martes, 18 de diciembre de 2012

El Maestro y Margarita de Mihail Bulgakov


Hace un  par de semanas tuve la oportunidad de descubrir uno de los libros más bellos que he leído. El Maestro y Margarita de Mihail Bulgakov. En este libro el diablo llega a Moscú y se le presenta a dos literatos que están discutiendo sobre la inexistencia de Jesucristo. Lo que comienza a suceder a partir de allí es una serie de eventos que dejan al lector atrapado, casi hechizado por una narración que a veces da miedo. Miedo de verdad. 

Este es un uno de esos libros que cuesta leer antes de dormir, porque entonces te da miedo apagar la luz, sientes que poco a poco la narración, los eventos, los personajes se van metiendo en tu vida. Y sí, tal vez peco de decir algo absurdo, pero puedo jurar que cuando llegué al segundo capítulo yo sentía que el libro se escribía para mí. Que era mágico. Que lo que estaban narrando tenía que ver con mi vida y que se iba escribiendo a medida que yo avanzaba. 

Además está una novela paralela, una novela dentro de la novela, que trata sobre Poncio Pilato y lo que este vivió cuando Jesús es condenado a muerte. La belleza de las descripciones y ese punto de vista al que no estamos acostumbrados, es algo que lo deja a uno sin aliento. 

No voy a arruinar el final, pero sólo  les digo que es uno de los finales más bellos que he leído. Al final, los personajes terminan por atraparlo a uno, independientemente de los prejuicios que uno pueda tener con una figura como la del diablo. 

Pero quizás, lo más bello de este libro, es la historia central, la historia de amor, un amor entre dos personas, una que escribe y otra que lo ama, y además lo ama a través de su obra, le ayuda a vencer los miedos y a enfrentar los fantasmas y a entender que los demonios, cuando uno los ve de cerca, no son tan malos. 

Lo único que me llamó la atención de este libro, es que a pesar de un par de escenas que tenían algo de corte erótico, no hubo sexo. Me pregunto por qué Bulgakov habrá tomado esa decisión, además de que el tema del adulterio no es visto como pecado, sino más bien como algo socialmente reprochable. Es curioso. ¿Será que es verdad? ¿Será que no es pecado? 

No sé. Pero por lo pronto pecado sería dejar de leer esta maravilla de obra, de personajes fascinantes y de escenas que uno por más que haya cerrado el libro no puede olvidar. 

Tenía años que no hacía un viaje literario como este. 

jueves, 13 de diciembre de 2012

La Navidad y los 7 Pecados Capitales


En estos días entré a una tienda de regalos y me dio una especie de ataque de pánico. Sudor. Mareos. Lo clásico. ¿Qué le llevo? ¿Qué le compro? ¿Cuánto me puedo gastar? ¿Cuántos regalos me faltan? Me sacan otra cosa y me dicen, mire esto le puede servir, es por tanto. Y yo quiero llorar. Ya ni sé a quién le estoy comprando, ni por qué. 

Lo que es peor. Llego a un lugar al que no llevo regalo y entonces me asaltan toda clase de dudas. ¿Será que esta persona esperaba un regalo? ¿Será que el regalo es suficiente? A lo mejor estaba esperando un aguinaldo en metálico, entonces llegas tú, con la hallaquita que pensaste que era una delicia, con ese pan de jamón que te pareció el detalle perfecto, y estás quedando como un pichirre. Lo peor de todo es que justo detrás de ti llega alguien, la famosa detallista perfecta, que trae regalos, sobres, cartas de esas que hablan de paz, amor, felicidad, prosperidad, y toda una cantidad de cosas que sabes que no van a pasar el año que viene, o que van a pasar pero todas mezcladas, y que uno puede desear, pero ya uno ni sabe si desea en serio de tanto que lo repite. 

Es como que todo a perdido el significado. Esta es la época para los compromisos locos. De las cosas que realmente he disfrutado han sido un  par de cartas de agradecimiento y el acto de Clari. Su primer acto de navidad, cosa que me puso en espíritu Jingle Bells, cosa que pierdo el segundo que regreso a mi oscura realidad de regalos. 

Yo lo siento. Pero yo dudo que Santa el Niño Jesús tuvieran este peo en mente. La frivolidad vuelta loca. 

Es más. Yo diría que esta época lo que hace es exaltar los SIETE PECADOS CAPITALES. 
A ver: 
El Orgullo: Bueno. Aquí entra el ¿dónde está mi aguinaldo? hasta el ¿y qué le vas a dar papá? Porque yo este año me he portado muy bien. Todo el mundo está esperando algo, porque el simple hecho de que "me lo merezco chico". Siempre asumimos que nos portamos bien este año, y que Santa nos tiene que dejar el árbol repleto de vainas, que a veces ni queremos, ni necesitamos, ni vamos a usar. Y no. No estoy hablando de la gente que termina de pagar una deuda con sus utilidades, estoy hablando de la cara de culo porque mi amigo secreto, qué bolas tiene de haberme regalado esta mierda. 

