lunes, 2 de julio de 2012

Ni Arjona. Ni Coelho. Ni todo lo contrario.


No me gusta Arjona. Es más. Siento por Arjona lo mismo que siente mi amigo José Urriola sobre Michael Jackon en un post que publicó en su blog y que fue tan divertido, como polémico, como acertado en su sentimiento. Cada vez que uno ve esos reyezuelos de las masas, esos tiranos de la cultura, vendedores de banalidad algo se le muere a uno adentro. Es una sensación como de vacío, de desesperanza. Uno siente que en el fondo nadie, te va a comprender. 

Foto: Una Ritidectomía de UnaFotoXDíaX29Días

Tampoco me gusta Paulo Coelho. Y que Dios me perdone, se apiade de mí, y la gente entienda que en realidad reconozco sus méritos, pero tampoco soy fan de Isabel Allende. Me aburren sus libros. Lo siento, pero exceptuando La Casa de los Espíritus, me temo que fue una obra de su autoría la que me enseñó a que vale la pena dejar a las pocas páginas, un libro que no te aporta nada y que sientes te lo has leído mil veces, que es producto de un autoplagio, pero que ni siquiera está hecho de forma tal que no puedas resistir al goce de leerlo. 

Pero también Dios sabe que tuve mi época Arjonista. Sí. La tuve. Y no lo voy a venir a negar. Y sí. Mi mamá puede confirmarlo, en mi casa hay, no uno, ni dos, sino varios libros de Paulo Coelho que en mis años de adolescencia, cuando no sabía, ni entendía lo que era la autoyuda lo leía y me encantaba. Y sentía que era un genio que sabía cosas que el resto del mundo no sabía. 

Hasta que después un día. Gracias a Dios y a otros libros. Gracias a los clásicos y a novedades fabulosas, leí uno de sus libros y me di cuenta que era paja. Le dije adios y hasta me molesté con él por haberme estado timando durante tanto tiempo. Un poco como esa niña enfadada en You Tube, Valeria, que le grita a Barney, que le mintió por años y que él era real. Más o menos así me sentí. Y además empecé a montar en la olla un prejuicio contra todo adulto que lea eso y toda persona que sea capaz de hacer una cola para oír las sandeces de un tipo que piensa que poner rosa al lado de loca, y cantar sobre cosas como, puedo cortar los segundos de tu ausencia con los cuchillos que me dejaron tus palabras, es poesía. Es decir, es la banalización de la metáfora al máximo. 

Pero sí. A mí eso me gustó. Y lo digo porque a medida que voy trabajando más en promoción de lectura y que voy haciendo inmersiones más profundas en obras como La Montaña Mágica y buscando el gran reto literario del 2012, no quiero olvidar de dónde vine. Porque la humildad no sólo atañe a lo material, sino a lo intelectual también. Tengo que recordarme que habré leído mucho, pero es todavía más grande lo que me queda por leer. 

Me preocupa que a veces que nos hemos vuelto una sociedad en que creemos que lo sabemos todo. Que lo que no sabemos un wiki algo lo averigua por nosotros. Me preocupa que hay como una brecha enorme entre gente que idolatra este tipo de fantasmas, campeones del no pensar, del camino fácil, del vender el mayor número de libros o de discos o de franelas que repitan las "estupideces que yo digo", y que el contrapeso sea gente que entonces hace creer que es que "ellos nacieron amando el Quijote". 

Creo que mientras mantengamos las expectativas tan altas y la buena música y la literatura en un Paranaso, nunca vamos a conseguir animar a los nuevos lectores, a darle oportunidad a las cosas realmente profundas. Aquí difiero de Vargas Llosa (con todo el persmiso del mundo, quién soy yo, una carajita bloggera que está pelando una bola terrible con tres proyectos literarios, uno que le da vergüenza publicar, uno a medio camino y otro que no sabe cómo encaminar, versus un premio Nobel), creo que el trabajo intelectual sí puede llegar a una gran cantidad de gente. 

El problema es que pocas personas creen en la cultura. El problema son las fuerzas que les da miedo comercializar cosas que no sean publicidad barata y chimba, ideas abstractas y vacías, estilo los discursos de los peores demagogos de la historia. Porque en las cosas que dicen hay cabida para todo. Para odiar, amar, creer, no creer, y así es que tienen éxito. Porque nadie le está enseñando a la población a entender la diferencia. 

