martes, 30 de octubre de 2012

Personajes que uno observa


"Don´t look at me, I´m only breathing. 
Don´t look at me, I´m indiscreet". 
The National. Cherry Tree. 

Una de las cosas que me gustan de ir a una posada, es que pasas un fin de semana en extraños. Extraños que casi se convierten en una familia. Porque por unas horas, sobre todo si la posada está en un lugar remoto y del cual uno si se aleja es por tiempo corto, es como que uno vive en manada. Comes a la misma hora. A la misma hora te relajas. Y más o menos a la misma hora todo el mundo se retira a dormir.

Entonces durante unas breves horas uno se dedica a una actividad que no confiesa, pero que es inevitable. Observarse. Como uno no se conoce para identificarse usa los rasgos más evidentes. Por ejemplo, los viejitos cuchi, que son esa pareja de viejos que casi no hablan, sino que sencillamente se acompañan. Se ven cansados. Los ves sacar medicinas de un pastillero en cada comida. Sobre todo a ella, que está pendiente del régimen de él. Comen despacio. Caminan despacio. Se echan. Y te miran con esa mirada melancólica, lejana, como si te conocieran de toda la vida, intuyendo lo que haces allí, lo que vas a hacer, lo que vas a decir. Es como si supieran, desde su rincón de vida ya casi pasada, lo que vas a vivir. Ellos fueron tú.

Está la pareja, a él le pusiste @soymalandro porque tiene unos lentes iguales a los que tiene el que sale en el avatar de esa cuenta de twitter. @soymalandro tiene una novia que va a acorde con su peligroso nombre. Flaca. Alta. Una de esas modelos que van para la playa para que uno se siente mal. Se hacen arrumacos todos el día. Se sirven la comida. Están de luna de miel.

Hay otra pareja un poco más extraña. Esa que genera todo tipo de especulaciones.  ¿Serán novios? ¿Esposos? ¿Primos? Hasta hermanos de esos que no se parecen en nada podrían ser. El detalle es que no son una pareja, son un trío. Dos mujeres y un hombre. Entonces las ficciones en torno a ellos crecen hasta lo insólito. Son una pareja en problemas que se fue con una amiga para disipar tensiones. Son una pareja que se lleva muy bien, que invitó a una amiga que está soltera y triste. No. La amiga acaba de terminar con el novio. No. A la amiga la acaba de dejar el esposo. No. Son un trío. Ellas son hermanas. No. Son cuñadas. No. Él es pareja de una y está enamorado de otra. No. Él es pareja de una y ella está enamorada de la otra. No. Ellas dos son parejas y él es gay. Pero esa no cuadra, porque él las ve con esa cara con que un hombre ve cuando le gustan las mujeres, y no necesariamente lo que llevan puesto, sino más bien están pensando en cómo se verían sin eso puesto.

El detalle del trío es que las dos mujeres son esculturales. Y cuando digo esculturales digo, esculpidas porque el escultor por excelencia del Siglo XXI, el cirujano plástico. Yo nunca había visto de cerca unas tetas tan grandes. Yo creo que para este trío, yo soy, la chama lesbiana. Lo confieso, no podía dejar de verlas. Me llaman la atención. Me da mucho curiosidad cómo será la vida con 650cc en cada lado. Es curiosidad de escritora.

Después está la pobre que anda jodida con los niños, mientras el marido lee periódico y coma Whisky. Es el propio que hace chistes malos, tiene una gorra de marca, un traje de baño de marca, lentes de marca. Está perfecto bañado. La esposa está en el último estado. Pelos por todos lados. Y cada cinco minutos regaña a un niño por dos nombres y lo amenaza. Uno le sonríe, escondiendo, como madre el pánico de ser ella.

Luego está la pareja de intelectuales. Están leyendo todo el día. Él se ve mucho mayor que ella, pero no se ve viejo. Ella no es una de bellezas de revista. Es una belleza más tranquila. Es una de esas personas que tiene aura. Energía. No paran de hablar. Pero tampoco dejan de estar en silencio. Se ven cómodos. Contentos. Puedes jurar que los viste agarrados de mano en un momento, pero tampoco te cuadra, porque él regresó solo de un paseo, mientras ella estaba tumbada con el libro en la playa.

Está otra pareja de novios. Se ven de lo más relajados, tienen años. Están lo que están empezando a salir. Están los que tienen cara de incomodidad, que revisan el celular a cada rato.

Está la familia de cuatro con el papá que no para de hablarle a todo el mundo. Es el mejor amigo del grupo de viernes a domingo. Habla de deporte, de cocina, de cine, de famosos en general, después saca unas conclusiones filosóficas de la vida, todas basadas en dichos como, hay que darle duro a lo que viene, porque eso lo que hay, más nada. Termina mucha de sus frases con más nada. La esposa tuerce los ojos todo el tiempo y casi no habla. Un poco para compensar la intromisión de él. Pero el tipo es simpático y agradable para hablar, y uno se ríe, porque es demasiado venezolano. Y en estas épocas es chévere encontrarse con alguien demasiado venezolano. Como que hace falta.

Siempre me pregunto cómo me ven a mí. Cómo me determinan. Soy la que se sienta siempre en la misma mesa, con mucha precisión porque me gusta el puesto fijo, para no andar molestando a la materia gris con el tema, dónde nos vamos a sentar. También creo que es más fácil para los mesoneros. Me imagino que soy la gritona, o la escandalosa, porque siempre hablo muy duro. Y hablo mucho. Pero es raro, porque yo no hablo así de entrada. Yo necesito un permiso para hablar. Eso sí. Una vez que empiezo es difícil que pare. Sí. A veces puedo ser como una tecla a la que tal vez no le deberías dar. Un poco como el blog. Hay posts que empiezo con, no tengo nada que decir y de pronto van, cuatro páginas.

Dicho sea de paso, así va la novela. Ayer llegué a la 102, pero debo decir que he estado trabajando en cosas de esqueleto. Escribir una novela no es fácil. No es que yo pensara que eran papás peladas, pero hay demasiadas cosas que trabajar, desde la sinopsis, hasta el perfil de los personajes, hasta lo más chévere que es la cronología y cuadrar los tiempos de lectura, de narración. Un infierno. De verdad. Odio eso. La maravilla es que no estoy sola.  Pero en caso de que pensaran que lo paré, pues no. Estoy trabajando más y mejor que nunca. Después les cuento dónde. Tengo un pequeño oasis en la ciudad.