Avaricia: Está mezclada con la del orgullo. En esta época nada es suficiente. Pareciera que cada año los amigos secretos duran más tiempo, se sube el monto del regalo con el cuento de que, mira como estamos haciendo un intercambio entonces es mejor que te gastes mucho en un solo regalo, a que gastes mucho en mucha mierda. Entonces la idea no es ahorrar, ni hacer algo que represente el detalle de pensar en el otro. ¡NO! ¡Qué bolas tiene la gente cursi del mundo! La idea es que te toque algo arrecho en vez de puras porquerías. Es decir, que te resuelvan con esa cartera medio costosa en la que tú nunca vas a gastar porque ni que fueras una botarata. ¿Está clara la cosa? Y como te toque un amigo de esos que regala una agenda. No joda. Ahí si armas La Guarimba. 

Glotonería: No hay que elaborar mucho aquí. El que no llega gordo a enero puede ir con toda confianza a casa de su psiquiatra a decirle, oficialmente nadie me quiere. Todo el mundo inventa una cena. El grupo de amigos, el grupo de ex amigos que ya no ves desde la universidad, el grupo de ex amigos que ya no ves desde que terminaste con ese tipo que era una mierda pero cuyos amigos te caían bien, los de la oficina, los panas de la otra oficina, los de la oficina de tu pareja, los de la oficina de tu papá que nunca visitas, las mamás del colegio, los papás del colegio, los parqueros amigos que te dicen pásese un ratico, las tías, los abuelos, las tías abuelas. Todo el mundo inventa una vaina navideña, y además mientras las están planeando y alguien dice, coño vamos a poner pasta, siempre sale alguien y dice, ¡NOOOOOO! La gente está esperando menú navideño. Entonces tú estás que vomitas los bollos, que sientes que cada vez que te acuestas alguien te va a arropar como un pan de jamón, que cacareas como gallina de tanta ensalada y que cuando te pones esos pantalones que te quedaban tan bien hasta el 15 de noviembre, se te ve el culo como una hallaca. Y además, está la jaladera de caña y de galletitas y chocolitacos, y toda mierda que viene en latas de ositos con gorritos de navidad. En navidad uno gasta y traga. Más. nada. 

Lujuria: Bueno. Este no es como para hablarlo frente al pesebre. Y lo irónico es que el momento del parto es quizás uno de los momentos menos sexuales en la vida de una pareja. Virgen María, como madre, te entiendo. Demasiado irónico. Pero no hay fiesta de navidad que termine en un sujú entre dos de la oficina que empezaron bailando todos recatados, y que después cantaron a todo gañote, si mi Ex metiene ganas, pensando, si mi jefe me tiene ganas, dando vueltas, totalmente rascados, ignorando las llamadas perdidas de la pareja que está en la casa porque la compañía ya no hace la fiesta invitando a la familia, porque no hay presupuesto y es comprensible, y sabe que esas fiestas no hay nalga que no se salga de su lugar. Olvídense, desde que las brujitas de Halloween se convirtieron en brujitas puta, hasta los renos han optado por declarar que ellos también tienen derecho a una vida sexual. Además, donde hay exceso de caña hay sexo. El que diga lo contrario…vaya para un bar. 

Pereza: En navidad, ¿quién quiere trabajar? El que venga con el cuento de que no se va de vacaciones porque tiene trabajo, lo que quiere decir, es yo no me agarro vacaciones ahorita porque es la época del año en que nos ponemos a ver  a las Kardashian todos juntos, nos ponemos a criticar a las Misses y hablamos de cuáles son nuestros favoritos para el Oscar, mientras nos vamos turnando quién atiende al estúpido cliente que no se fue de vacaciones y tiene las bolas de llamar a pedir algo. La respuesta siempre es, Fulano, que es quien siempre te atiende, Mengano de administración o Pascual de Legal están de vacaciones, y se reincorporan el 15. Es decir, a donde quiera que llames, la respuesta es, eso ya será para enero. ¿Por qué? Esa es la regla. Dios lo quiso así. No somos nosotros, es que después del 15 de noviembre, todo es para enero. Si te quieres enfermar, compinche, olvídesde de patatús un 20 de diciembre. La cosa es para enero. 

La Ira: La gente está histérica. Y como no estarlo. Si uno tiene más compromisos sociales que Kate Middleton. Además tienes que ir bañado, perfumado, arreglado, con el regalo envuelto, con el para/de, con el lazo, dentro del rango de precio que no te quiebre, pero que represente. Coño. Estás de a toque. Te dicen ay qué bello lo que compraste y tu escuchas qué vaina es esta. No puedes del estrés y lo único que quieres que te regalen que es un pasaje para una isla en la que nadie te hable, nunca llega. Todo el mundo te resuelve con bisutería o con polvoristas. Y te dices, Dios habrá nacido en esta época, pero no existe. 

