lunes, 5 de marzo de 2012

Día 1: Un Mamífero Volador

El disco del Día 1: Un Mamífero Volador. Animals de Pink Floyd.

Hace unos meses hablaba con Gil del tema de las señales. ¿Existirán? ¿No existirán? Tal vez las señales sean una forma de convencernos de que el universo es quien nos empuja a tomar las decisiones que nosotros mismos debemos tomar. En cierta forma nos hace menos responsables, nos hace menos hombres. Sobre todo en esta cultura tropical, que lo lleva a uno de crisis psicótica a desorden de personalidad, en el que un día tratas de ser el profesional más formal del mundo y al día siguiente le estás metiendo un cuento chino al señor del taller mecánico o de la imprenta para que te saque el trabajo que entregaste tarde a tiempo.

Una vez leí que Paulo Coelho sólo publicaba sus libros cuando después de haberlos escrito recibía una señal. Claro que si le comento eso a mi amigo Librero estoy segura que me va a decir, deberíamos ir a buscar al sopla pollas que le manda las señales y matarlo. Pobre Paulo. En realidad, no sé si es que me estoy poniendo vieja, pero dentro de todo no lo culpo. No creo que sea sólo un sopla pollas, aunque sí ha sido culpable de llenarnos el Facebook con frases idiotas como, "amar profundo es nadar en el límite de tu inmensidad." La realidad es que el hombre ha sabido capitalizar una necesidad de mercado, la de la autoayuda, la de la frase cursi, exageradamente cursi, la de los millones de personas que están por ahí esperando una señal divina para hacer algo. O para no hacerlo.

Puede ser que la frase más trillada de los últimos cinco años sea autosaboteo. Que con eso la mayoría de los psiquiatras lo dejen a uno montándose en el carro "oye vale, este tipo si es inteligente, es verdad. No son los otros soy yo." Pero a veces las cosas trilladas tienen su razón de ser. A veces hace falta un poquito de best seller en la vida, de comedia romántica de simpleza. A veces hace falta meterse en la caja, para poder salir de ella, para poder pensar fuera de ella.

En los últimos años he andando muy dispersa. Hace varios años rompí un ciclo que llevaba andando y me fui por un hoyo. Una vez más dejé de ser quién soy, para ser algo que no necesariamente quería ser, más que todo convencida porque el resto del planeta esperaba eso de mí. Hay cosas de mi vida que pesan mucho, y a veces siento que tengo que caminar como el Atlas, con el peso del mundo a cuestas.

Debo reconocer que soy muy miedosa. Le tengo terror a todo. Y tal vez parezca una locura, pero últimamente he desarrollado más miedo por mi éxito que por mi fracaso. Creo que en parte porque he llegado a asumir el fracaso como algo natural. Ya lo he vivido. Sé que lo puedo sobrevivir, aunque a veces se sienta como algo imposible, pero sé que tarde o temprano uno levanta cabeza y vuelve con otra cosa y sigue adelante.

A veces, sólo a veces, me doy cuenta del potencial que tengo. De las cosas que tengo que decir. Las ideas. La creatividad. Un montón de cosas que durante tantos años me convencí de que no tenía. Desde cerebro, talento para escribir, hasta cosas tan absurdas como nalgas dignas de ir en blue jean. Y esa última estupidez no fue el clásico drama femenino de "odio mi cuerpo" fue algo más delicado producto de una relación de esas que nadie se merece.

El caso es que hace unos diez días tuve una conversación con un amigo y me di cuenta, que hay montones de cosas que no estoy haciendo bien, pero sobre todo hay una. Una que es clave. La de arriesgarme y poner la carne en el asador. Siento que este es un momento definitivo. Porque la verdad es que o asumo quién soy vivo según mi conciencia, mi personalidad, mi destino o entonces me quito la careta de una buena vez y me declaro cobarde de por vida y asumo la otra vida, la de ver desde lejos, como en una especie de pantalla de autocine, lo que quería ser, viviendo una vida que al fin y al cabo puede que sea muy linda, pero no es mía.

