lunes, 8 de octubre de 2012


Ya hoy es lunes. Una vez más es lunes. Un día muerto. Lento. Las calles están solas. Un feriado obligado que no quiere serlo. La gente se habla poco, y con los desconocidos uno piensa que las miradas dicen mucho, porque uno siempre piensa eso, pero la verdad es que las miradas dicen poco. Bien poco.

Ya no es tristeza lo que uno siente. Es cansancio. Es desarraigo. Es una sensación de incomprensión. Te recriminas haber leído tan mal una situación. ¿Cómo es posible equivocarse tanto? Y lo que es peor, cómo es posible pertenecer, y querer pertenecer, y tratar amar y tratar de amar, a un país en el que uno es una especie de extranjero.

Esa es la sensación. Porque catorce años son mucho tiempo. Catorce años son un adolescente en plena explosión de hormonas que nació en medio de este y no sabe lo que es una ceremonia de toma de posesión en la que se entrega la banda presidencial.

Y uno piensa en momentos como este en tirar la toalla. Y se siente casi expulsado.

Pero el mundo no es fácil. No hay país perfecto. Hay mejores. Hay  más pacíficos. Pero no los hay perfectos. En todos lados hay cabrones, y gente que lo que quiere es hacer daño. En todos lados hay resentidos, y gente llena de odio, que no tiene escrúpulos, ni valores. En todos lados hay cinismo. Hay abyectos. Sólo que…sólo que no nos gobiernan. Sólo que la sociedad no vota para que gobiernen. Es verdad. 

Pero es lo que tocó. Y uno no se puede rendir, porque en la vida uno no se rinde. Si fuese así, no pasaríamos del primer desencanto. Uno tiene que evolucionar. Es decir reflexionar. Analizar. Corregir. y seguir adelante. Y así es que el día menos pensado las cosas cambian. 

Pero lo cierto es que aquí, aunque ahorita no parezca hay un vaso medio lleno. Y no. No me refiero a posibles eventos de la naturaleza que puedan cambiar el curso de las cosas. Me refiero a que hace unos años era impensable que casi la mitad del país viese una camino distinto. Se armara de paciencia y siguiera como ha seguido a un líder como Henrique Capriles. Era impensable unirse en torno a una visión de país, democrático, pero complicado. Porque la unidad no es cosa, de hola mira ¿nos unimos? Sí dale, fino. No. Y eso lo tenemos.

En el fondo hemos ganado mucho. Lo que no quiere decir, obviamente que hayamos ganado todo. Simplemente que nos queda mucho por entender.

En fin. Los países no se acaban. No se bajan santamarías. La vida sigue. Y aquí seguimos. Esto también pasará. Tenemos que aprender y sacar lo bueno. No podemos excluirnos, ni proclamarnos excluidos, al contrario. Mínimo hay 45% del país que quiere otra cosa. Que quiere ser tomado en cuenta hasta el punto de pasar horas de cola para decirlo, por la vía que nos enseñaron. La democrática.

Nadie dijo que iba a ser fácil. Nadie dijo que sería tan difícil. Pero lo que si sabemos es que es posible. A reflexionar. A cargar las pilas. Y a seguir. 

2 comentarios:

Doña Treme dijo...

Es así Manuela. Aquí, abres las botellas que tenías para celebrar, vives el guayabo de la derrota una noche y a seguir adelante con nuestro proyecto de construir una mejor Venezuela! Porque tus hijos, y los mios que aun no nacen, tienen el derecho a una patria libre y democrática de verdad!
Saludos
Treme

Ness dijo...

Es verdad, seguir es lo que nos queda, mantener la cabeza en alto aunque haya momentos en lo que lo único que provoque sea tirar la toalla.
Saludos!