La Envidia: Coño, porque uno envidia al que no en enrolla por los regalos. Al que no tiene que comprar Niño Jesús. Al que no tiene que andar de reunión familiar en reunión familiar. Que no juega amigo secreto. Que no tiene que calcular utilidades, prestaciones, aguinaldos, que no tiene que llamar a un  plomero, electricista, instalador de persianas que se te cayeron y te despierta la luz a las cinco de la mañana todos los días. Que no tiene que envolver trescientos regalos para el colegio, que no tiene que andar comprando toda clase de vergas antes de que todo suba en enero. Uno envidia al que no engorda y se sirve doble porción de pan de jamón. Uno envidia al pana ese que por más que toma y toma nunca se levanta sin ratón. Uno envidia al que se fue de viaje el 10 porque se pasa al mundo por el Arco de Triunfo. Uno envidia también al que se queda tranquilazo en su casa y no enrolla porque no va a viajar. Uno envidia al que tiene una familia pequeña y no está con el peo de, mi mamá dice que ella este año no va a hacer hallacas porque el año pasado la dejaron sola haciendo la vaina, mi prima se ofendió porque ella quería hacer la cena en su casa, a mi hermana no le va a gustar eso, cómo te ocurre llevarle una corbata negra a tu tío. Y además está el tema de todo el que se amarga porque el de al lado tiene un regalo mejor. Porque así es el ser humano. Nunca está contento. 

No señores. Yo sé que a veces uno se pone apocalíptico. Pero de verdad, que esta época del año lo deja a uno extenuado. Últimamente lo que veo es que saca lo peor, no de todo el mundo, pero sí de mucha gente. Cruel ironía. Yo por mi lado, quiero que sea enero ¡Ya! 

lunes, 10 de diciembre de 2012

Cita con el Pasado


La oficina de El Pasado está situada al fondo de un pasillo oscuro. La puerta es muy estrecha y las paredes blancas están totalmente desnudas. Los únicos muebles son una silla y un escritorio pequeño, ocupado por una secretaria
de esas que sólo hay verlas para entender lo eficientes que son. La mujer teclea sobre máquina de escribir de un año que no podrías nombrar bajo ningún tipo de presión, física o psicológica, pero sí sabes que es mucho anterior al de tu nacimiento. Tiene un moño, de esos que se hacen las mujeres que no tienen rasgos asiáticos, pero es como si quisieran tenerlos. Tiene las uñas más rojas que has visto en tu vida. Las vez e imaginas algo infame. Imposible, te dices. No puede ser. Debe ser un esmalte nuevo, o tu imaginación desbordada. Pero por otro lado estás en la oficina de El Pasado. Aquí cualquier cosa es posible. 

En lo que pones un pie en la oficina la mujer levanta la mirada y da la orden con amabilidad mecánica: 

- Dígame. ¿En qué puedo ayudarle? 

- Buenas. - Alargo la A y la S,  como para que la palabra dure más. Esto de estar tan cerca de El Pasado. Me revuelve el estómago. Me hace temblar. - Tengo una cita con… El Pasado. 

- Obvio. Aquí no se puede venir sin cita. Es usted. ¿Clara Machado? 

- No. Yo soy Manuela Zárate. 

- Disculpe, pero esa no es la persona que está anotada para la cita de hoy. 

- Pero, es que yo hice esa cita hace casi un mes y medio. Y me la confirmaron, ayer creo. Es más. Esta mañana recibí un mensaje tipo recordatorio. 

- Ya va. 

La mujer se levanta. Tiene una falda ceñida color púrpura. Le queda regia. Envidio su figura. Envidio su trabajo. Su posición de poder. Me pregunto si yo trataría así a la gente. Uno siempre dice que no, que uno haría las cosas mejor. Pero uno es humano, y el ser humano ya me ha probado tantas veces que es una mierda, que francamente no sé qué creer. 

Regresa y se sienta arqueando las cejas. 

- Lo siento señora…

- Zárate. 

- Sí. Señora Zárate. - Siempre se olvidan de tu nombre, como para restregarte que no eres nada. - Mire, usted no está aquí anotada, y El Pasado no ve a nadie si no es por previa cita. Lo lamento mucho, pero no podrá atenderla. 

- Pero ¿cómo es posible? Debe ser una equivocación, la otra señora ¿ya entró? 

- No puedo decirle, eso es confidencial. Las reglas son muy estrictas. Si relamente hizo una cita debería saberlo. Es lo primero que le decimos a quienes quieren encontrarse con él. 

- Sí. Lo sé. Es que no entiendo por qué está anotada ella y no yo. 

- Francamente yo tampoco. 

- ¿Y entonces cómo hacemos? 

- Bueno tiene dos opciones, podría esperar o hacer otra cita. 

- ¿Cuánto tiempo tendría que esperar? 

- Ah. Eso no sabría decirle. Puede ser que se desocupe inmediatamente, puede que dure horas, días, incluso años. Puede que…puede que al salir simplemente se niegue a verla. Esas son las reglas. Debería saberlas. 

- Pero es que…¿Y si hago otra cita? 

- Puede hacerla, pero tiene que pasar por todo el procedimiento primero. 

- ¿Otra vez? 

- Le recuerdo que a efectos de esta oficina, y lo que tengo aquí registrado usted no lo ha hecho. 

- Pero si claro que lo hice. Di todos mis datos. Conté la historia. Pasé los exámenes médicos. Mandé los formularios firmados reconociendo que no puedo cambiar nada, y hasta puse causa urgente, y me habían dicho que estaba todo aprobado. 

- Lo siento. Pero tengo mucho trabajo y realmente no hay más nada que pueda hacer por usted.

- ¿Y ahora qué hago? - Se me quiebra la voz. 

- Lo que le he dicho, realmente no puedo darle otra opción. 

- ¿Qué me recomendaría usted? Según su experiencia. - Esa es la cosa con la gente que está en estas posiciones, reconoces el hecho y se apiadan. Su mirada se suaviza. 

