viernes, 9 de marzo de 2012

Liberación Femenina en la Generación Abigail

Día 6: Un Ataque de Tiburón

"Cuando se habla de la liberación de la mujer, el hombre dice sí con la cabeza y no con el corazón." Nuria Espert, actriz española


Yo soy de una generación que como dice una amiga mía vio mucha novela. Nosotros crecimos viendo La Dama de Rosa, Cristal, Topacio. Todo lo que hicieron Carlos Mata y Jeanette Rodriguez, Victor Cámara y Grecia Colmenares. Crecimos con el mito romántico de la niña hermosa que entra al estudio de Guillermo Dávila y él, como en trance por la belleza de su modelo, simplemente no puede pintarla.


El hombre caballero. La mujer, independiente, pero pura. Buena. Perfecta y de su casa, sin ser del todo boba. Como buena protagonista de novela de Delia Fiallo. Y a las rebeldes se les dejaba el síndrome Abigail. Enamorarse del profesor, irse con un hombre mayor, pero siempre respetando esos esquemas de niña rebelde que no es malandra.


No nos hablaron nunca de anorexia, de bulimia, de homosexualidad, de drogas, de alcoholismo, de marihuana, ni rastafari, ni medicinal. Tal vez en alguna materia estilo Educación Ciudadana nos hicieron buscar en los enormes tomos de la enciclopedia Británica la definición de Drogadicto. Lo entregamos en un trabajo con un dibujo hecho a mano alzada, enmarcado con márgenes que hicimos con el prismacolor rojo bien afincado, y que para la maestra tenían más peso que si el alumno comprendió realmente lo que significa que alguien te de ofrezca un pase y cómo va a argumentar la negativa en un momento de presión que no todos aguantan. Tampoco se preguntó si realmente el niño sabía lo que le esperaba al caer en una adicción.


No nos hablaron de cuánto tarda una rehabilitación por drogas. No nos hablaron de Sida, ni de sexo, ni de impotencia, ni de eyaculación precoz. A nosotros nos enseñaron con mucha timidez que quizás la doctrina de la iglesia de no permitir el preservativo no era del todo acertada. Pero eso no era problema de nosotros. Ni siquiera porque no éramos homosexuales, sino porque nos íbamos a casar vírgenes. Y en esposas vírgenes no entraba ni Sida, ni Clamidia, ni Gonorrea, ni Sífiles, así como dice Colgate que en dientes duros no entran caries.


Claro que en algún lugar de ese discurso nos enseñaron que ya las cosas no eran como antes. Que la mujer ya no estaba oprimida porque ahora podía votar, y hasta trabajar desde su casa mientras sus hijos estaban en el colegio, incluso tal vez podría ejercer algún cargo en una alcaldía o ministerio, aunque esto no era del todo ideal. Ese tipo de trabajo estaba reservado a las duras, a las vanguardistas, que además eran vistas por el resto de las mujeres, las "amas de casa" con algo de recelo.


Hoy en día el ama de casa ve a la mujer que trabaja con bastante recelo. Y no me digan que no, porque yo he estado en ambos bandos. Las que trabajan se burlan de las amas de casa. No tienen imaginación, ni deseos de superarse, ni metas personales, nada más cloro Lavanzan y pañales junto a la única neurona que se necesita para saber limpiar una nevera. A su vez las amas de casa critican a las mujeres que trabajan. Son egoístas, amargadas, siempre andan apuradas y sólo piensan en su trabajo y no le hacen caso a su esposo. Tienen muchas neuronas, pero les falta corazón. Y tiempo para hacer ejercicio.


Hay un grupo que está en el medio. Trata de trabajar. Trata de estar en la casa. Muchas veces se confunde y confunde a su pareja. A cada rato está renunciando a lo que quiere y se siente muy culpable. Porque cuando no le está fallando al hijo, le está fallando a la carrera, está perdiendo la oportunidad de crecimiento porque tuvo que decirle NO al postgrado, o tuvo que faltar demasiado al trabajo. Si en cambio no falta nunca y su desempeño es brillante y su futuro aún más, entonces llega a la casa y hay medias en la sala, las ollas no brillan, y cuando va a lavar no hay detergente. Entonces se siente culpable. Porque hay algo de la Dama de Rosa que la hizo sentir que esa era parte de su papel. Seguramente cuando al final de Pasionaria Catherine Fulop y Fernando Carillo se casan esta jamás le dice "ay mi amor, no hay nada en la nevera, es que hoy estuve de reunión en reunión."


