miércoles, 22 de agosto de 2012

¿Tú qué crees que va a pasar el siete de octubre? ¿Estás optimista? ¿Cómo ves la cosa? ¿Tenemos chance?¿Hay un camino?



Bueno mira, hasta dónde yo sé esto es lo que va pasar. Dos semanas antes el país se va a paralizar. No. No va a ser a lo Jurassic Park, no va a pasar un Velociraptor por el Centro San Ignacio comiendo gente, pero igual, todo se va a paralizar. Nadie va a querer trabajar. Olvídate de pedir presupuestos, nadie te los va a garantizar. Ni se te ocurra encargar alguna pieza, comenzar un trabajo que tenías pendiente en la casa, ni hablar de las clases, porque los colegios van a preferir mandar a todo el mundo para la casa, retrasar el comienzo de las clases, porque entonces los papás histéricos se amotinan, y el Plan República presiona, y varios maestros no llegaron de vacaciones a tiempo porque ¿para qué? Si igual al menos dos días antes y dos días después de las elecciones no habrá clases. Para eso arrancamos el 14. No metas el carro al taller, el mecánico no te va a conseguir los repuestos, no le va a ir el personal. Todo se va a encarecer un poco más, porque los transportistas aumentarán el flete. Las vías van a estar colapsadas, el tráfico peor que nunca, porque todo el mundo va a estar nervioso, pegándose a la última encuesta, pensando en la última marcha, escuchando al mejor analista que dice lo que siempre dice, "bueno mira, al final una elección la puede ganar cualquiera, todo depende. Las encuestas son instrumentos de medición, pero todo depende". Y el supermercado. Dios nos libre de la debacle de las compras nerviosas, porque es mejor estar preparado y comer sardinas, aunque todavía tengamos atún del paro. 

El día de las elecciones vamos a estar irritables, insoportables. Que nadie nos hable, los nervios de punta. Pegados al televisor. Globovisión dice que en Nueva Esparta hay mesas que no abren por falta de miembros y son las ocho de la mañana. Ya la vecina texteó que fue y votó en cinco minutos. Coño, nadie está votando. Como que los dinosaurios se comieron a la mitad del país. ¿No y que tenías un primo que había venido de Tailandia para votar? Y el pana que se fue a vivir a Australia ya tiene resultados y son buenos. No todo está perdido. Te vas a votar, a ver esas caras que ves una vez el año en la cola de tu mesa, que siempre es la dos, y coño a sufrir juntos, y llenarnos de tinta el dedo y después pasarlo por alcohol, para luego decirle a todos nuestros amigos, estamos jodidos, esta mierda se quita en dos patadas. Alguien te textea, la estrategía es salir tarde, para que el otro se confíe. Verga, pero ya no sabes bien quién es el otro. Ahora Globo dice que en Sucre están denunciando quema de actas o algo así. Nada. ¿Y qué hacemos con la denuncia de Sucre? No sé. Tú no eres testigo, ni nada de eso. Morderte las uñas, escribirle a un pana. 

Ese día vamos a colapsar las operadoras de teléfonos. Textos. Pines. Correos. Llamadas. ¿Tú que sabes? ¿Qué dicen tus fuentes? El mejor amigo del primo de un chamo que trabaja con el esposo de mi prima, está en Venevisión, dice que vamos a arriba siete puntos. Coño, pero es que yo tengo un pana en el comando de Copei, dice que dos abajo. Y así todo el día. Datos van. Datos vienen. La mayoría son mensajes respondiendo a la pregunta, con no sé nada, y tú. Bueno si supieras me hubieras dicho, pero igual pregunto, porque es mejor preguntar que no preguntar. No queda de otra. 

El twitter insoportable. Chistes estúpidos sobre las colas o las faltas de colas. Los guerreros, los optimistas, llamando a la gente a votar. Otros pasando noticias de farándula, porque creen que pueden darse el lujo de pensar que esto no es con ellos. Y uno medio confundido, con ganas de ser indiferentes, pero sin atreverse a serlo realmente. ¿Cómo se puede? Tratando de esperar a que pasen las horas. Leyendo otro chiste sobre la baranda del CNE. ¿Qué más queda ante la ansiedad, si no otro chiste idiota? 

Y así nos darán, como decía la canción, las diez, y las once, la una y las dos. Y desnudos al anochecer nos encontrará la luna.  Y se viene el carómetro. La peor parte. Mira la cara de perdedor. Mira la mueca de felicidad. Eso es angustia. Esos ojos son de miedo. Ese cachete así como caído, eso no es vejez, eso es derrota. Mira el dedito con que agarra el micrófono, si lo ves bien, casi así más o menos hizo Churchill antes de lanzar la V. No joda! Te lo digo yo, que tengo ya doce años de experiencia en esto. 