No soy de las personas que se declaran enemigas de los best sellers, o las comedias románticas. Yo veo películas de Jennifer Aniston y a mucha honra. Y sí, bailo Checherereche, y con mis hijos. Y la alegría que invade mi hogar en ese momento es indescriptible y la disfruto al máximo. Yo croe o que en lo simple, en lo comercial, hay valor. Muchísimo valor. Como dice mi papá, en referencia a los vinos, el que no sabe disfrutar un beaujolais nouveau tampoco sabe disfrutar de Chateau Margaux. 

Sin embargo, tampoco se puede caer en el extremo opuesto. No querer ver nada. Asumir que la farándula es todo, no reconocer que hay más allá del placer, dejarse consumir por la televisión y su agresividad y su pasividad, so pretexto de que es que "yo no leo" o "yo soy denso con la literatura" o es que "en realidad Desperate Housewives es más profundo de lo que parece". Creo que las cosas por sus nombres, no es profundo, es trillado, rebuscado, a veces hasta mal actuado y mal escrito, a veces igual que Gray´s Anatomy, te deja pensando, que las telenovelas latinoamericanas no tienen nada que envidiarle, es lo mismo con más presupuesto y glamour y Globos de Oro y qué se yo. Eso no quiere decir que uno no lo pueda disfrutar y no lo pueda reconocer. 

Yo casi todos los años veo el Miss Venezuela. A medida que pasan los años voy reconociendo como me van pasando por encima. Me empiezan a producir horror ciertos comentarios, me da un poco de sueño esperar a que coronen a la Miss, me parece atroz la música y los espectáculos me dan entre risa y pena ajena. Igual los veo y sí me divierto. No lo voy a negar. Lo escribo y lo comento. Y sigo pensando, cómo me hubiera gustado ser Miss Venezuela. Porque me he imaginado cómo sería ostentar ese título desde que tengo ocho o menos años de edad. Y esos recuerdos no los voy a cambiar para decir ahora que yo siempre he soñado con ser Herta Müller, porque ni es verdad, ni creo que lo logre, ni me parezco a ella, ni quiero hacerlo. Yo soy yo, con mi dosis de cultura comercial incluida. Pero a veces me pregunto si es que el mundo siempre ha sido así, o si no es verdad que con los años, de Piez Descalsos a Waka-Waka Shakira perdió originalidad y mensaje, para convertirse en una maquinaria de lo que un grupo de consumidores quiere meterse al Ipod para no pensar. 

En fin. No me gusta Arjona. Me lo imagino componiendo canciones como quien hace uno de esos Mad Libs. Me da flojera y algo de rabia. Me gustaría que el mundo abriese un poco los ojos, y no, que no los siga, es entender, eso no es poesía, eso no es mensaje. Una cosa es farándula, una cosa es banalidad y otra pensamiento, reflexión. Nos hace falta más filosofía de vida, pero de la verdad, no de la de Slogans de Nike, a los que uno le pasa por encima o le pasan por encima a uno. En fin. Más filosofía. Mas trascendencia. Así como uno tiene la ambición de llegar lejos, de ser económicamente independiente, de mejorar el carro cada cierto tiempo, también deberían haber ambiciones intelectuales, llegar a entender tal autor, estudiar tal cosa. Pero sin olvidar nunca de dónde se vino. Al final, el subconsciente siempre te suelta un perrito que viene tras de ti a morderte una nalga cuando andas por ahí haciéndote el invencible. En mi caso, la cruel ironía de que el nombre de este blog es el mismo de una canción de Arjona. 

3 comentarios:

Oskar Raúl dijo...

Ser antiarjona se ha convertido en un sinónimo de mordacidad y profundidad intelectual.

PrinKami dijo...

hahaha mis aplausos para esto!!! lo bueno es saber que todas las palabras que nacen de la boca de un pasado han venido.... me encanto... un gusto leerla

Manuela Zarate dijo...

Sí Oskar, así es. La verdad es que razón no falta, pero más de uno te apuesto que lo tiene en el Ipod, lo escuchó en un momento y reniega de él hasta el absurdo. Como dices para probar "mordacidad y profundidad intelectual". Gracias PrinKami! Siempre a la orden por aquí :D