miércoles, 5 de octubre de 2011

El Alter Ego de Lupita Ferrer


Ella se monta en el metro con la cartera, una carpeta en la mano, el niño casi arrastrado con su lonchera que es más grande que él y una bolsa en la mano. Le dice “apúrate hijo, que ya estamos tarde. Camina bien por favor.” En la mente lleva un mapa mental de todo lo que tiene que hacer. Desde peluquería hasta la planificación del día de trabajo. La reunión con el jefe. Las llamadas a los clientes. Y el mercado. Siempre falta algo del mercado.

Ella se monta en el carro. Amarra el niño a la silla. Le suena el teléfono. Hace un paneo de la calle como si la hubiera entrenado el mismísimo FBI. La leona de hoy en día protege a sus cachorros del depredador urbano por excelencia, el motorizado. Pasa el peligro. Prende el carro. Ajusta la radio. Estira la mano, alcanza la cartera y mientras esquiva a un loco en una camioneta que le tira su camastrón a todo el mundo, consigue una pintura de labios y se empieza a pintar. Recuerda el celular. Devuelve la llamada. El niño le pide que ponga un canción que le gusta y mientras va cuadrando una reunión hace lo que le piden. Y recuerda que antes de que se acabe que el día tiene que pasar por el mercado.

Quedarán pendientes para el fin de semana. La peluquería. El corte de pelo. El servicio del carro. La ferretería. La cosmetóloga. La compra de esos regalos que siempre estorban, el de la piñata que ya está encima, el del día de la madre, del padre o la navidad inminente que amenaza con sembrar el caos en la ciudad y dejarlo a uno más pobre y más cansado que cualquier otro mes del año.

Cuando se acuesta a dormir recuerda que la semana va por miércoles y no ha cumplido la promesa que hizo el sábado pasado en la noche de comenzar a hacer ejercicio ese lunes. Es que había escuchado en la radio a una mujer que dice que “siempre hay tiempo para todo. Siempre se puede hacer un huequito para hacer ejercicio.” Además había añadido que es importante para las mujeres hacer ejercicio, no sólo hay que estar en forma, no sólo que cuidarse de llegar a la vejez antes de tiempo y en un temible estado de decrepitud, sino que además hay que ponerse buenota. Porque para los hombres las cosas no son como antes, ellos ahora quieren tener la torta, comérsela, venderla, hipotecarla, prestarla, congelarla, dejársela a las siguientes generaciones.

Ahora quieren que su ama de casa esté buena. Autosuficiente. Segura. Pero no demasiado. Que se queme las pestañas, pero que se las pinte también. Que sean falsas, pero que no parezca. Tome nota de eso último, que sean falsas, pero que no lo parezca. Esa es la parte más importante.

Esta generación le dijo a adiós a las mujeres florero. No más conversaciones sobre muchachas de servicio, recetas de cocina que no sean gourmet o marcas de coche infantil. O corrección, esos temas se siguen admitiendo, pero también hay que hablar de los pormenores del trabajo, de lo insoportable que es el jefe, de las manías kafkianas de los clientes.

Y mientras tanto una se pregunta. ¿A dónde coño se fue Lupita Ferrer? Se nos fue. La señora. La doña que teníamos que ser. Se nos perdió. Nos la robaron. La dejamos en algún lugar del manifiesto de la liberación femenina que nunca nos consultaron, que ni nos dejaron leer. Nos dieron derecho al voto, a heredar de nuestros padres, a solicitar el divorcio y a no tolerar cachos, ni golpes, abrieron la puerta y nos dijeron que teníamos que celebrar la libertad.

Corrimos desnudas por el bosque un rato y nos divertimos. Nos sentimos superiores a la mujer que todavía está encerrada porque en su cultura todavía no consiguen la llave de la jaula. No nos paramos a pensar en lo duro que es ser libre. En las responsabilidades. En el trabajo extra.

Andamos con una especie de crisis de adolescencia prolongada. No sabemos quiénes somos todavía. Tal vez somos marcianas. O mejor, somos Superman con la ropa interior por dentro, de encaje y combinada por supuesto. Quizás somos unas criaturas fantásticas, somos la pedrada que le cayó a un Tolikien por ahí y brotamos de su cabeza. Hablamos un idioma propio que tiene muy poco de humano.

Pero lo más probable es que no seamos nada de eso, sino simplemente el resultado de la siguiente receta:

Mezcle todos los ingredientes y lleve a ebullición: Hormonas. Lolas. Zapatos de goma y tacones. Rimel. Pintura de labios. Peluquería. Mechas. Computadora. Trabajo. Impresión. Tarjeta de crédito. Débito. Depósito. Cheque. Motorizado. Pediatra. Costurera. Fashionista. Cocinera. Artista. Filósofo. Psicóloga. Arquitecto. Electricista. Decorador. Cura. Piedra, papel y tijera, pare y none. Y colores de pintura de uña al gusto.

Metes en el horno y sales tú.

En mi caso. Fui al espejo. Me puse mi crema antiarrugas. Los bluejeans que siempre me hacen sentir gorda. Me di cuenta que un día más estaba saliendo tarde. Y dije, a partir de hoy me declaro: el Alter Ego de Lupita Ferrer.

Mujer de hierro llorona.

¿Y la costilla de Adán? Se me fue por el triturador de alimentos. Sorry.

6 comentarios:

Doña Treme dijo...

Yo tengo un amiga que siempre dice "el cdsm cada vez que respire la que invento la liberacion femenina" jajajaja. Y tiene su cuota de verdad. De alguna manera, hay que ser la mujer maravilla sin faja.
Y resulta que cuando te resteas y eres Lara Croft, ningun hombre te aguanta la mecha. "Es que eres muy exigente" Carajo! Y no tengo serecho a serlo, si soy la mujer maravilla/lara croft/como sea se llame tu heroina?
No es facil ser mujer... menos en el quinto mundo, con un machismo deforme y complejo.

@LeonaCaraquista dijo...

"La leona de hoy en día protege a sus cachorros del depredador urbano por excelencia, el motorizado"

Sentí que este post lo escribiste conmigo en mente!

Tal cual, ni más ni menos.

Feminist movement my ass!!!

@LeonaCaraquista dijo...

Es importante mencionar que en mi caso hay que añadir dos cachorros más al trajín de la tipa!

Facility manager dijo...

Hola Manuela, o Lupita, que gusto leerte nuevamente. Planeo venir frecuentemente y retomar mis cuentos contigo,
un abrazo,
Facility

Anónimo dijo...

Aquí en Argentina las cosas son iguales, qué pena! YO SÍ QUIERO QUE MI MARIDO ME MANTENGA!!!

Anónimo dijo...

y ademas de todo eso tambien hay que hacer tiempo para el sexo.