jueves, 25 de octubre de 2012

Creo


Creo en la vida. Creo en mi par de zapatos bien puestos sobre la Tierra. Creo en las alas de la memoria. Creo en el poder de la imaginación. Creo en las mañanas de cielo abierto, cuando Dios te regala el infinito. Creo en los animales. Tanto en la serpiente, como el elefante. Creo en la inocencia. Creo en el abyecto. Creo en el daño.

Creo en el llanto. Creo en el grito. Creo en el silencio. Creo en la sonrisa. Creo en el aliento. El primero. El último. El que se cortó frente a un golpe, una desilusión, un giro inesperado.

Creo en la compañía. Creo en la unión. Creo en la distancia. Creo en el espacio. Creo en el camino de la mano. Creo en el camino solitario. Creo en la ruptura. Creo en el adiós. Creo en el reencuentro. Creo en el abandono. Creo en el rescate. Creo en la huida. Creo en la persecución, aunque la odie.

Creo en las comidas abundantes. Creo en la bebida. Creo en la embriaguez. Creo en el ratón. Creo la cafeína en sus distintas presentaciones. Pero sobre todo creo en el olor a café de greca antes de que salga el sol. Creo en comer sola y comer acompañada. Creo en lo salado para el sabor. Creo en lo dulce para la felicidad. Creo en el hambre para el dolor. Creo en el helado para mantener la fe. Creo en Johnnie Walker para destruir cualquier plan y vivir de improviso.

Creo en las casas. Creo en las almohadas. Creo en los sofás que sirven para sentarse y para dormir. Creo en tapar mi vientre con cojines. Creo en sentarme como indiecito.

Creo en las batidoras, en las licuadoras, en los calderos y las cucharas de madera. Creo las sopas para remendar los huecos pequeños del alma. Creo en las tazas grandes. Creo en las cucharitas pequeñas para que el placer dure más.

Creo en las computadoras. Creo en los cuadernos. Creo en los lápices número 2 y los colores de madera. Creo en colores de cera. Creo en témperas. Creo en manos sucias y ropa manchada. Creo en la boca marrón de chocolate. Creo en el aliento a cigarro. Creo en la lengua verde de colorante.

Creo en el rumor de aviones a lo lejos. Creo en el estruendo de las olas al reventar contra la orilla. Creo en el sonido de las caídas de agua. Creo en las mariposas. Creo en revivir con agua los pájaros que se estrellan contra el vidrio.

Creo en las lloradas de autopista. Creo en las fotos que tomaron cuando no te dabas cuenta. Creo en los desnudos premeditados. Creo en mi piel, con todas y cada una de sus cicatrices, porque creo en las cicatrices.

Creo en la apuesta. Creo en el riesgo. Creo en la pérdida. Creo en la ganancia. Creo en el derrumbe. Creo en lo que quedó atrás. Creo en lo que no puedo cambiar. Creo en lo que viene. Creo en el futuro. Creo en los sueños.

Creo en los huesos rotos. Creo en las heridas que se tapan con curitas. Creo en las cortadas que se infectan. Creo en las infecciones masivas, de cuerpo, de alma, de sociedad, de mundo.

Creo en las películas que no puedo terminar de ver. Creo en las flores. Creo en las matas que se han muerto. Creo en las orquídeas que han decidido ser mi conexión con el mundo de la flora.

Creo en el mar. Creo en la arena. Creo en la inmensidad. Creo en fuerzas descomunales. Creo en lanzarme al vacío. Creo en la gravedad. Creo en caer. Creo en el golpe. Creo en los daños. Creo en las heridas.

Creo en los libros. Creo en el sentimiento que se desborda. Creo en la ficción. Creo en la poesía. Creo que en la prosa. Creo en los autores desesperados. Creo en los lúcidos. Creo en los desesperanzados. Creo en los que ansían una luz al final un hoyo que todavía no se sabe si es un túnel, un laberinto o un espacio imposible de determinar. Creo en historias. Creo en personajes. Creo en ambientes.

Creo en las miradas. Creo en las sonrisas. Creo en las manos. Los apretones. Los agarrones. Las caricias. Los golpes. Las que sólo están allí como malla de seguridad para aguantar tus caídas. Creo en todo lo que puedo hacer con mis manos.

Creo en los abrazos. Pero sobre todo creo en los besos.

Creo en el destino. Creo en mis pasos. Creo en no dejar que nadie toque mis pies, porque son mi mejor medio de transporte.

Creo en la acción. Creo en el pensamiento. Creo en los impulsos. Creo en la reflexión. Creo en racionalizar todo. Creo en no entender nada.

Creo en verdades, completas, a medias y ausentes. Creo en espejismos. Creo en el autoengaño. Creo en el desengaño.

Creo en pechos.

Creo en camas desbordadas de sueño, de lujuria o soledad. Creo en esconderme debajo de cobijas como el mejor remedio para el miedo. Creo en el síndrome de avestruz. Creo en el insomnio.

Creo en el tiempo. Creo en que vine. Creo en que estoy aquí. Creo en irme. Creo en volver.

Creo en mi perro. En su amor incondicional. En su mirada sin prejuicio.

Creo en el amor. Creo en la pasión. Creo en el cariño. Creo en la incondicionalidad. Creo en la solidaridad. Creo en la risa.

Creo en la música. Creo en la pintura. Creo en la escultura. Creo en el arte.
Creo en el derecho de palabra.

Creo en brujas. Creo en fantasmas. Creo en ángeles. Creo en demonios.

Creo en pedazos de infernal cielo. Creo en pedazos de infierno celestial.

Creo que el viento es la caricia reconfortante de un ser superior.

Creo en los corazones negros y rotos. Creo en los latidos de sangre roja, llena de óxigeno, llena de vida. Creo en los suspiros. En los bostezos. Creo en respirar hondo y llenarte de universo.

Creo en el universo.

Creo en la vida.

Creo en los dolorosos inconvenientes de ser puro de corazón.

Creo…que creo en mí. 

1 comentario:

Arianna Corral López dijo...

Me encantó la compilación de pequeños y hermosos detalles en el post... Lo amé!!