jueves, 5 de abril de 2012

No Pasó Nada


De la mayor virtud al peor defecto hay una línea de 360 grados. Es decir, uno está en el mismo lugar. Suele suceder que aquello que es nuestro gancho, que nos hace únicos, que la mayoría de la gente nos alaba sin cesar es justamente lo que nos termina metiendo en problemas.


En mi caso una de las mayores virtudes que tengo es mi capacidad para hablar. Puedo hablar como una ametralladora. Soltando palabras como un aguacero, de esos de gotas gordas que caen tan duro y tan rápido que casi duele. Como esos bailarines de flamenco que zapatean a velocidades que molestan en los ojos, y que contagian las ganas de zapatear.


Yo no puedo estar callada. No puedo. Ni siquiera cuando estoy sola. Cuando no estoy sola, aunque no hable, mi cerebro está en plena conversación. Es una especie de esquizofrenia funcional. O tal vez no es esquizofrenia, llamémoslo más bien una especie de comunidad imaginaria. Como un Facebook especial en mi cabeza.


Lastimosamente al final del día esa comunidad pertenece toda a una misma persona que soy yo. Los aciertos y los errores, todas las consecuencias de lo que asume es comunidad los asumo desde esta piel.


Es un problema a veces ser hablador. Uno suele soltar el comentario que no es. La palabra desafortunada que echa a peder un buen momento, o que hace que a uno le dirijan una mirada de "por favor cállate." Cosa que no suele ser la más cómoda de las situaciones.


En todo caso, suele suceder que a veces esa virtud, ese defecto, falla. Te encuentras en una situación en la que tienes que reaccionar. En la que tienes que decir algo. Nada viene a la mente.


Todo esto para contar que hoy me encontré a Mónica Belluci. Crucé una mirada con ella y me sonrió en plan "verga, me reconociste, pero no estoy para escenas de tómate una foto." La verdad no la culpo. Debe ser un fastidio someterse a eso toda tu vida.


Pero yo soy una bocona y tenía ganas de acercarme y decirle algo. La tuve enfrente un buen rato. Y pensé mil cosas. Desde citas famosas, hasta el clásico "me podría tomar una foto contigo?"


Al final después de un buen rato decidí no decirle nada. No me vino nada a la mente. Me quedé sin municiones y no tenía ganas de pasar por idiota o peor, de sentir que me estaban tirando un portazo en el cara. Aunque no está mal que te rechace Mónica Beluci.


Más tarde pensé que hubiese sido tremendo tener en la mano el guión de una película y dárselo, para luego recibir una llamada. Semanas más tarde que cambiaría mi vida. Un cuento digno de una entrevista de Hollywood. Una especie de Cenicienta del séptimo arte. En esta no se cae un zapato, se cae una historia.


En todo caso, eso no pasó. No le dije nada. Tal vez algún día salga mi libro, alguien quiera hacer la película, la escojan a ella y yo pueda decirle, "sabes, cuando estaba por empezar a escribir mi segundo proyecto de largo alcance, te vi, pero te veías seria y me dio pena hablarte."


Sí. A veces virtud y defecto nos fallan. Y entonces no pasa nada.

2 comentarios:

royery dijo...

Yo creo que fue algo de miedo escénico... Me ha pasado pero con la "agravante" de que soy el ser más silencioso (llámalo aburrido si quieres) para entablar una conversación, lo admito. Buen post.

Manuela Zárate dijo...

Gracias Royery. Sí. Me pasa eso a veces. Es raro porque no sé lo que es la pena pero...sí. Cuando estoy bajo presión me quedo muda.