Eso es lo que creo que va a pasar. Casi seguro. El resto. No sé. Pero, si las cosas se dan como viene, y como dicen una amiga, este ciclo se venció, y si caduca el siete de Octubre, no hay que engañarse tampoco. No es que entonces unicornios van a pastar a orillas de El Güaire. No es que los malandros se van a abrazar cantando canciones de Roberto Carlos. No es que el tipo que te tira el carro, y casi te pisa, en vez de casi atropellarte, mientras además te grita, puta, coño de tu madre, ahora te va a dar paso y te va a decir, que tengas feliz día amiga, Hay un Camino. 

El gobierno tiene que cambiar. Y yo tengo esperanzas de que va a cambiar, pero aquí el cambio que debe venir es mucho más profundo. Y no se trata de poner a alguien con una franela de colores en donde se ha sentado durante ocho años alguien con franela roja. Se trata de cambiar nuestra manera de conducirnos. Y me meto en el paquete, porque aquí todos hemos participado en este desastre, el que crea que no, está ciego. Unos más otros menos. Obvio que no todos vamos al mismo saco, pero a todos nos toca examen de conciencia, y si no lo hacemos, no importa quien se monte, estamos perdidos. Nada va a cambiar. 

El Camino no es sólo un nuevo presidente. Es fundar un nuevo país. Y eso empieza por uno. Porque uno piensa que no importa. Que una golondrina no hace verano. Que si tiro este papelito en el piso el mundo no se va a acabar. Que no pasa nada porque yo me atraviese aquí en medio de la calle. Si bueno, sabes qué, yo paro mi moto aquí porque me da la gana. Yo no pago el condominio porque aunque la mayoría aprobó las mejoras y yo disfruto de ellas, pues mira, no me parece, y esa es mi opinión. Yo me estoy haciendo mi casita y me importa tres pepinos la ordenanza municipal, yo me como el retiro porque a mi me dicen el Pac Man, no joda. ¿Qué el chamo que vive en el piso de abajo tuvo un  bebé? ¿Es un viejo? No. Es un amargado que quiere dormir. Eso no es peo mío, yo no soy niñera, ni enfermera, ni terapeuta de sueño. Yo hago mi rumba, con mi música hasta la ahora que el cuerpo aguante, porque sí. 

Hay que tomar conciencia. No comerse más semáforos. No comerse más flechas. No atravesarse en los rallados. No colearse en colas, ni de supermercados, ni de bancos, ni pretender que la tercera edad empieza la primera vez que se usa botox. Si el colegio de sus hijos empieza el primero de octubre, usted los lleva ese día, como tiene que ser. Si a su hijo lo regañan, usted va y habla con el director, con civismo y educación, no se pone a vituperar por twitter amenazando a la maestra, ni al colegio. Si el colegio no le gusta, pues se sale y busca otro y punto. O trata de resolver el  problema, hablando. Conversando. Comunicándose. Con respeto a las instituciones. Respeto a los maestros, respeto a los policías, si es un malandro, pues va y pone la queja, y se organiza, y se toma el trabajo de exigir lo que corresponde como ciudadano. No es esperar a que venga otro y lo haga. 

Respeto al otro. Se saluda. Se dice por favor. Se da las gracias. Si el otro está amargado, pues usted da el ejemplo. Se dice permiso. Se piden disculpas. Se ofrece el asiento a la persona mayor. 

Exigiendo. Pero dando el ejemplo. Usted paga sus impuestos, y sus multas, nada de, bueno vamos a buscar otra manera de arreglar esto. Porque más de uno se llena la boca hablando de la crisis de valores, pero después va y dice, bueno mira, si estás en Roma como los romanos. 

Hay que colaborar en la educación. Hay que donar útiles y tiempo. Hay que ponerse una meta de ayudar, de participar en el compromiso, no sólo el político, el social. Como cuando estábamos en el colegio. Nos toca hacer obra social, enseñar a leer, repartir libros, ayudar a corregir el mal que se ha hecho, que claro que se puede. Si yo lo he visto. No es fácil. No. Pero imposible tampoco, y de eso hay que agarrarse. Y dar el ejemplo. Dar el ejemplo. 

No sé si a otros les pasa, pero a veces siento que todos estamos demasiados concentrados en echarle la culpa a un grupo de gente, sin pensar en lo que hemos hecho o dejado de hacer en todos estos años. No falta razón, aquí un grupo ha hecho  mucho daño. El cambio de gobierno es un paso fundamental. Una condición sine qua non. Pero el país no es una persona, ni es una extensión de tierra. Somos nosotros. Todos nosotros, y necesitamos un líder, y lo vamos a seguir, con valentía y orgullo, pero si no le damos la talla como ciudadanos, el esfuerzo será en vano. El tema no es si hay o no un camino. Claro que lo hay, el tema es seguirlo, derechito. 

1 comentario:

Ora dijo...

Totalmente de acuerdo,Manu. Es lo que he conversado desde hace mucho con la gente que no entiende que esperar que el munequito verde aparezca para cruzar ayuda y mucho, por ejemplo. Seguiremos haciendo y diciendo. La transición viene, pero colaborando todos con lo que podemos es que se va a notar el cambio, poco a poco.