Los hombres. Los hombres están en la mitad. También un poco confundidos. Ya no saben lo que quieren. No saben si quieren una mujer pura o si les da igual que haya tenido amantes y que se sepa cosas como dónde queda la calle de los moteles. No saben si quiere que trabaje, o que al ver las fotos de Diosa Canales lo primero que les venga a la mente sea algo como "mi mujer está más buena que eso." Ya no saben si es mejor natural u operada. Si la prefieren maternal, con los niños encima y la cara llena de tempera, preocupada por recordar matemática de cuarto grado para ayudar al niño a hacer la tarea o si más bien quieren una que llame "ve a buscar a los chamos al colegio porque mi jefe se va para Panamá y quiere el reporte que era para el lunes esta tarde."


Hay una confusión generalizada. Nadie sabe qué es el género. ¿Cómo se usa ahora? Si ya sabemos que no es que uno es más fuerte que el otro, sino que genera más músculo y tiene otras necesidades calóricas. Si somos igual de inteligentes. Si tenemos los mismos derechos, aunque a veces la biología y la química (en otras palabras la piel) se empeñe en convencernos que jugamos roles distintos. Que somos similares, pero no iguales.


Siempre digo que la liberación femenina es una gran mentira. Cada vez que hablé con un hombre de avanzada pude descubrir luego que no respetaba la autonomía de la mujer, que le asustaba la mujer culta, inteligente, pero sobre todo la que no se hace eco de la necesidad imperiosa de tener a un macho al lado para que le resuelva la vida. Casi siempre terminan por sentir miedo, porque esa liberación les genera a ellos una prisión propia. Les da responsabilidades que antes no tenían. Y no todos están dispuestos a asumir eso. La mayoría de las veces dicen que sí lo asumen, pero al final, hay que ver quién termina lavando los platos y haciendo la cama para corroborar que la afirmación era cierta. Este sí cree en la liberación femenina.


En días como el día de la mujer entiendo que se comienza a hablar de temas importantes. Pero creo que nos estamos perdiendo demasiado en idioteces como "la silla no debería ser un sustantivo femenino porque es donde se sienta la gente. Implica una sumisión femenina." Semejante estupidez. Como si al decir, "es que yo voy con mi pediatro y fulana es una maravilla de arquitecta", estamos hablando del meollo del asunto. En Estados Unidos por ejemplo van al revés. Ahora las actrices quieren que las llamen actor. Porque lo demás son palabras.


En todo caso hay que revisarse bien y pensar, qué es lo que se quiere. Y qué hace falta para ser feliz. Asumir el rol que queremos. Porque no es fácil. No es un tema sencillo y no se puede asumir con blancos y negros. Además está marcado por aquella máxima tan trillada de que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Y eso que ni siquiera llegamos a hablar de la violencia de género. Claro que de eso tampoco nos hablaron en el colegio. Nunca supimos si Cristal, años más tarde, después de todo lo que sufrió y lo guerrera que fue, terminó siendo una mujer anulada.

2 comentarios:

Ira Vergani dijo...

Chama y por si todo lo que explicas no fuese suficiente, tienes que añadir el componente de que a veces no hay opciones, de que las circunstancias económicas mundiales y en particular de este país, hacen que a veces no se pueda ni siquiera considerar hacer lo que se quiere sino lo que se tiene o debe.

Quizás lo más importante es lograr disfrutar cualquiera de las opciones que uno elija o tenga que vivir porque al fin y al cabo en este tema no hay blancos o negros, al final lo que quedan son los momentos que realmente disfrutaste, bien sean evaluaciones donde tu jefe te dice que bien hiciste ese reporte, hacer ese postgrado que tranto querías, la satisfacción de ver a tus chamos en el partido de futbol o lo rico de saber que tu esposo se siente agradecido de tenerte a su lado.

Manuela Zárate dijo...

Ahí es donde está el gran punto, que en realidad no es un tema de opciones. Es decir, no siempre es. Parece que lo es...pero tenemos mucho menos de lo que pensamos. Más cuando hay mujeres que no tienen otro remedio que echar hacia adelante solas. No es fácil.

Conozco hombres que dicen que el que tenga una mujer al lado que es echara para adelante y que le echa pichón, debería darse con una piedra en los dientes.

Lamentablemente no siempre es así. Y verás como muchas veces eso en vez de agradecimiento se traduce en "de verdad tienes que hacer ese fucking postgrado."

En fin friend. Hay una generación muy confundida por ahí. Así que hay que trabajarlo mucho, pero sobre todo, no dejar de hacer jamás lo que quieres y puedes hacer. No dejar pasar oportunidades porque "es que fulano se arrecha." Been there. Done that. Y de verdad al final del día...no vale la pena.