Ayer estaba con un amigo en una exposición de arte y el artista, que se suponía que iba a ir pues era la inauguración de su expo nunca llegó. Me imagino las galeristas esteradas, la cantidad de gente esperando verlo, entre ellos nosotros. No conozco a esta persona, ni sus motivos, pero si se parece en algo a mí a lo mejor estaba escondiéndose debajo de un carro. Porque creo que pocas cosas me generan mas estrés que el hecho de que alguien vea o lea algo que yo escribí.

Sí, cuando ustedes leen esto yo no puedo verlos. Así que yo le doy a publicar entrada y dejo el resto en manos de internet, operadores de teléfono y bandas estrechas, anchas o lo que sea. Pero no es problema mío, en cierta forma. Además, Manuela Zárate, soy yo, pero a la vez, no soy, y eso también me da margen, me da una especie de salida de emergencia, porque puedo ser bien injusta con Manuela y echarle la culpa si las cosas no salen al final como yo quería.

Absurdo. Yo creo que me llegó la hora de hacerle caso a Píndaro, cuyo consejo llevo conmigo desde hace varios años y lo voy poniendo en distintos lugares, detrás de mi compu, en la cocina, en mis cuadernos. "Llega a ser quien eres." O llego a ser quien soy o me quedo siendo nadie.

Y en esa nota mi primer acto va a ser publicar las fotos de la competencia, Una Foto X Día x 29 días. Espero las disfruten.

Sobre la Foto:

El Día Uno es un Mamífero Volador. Así que si quieren pues es una señal. Mamífero que se lanza a volar. Así me lanzo yo. Llamen a torre de control.

Lo que me gusta de esta foto, lo que la hace especial para mí es lo personal que es, aunque haya sido tomada para la competencia. Hacer ese retrato fue un lío, por el bebé. Lo tuve que hacer sola y pararme a darle click no era nada falsa. Hice tres fotos y me jalé un músculo de la espalda que me dejó coja por tres días. Pero valió la pena.

5 comentarios:

Arianna Corral López dijo...

Yo creo que no tienes nada de qué preocuparte. Tienes un talento increíble; tus textos son brillantes y de hecho, tengo muchas ganas de leer tu libro cuando lo publiques. Al menos yo lo compraré seguro.
Ciertamente no nos conocemos, pero he desarrollado una admiración hacia tu trabajo. Quizás me identifico muchísimo con lo que escribes y con respecto al miedo que comentas, me siento exactamente igual. Uno se autoconvence de cosas ilógicas, pero si lo que queremos es participar, lo fundamental está en agarrar las riendas y dejar de mirar las cosas desde afuera.
Sólo quería aprovechar para decirte que me parece fantástico que hayas decidido lanzarte a vencer el miedo y no ser una expectadora más.
Por cierto, la foto, buenísima. Saludos,

Ora dijo...

Bella la foto. Voy a gozar viendo tus autorretratos.

Eres arrecha, Manu. Y eso se admira. Mucho.

Espero las demás.

Manuela Zárate dijo...

Arianna gracias! De verdad. No sabes cómo lo agradezo. Por eso ando fajada, trabajando duro con par de proyectos narrativos. Esperando a ver qué pasa en los próximos meses con el libro que mandé al concurso, aunque yo creo que de verdad no voy a ganar. Pero no importa, he aprendido después de no haber ganado varias veces que los concursos te ayudan porque te dan una meta y un estímulo, pero como dice la tan trillada frase, lo importante es competir, porque así te creas una disciplina de trabajo. Es una especie de jefe, al que le tienes que entregar lo escrito. Pero de todas formas ya estoy trabajando en otras cosas.
Gracias a ti también Ora. No sé si arrecha...pero ahí voy...jajajaj. Cariños.

Rita dijo...

Tremendo post! Intimo pero el mensaje es para muchos...Bon courage ma petite!

Eduardo Arias dijo...

De nuevo, me caes bien... 3er post tuyo que leo