lunes, 16 de julio de 2012

Día 1 - Le Parisien


Se ha vuelto tradición que al empezar a caminar por estas calles con Ipod en mano lo que suene sea The National. Esta mañana salí dispuesta a enfrentar mi primer día de trabajo, aunque para este trabajo no es mi primer día. Es mi segundo libro y llevo ya varios meses trabajando en ello. Estoy en la misma ciudad en la que escribí el primero y ese no lo publiqué.

Ese lo escribí en un Café cuyo nombre me llamó la atención, pero no me di cuenta de él hasta que había terminado. Le Parisien. Sí. Es bastante Parisien este café. Es el mejor café sin duda a varias cuadras a la redonda. Los he probado casi todos. A veces cosmopolitan y cerveza incluidos, porque después de cierta hora es una falta de respeto escribir sin alcohol. En el mundo de la inspiración el bar también se abre a las cinco de la tarde.

Pero no son las diez. Apenas suenan las tres de la mañana en Caracas. En silencio las cuenta el cucú de mi sala, que a esta hora estará oscura y silenciosa, porque el cucú es sensible a la luz. No sale cuando se supone que todo el mundo está durmiendo. Tan considerado él.

Me siento rara aquí sentada. Un café con  leche. Un croissant. Un jugo. Me provoca decirle a la señora que no se emocione. Yo no puedo desayunar aquí todos los días. Me revienta el presupuesto. Yo voy a ver cómo desayunan los turistas, que me miran y tratan de sentarse lo más lejos de mí posible. Y que anotarán en sus diarios de viaje que les resulta curioso que aquí la gente va a los cafés a trabajar. Que había una muchacha con una laptop, unos papeles escritos a manos, audífonos y un gran café con jugo al lado. Qué pintoresca esta ciudad.

Entonces pienso que uno cuando viaja no s pregunta si en las ciudades a las que va las cosas cambian. O se quedan como son.  Yo me imagino que cambian. Porque en la Ciudad de la Furia nos cambia todo. Todos los días. Nos tumban las casas. Nos ponen nuevos semáforos. Nos inventan leyes incumplibles. Pero a la vez nada cambia, porque lo único que sucede, es que cuando cambian a algo, como queriendo arrancar las racíes, las huellas de un pasado, como si se pudiera borrar el paso del tiempo, lo único que hacen es cambiar una mentalidad mediocre y obtusa por otra.

Aquí las cosas no cambian. Hace dos años estuve aquí trabajando en un libro y la verdad es que esta mañana había decidido irme a meter en otro café. Me daba pena meterme en este mismo y explicar que no había publicado ese trabajo que hice aquí, por miedo. Por considerarlo por debajo de la calidad necesaria para aquello que quiero que el mundo lea. Por no considerarlo acorde con mi voz. No es necesariamente lo que quiero decir. O a lo mejor por cobarde y ya. ¿Qué quieres que te diga? A lo mejor podría preguntarle a alguno de ellos. ¿Te parece que lo publique en el blog? Capítulo a capítulo. Post a post. Después de todo, esa era mi intención en un principio. Era un ejercicio que se convirtió en un libro.

Llego aquí y lo único que ha cambiado es la señora que hace el café. Los mesoneros ya no son los de antes. Y por un momento pienso que aquí todo cambia. Hasta que miro hacia la calle y me doy cuenta que las tiendas son las mismas. Que la papelería de enfrente aún no abre porque la señora llega a las diez en punto. Que la boutique de al lado es de una vieja que siempre toma café aquí. Y que el señor del perro que en tres o cuatro días me dará la pata y me sonreirá como me sonreía hace dos años, sigue entrando varias veces por mañana. Es amigo de la casa. Es una institución.

Empiezo a comer y pienso. Voy a ensuciar las teclas de la laptop. No importa. Comer es parte del proceso. Del romanticismo de estar aquí. Mojo el croissant en el café porque me encanta. Mi mamá me regañaría si me viera. Eso no se hace en público. No es comer bonito. Yo soy una causa perdida. Entonces pienso. Como tantas veces al día pienso, si realmente mis libros verán la vida y yo llegaré a ser lo que soy. Y a lo mejor algún día habrá aquí una plaquita que diga, aquí mojó el croissant fulana de tal cuando escribía el libro aquel. O tal vez no habrá nada. Ni la huella. Sino un poco de energía descargada en un rincón, donde alguien con cierta sensibilidad se sienta y de pronto le de frío. Aunque sea verano y haga calor, aquí pasó algo raro.

Yo pasé yo. Con mi miedo del mundo. Con mi agonía perpetua. Mi vagar constante en búsqueda de alguien que jamás llegaré a conocer bien, mí misma. Con mis cuarenta versiones de lo que quiero ser. Con mis teorías de lo que soy. Con millones de sueños. Con mis cientos de planetas internos. Mis sistemas de funcionamiento personales. Con mis inseguridades. Mis demonios. Mis fantasmas. Mis santos. Mis brujas. Con mis cafés. Mis tazas de seguridad. Mis escudos. Mis voces. Esos ecos, pequeño caso de esquizofrenia. Universos paralelos en los que soy lo que amo y lo que odio. En los que vivo lo que no fue y lo que nunca será. Con mi única filosofía de vida, vivir intensamente. Lo más intensamente posible cada minuto. Nunca decirle que no a la vida.

Abrazando el absurdo. Rozando la insensatez. Olvidándome de todo. Vuelvo a mojar croissant. Tomo un sorbo de jugo. Me limpio las manos. Miro hacia la calle. Trago. Pienso en que me tiene que durar el café un buen rato. Cambio The National por Adele.  Y comienzo a trabajar.

Amigos de Le Parisiene estamos de regreso. Como dirían los franceses Bon Courage. Agárrense duro. Este viaje. Será turbulento. Esta mañana está llena de ficciones, pero algo en la piel me dice que es de verdad, verdad.

3 comentarios:

Arianna Corral López dijo...

Hoy pasé una tarde entretenida leyendo tus últimos posts porque no había tenido la oportunidad de sentarme con calma en la compu. Así que aprovecho esta oportunidad para decirte que me encanta la idea de que estés decidida a terminar tu trabajo y publicarlo!!

No sé si habrá una plaquita con tu nombre en el café Le Parisien; ojalá porque sería súper cool jejejeje... pero lo que sí es seguro es que yo quiero leerlo. Y voy a comprarlo. Y no me cabe la menor duda de que hay mucha más gente en ese plan.

Me despido con ganas de seguir leyendo más...

P.D: Amo el párrafo de este post de "Con mis teorías de lo que soy"... Es buenísimo!!!

Un abrazo,
Arianna.

Ora dijo...

Qué bueno entrar y encontrar tantas entradas nuevas. Como siempre, un gusto leerte Manu. De metíche y todo te digo que lo de publicar ese primer libro en el blog me parece genial, me encantaría leer. ¡Besos!

Eduardo Arias dijo...

Mi favorito hasta ahora, 4to post que leo