jueves, 7 de julio de 2011

Tiempo para pensar sin pensar


Aunque no tengo datos precisos me atrevería a decir que en promedio no tardamos menos de cuarenta y cinco minutos en llegar a nuestro trabajo. Quizás esa cifra es hasta conservadora. En la Ciudad de la Furia una gran mayoría está sometida al yugo de recorrer distancias cortas en grandes cantidades de tiempo. Dos y hasta tres horas para recorrer 20 km. Es una cantidad enorme de tiempo en la que el cerebro queda como en standby.

Atrapados en un mar de luces rojas a uno le queda muchísimo tiempo para pensar, y no hay nada más peligroso que una mente ociosa. Cuando uno está ocupado no tiene tiempo para estudiar el número de patas que tiene el gato. En cambio, cuando la radio te atormenta una vez más con el “E-E” de Movistar, la cuña de Aires Acondicionados Coronet o una entrevista más en la que analizan el mapa electoral concluyendo que el futuro es incierto o lanzando una marca de traje de baños, uno se pone a pensar. Pensar. Pensar. Pensar.

Pensar de todo. Sin pensar en nada.

¿Y si fulano realmente no me quiere? ¿Y si mengana me estaba viendo feo? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Estoy gorda. Estoy flaca. ¿De qué sirve ser flaca si un día te mueres y ya? ¿Y si hubiera agarrado ese trabajo? ¿Y si le hubiera dicho que sí a aquel peor es nada que tenía mal aliento? ¿Cómo me hubiera ido con él? A lo mejor habría logrado llevarlo a un dentista, curarle la halitosis y ahora viviríamos felices en Australia. Él cazando tiburones y yo atendiendo un alquiler de motos de agua. A lo mejor estaría divorciada. Sí. El peor es nada era insoportable.

La vida está hecha de tiempo. Es lo que la compone. Es lo que la nutre. Es lo único que tenemos, y la vez es lo que no tenemos. A veces parece que sobrara y otras más bien termina siendo nuestro tormento, como si no pasara, como si se estancara en nuestras narices con un único propósito, burlarse de nosotros.

A veces siento eso con estos últimos doce años. Siento que han pasado tan lento, como si la historia de la humanidad hubiese comenzando no hace millones de años, sino apenas en 1998. Lo demás parecen cantos Homéricos, invenciones de autores como Murakami, que cruzan la realidad con la magia, con el sueño y la pesadilla, con la calma y la violencia.

A veces me parece incluso que mi propia vida, mi propio pasado fue algo que me escribieron y no algo que yo viví. O que fue un sueño más que vino a mi cabeza mientras estaba en una cola. Mientras le pasaba al lado a la camioneta destartalada o un tipo en una 4X4 gigante se atravesaba frente a la modesta trompa de mi carro convencido de que si adelanta a lo macho llega más rápido.

Tan lento se me ha pasado el tiempo.

Y a veces pienso en gente que tengo a mi alrededor. Pienso en lo que les preocupa, en lo que les quita el sueño, en lo que reclaman y valoran. Me digo ¿de dónde? ¿de dónde salen estas ideas que no tienen sustancia como para aguantar ese nombre? Y luego me dijo, el rollo viene del tiempo muerto que no se ocupa en nada.

Tan peligroso puede ser tener horas para pensar y no pensar.

Me ha sucedido que estando en medio del tráfico magnifico historias, pleitos, desencuentros. También me ha servido para analizar mi propia conducta, respirar hondo y dar segundas, terceras, cuartas oportunidades.

He soñado con el futuro, me he proyectado como la dueña de alguna casa al lado de la cual paso varios minutos parada. O a veces me limito sólo a imaginarlas por dentro. ¿Cuántos baños tendrán? ¿Vivirá un perro allá adentro? ¿Será un perro feliz o un perro de esos que la familia olvidó cuando el niño pasó de un grado a otro y se sintió más atraído a sus amistades humanas que al amor canino?

Una mente en Park es un peligro. El cerebro necesita de actividad constante, de estímulo continuo, no hay nada peor que acostumbrarse a pensar sin pensar. Como me dijo una amiga hace poco, termina uno convirtiéndose en gente que vive dejándose llevar, como el que va en una balsa, sin decidir nada, sólo dejando que el río siga su cauce, a veces furioso, pero te dejas llevar al fin.

Quizás por eso es que valoro tanto el tiempo que he pasado en esas ciudades en las que lo único que necesitaba para ir de un lugar a otro eran mis propios pies. Soy capaz de vivir encapsulada, de salir poco, de limitarme a ver poca gente. No por antisocial, sino porque me aterra perder el tiempo, porque no me gusta que la vida me vaya pasando lentamente y sin cambiar, como los millones de cuadritos negros que componen el asfalto y que puedo ver desde la ventana del carro.

No me gusta esperar. No me gusta la ociosidad. Cuando me obligan a estar quieta me siento impotente.

3 comentarios:

Pedro dijo...

Mis horas en el tráfico caraqueño los últimos años las he pasado oyendo podcasts (los guardo en el iPod y lo pongo en el carro). Cuando alguien me acompaña escucho música, pero cuando estoy solo escucho podcasts. Las horas se me van rápido.

Escucho el podcast de Adam Carolla, las entrevistas a comediantes de Marc Maron, La Historia de Roma (thehistoryofrome.typepad.com). Hace unos meses descubrí que el London School of Economics pone el audio de todas sus charlas/conferencias a manera de podcasts en iTunes, y escucho las que me interesen. También tengo un par de deportes. Todo lo que menciono está disponible en iTunes.

Han sido mi salvación. Me encanta la música, pero sentía que estaba desperdiciando mi vida sentando ahí por horas al día oyendo música. Al menos ahora siento que estoy aprendiendo algo, escuchando algo interesante. Dejé de escuchar radio en Caracas hace años porque hay muy pocas cosas interesantes, y siempre están interrumpidas constantemente por propagandas y música mala.

Ahora el tiempo en el carro se me pasa rápido. Incluso hay veces que lo extraño: estar solo un rato sin que nadie te fastidie, cómodo con aire acondicionado, escuchando/aprendiendo sobre algo interesante, o cagado de la risa. Tiene su encanto, ese tiempo a solas.

Ainita Kofi dijo...

Saludos desde el otro lado del charco. He llegado a tu blog por un antiguo comentario sobre 1984. He estado un rato dando vueltas por él y leyéndote. Es magnífico, da gusto leerte.

:)

Manuela Zárate dijo...

Pedro! Podcasts...tengo que meterme en ese mundo! Tiene pinta de que son una maravilla! A ver cuándo me actualizo. Lo que te confieso que me fascina son los discos de Jon Aizpurua. Son lo máximo!

Gracias Ainita! Bienvenida a este espacio!!!!