lunes, 24 de septiembre de 2012

Concentración 0


Mi nivel de desconcentración no es normal. Estoy como una de esas salsas que uno congela pensando, soy un genio, me la estoy comiendo, y después cuando la sacas del congelador y la calientas te queda una especie de mapamundi asqueroso. Pedacitos de grasa por ahí, caldo por allá, una especie de muestra de lo que sería la tierra después de una guerra nuclear. La botas pensando, ni las ratas se comerían esta vaina. 

Mi cerebro está así. No sé si la crisis de nervios es alimenticia, comunicacional, afectiva, emocional, autoinducida o si es producto del dominio que ejerce sobre mí un poder superior, ese ente que está detrás del control de todos nuestros cerebros a través del simbolito del pájaro que está en las tarjetas de crédito. Creo que es Visa. No sé. Pero en un momento se decía que así controlaban las mentes. Igual que creímos que las pulseras que venían con las tapas de compotas, y que los tattooes daban cáncer. No existía wikipedia. Nos creíamos cualquier cosa. Ahora que existe wikipedia nos creemos todo. Es mucho más fácil. Cuestionar. Investigar. Toma demasiado tiempo, y con la inseguridad no es aconsejable navegar por tu teléfono inteligente mientras manejas, buscando fuentes confiables de información. Creer es mucho más fácil. Por eso es que la gente religiosa es gente sencilla. Bueno, en la mayoría de los casos. Aunque son bastante cerrados. En la mayoría de los casos. No en todos. No en todos. 

Me he sentado a escribir varios posts. Ninguno sale. Ninguno. Todos se quedan a medio camino. O me siento monotemática. O alguien me interrumpe. O no me gusta lo que escribí. O tengo que hacer otra cosa. O se me acaba el tiempo. O pienso que debería estar trabajando en las otras cosas que tengo que estar escribiendo. A veces pienso que mi bloqueo tiene que ver más con abuso de café que otra cosa. Otras que este espacio de trabajo es muy encerrado y poco propicio para la creatividad. Pero también es cierto que es un mito eso de que la creatividad y la inspiración y  la guevonada. El tema es trabajo y disciplina. Y una vez más  me juro, me prometo, mañana me levanto a las cuatro de la mañana. El tema es que me acuesto agotada. Varias semanas sin soñar. Duermo perfecto, porque mi cerebro lo necesita de verdad. Hay varias cosas que me quitarían el sueño, pero no hay de otra. Tengo que dormir. No hay espacio para el insomnio. El agotamiento gana. A menos que haya comido chocolate después de las seis de la tarde. En ese caso, vueltas. Vueltas. Vueltas. Hasta que no queda otro remedio que leer un buen rato. Eso sí es gratificante, avanzar en un buen libro gracias a la tregua del sueño. Eso sí, siempre que apago la luz digo, esta vaina la vamos a pagar mañana. Y siempre la apagamos. Y lo trato de remediar con café. pero no se puede. 

Quiero hacer más ejercicio. Pero no es fácil con niños pequeños. No. Quiero nada. Pero es poco práctico. El cloro. El traje de baño. La cambiada. Sí. El cloro. De verdad que uno se pone un poco como las ranas. Medio azul. Y seco. Entonces pienso ¿qué acondicionador usarán las atletas del equipo olímpico gringo? Me provoca preguntarles. Pero es la típica pregunta que si la haces vas a quedar como la cotufera del siglo. Pero no es por cotufera, es porque de verdad tengo el pelo muy seco. Seguro que usan un acondicionador especial. Fabricado en un laboratorio especial. Por un científico loco, que le puso pipí de tiburón, chancho de bagre y diente de piraña molida y así nada más rápido. Sí. Aunque usen gorrito. 

Este post loco se acaba. Regreso a la lista de cosas que tengo que hacer. Me siento como el hijo de Limber. Perdido. Creo que son las semanas. La energía. El ambiente. Creo que mi problema de concentración tiene que ver con todas las anteriores. Alimenticio, ambiental, comunicacional. Creo que es un tema de predicciones. Premoniciones. Creo que esto es lo que sentiría si algún día lograsen detectar terremotos con dos semanas de antelación. La tierra va a temblar. Eso seguro. Con razón esta sensación de inestabilidad en todos los aspectos.