viernes, 23 de diciembre de 2011

El Borrador


*En un rato publico la foto de las primeras copias de mi primer borrador.

Hoy mi esposo fue a un centro de copiado a imprimir un borrador de lo que espero sea mi primer libro. Esa novela que hace ya varios meses les dije que iba a escribir. Me tomé un año, pero en realidad la historia salió en tres meses. Después la engaveté porque el pájaro que tengo en mi cabeza, como el de la propaganda de Twistos me decía, “esto es una mierda. Esto es una mierda. Esto es una mierda. Qué historia tan chimba. Que historia tan chimba. El lector se va a aburrir. El lector se va a aburrir. Los diálogos son cursis. Los diálogos son cursis. Los diálogos son cursis.”

Es que me salió una historia diferente. No sé por qué, pero fue lo que salió. Algo de otra época, centrado en un mundo creado por mí, pero que tiene como núcleo lo que vivimos hoy en día. Tiene fantasía, no todo es real, pero de nuevo, tiene como núcleo muchas de las cosas que percibo en la sociedad hoy en día. Y cada personaje tiene un valor. Pues, si algo me ha pegado últimamente es la crisis de valores que estamos viviendo.

Me pareció muy raro ese tema. Yo que siempre pensé que iba a escribir cosas más reales que nada, que ni Harry Potter me había leído y ahora estoy fajada con ellos, me sale escribir algo así. Pensé, es una locura. Un absurdo.

Así que le dije está bien pájaro. Tú ganas y guardé los papeles. No volví a abrir el archivo de Word y dije, mejor me pongo a escribir otra cosa. Efectivamente, tengo otra historia por ahí gestándose, esa la escribí de otra forma. No fue que me “senté a escribir” sino que hice como una especie de esquema, de maqueta. Y andaba en eso cuando me salió otra vez el pájaro y empezó: “desempolva la novela terminada. Desempolva la novela terminada. A lo mejor tiene arreglo. A lo mejor tiene arreglo.”

Una vez más le hice caso. Pero ya no lo escuché más. Me puse a pensar lo siguiente. Soy una persona bastante inconsistente. Lo único que ha sido una verdadera constante en mi vida son los libros. La lectura. Y estas ganas irreprimibles de escribir. Hasta la gente con la que intercambio emails me lo dice, yo tengo cosas adentro que necesito expresar. Es una necesidad casi fisiológica.

Así que me dije, a lo mejor el primer pájaro tiene razón y la historia es una porquería. Una verdadera basura. Pero sabes qué niña, vamos a terminarla, vamos a pulirla, a encuadernarla, a mandarla a algunos amigos y vemos qué pasa.

A veces leo algunos pedazos y siento unas ganas enorme de ir a meterme en mi cama, taparme con las cobijas y no salir de ahí nunca más. Son terribles. Pero otras leo y digo, jolín, ¿Yo solita escribí esto? Sí. Creo que así son las cosas, hay de todo, bueno, malo, regular, fantástico y pésimo.

Suena fácil escribir un libro. Y es muy fácil lo que me dice mucha gente, mándalo, suéltalo, déjalo ir, pero la verdad les confieso, no es nada fácil y requiere unas “bolas de acero” que a veces no sé si tengo. También debo confesar que he publicado algunos parrafillos o frases en Facebook, como para ver qué pasa. Sí es patético. Es como querer ver si sale la manito del bebé antes del parto y comprobar qué tanto duele. A ver si uno aguanta que salga el resto del cuerpo.

En fin. No he tenido malos comentarios. Pero eso es irreal, pues una frase no hace una novela. Y puede que la frase sea magistral, pero si el resto es una porquería, no sirve de nada.

En todo caso, me pareció que hoy era el momento de compartir esto con ustedes. Muchos de los que leen este blog me han apoyado y han creído en mí., y aunque sé que lo más importante es que yo crea en mí misma, me cuesta horrores. A lo largo de el camino que me ha tocado recorrer he encontrado innumerables razones para no creer. He encontrado gente que me ha convencido que no tengo talento, que no sirvo, que mis ganas de escribir son un despropósito. Sí, mi gran tara es que sufro de baja autoestima y miedo crónicos.

En fin. No puedo comentar mucho más sobre el libro porque lo estoy enviando a un concurso, como para no dejar. Creo que no voy a llegar ni detrás de la vieja que se fue persiguiendo a la ambulancia. Entre otras cosas el manuscrito todavía tiene muchas cosas que corregirle, revisiones pendientes, hasta errores ortográficos, que mi esposo ya empezó a ver apenas llevó el documento al centro de copiado.

Igual lo voy a mandar. Y el año que viene veremos que pasa. Seguiré puliendo y comenzaré a trabajar en otra historia. Les seguiré contando. Porque la verdad es que esto me gusta y mucho. Mi esposo me dijo hace tiempo tienes que buscar algo que te guste y “echarle bolas.” Y aquí estoy.

Ahora falta ver si el mundo escucha.

Antes de terminar hay alguien por ahí que ya se la leyó. Y le tengo que dar las gracias, no me había dado cuenta de que el favor era titánico hasta que vi que en Word, a doble espacio eran unas 300 páginas de texto. De verdad gracias. Por el empuje, el tiempo, el "manda más" y los comentarios, que han sido de gran, gran valor. Definitivamente solo, uno no puede hacer nada. Y la verdad, es que un escritor necesita sus lectores. El lector es creador.