- ¿Cuál era la causa de la cita con El Pasado? 

- Tenía palabras que me habían sobrado y no sabía qué hacer con ellas. 

- ¿Probó donarlas? 

- ¡Claro! Intenté donarlas. Regalarlas. Venderlas fue lo primero, pero nadie me las compró para que le voy a mentir. 

- Ni modo que mienta, aquí lo sabemos todo. Sí, es raro que alguien compre palabras viejas, aunque a un buen vendedor...

- Exacto. Sí. Yo no soy buena para eso.  También probé una receta para comérmelas, pero las vomité todas en mi cama esa misma noche. 

- Uy. Terrible. Difícil grupito de palabras que tiene usted ahí atravesado. - Me pica el ojo. Se burla de mí. No sé si ofrecerle un chicle o una cachetada. 

-Traté de enterrarlas, pero. No importa qué tan profundo cavo el hoyo, vuelven a salir. Lo mismo pasa si trato de callarlas con música, con lo que sea. Están ahí. No tengo otra salida, necesito dejarlas en el pasado. Tan sólo un momento. Es nada más un segundo. De verdad. - Mi tono es de súplica. 

- Mire, le puedo sugerir sólo una cosa, para que esté más tranquila. Escóndalas en unos cuadernos. Pruebe eso. Seguirán ahí pero al menos, se calmarán un rato. Llene el formulario y espere. ¿Quién sabe? Si escribe bien a lo mejor él mismo lo lee y de una le da una cita de inmediato y resuelve ese problema. Es más, si crea una ficción suficientemente buena a lo mejor se quedan ahí, y ya no quieren salir, y no tiene ni siquiera necesidad de volver por aquí. 

- ¿Y si escribo una poesía? Yo creo que tal vez…no me quedan tan mal. 

- ¡También! - La mujer se emociona. Hasta creo que asoma una sonrisa. - ¡Qué bonito! Sí. Eso me encanta. ¡Pruebe eso! Definitivamente. ¡Pruebe eso! - Eso es lo que necesita uno cuando está al borde de la locura. Otro idiota que la alimente. 

- Cierto digo. Muchas gracias. - 

- De qué. - Me dice. - Y suerte con las palabras. 

viernes, 7 de diciembre de 2012

Rituales para la despedida




Las Palabras.

Mantenerlas vagas. Es mejor siempre irse por los lugares comunes. Los caminos transitados. Las promesas que en realidad nunca fueron tal cosa, sino más bien, una especie de sueños, de futuros imposibles. Pero igual, hay que asegurar, con firmeza, con convicción, sin ningún tipo de cambio en el pulso, que pasarán cosas que uno sabe que no van a pasar. Peor. Que uno no quiere que pasen.

No diga la verdad. No se debe ser sincero. No se deben ordenar las palabras buscando articular con signos verbales aquello que el corazón le traduce al cerebro con el nombre de: Verdad. No se debe pensar en la realidad. En lo que es. Es mejor usar fantasías para colorear la realidad lo mejor posible. Para suavizar golpes.

Hay que mantenerlas al mínimo posible. El detalle es que cuando ya se fue emocionalmente, cuando ya huiste, ya saliste, ya estás a miles de kilómetros de distancia, ya no eres ni un punto, ya te tragó el horizonte, hay algo que no te permite dejar de articular sin sentido. Como para convencerte de que ya te fuiste. Como para creerlo. Como para que no quede la duda. Como si te hubieras desdoblado, y entonces tú ser real que está en otra parte necesita una última confirmación de que ya te has ido. No hay que hacerle caso a los hologramas.

Cuando ya te fuiste.
Te fuiste.

Adiós.
Eso es suficiente.


El Abrazo

Debe ser apretado. De cuerpo completo. Uno debe buscar estrechar con el pecho. Como si el adiós fuese algo que entra al estilo puñalada y que se clava en la cavidad torácica. El abrazo debe ser prolongado. Debe sentirse esponjoso y pesado. Debe haber algo de cansancio. Como si fuese la puerta de una jaula que estamos a punto de abrir. Al momento del abrazo uno debe sentir en la punta de la lengua un gustito a libertad. Y es allí, cuando ese sabor comienza a desarrollarse que uno suelta. Y se va.

Las Lágrimas

Sólo dos son suficientes. Una para el camino y otra por los recuerdos. Más de dos lágrimas es llorar por lo perdido, y eso no tiene sentido. Al menos no en el momento del adiós. Eso ya es desahogo. Pero el desahogo es otra cosa. Otro ritual distinto.

Los Gritos

Si el adiós es violento, los gritos deben tener mucho colmillo. Insultos limitados. Una cierta pasividad dentro de la agresividad. No deben ser gritos de rabia. Más bien deben ser gritos tóxicos. Gritos de piedras. De los que van levantando un muro, que tal vez no se pueda derribar nunca más. Deben venir no de la garganta, sino del hueco que hay entre el bajo vientre y el diafragma.

