martes, 6 de marzo de 2012

Día 3: Una Compra Nerviosa y Día 4: Una Plañidera


La reacción que generó esta foto cuando se la enseñé a alguien fue "eso no es una compra nerviosa." Y lo entiendo, para nosotros la expresión compra nerviosa nos lleva directamente al supermercado. Sin embargo me negué a hacer una foto de montones de latas de algo, porque pensé que debería darle la vuelta a la idea. Tampoco quería hacer la compra de una prueba de embarazo aunque sé que eso siempre es una compra nerviosa.

La idea de esta foto tiene que ver con la cirugía plástica y el exceso, el abuso, lo innecesario que suele ser a veces. Ojo, no tengo nada contra la cirugía y tal vez en futuro yo misma decida repotenciarme. Yo creo que si la tecnología, los avances médicos, el presupuesto, pero sobre todo la salud nos lo permiten y eso nos hace sentir bien ¿por qué no hacerlo? Pero también me he dado cuenta que se ha vuelto una obsesión. Conozco mucha gente que se opera porque siente que así va a conseguir pareja, que eso es lo que a los hombres les gusta, o que lo hacen en respuesta a una crisis con el espejo, a una crisis con el calendario. Esa es la naturaleza de esta foto. Crisis con el calendario. Por eso el pedazo de pie con la vela y la cara de estrés. Es como decir, bueno ahora que estoy cumpliendo años, tengo que ir a vaciarle mi cuenta de banco a un cirujano o sacarme otro credi lola para comprarme una cirugía tan absurda como esta que me dejó dos pelotas de tenis en las lolas.

Creo que no funciona. Si pudiera me gustaría rehacerla. Es más. Yo creo que eso es lo que voy a hacer.

La odio. La destesto. No salió como yo quería. Esta foto ahora que lo veo fue un desastre. Creo que la idea fue buena, pero es una de esas fotos que necesitaba más tiempo para madurar. O que a lo mejor he debido editar mejor en mi cabeza antes de mandarla.


Esta es otra que odio. El día 4: Una Plañidera. De verdad también la detesto. Tal vez más que la anterior. Es la clase de foto que divide a los competidores. Los que nos podemos dejar de lado nuestra "otra vida" y los que dejan de vivir, o al menos se la juegan. Lo cierto es que la fotografía no es click y ya como piensa mucha gente. Creo que es una de las cosas de las que te das cuenta cuando entras a la escuela. Mucha gente (y eso me lo han dicho) te dice, "pero bueno, cualquiera puede tomar una buena foto. Agarras la cámara o un celular, lo apuntas haces click. Hoy en día con la fotografía digital cualquiera lo hace." No. Apenas haces tu primer ejercicio te das cuenta que no cualquiera lo hace. Las fotos hay que pensarlas. Que trabajarlas. A veces más. A veces menos. Es verdad, a veces disparas una sola vez, te mueves rápido viste algo, actuaste y la foto salió. Pero la verdad es que para moverte así tienes que entrenar no sólo el ojo, sino los dedos, los brazos, el cuerpo. Si no puede que con suerte hagas una buena foto. O varias. Pero de ahí a ser fotógrafo hay un trecho. Largo. Largo.

Para mí esta foto es la prueba. Yo estaba agotada de un día fuerte de andar con los niños, al día siguiente iba de salida a la playa por el fin de semana, así que tenía que dejar la foto lista y además acababa de hacer las maletas. Así que dije nada. Voy a poner mi cara más barata de empleado del mes de McDonalds, y me voy a hacer una foto tipo Facebook. Eso sí el certificado, si lo ven con zoom es legítimo dentro de su ficción. Es otorgado por la empresa Lágrimas Aritificiales Inc y está firmado por Marina Baura y Raúl Amundaray. Creo que eso es lo único bueno de la foto.

Esta también la volvería hacer. Te odio Plañidera. Te odio.

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