Gracias amigo por leerme. Y gracias a la vida por esta posibilidad. Hoy se abre una puerta para mí, es un día especial, veremos hacia dónde nos lleva este pasillo que empiezo a recorrer.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Ficciones: Gordo sin salida.

Es un gordo de esos que desayunan hamburguesas. El pan se hunde un poco con la presión de sus dedos, la carne, el tomate y la lechuga aplastados por el calor y las salsas hasta ser casi una pasta irreconocible, se rodando hacia el fondo del pan, con cada mordisco. Del emparedado caen gotas de salsa que salpican todo. Sus dedos están enchumbados de grasa y de salsa, pareciera que alguien los hubiese pintado de amarillo y rojo. Mientras tanto el va pensando, ¿qué voy a almorzar?


Él sabe que la gente que lo ve por la calle no para de pensar. ¿Cómo este gordo se dejó poner así? Como si no hubiera sido gordo toda la vida. Siempre fue gordo. Si no de contextura. De corazón. Si se se infló fue casi sin darse cuenta, entre el tercer plato de pasta y la coca-cola que se tenía que tomar antes de acostarse a dormir. No es que la comida sustituya nada en su vida. No es que en el plato busque el amor que no tiene, la compañía que le hace falta o que busque masticar para evitar decir lo que no quiere decir.


No. No es que la gordura sea una excusa. Un problema visible e inmediato para evitar los otros que hay en su vida. La dureza de la madre. La frialdad del padre. Las indiscreciones sexuales de su hermana. La gordura es la gordura. Es parte de él. Un rasgo. Hasta un atributo. La gordura es él. No en vano todos lo llaman "el gordo." Si dejara de ser gordo entonces qué lo llamarían. El nada. Además de la gordura no hay nada.


A veces se acuesta en su cama. Y mira al techo. Recuerda aquella frase de Kafka, "una mañana Gregorio Samsa despertó convertido en un monstruoso insecto." Si ese insecto lo hubiera encontrado, se lo hubiera llevado, lo hubiera carcomido, abriéndole huecos por todo lados. A lo mejor, algún día él despertaría luego de una extraña metamorfosis, sólo que no sería un insecto, sería un pedazo de comida, que por culpa del estado avanzado de putrefacción tendría gusanos blancos saliendo de numerosos orificio, carcomiendo todo lo que encuentran a su paso. Babosos. Amenazante.


Despediría un olor grotesco. Su madre peinada y encopetada abría la puerta y al verlo le diría:


- Yo sabía que este día llegaría. ¿Qué más le íbamos a pedir a un gordo como tú? Tienes la mañana de hoy para hacer algo con el olor. Luego hablaremos con tu padre sobre los gusanos.


Ella cerraría la puerta y el intentaría moverse para verla salir desde la ventana. Pero no podría. Es un trozo de comida. No tiene patas, ni armazón, no se puede impulsar de nada. Tendría que transar con los gusanos para que estos lo movieran. De ahora en adelante los gusanos son el medio de vida. Y lo irónico es que a la vez son su verdugo. El día que se lo coman, dejará de existir. Da igual que se lo coman o lo abandonen. Un poco como ha sido la relación con sus padres. Sus padres ya se lo comieron. Le tocará esperar a que se lo coman los gusanos.


Los gusanos lo complacen y el gordo se asomará por la ventana y ve a la madre salir. La mañana es gris. Nubes de techo bajo. Ella camina con el culo respingón, viste de gris, como si quisiera combinar con el día. Su pelo amarillo está recogido en un moño que se ve muy pasado de moda, sus zapatos rojos son el único punto que brilla en toda la calle.


Falta poco para que se pierda de vista entre las casas y la calle que hacen una curva hacia la izquierda. Pero la mujer no desaparece del cuadro. Se detiene al lado de una furgoneta blanca. Un hombre con una bata azul está sacando cajas y metiéndolas hacia el local que tiene en frente. La mujer está parada, cada vez que se acerca le habla. El hombre no pareciera reparar en su presencia, como si quisiera ignorarla.


La tercera vez que el hombre carga en sus brazo cajas rectangulares que bien pueden tener peras o cervezas, la mujer abre su bolso negro y saca algo. Debe ser un cigarro, pues se lleva las manos a la boca, y luego estira el brazo, y el dedo medio y el corazón. El hombre regresa y la mujer se lleva otra vez las manos a la boca. La mano que tiene libre la apoya en la cintura. No para de cambiar de posición. Pareciera nerviosa, como si estuviera reclamando algo. El hombre como que no la escucha. No repara en ella. Absorto en su trabajo la ignora. Como si lo que tuviese enfrente no fuese más que la neblina, la mañana pesada y triste de un día laborable que apenas empieza y anuncia que se tardará en terminar.


Esa mañana el gordo había despertado y antes de ir a comprar su hamburguesa habitual recordó que su madre había muerto acuchillada. Que para proteger su memoria la habían trasladado en un furgoneta blanca hasta su casa y habían fingido un atraco que la policía no tardaría en descubrir. Esa mañana el gordo se sintió un gusano, un gusano de los que moviliza cadáveres. Esa mañana el gordo, abrió los ojos, y quiso con todas sus fuerzas ser un asqueroso insecto, pero para su pesar seguía siendo humano.