Accesorios

Portazos. Objetos lanzados, nunca a la persona, contra el suelo y sin ánimo de romperlos, eso es simplemente un derivado. Caminadas de zapateo duro, de abrir grietas en el suelo. De terremoto existencial. Miradas largas. Expresivas. Inexpresivas. Silencios incómodos, de los que te hacen sentir que estás agarrando el momento por un hilo y que poco a poco lo vas dejando caer, y no puedes hablar, porque no piensas en decir algo o en lo que tienes o deberías decir, más bien piensas en el hilo, en como va descendiendo entre tus dedos. En como puedes tocar el aire, en como es tangible el tiempo. Ahí en tus manos. Lo sientes correr, mientras miras en otros ojos el vacío, la espera.

A Evitar

Discursos preparados. Frases contundentes. Besos. Arañazos. Lisonja emocional. Lástima. Perdones. Poesías. Regalos. Flores. Recuerdos arrastrados desde lugares de la memoria que ya fueron clausurados. Armas.


El paso más importante

En realidad para decir adiós sólo hace falta abrir las manos y dejar ir. 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El Ejemplo



A mí esto de que para ser padre hay que dar el ejemplo siempre me causó mucha angustia. Soy un ser humano, y la verdad que tengo tantos defectos que no me pongo a enumerarlos porque esto va a parecer un festival de lástima por mí misma. Pero obviamente no soy perfecta. Y sé que hay varias personas en el mundo, más de las que me gustaría admitirlo, que lo confirmarían sin duda. 

He cometido tantos errores. Desde desaciertos mínimos que tienen que ver con el día a día en una sociedad tercermundista y deteriorada moralmente, hasta errores graves, que a veces le cuestan a uno sueños, amistades, relaciones importantes. En la vida lo único constante es el error, y mientras uno más vive más posibilidad tiene de equivocarse. 

Antes de ser mamá mis errores más míos, por decirlo de cierta forma. No tenía que cargar con ese peso del ejemplo. Si mi vida se iba por el water hacia el río más cercano, ese era mi problema. Pero ahora a veces pareciera que no. Y se hace difícil, cuando uno ve que poco a poco los niños lo van imitando a uno. Y no es que repiten lo que dices, sino que repiten el cómo lo dices. Sí. Ellos definitivamente hacen lo que uno hace. 

Las cosas que siento. Las cosas que como. Cuánto ejercicio hago. Lo que leo. Cómo leo. Si veo demasiada televisión. Me doy cuenta que pequeños detalles como esos van a formar parte de la caja de acciones de mis hijos. En esta familia se ve televisión, pues ellos se acostumbrarán a ello. 

Eran cosas como esa, las que me quitaban el sueño. Tonterías de mamá primeriza, de nueva en el asunto, o de no haber reflexionado bien las cosas. O no tonterías, tal vez son cosas que son ciertas, pero que no necesariamente son determinantes para el asunto. 

Después esta semana, a raíz de varios episodios que he vivido me di cuenta que de verdad estaba bien lejos del meollo del asunto, en lo que al ejemplo se refiere. Porque, si yo los educo bien, si yo hago bien mi trabajo y asumo mi rol de conductora de su vida, todas esas cosas serán decisiones que ellos tomen el día de mañana como individuos. Sin embargo, el cómo se relacionan con sus semejantes, si son conscientes del respeto que es necesario para la vida en sociedad, si son fieles a sí mismos antes que a nadie, todo eso es lo que realmente depende de mi ejemplo. 

No se trata de ser la mamá peinada que sólo como brócoli. Se trata de ser una mujer que a veces feliz, a veces triste, sigue lo que le dicta su corazón. Se trata de no andarme metiendo en chismes destructivos, de no estar juzgando a los demás de forma apresurada e injusta. Se trata de demostrar que amo a mí país, no sólo usando franelas con banderas en época de elecciones, ni siquiera yendo a votar, se trata de respetar a los demás ciudadanos, ser tolerante en los momentos más difíciles, no confundir la complicidad con aceptar que otros piensen distinto. Se trata de respetar a la maestra, para que ella entienda que la autoridad se respeta, se trata de seguir las reglas del colegio, de las clases particulares, de cualquier institución a la que pertenezcamos, sin ir por la vida creyendo que las cosas tienen que ajustarse a lo que yo pienso, si no al revés, uno se va a adaptando, y si las cosas en algún momento no son lo que yo quiero, o espero, o creo que deben ser, pues se cambian sin pisotear a nadie. Sin complejos de superioridad. 

Se trata de enseñarles a caminar un camino propio. En el que vas a veces acompañado y a veces solo. Se trata de ser uno mismo. De aceptarse y quererse. De levantarse cuando la vida se pone dura. De enseñarles que no todo es como quieres, cuando quieres, que a veces tienes que tener paciencia y otras actuar. Que a veces las metas toman un tiempo, y que no hay nada que valga la pena que no implique una lucha o un sacrificio. Que las opiniones ajenas, aunque a veces suenen como buenos consejos, al final siempre terminan siendo ruido. 

Ser uno. Escuchar el corazón propio. Y confiar que el día de mañana tal vez no será muy distinto, pero siempre tendrás a la persona más importante en tu vida. Tú mismo. 

