirve de almohada y tiene un procesador de palabras que anda un poco lento. Guindado. Ideas van e ideas vienen, pero es un poco como la marea. ¿Yo era alguien antes de esto? Pareciera que “antes” ya no existiera. Ayer es una falacia. Una fantasía. Algo que nunca sucedió.

Sólo que la pioja que me recuerda que ayer es más verdad que nunca. Pues ella nació un día que desde hace tiempo está en el ayer. No olvidar: no estamos solos. Y la afirmación no tiene nada que ver con los extraterrestres. A veces te tienes que sentir bien porque te tienes que sentir bien. Y punto.

¿Y si no te sientes bien? Yo lo único que quiero es que se me quite el dolor. Poder acostarme de forma horizontal y no sentir que mis órganos son pelotas de billar. ¿Cuánto falta para eso? Quisiera tener la edad suficiente para que no resultase absurdo preguntar cada cinco minutos ¿cuándo falta para que llegue?

¿Dos? ¿Tres días? Tal vez cuatro. No sé. Sólo quiero que pasen rápido. No me importa no dormir. Sólo quiero volver a sentarme en el sofá con la compu sobre las piernas cruzadas y pararme como un bólido si la situación así lo requiere. El sueño es lo de menos. Bueno no tanto como lo de menos, pero no me hace tanta falta. “Descansar es empezar a morir.” Yo no nací para descansar, sino para vivir. Yo sueño mucho mejor despierta. Si sueño dormida me despierto con dolor de cabeza.

Tengo una gran de lista de cosas por hacer para los próximos meses. Da vueltas en mi cabeza. Vamos para allá. Nada como el caballo en hipódromo, correr todo el tiempo hacia una meta. ¿Se alcanza? A veces. Otras no. Igual uno sigue adelante.

El único camino que no conduce a nada es el que uno no toma. De resto mientras te mantengas caminando siempre descubres cosas inesperadas, lugares nuevos, parajes insospechados.

No puedo escribir mucho más. Comienza a pesar el aparato sobre mis piernas. Me duele. No. No debo pensar me duele. Debo pensar no me duele. Sólo que ahorita no me conviene demasiado escribir, sino más bien reunir las fuerzas para hacerlo. Amasar los proyectos en la cabeza. Prepararse para lo que viene.

¿Sabes cuando quieres que algo llegue ya? ¿Qué mañana sea ya? Así más o menos estoy.

Aunque la verdad es que la carita de mi piojo, durmiendo al lado mío, me devuelve una paz que no puedo describir. Y no me importa nada más. Como si el mundo de repente no existiera. No sé cómo se llama. Es una dimensión extraña. A lo mejor es eso que cuando buscan ponerle un nombre llaman: instinto.

6 comentarios:

Ora dijo...

¡Felicitaciones, Manu!

Doña Mar dijo...

Ya viene, que hermoso... Concentrate en disfrutar la espera tu bebé. Ya tendrás fuerzas para escribir y todo lo demás. Las madres podemos con todo. Dios te bendiga, un beso

César Arango dijo...

Excelente... Aún inconcientemente escribes de maravilla, si así escribes ahora con esos dolores y esa preocupación. Imaginate cuando ya haya pasado todo y vuelvas a la normalidad... Simpre llenas de sabias palabras mi saber.
felicitaciones.

Bibi dijo...

:) Felicidades :)

Manuela Zárate dijo...

Gracias a todos. Doña Mar, cierto "las madres podemos con todo" así es. César mil gracias. Esperemos así sea. Bibi y Ora, cariños. Nos seguimos viendo por la Blogosfera. :D

masterblink dijo...

Hola, excelente este blog, hace días que empece a leer los temas y me parecen geniales. Felicidades por tu bebé; me gusto lo que dices cuando ves a tu piojo (como le llamas), estoy de acuerdo, no te importa nada más, quisieras congelar esos momentos por la eternidad. Por otro lado piensa en fortaleza, salud, buena vibra, olvida esa palabra que empieza con 'd' y termina en 'olor'. Muchas bendiciones!!!