Ese es el ejemplo. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

One U2




Cuando nació Clarissa nos dio por ver American Idol. Fue uno de esos sábados tirados en la casa cuando ya la bebé se había dormido. Molidos nos pusimos a ver televisión y pasando canales, testigos del castigo de pésimo contenido al que nos someten las cableras por no tener nada mejor que hacer un sábado en la noche, caímos en American Idol. Yo le dije a mi esposo, déjalo, que me da risa las audiciones cuando sale gente que canta terrible. Hay algo de ver a la gente hacer el ridículo. Me da pena decirlo, pero es como un morbo. Entonces le dije, yo no veo los conciertos porque me parece Sábado Sensacional con más presupuesto. Me fastidia. 

Entonces nos pusimos a verlo. Y no sé qué pasó. No sé si esa temporada hubo talento o qué hubo. O es que hicieron versiones de canciones que nos gustaban, pero comenzó a darnos curiosidad qué iban a hacer con las canciones…y nos fuimos quedando pegados. Además había alguien, que después creo resultó ser un tanto decepcionante, pero era Simon. Simon y su manera, a veces casi sobreactuada, pero que funciona, de decir todo lo que piensa, y de apreciar por un lado lo que suena bien y por otro lo que vende. Nos gustó. 

Creo que desde entonces comenzó a darme curiosidad el tema de las versiones. Se puede ser creativo con la letra y la melodía de otra persona, incluso a llevarlo a otro nivel. 

Quizás una de las canciones que más me gusta es ONE de U2. Curiosamente es una de las canciones que más ponen en matrimonios en Estados Unidos. Claro uno escucha, One love, One Life. Y ya piensa, historia de amor, somos uno solo, y qué se yo. Dicho sea de paso, una forma bien aburrida de ver una relación, pero eso es otro tema. En todo caso, lo irónico es que esa canción es más bien sobre la ruptura, y la letra es bastante fuerte. Creo que se aplica a dos de las rupturas más fuertes que he tenido en mi vida. La primera vez que la escuché, poniéndole atención me impresionó lo bien que la letra captaba mis sentimientos hacia lo dejado atrás, y lo que me hubiese gustado decir y no supe, o tuve la frialdad, ni la maestría y la precisión para hacerlo. 

Es brillante y muy sentido. Es conciso y no le sobra ni una sola palabra. Dicen que Bono se la dedicó a su papá, con quien tiene una relación bastante complicada. En todo caso, no hace mucho vi el documental From the Sky Down, que cuenta cómo hicieron el disco de Achtung Baby, que fue un momento bien delicado para el grupo, que estaba a punto de disolverse. Fue esta canción la que marcó la pauta, y ver cómo la hicieron de verdad es no sólo darse cuenta de que la creación de cosas maravillosas toma genio, sino también dedicación, y esfuerzo. Les sale a los que creen en sí mismo y se empeñan. 

Aquí la versión de U2: 



De las versiones que he escuchado de esta canción quizás esta es mi favorita. La de Johnny Cash:


Está la de Mary J Blige. Pero atormenta un poco, debo decir. A veces menos es más.


Educación Musical


Nunca he sido una intensa musical. Digo, de esas personas que saben muchísimo de música y que conocen grupos de esos cuyo nombre nadie conoce. O que se saben toda la discografía de Pink Floyd, y te pueden hacer una Dream Band con el mejor guitarrista aquí, el mejor bajista allá, y te insultan si les hablas de teclados o al contrario. No tengo muy clara la diferencia entre algunas cosas que llaman Pop y Rock, más allá de las que son obvias. 

Sí puedo decir que me encanta una guitarra eléctrica y que el otro día subiendo de la playa, escuchando Guns N´Roses me dio por pensar que a esta sociedad le hace falta heavy metal. Si es que Guns es heavy metal. Yo la verdad no sé. Tal vez no. ¿Es rock pesado? No sé. Yo sólo sé que me gusta. Que me mueve. Sé que las voces y los instrumentos te transmiten algo que te hace sentir bien y mal, y te hace pensar, aquí hay algo que expresa cosas que yo quiero decir y no sé cómo. 

Como todo en esta vida, con los libros, con el arte en general, hay música buena y música mala. Para apreciarla sólo hace falta una cosa. Aprender. Desde hace dos años para acá he comenzado lo que llamo mi educación musical. He descubierto cosas que quizás para la gran mayoría, al menos de los intensos musicales sean obvias, como por ejemplo el viejo Coldplay, los primeros discos, que eran bien distintos a los que hacen ahora. Dire Straits por ejemplo, ha sido un grupo que descubrí. Debo decir que pocas canciones me emocionan como Sultans of Swing. Me parece que la guitarra es brutal. Claro, que en ese momento, cuando llamé a mi educador musical a decirle, mira, es que la guitarrita de esa canción me parece increíble, me salió casi un insulto. "¿Tú le estás llamando guitarrita al trabajo de Mark Knopfler? Es quizás uno de los mejores guitarristas del mundo". Caramba. Ese fue el día que me di cuenta que no sabía nada. De nada. Pero eso sí, nunca más se me olvida el nombre Mark Knopfler. 

En estos años he descubierto grupos como Travis, como The National, Radical Face, Electric Presidents, Zoe, y dos de mis actuales favoritos Peter Murphy y Placebo. Tengo hasta un ritual, me monto en el carro y comienzo a escuchar Cuts You Up de Peter Murphy. Esa canción me parece increíble. Robert Plant. Johnny Cash. Son otros dos vocalistas increíbles con los que me estoy conociendo. Pensando qué sería de mi vida de haber tenido esa música antes. 

Tal vez me pasa como una persona que se está enfiebrando con la lectura. Vas poco a poco descubriendo. Aprendiendo. Lo que no quiere decir que desprecie la música sencilla. Sí. A mí me gusta la nueva de Wisin y Yandel. Yo sé es un insulto para más de la mitad del mundo. Pero no me importa decir que una cosa u otra me gusta. La verdad, uno no puede montarse en pedestales de ningún tipo, porque para ser profundo hay que mantener la sencillez. Al menos así lo veo yo. En todo caso ahora me estoy dando cuenta de lo malo que era Michael Jackson, lo que no quiere decir que se me hayan olvidado sus canciones o que no pueda escucharlas. Sólo que me doy cuenta que no dice nada. Que no transmite nada. 

Creo que ahí está la diferencia. Es como cualquier forma de arte. Esta la que está ahí por estar. La que escuchas y dices, esto es parte de lo que habla Vargas Llosa en La Civilización del Espectáculo. Ruido. Relleno. Y casi molesta que ciertas canciones sean las más vendidas a nivel mundial. Eso es lo que escucha la gente. Con razón todo el mundo va por ahí anestesiado. Un poco lo que sucede cuando ves la entrada a un concierto de Arjona full de gente, y todo el mundo pensando que el tipo es un poeta. 

Entonces te das cuenta que hay un mundo ahí para conocer. La música es una de las formas de expresión más perfectas. Me hubiese gustado ser más ducha con los instrumentos. Reconozco que a veces hago mis versiones de ciertos temas que me gustan. Y espero algún día tener tiempo para retomar las clases de guitarra. Hoy en día cuando escribo siempre escucho música. Todo está basado en un tema. La vida tiene soundtrack. Y lo bueno de la educación musical es darte cuenta que el soundtrack de la vida tiene que ser con buena música, tiene que ser con esa que dice algo, que expresa algo profundo. Si no, pienso yo, es que no estás viviendo. Aunque no tenga nada de malo anestesiarse de vez en cuando. Hay épocas Checherereche, así como hay épocas para  Joy Division. 

En todo caso soy una neófita en el asunto, y quiero seguir aprendiendo. Estoy en plena educación musical. Aunque, ¿cuándo está uno totalmente educado? Creo que el día que te entra por creerte demasiado instruido se te muere algo por dentro, la capacidad de sorprenderte. Uno no debe dejar de pensar que mañana siempre habrá algo nuevo que aprender. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Pájaro


Al abrir la jaula verás al pájaro casi moribundo en el suelo. Sentirás de hecho la muerte muy cerca.
Altiva.
Desafiante.

 Lo tomarás con prisa y con gotas aguas sobre su pico decolorado intentarás humedecer su lengua. Revivirlo. Recordándole que nadie muere tan triste como el que muere captivo.

Mirarás su ojo. Marrón profundo. Un ojo que ya no es una ventana. Es un hoyo de soledad.

El pájaro sentirá tus manos. Tu latido cerca. Casi tan cerca, que intentará aferrarse a tus pulsaciones para sobrevivir.

Triste. Batirá su pecho en tus manos. Está vivo. Pero está muerto. O casi muerto.

Desesperado le abrirás las alas. Verás el lugar exacto en donde alguien las cortó. Verás cicatrices y remiendos. Plumas falsas que en algún momento le indujeron a creer que podía volar y que lo llevaron a esa caída fatal. A ese choque fulminante.

Volar era un sueño.
Pero si no hay cielo.
Poco importa el sueño.
Ya no hay sueño.

Lo único que queda es esperar la muerte, o la metamorfosis. 

Post 23 - Capt 2


Música: Travis: Under the Moonlight 

                           I begin to wake 
                           to live this memory...
                           there is a gift of love
                          that awaits its final day

Hay veces en que la única solución a las cosas a la que te enfrenta la vida es dejarte llevar. Esperar, sin que medie acción ninguna a que las cosas pasen. Se trata de esperar, como si la vida fuese un río, a que nos lleve la corriente y nos deje en algún lugar en el que ese deseo que hacemos mientras vamos flotando cauce abajo, se cumpla. 

Eso fue lo que hizo Laura luego de dar vueltas sin sentido en medio del bosque. Entendió que no tenía caso seguir caminando en lo que bien podría ser un círculo. Alguien la encontraría. Después de todo, ella era hija de un duque. No la iban a dejar desaparecida así nomás. La buscarían y darían con ella. Para ahuyentar el miedo, apeló a todo lo que había aprendido de pequeña, las lecturas de su padre, y se dijo que los fantasmas no existen, que las maldiciones son mentira, que hechizos y todo lo demás son producto de la fantasía de la plebe, que las inventa porque no tiene otra forma de afrontar la vida. Ella no tenía necesidad de eso. Ella era una joven culta. 

Sin embargo, culta e hija de nobles y todo lo que quiera, no la hacía menos mujer. Y como tal soñaba con encontrarse un hombre con quien vivir una aventura, que se tornaría en historia de amor y que culminaría en una vida tranquila, apacible, muy parecida a la de sus padres, tal vez con algo más de aventura, pero más o menos por el mismo camino. Para maar el tiempo comenzó a soñar despierta. 

Imagina que está parada en una ventana contemplando las colinas y el bosque que se extenden a sus pies.  Se acerca un caballo moro, de paso largo y elegante, brioso, que galopa como de lado, como si embestir el mundo de frente con la fuerza de sus patas pudiese destruirlo. Lo monta un forastero que aunque no tenía escudo de noble, va bien vestido. 

Siguiendo las normas del protocolo de la nobleza, el forastero se detiene ante la puerta del castillo y se identifica con los escuderos de su padre. Entonces el Capitán de los Lanceros sale a recibirlo y le pide que espere un poco a ver si el Duque Mauro el Sabio lo deja entrar a su castillo. Mientras tanto le dan agua y alimento para él y su caballo. Y así esperando a que llegue el ansiado sustento levanta la cabeza hacia el cielo y se encuentra con Laura casi colgando de su ventana. 

Se fijan en una mirada que para ellos duraría toda una vida y muchas más. 

Laura imaginaba que parte en una carroza luego de haberse casado, su flamante esposo adelante, guiando la carroza, y de vez en cuando paran para descansar y alimentarse. Se besn y se dicen las mismas palabras que se han dicho cuando se declararon su amor por primera vez. Viven una y otra vez el momento en que se cruzaron sus miradas, y se hacen promesas nuevas al comprobar que están viviendo para cumplir las que se habían hecho aquel día, en el que el flamante forastero tocó la puerta. 

De pronto alguien le tocó el hombro a Laura, no se había percatado de las pisadas que habían avanzado rápidamente sobre las hojas, ni de las respiración ruidosa y difícil, pues aunque tenía los ojos abiertos, soñaba despierta, incluso llegaba decir en voz alta parte de aquella conversación imaginaria con el hombre de sus sueños. 

Laura se volteó y se topó con la falda ancha, de color rojo y dibujos dorados que su mirada fue recorriendo poco a poco hasta llegar al rostro más extraño que había visto en toda su vida.  La palidez. Los labios finos y cerrados. Los ojos apagados, casi de muerto, la miraban fijamente. Y un olor. Un olor extraño lo invadió todo. Un olor que recordaba las flores marchitas que se dejan demasiado tiempo en el florero. Olor de vida vegetal muerta, ida, llena de suciedad y podredumbre. 

- ¿Qué pasa niña? ¿Por qué me miras así? - Le dijo la mujer. Su no era lo que se esperaría de aquella imagen. Más bien era dulce, suave, tenía un color pastel, recordaba a las tardes de sol en las que tomaba el té con Valentina y las madres de ambas en la terraza del castillo. 

La mujer alargó una mano y Laura observó un anillo con una piedra azul gigantesca. Era tan grande el anillo que le cubría tres falanges completas. Las uñas de la mujer eran muy cortas y verdes. Verde brillante, como si las hubiera coloreado con la clorofila del árbol más antiguó y más puro, pero lo que más le impactó a Laura fue notar que las manos de esta mujer eran manos de niña. Sin duda las manos más extrañas y escalofriantes que había visto en toda su vida. 

Sumamente confundida Laura no se atrevía a pronunciar palabra. 

- Veo que estás perdida- Dijo la mujer, terminando de alargar la mano y posarla sobre el antebrazo de Laura. - Vamos a mi casa, estás muy pálida, te daré un té y luego veremos cómo regresarte a tu castillo.

Cada fibra del cuerpo de Laura le rogaba que no lo hiciera, que no siguiera aquella mujer tan extraña  y que tanto miedo le generaba. Ella había escuchado todas las leyendas, no sólo se las había contado su criada favorita, Ada, que tenía un don especial para el relato hablado, sino que las había escuchado de boca de los criados, escondida en la escalera de servicio que llevaba de la cocina a las habitaciones principales. Aunque había tratado de convencerse de que no eran verdad, lo cierto era que le daban miedo. ¿Valía la pena arriesgarse? Pensaba. 

Los cuentos eran terribles, las "viejas hechiceras" del bosque, como las llamaban, eran malvadas y muy poderosas, podían convertir a una persona en cualquier cosa, podrían  matarla o mucho peor, maldecirla para siempre. Podrían arrebatarle su belleza, su capacidad para amar, podrían arrancarle el corazón y utilizarlo para alguna pócima con que envenenar a cualquiera de los duques y apoderarse de sus tierras, o hasta permitir que sus tierras fueran invadidas por extranjero que vendrían para arrasarlo todo, como si su tierra fuese nada menos que una mina. O tal vez por pura maldad le arrancarían el corazón y se lo darían a los cochinos, para que lo devoraran a medias, dejando la otra mitad pudriéndose al sol. 

Aún así, con todo lo que la prudencia le advirtió Laura no pudo resistirse y se fue detrás de aquella vieja horrible.  Sentía miedo, miedo del que paraliza y congela la sangre, del que nubla la vista y parece detener el tiempo, miedo del que no deja pensar, ni actuar, del que controla cada uno de los músculos. Fue el miedo lo que le impidió hacer otra cosa. Correr. Esconderse. Gritar, aunque hubiera sido inútil, igual hubiese podido hacerlo. Pero no lo hizo, era como si sus pasos ya no fuesen de ella, y por voluntad propia siguieron a aquella mujer. 

CONTINUARÁ-